Capítulo 5:      MI QUERIDA YOSHIKO...

por Sandra Hernández Martín


Querida Yoshiko-chan:

          ¡Al fin te escribo desde Tokyo! No sabes las ganas que tenía de decir eso. ¿Cómo estás? Espero que tan bien como yo, o al menos con tantos ánimos. ¿Y tu familia? Dales recuerdos de mi parte, ¿quieres?
          Desde mi última carta, cuando te conté que Oda y yo habíamos sido admitidos en el Colegio Superior Musashino, han pasado mil cosas, como te podrás imaginar. Me saltaré cómo preparé el equipaje, porque eso no interesa a nadie, aunque sucedió una cosa muy especial. Meiko y Kei, mis hermanos, me hicieron un regalo muy valioso que tengo encima del escritorio donde ahora estoy sentado escribiéndote: una foto. Parece una tontería, pero deberías ver la fotografía y me comprenderías de inmediato. Aunque fueron a un estudio fotográfico que abrieron este verano en el barrio a encargarla, no tienen una pose artificial, ni están arreglados para la ocasión con sus mejores galas. Aparecen tal cual son: Kei-chan con el pelo revuelto y a lo loco, como siempre y Meiko, bueno, ya la conoces, vestida con ropa deportiva y sus eternas trenzas, lo habitual en ella. A la foto sólo le falta hablar para que parezca que mis hermanos están aquí, te lo digo en serio. Cuando me la regalaron dijeron que era para que siempre les llevara conmigo y no estuviera solo, así que a partir de ahora vendrán a todos sitios conmigo, metidos en la maleta junto a las cintas que me regalaste. Por cierto, ¿puedes creerte que no tengo NI UNA foto tuya? Me encantaría que me mandases alguna...
          Machida-san organizó un partido contra el Oshiemasu anteayer, que fue el último día en que Kazumasa y yo estuvimos en casa. Metimos doce goles y ellos nos colaron uno de penalti, que Machida-san se sacó de la manga porque no existió (ella hacía de árbitro, no te lo he contado). ¡Te puedes imaginar la mala leche que se le puso a Katoo-kun!. El pobre había hecho un partidazo y se había matado para dejar nuestra puerta a cero. Después nos quedamos solos en el campo, recordando viejos tiempos hasta que llegó la hora de despedirnos. Aunque sabíamos que era inevitable, no por ello dejó de ser triste. En aquel momento, cuando estábamos todo el equipo reunido, te eché muchísimo de menos. Nos faltaba una parte del grupo, había un hueco que no podía llenar nadie. 
          Te extrañé más que nunca... Quizás si tuviera una foto tuya... (Esto es para decirte: ¡mándame una foto!)
          Ayer por la tarde llegamos a Tokyo, cargados hasta las cejas con maletas y bolsas. La habitación que tenemos en la residencia, que es doble, es bastante grande, con baño incluido (muy al estilo occidental, no hay bañera). En realidad, todo aquí es estilo occidental y es enorme: el comedor, la residencia, los pasillos son larguísimos, el mismo colegio es inmenso. ¡Y todo muy lujoso! Me siento realmente extraño aquí aunque, a decir verdad, ¡no resulta nada difícil acostumbrarse a un sitio así! 
          Después de dejar las cosas en la residencia, Oda y yo visitamos a Misugi Jun, y cenamos con él, ya que estaba sólo en casa y nos invitó. ¿Recuerdas que te conté que le habían operado del corazón este verano? Pues cualquiera lo diría. Está estupendamente, hace rehabilitación y va al colegio sin problemas. No juega al fútbol, ni espera poder hacerlo este año, pero afortunadamente se recupera muy bien. Bueno, después de cenar nos quedamos hablando de mil cosas y algunas más, hasta que al final llegaron los padres de Misugi y nosotros seguíamos dándole a la lengua... Nos quedamos hasta las diez de la noche, ¡las diez, ni más ni menos! Era muy tarde, así que Oda y yo salimos pitando de allí, corriendo a la residencia. Nos perdimos (tengo un sentido de la orientación realmente malo), y tardamos cerca de media hora en regresar. Estábamos tan cansados cuando llegamos que ni se nos ocurrió bajar a la sala de recreo a ver la tele, o cosas así. Nos quedamos dormidos en cuanto nos acostamos.
