Rojas, Roxas y De Rojas  en España

 

En campo de oro,  cinco estrellas de azur de ocho rayos, puestas en sotuer.

 

 

Escudo partido: 1º de oro: cinco estrellas en azur, 2º de oro seis bandas de gules.

 

En campo de oro,  cinco estrellas de azur de ocho rayos puestas en sotuer con bordura de veros.

 

 

 

 

 

 

 

 

De Rojas: En campo de azur,  cinco estrellas de oro de ocho rayos, puestas en sotuer.

 

 

 

Rojo: Escudo partido: 1º en campo de azur , cinco estrellas de oro puestas en sotuer. 2º de gules, un castillo de plata  sobre ondas de agua de plata y azur.

 

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El material siguiente fue proporcionado por Luis Ángel Rodríguez.

 

PUEBLOS Y ALFOCES BURGALESES DE LA REPOBLACION

Introducción

 

Una de las ambiciones de todo aquel que, de algún modo, se interesa por la genealogía es llegar a conocer los orígenes de un apellido. Este objetivo en la mayor parte de los casos no es posible, y no se suele llegar muy lejos debido a que en algún momento la falta de documentación y las limitaciones de los que no poseemos una preparación para la investigación, da como resultado una barrera imposible de flanquear.

 

En el caso de los interesados por el apellido “De Rojas”, tenemos la gran suerte de que los portadores primeros de este apellido fueron personajes de notoriedad y que de algún modo constituyeron parte de la historia de España, por lo que hay constancia escrita de su paso por la vida y que los historiadores e investigadores han sacado a la luz en sus trabajos de diferente índole. Esto hace que simplemente con la lectura de las publicaciones existentes podamos conocer mucho de los orígenes, y no solamente en lo referente al apellido sino también la geografía, historia, acontecimientos, y situaciones que rodearon la existencia de los antepasados en la época en que vivieron.

 

Sería incompleto y bastante aburrido si todo nuestro interés se concentrara únicamente en una base de datos de nombres y fechas. Particularmente procuro recoger referencias del medio en el que se movían, época, reinado, condiciones económicas, políticas, etc., y que constituyen un enriquecimiento del saber que favorece la comprensión de los actos y particularidades de aquellas personas que dieron lugar a que el apellido se perpetuara hasta nuestros días. Todo parece indicar que  los orígenes de los “Rojas” hay que buscarlos en la provincia de Burgos, de donde nacen las diferentes ramas que en el transcurso de los años y siglos fueron extendiéndose por la Península y  América.

 

Como he dicho anteriormente, tomaron parte activa y muy importante en la historia de España, por tal motivo, no es de extrañar que en cualquier obra que trate sobre historia aparezca algún episodio donde se mencione algún Rojas, y especialmente si estas obras se refieren al entorno de Burgos. Es estimable la información que aparece  en las múltiples publicaciones referentes a la mencionada provincia, donde se encuentran datos acerca de los Rojas en la época medieval.

 

Desde mi condición, quiero haceros partícipes de lo que rebuscando en las bibliotecas he hallado. Conste por lo tanto, que lo que a continuación se describe es una reproducción de líneas de publicaciones existentes. Puede parecer demasiado extenso, pero en realidad estoy haciendo resúmenes de lo que a mi criterio me parece más interesante, bien porque se mencionan personajes con el apellido, o porque la descripción de paisajes, situaciones, o entornos nos sitúan en el punto geográfico y escenario de los antepasados.

 

Tanto mi esposa como yo, gustamos de hacer excursiones y visitar lugares. Como no podía ser menos, en nuestro pensamiento está el visitar en la próxima primavera los lugares más interesantes de los que  a continuación se relacionan, tenemos a nuestro favor la proximidad geográfica. Mientras tanto, procuraré documentarme la más posible. Os informaré sobre el particular.  (Luis A. Rodríguez)

 

 

 PUEBLOS Y ALFOCES BURGALESES DE LA REPOBLACION

 

1.      LIMITES CRONOLOGICOS Y GEOGRAFICOS

En esta obra de geografía administrativa histórica queremos presentar a nuestros lectores las primeras divisiones administrativas documentadas del solar burgalés después de la invasión islámica, o de la llegada de los moros en expresión vulgar, el año 711.

 

Estas primeras divisiones administrativas, que comienzan a insinuarse en las crónicas y en la documentación en la segunda mitad del siglo IX, aparecen ya configuradas la mayor parte de ellas en los diplomas del siglo X, y están ya todas testimoniadas en el siglo XI.

 

Corresponden pues plenamente a la época condal 850-1037, y representan las subdivisiones territoriales del condado, o mejor del conjunto de condados que con el nombre de Castilla se agruparon bajo el gobierno de Fernán González y de sus descendientes durante cinco generaciones.

 

Pero los territorios cuya titularidad condal ostentó la dinastía familiar  de Fernán González, los Banu Fernando o Banu Mumadonna al decir de las fuentes musulmanas, rebasaban ampliamente los límites administrativos de la actual provincia burgalesa.

 

De Norte a Sur se extendían desde el mar Cantábrico hasta el río Duero, frontera pasajera, que también fue desbordada para alcanzar el condado castellano con la repoblación de Sepúlveda el año 940 las estribaciones de la Cordillera Central por Somosierra.

 

De Este a Oeste los territorios familiares de los descendientes de Fernán González comprendían desde la Alava alto-medieval inclusive (una Alava que abarcaba desde la divisoria entre el Deva y Urola en Guipúzcoa a la mayor parte de las actuales Alava y Vizcaya) hasta el condado de Monzón al otro lado del Pisuerga con Peñafiel y el castillo de Mamblas junto a Tudela de Duero.

