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Cuadro de texto: SALUD MENTAL

 

 

 

 

 

 


 

 
 
EL ESTRÉS, FACTOR FUNDAMENTAL PARA LA BUENA SALUD MENTAL Y FÍSICA

 

De repetirse con frecuencia, el estrés puede atentar contra el sistema inmunológico, el respiratorio y circulatorio, puede también provocar trastornos en el sueño y la alimentación.

 

 

En la compleja vida moderna hay muchas causas de estrés, que sumadas a factores individuales, hereditarios y a conductas aprendidas, condicionan las actitudes de afrontamiento de una persona. Sin embargo, está demostrado que se puede aprender a manejar el estrés, por esto aseguran los especialistas que es un fenómeno de carácter cognitivo. Aprender a controlar el estrés parece ser unos de los mayores desafíos a los que se enfrentan las personas de hoy, independientemente de su ocupación y estrato social.

 

Aunque normalmente la palabra estrés se asocia con lo negativo, no siempre es así. El estrés es la respuesta o afrontamiento del organismo a una demanda real o imaginaria, que obedece a la percepción (siempre subjetiva) de cada quien. Esto explica por qué una misma situación puede ser vista de manera diferente por varias personas, es decir, que para unos sea algo malo y para otros no tanto, e incluso, como algo bueno.

 

Las situaciones estresantes (conocidas también como estresoras) pueden causar el cambio o adaptación y varían dentro de un gran número de posibilidades; desde un enojo pasajero, a sentirse amenazado de muerte.

 

El llamado estrés positivo ayuda a enfrentar desafíos o amenazas como un hecho automático y esencial para la vida. Se puede decir que una situación determinada genera estrés positivo cuando la persona siente que la puede controlar y es vista como un desafío. Si por el contrario, la situación se percibe como algo que sobrepasa las propias posibilidades, la respuesta entonces se llama estrés negativo.

 

Las circunstancias imprevistas que definimos como peligrosas, por ejemplo la inseguridad urbana, generan un estado de alerta que a su vez produce una serie de cambios fisiológicos: mayor bombeo de sangre al corazón, dilatación de las pupilas, sudoración en manos y espalda, etc. La respuesta frente al peligro inminente básicamente es la misma en todas las personas: el cerebro envía un mensaje bioquímico (neurotransmisor) que provoca la liberación de hormonas, las cuales notifican rápidamente al cuerpo la necesidad de ponerse en acción. Entonces se produce una descarga inmediata de grasas y azúcares que se vuelcan en la sangre para proveer una inyección de energía. Anticipándose al aumento de requerimiento de oxígeno, se acelera la respiración y se incrementan la presión arterial y la frecuencia cardiaca. Una vez pasado el peligro, el organismo vuelve progresivamente a la normalidad.

 

Si el estrés se repite con cierta frecuencia hasta volverse constante, atenta contra el sistema inmunológico, el estómago comienza a recibir menos sangre, también el aparato reproductor y el respiratorio. Los primeros síntomas de estrés crónico son los trastornos del sueño y la alimentación. Por esto los médicos, científicos y comunidad en general asumimos esta condición como una enfermedad.

 

Estudios realizados en varios países demuestran que un alto porcentaje de las consultas médicas se deben a problemas psicosomáticos, es decir, una respuesta del organismo al estrés, que se manifiesta mediante afecciones físicas.

 

La buena calidad de vida es muy importante para evitar o manejar el estrés, para ello es importante evitar el consumo de tabaco o alcohol, llevar una dieta balanceada (rica en frutas y verduras, baja en carnes rojas y grasas), hacer ejercicio físico moderado y placentero, practicar técnicas de relajación, realizar actividades de recreación, descansar, fortalecer las relaciones afectivas, tener contacto con la naturaleza y ante todo, mantener una actitud positiva frente a la vida.

 


 

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LA DEPRESIÓN

Una persona con depresión muestra pérdida de interés en las actividades diarias, sentimientos de desesperanza, culpa, ruina e impotencia.

 

La depresión es una enfermedad biológica, con altas posibilidades de volverse crónica y recurrente, que de no tratarse a tiempo puede llevar hasta la muerte. Usualmente se relaciona con la tristeza, pero no es sólo eso. Una persona con depresión también muestra pérdida de placer e interés en las actividades diarias, sentimientos de desesperanza, culpa, ruina e impotencia. Otros síntomas que presenta esta enfermedad son la falta de sueño, alteración de la memoria, pérdida en la capacidad de concentración, afecciones psicomotoras y trastornos del apetito (anorexia o hiperorexia, es decir, aumento desmesurado del apetito).

La causa biológica de la depresión son ciertas alteraciones metabólicas que afectan a los neurotransmisores cerebrales, los cuales están relacionados con hormonas y con el sistema inmunológico, de ahí que en la depresión se presenten alteraciones biológicas en el cerebro, en las glándulas endócrinas y en el sistema inmunológico.

El factor genético presenta un alto grado de incidencia dentro de los cuadros depresivos, pero éste nunca actúa por sí mismo, sino que se suma a una serie de factores externos relacionados con el estrés y traumas o conflictos infantiles, que finalmente desencadenan la depresión.

El diagnóstico de la depresión es clínico y se realiza a partir de síntomas específicos. Hay métodos complementarios de diagnóstico como las pruebas de sangre y orina para medir la cantidad de neurotransmisores, pruebas neuroendócrinas específicas y además métodos de neuroimágenes cerebrales, que enseñan el funcionamiento cerebral.

Como en cualquier otro tipo de enfermedad, el diagnóstico es fundamental para el tratamiento a prescribir, que por lo general, consiste en la combinación de suministro de fármacos antidepresivos y psicoterapia cognitiva.

En cuanto a los antidepresivos, los primeros en aparecer (hace 50 años) fueron los IMAO o Iinhibidores de la MonoAminoOxidasa, en la actualidad se usan poco porque tienen efectos tóxicos, sobre todo en asociación con otros medicamentos. Después surgieron los tricíclicos, que son muy eficaces, pero presentan riesgos cardiológicos y a largo plazo producen deterioros de la memoria por efectos colinérgicos. Por último, aparecieron los IRS (Inhibidores de la Recaptación de la Serotonina), que son los antidepresivos más sanos porque tienen un margen de seguridad muy amplio y tienen mayor comodidad posológica, se toman una vez al día.

 

 

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