Rojas, Roxas y De Rojas en España |
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En campo de oro, cinco estrellas de azur de ocho rayos,
puestas en sotuer.
Escudo partido: 1º de oro: cinco estrellas
en azur, 2º de oro seis bandas de gules.
En campo de oro,
cinco estrellas de azur de ocho rayos puestas en sotuer con bordura de
veros.
De Rojas: En campo de azur, cinco
estrellas de oro de ocho rayos, puestas en sotuer.
Rojo: Escudo
partido: 1º en campo de azur , cinco estrellas de oro puestas en sotuer. 2º
de gules, un castillo de plata sobre
ondas de agua de plata y azur.
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Ir a la página de inicio. Origen del apellido Rojas. Heráldica. Historia de los Rojas en América. Historia de los Rojas en España.
Datos biográficos de algunos Rojas.
Notas remitidas a la dirección de correo del Webmaster por aquellos que consultan esta página.
Fotos y referencias a los antepasados.
Capítulo referente al apellido Rojas (Roxas) del Diccionario Heráldico y Genealógico de apellidos españoles y americanos de García Carrafa.
Direcciones
de correo y Páginas Web de los Rojas. Páginas
relacionadas a la genealogía y la heráldica. Blog del autor sobre diversos temas: política,
educación, religión, Paraguay, América, etc. Blog
del autor, donde trata temas referentes a la
historia del apellido Rojas, su genealogía y heráldica. Antecedentes personales, profesionales y familiares del autor de la página.
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El material siguiente fue proporcionado
por Luis Ángel Rodríguez. PUEBLOS Y ALFOCES BURGALESES DE Introducción Una
de las ambiciones de todo aquel que, de algún modo, se interesa por la
genealogía es llegar a conocer los orígenes de un apellido. Este objetivo en
la mayor parte de los casos no es posible, y no se suele llegar muy lejos
debido a que en algún momento la falta de documentación y las limitaciones de
los que no poseemos una preparación para la investigación, da como resultado
una barrera imposible de flanquear. En
el caso de los interesados por el apellido “De Rojas”, tenemos la gran suerte
de que los portadores primeros de este apellido fueron personajes de
notoriedad y que de algún modo constituyeron parte de la historia de España,
por lo que hay constancia escrita de su paso por la vida y que los
historiadores e investigadores han sacado a la luz en sus trabajos de
diferente índole. Esto hace que simplemente con la lectura de las
publicaciones existentes podamos conocer mucho de los orígenes, y no
solamente en lo referente al apellido sino también la geografía, historia,
acontecimientos, y situaciones que rodearon la existencia de los antepasados
en la época en que vivieron. Sería
incompleto y bastante aburrido si todo nuestro interés se concentrara
únicamente en una base de datos de nombres y fechas. Particularmente procuro
recoger referencias del medio en el que se movían, época, reinado,
condiciones económicas, políticas, etc., y que constituyen un enriquecimiento
del saber que favorece la comprensión de los actos y particularidades de
aquellas personas que dieron lugar a que el apellido se perpetuara hasta
nuestros días. Todo parece indicar que
los orígenes de los “Rojas” hay que buscarlos en la provincia de
Burgos, de donde nacen las diferentes ramas que en el transcurso de los años
y siglos fueron extendiéndose por Como
he dicho anteriormente, tomaron parte activa y muy importante en la historia
de España, por tal motivo, no es de extrañar que en cualquier obra que trate
sobre historia aparezca algún episodio donde se mencione algún Rojas, y
especialmente si estas obras se refieren al entorno de Burgos. Es estimable
la información que aparece en las
múltiples publicaciones referentes a la mencionada provincia, donde se
encuentran datos acerca de los Rojas en la época medieval. Desde
mi condición, quiero haceros partícipes de lo que rebuscando en las
bibliotecas he hallado. Conste por lo tanto, que lo que a continuación se
describe es una reproducción de líneas de publicaciones existentes. Puede
parecer demasiado extenso, pero en realidad estoy haciendo resúmenes de lo
que a mi criterio me parece más interesante, bien porque se mencionan
personajes con el apellido, o porque la descripción de paisajes, situaciones,
o entornos nos sitúan en el punto geográfico y escenario de los antepasados. Tanto
mi esposa como yo, gustamos de hacer excursiones y visitar lugares. Como no
podía ser menos, en nuestro pensamiento está el visitar en la próxima
primavera los lugares más interesantes de los que a continuación se relacionan, tenemos a
nuestro favor la proximidad geográfica. Mientras tanto, procuraré
documentarme la más posible. Os informaré sobre el particular. (Luis A.
Rodríguez) PUEBLOS Y
ALFOCES BURGALESES DE 1. LIMITES CRONOLOGICOS Y GEOGRAFICOS En esta obra de geografía administrativa histórica
queremos presentar a nuestros lectores las primeras divisiones
administrativas documentadas del solar burgalés después de la invasión
islámica, o de la llegada de los moros en expresión vulgar, el año 711. Estas primeras divisiones administrativas, que
comienzan a insinuarse en las crónicas y en la documentación en la segunda
mitad del siglo IX, aparecen ya configuradas la mayor parte de ellas en los
diplomas del siglo X, y están ya todas testimoniadas en el siglo XI. Corresponden pues plenamente a la época condal
850-1037, y representan las subdivisiones territoriales del condado, o mejor
del conjunto de condados que con el nombre de Castilla se agruparon bajo el
gobierno de Fernán González y de sus descendientes durante cinco
generaciones. Pero los territorios cuya titularidad condal
ostentó la dinastía familiar de Fernán
González, los Banu Fernando o Banu Mumadonna al decir de las fuentes
musulmanas, rebasaban ampliamente los límites administrativos de la actual
provincia burgalesa. De Norte a Sur se extendían desde el mar Cantábrico
hasta el río Duero, frontera pasajera, que también fue desbordada para
alcanzar el condado castellano con la repoblación de Sepúlveda el año 940 las
estribaciones de De Este a Oeste los territorios familiares de los
descendientes de Fernán González comprendían desde De todas estas tierras condales aquí sólo vamos a
contemplar una pequeña parte comprendida en la actual provincia de Burgos;
estos límites espaciales no nos lo fija un provincialismo, que resultaría
enteramente anacrónico referido a los siglos IX-XI, sino que nos viene en
gran parte determinado por las mayores posibilidades documentales que nos
ofrecen los grandes centros monásticos burgaleses como Oña, Cardeña, Arlanza,
Silos, Covarrubias y la propia catedral de Burgos. Y dentro de la provincia de Burgos, tampoco vamos a
considerar la totalidad de la misma, aunque sí la mayor parte; por el Norte
prescindimos de las tierras “viejas”, esto es, de aquellas que constituyeron
el baluarte inicial de resistencia frente al Islam hasta el año 860, y que
por lo tanto no conocieron la despoblación manteniendo siempre la continuidad
de su hábitat y de su ocupación humana, y que por lo mismo presentan
características muy distintas que las tierras “nuevas” o de repoblación. Por el Sur el límite meridional lo constituye en
líneas generales el río Duero, pero más exactamente en términos históricos
nuestra atención acaba en la frontera que marca el fin de Castilla y el comienzo
de Por que
esta frontera marca no sólo una división administrativa que tendrá vida
durante casi 500 años, sino ante todo dos momentos y dos sistemas de
repoblación y de organización político-administrativa completamente
distintos. 2. CASTILLA Y EXTREMADURA CASTELLANA Al norte del río Duero Castilla, o sea la tierra
“vieja” y la repoblada entre el 860 y el 912, mantendrá su estructura en
alfoces o territorios dependientes de un castillo con pequeñas aldeas regidas
por el titular o tenente del alfoz; al sur del gran río castellano en torno a
él Extremadura, o sea la tierra de frontera despoblada de nuevo durante las
campañas de Almanzor (977-1002) que sólo vuelve a la vida y recibe a los
segundos repobladores en los siglos XI y XII, se organizará no en alfoces,
sino en Comunidades de Villa y Tierra, esto es, en villas muradas, cabezas de
una amplia comarca y tierra, donde Cada una de estas Villas de Castilla y Extremadura junto con Toledo,
constituirán grandes demarcaciones del reino de Castilla desde el siglo XII,
y más tarde desde el siglo XIII al unirse con el reino de León y conquistar
Andalucía, Las comunidades de Villa y Tierra sitas en tierras
hoy burgalesas o que colindaban con los alfoces burgaleses eran Curiel y Roa
al norte del Duero, Aza, Montejo y Maderuelo al sur del mismo río, San
Esteban, Osma, Ucero, Cabrejas y Soria ya en tierras sorianas; todas ellas
han sido estudiadas por nosotros mismos en una muy reciente obra, que en
parte ha inspirado y motivado la investigación que sobre los alfoces del
norte del Duero emprendemos en las presentes páginas. 3. Castilla, entendida como división administrativa
perfectamente diferenciada, tuvo a su frente desde la segunda mitad del siglo
XII un delegado regio designado como Merino Mayor de Castilla, por lo que el
territorio por él regido tomó el nombre de Merindad Mayor de Castilla. El territorio y las fronteras de esta Merindad Mayor
de Castilla nos es perfectamente conocido, pues el año 1351, el rey don Pedro
I en el comienzo de su reinado envió dos veedores o inspectores a todas las
aldeas o lugares sin excepción que constituían esa Merindad Mayor, para que
averiguaran el estatuto dominical y fiscal de cada uno de ellos así como las