 

De todas estas tierras condales aquí sólo vamos a contemplar una pequeña parte comprendida en la actual provincia de Burgos; estos límites espaciales no nos lo fija un provincialismo, que resultaría enteramente anacrónico referido a los siglos IX-XI, sino que nos viene en gran parte determinado por las mayores posibilidades documentales que nos ofrecen los grandes centros monásticos burgaleses como Oña, Cardeña, Arlanza, Silos, Covarrubias y la propia catedral de Burgos.

 

Y dentro de la provincia de Burgos, tampoco vamos a considerar la totalidad de la misma, aunque sí la mayor parte; por el Norte prescindimos de las tierras “viejas”, esto es, de aquellas que constituyeron el baluarte inicial de resistencia frente al Islam hasta el año 860, y que por lo tanto no conocieron la despoblación manteniendo siempre la continuidad de su hábitat y de su ocupación humana, y que por lo mismo presentan características muy distintas que las tierras “nuevas” o de repoblación.

 

Por el Sur el límite meridional lo constituye en líneas generales el río Duero, pero más exactamente en términos históricos nuestra atención acaba en la frontera que marca el fin de Castilla y el comienzo de la Extremadura castellana.

 

Por      que esta frontera marca no sólo una división administrativa que tendrá vida durante casi 500 años, sino ante todo dos momentos y dos sistemas de repoblación y de organización político-administrativa completamente distintos.

 

2.      CASTILLA Y EXTREMADURA CASTELLANA

Al norte del río Duero Castilla, o sea la tierra “vieja” y la repoblada entre el 860 y el 912, mantendrá su estructura en alfoces o territorios dependientes de un castillo con pequeñas aldeas regidas por el titular o tenente del alfoz; al sur del gran río castellano en torno a él Extremadura, o sea la tierra de frontera despoblada de nuevo durante las campañas de Almanzor (977-1002) que sólo vuelve a la vida y recibe a los segundos repobladores en los siglos XI y XII, se organizará no en alfoces, sino en Comunidades de Villa y Tierra, esto es, en villas muradas, cabezas de una amplia comarca y tierra, donde la Villa gobierna y rige la vida de toda su Tierra  que es propiedad de la Villa.

 

Cada una de estas Villas de la Extremadura, hasta un total de 42, gozaba de la más amplia autonomía de gobierno, judicial, fiscal, económica y militar, no reconociendo otro superior que la persona misma del rey. No era este el caso de las tierras de Castilla, que estaban organizadas piramidalmente: en la cúspide el rey, bajo el rey los condes rigiendo el territorio del condado, y el condado distribuido en distritos más pequeños o alfoces dirigidos por el tenente designado por el conde o por el rey, y en el alfoz las aldeas sin otras competencias sus concejos que las meramente económicas o de mejor explotación del término de la aldea.

 

Castilla y Extremadura junto con Toledo, constituirán grandes demarcaciones del reino de Castilla desde el siglo XII, y más tarde desde el siglo XIII al unirse con el reino de León y conquistar Andalucía, la Corona de Castilla se dividirá administrativamente en Galicia, León, Castilla, Extremadura (castellana), Toledo, Andalucía y Murcia. A estas grandes divisiones corresponderán desde el siglo XIII hasta finales del XV Adelantados o Merinos Mayores en los diversos territorios y Alcaldes de Provincia, Notarios Mayores y Consejeros del Consejo Real en la administración central.

 

Las comunidades de Villa y Tierra sitas en tierras hoy burgalesas o que colindaban con los alfoces burgaleses eran Curiel y Roa al norte del Duero, Aza, Montejo y Maderuelo al sur del mismo río, San Esteban, Osma, Ucero, Cabrejas y Soria ya en tierras sorianas; todas ellas han sido estudiadas por nosotros mismos en una muy reciente obra, que en parte ha inspirado y motivado la investigación que sobre los alfoces del norte del Duero emprendemos en las presentes páginas.

 

3.      LA MERINDAD MAYOR DE CASTILLA

Castilla, entendida como división administrativa perfectamente diferenciada, tuvo a su frente desde la segunda mitad del siglo XII un delegado regio designado como Merino Mayor de Castilla, por lo que el territorio por él regido tomó el nombre de Merindad Mayor de Castilla.

 

El territorio y las fronteras de esta Merindad Mayor de Castilla nos es perfectamente conocido, pues el año 1351, el rey don Pedro I en el comienzo de su reinado envió dos veedores o inspectores a todas las aldeas o lugares sin excepción que constituían esa Merindad Mayor, para que averiguaran el estatuto dominical y fiscal de cada uno de ellos así como las rentas que abonaban o debían abonar tanto al rey como a los señores.

 

El resultado de esta pesquisa, que alcanzó a un total de 2.402 lugares, de los cuales 488 aparecen despoblados y 1.914 habitados, fue consignado en un libro que, conservado en el archivo de la Corona, recibió posteriormente el nombre de Libro Becerro de las Behetrías.. Este libro fue ordenado realizar por Pedro I de Castilla en 1352, y por él sabemos que la Merindad Mayor de Castilla se dividía a su vez en merindades menores a cuyo frente andaba un merino menor nombrado por el Merino Mayor o por el Rey.

 

En el mencionado Libro Becerro sólo se consignan 15 merindades menores, a las que correspondía los 2.402 lugares inspeccionados; estas 15 merindades eran Cerrato, Infantazgo de Valladolid, Monzón, Campos, Carrión, Villadiego, Aguilar, Liébana, Saldaña, Asturias de Santillana, Castrojeriz, Candemuñó, Burgos-Ubierna, Castilla Vieja y Santo Domingo de Silos.

