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Es el primer texto de Teresita que conocí y lo leí en un libro del P. Ignacio Larrañaga, titulado "Muéstrame tu rostro", yo no sabía quien era el autor del texto, pero desde el momento en que lo leí, me sentí totalmente identificado con él y con los sentimientos de quien lo escribía. Fue hasta un tiempo más tarde en que supe que el autor era mi querida Teresita, y dice así:
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Jesús, Jesús, si tan delicioso es el deseo de amarte, ¿qué será poseer la plenitud del Amor...? ¡Oh,
Jesús, mi primer y único amigo, el UNICO a quien yo amo!,
dime qué misterio es éste. ¿Por qué no reservas
estas aspiraciones tan inmensas para las almas grandes, para las águilas
que se ciernen en las alturas...? Yo me considero un débil pajarito cubierto únicamente por un ligero plumón. Yo no soy un águila, sólo tengo de águila los ojos y el corazón, pues, a pesar de mi extremada pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del Amor, y mi corazón siente en sí todas las aspiraciones del águila... |
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El pajarillo quisiera volar hacia ese sol brillante que encandila sus ojos; quisiera imitar a sus hermanas las águilas, a las que ve elevarse hacia el foco divino de la Santísima Trinidad... Pero, ¡ay!, lo más que puede hacer es alzar sus alitas, ¡pero eso de volar no está en su modesto poder!. ¿Qué será de él? ¿Morirá de pena al verse tan impotente...? No, no, el pajarillo ni siquiera se desconsolará. Con audaz abandono, quiere seguir con la mirada fija en su divino Sol. Nada podrá asustarlo, ni el viento ni la lluvia. Y si oscuras nubes llegaran a ocultarle el Astro del amor, el pajarito no cambiará de lugar; sabe que más allá de las nubes su Sol sigue brillando y que su resplandor no puede eclipsarse ni un instante. Es cierto que, a veces, el corazón del pajarito se ve embestido por la tormenta, y no le parece que pueda existir otra cosa que las nubes que lo rodean. Esa es la hora de la alegría perfecta para ese pobre y debil ser. ¡Qué dicha pa él seguir allí, a pesar de todo. mirando fíjamente a la luz invisible que se oculta a su fe...! Manuscrito B IX, 63 |
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