rentas que abonaban o debían abonar tanto al rey como a los señores. El resultado de esta pesquisa, que alcanzó a un
total de 2.402 lugares, de los cuales 488 aparecen despoblados y 1.914
habitados, fue consignado en un libro que, conservado en el archivo de En el mencionado Libro Becerro sólo se consignan 15
merindades menores, a las que correspondía los 2.402 lugares inspeccionados;
estas 15 merindades eran Cerrato, Infantazgo de Valladolid, Monzón, Campos,
Carrión, Villadiego, Aguilar, Liébana, Saldaña, Asturias de Santillana,
Castrojeriz, Candemuñó, Burgos-Ubierna, Castilla Vieja y Santo Domingo de
Silos. Pero sabemos por otras fuentes que constituían o
habían constituido también De estas 20 merindades, cada una regida por su
merino menor, nada menos que 12 se extendían total o parcialmente por tierras
de la actual provincia burgalesa, a saber: Cerrato, Monzón, Villadiego,
Aguilar de Campoo, Castrojeriz, Candemuñó, Burgos con Río Ubierna, Castilla
Vieja, Santo Domingo de Silos, Bureba, Montes de Oca y Rioja. La extensión y los límites exactos de cada una de
estas merindades menores, así como los lugares incluidos en cada una de ellas
ha encontrado su plasmación gráfica y cuantitativa en la edición crítica del
Becerro de las Behetrías y a través de ella nos es dable conocer con todo
detalle esta división administrativa de 4. LOS ALFOCES: CONCEPTO JURIDICO Pero los orígenes de esta división administrativa,
plasmada en el Becerro de las Behetrías, no iban más allá, como ya hemos
indicado, del siglo XII; antes de ella había existido otra división
administrativa cuya unidad era el alfoz, que encontramos por primera vez en
los diplomas del siglo X, y que se muestra ya en perfecto desarrollo en la
documentación del siglo XI. La palabra alfoz, que ya está documentada al menos
desde el primer tercio del siglo X para designar los pequeños distritos en
que se subdividía el condado de Castilla, es de origen árabe, de la palabra
(al-hauz), que significa cantón o distrito; es claro que estamos ante un
vocablo importado de Al-Andalus por los mozárabes que acudieron a la
repoblación de las tierras leonesas y castellanas ya desde la segunda mitad
del siglo IX. El que se haya importado el vocablo no quiere decir
que se haya también importado la institución por él designada; los mozárabes
repobladores podrían utilizar su lengua árabe, bien o mal aprendida durante su
permanencia originaria en Al-Andalus, para designar las realidades
institucionales de su nueva vida entre sus hermanos cristianos del Norte, y
éstos por contagio acabar aprendiendo algunos de esos vocablos como alcalde,
alguacil o alfoz, pero esas realidades institucionales venían del Norte o
surgían ante las nuevas realidades de la repoblación, y no hay por qué
atribuirlas ningún carácter de imitación musulmana. Mientras alfoz es un préstamo del árabe otros dos
vocablos romances de origen latino eran utilizados al mismo tiempo para
designar la misma realidad: suburbio y territorio. La primera de ellas,
suburbio, la hemos visto coincidir prácticamente siempre en los siglos X y XI
con el significado de alfoz; la segunda, territorio, ya tiene un carácter más
amplio: unas veces equivale también a alfoz, pero otras encierra un concepto
más genérico, que comprende cualquier espacio geográfico dependiente o
relacionado con un centro político, comarcal o local. Tal como la documentación nos presenta al alfoz era
éste en estos siglos iniciales un distrito dependiente de un castillo, no de
una villa ni de una urbe ni del concejo de las mismas; el régimen del alfoz
corría a cargo del tenente del castillo, que a su vez era un delegado
unipersonal del conde en cuyo territorio estaba incluso el alfoz; o sea que
el gobierno del reino, al menos en lo que atañe a Castilla, constaba de tres
escalones jerárquicos: el rey que gobernaba la totalidad del reino, bajo él
los condes regían partes importantes del mismo reino, y luego los condados se
dividían en distritos llamados alfoces o suburbios, a cuyo frente se hallaba
el tenente del castillo que constituía la cabeza y daba nombre al alfoz;
dentro del alfoz podían existir otras fortalezas o torres siempre
subordinadas al castillo principal. Este tenente del castillo principal y gobernante
del alfoz lo encontramos inicialmente en Castilla bajo otros nombres como
iudex, merinus, senior hasta que a partir de la segunda mitad del siglo XI se
generalice el término de tenente de origen navarro-aragonés. Todo el alfoz en un principio se hallaba bajo la
jurisdicción del tenente del castillo, incluso la aldea o población que se
agrupaba junto al castillo, que se relacionaba con el tenente del castillo en
el mismo plano que el resto de las aldeas del alfoz. El concejo de esta población agrupada junto al
castillo carecía de cualquier jurisdicción o facultades de gobierno sobre las
aldeas del alfoz, cada una de las cuales podía y solía tener su propio
término territorial sobre el que ejercía unas facultades puramente
económicas. También la población cabecera del alfoz gozaba de su propio
término municipal, naturalmente distinto y más reducido que el alfoz del
mismo nombre, dentro del cual se incluye como los demás términos de las otras
villas y lugares del alfoz. De la jurisdicción del castillo cabeza del alfoz se
irán segregando todas las jurisdicciones señoriales exentas que magnates
laicos, prelados o monasterios y concejos urbanos pueden ir obteniendo a
través de concesiones regias o condales, cuando los condes actúen de hecho
casi como soberanos. 5. LOS ALFOCES BURGALESES Bajo este esquema jurisdiccional que acabamos de
describir es como nacen y viven los condados castellanos desde el siglo IX al
XII; y si queremos valorar debidamente muchos fenómenos históricos de esos
siglos decisivos en que se forjó el alma y el ser de Castilla es preciso que
descubramos esta geografía histórica. El único trabajo serio de aproximación a la
geografía condal fue el publicado en 1957 por Teófilo López Mata con un
excelente mapa; son grandes los méritos y muchos los aciertos de esta obra,
sobre todo para ser el primer intento científico de cartografiar los condados
de Fernán González, pero en los que atañe a la división interna del condado
en distritos siguió mas bien un criterio geográfico o comarcal que una norma
estrictamente jurídico-administrativa. En una palabra, López Mata nos ofrece
las grandes comarcas de la época de Fernán González, pero no la división
administrativa en alfoces, la mayor parte de los cuales ni siquiera los
menciona. Más atinado estuvo López Mata cuando trató de
describir el alfoz de Burgos; aquí su acierto fue casi total y su artículo
constituye una siempre útil y preciosa monografía. Aquí en esta obra nosotros queremos reasumir la
tarea que inició en su día el ilustre profesor de 2ª Enseñanza de Burgos, y
aunque sea con otra metodología ir estudiando uno tras otro los 39 alfoces
burgaleses de las zonas repobladas en nuestra provincia en los siglos IX y X
bajo el régimen jurídico de los castillos alfoceros. Los alfoces que vamos a estudiar alcanzan, como
hemos dicho, el número de 39 y son los siguientes:
Tenemos que ofrecer aquí la justificación de por
qué figuran en el elenco anterior algunos nombres que parecen apartarse de
los criterios que hemos establecido poco ha. En primer lugar es muy posible que los alfoces más
septentrionales, a saber: Moradillo, Siero, Examinamos también los alfoces de Palenzuela,
Herrera e Ibrillos porque, aunque sus cabezas geográficamente hoy se hallan
fuera de la provincia de Burgos, extendían el territorio de sus alfoces
también por lugares hoy burgaleses. Del mismo modo los alfoces de Fuentearmegil y
Canales, hoy en las provincias de Soria y Logroño respectivamente, fueron
siempre tierras vinculadas hasta el siglo XIX a la provincia de Burgos e
históricamente estuvieron integradas en la merindad de Santo Domingo de
Silos; sólo la división administrativa de 1833 las arrancó del resto de las
tierras burgalesas. Tampoco aquí queríamos dejar incompleto el estudio de la
merindad de Santo Domingo de Silos. 6. LÍMITES TERRITORIALES DE LOS ALFOCES La existencia de todos los 39 alfoces reseñados
anteriormente está atestiguada en las fuentes documentales, y aduciendo estas
citas referentes a cada alfoz comenzaremos el estudio y descripción de cada
uno de ellos. Más problemática y dificultosa se nos presenta la delimitación
exacta de la extensión territorial de cada uno de los alfoces. Es evidente
que en los siglos tan remotos como el X y XI no podemos aspirar a contar con
un documento administrativo tan pormenorizado como lo es el Becerro de A este fin nos serviremos a las veces de los
límites posteriores conocidos de las merindades menores en las que se
integraron los alfoces en número de cuatro o más en cada una de ellas; resulta
más lógico suponer que al pasar del régimen de alfoces al de merindades
menores y agrupar aquéllos dentro de éstas no se trocease a los alfoces entre
dos o más merindades. Esta regla no es absoluta pues las desmembraciones
señoriales que recortaron los alfoces pudieron ocasionar que partes
primitivas de un mismo alfoz ya desmembradas jurisdiccionalmente con
anterioridad pudieran seguir destinos dispares integrándose en merindades
distintas. Otras veces serán los límites antiguos de los
arciprestazgos del mismo nombre que el alfoz los que nos ofrecerán una
primera pista del cuál pudo ser el ámbito territorial civil. Esta regla, cuyo
valor hemos visto comprobado al estudiar las Comunidades de Villa y Tierra de
Otro criterio muy seguro, pero que sólo tiene
aplicación en contados casos, es el que nos ofrecen aquellas jurisdicciones