 

Pero sabemos por otras fuentes que constituían o habían constituido también la Merindad Mayor de Castilla otras cinco merindades menores, a saber: Bureba, Montes de Oca, Rioja, Logroño y Allende Ebro, que faltan en el Becerro de las Behetrías por causas desconocidas.

 

De estas 20 merindades, cada una regida por su merino menor, nada menos que 12 se extendían total o parcialmente por tierras de la actual provincia burgalesa, a saber: Cerrato, Monzón, Villadiego, Aguilar de Campoo, Castrojeriz, Candemuñó, Burgos con Río Ubierna, Castilla Vieja, Santo Domingo de Silos, Bureba, Montes de Oca y Rioja.

 

La extensión y los límites exactos de cada una de estas merindades menores, así como los lugares incluidos en cada una de ellas ha encontrado su plasmación gráfica y cuantitativa en la edición crítica del Becerro de las Behetrías y a través de ella nos es dable conocer con todo detalle esta división administrativa de la Merindad Mayor de Castilla, que imperó desde el siglo XII al XV.

 

4.      LOS ALFOCES: CONCEPTO JURIDICO

Pero los orígenes de esta división administrativa, plasmada en el Becerro de las Behetrías, no iban más allá, como ya hemos indicado, del siglo XII; antes de ella había existido otra división administrativa cuya unidad era el alfoz, que encontramos por primera vez en los diplomas del siglo X, y que se muestra ya en perfecto desarrollo en la documentación del siglo XI.

 

La palabra alfoz, que ya está documentada al menos desde el primer tercio del siglo X para designar los pequeños distritos en que se subdividía el condado de Castilla, es de origen árabe, de la palabra (al-hauz), que significa cantón o distrito; es claro que estamos ante un vocablo importado de Al-Andalus por los mozárabes que acudieron a la repoblación de las tierras leonesas y castellanas ya desde la segunda mitad del siglo IX.

 

El que se haya importado el vocablo no quiere decir que se haya también importado la institución por él designada; los mozárabes repobladores podrían utilizar su lengua árabe, bien o mal aprendida durante su permanencia originaria en Al-Andalus, para designar las realidades institucionales de su nueva vida entre sus hermanos cristianos del Norte, y éstos por contagio acabar aprendiendo algunos de esos vocablos como alcalde, alguacil o alfoz, pero esas realidades institucionales venían del Norte o surgían ante las nuevas realidades de la repoblación, y no hay por qué atribuirlas ningún carácter de imitación musulmana.

 

Mientras alfoz es un préstamo del árabe otros dos vocablos romances de origen latino eran utilizados al mismo tiempo para designar la misma realidad: suburbio y territorio. La primera de ellas, suburbio, la hemos visto coincidir prácticamente siempre en los siglos X y XI con el significado de alfoz; la segunda, territorio, ya tiene un carácter más amplio: unas veces equivale también a alfoz, pero otras encierra un concepto más genérico, que comprende cualquier espacio geográfico dependiente o relacionado con un centro político, comarcal o local.

 

Tal como la documentación nos presenta al alfoz era éste en estos siglos iniciales un distrito dependiente de un castillo, no de una villa ni de una urbe ni del concejo de las mismas; el régimen del alfoz corría a cargo del tenente del castillo, que a su vez era un delegado unipersonal del conde en cuyo territorio estaba incluso el alfoz; o sea que el gobierno del reino, al menos en lo que atañe a Castilla, constaba de tres escalones jerárquicos: el rey que gobernaba la totalidad del reino, bajo él los condes regían partes importantes del mismo reino, y luego los condados se dividían en distritos llamados alfoces o suburbios, a cuyo frente se hallaba el tenente del castillo que constituía la cabeza y daba nombre al alfoz; dentro del alfoz podían existir otras fortalezas o torres siempre subordinadas al castillo principal.

 

Este tenente del castillo principal y gobernante del alfoz lo encontramos inicialmente en Castilla bajo otros nombres como iudex, merinus, senior hasta que a partir de la segunda mitad del siglo XI se generalice el término de tenente de origen navarro-aragonés.

 

Todo el alfoz en un principio se hallaba bajo la jurisdicción del tenente del castillo, incluso la aldea o población que se agrupaba junto al castillo, que se relacionaba con el tenente del castillo en el mismo plano que el resto de las aldeas del alfoz.

 

El concejo de esta población agrupada junto al castillo carecía de cualquier jurisdicción o facultades de gobierno sobre las aldeas del alfoz, cada una de las cuales podía y solía tener su propio término territorial sobre el que ejercía unas facultades puramente económicas. También la población cabecera del alfoz gozaba de su propio término municipal, naturalmente distinto y más reducido que el alfoz del mismo nombre, dentro del cual se incluye como los demás términos de las otras villas y lugares del alfoz.

 

De la jurisdicción del castillo cabeza del alfoz se irán segregando todas las jurisdicciones señoriales exentas que magnates laicos, prelados o monasterios y concejos urbanos pueden ir obteniendo a través de concesiones regias o condales, cuando los condes actúen de hecho casi como soberanos.

 

5.      LOS ALFOCES BURGALESES

Bajo este esquema jurisdiccional que acabamos de describir es como nacen y viven los condados castellanos desde el siglo IX al XII; y si queremos valorar debidamente muchos fenómenos históricos de esos siglos decisivos en que se forjó el alma y el ser de Castilla es preciso que descubramos esta geografía histórica.