          Así hasta esta mañana, donde no han acabado nuestros problemas. Antes de acostarnos ayer, yo dejé preparado y bien colocado el uniforme del colegio, que es de estilo europeo, con chaqueta, camisa y corbata, ya me entiendes. Misugi-kun me ha contado que lo han cambiado este mismo año, porque antes era muy parecido al del Furano; dice que es una estupidez por parte del colegio, porque el anterior uniforme era mucho más cómodo que el nuevo. En eso le doy la razón, porque llevar corbata es la cosa más incómoda que existe en este mundo. En fin, a lo que iba. El caso es que Oda no se preparó la ropa, porque decía que sabía perfectamente dónde lo tenía todo metido. ¿Adivinas qué paso? Pues que esta mañana mi querido compañero no encontraba la camisa "oficial" por ninguna parte. Y ahí nos tenías a los dos, buscando como locos la condenada prenda y, para cuando dimos con ella, la habitación estaba hecha un verdadero caos. Así que tuvimos que arreglarla antes de bajar a desayunar, y al final Oda acabó con toda su ropa colocada, mientras que la mía aún estaba en las maletas. 
          Mira, no importa lo que diga Oda. Yo creo que lo montó todo a propósito para deshacer el equipaje. ¿Tú qué crees? El caso es que al final hemos bajado a desayunar bastante tarde, cuando los mejores bollos habían desaparecido del mapa. ¡Todo por culpa de una camisa!
          Después nos fuimos al colegio, a afrontar el primer día de clase. Seguramente entenderás mejor que nadie como me sentía esta mañana si ya has comenzado las clases en tu nuevo instituto. Ser "el nuevo" en un colegio donde ya todo el mundo se conoce no es una sensación muy agradable. Estoy en la clase de 1ºB, mientras que Oda está en 1ºA, así que por primera vez en nuestras vidas no estudiaremos juntos. Al menos a él le había tocado con Misugi Jun y Aoba Yayoi (su novia), gracias a los cuales fuimos capaces de encontrar nuestras respectivas clases. Si te digo la verdad, sentía mucha envidia de Oda, porque le había tocado con las dos únicas personas que conocíamos en todo el colegio; sobre todo por que le había tocado con Misugi-kun, que es un tío muy carismático al que conoce todo el colegio y te puede ir presentando a la gente, ya me entiendes. Y ahí me tenías a mí, dirigiéndome solo como la una a la clase donde no conocía a nadie...
          ¡Que equivocado estaba, Yoshiko!
          Resulta que entro por la puerta, examino un poco la clase (muy espaciosa y bien iluminada, por cierto), y me encuentro con que uno de mis compañeros es, ni más ni menos, ¡Soda Makoto! ¿Le recuerdas? La temporada pasada capitaneaba el Azuma, que se enfrentó al Nankatsu a principios del Campeonato Nacional; además ha sido mi compañero en la defensa de la selección. ¡Imagínate la alegría que me dio verlo por allí! Al fin tenía una cara conocida en clase. Además, resulta que Soda-kun está becado, como Oda y yo, así que jugará este año en el Musashi, con lo que la alegría es doble. Soda-kun es un magnífico jugador. Un tanto temperamental, pero es muy bueno. Más tarde me enteré que hay más gente del equipo en mi clase, claro que yo no lo sabía entonces. Por ejemplo, está Honma Hiroshi, un centrocampista que tiene todas las papeletas para convertirse en el nuevo capitán del Musashi con la baja de Misugi, y también está Ozaki Jo, nuestro portero, ¡un tipo realmente alto! Yo creo que es mucho más alto que Jito, el capitán del Hirado, aunque muchísimo más delgado.
          Con respecto al equipo, hoy hemos tenido nuestro primer entrenamiento. Por cierto, Misugi nos ha anunciado que será nuestro entrenador, cosa que yo ya me estaba oliendo. En realidad, nuestro entrenador "oficial" es un tal Watanabe Isamu, o algo así, que es el técnico de todos los equipos del fútbol del colegio  (de todas las edades) y además profesor de gimnasia. El será quien nos acompañe a las concentraciones y a los partidos, porque como ninguno de nosotros es aún mayor de edad parece ser que necesitamos una "niñera". Pero el hombre tiene tanto trabajo que le ha dejado a Misugi toda la responsabilidad. Yo ya he entrenado bajo sus órdenes y me consta que es un magnífico preparador físico, a pesar de que tiene la misma edad que nosotros (en realidad, le saco dos días. Curioso, ¿no?). Se toma su trabajo muy en serio.
          ¡Y tan en serio! El primer entrenamiento ha sido mortal para la mayoría de mis nuevos compañeros. Misugi se ha sacado de la manga un circuito montado a base de tubos, conos, vallas, piedras y tablones que ocupaba todo el campo de entrenamiento, y nos lo ha hecho recorrer varias veces en parejas. Yo me he puesto con Honma Hiroshi, para ir conociendo gente, y ahí es donde me he enterado que iba a mi clase. Que cosas.