de antiguos alfoces que casi llegaron intactas hasta el siglo XIX; es lógico
que en caso de duda prefiramos la hipótesis de que los vínculos
jurisdiccionales comprobados en Hay veces también que la misma configuración
geográfica impone algunos límites bien marcados por la naturaleza al
territorio jurisdiccional de un alfoz; en este último criterio tendremos que
refugiarnos cuando fallen todos los anteriores. La combinación en cada caso de todos los criterios
anteriormente expuestos nos permite alcanzar casi siempre una certeza moral o
una gran probabilidad acerca de la extensión y límites de cada uno de los 39
alfoces que hemos reseñado más arriba. Es claro que siempre quedarán zonas oscuras, y que
es posible que un mayor conocimiento documental especialmente de fuentes
locales, permita en un futuro algunas rectificaciones. Bienvenidas sean estas
rectificaciones y ya desde ahora damos nuestras más rendidas gracias a todos
aquellos que aporten esos datos nuevos que mejoren el conocimiento de nuestro
pasado histórico burgalés. Una vez que hemos delimitado así el territorio de
cada alfoz pasamos a enumerar las aldeas actuales, siguiendo un orden
alfabético, que integraron originariamente el alfoz aportando para cada una
de ellas un testimonio de su antigüedad. Aunque a veces nos falte un
testimonio de los siglos X-XI, estamos convencidos de que las aldeas
alfoceras prácticamente en su totalidad son anteriores al año 1100, esto es,
datan de la época de la primera repoblación (860-977), o en el peor de los
casos de la segunda repoblación (1009-1085). 7. LOS DESPOBLADOS MEDIEVALES No sólo todas las aldeas actuales cuentan con más
de 900 años de antigüedad, sino que al lado de ellas, nacieron durante esos
mismos siglos IX, X y XI al menos otras tantas en número, que luego por los
avatares de los tiempos han ido desapareciendo hasta convertirse en lo que se
ha llamado despoblados. De muchos de estos despoblados ha quedado
testimonio documental en los diplomas medievales; todos aquellos, que han
dejado consignado su nombre, han sido localizados exactamente sobre el
terreno, al menos en un 90 ó 95 por 100 de los casos. Pero al tratar de localizar los despoblados sitos
en la diócesis burgalesa nos ha faltado la gran ayuda que en otras diócesis,
como Avila y Segovia, representaban los pormenorizados elencos de parroquias
y préstamos o beneficios eclesiásticos redactados en torno a 1250; el que se
ha conservado para la diócesis de Burgos publicado en su día por el P.
Enrique Flórez, resulta totalmente insuficiente y sólo consigna un escaso
número de los lugares burgaleses. En todos estos casos en que el despoblado está
documentado hemos también recogido esta cita diplomática fehaciente de su
antigüedad. Pero existen otros muchos despoblados que carecen de soporte
documental y que han sido mantenidos por la tradición oral, que afirma que en
tal pago existió un pueblo cuyos vestigios o ruinas han removido al trabajar
el campo o que lo han oído de sus antepasados; en estos casos en que sólo
contamos con la tradición oral a veces se ha conservado también el nombre de
pueblo con admirable fidelidad, pero lo más frecuente es que se haya perdido
también el nombre del pueblo y que el pago sea conocido por el nombre del
santo o santa titular de la iglesia del poblado. De aquí la gran abundancia
de despoblados conservados por la tradición oral con nombres de santos. Pero en estos supuestos despoblados designados con
nombres de santos surge una dificultad suplementaria y es la imposibilidad
muchas veces de distinguir entre un auténtico poblado o unidad de población
medieval y una iglesia de las muchas que surgieron con la repoblación,
frecuentemente bajo la denominación de monasterios, que tenían su dote o
conjunto de tierras asignadas a la iglesia y que incluso solían estar
habitadas muchas veces. Nosotros, aun manteniendo la reserva que hemos
señalado, hemos recogido aquí esas noticias como despoblados cuando la
tradición oral afirma conocer ruinas en un paraje y mantiene la existencia de
un pueblo. También los restos de ermitas alejadas de los
pueblos pueden suscitar algunas dudas o equívocos; cuando se trata de restos
en las indemnizaciones de los actuales poblados, o aunque sea alejados pero
que la tradición ha conservado su carácter de ermita, no existe la más mínima
dificultad. Hemos desechado con decisión todas esas noticias porque en ningún
momento hemos tratado de recoger memorias de ermitas o santuarios, sino únicamente
despoblados; con todo es posible que aquí o allá se nos haya deslizado algún
error a pesar de todas las tamizaciones que hemos mantenido, del mismo modo
que estamos seguros de que en algunos casos hemos recogido como despoblados
algunas agrupaciones humanas que no pasaron de granjas habitadas; también es
posible que algunos de estos restos que hemos interpretado como despoblados
medievales correspondan a asentamientos visigodos, romanos y hasta
anteriores. La experiencia nos ha enseñado también la gran
frecuencia con que los auténticos despoblados han quedado en la tradición
oral como “conventos”, aunque se trate de aldeas perfectamente documentadas;
cuando la memoria de un despoblado se oscurece son cientos los casos en que
hemos comprobado cómo la tradición oral lo conserva afirmando que hubo un
convento. No hemos pretendido ni mucho menos agotar el tema
de los despoblados medievales burgaleses sino abrir tan sólo un primer surco
en este aspecto tan descuidado por la investigación; para redactar este
primer y provisional elenco de despoblados en los alfoces burgaleses de
repoblación, hemos visitado durante varios veranos, y a veces en varias
ocasiones, todos los pueblos sin excepción procurando recoger todas las
noticias y memorias de la tradición de boca de los más ancianos, últimos
testigos de una cultura y de una tradición en que todavía las largas charlas
con los mayores al amor de la lumbre tenían un lugar en la vida, hoy
sustituidas por la contemplación en silencio de los seriales televisivos o por
los desplazamientos hacia centros colectivos de recreación. No hemos querido abordar, ni siquiera
superficialmente, el problema de las causas y la época del despoblamiento de
todos estos lugares hoy desaparecidos, pero una simple comparación con los despoblados
del Becerro de las Behetrías en 1352 nos pone de manifiesto que el 90 por 100
de los mismos habían desaparecido ya a mediados del siglo XIV. Señalaremos
simplemente nuestro convencimiento de que la mayor parte de los despoblados
se produjeron en el siglo XIII y que este abandono masivo de muchos lugares
se produjo por lo que he llamado el tirón de Andalucía, esto es por la
llamada y la atracción que ejercieron las nuevas tierras vacías y con sed de
hombres incorporadas al reino de Castilla después de la victoria de las Navas
(1212), como 8. INDICACIONES ETIMOLOGICAS Tanto en los topónimos que designan
las aldeas actuales como en los correspondientes a los despoblados hemos
procurado ante todo consignar sus formas más antiguas o que mejor han
conservado su significado etimológico. Hemos intentado siempre en esta aproximación
etimológica a la toponimia mayor burgalesa huir de un doble escollo. En
primer lugar evitar deducciones eruditas o cultistas del tipo de las que
condujeron a Menéndez Pidal a derivar Villatoro de villa gothorum o villa de
los godos, cuando la documentación, y su emplazamiento orográfico lo
confirma, sugiere otra derivación; Villa Autoro sería mas bien villa otero,
esto es, la villa sobre un otero. En segundo término huir igualmente de las
etimologías populares, que con demasiada frecuencia se han difundido entre
los habitantes de los lugares respectivos, y que proceden en muchos casos de
falsos eruditos carentes del más mínimo criterio lingüístico o histórico. Ha resultado relativamente fácil alcanzar el
significado etimológico de casi todos los topónimos que están documentados en
el alto medievo; este logro es un índice de la proximidad del nombre a la
lengua que hablaban los repobladores. En cambio cuando el topónimo ha sido
recogido únicamente de la tradición oral, la evolución o deformación sufrida
a través de los siglos, lo ha alejado de su forma primitiva hasta tal punto
que en algunos casos ni hipotéticamente nos atrevemos a formular una posible
etimología. Esta aportación etimológica no limita su interés al
ámbito puramente lingüístico, sino que también alcanza en bastantes casos a
descubrirnos las corrientes repobladoras así como los accidentes geográficos
o humanos que movieron a los primeros vecinos de la aldea a bautizar a ésta
con un determinado nombre. Es posible que para algunos topónimos,
especialmente para los no documentados, pueda proponerse otra etimología,
pero desearíamos que estas
contrapropuestas se apoyaran al menos en una base mínimamente
científica y no se queden en meros juegos de palabras, como las etimologías
bíblicas, o en desahogos fantasiosos. Finalmente no podemos menos de resaltar cómo el
examen total de las etimologías de este conjunto de más de un millar de
topónimos nos permite casi palpar o vivir la inmediatez de la despoblación de
las tierras llanas burgalesas, ya que prácticamente todos los topónimos
correspondientes a aldeas sitas al sur del baluarte cantábrico han sido impuestos
a los poblados, los más por gentes que hablaban romance y unos pocos por
vascófonos. Son muy pocos los topónimos que no se explican a
través de la lengua de los repobladores, romanceados en su práctica totalidad
y con una minoría insignificante y muy localizada en unos pocos alfoces como
Arlanzón, Ausín, Juarros, de vascoparlantes.