           

El único trabajo serio de aproximación a la geografía condal fue el publicado en 1957 por Teófilo López Mata con un excelente mapa; son grandes los méritos y muchos los aciertos de esta obra, sobre todo para ser el primer intento científico de cartografiar los condados de Fernán González, pero en los que atañe a la división interna del condado en distritos siguió mas bien un criterio geográfico o comarcal que una norma estrictamente jurídico-administrativa. En una palabra, López Mata nos ofrece las grandes comarcas de la época de Fernán González, pero no la división administrativa en alfoces, la mayor parte de los cuales ni siquiera los menciona.

 

Más atinado estuvo López Mata cuando trató de describir el alfoz de Burgos; aquí su acierto fue casi total y su artículo constituye una siempre útil y preciosa monografía.

 

Aquí en esta obra nosotros queremos reasumir la tarea que inició en su día el ilustre profesor de 2ª Enseñanza de Burgos, y aunque sea con otra metodología ir estudiando uno tras otro los 39 alfoces burgaleses de las zonas repobladas en nuestra provincia en los siglos IX y X bajo el régimen jurídico de los castillos alfoceros.

 

Los alfoces que vamos a estudiar alcanzan, como hemos dicho, el número de 39 y son los siguientes:

 

1.      Burgos

2.      Ubierna

3.      Moradillo (del Castillo)

4.      Siero

5.      Santa Cruz de Juarros

6.      Ausín

7.      Poza

8.      Pancorbo

9.      Briviesca o Río Vesga

10.  Monasterio

11.  Arlanzón

12.  Oca

13.  Pedroso

14.  Cerezo

15.  Ibrillos

16.  Lara

17.  Barbadillo

18.  Canales

19.  Hontoria (del Pinar)

20.  Fuentearmegil

21.  Clunia

22.  Huerta (del Rey)

23.  Tabladillo

24.  Ura

25.  Lerma

26.  Escuderos

27.  Palenzuela

28.  Villadiego

29.  Muñó

30.  Castrojeriz

31.  Bembibre

32.  Mansilla

33.  Hormaza

34.  Treviño

35.  Ordejón

36.  La Piedra

37.  Herrera

38.  Amaya

39.  Panizares

 

Tenemos que ofrecer aquí la justificación de por qué figuran en el elenco anterior algunos nombres que parecen apartarse de los criterios que hemos establecido poco ha.

 

En primer lugar es muy posible que los alfoces más septentrionales, a saber: Moradillo, Siero, La Piedra y Panizares no hubieran padecido la despoblación en los años de Alfonso I (739-757), al menos de una manera total; por su situación orográfica esto es casi cierto para Moradillo y Siero. Per los hemos dado cabida aquí para no desmembrar el territorio de las que luego serán merindad menor de Burgos con Ubierna, que abarcaba los alfoces de Moradillo y Siero, y merindad menor de Villadiego, que integró los alfoces de Panizares y La Piedra.

 

Examinamos también los alfoces de Palenzuela, Herrera e Ibrillos porque, aunque sus cabezas geográficamente hoy se hallan fuera de la provincia de Burgos, extendían el territorio de sus alfoces también por lugares hoy burgaleses.

           

Del mismo modo los alfoces de Fuentearmegil y Canales, hoy en las provincias de Soria y Logroño respectivamente, fueron siempre tierras vinculadas hasta el siglo XIX a la provincia de Burgos e históricamente estuvieron integradas en la merindad de Santo Domingo de Silos; sólo la división administrativa de 1833 las arrancó del resto de las tierras burgalesas. Tampoco aquí queríamos dejar incompleto el estudio de la merindad de Santo Domingo de Silos.

 

6.      LÍMITES TERRITORIALES DE LOS ALFOCES

La existencia de todos los 39 alfoces reseñados anteriormente está atestiguada en las fuentes documentales, y aduciendo estas citas referentes a cada alfoz comenzaremos el estudio y descripción de cada uno de ellos.

 

Más problemática y dificultosa se nos presenta la delimitación exacta de la extensión territorial de cada uno de los alfoces. Es evidente que en los siglos tan remotos como el X y XI no podemos aspirar a contar con un documento administrativo tan pormenorizado como lo es el Becerro de la Behetrías  para la división en merindades el año 1352; por eso en ese intento de reconstrucción territorial de cada alfoz hemos de acudir, cuando no tengamos mención expresa de la pertenencia de un lugar, a una serie de criterios convergentes que sean capaces de generar una certidumbre moral, o al menos un fuerte grado de probabilidad.

 

A este fin nos serviremos a las veces de los límites posteriores conocidos de las merindades menores en las que se integraron los alfoces en número de cuatro o más en cada una de ellas; resulta más lógico suponer que al pasar del régimen de alfoces al de merindades menores y agrupar aquéllos dentro de éstas no se trocease a los alfoces entre dos o más merindades. Esta regla no es absoluta pues las desmembraciones señoriales que recortaron los alfoces pudieron ocasionar que partes primitivas de un mismo alfoz ya desmembradas jurisdiccionalmente con anterioridad pudieran seguir destinos dispares integrándose en merindades distintas.

 

Otras veces serán los límites antiguos de los arciprestazgos del mismo nombre que el alfoz los que nos ofrecerán una primera pista del cuál pudo ser el ámbito territorial civil. Esta regla, cuyo valor hemos visto comprobado al estudiar las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana donde casi siempre coincidían geográficamente los ámbitos de la jurisdicción civil y eclesiástica, sufre frecuentes quiebros al aplicarse en la diócesis de Burgos, sin duda porque la división arciprestal más antigua que conocemos no va más allá del siglo XV; otra cosa sería si contáramos con el mapa eclesiástico del siglo XIII como ocurre en las diócesis de la Extremadura Castellana.

