DEL LIBRO

"AURORA BOREAL"
 
 
 



 
 

    ERAS COMO LA NOCHE


 
Eras como la noche,
tibio y sereno,
como la calma densa,
como un desierto.
Eras casi la vida,
murmullo nuevo,
arrastrar las estrellas
dentro del cielo.
Eras agua que cae
sobre lo seco,
promesa de venturas,
invierno eterno.
Eras la luz que brilla
con ojos ciegos,
focos que iluminaban
crespones negros.
Eras noche, calma, vida,
aguas, promesas, sosiego,
luz, venturas, alas, mar,
gaviotas, invierno y cielo.
Eras tú, creía que eras,
algo mágico, sin dueño...
Sin embargo desperté

 
 
 
 
 
 
 

y te vi lejano... en sueños.



 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 

    A TUS CUATRO FEBREROS

Muñeca rubia de cuatro primaveras,
flor que el rocío dejó caer
en forma de pétalos rosados
con corona dorada en tu blanca cabeza.
Me quieres a veces, ¡infantil interesada!,
que pasas de todo sin pensar en nada.
¡Quién fuera tú, tan pequeña y tan sabia!
Belleza entre beldades, jazmín entre las matas.
Cada día más elevada, quieres tocar el cielo;
ya se forman tus perfiles a mis notas,
pero quedaré pequeña, pequeña y lejana,
pasarás de largo mi estatura ajada.
Satélite entre Planetas,
ya amas hasta las estrellas y la luna,
cada noches las adorabas y estudiabas
con tus particulares comentarios al mundo que se abría.
Con infantil discernir filosofas
sobre la muerte y la vida.
¿Por qué se muere la gente?, me dices,
¿qué ocurre cuando nace una vida?
Y nada te asombra, nada te perturba,
tu inteligencia todo lo capta
como un imán, sin dudas; eres personal,
a veces cruel por tu misma ingenuidad.
Sádica criatura, que agotas paciencias
con tus imposturas,
y con tus rabietas de niña mayor
y con tus desplantes congelas figuras.
¡Ay!, ¡quién fuera tú!, repito de nuevo,
para aprender a pasar de todo sin pensar en nada.
Con tu interés, pequeñez de grandes alturas,
con tu juicio perspicaz ante tu inteligencia incólume.
Con las luminosas que habitan tu mundo,
sin sorpresa, estupor o espanto te acercas a ellas.
Con tu inteligencia tan sutil y lúcida.
¡Sádica criatura!
A mi hija Eva.
 
 



 
 
 

   SOÑANDO TEMPESTADES


 
¿No es acaso bella la noche
en que golpéa la lluvia las ventanas?
Cuando los rayos entretejen
figuras dibujadas
de color blanquiazul,
como un arco iris nocturno,
en un campo negro
que de ligero se siembra de colores,
dando vida a una flor abandonada.
Sentir la amargura del trueno
que se queja entre ronquidos
y brama,
cual si quisiera terminar con esta tierra
para abrir otra nueva en sus entrañas.
Y retumba, retumba...
cuando vuelve la luz brutal del rayo
a iluminar la noche mortecina.
Nada es de nadie, todos son nada.
La lluvia sigue cayendo mansamente,
con docilidad,
y a veces con ira desatada.
Una cortina espesa
nos cubre la mirada.
Las luces, sólo se adivinan luces,
a lo lejos,
como faros en el agua,
entre nieblas.
Y el viento, el viento
que quiere entrar también
en esta danza.
Y siento frío.
Hay momentos en que sopla poderosamente
llevándose el agua,
hacia un lado, hacia otro,
columpiándola...
Vibran las ventanas,
y otra vez el fragor del rayo
que con el trueno pasa.
Y yo aquí, colgada,
suspendida en una nube inexistente,
de un rayo que no pasa,
de un trueno que no ruge,
de una lluvia apagada.
Y el cielo arriba,
mirándome con burla,
cuajado de estrellas.
La noche está lúcida y clara.
Clara... pero yo sigo aquí
soñando tempestades,
esperando el rayo que escapa,
la lluvia que no llega,
el trueno que no pasa.
Y me quedaré indolente, inactiva, sí,

 
 
 
 

mirando a la ventana...
 



 
 
 

   SENTIMIENTOS
 
 

Sentimientos, ¡ay sentimientos míos!,

siempre a flor de piel
o en el alma escondidos.
Es todo tan abstracto,
nada es tan sencillo.
Hablo a veces de noche,
otras clamo al destino.
Sentimientos, ¿por qué me perseguís
sin un respiro?
A instantes yo quisiera guardaros
en estuches clasificados y archivaros:
"Penas", "Soledades", Alegrías",
"Tristezas", "Amores", "Desengaños",
"Insolencia", "Timidez", "Engaños"...
Y sacaros sólo cuando
me hagáis falta,
para vestirme de vosotros al momento,
quedar bien y arrancarme el sentimiento.
Y otra vez al estuche, a olvidaros.
¡Este sí que sería el gran invento!

 
 
 
 

¡Ay, sentimientos!
 
 



 
 
 

   EN EL ALBERGUE DE TU CORAZÓN


En el albergue de tu corazón
hospedé el mío,
a pensión completa.
Para tomar abrigo,
alimento, auxilio,
para tener ayuda
que a mí me sostenga.
En el hostal de mi corazón
que estaba frío,
álgido, indiferente,
congeniamos,
se acercaron a unirse nuestras manos,
se frisaron las almas
con un canto.
Y el frescor sin ligereza
que tomamos,
nos hizo caminar
con el consuelo
de ser siempre
como el mar es para el cielo,
hilvanando el horizonte que encontramos.

 
 
 
 
 
 




 
 
 
 
 

Del libro "Aurora Boreal". (Libro registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual de la Provincia de Málaga con el número 4580. I.S.B.N. con números y copyright de la autora en trámite).
 
 
 
 


 
 
 
 
 

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