| Temas para retomar el rumbo: Bolivar, la justicia social y la regualación de la guerra |
|
PONENCIAS > MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y PODER > "IMAGINE" > LOS NIÑOS Y NIÑAS EN LA GUERRA DESPLAZAMIENTO POR CONFLICTO ARMADO > TEMAS PARA RETOMAR EL RUMBO BOLÍVAR, LA JUSTICIA SOCIAL Y LA REGULARIZACIÓN DE LA GUERRA > CON LA MOSCA EN LA OREJA > EL RECONOCIMIENTO DE LA BELIGERANCIA > ALTOS DE CAZUCÁ VIOLENCIA, MISERIA Y OLVIDO > REPASANDO HISTORIAS > ¿QUIÉNES SOMOS? > LA HISTORIA DE LOS ANIMALES Y LOS ANIMALES EN LA HISTORIA!! > LA MUERTE DEL AULA SUBVERSIVA CÓMO EDUCAR A LOS HIJOS PARA SER REBELDES > POLÍTICA PEDAGÓGICO-PARTICIPATIVA > MUJER Y LO PÚBLICO > ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL SER MUJER EN COLOMBIA A COMIENZOS DEL SIGLO XX > EL ESPACIO PÚBLICO COMO BIEN DE USO COLECTIVO > ECOLOGÍA URBANA ASEO Y RECICLAJE TAREA BARRIAL-COMPROMISO DE VIDA COMUNITARIA > CAIN Y ABEL: ¿QUIÉN ERA LA MOSCA? >REACOMODACIÓN DEL ESTADO EN COLOMBIA Y DOS ALTERNATIVAS SOLUTIVAS A LA GUERRA > HISTORIA, ARTE Y ESTADO > ¡UN ESPACIO PARA UNA REFLEXIÓN! > PENSAMIENTO POLÍTICO “VIVAMOS SOÑANDO LA POLÍTICA”
|
Colombia se halla como barco a la deriva: sin rumbo conocido y sin líder visible, se enfrenta a una de sus épocas más oscuras, con algunos atisbos de lucidez (no todo es malo, Jaime Garzón fue y es una muestra de ello). La locura colectiva que vivimos, nos tiene inmersos en una violencia generalizada en la que los índices de muertos sólo es comparable con Kosovo y Ruanda, pero que a diferencia de los citados países, la mayor parte de las muertes ocurren en las calles de las ciudades bajo las ruedas de automotores no combatientes1; en la humanidad de descuidados transeúntes igualmente no combatientes; de igual manera la mayor parte de los muertos de la guerra tampoco son combatientes, sino humildes campesinos, pobres y desarmados, asesinados con excusa o sin ella2. Somos víctimas y victimarios en una violencia con tantas modalidades que obligó a la academia colombiana a inventarse a los violentólogos y a estos un enorme diccionario de la tipología de nuestras múltiples variedades de causas, agentes y métodos de agresión. Colombia se ha dado el. lujo de inventarse guerras a nombre de las aspiraciones excluyentes de una élite que no a dudado en hacer uso de las armas como sustento de su gula insaciable. Algunos ejemplos bastan para demostrarlo. En 1950 el Partido Conservador en cabeza de Laureano Gómez se alzó con la presidencia en una campaña electoral en las que no participó el liberalismo como consecuencia de la falta de garantías existentes durante el Gobierno de Ospina Pérez. En tales circunstancias el Presidente Gómez resolvió quedarse con el poder total, para lo cual citó una Asamblea Constituyente con el preciso objetivo de establecer un modelo de corte fascista al estilo del General Francisco Franco en España3: autoritario, corporativista y excluyente, enraizado en las más retrógradas tendencias religiosas y relaciones latifundistas. Para lograr su objetivo estorbaban los focos de poder popular, por eso el Gobierno, en cabeza del designado Roberto Urdaneta, ordenó la eliminación de cualquier posible remanente de las desactivadas guerrillas que se formaron como respuesta al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. El resultado fue, no sólo el fracaso de su propósito, sino el levantamiento en el llano de una guerrilla tan cualificada política y militarmente que estuvo en condiciones de generar un proyecto a favor de una república popular y disputarle con ventaja el poder al establecimiento4. La élite se salvó en esa ocasión recurriendo al "golpe de opinión" dado por Rojas Pinilla. Pero el gobierno de facto nos heredó una nueva situación de problemas: no sólo conformó un gobierno sectario, sino que al promulgar la amnistía para los insurrectos, dejó por fuera a los grupos de tendencia comunista y persiguió a los amnistiados. Ahí queda, como ejemplo casi mitológico, la muerte de Guadalupe Salcedo, el