 

Otro criterio muy seguro, pero que sólo tiene aplicación en contados casos, es el que nos ofrecen aquellas jurisdicciones de antiguos alfoces que casi llegaron intactas hasta el siglo XIX; es lógico que en caso de duda prefiramos la hipótesis de que los vínculos jurisdiccionales comprobados en la Edad Moderna puedan tener un origen mucho más antiguo.

 

Hay veces también que la misma configuración geográfica impone algunos límites bien marcados por la naturaleza al territorio jurisdiccional de un alfoz; en este último criterio tendremos que refugiarnos cuando fallen todos los anteriores.

 

La combinación en cada caso de todos los criterios anteriormente expuestos nos permite alcanzar casi siempre una certeza moral o una gran probabilidad acerca de la extensión y límites de cada uno de los 39 alfoces que hemos reseñado más arriba.

 

Es claro que siempre quedarán zonas oscuras, y que es posible que un mayor conocimiento documental especialmente de fuentes locales, permita en un futuro algunas rectificaciones. Bienvenidas sean estas rectificaciones y ya desde ahora damos nuestras más rendidas gracias a todos aquellos que aporten esos datos nuevos que mejoren el conocimiento de nuestro pasado histórico burgalés.

 

Una vez que hemos delimitado así el territorio de cada alfoz pasamos a enumerar las aldeas actuales, siguiendo un orden alfabético, que integraron originariamente el alfoz aportando para cada una de ellas un testimonio de su antigüedad. Aunque a veces nos falte un testimonio de los siglos X-XI, estamos convencidos de que las aldeas alfoceras prácticamente en su totalidad son anteriores al año 1100, esto es, datan de la época de la primera repoblación (860-977), o en el peor de los casos de la segunda repoblación (1009-1085).

 

7.      LOS DESPOBLADOS MEDIEVALES

No sólo todas las aldeas actuales cuentan con más de 900 años de antigüedad, sino que al lado de ellas, nacieron durante esos mismos siglos IX, X y XI al menos otras tantas en número, que luego por los avatares de los tiempos han ido desapareciendo hasta convertirse en lo que se ha llamado despoblados.

           

De muchos de estos despoblados ha quedado testimonio documental en los diplomas medievales; todos aquellos, que han dejado consignado su nombre, han sido localizados exactamente sobre el terreno, al menos en un 90 ó 95 por 100 de los casos.

 

Pero al tratar de localizar los despoblados sitos en la diócesis burgalesa nos ha faltado la gran ayuda que en otras diócesis, como Avila y Segovia, representaban los pormenorizados elencos de parroquias y préstamos o beneficios eclesiásticos redactados en torno a 1250; el que se ha conservado para la diócesis de Burgos publicado en su día por el P. Enrique Flórez, resulta totalmente insuficiente y sólo consigna un escaso número de los lugares burgaleses.

 

En todos estos casos en que el despoblado está documentado hemos también recogido esta cita diplomática fehaciente de su antigüedad. Pero existen otros muchos despoblados que carecen de soporte documental y que han sido mantenidos por la tradición oral, que afirma que en tal pago existió un pueblo cuyos vestigios o ruinas han removido al trabajar el campo o que lo han oído de sus antepasados; en estos casos en que sólo contamos con la tradición oral a veces se ha conservado también el nombre de pueblo con admirable fidelidad, pero lo más frecuente es que se haya perdido también el nombre del pueblo y que el pago sea conocido por el nombre del santo o santa titular de la iglesia del poblado. De aquí la gran abundancia de despoblados conservados por la tradición oral con nombres de santos.

 

Pero en estos supuestos despoblados designados con nombres de santos surge una dificultad suplementaria y es la imposibilidad muchas veces de distinguir entre un auténtico poblado o unidad de población medieval y una iglesia de las muchas que surgieron con la repoblación, frecuentemente bajo la denominación de monasterios, que tenían su dote o conjunto de tierras asignadas a la iglesia y que incluso solían estar habitadas muchas veces. Nosotros, aun manteniendo la reserva que hemos señalado, hemos recogido aquí esas noticias como despoblados cuando la tradición oral afirma conocer ruinas en un paraje y mantiene la existencia de un pueblo.

 

También los restos de ermitas alejadas de los pueblos pueden suscitar algunas dudas o equívocos; cuando se trata de restos en las indemnizaciones de los actuales poblados, o aunque sea alejados pero que la tradición ha conservado su carácter de ermita, no existe la más mínima dificultad. Hemos desechado con decisión todas esas noticias porque en ningún momento hemos tratado de recoger memorias de ermitas o santuarios, sino únicamente despoblados; con todo es posible que aquí o allá se nos haya deslizado algún error a pesar de todas las tamizaciones que hemos mantenido, del mismo modo que estamos seguros de que en algunos casos hemos recogido como despoblados algunas agrupaciones humanas que no pasaron de granjas habitadas; también es posible que algunos de estos restos que hemos interpretado como despoblados medievales correspondan a asentamientos visigodos, romanos y hasta anteriores.

 

La experiencia nos ha enseñado también la gran frecuencia con que los auténticos despoblados han quedado en la tradición oral como “conventos”, aunque se trate de aldeas perfectamente documentadas; cuando la memoria de un despoblado se oscurece son cientos los casos en que hemos comprobado cómo la tradición oral lo conserva afirmando que hubo un convento.