Si se hiciera un estudio paralelo de la toponimia
mayor en el baluarte de resistencia, esto es en los alfoces de Tobalina,
Castrobarto, Piedralada, Arreba, Redere o de Dera, Seguncia, Bezana y Bricia
sitos en el territorio burgalés de dicho baluarte, se pondría de manifiesto
la fuerte implantación en ellos de una toponimia prerromana en contraste con
la falta de ella en las zonas repobladas. Al final de nuestro trabajo, cuando redactemos las
conclusiones, quizás nos sea posible obtener algún resultado más firme, y en
todo caso ofreceremos al menos un elenco de topónimos dudosos y otro de
aquellos cuyo significado no hemos sido capaces de aclarar a través de las
lenguas habladas por los repobladores. No repetiremos en cada uno de los lugares o
despoblados etimologías de topónimos que se reiteran muchas veces como
quintana o su diminutivo quintanilla o castro. Quintana prescindiendo de su
origen romano, como nombre que designaba la quinta vía en los campamentos
militares en la que ordinariamente se instalaba el mercado, de donde pasó a
señalar más tarde la plaza del mercando aunque no estuviera en la quinta vía,
en la época medieval parece que se nombraba así una plazoleta cercada, generalmente
adosada a una iglesia o a un caserío o casa de labor y finalmente la misma
casa de labor. Castro, topónimo tan frecuente en los alfoces
burgaleses, lo encontramos relacionado en el medievo con lugar fortificado;
ya en latín clásico ciceroniano castrum equivalía a fortaleza, significado
que mantendrá en el medievo cuando castro o su diminutivo castrillo designan
cualquier fortificación desde la simple torre hasta la más compleja de un
castillo. Lo mismo podemos decir de otros vocablos formados con
la desinencia –ar, como quintanar, villar o casar con sus correspondientes
plurales, que con esta desinencia venían a significar el carácter ruinoso o
abandonado en que se encontraba, al imponerla dicho nombre, la respectiva
quintana, villa o casa. (A continuación tan sólo se va a
tratar el alfoz de Poza, y dentro de este alfoz únicamente los lugares que
nos interesan, por el momento, ya que
es en éste en el que aparecen más datos referentes al apellido que nos
ocupa.). ALFOZ DE POZA Este era uno de los cuatro alfoces que integrarían
más tarde la merindad de Además hemos encontrado en las fuentes documentales
citado una única vez un quinto alfoz, el de Oña: deinde in alfoce de Onie
uilla que uocitant Arroio de Sancti Fructuosi; el diploma que contiene la
mención anterior está datado el año 967, pero después de esa fecha no vuelve
a hablarse más del alfoz de Oña. Creemos que el alfoz de Oña es el mismo que
después del 967 es llamado Piedralada, y que la villa de Oña se segregó del
alfoz cuando se fundó el monasterio en
ella el 12-II-1011 con jurisdicción exenta. Más tarde
la villa de Oña, segregada de Piedralada, se integraría en la merindad de La merindad de Sobre la base de esta misma administración
arciprestal hemos dibujado los límites de cada uno de los alfoces en el
interior de la merindad; ciertamente que es una reconstrucción hipotética,
pero en todos aquellos casos en que ha sido posible comprobar documentalmente
la pertenencia de un lugar a un determinado alfoz la atribución basada en la
división eclesiástica ha resultado exacta. El alfoz de Poza es citado en la documentación de
Oña el 14-V-1011: Solas in alfos de Posa...et exinde ad defessam de Arconada
que est mea de alfoz de Posa, y un siglo más tarde el 10-I-1133: in uilla que dicitur
Piernegas... Hex uilla sita est in alfoce de Poza. Según estos datos el alfoz
de Poza se extendía de Este a Oeste desde Piérnigas a Arconada incluyendo el
arciprestazgo de Rojas (al que pertenecía Piérnigas) con la abadía de Salas
(que englobaba a Arconada). En el territorio del arciprestazgo de Rojas, con la
abadía de Salas, se incluían 42 lugares, entre los que se contaba también
Oña: su límite occidental coincidía con el de la merindad de Castilla Vieja y
con el de la merindad de Burgos y Río Ubierna, con la única excepción de
Ojeda, que aunque del arciprestazgo de Valdivieso, pertenecía a la merindad
de Así, incluyendo a Oña que inicialmente no
perteneció al alfoz de Poza, y es dudosa su integración posterior en el
mismo, resultaría un total de 43 lugares. (Se enumeran tan sólo 3 poblaciones, que son las que en
un principio revisten un interés)
26. POZA DE 31. QUNTANILLA CABE ROJAS.- 14-V-1011: ad
Quintanilla, diminutivo de quintana. 33. ROJAS.- 13-VIII-1087: Rogias, de color rojizo. CONCLUSIONES 1.
En los 39 alfoces hay un total de 727 aldeas y 1.010 despoblados, lo
que totaliza 1.737 poblaciones. 2.
El 95 por 100 de los despoblados son anteriores al siglo XVI. 3.
En el Becerro de las Behetrías, redactado en 1352, solamente aparecen
mencionados de estos 1.010 despoblados solamente 148, esto es un 14,65 por
100. Esto supone que el fenómeno de la despoblación
masiva de los alfoces o merindades de Castilla es anterior a 1352 y aunque no
se documente en las páginas anteriores, creemos que esa desaparición de unos
860 lugares de 1352 en los 39 alfoces que se han estudiado fue motivada por
el “tirón de Andalucía”, esto es, la sed de hombres de las nuevas tierras
incorporadas a HUELLAS DEL APELLIDO DE ROJAS Una familia nobiliar poderosa en la comarca era la de los Rojas. El
origen de la dinastía de tal nombre se remonta a la época de Pedro I donde
encontramos a Martín Ruiz de Rojas, del cual descenderán las dos ramas del
linaje: la asentada en Poza y la de Cabia. En este último lugar a mediados
del S. XIV aparece como su señor D. Sancho Sánchez de Rojas. En el
cuatrocientos figura como sucesor en el mayorazgo su biznieto, D. Juan de
Rojas, el cual en 1419 recibió con la aprobación del monarca Juan II toda la
herencia que debería corresponder a su hermano mayor, D. Sancho de Rojas. En
dicho año en la zona periurbana de Burgos él tenía –amén de otros en
diferentes parte- los siguientes bienes: en Villavieja heredades y señorío;
en Villota, heredades y señorío; en Cabia heredades, señorío y casa fuerte;
en Buniel, heredades y señorío; en Villalonquéjar, heredades, señorío,
palacios, diezmos y tercias; más los portazgos de Quintanilla de las
Carretas, Buniel, Cabia, Cayuela y Villamiel de Muñó; y las martiniegas de
Buniel, Cabia, Muñó, Lodoso, Quintanaseca, S. Pedro Samuel, Zumel, Sta. María
de Tajadura y Cañizar. En el año 1432 aparece el ayuntamiento de Burgos que pleiteaba con D.
Juan de Rojas, señor de Cabia y alcalde mayor de los hijosdalgo de Castilla,
por ejidos en Pelilla, Muñó, Quintanilla y Villavieja. Como se puede apreciar, el patrimonio se situaba en las cuencas
meridionales del Arlanzón y Urbel, junto al límite del territorio del alfoz
burgalés. Este espacio geográfico será sobre el que perdure la presencia de
la familia en el S. XV. Los descendientes de Juan de Rojas, su hijo D. Sancho
de Rojas y sus nietos Diego y Martín de Rojas continuaron su expansión por la
comarca de Muñó. Así, el primero, junto a los bienes heredados, amplió sus
propiedades a Quintanilla-Somuñó, Villatruedo y Sarracín. En 1466 compró
múltiples bienes rústicos y derechos señoriales sobre Mazuelo a la condesa de
Alba, que a su vez, excepto el señorío, vendió en 1472 al regidor y mercader
burgalés Pero García de Orense. En 1477 tomó a censo de la fábrica de la
catedral la granja y casa fuerte de
Saldañuela. El segundo Diego de Rojas, tenía también renta en Villariezo,
consistentes en 25 cargas de pan y 48 gallinas, que pagaba su concejo. Pero tan interesante o más que este patrimonio fue el dominio que
ejerció en la zona de Muñó. Su fortaleza, fue ocupada por esta familia en
detrimento de los derechos que sobre ella ejercía Burgos desde el S. XIV.
Ello, unido a que varios de sus miembros ocuparon los cargos de alcaldes
mayores de los hijosdalgos y merinos mayores del rey, junto al marquesado de
Poza, les dio un gran poder en la comarca. Con ello, también vinieron
conflictos: con la ciudad; con el obispo por Arcos; con los mercaderes por el
puente de Buniel; con los vecinos de Mazuelo por su señorío. De hecho, fueron
los que controlaron, especialmente en momentos de vacío político, la región
de Muñó. Es
evidente y lógico que tuvieran algún conflicto, entre ellos se menciona el
que afectaba a las comunicaciones en el paso por las propiedades de los
Rojas; concretamente lo siguiente: Los ejes de circulación de mayor interés y tráfico eran
tres. La ruta de Valladolid, la de Vitoria-Bilbao y la de Laredo-Bilbao. La primera tenía una importancia trascendental ya que
servía para unir Burgos con el resto de las principales ciudades castellanas.
