
La segunda aventura en un videojuego en 3D de James Bond se basó en la película de 1997. ¿Conseguiría estar a las alturas de las expectativas?

La compañía Rareware cosechó un éxito considerable con su GoldenEye en 1997, pero fue un éxito paulatino. El juego ganaba popularidad con el tiempo y sus ventas se incrementaban con el paso de los meses e incluso los años. Visto el éxito, se le ofreció de nuevo a la desarrolladora Rare que se encargara de la recreación del videojuego de la próxima película bondiana con Pierce Brosnan como protangonista: El Mañana Nunca Muere.
Pero en ese momento, la desarrolladora aprovechando los programadores de la obra maestra para Nintendo 64, estaba planeando la creación de lo que sería su siguiente obra maestra, Perfect Dark, que les proporcionaba más libertad de acción y creación.
Así que los derechos cayeron en manos de EA Games (Electronic Arts), que ya por aquél entonces había emprendido su carrera, hoy día con el objetivo conseguido, de establecerse como la desarrolladora de videojuegos más importante del mundo, y se adueñó con los derechos virtuales de 007 hasta el año 2010.
Se pusieron manos a la obra con su próximo trabajo. Se prometía una experiencia bondiana única, con vistas en tercera persona para la dominante, económicamente hablando, consola PlayStation.
Bond 1, EA 0
Tomorrow Never Dies se presentó como un gran juego, pero sus fallos eran obvios. Pese a la variedad que los chicos de Electronic Arts quisieron implantar en el juego, éste se quedó corto, y precisamente por la pobreza de estas. Los gráficos eran correctos si miramos retrospectivamente, con los típicos fallos de clipping y popping (cuerpos que atraviesan paredes y objetos que aparecen de repente, respectivamente) que bien podrían haberse pulido un poco aun con la limitada capacidad de PSOne.
Un punto muy grave en su contra es la jugabilidad. El juego padece un control brusco durante toda su duración, sin ninguna suavidad en su manejo y con problemas para controlar al personaje. Todo esto se completa con una IA de los enemigos pobre.
La modelación de los personajes es buena, los actores son reconocibles y se puede identificar fácilmente la figura de Brosnan. El diseño de las fases es paralelo al de las películas, pero estos no dejan libertad de acción. Aun así, algunos escenarios son grandes y bonitos.
En la variedad está el gusto. Eso debieron pensar los programadores porque aquí Bond camina, corre, esquía y conduce. Un cóctel explosivo que puede quedarse en una simple intentona de querer y no poder, o viceversa. Las fases en las que Bond no nos deleita con sus andares, nos volvemos a encontrar con el mismo control brusco, pero podemos asegurar que son las situaciones más divertidas, algo que EA parece tener muy claro y que por suerte maduró en sus siguientes entregas.
Eso sí, el juego en sí, sin contar la pesadez en ocasiones de su manejo, se queda corto.
El sonido en Tomorrow Never Dies es correcto, sin llegar a ser nada del otro mundo. Se destacan las melodías principales de las fases, correctamente realizadas y algunas muy al estilo 007. El fx se queda considerablemente más corto, ofreciendo sonidos en ocasiones pobres y de mala calidad.
En definitiva podríamos considerar a Tomorrow Never Dies como una beta, una prueba que realizaron los chicos de EA para saber, antes de emprender el trabajo serio, por dónde debían ir los tiros. El juego no pasará a la historia por su calidad, pero siempre podrá recordarse como un juego de James Bond que podría haber sido, pero que se quedó en la mediocridad.
Pantallas



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