 

No hemos pretendido ni mucho menos agotar el tema de los despoblados medievales burgaleses sino abrir tan sólo un primer surco en este aspecto tan descuidado por la investigación; para redactar este primer y provisional elenco de despoblados en los alfoces burgaleses de repoblación, hemos visitado durante varios veranos, y a veces en varias ocasiones, todos los pueblos sin excepción procurando recoger todas las noticias y memorias de la tradición de boca de los más ancianos, últimos testigos de una cultura y de una tradición en que todavía las largas charlas con los mayores al amor de la lumbre tenían un lugar en la vida, hoy sustituidas por la contemplación en silencio de los seriales televisivos o por los desplazamientos hacia centros colectivos de recreación.

 

No hemos querido abordar, ni siquiera superficialmente, el problema de las causas y la época del despoblamiento de todos estos lugares hoy desaparecidos, pero una simple comparación con los despoblados del Becerro de las Behetrías en 1352 nos pone de manifiesto que el 90 por 100 de los mismos habían desaparecido ya a mediados del siglo XIV. Señalaremos simplemente nuestro convencimiento de que la mayor parte de los despoblados se produjeron en el siglo XIII y que este abandono masivo de muchos lugares se produjo por lo que he llamado el tirón de Andalucía, esto es por la llamada y la atracción que ejercieron las nuevas tierras vacías y con sed de hombres incorporadas al reino de Castilla después de la victoria de las Navas (1212), como la Mancha, Extremadura, Murcia y especialmente Andalucía.

 

8.      INDICACIONES ETIMOLOGICAS

Tanto en los topónimos que designan las aldeas actuales como en los correspondientes a los despoblados hemos procurado ante todo consignar sus formas más antiguas o que mejor han conservado su significado etimológico.

     

Hemos intentado siempre en esta aproximación etimológica a la toponimia mayor burgalesa huir de un doble escollo. En primer lugar evitar deducciones eruditas o cultistas del tipo de las que condujeron a Menéndez Pidal a derivar Villatoro de villa gothorum o villa de los godos, cuando la documentación, y su emplazamiento orográfico lo confirma, sugiere otra derivación; Villa Autoro sería mas bien villa otero, esto es, la villa sobre un otero. En segundo término huir igualmente de las etimologías populares, que con demasiada frecuencia se han difundido entre los habitantes de los lugares respectivos, y que proceden en muchos casos de falsos eruditos carentes del más mínimo criterio lingüístico o histórico.

 

Ha resultado relativamente fácil alcanzar el significado etimológico de casi todos los topónimos que están documentados en el alto medievo; este logro es un índice de la proximidad del nombre a la lengua que hablaban los repobladores. En cambio cuando el topónimo ha sido recogido únicamente de la tradición oral, la evolución o deformación sufrida a través de los siglos, lo ha alejado de su forma primitiva hasta tal punto que en algunos casos ni hipotéticamente nos atrevemos a formular una posible etimología.

 

Esta aportación etimológica no limita su interés al ámbito puramente lingüístico, sino que también alcanza en bastantes casos a descubrirnos las corrientes repobladoras así como los accidentes geográficos o humanos que movieron a los primeros vecinos de la aldea a bautizar a ésta con un determinado nombre.

 

Es posible que para algunos topónimos, especialmente para los no documentados, pueda proponerse otra etimología, pero desearíamos que estas  contrapropuestas se apoyaran al menos en una base mínimamente científica y no se queden en meros juegos de palabras, como las etimologías bíblicas, o en desahogos fantasiosos.

 

Finalmente no podemos menos de resaltar cómo el examen total de las etimologías de este conjunto de más de un millar de topónimos nos permite casi palpar o vivir la inmediatez de la despoblación de las tierras llanas burgalesas, ya que prácticamente todos los topónimos correspondientes a aldeas sitas al sur del baluarte cantábrico han sido impuestos a los poblados, los más por gentes que hablaban romance y unos pocos por vascófonos.

 

Son muy pocos los topónimos que no se explican a través de la lengua de los repobladores, romanceados en su práctica totalidad y con una minoría insignificante y muy localizada en unos pocos alfoces como Arlanzón, Ausín, Juarros, de vascoparlantes.

 

 

 


La conservación de algunos topónimos del siglo VIII como Sasamón, Amaya, Clunia, Briviesca o Pampliega, resulta totalmente lógica, pues la importancia de las ruinas anteriores a la despoblación hacía que éstas no pudieran fácilmente ser olvidadas por los refugiados en el baluarte cantábrico de resistencia, que además podían renovar la memoria de las mismas a su paso junto a ellas en alguna de las incursiones contra territorio musulmán.

 

Si se hiciera un estudio paralelo de la toponimia mayor en el baluarte de resistencia, esto es en los alfoces de Tobalina, Castrobarto, Piedralada, Arreba, Redere o de Dera, Seguncia, Bezana y Bricia sitos en el territorio burgalés de dicho baluarte, se pondría de manifiesto la fuerte implantación en ellos de una toponimia prerromana en contraste con la falta de ella en las zonas repobladas.

 

Al final de nuestro trabajo, cuando redactemos las conclusiones, quizás nos sea posible obtener algún resultado más firme, y en todo caso ofreceremos al menos un elenco de topónimos dudosos y otro de aquellos cuyo significado no hemos sido capaces de aclarar a través de las lenguas habladas por los repobladores.

 

No repetiremos en cada uno de los lugares o despoblados etimologías de topónimos que se reiteran muchas veces como quintana o su diminutivo quintanilla o castro. Quintana prescindiendo de su origen romano, como nombre que designaba la quinta vía en los campamentos militares en la que ordinariamente se instalaba el mercado, de donde pasó a señalar más tarde la plaza del mercando aunque no estuviera en la quinta vía, en la época medieval parece que se nombraba así una plazoleta cercada, generalmente adosada a una iglesia o a un caserío o casa de labor y finalmente la misma casa de labor.

