Capítulo 14:      RUMORES

por Sandra Hernández Martín


          En el entrenamiento del equipo del martes por la tarde, Misugi llegó con noticias. El partido de clasificación contra Kuwait iba a retrasarse casi hasta finales de Noviembre, porque habían surgido algunos 
problemas de organización en el seno del comité de la AFC que se encargaba de la Copa de Asia sub-18. 
  - Ya decía yo que Mikami-san se retrasaba con la lista de convocados -dijo Nitta-. ¿Y qué problemas hay?
  - Creo que no se ponen de acuerdo si debería jugarse antes en Kuwait o en Japón, o en qué estadio de aquí se jugaría... -dijo Misugi, sin darle demasiada importancia-. Temas de burocracia, ya sabes. Y ahora, venga, ¡todo el mundo a calentar que comenzamos en un momento!
          Para Matsuyama aquello fue una buena noticia, porque de esa manera le quedaba aún mucho tiempo para ponerse en forma y poder ir a la selección, si le convocaban, con todas las garantías para hacer un buen papel. Lo que tenía que hacer era continuar con la labor que llevaba haciendo durante
aquellos primeros dos días. Resultaba cansado, sobre todo esa misma mañana, en la que se había levantado con dolores musculares por culpa de las pesas de Hideoki Akemi, pero estaba seguro de que merecería la pena.
          Con el tiempo descubrió que en Akemi no había encontrado sólo una competente entrenadora (la chica era paciente y divertida), sino que además ahora tenía una compañera fija con la que salir a correr por las mañanas, a la vista de que Soda y Oda, definitivamente, se habían echado atrás. 
          El miércoles por la mañana Hideoki estaba esperando a Matsuyama en la puerta de la residencia, para unirse a su entrenamiento matutino. Hikaru se vio obligado a reducir el ritmo de la carrera y el tiempo, para que ella pudiera seguirle, pero eso era lo de menos teniendo en cuenta que Akemi le estaba 
ayudando con el salto. Para compensar, Matsuyama comenzó a correr con las pesas en los tobillos, y aquella resultó una buena idea porque le permitió avanzar bastante en las prácticas de salto de por la tarde. 
          Oda y Soda estaban encantados con estas actividades. Por pura pereza ellos no se habían decidido a unirse, pero aquellos entrenamientos no habían hecho sino fortalecer la amistad entre Matsuyama e Hideoki, que habían simpatizado desde el principio, lo cual significaba que la chica pasaba cada vez más tiempo con los chicos, que siempre andaban juntos. Y, dada la "admiración" de Soda y Oda por la jugadora de voleibol, eran los primeros que animaban a Matsuyama a continuar con los entrenamientos, por puro interés. Eso sí, se había establecido una competencia feroz entre Makoto y Oda por ver quién era más simpático, mejor persona y más gracioso en presencia de la muchacha, lo cual resultaba un poco patético, pero no dejaba de ser divertido. 
  - Les gusto, ¿verdad? -le comentó una vez Akemi a Matsuyama. Era lunes y ya llevaban una semana entrenando. Hikaru se le quedó mirando sin saber que contestar.
  - Les caes bien -dijo, diplomático como siempre. Akemi sonrió, con una expresión en la que dio a entender que sabía de qué iba el tema.
  - A mi también me caen bien, pero no tanto -dijo la chica-. No se si me entiendes.
  - No se lo digas nunca -dijo Matsuyama, viendo que fingir era inútil. Si algo había aprendido era que Akemi no era idiota-. Les partirás el corazón.
  - Como les ha pasado a muchos chicos del colegio -interrumpió otra voz desde la puerta de la cancha. La pareja se volvió hacia allí.
  - ¡Misugi-kun! -exclamó Matsuyama, sorprendido. El entrenamiento del equipo de fútbol había terminado hacía veinte minutos. Misugi saludó con una mano y se reunió con los otros dos chicos.