veguero que llegó a ser Comandante en Jefe de la Revolución, y que fue asesinado en las calles bogotanas a donde llegó para cumplir una cita con Alberto Lleras Camargo. La consecuencia fue el regreso al monte de los que quedaban vivos. Algunos de ellos emigraron al sur del Huila con la intención de evitar que los mataran, estableciendo para el caso una colonia con ubicación específica y organizados como autodefensas. Eran en realidad gentes que buscaban una oportunidad para vivir en paz, sin que la ocasión los indujera a aspiraciones diferentes. Pero, ¡oh élite sabia y pacífica!, - cuando para evitar la guerra habría bastado algún barato programa de desarrollo rural, unos cuantos pesos para una escuela, un puesto de salud y crédito de fomento - decidió asociarse a los gringos y en desarrollo de la teoría de la Seguridad Nacional, armaron 10.000 soldados para enfrentar a 44 familias mal alimentadas, mal vestidas y peor armadas. Pero, como siempre, el tiro salió por la culata, por eso hoy tenemos que esas familias obligadas a asumir una vida nómada y que de la defensa pasaran al ataque, se convirtieron en una guerrilla que no ha dejado de crecer y que parece ser la única organización que es capaz de establecer un plan estratégico y cumplirlo: un lujo que no se ha podido dar el Estado de esta élite. Ahora para contrarrestar ese engendro se ha inventado uno peor. los paramilitares. Así, a punta de exclusiones y represiones, se inventó el monumental lío que hoy sufrimos. Pero está demostrado que no aprende. No suficiente con todo lo anterior, hoy insiste en un modelo aún más excluyente que los anteriores, un modelo que privatiza los beneficios y socializa las perdidas, que da prioridad a la especulación sobre la producción, que garantiza la rentabilidad del capital y deja a merced de la lucha entre desiguales los ingresos de grandes masas de población: el capital fijando libremente los salarios para unos cuantos que pueden considerarse afortunados si algo logran en medio de la competencia por un mendrugo de pan. Todo esto ha sido posible en mala hora por la facilidad con que se recurre a la fuerza para resolver las diferencias entre los sectores de la sociedad, prevaricando con el uso de las armas, dedicándolas al servicio de pocos, lo que debería estar al servicio de todos. Así se ha agenciado el privilegio mediante el uso de la represión. El privilegio implica desigualdad, la desigualdad la inconformidad social, la que a su vez se contrarresta con represión. La vía de la represión elimina cualquier opción de diálogo y concertación; así no queda otra opción que aguantar o embarcarse en la guerra. Y como sabemos no todos resultan tan pacientes. Ya inventada la guerra hacemos uso de agresiones que violan todo el sistema de derechos humanos, en una gran orgía de sangre, sin que el blanco y objetivo del combate sean personas y objetos combatientes. En este punto nos vemos obligados a recordar tres tipos de medidas que el libertador Simón Bolívar usó tanto para evitar la guerra, como para menguar sus efectos cuando era inevitable, como lo era la guerra de independencia. La primera fue su propuesta de construir una sociedad y un Estado fundamentados en la igualdad, de tal manera que no sólo se alcanzara un nivel deseable de justicia social, sino que de paso nos podíamos evitar los males de la pobreza y de la guerra. Esa igualdad era su ley de leyes y debía manifestarse en la distribución del poder dentro de los más variados aspectos de la vida social, la distribución equitativa de la propiedad productiva, y el establecimiento de un sistema educativo que sirviera de garantía, no sólo del crecimiento económico, sino también para evitar la existencia de sectores en desventaja por carencia de saberes y habilidades. Bolívar promovía así un desarrollo armónico. Este modelo incluía necesariamente un manejo similar entre naciones, de tal manera que los imperios no resultaran impulsando todo tipo de desigualdades5. Una segunda medida fue su rotunda negativa de