 

Castro, topónimo tan frecuente en los alfoces burgaleses, lo encontramos relacionado en el medievo con lugar fortificado; ya en latín clásico ciceroniano castrum equivalía a fortaleza, significado que mantendrá en el medievo cuando castro o su diminutivo castrillo designan cualquier fortificación desde la simple torre hasta la más compleja de un castillo.

 

Lo mismo podemos decir de otros vocablos formados con la desinencia –ar, como quintanar, villar o casar con sus correspondientes plurales, que con esta desinencia venían a significar el carácter ruinoso o abandonado en que se encontraba, al imponerla dicho nombre, la respectiva quintana, villa o casa.

 

(A continuación tan sólo se va a tratar el alfoz de Poza, y dentro de este alfoz únicamente los lugares que nos interesan, por el momento, ya que  es en éste en el que aparecen más datos referentes al apellido que nos ocupa.).

 

ALFOZ DE POZA

Este era uno de los cuatro alfoces que integrarían más tarde la merindad de la Bureba; los otros tres fueron Pancorbo, Briviesca y Monasterio.

 

Además hemos encontrado en las fuentes documentales citado una única vez un quinto alfoz, el de Oña: deinde in alfoce de Onie uilla que uocitant Arroio de Sancti Fructuosi; el diploma que contiene la mención anterior está datado el año 967, pero después de esa fecha no vuelve a hablarse más del alfoz de Oña. Creemos que el alfoz de Oña es el mismo que después del 967 es llamado Piedralada, y que la villa de Oña se segregó del alfoz cuando se  fundó el monasterio en ella  el  12-II-1011 con jurisdicción exenta. Más tarde la villa de Oña, segregada de Piedralada, se integraría en la merindad de la Bureba.

 

La merindad de la Bureba es una de las cuatro merindades menores que no se incluyen en el Becerro de las Behetrías, pero su perímetro nos es conocido en su mayor parte  por colindar con la merindad de Castilla Vieja y con la merindad de Burgos y Río Ubierna; únicamente su frontera con la merindad de Rioja y Montes de Oca no está atestiguada en el Becerro, pero cabe deducirla con relativa seguridad de los repartimientos fiscales del siglo XVI y de los arciprestazgos eclesiásticos de principios del mismo siglo XVI que por su carácter arcaizante reflejan la administración civil anterior.

 

Sobre la base de esta misma administración arciprestal hemos dibujado los límites de cada uno de los alfoces en el interior de la merindad; ciertamente que es una reconstrucción hipotética, pero en todos aquellos casos en que ha sido posible comprobar documentalmente la pertenencia de un lugar a un determinado alfoz la atribución basada en la división eclesiástica ha resultado exacta.

 

El alfoz de Poza es citado en la documentación de Oña el 14-V-1011: Solas in alfos de Posa...et exinde ad defessam de Arconada que est mea de alfoz de Posa, y un siglo más tarde el  10-I-1133: in uilla que dicitur Piernegas... Hex uilla sita est in alfoce de Poza. Según estos datos el alfoz de Poza se extendía de Este a Oeste desde Piérnigas a Arconada incluyendo el arciprestazgo de Rojas (al que pertenecía Piérnigas) con la abadía de Salas (que englobaba a Arconada).

 

En el territorio del arciprestazgo de Rojas, con la abadía de Salas, se incluían 42 lugares, entre los que se contaba también Oña: su límite occidental coincidía con el de la merindad de Castilla Vieja y con el de la merindad de Burgos y Río Ubierna, con la única excepción de Ojeda, que aunque del arciprestazgo de Valdivieso, pertenecía a la merindad de la Bureba y por lo tanto debía ser alfoz de Poza.

 

Así, incluyendo a Oña que inicialmente no perteneció al alfoz de Poza, y es dudosa su integración posterior en el mismo, resultaría un total de 43 lugares.

          

 (Se enumeran tan sólo 3 poblaciones, que son las que en un principio revisten un interés)


                 

 

26. POZA DE LA SAL.- 1-XII-965: trascastellum Poza con referencia a los pozos de sal.

31. QUNTANILLA CABE ROJAS.- 14-V-1011: ad Quintanilla, diminutivo de quintana.

33. ROJAS.- 13-VIII-1087: Rogias, de color rojizo.

 

 

CONCLUSIONES

1.      En los 39 alfoces hay un total de 727 aldeas y 1.010 despoblados, lo que totaliza 1.737 poblaciones.

2.      El 95 por 100 de los despoblados son anteriores al siglo XVI.

3.      En el Becerro de las Behetrías, redactado en 1352, solamente aparecen mencionados de estos 1.010 despoblados solamente 148, esto es un 14,65 por 100.

Esto supone que el fenómeno de la despoblación masiva de los alfoces o merindades de Castilla es anterior a 1352 y aunque no se documente en las páginas anteriores, creemos que esa desaparición de unos 860 lugares de 1352 en los 39 alfoces que se han estudiado fue motivada por el “tirón de Andalucía”, esto es, la sed de hombres de las nuevas tierras incorporadas a la Corona después de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, que sorbieron para su repoblación todas las reservas demográficas de las viejas comarcas del reino.