Era la que comunicaba con puntos tales como Palenzuela, Palencia, Dueñas,
Valladolid, Medina del Campo .... centros de un peso enorme en la época. A
través de dicho camino se contactaba con las ferias de Valladolid y más tarde
con las de Medina, lugares donde los mercaderes burgaleses efectuaban muchos
de sus tratos. También era por donde llegaban
los vinos de calidad de Toro, Ribera del Pisuerga o la campiña de
Medina, que en las mesas de los poderosos habían sustituido a los mediocres
caldos locales. En ocasiones de carestía venían también los granos que el
concejo
El trazado del camino no comportaba dificultades
especiales siguiendo el curso del río Arlanzón. El único inconveniente
provenía de este mismo, el cual debía de ser cruzado o vadeado en varios de sus
tramos. A ello se sumaban las frecuentes inundaciones que destrozaban la
infraestructura viaria haciéndola impracticable en algunos puntos,
especialmente si tenemos en cuenta que el tráfico por allí se efectuaba en
pesadas carretas tiradas por recuas de hasta 6 mulas o bueyes. En la comarca
estudiada el itinerario que seguía, según un informe de 1508, era el
siguiente: partía de la ciudad a través del puente de Malatos; continuaba
hasta el hospital del Rey donde un poco más adelante tenía“un mal paso”; seguía
por Villalbilla, S. Mamés y Quintanilla de las Carretas hasta Buniel;
cruzando el puente de dicho nombre se alcanzaba Estépar y Celada del Camino
teniendo que atravesarse sendos pontones en estos pueblos. El punto crucial y, al mismo tiempo, causa de múltiples
problemas era el puente de Buniel sobre el Arlanzón. Por un lado, su buen
estado de conservación era fundamental para el paso de las carretas, cosas
que múltiples veces no ocurrían. Pero los inconvenientes fundamentales que
tendrá vendrán derivados de su condición de peaje, muy inoportuno para los
habitantes de Burgos y su comarca, que aspiraron y pleitearon para conseguir
su supresión. La cuestión incluso se complicaba más al estar dicho
derecho en manos de D. Sancho de Rojas, señor de Cabia, Villalonquejar y
alcalde mayor de los hijosdalgo de Castilla. Este derecho había sido
concedido por el monarca Juan II en Segovia el 15 de septiembre de Igualmente se menciona de los vecinos de Arcos que
frecuentemente subían a la urbe para vender su fruta e injertos y que D.
Sancho de Rojas impedía pasar por su puente de Buniel. Si hay una
comarca bien definida en tierras de Burgos, es ésta de VILLA
DE -POZA DE
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
![]() |
En el borde del páramo que
delimita
Advirtamos que
éste es su tercer emplazamiento. Cuando recorramos el amplio término
municipal, en su cota más baja, muy cerca del río Homino veremos una
extensión presidida por un modesto cerro, que llaman del Milagro, donde los
romanos tuvieron su población, llamada por ellos Flavia Augusta, en homenaje
a los emperadores de la dinastía Flavia. Pero en el centro del Salero, en el
áspero cono del Castellar, estuvo, muy probablemente, según indicios
prehistóricos, la primitiva Poza que sus pobladores llamaron, en opinión
común de los entendidos, Salionca. Los reconquistadores del siglo IX, p. C.,
también se instalaron allí y ya llamaron a su poblado Poza, del plural latino
de Pozos. Así, Poza ha tenido tres nombres y tres asentamientos. El apellido
de
Plaza Vieja.- En
la villa está la llamada Plaza Vieja, que fue y en parte lo sigue siendo, el
corazón mercantil de la villa. En ella se agolpaban con preferencia los
mercaderes y feriantes en las convocatorias semanales y anuales de sus
mercados y ferias que Poza organizaba y disfrutaba por privilegio de don
Enrique el II, el apodado de las Mercedes, que con ellas quiso olvidar su
bastardía y la usurpación del reino, además de la muerte asesina de su
hermanastro Pedro. En 1371, fue acordado al rey que su buen vasallo Sancho
Sánchez de Rojas había muerto por servirle y que algún grato recuerdo
merecería Poza, de la que había sido señor. Accedió el rey y otorgó a la
villa huérfana el privilegio de un mercado semanal, en cada día de sábado, y
dos ferias, una en mayo, día 1, y otra en septiembre, día 8. Más adelante se
consiguió otro día de mercado semanal, el miércoles.
Plaza Nueva.- También en la villa está la denominada Plaza Nueva, y
con razón la llaman Nueva, pues se comenzó a modelar en 1660. En ese año vino
a Poza de
Doña Juana pensó, y pensó
bien, que quedaría bonita y resultaría de utilidad, el construir una plaza
frente a
Desde el siglo XIV, la
villa de Poza pertenecía al señorío de la familia Rojas que confirmaba los
nombramientos de los regidores y que mantenía en la villa su particular
representante con poderes concretos. Por otra parte, en el Ayuntamiento
tenían sus obligados agentes el Estado Noble de Hijosdalgo y el Estado Llano
de los Labradores y Hombres Buenos.
Iglesia Parroquial.- La iglesia
de los santos hermanos Cosme y Damián, mártires en Oriente, emerge por su
mole, campanario y espadaña sobre el caserío urbano. Está declarado Monumento
Nacional (1982), y merecidamente. Es un exponente de la fe milenaria, traída
a Poza en los tiempos del Imperio Romano; aquí aceptada y manifestada
paladinamente en un singular sepulcro, hallado en las excavaciones de
Las ojivas de los arcos
definen perfectamente el estilo. Templo gótico de tres naves y crucero. Al
exterior la portada es barroca, al igual que el retablo mayor, y los retablos de
Los capiteles de las
columnas revisten un interés concreto: Al lado del Evangelio, según la
antigua liturgia, vemos una figura de perro en el arranque del arco; en el
siguiente, parece que San Jorge rechaza a un dragón; un león se oculta en el
follaje y hay una curiosa escena de taberna o bodega en la que resaltan las
cubas y los tinos. Al lado de
El suelo está
perfectamente embaldosado y sirvió de cementerio para los pozanos. Hasta 300
sepulturas se cuentan en este suelo; su piedra se trajo de las canteras de
Sedano y cada sepultura importó 111 reales (10 ducados); la obra se acabó en
1771.
Un año más tarde se
concluyó el sencillo sepulcro que los marqueses se reservaron en la iglesia.
La losa de un jaspe rosáceo parece que se extrajo en el mismo término de
Poza; sobre ella vemos las cinco estrellas de ocho puntas, puestas en sotuer,
y a los lados dos bocas de dragón unidas por una banda, más un castillo y un
león señalando la aproximación de esta familia a
Otros dos solos escudos,
cercanos al de la familia del señorío, hay en el suelo de esta iglesia: el de
los Gutiérrez-Salazar, que ya figura en dos calles, y el de los
Salinas-Medinilla con un lobo ravizante (rampante) y árbol (Salinas) y su
castillo y bandas (Medinilla). Eran familias de profunda raigambre en Poza.
El Castillo. Ya sabe el
viajero que a finales del siglo IX, Poza fue recuperada por y para Castilla.
La defensa era una preocupación inevitable en cualquier población pero más en
Poza por una triple ponderación: la seguridad del pueblo, el dominio del paso
de
Por la aplicación del
testamento de Sancho, el Mayor, de Navarra, esposo de doña Mayor de Castilla,
Poza se transfirió al reino navarro en 1035. La tenencia del castillo la
ostentó Sancho López, que defendió cuanto pudo los presuntos derechos de su
rey frente a la recuperación de Castilla, que no se resignaba a las
amputaciones de su solar. Alfonso VI de Castilla y de León reorganizó esta
parte de sus reinos y en 1082 confió la mandación en Castilla Vieja, Tedeja,
Caderechas y Poza al conde don Gonzalo; quince años más tarde aparece su hijo
Gómez como conde de Pancorvo, Piedralada y Poza. En los conflictos entre doña
Urraca, reina de Castilla, y su marido don Alfonso de Aragón, éste poseyó la
villa y puso por alcalde en su castillo (1127) a Sancho Ibáñez. Conocemos
otros dos tenientes del castillo pozano en el siglo XII: a García Rodríguez
(1179) y a Pedro Gutiérrez (1181), ambos nombrados por la reina doña Leonor
de Inglaterra, ya que la fortaleza de Poza formaba parte de la dote que le
diera Alfonso VIII.
Pero quienes darán
carácter definitivo al castillo y murallas de Poza serán los conspicuos
miembros de la familia Rojas, una de las más linajudas de la historia de
España, salida del lugar cercano de Rojas, también con castillo a ojo del de
Poza. En 1298, 28 de enero, Fernando IV, para recompensar a su fiel servidor
Juan Rodríguez de Rojas, le entregó el realengo pozano convirtiéndolo en
señorío nobiliario. Hasta entonces, la villa había hablado en la cara de sus
reyes; en adelante lo haría por la vía interpuesta de sus señores.