hacer uso de la fuerza para resolver diferencias internas, su método era el acuerdo a través de los congresos, las convenciones y las consultas populares. Las armas sólo podían usarse para defender la nación en su conjunto. En el corto lapso de 13 años convocó cuatro congresos y convenciones en Colombia, uno en Perú, uno en Bolivia y otro más, de alcance latinoamericano. Una tercera medida, de la cual no se conocen antecedentes, es la regularización de la guerra mediante tratados. Este precursor notable del derecho internacional humanitario fue propuesto por Bolívar cuando España se vio obligada a negociar como resultado de los triunfos militares y políticos del Libertador, los que le habían permitido constituir una república en territorios de la Guayana y el Virreinato de la Nueva Granada. Esta situación se complicaba para la Corona por las interferencias de Napoleón en la propia tierra española. Ante las circunstancias el 20 de enero de 1820 el General Morillo en representación del gobierno español le propuso a Bolívar un armisticio y la representación de las colonias en las Cortes de Cadiz, organismo que en ese momento gobernaban a España. De ser aceptadas, estas propuestas implicaban la continuidad de la relación de dependencia con la metrópoli. Bolívar rechazó la propuesta con el argumento de que "sólo la libertad podía, en el mundo moderno, unir a América y a España"6. El Libertador le propuso a cambio un tratado de trascendental importancia: la regularización de la guerra. A través de sus mensajeros le dijo a Morillo: "Sírvase vuestra excelencia autorizar u sus diputados para que concluyan con la República en tratado verdaderamente santo que regule la guerra de horrores y crímenes que hasta ahora ha inundado de lágrimas y de sangre a Colombia, y que sea un momento, entre las naciones más cultas, de civilización, de libertad y filantropía"7. Bolívar propuso esta medida ante la imposibilidad de detener la guerra porque, según él, "yo prefiero la política a la guerra, aunque tenemos con qué hacerle la guerra a estos señores"8; era para él preferible la negociación a la confrontación armada, pero si se ha de presentar el hecho terrible de la guerra fratricida, más vale asumir unas normas que minimicen sus horrores. Bolívar mostró un gran humanismo y sentido práctico, más allá de perfidias y rencores, pasando por encima de las heridas causadas durante 10 años de enfrentamientos. Ese sentido de lo humano y de lo práctico, lo llevó a autorizar a sus diputados "para que, conforme al derecho de gentes mas alto, entablen y concluyan un tratado con los negociadores del gobierno español, a fin de evitar a la humanidad el sacrificio que hacen de ella los gobierno beligerantes. Propongan VV.SS. que todos los prisioneros sean canjeables, inclusive los espías, conspiradores y desafectos, porque en las guerras civiles es donde el derecho de gentes debe ser más estricto y más vigoroso, a pesar de las prácticas bárbaras de las naciones antiguas9. Todo esto implicaba, no sólo el respeto de la vida de la población civil que no intervenía en la guerra, sino que se hacía extensiva a los combatientes fuera de combate, espías, conspiradores y simpatizantes, y la posibilidad de ser canjeados para ponerlos en libertad. Algunos anos más tarde Bolívar le comentaría a Perú de Lacroix que él mismo había redactado ese documento, del cual refirió que era un "tratado santo, humano y político que ponía fin a aquella horrible carnicería de matar vencidos, de no hacer prisioneros de guerra, barbarie española que los patriotas se habían visto en el caso de adoptar en represalias, barbarie feroz que hacía retroceder la civilización, que hacía del suelo colombiano un campo de caníbales y lo empapaba en sangre inocente que hacía estremecer a la humanidad"10. De contera Bolívar logró lo impensable, que España reconociera a la República de Colombia. Así, "los gobiernos de España y Colombia (...) en cabeza de "el excelentísimo señor general en jefe del ejército expedicionario de