DEL LIBRO
 

"SOLSTICIOS Y EQUINOCCIOS"
 
 
 



 
 

    QUISIERA SER POETA


Quisiera ser poeta
para ver lo imposible,
imaginar lo inexistible,
soñar con los sueños.
Mirar hacia la tierra
y donde una hoja seca
por el otoño haya,
trucar mi pensamiento
y ver en su lugar
un rosal
lleno de sangre y vida,
floreciendo.
Contemplar las estrellas,
queriendo hacer con ellas
un ballet irreal
que dancen por las noches
con vida celestial.
Bajar al cementerio,
preguntar a los muertos
qué han sentido
en su entierro,
abrir lápidas blancas,
sentir que un cuerpo frío
aún pueda tener alma.
Adentrarme en un bosque
de sauces y de pinos,
andar por sus caminos,
perderme en el sendero,
y que al crujir sus hojas
murmuren cualquier cosa,
y que las mariposas
corriendo entre sus ramas,
susurren a mi oído
o canten silenciosas.
Quisiera ver mi vida
de ayer, mañana y siempre,
saber cómo yo era
y qué seré después,
adivinar qué queda
detrás de esta quimera,
cuando el alma inmortal
se escape de su caja
de orgullo y vanidad.
Quisiera imaginar,
-qué sueño tan ficticio-,
que ese destello
de tus ojos pardos,
la mirada de amor
que de ellos brota,
tu fuerte abrazo
y la fruta madura
de tu boca,
me buscan sólo a mí,
pero no a otra...
¡Ay sombras misteriosas!
Quisiera ser poeta
para ver tantas cosas...


 
 
 
 

    ¿SIN TI QUE SOY?


¿Sin ti que soy?
Una voz que se pierde en el espacio
buscando la tuya entre la brisa
que trae la mañana,
un copo de nieve
que no alcanza el suelo,
una sonrisa vana.
Sin ti soy un día sin sol,
un color gris,
una flor marchita
que cae de su rama,
una muñeca
que llora sin consuelo,
una pequeña llama que se apaga.
Un grano de arena
perdido entre la playa,
un beso al vacío,
una lluvia sin agua,
una gota de llanto
que el mar arroja
a la arena quemada.
¿Qué soy sin ti?
Una hoja seca
que el otoño mata,
una mota de polvo
rondando en cualquier casa,
un pajarillo triste,
una vida acabada.
Dime, ¿qué soy sin ti?
Sin ti yo soy la nada.


 
 
 

    LLANTO ETERNO

Llorando vemos la luz
al nacer,
con ojos nuevos,
y sentimos el dolor
de unas manos en el cuerpo.
Lloramos cuando al crecer
nos niegan lo que queremos
y nos dicen que otra vez,
pero ya nunca lo vemos.
Porque la vida nos da
su primer revés,
lloramos,
y notamos el pesar
amargo del desengaño.
Si el primer amor se va
escurriendo entre las manos
y la rabia nos oprime,
sin querer llorar,
lloramos.
Cuando la muerte visita
nuestro hogar
y el cementerio
se cubre de margaritas,
lloramos por nuestros muertos.
Lloramos las alegrías,
las penas,
las ilusiones,
y a las personas que un día
nos roban los corazones.
Dolor de sentir el alma
endurecerse en silencio,
y por el cuerpo correr
lágrimas de llanto eterno.
Así nacemos,
llorando,
y llorando viviremos,
y hasta el frío mármol la cruz
del llanto nos llevaremos.


 
 
 
 

    NO QUIERO QUE ME LLOREN SIN CONSUELO


No quiero que me lloren sin consuelo
con lágrimas que agua son al fin,
ni tampoco que griten cara al cielo
preguntando por qué vino la muerte a mí.
No me gustan los pésames aciagos,
los lutos de ocasiones para duelos,
no soporto la fina hipocresía
de rezar un rosario cada día.
Habrá rostros apenados, nunca vistos,
y que entonces simulen conocerme,
¡dejadme descansar!, os lo suplico,
bajo ese velo negro de la muerte.
Ahora que estoy en vida, ¿qué me dais?:
dolores, amarguras y pesares
y, os lo pido, cuando yo me haya ido
no finjais ser los que más me habeis querido.
¡Triste muerte que nos unes y separas!,
qué verdadera eres cuando pasas,
sin ti el mundo sería del poderoso
y carroña el pobre entre sus garras.
Eres fiel a ti misma y no te engañas
porque no no miras sexo, ni condición, ni raza,
arrasas a tu paso los caminos
dejando un reguero de nostalgias.
No se compra tu marcha con dinero,
que la muerte no muere y es eterna,
y al final del camino que escrito está en el sino
su silencio de muerte nos aguarda.

 
 
 
 
 



 
 
 

    ¿POR QUÉ SE ME HACEN LAS NOCHES TAN LARGAS?



 

¿Por qué se me hacen las noches tan largas
pensando en que llegues alguna mañana?
Ya sé que aún es pronto,
que aún no me tardas,
pero ¡quiero tanto tener tu mirada!
Saber cómo eres, respirar tu calma,
sentirte en mi pecho, mirarme en tu cara,
adornar con flores tu risa de nácar,
acallar tu llanto con tiernas palabras.
Y cuando en mi vientre siento palpitar
tu corazón tibio, me haces suspirar.
Y en tanto tu cuerpo se mueve en mi seno
como un torbellino, ¡mi alegría es tal!
que ya quiero verte, hacer mía tu paz,
matar mi silencio de la soledad.
Llenarás mis horas monótonas, grises,
secarás mi llanto viéndote gozar.
La escarcha de nieve de tus manos blancas
serán mi refugio de toda maldad.

 
 
 

 


Del libro "Solsticios y Equinoccios" (Libro registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual de la Provincia de Málaga con el número 4579. I.S.B.N. con números y copyright de la autora en trámite).
 
 
 
 
 



 
 
 
 

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