Los Rodríguez de Rojas se
construyeron en la base del peñasco que calienta el Mediodía, por encima de
los tejados de la villa, un alcázar que revelara la importancia de su
señorío. Los Rojas mantuvieron gente armada en los siglos medievales, los
documentos nos hablan de exacciones de alimentos para los hombres de la
fortaleza.
Los descendientes de don
Juan Rodríguez de Rojas acrecentaron lustre y patrimonio. Destaca entre ellos
su homónimo, favorecedor de la reforma franciscana de fray Lope de Salinas,
fundador del convento pozano de San Bernardino; eligió ser enterrado en la
iglesia parroquial de Poza (1454). Su hijo, Don Diego fundó en la villa un
hospital para pobres. El noveno señor de Poza fue el también llamado Juan
Rodríguez de Rojas, hombre de la confianza del emperador Carlos, de quien
recibió el título de marqués de Poza. Su madre, doña Elvira, fundó en
Palencia la capilla mayor del convento de dominicos, que es un insigne
monumento de arte.
El castillo actual es del
siglo XIV y su planta estrecha y alargada está perfectamente adaptada a la
cresta rocosa sobre la que se asienta. Desde lo alto del castillo se divisa
una magnífica vista de toda
Situación: Sobre un
espigón rocoso en las afueras de Poza de
Cronología:
Los
primeros restos del siglo IX pero el actual es del siglo XIV.
Señores
feudales: Familia de los Rojas.

Recomiendo
visitar la página Web de Poza de
En
el diccionario Madoz se dice entre otras cosas de Poza de
Castillo. En las afueras
del pueblo y destacando sobre los llanos horizontes de
Situación: A un
kilómetro y medio del pueblo de Rojas.
Cronología: Siglo XIV
Señores
feudales: Rojas y Velasco.
En el diccionario Madoz se hace constar 3 denominaciones ROJAS:
1ª. ROJAS:
Antigua cuadrilla de la merindad de Bureba en la provincia de Burgos, partido
judicial de Briviesca, compuesta de los pueblos de Abajas, Arconada, Barcena,
Carcedo, Castil de Lences, Lences, Lermilla, Movilla, Piernegas, Quinta Ruiz,
Quintana Urría, Quintanilla Cabe-Rojas, Rojas, Rublacedo de Abajo, Rublacedo
de Arriba, Rucandio, San Clemente, San Pedro de Cañucas, Solas y Valdearnedo.
2ª. ROJAS:
Lugar en la provincia de Lugo.
3ª. ROJAS:
Villa en la provincia de Burgos.
Nos quedaremos con la 1ª y
3ª de las acepciones; es decir, como villa llamada ROJAS y como territorio
llamado ROJAS compuesto de varias poblaciones entre las que se encuentra la
villa de su mismo nombre, en la
provincia de Burgos. No parece probable que el lugar de Lugo tenga alguna
relación, no obstante queda anotado para su investigación.
La palabra “Cabe”
significa “junto a” o “cerca de”, por lo que podría traducirse como:
Quintanilla junto a Rojas.
Posiblemente caserío o
casa de labor cercano a Rojas.
OTROS RASTROS DE
LOS ROJAS, EN OTROS ALFOCES DISTINTOS AL DE POZA DE
En la parte occidental de la provincia de
Burgos están los Castillos de Los Páramos y el Pisuerga, entre ellos
encontramos
AMAYA.-
Perteneciente al alfoz de Amaya. Este lugar ha tomado el nombre de
La
gran mole caliza conocida como El Castillo es una verdadera acrópolis natural
que resistió numerosos sitios y conquistas a lo largo de
Situación: Los restos de las sucesivas fortalezas de la
ciudad de Amaya se localizan en lo más alto de la lora de Peña Amaya.
Cronología: Desde tiempos prehistóricos hasta el siglo X.
Señores feudales: Lope Díaz de Rojas.
Sin
alejarse muchos kilómetros de la ciudad de Burgos y casi sin perder de vista
el valle del río Arlanzón se localiza uno de los conjuntos de torres y
castillos más densos y relevantes de toda la provincia burgalesa, entre ellos
está el CASTILLO DE MAZUELO DE MUÑÓ y FORTALEZA DE CABIA que se describen:
MAZUELO
DE MUÑÓ.- Perteneciente al alfoz de Muñó. 21-III-1078: in villa que nuncupat
Mazuelo que est sita in alfoz de Munno; 19-VII-1074: et in Mezelo, diminutivo
de mazo, derivado probablemente de manso, con el significado de casa.-
El
castillo de Mazuelo es una de las fortalezas mejor conservadas de toda la
provincia. Presenta una torre del homenaje de planta cuadrada que aparece
rodeada por una cerca en la que destaca una barbacana con dos cubos. La torre
es de planta cuadrada y aparece rematada por una triple hilera de ménsulas
sobre las que descansa un matacán almenado. Construida a finales del siglo
XIV o comienzos del XV perteneció, entre otras familias, a los Carrillo,
Rojas y Cerezo. En la cercana aldea de Quintanilla-Somuñó estaba enclavado el
castillo principal de Candemuñó del que en la actualidad no quedan restos.
Situación: Sobre una loma muy cerca de Mazuelo de Muñó.
Cronología: Finales del XIV o principios del siglo XV.
Señores Feudales: Marqueses de
MUÑÓ.- Despoblado en el término de Villavieja de Muñó,
CABIA.- Perteneciente al alfoz de Muñó.- 1-III-899: in locum quem
vocitant Kavia, 932: in villa que nuncupant Cavia que est sita in alfoz de
Munno del latín cavea, significado cueva o cavidad.
La fortaleza o casa fuerte de Cabia, pueblo situado en la estratégica
confluencia de los ríos Ausines y Arlanzón, fue levantada en el siglo XV y
perteneció a los Rojas y a los condes de Altamira. Consta de una torre de
planta irregular y de una cerca poligonal reforzada con cubos que no presenta
almenas. En su interior se localiza un patio central con pilastras. En la
actualidad se utiliza como vivienda campesina.
Situación: En el centro urbano de Cabia.
Cronología: Siglo XV.
Señores Feudales: Condes de Altamira y familia Rojas.
BUNIEL.
14-XI-1058: Bonille in alfoce de Vurgos, diminutivo de bonus, es utilizado
como nombre personal atestiguado como Bonellus y Bonell en la documentación
alto medieval.
Diego
Gómez de Rojas y Sandoval
Una de las características de la
estructura agraria de Castilla
S. Juan de Ortega en el cuatrocientos
fue uno de los conventos de monjes jerónimos que siguieron la tradición de la
orden, basando parte de su prosperidad en la ganadería y para lo cual
obtuvieron privilegios reales de exención de impuestos y concesión de libre
tránsito y pasto. S. Juan de Ortega poseía muchos: uno de Alfonso XI de 1338,
confirmado por Juan II en 1451, por el que tenía libertad de hierbas, montes
y aguas en la merindad de Montes de Oca; otro del mismo por el que ponía bajo
su amparo a todos los rebaños monásticos; a su vez los Reyes Católicos le
concedieron en 1483 que 2.000 ovejas y cabras y 150 vacas estuvieran exentas
de servicio, montazgo u otro derecho en todo el reino; e incluso D. Diego
Gómez de Rojas y Sandoval, marqués de Denia y conde de Lerma, en 1497 le
otorgó derechos de paso por sus señoríos.
La
única feria y mercado que se ha podido localizar en la comarca fueron los de
Santibáñez-Zarzaguda. En 1372 el monarca Enrique II a petición de Ruy Dias de
Rojas, merino mayor de Guipúzcoa, concedió a la citada localidad el
privilegio de un mercado franco todos los martes de la semana y dos ferias
anuales por Santa Marina y S. Andrés de ocho días de duración cada una,
libres de todo impuesto y derecho.
Dª Isabel Osorio es llamada
Sería
una de las que más propiedades acaparó en el alfoz burgalés en el
quinientos.
FUENTES
CONSULTADAS:
PUEBLOS Y
ALFOCES BURGALESES DE
JUNTA DE CASTILLA Y LEON – Consejería de Educación
y Cultura. Editorial SEVER-CUESTA 1987. Ref. Biblioteca Pública de
Valladolid 314 MAR pue, código
10000105444.
POZA
DE
RUTAS Y PASEOS
POR LOS CASTILLOS DE BURGOS de Enrique
del Rivero. Editorial Sua
Edizioak 1993. Ref. Biblioteca Pública de Valladolid 72 RIV rut, código
10000163056.
SEÑORES, MERCADERES Y CAMPESINOS.
JUNTA DE CASTILLA Y LEON – Consejería de Educación
y Cultura. 1987
Ref. Biblioteca Pública de Valladolid 308 CAS señ, código 10000285071.
DICCIONARIO
GEOGRAFICO-ESTADISTICO-HISTORICO DE ESPAÑA – MADOZ
Edición 1849
BIBLIOGRAFÍA DONDE PODER ENCONTRAR MAS INFORMACIÓN.
En
Burgos han de visitarse el Archivo Histórico Provincial (Protocolos
Notariales) y el Diocesano.
En
Madrid, el Archivo Histórico Nacional (Varias Secciones), el del Ministerio
de Hacienda (Rentas Estancadas) y
§
ABASOLO, J.
