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Metaevolución
La palabra
evolución nos sugiere imágenes de especies animales
colgadas del arbol de la vida. Pero la evolución no siempre ha trabajado
sobre sistemas vivos. Esta es la historia de la evolución de la
evolución.
La
palabra "evolución" proyecta en nuestras mentes imágenes
de libros de Biología, interpretaciones artísticas de trilobites
nadando en el mar de la abundancia del paleozóico o grabados de
cinco o seis homínidos en fila india esforzándose por caminar
tan erguidos como el homo sapiens que los precede. Si en un concurso de
la tele nos preguntaran por el padre de la teoría de la evolución
deberíamos responder que fue Charles Darwin, a pesar de que Darwin
nunca pretendió haber descubierto la evolución y ni tan siquiera
la llamó por ese nombre. Todos sabemos, porque nos han convencido
de ello, que las especies vivas evolucionan, pero no contamos el brillo
del sol, o el quiosco de la esquina entre la lista de especies en evolución.
Y sin embargo todo evoluciona; los seres vivos, la materia inerte...; la
propia evolución evoluciona.
¿Qué
queremos decir con esto?. El análisis de cómo ha cambiado
la evolución de la materia nos dará las claves para comprender
este nuevo concepto, el concepto de la metaevolución.
Que
las especies vivas han evolucionado y evolucionan aun hoy en día
es un hecho bien conocido. No es necesario investigar fósiles de
especies extinguidas para confirmarlo. Un vistazo a la historia de seres
con vidas cortas en comparación con la nuestra nos muestra el funcionamiento
de la evolución biológica. Ahí tenemos por ejemplo
la asombrosa adaptación de especies bacterianas resistentes a los
antibióticos, una historia de muchas generaciones en la que se combinan
mutaciones, variabilidad y un entorno más hostil para ciertos individuos
que para otros para producir un resultado en el que la vida nos muestra
su flexible cintura.
De la mano de Charles Darwin la evolución pasó de la categoría
de hipótesis a la de teoría y, desde entonces, cada nuevo
descubrimiento ha contribuido a afianzarla, cada nueva matización
la ha hecho más sólida. El descubrimiento del ADN por ejemplo,
nuestro código de barras biológico, que está presente
en las células de todos los seres vivos, nos emparienta a todos
y nos diferencia a la vez a unos de otros. El ADN confirma nuestra idea
de un origen evolutivo común.
Pero
antes del ADN, ¿qué evolución era posible?.
La
respuesta es una evolución química. De la misma forma que
las especies biológicas no son una parte inmutable del universo
y han evolucionado de acuerdo con las reglas del juego de la selección
natural que Darwin nos mostró, las especies moleculares también
han evolucionado a lo largo de los eones, siguiendo, eso sí, sus
propias reglas basadas en las leyes de la química. En el universo
no siempre ha habido ADN, ni hemoglobina, ni agua, ni oxígeno. En
algún momento tuvieron que aparecer, pero ¿cómo lo
hicieron?. A su vez, también los átomos que forman las moléculas
han evolucionado, siempre, claro está, obedeciendo las leyes de
la física. Y los componentes de los átomos, ¿han existido
siempre?.
¿Hasta
donde podemos remontarnos en este proceso de metaevolución?
La
que sigue es una descripción impresionista de este proceso. Una
visión de "flash" de una secuencia metaevolutiva que empezó
con el big-bang y un universo en expansión y enfriamiento en el
que la energía se congeló en materia y la materia no cesó
de autoorganizarse, exprimiendo orden del caos.
Quarks
materiales que forman núcleos atómicos antes de que existieran
los átomos. Núcleos que se asocian con electrones en atómica
simbiosis. Átomos capaces de compartir electrones con otros para
formar moléculas. Entes moleculares cada vez más grandes
y complejos, que llegan a formar estructuras supramoleculares burlando
las leyes del azar y la probabilidad. Superestructuras moleculares en forma
de pompa de jabón que brindan una primera oportunidad a la química
para sublimarse en biología. Protocélulas primitivas individuales
y egoistas que aprenden a comer y a perpetuarse, pero también a
cooperar para fomar células complejas y de paso respirar mejor.
Células sociales que se organizan en tejidos y tejidos especializados
en el desarrollo de órganos funcionales. Individuos orgánicos
complejos cuyos tipos se cuentan por millones, suficientes como para reventar
el arca de Noé. Múltiples poblaciones entrelazadas por nudos
ecológicos. Complejos individuos sociales acolmenados, algunos de
los cuales han llegado a desarrollar un cierto nivel de conciencia. Una
conciencia que les ha permitido mirar hacia atrás y comprender.
Esta
página empezó siendo un artículo corto. Pero al igual
que el mismo proceso que describe, evolucionó y maduró de
forma sorprendente hasta alcanzar el nivel de libro. El
libro "Metaevolución. La Tierra en el Espejo" ha sido premiado como
mejor texto inédito de divulgación científica en el
XIII Certamen "Casa de las Ciencias de Divulgación" (año
2000), organizado por el museo "Casa
de las Ciencias" de La Coruña, y publicado por Editorial Celeste
en 2001.
"Metaevolución.
La Tierra en el Espejo"
libro ganador del XIII
certamen Casa de las Ciencias de Divulgación.
Pedro
Gómez Romero
Celeste
ediciones, Nov. 2001
ISBN:
84-8211-342-9
Dónde se puede comprar?. En librerías y también
en Internet :
http://libros.elcorteingles.es/producto/libro_descripcion.asp?CODIISBN=8482113429
Reseña:
No se deje intimidar por el término empleado para el título.
Este libro no trata de grandes disquisiciones científicas, sino
que ofrece una visión integradora del proceso de evolución
de la materia, desde el big-bang hasta la frágil rama de nuestra
evolución cultural de la forma más accesible al público
no científico. Pero hay más.
Déjenme poner tres pares de ejemplos:
¿Qué tienen en común el
Sol, una bacteria y el quiosco de la esquina?.
¿Cuál es la probabilidad de una
pompa de jabón?
¿Qué hubiera sido de la Teoría
de la evolución si Darwin hubiera perdido su barco?
¿Quién planifica nuestra evolución
tecnológica?
¿Alguien sabe cuánto petróleo
queda en el mundo?
¿Es imprescindible que nuestros coches
lleven chimenea?
Estas son algunas de las sorprendentes preguntas
a las que encontrará sorprendentes respuestas leyendo este libro.
Porque con el telón de fondo de nuestra evolución a vista
de platillo volante el autor nos lleva a reflexionar sobre el estado actual
de nuestra evolución cultural y a la encrucijada tecnológica
en la que nos encontramos en la que la ciencia jugará un papel fundamental.
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