Costa Firma, don Pablo Morillo, conde de Cartagena, de parte del gobierno español"y el excelentísimo señor presidente de la República de Colombia, Simón Bolívar, como jefe de la República", firmaron este tratado. De esta manera, por la habilidad y sapiencia de su líder, Colombia nació ante el derecho internacional. La humanidad tuvo la oportunidad de ver la aplicación de semejante tratado. El ejemplo más notable ocurrió en la más importante de las batallas de la independencia del Nuevo Mundo, la de Ayacucho. Este hecho memorable corrió por cuenta de Colombia, cuyo ejército estaba bajo el mando de Antonio José de Sucre. El general colombiano sentía admiración por la capacidad de algunos oficiales del ejército del Rey. Nos cuenta Liévano Aguirre que Sucre invito a almorzar al Mariscal Valdés, quien fue recibido con honores militares en el cuartel general. Luego, brindando, Sucre dijo "Bebo por el que, si hubiera nacido en América, habría sido el mejor defensor de su independencia"11. En esa batalla quedaron españoles prisioneros en gran número, todos, no sólo recibieron un trato acorde con el tratado de regularización de la guerra, sino que se les entregaron medios y salvoconductos para regresar a su patria, si así lo deseaban, en caso contrario podían establecerse en el territorio de la nueva república. Esto actitud ya era una tradición, según lo atestigua Basilio Garna, el comandante de la plaza de Pasto. Esta vez Bolívar les ofreció tales condiciones, que este curtido oficial expresó con asombro: "por último prometiome no faltar en nada la capitulación y por consiguiente nuestro gobierno no tendrá que satisfacer cargo alguno por el transporte y suministro de la gente de Pasto hasta el primer territorio español, quedando además todos los individuos de la capitulación, por orden de ella, hábiles para tomar las armas contra Colombia: yo he sido transportado y recomendado por Bolívar en todos los puntos de su mando, habiendo sido socorrido generosamente para mi viaje, sin carqo alguno; y de la constancia de todo lo expresado conservo documentos fieles"12. Dentro del modelo de Bolívar había una lógica, la de la paz y la equidad, un resultado obvio del trato de un asunto entre gentes. Hoy, si queremos encontrar un camino que permita resolver este lío en que nos hemos metido, tendremos que asumir la senda que nos señaló el Libertador, es retomando el rumbo como nos haremos merecedores a disfrutar de un lugar digno en la historia.
1. Por estos días en la campaña gubernamental "Al peatón échele el ojo, no le eche el carro" , transmitida por televisión, se hace referencia a que el 70% de las muertes en Colombia ocurren en accidentes de tránsito. 2. Una revisión de la información suministrada por la prensa colombiana muestra la gran desproporción entre los muertos fuera de combate y aquellos que resultan de enfrentamientos directos, aunque éstos han aumentado en lo corrido de 1999. 3.Reinaldo Barbosa, Guadalupe y sus Centauros: Memorias de la Insurrección Llanera, Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, Santafé de Bogotá, 1992, página 158. 4.Reinaldo Barbosa, Obra citada, páginas 173 y siguientes. 5.Simón Bolívar. Documentos relacionados con la constitución y administración de Bolivia y Perú. 6. Indalecio Liévano Aguirre, Bolivarismo y Monroismo, Editorial Revista Colombiana, Bogotá, 1978 7. Simón Bolívar, Carta a Pablo Morillo, Catache, 3 de noviembre de 1820. 8. Simón Bolívar, Carta a Santander, 22 de diciembre de 1820. 9. Simón Bolívar, Carta a los comisionados para la negociación con Pablo Morillo, del 23 de noviembre de 1820. 10. Luis Perú de Lacroix, Diario de Bucaramanga, Tomado de la Revista Número 20, Santafé de Bogotá, diciembre de 1998 11. Indalecio Liévano Aguirre, Bolívar, Editorial Oveja Negra, Santafé de Bogotá, 1985, página 346. 12. Nemeciano Rincón, El Libertador Simón Bolívar en la Campana de Pasto 1819 – 1822. Banco de la República, Bogotá, 1973, página 227.
|
| copyright - © 2004 Sergio Chica - All rights reserved. |