| ¿Qué tienen
en común estas dos imágenes?. ¿Cuales son sus diferencias?.
Para cualquier científico las diferencias son obvias, enormes, abrumadoras.
El graffiti urbano de la izquierda es un mensaje críptico y sin
sentido, una oscura firma, mientras que la ecuación de la derecha
es una expresión matemática que sintetiza una de las leyes
más importantes de la naturaleza. Algunos podrían pensar
que la comparación es casi insultante.
Pido perdón si alguien se siente ofendido pero es necesario preguntarnos
en qué se parecen las dos figuras. Lo cierto es que para el ciudadano
de a pie los dos mensajes son igual de crípticos. Los dos parecen
mensajes dirigidos a un reducido grupo de "colegas". Debemos admitir que
nuestras comunicaciones científicas están pensadas en la
enorme mayoría de los casos para ser entendidas sólo por
nuestros pares.
La ciencia nunca ha estado abierta al público. Ni ahora, ni en los
años 50, ni en la época de Newton ni en la Grecia clásica.
Pero, entre otras cosas, el siglo XX ha sido testigo de un crecimiento
científico y tecnológico incesante; un impresionante desarrollo
que ha dado lugar a una creciente especialización y a un mayor impacto
de la ciencia y la tecnología en nuestra sociedad. Y ahí
está la diferencia. Nuestras vidas como individuos nunca han
estado tan vertiginosamente ligadas al desarrollo de la misma tecnología
que alimenta nuestro crecimiento colectivo. En esta sociedad industrializada
es difícil encontrar algún aspecto de nuestra vida cotidiana
que no se vea influenciado por tecnologías enraizadas en la ciencia
desarrollada durante los últimos 100 años. Y esa influencia
abarca desde detalles minúsculos de nuestra vida privada hasta fenómenos
de escala global
Si partimos de la premisa de que un ciudadano bien informado es la mejor
base para una sociedad democrática, entonces es evidente que los
ciudadanos de hoy y del futuro tendrán que tomar conciencia del
poder (y también de las limitaciones) de la ciencia, de los logros
y de la responsabilidad que conlleva una sociedad tecnológicamente
avanzada. Para ello es necesario que la gente sepa cómo funciona
la ciencia, lo que significa, lo que los científicos pueden hacer
y lo que no. Y esto nos lleva a la necesidad de desarrollar la divulgación
científica tan ampliamente como sea posible. Hasta ahora la divulgación
ha sido una actividad muy marginal, desarrollada por un número muy
reducido de científicos, pero que ciertamente crecerá en
importancia en el futuro.
La ciencia seguirá creciendo durante el próximo siglo. Y
lo hará siendo fiel a su tradición. Las distracciones
milenarias de moda no conseguirán hacernos olvidar el método
científico y las matemáticas seguirán siendo mucho
más que una elegante herramienta de la labor científica.
La especialización seguirá aumentando y los científicos
seguiremos escribiendo artículos especializados para someterlos
al juicio de nuestros colegas. Pero además, como científicos,
tendremos la responsabilidad de hacer llegar a la gente (y, de paso, también
a científicos de otras especialidades) el mensaje de lo que hacemos
y el sentido de la ciencia. |