  - ¿Qué has querido decir con eso de los chicos del colegio? -preguntó Akemi, atenta a las palabras de Misugi.
  - Pues eso, muchos chicos han perdido las esperanzas de enamorarte, Hideoki-san, después de los rumores que corren... -dijo Misugi, dejando la frase en el aire. Los otros dos le miraron sin llegar a comprender-. ¿No habéis oído los rumores? 
  - ¿Qué rumores?
  - Se dice que estáis saliendo juntos -soltó Misugi, con sonrisa traviesa.
  - ¡¿Qué?! -preguntaron Matsuyama e Hideoki a un tiempo, pero Misugi seguía sonriendo divertido ante la situación que acababa de crear. Matsuyama notó que le estaban subiendo los colores y, por el vistazo que le echó a Akemi supo que a ella le estaba pasando otro tanto.
  - Eso es una tontería -acabó diciendo el chico.
  - Si, es ridículo -se apresuró a decir Akemi-. Matsuyama-kun y yo somos amigos y ya está. Eso son rumores infundados y nada más...
  - Eso es lo que yo he dicho, pero... -dijo Misugi, encogiéndose de hombros.
          Se lo estaba pasando bien. Él mismo se había pasado años aguantando las bromitas de sus compañeros acerca de Yayoi y él, y ahora descubría por qué a la gente le resultaban tan divertidas. Aquel rumor sobre Matsuyama y Akemi se lo acababa de inventar él mismo. Jamás pensó que ser malo sería tan
divertido.
  - Ejem... -interrumpió Matsuyama, intentando cambiar de tema-. Creía que estabas en tu casa, entrenador.
  - Y lo estaba -dijo Misugi-. Pero se me ocurrió una idea.
  - ¿Y qué?
  - Está relacionada contigo, Matsuyama. Quiero que practiques una cosa que se me acaba de ocurrir.
  - Que le rondará por la cabeza... -murmuró Matsuyama, pero Misugi le oyó.
  - El arma secreta del Musashi, amigo mío -dijo Misugi con aire misterioso-. Lo tengo preparado todo fuera, ¿vienes? -le dijo.
          A Matsuyama le pudo la curiosidad y, seguido por Hideoki (a quien le pasaba tres cuartas de lo mismo), acompañó a Misugi hasta el campo de fútbol. El entrenador del Musashi había colgado un neumático del larguero de una de las porterías, cerca de la escuadra derecha, como si fuera un columpio. 
  - ¿Y eso? -preguntó Matsuyama, señalando la extraña escena.
  - Ejercicio de puntería, Matsuyama-kun -dijo Misugi-. Tendrás que colar el balón por el neumático -le explicó. Hikaru no parecía demasiado impresionado. Era complicado, pero no difícil. Tenía buena puntería-. Claro, que no será un balón corriente. Será ese balón.
          Misugi señaló un balón azul que había dejado fuera del área. Hikaru miró a su entrenador, miró a su entrenadora, sonrió confiado y se alejó en dirección al balón, sin acordarse siquiera que llevaba las pesas en los tobillos. Pero, aún así, quitarse las pesas le habría servido de bien poco, porque le bastó un pequeño toque al balón azul para comprender que no era como los demás. 
  - ¿Qué es esto? -preguntó en voz alta. Se agachó y cogió el esfércico con las manos-. ¡Esto es una piedra! -gritó, soltando el balón, que cayó con golpe sordo en el suelo. Sólo votó un poco.
  - Casi. Se llama balón medicinal, y pesa dos kilos -dijo Misugi. Akemi se echó a reir, comprendiendo la treta del entrenador del Musashi. Ella misma había utilizado balones similares (aunque más ligeros) en sus entrenamientos.
  - ¿Y quieres que lo meta por ahí? -preguntó Matsuyama aún a voces, señalando el neumático.
  - ¿Te atreves? Te advierto que la cosa se irá complicando a medida que avances...
  - ¿Es un reto? -preguntó Matsuyama a su vez.
          En su tono se adivinaba que, si era un reto, lo aceptaba. 