         El circuito ha estado muy bien, ha sido muy divertido. Había tramos para avanzar en zig-zag, para correr a toda velocidad, para llevar al compañero a caballo y luego cambiar posiciones, o para andar con las manos mientras tu pareja te sujetaba de los pies. La mayoría eran ejercicios de resistencia, mezclados con algunos de velocidad y maniobra; a pesar de que parecen ejercicios absurdos, son muy duros, aunque apenas te enteras. Como te lo estás pasando bien, no te das cuenta de que estás cansado hasta que no terminas. Este Misugi es muy listo, te lo digo yo. A pesar de todo, Oda y yo no hemos tenido muchas dificultades para aguantarlo (ya nos conoces, duros como rocas, je, je), a Soda le ha costado algo más, pero al resto del equipo les ha dejado por los suelos. Está empeñado en recuperar la forma que el equipo ha perdido durante los meses de verano en un par de semanas, y no va a parar de machacarnos hasta que lo consiga, lo que me parece muy bien. 
          De todas formas no olvida que lo que nos gusta es jugar al fútbol, así que al final hemos jugado un partidillo entre nosotros. Yo he jugado en el centro del campo, aunque no se si esa será mi posición en el equipo si salgo de titular, porque Misugi-kun solía sacarme de defensa cuando hacía las alineaciones de los  partidos amistosos que jugamos en Alemania. Ya se verá. Habrá que adaptarse, en todo caso.
          Al final el partido ha resultado algo accidentado, por mi culpa. Resulta que recibo un balón a unos diez metros del área y, viendo hueco, se me ocurre tirar a puerta. Mi tiro entra por la escuadra derecha de la portería, con tan mala fortuna que encuentra un agujero que tenía la red (es increíble que un colegio como el Musashino tenga las redes de las porterías en tan mal estado) y continúa su camino hasta estamparse en la cabeza de una de las jugadoras del equipo de voleibol femenino, que llevaban corriendo un buen rato alrededor del campo. Por suerte había tirado más a colocar que a clavar, con lo que no le puse tanta fuerza, pero aún así el golpe ha sido fuerte. Tanto que prácticamente la he tumbado cuan larga es.
          Mientras ella se recuperaba del impacto, sus compañeras se han vuelto hacia nosotros hechas unas furias. Yo me he adelantado, pidiendo disculpas, pero hubiera sido mejor que no lo hubiera hecho, porque me han llamado de todo y se han llevado a la chica antes de que pudiera pedir perdón y ver si le había hecho mucho daño. Después del entrenamiento la he esperado para volver a disculparme (sus vestuarios están cerca de los nuestros), pero nada. Me han dicho que vive en la residencia, pero tampoco la he visto, así que ya veré cómo me entero de algo. Va a ser difícil, porque no se su nombre. Espero que esté bien, no era mi intención.
          Por cierto que en el entrenamiento nos hemos puesto los uniformes del Musashi, como habrás imaginado. No eran los uniformes oficiales, puesto que no tenían número ni escudo, pero el resto es igual a los que llevaremos en las competiciones. Si te digo la verdad, no me he dado cuenta de lo mucho que  ha  cambiado mi vida en estos tres meses de verano hasta que no me he puesto la camiseta de mi nuevo equipo. ¡Al verme de amarillo y azul casi no me reconozco! Ha sido una sensación extraña, como si me faltase algo, ¿sabes? No puedo explicarlo. Supongo que es cuestión de tiempo que me acostumbre. 
          Después del entrenamiento hemos vuelto a la residencia. Y aquí estoy. Kazumasa y Soda están viendo la tele en la sala de recreo de la residencia, mientras yo estoy en mi habitación escribiéndote y contándote todo lo que me está pasando. Hace apenas una hora he hablado con mi casa. Ahora resulta que Kei quiere ser portero. ¿Qué te parece? Hace un par de semanas quería ser delantero centro... Me ha dicho que le pida un autógrafo a Wakabayashi-kun en cuanto lo vea. Cosa un poco difícil, porque vive en Alemania. En fin. Son cosas de niños. Conociendo a Kei-chan, se le pasará en un par de días. 
          Por el momento no tengo mucho más que contarte, aparte de que te echo mucho de menos y todo lo demás, pero eso tú ya lo sabes de sobra, así que no me queda otra cosa que despedirme. 
          Un fuerte abrazo, 

                                                                                                  Matsuyama Hikaru

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