En los años 50, cuando aparecieron las aventuras literarias de James Bond, la literatura de evasión no acababa de encontrar su lugar. Ian Fleming fue consciente del éxito de su criatura, pero no que esta seguiría fascinando a generaciones 50 años después. Su primera novela, escrita el año 1953 seria la simple presentación de una série rigurosamente anual de aventuras. Pero alescritor el eclipsamiento colectivo que supuso la creación de su criatura no le prohibió publicar, además, otros libros de cuentos mucho más fantasiosos.
Todas sus novelas disfrutaron de un gran éxito, excepto una. El espia que me amó (1962), fue la novela de Fleming peor acogida por el público, y se ha ganado el lugar de una de las peores novelas Bond, junto con el Hombre del revólver de oro (1965). En la primera novela se nos presenta un narrador nuevo. La historia es contada a través de los ojos de una chica conquistada por Bond, donde explica su historia. Esta característica la hace una novela de 007 única, pero a la vez, la sentencia. La segunda fue la obra póstuma de Fleming, que no pudo acabar. Otros autores sugirieron un final y lo escribieron para poder publicar el libro. La polémica sobre un final adecuado para la novela sigue hoy vigente.
Las novelas relacionadas con 007 y su año de publicación, estàn citadas a continuación:
Casino Royale (1953)
Vivir y dejar... morir (Vive y deja morir) (1954)
Sabotaje (Moonraker) (1955)
Diamantes eternos (Diamantes para l’eternidad) (1956)
Desde Rusia con amor (1957)
El Doctor No (007 contra el Doctor No) (1958)
Goldfinger (1959)
Sólo para sus ojos - Relatos (1960) - Panorama para matar - Una parte de cariño - Máximo Riesgo - La rareza Hilderband
Operación trueno (1961)
El espia que me amó (1962)
Al servicio secreto de Su Majestad (1963)
Sólo se vive dos veces (1964)
El hombre del revólver d’oro (El hombre de la pistola d’oro) (1965) Octopussy - Relatos (1966) - Octopussy - Propiedad de una dama - Alta tensión
Estas novelas son testigo de la perspicacia e imaginación con que Fleming era capaz de impregnar en sus escritos. Todos los libros pasaban por un proceso d’investigación que podía durar hasta nueve meses, en los cuales el escritor lograba conocimientos precisos e incluso podríamos decir escrupulosos, sobre todo lo que iba a escribir.
Un ejemplo de su delicadeza con todas los datos se puede encontrar claramente a su novela Operación Trueno, en la carta que la organización terrorista SPECTRA, envía al Presidente de los EEUU y al primero Ministro Británico:
“El avión es un Villiers Vindicator O NBR/ del Escuadrón Experimental número 5 de la RAF, con base en Boscombe Down. Los números de identificación de las armas atómicas son MOS/bd/654/Mk V. y MOS/bd/655/Mk V. También tienen números de identificación USAF en una cantidad tan grande que no deseo aborrecerles con su reproducción.”
(Operación Trueno, Capítulo VII)
Para Fleming todo tenía que describirse con un detalle y con una viveza y realidad que conseguían introducir al lector en la localización o escena determinada, pero que también requerían por parte del público, un consiguiente nivel de comprensión. Una de sus principales inspiraciones para plasmar la belleza de los paisajes era su residencia en Jamaica, a la que él llamó GoldenEye (ojo dorado) en honor a la novela de McCullers, Reflejos de un ojo dorado, título que más tarde se utilizaría para la película del mismo nombre, protagonizada por Pierce Brosnan (1995). Allí Fleming construía sus mundos y se sumergía en sus aspiraciones y prototipos más profundos. El escritor se reservaba tres meses de vacaciones e iba a escribir cada año, prácticamente sin hacer vida social. Cuando era hora de volver en Inglaterra hacia final de marzo o principios de abril, tenía una novela en la bolsa.
Al margen de las novelas mencionadas, Fleming escribió concretamente otros tres libros ajenos totalmente al personaje de James Bond. ‘The Diamond Smugglers’, ‘Ciudades Excitantes’ y 'Chitty-Chitty-Bang-Bang’. De esta última se hizo un famoso musical llevado al cine el 1968 por el mismo productor de las películas Bond, donde también participaban actores de la franquicia, y los compositores del film Mary Poppins, Richard y Robert Sherman.
La complejidad del personaje
El personaje de James Bond de las novelas es muy diferente del que se puede ver en el celuloide. El Bond literario es un personaje con un identidad profunda y compleja, que tiene la humanidad de cualquier persona y de una firmeza y control extraordinarios. Aún así, en las novelas se puede encontrar a Bond en situaciones mucho más próximas al lector, tales como el reflejo de sus sentimientos, recuerdos de su infancia, el miedo que le causa alguna situación, y su misogínia y machismo inherentes. La ampliación personal de una manera limitada y pausada, va conformando la idea de un personaje solitario y aparentemente frío. Al fin y al cabo, Bond es un asesino, y aunque desprecia matar a sangre fría, su trabajo se basa en la destrucción, una destrucción que se podría considerar constructiva para “la Reina y la patria”.
Está claro que uno de los puntos más característicos de las novelas de 007 es el sexo. Fleming consideraba que si se respetaba el sexo en las novelas shakesperianas, no veía porque no se podía respetar en las suyas. Efectivamente, el escritor no tomaba el tema como un tabú, e incluso se permitía frivolizar con él. El escritor refleja con exactitud la pérdida de la inocencia de su personaje en París:
“ (...) en su primera visita a París a la edad de dieciséis años, había hecho lo que un anuncio aconsejaba en el “Continental Daily Mail” y le había dicho al chófer del taxi: “Sank Roo Doe Noo”. Esto había comenzado una de las tardes más memorables de su vida, culminando con la pérdida casi simultánea de su virginidad y de su cartera”
(Panorama para matar, Sólo para tus ojos )
En lo referente al aspecto físico del agente 007, este siempre se ha caracterizado por una planta impecable además de un atractivo y un misterio y profundidad en sus rasgos, hipnóticos. Según la opinión de una mujer:
“Es muy bien plantado. Me recuerda bastante a Hoagy Carmichael , pero hay una frialdad, una rudeza en sus... ”