          Así, Matsuyama se vio inmerso en cuatro tipos de entrenamientos: la carrera matinal, el entrenamiento del equipo, el salto y el "arma secreta" de Misugi Jun. Este último, tal y como le había prometido Misugi, se fue complicando cada vez más, pero a Matsuyama le estaba gustando el resultado.
De igual forma le gustaba el producto del entrenamiento con Akemi, donde avanzaba cada vez más gracias a la práctica constante, del mismo modo que ella cada vez era más resistente al ejercicio físico debido a las carreras matinales. 
          La ocasión para poner en práctica las nuevas habilidades adquiridas podría llegar antes de lo imaginado, y no podía ser mejor. Aprovechando que las rondas clasificatorias para la Copa de Asia no acababan de aclararse, la Asociación Japonesa de Fútbol había aceptado una propuesta de la Federación
Inglesa por la que invitaban al equipo juvenil de Japón a participar en un torneo que habían bautizado como "Torneo de Otoño". Para ello habían reunido a las mejores quince selecciones del viejo continente europeo y habían invitado a Japón como campeón del mundo a unirse al campeonato. 
          O al menos eso ponía en el periódico que llevó Misugi Jun al colegio, donde aparecía la noticia completamente desarrollada. 
  - Si queréis saber mi opinión, Inglaterra ha montado toda esta historia para sacarse la espina de ser eliminada en primera ronda en Francia este verano -opinó Misugi-kun. 
  - Y en cuanto a las mejores selecciones, bueno... -dijo Soda. Cogió el periódico y comenzó a leer-: Noruega, Dinamarca, Gales, España, Escocia, Portugal... ¿Dónde está Rusia? Pensaba que era una potencia europea. De estos equipos sólo España y Portugal se clasificaron para el mundial de Francia, y no pasaron a segunda ronda... 
  - Pero también está Italia, Alemania, Francia y Holanda -dijo Matsuyama.
  - Si, pero son equipos de relleno. Al final el título se jugará entre los de siempre.
  - A mí me da igual. Me encantaría ir a defender el título mundial -dijo Matsuyama, finalmente.
  - Toma, y a mi -dijo Nitta. Soda asintió también. 
          Y sus deseos se vieron hechos realidad. Tres días después, Mikami Tatsuo publicaba la lista de convocados para el "Torneo de Otoño" inglés, y entre los jugadores elegidos estaban Nitta, Matsuyama y Soda, además de Misugi, que iba como ayudante técnico. 
          ¡Qué no habría dado Misugi Jun por jugar aquel torneo lleno de estrellas!

Foto de familia dell "nuevo" Musashi, por Sandra Hernández

     Bueno, pues este es el final de la historia... o al menos de la primera historia que tiene como protagonista indiscutible al gran Matsuyama Hikaru.  Para la siguiente tendremos que desplazarnos unos cuantos miles de kilómetros, hasta tierras inglesas, para ver la actuación del Japón en ese "Torneo de Otoño" que se han inventado los británicos en este fan-fiction (bueno, me lo he inventado yo, vale, pero nos entendemos, ¿no? Pues eso). Prometo volver en breve con esa historia bajo el brazo, así que, si os interesa, no perdáis de vista este sitio.    

     Muchas gracias a Matías Ordoñez porque fue el primero en creer que mis historias merecen la pena. Muchas gracias al "capi" Miguel Angel Lopez por su apoyo constante e incondicional. Muchas gracias a Ryoga Sith por hacerme un poquito de caso. Y muchas gracias a vosotros y vosotras, chicas y chicos, por estar ahí. Espero que os haya gustado. Nos vemos.

Ya sabéis, cualquier comentario, duda, crítica o sugerencia dirigidlo como siempre a: [email protected]  

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