ANTONIO, Castros burgaleses, “Boletín de
§
BALLESTEROS
CABALLERO, FLORIANO, Inventario Municipal de Poza de
§
BRUMONT, FRANCIS,
§
MARTÍNEZ ARCHAGA, FELICIANO, Poza de
§
OÑATE GÓMEZ,
FRANCISCO, Blasones y Linajes de
§
ROBREDO,
ESTEBAN, El Castillo de Poza de
§
SAGREDO GARCÍA,
JOSÉ, Guía de Briviesca y
§
VICARIO SANTAMARÍA, MATÍAS, Guía de los Archivos Parroquiales de
§
J. PEREZ
CARMONA, La historia y la geografía burgalesa reflejadas en su toponimia.
BRAH (1962)
Material tomado de http://www.andalucia.cc/habis/rojas.htm
preparado por José Manuel Molina
Carrillo. 12 Septiembre 2002.
APELLIDO ROJAS O PÉREZ
DE ROJAS
de la villa de
Carcabuey y Priego de Córdoba
Un
apellido muy arraigado en la villa alcobitense es el de Rojas o Pérez de Rojas.
Lo encontramos desde principios del siglo XVI en la documentación dispersa
que se conserva de la villa.
Para la
elaboración de este estudio me he basado principalmente en tres fuentes
principales, la primera de ellas es la de la parroquia de
El
apellido Rojas siempre fue notorio en estas tierras del sur de Córdoba,
aunque si bien no se sabia con seguridad el origen de su procedencia,
sospechaba que bien pudiera tratarse de un apellido de algún colono que antes
de la conquista de Granada pudiera haberse trasladado a estas tierras desde
otras más septentrionales. Actualmente con estas nuevas indagaciones
conocemos a ciencia cierta que así fue, e incluso podemos presentar los
municipios desde donde vinieron los primeros" Rojas " que se
asentaron en Carcabuey.
La
ascendencia por línea recta de varón del apellido Rojas, encuentra su más
lejano ascendiente en un tal Juan
Sánchez, al parecer este era hijo de Fernan
Pérez, aunque no sabemos si esto era cierto al cien por cien. Juan Pérez
fue vecino de la villa de Quintanilla. Existen en nuestro solar peninsular
varios núcleos que e identifican como Quintanilla, :
Quintanilla
de Arriba, Quintanilla de Trigueros, Quintanilla de Onésimos, Quintanilla del
Molar, todas en la provincia de Valladolid, Quintanilla de
Juan
Sánchez estaba casado y velado en la villa de Quintanilla con una mujer que
se llamaba Mari, estaba en posesión de hidalguía por ser caballero armado y
mayordomo. Esta reputación era bien conocida en Quintanilla de donde era
vecino, desconocemos si nació allí o no, probablemente si. Tuvo varios hijos,
de los que conocemos tan solo a tres de ellos, el mayor y continuador del
apellido fue Hernán Pérez de Rojas,
los otros dos fueron
Pedro Sánchez y Diego Ortiz. Hernán Pérez de Rojas también fue
vecino de Quintanilla , de donde era natural, moraba y vivía con su mujer
Juana Fernández, pero desde aquí marchó a Ruy Lazedo en donde poseía al
parecer una capilla y patronazgo de un mayorazgo de un antepasado. Estaba
reputado como hijodalgo notorio de sangre, es posible que fuera el primero
que marchara desde estas tierras a
Clemente Pérez de Rojas es el primero de la familia que se
trasladó a Andalucía, y estos datos se corroboran en todas las fuentes,
aunque en alguna ocasión se habla de su padre como aquel que dio el primer
paso, apareciendo en la declaración de algunos testigos como habitante de las
villas de Baena, Priego y Carcabuey. Clemente había sido vecino de la villa
de Quintanilla, donde probablemente nació pero posteriormente se habían
empadronados en la villa de Ruy Lazedo el y sus hermanos y desde aquí pasó a
Bibiescas para después marchar a Andalucía, concretamente a la villa de
Baena, Priego y posteriormente a Carcabuey.
Clemente
había sido tenido por hijosdalgo en toda la comarca de Quintanilla, en Lazedo
y en todas las villas en las que había habitado. Se había casado en
Quintanilla, aunque sabemos que en la villa de Baena tuvo a dos hijos, su
primera mujer se llamaba Francisca Muñoz, pero Clemente contrajo segundas
nupcias también en Baena. Las fuentes nos hablan de la herencia de un mayorazgo
en el lugar de Ruy Lazedo que era de sus antepasados, pero previamente a
esto, cuando habitaba en la villa de Quintanilla marchó a vivir con el
Alcaide de la fortaleza de Bibiescas (posiblemente Biescas, en la provincia
de Huesca), llamado Ortega de Bañuelos, a su servicio pues al parecer era su
tío. Desde aquí visitaba a menudo a Ruy Lazedo en donde vivían sus
familiares, concretamente sus padres, hermanos y primos, ya que por estar el
lugar a mas de una legua, lo hacia frecuentemente.
Clemente
tuvo seis hijos, Alonso Ortiz de Rojas, Juan Ortiz de Rojas, Clemente Pérez
de Rojas, Pedro de Rojas, Mª Victoria de Rojas y Ana de Rojas, moraban en la
villa de Carcabuey en el año de 1549, sin embargo no habían nacido allí pues
cuando llegaron eran todos mozos según las declaraciones de un testigo,
aunque si se criaron allí. Debieron emigrar a estas tierras otros Rojas pues
nos consta la existencia en Carcabuey de un primo segundo de ellos que se
llamaba Francisco Ortiz.
La
familia Rojas estuvo viviendo en la villa de Baena, desde donde marcharon
definitivamente a Carcabuey.En ambas villas habían sido tratados como
hidalgos.es posible que en un principio, cuando llegaron a
El
proceso arranca desde 1549, para finalizar según la "probanza " en
el año 1575 que es cuando se fecha el expediente de
Tras
dirigirse a
Del
expediente se saca de conclusión que en un primer momento habían pechado y
que mas tarde habían dejado de hacerlo, por razón de ser caballeros armados y
mayordomos. Los litigantes buscaron muchas pruebas, principalmente testigos
que manifestaran la veracidad de sus postulados, al mismo tiempo poseían una
carta pergamino, en seda y con sello plomado en donde se estimaba que no
pagaban sisa y que la había pedido ante el juez de Priego, esta carta los
nombraba como hijosdalgos.
Como
anteriormente expuse Clemente Pérez de Rojas tuvo seis hijos, cuatro varones
y dos hembras, estas dos ultimas eran MªVictoria y Ana.
MªVictoria
de Rojas caso con Diego Fernández Bernardino el 16 de febrero de 1575 y murió
el 12 de diciembre de 1620, habiendo testado el 6 de junio de 1619.
La
segunda hija, Ana de Rojas se caso con Miguel Sánchez Malagon que era vecino
de la villa de Priego y que ostentaba el cargo de regidor en Carcabuey.
Tuvieron dos hijos, DªFrancisca de Rojas que caso con Bartolomé Caracuel, de
cuyo matrimonio poseemos una amplia genealogía y Clemente Pérez de Rojas
quien caso en primeras nupcias con María Muñoz el 14 de abril de 1603, en
segundas con Catalina Rodríguez en 1624, era viuda de Alonso de Luque en y en
terceras con María de
Clemente
Pérez de Rojas de su primer matrimonio con María Muñoz tuvo tres hijos, Ana
de Rojas, Juana de Rojas y Clemente. Ana caso el 11 de abril de 1627 con
Bartolomé Sánchez que era hijo de Nicolás Pérez, tuvieron un hijo al que
llamaron Juan Rojas que se caso con Mº de
Juana de
Rojas caso con Antón Ruiz Pineda, este era hijo de Sebastián Vaquero y Leonor
Rodríguez, lo hicieron el 12 de noviembre de 1618 y tuvieron dos hijos,
Sebastián Pineda y Rojas que caso en primeras nupcias con Doña María de los
Reyes que era hija de Bernardo Rodríguez y de Andrea López.En segundas
nupcias lo hizo en 1653, el 27 de enero con Catalina Donquiles, esta era hija
de Antón Molina y de Joana del Aguila, compartiendo este matrimonio un 4º
grado de consanguinidad y finalmente y por tercera vez caso con una tal Mari.
El
segundo hijo de Juana Rojas fue Antonio Ruiz de Pineda que caso en 1653 con
DªAna de Osuna que era hija de Andrés Osuna y Francisca Carrillo. Antonio
tuvo un hijo al que llamo Andres Pineda y que caso el 6 de mayo de 1679 con
Lucia Reyes, que era hija de Juan Ariza y Lucia Reyes. En su segundo
matrimonio caso con DªManuela de Morales Valenzuela hija de Juan de Morales y
de Doña Margarita Valenzuela.
Juana de
Rojas casó en segundas nupcias con Diego de Cea Pimentel que era hijo de
Miguel Ruiz Cea y Juana González Camarasaltas vecinos de la villa de Priego.
Clemente
Pérez de Rojas no tuvo hijos de su segundo matrimonio con Catalina Rodríguez
que murió el 9 de septiembre de 1630, pero si de su tercero con María de
Mas datos sobre el apellido Rojas: En 1752 aparece un tal Antonio de
Rojas como oficial herrero, Martín Serrano de Rojas como Alcalde Ordinario en
1753, Joseph de Rojas como maestro herrero en el mismo año. Pedro Andrés
Serrano de Rojas como regidor, alcalde y alférez y Pedro Gregorio Martín
Serrano de Rojas como regidor y juez de campo también en el siglo XVIII.
En el
catastro de Ensenada además se recogen otros individuos portadores del
apellido Rojas como son, Don Bartolomé Serrano de Rojas, que era labrador por
mano ajena, y uno de los mas adinerados del pueblo, con un sirviente y un
criado. Doña Ana María, viuda y con una sirviente, Doña Beatriz Muriel y
Rojas también viuda, Doña Rosa de Rojas soltera, Don Andrés Alcalá y Rojas,
presbítero, Doña Antonia María de Rojas, esposa de Don Juan Antonio de
Ayerbe, regidor en 1752.
Más
sujetos con mencionado apellido fueron Doña Francisca de Rojas, en 1600, Doña
Beatriz en 1626, Doña Juana en 1633, Doña María en 1646 y Doña María Serrano
de Rojas en 1670.
Antecedentes históricos de los Rojas.
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Escudo de Rojas |
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GÉNESIS Y DESARROLLO
HISTÓRICO DE
Posiblemente el nombre de Bureba procede del dios
Autrigón Vurobio, como así nos lo constatan cuatro aras votivas del siglo III
o principios del siglo IV dedicadas a esta divinidad que fueron descubiertas
entre 1973 y 1975, en el término de Barcina de los Montes. Lo que no se sabe
es la relación existente entre la divinidad prerromana y la aplicación del
topónimo a la comarca. Hasta mediados del siglo XIII con la llegada de la
lengua romance no aparece en la documentación el término Bureba.
Anteriormente las referencias a este territorio han sido diversas: Villa de
Orobi (863), Boruevan (867), Borovia (975), Borova (1054), Boroviam (1106),
Borovie (1156), Buruva (1169), Voroviam (1198), Burueva (1230), Borueva
(1237), y menos frecuente es el término Borovie.
La primera referencia documental sobre la
ocupación del espacio físico de
Según Martínez Diez, hasta el año 952 no existiría
ninguna referencia documental incontestada de
El alfoz de Briviesca o Río Vesga se encuentra
documentado desde el 22‑VI‑1065 en un diploma de Cardeña
"... deinde donamus nostra divisa in Quintanilla in alfoze de
Vervesca". El Quintanilla de este documento lo más probable que
corresponda el actual Quintanillabón. La segunda mención del alfoz es un poco
posterior y está datada en el año 1075"... concedoque quandam villam in
alfoze de Berbesca nomine Platano". Dos años más tarde, el 17‑XII‑1077
se reitera la misma mención 1n alfoce de Verbíesca villa Platano... cum
monasterio S. Martini ad integritatem et cum su decania, S. Stefani de Otero
MartinC. Plátano es el actual Prádanos y con Quintanillabón eran dos aldeas
del alfoz de Briviesca junto con las tres localidades que son objeto de
estudio ‑Aguilar de Bureba, Revillalcón y Valdazo. El
resto de los lugares de esta comarca que atesoran testimonios románicos
formaron parte de los alfoces de Poza, Pancorbo y Monasterio que se
integrarían más tarde en la merindad de
El alfoz fue un sistema de organización comarcal y
territorial que controlaba y aplicaba el pode de los delegados reales,
concretado en la administración y en el ejercicio de la jurísdicción civil y
militar. El vocablo documentado al menos desde el primer tercio del siglo X
procede del árabe ‑a hauz‑ con el significado de comarca, cantón
o di trito, importado por los mozárabes que se trasladaron a tierras
cristianas (leonesas y castellanas) y desde la segunda mitad del siglo IX.
Otros dos vocablos romances de origen latino ‑suburbio y territorio‑
fueron utilizados al mismo tiempo para designar idéntica realidad.
Pero sin duda el Arcedianato fue la institución
más notable del medioevo en la zona de
de la corona.
Superpuesta al Condado o Tenencia, en un principio
todo alfoz se hallaba bajo la jurisdicción del tenente del castillo, y al
Arcedianato se irá definiendo desde el siglo XII
La situación geográfica de la merindad no sólo
abarcaba los pueblos y villas al pie de los Montes Obarenes sino también
lugares y términos de la cuenca de Miranda de Ebro, como Ameyugo, otros casi
en
Al consolidarse y pervivir
Referencias
a lugares Rojas en las Enciclopedias de Sebastián
Miñano (1821) y en la de Pascual
Madoz (1848). Material enviado por Pepe Ruiz Ruiz.
Rojas Villa con ayuntamiento en la provincia, diócesis, audiencia territorial
y capitanía general de Burgos (6 leguas), partido judicial de Briviesca (2
leguas). Situado en un llano muy despejado, donde reinan todos los vientos, a
un que los mas comúnmente el Norte y Este, siendo su clima templado y las
enfermedades dominantes las pulmonías, reumas y afecciones de pecho. Tiene 60
casas, con la consistorial que sirve también de cárcel; escuela de primera
enseñanza, frecuentada por 18 alumnos, dotado con 30 fanegas de grano; una
iglesia parroquial matriz ( San Tirso ), servida por un cura párroco y un
sacristán, la cual comprende el barrio denominado de Santibáñez distante ¼ de
legua; un cementerio bien situado, una ermita bajo la advocación de San Juan,
en el termino y á distancia de ¼ de
legua de la población un convento de la orden de predicadores, con el titulo
de Ntra. Sra. de los Cinco Altares. Los habitantes se surten para beber y
demas usos de las aguas de un arroyo, las cuales son muy delicadas. El
término linda al Norte, con Sola y Quintanilla Caberrojas; al Este, con
Carcedo y Quinta Urria; al Sur, con Piernegas y al Oeste, con Buezo:
comprende el expresado barrio y el despoblado de Carcedillo. Su terreno es de
segunda e ínfima calidad; le atraviesan 2 arroyos poco caudalosos, que nace
uno en la jurisdicción de Buezo y el otro en la de Rublacedo de Arriba, los
cuales uniéndose á medio cuarto de legua de la villa; van a desaguar en el
río Oca con el nombre de los Congostos, en el término de
Hermosilla. Hay canteras de piedra para la construcción de edificios y un buen
arbolado de álamos y chopos en las orillas de dichos arroyos. Los caminos se
hallan en mediano estado y comunican con los pueblos limítrofes. El correo se
recibe ce la cabecera del partido por encargo particular. Produce: trigo,
cebada, centeno y algunas frutas; cría ganado lanar, vacuno, caballar y
asnal; caza de perdices y pesca de truchas. Industria: la agrícola y 2
molinos harineros. Población: 56 vecinos, 200 almas. Capital Productivo:
952,700 reales. Impuestos: 89,621 reales. Contribución: 5, 267 reales. 30
maravedíes.
Esta villa fue en la antigüedad muy populosa. En
llanos llamados de Marimena, el rey D. Enrique IV revistó una vez su
ejército.
ROJAS Antigua
cuadrilla de la merindad de Bureba en la provincia de Burgos, partido
judicial de Briviesca, compuesta de los pueblos de Abajas, Arconada, Barcena,
Carcedo, Castil de Lences, Lences, Lermilla, Movilla, Piernegas, Quinta Ruiz,
Quintana Urria, Quintanilla, Cabe-Rojas, Rublacedo de Abajo, Rublacedo de
Arriba, Rucandio, Ssn Clemente, San Pedro de Cañucas, Solas y Valdearnedo.
ROJAS Lugar en la
provincia de Lugo, ayuntamiento de Villamea y feligresia de San Juan de
Recesende. Población: 40 vecinos, 58 almas.
ROJAS Villa del
reino de España, provincia y arzobispado de Burgos, partido de Bribiesca y
merindad de Bureba, la cual compone de 87 pueblos; cuadrilla de Rojas. A. O.,
107 vecinos, 429 habitantes, 1 parroquia, 1 convento pequeño de Dominicos,
intitulado de Nuestra Señora de Cinco Altares, al pie de una cuesta donde
esta el castillo. Esta villa fue muy poblada antiguamente, pues que en el día
pilas de 4 parroquias, con mucho vestigio de edificios arruinados, de
resultas de una gran peste que se padeció en tiempos antiguos. La bañan dos
riachuelos. Que aunque no muy abundantes, son perennes y útiles, por bondad
de sus aguas y facilidad de aprovecharlas para los riegos, por la altura que
esta su nacimiento. EL de la parte Oeste viene desde Quintara Urria, y el del
Este en el pueblo de Buezo, de los lagos de San Vicente y pie de una breña escarpada, en cuya cima está
el celebre Santuario de Santa Casilda. Estos riachuelos se reunen en la villa
y se llaman el uno Remeguen y el otro de Santa Casilda, y juntos toman el nombre de Berga corriendo con dirección al
Norte por Quintanilla Cabe-Rojas, Mobilla y otros pueblos de
ROJAS.- Arrabal
de España, provincia de Santander, partido de Laredo, junta de Samano y
Castro Urdiales.
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Reconocimiento Especial
1.
Los Escudos y algunos importantes datos sobre
los orígenes del apellido Rojas han sido facilitados por Alberto G.B. , un apasionado de
2.
Los datos contenidos en la página Enciclopedia han sido facilitados
en su totalidad por Pepe Ruiz
Ruiz . Muchas Gracias.