 

HUELLAS DEL APELLIDO DE ROJAS

Una familia nobiliar poderosa en la comarca era la de los Rojas. El origen de la dinastía de tal nombre se remonta a la época de Pedro I donde encontramos a Martín Ruiz de Rojas, del cual descenderán las dos ramas del linaje: la asentada en Poza y la de Cabia. En este último lugar a mediados del S. XIV aparece como su señor D. Sancho Sánchez de Rojas. En el cuatrocientos figura como sucesor en el mayorazgo su biznieto, D. Juan de Rojas, el cual en 1419 recibió con la aprobación del monarca Juan II toda la herencia que debería corresponder a su hermano mayor, D. Sancho de Rojas. En dicho año en la zona periurbana de Burgos él tenía –amén de otros en diferentes parte- los siguientes bienes: en Villavieja heredades y señorío; en Villota, heredades y señorío; en Cabia heredades, señorío y casa fuerte; en Buniel, heredades y señorío; en Villalonquéjar, heredades, señorío, palacios, diezmos y tercias; más los portazgos de Quintanilla de las Carretas, Buniel, Cabia, Cayuela y Villamiel de Muñó; y las martiniegas de Buniel, Cabia, Muñó, Lodoso, Quintanaseca, S. Pedro Samuel, Zumel, Sta. María de Tajadura y Cañizar.

           

En el año 1432 aparece el ayuntamiento de Burgos que pleiteaba con D. Juan de Rojas, señor de Cabia y alcalde mayor de los hijosdalgo de Castilla, por ejidos en Pelilla, Muñó, Quintanilla y Villavieja.

           

Como se puede apreciar, el patrimonio se situaba en las cuencas meridionales del Arlanzón y Urbel, junto al límite del territorio del alfoz burgalés. Este espacio geográfico será sobre el que perdure la presencia de la familia en el S. XV. Los descendientes de Juan de Rojas, su hijo D. Sancho de Rojas y sus nietos Diego y Martín de Rojas continuaron su expansión por la comarca de Muñó. Así, el primero, junto a los bienes heredados, amplió sus propiedades a Quintanilla-Somuñó, Villatruedo y Sarracín. En 1466 compró múltiples bienes rústicos y derechos señoriales sobre Mazuelo a la condesa de Alba, que a su vez, excepto el señorío, vendió en 1472 al regidor y mercader burgalés Pero García de Orense. En 1477 tomó a censo de la fábrica de la catedral la granja  y casa fuerte de Saldañuela. El segundo Diego de Rojas, tenía también renta en Villariezo, consistentes en 25 cargas de pan y 48 gallinas, que pagaba su concejo.

           

Pero tan interesante o más que este patrimonio fue el dominio que ejerció en la zona de Muñó. Su fortaleza, fue ocupada por esta familia en detrimento de los derechos que sobre ella ejercía Burgos desde el S. XIV. Ello, unido a que varios de sus miembros ocuparon los cargos de alcaldes mayores de los hijosdalgos y merinos mayores del rey, junto al marquesado de Poza, les dio un gran poder en la comarca. Con ello, también vinieron conflictos: con la ciudad; con el obispo por Arcos; con los mercaderes por el puente de Buniel; con los vecinos de Mazuelo por su señorío. De hecho, fueron los que controlaron, especialmente en momentos de vacío político, la región de Muñó.

 

Es evidente y lógico que tuvieran algún conflicto, entre ellos se menciona el que afectaba a las comunicaciones en el paso por las propiedades de los Rojas; concretamente lo siguiente:          

Los ejes de circulación de mayor interés y tráfico eran tres. La ruta de Valladolid, la de Vitoria-Bilbao y la de Laredo-Bilbao.

 

 

La primera tenía una importancia trascendental ya que servía para unir Burgos con el resto de las principales ciudades castellanas. Era la que comunicaba con puntos tales como Palenzuela, Palencia, Dueñas, Valladolid, Medina del Campo .... centros de un peso enorme en la época. A través de dicho camino se contactaba con las ferias de Valladolid y más tarde con las de Medina, lugares donde los mercaderes burgaleses efectuaban muchos de sus tratos. También era por donde llegaban  los vinos de calidad de Toro, Ribera del Pisuerga o la campiña de Medina, que en las mesas de los poderosos habían sustituido a los mediocres caldos locales. En ocasiones de carestía venían también los granos que el concejo

había mandado comprar en aquellas tierras. Era una de las vías más importantes dentro del tráfico comercial de la meseta castellana, siendo el corredor fundamental de productos alimentarios a las deficitarias regiones de Burgos, montañas cantábricas y vascas.

 

El trazado del camino no comportaba dificultades especiales siguiendo el curso del río Arlanzón. El único inconveniente provenía de este mismo, el cual debía de ser cruzado o vadeado en varios de sus tramos. A ello se sumaban las frecuentes inundaciones que destrozaban la infraestructura viaria haciéndola impracticable en algunos puntos, especialmente si tenemos en cuenta que el tráfico por allí se efectuaba en pesadas carretas tiradas por recuas de hasta 6 mulas o bueyes. En la comarca estudiada el itinerario que seguía, según un informe de 1508, era el siguiente: partía de la ciudad a través del puente de Malatos; continuaba hasta el hospital del Rey donde un poco más adelante tenía“un mal paso”; seguía por Villalbilla, S. Mamés y Quintanilla de las Carretas hasta Buniel; cruzando el puente de dicho nombre se alcanzaba Estépar y Celada del Camino teniendo que atravesarse sendos pontones en estos pueblos.

 

El punto crucial y, al mismo tiempo, causa de múltiples problemas era el puente de Buniel sobre el Arlanzón. Por un lado, su buen estado de conservación era fundamental para el paso de las carretas, cosas que múltiples veces no ocurrían. Pero los inconvenientes fundamentales que tendrá vendrán derivados de su condición de peaje, muy inoportuno para los habitantes de Burgos y su comarca, que aspiraron y pleitearon para conseguir su supresión.

 

La cuestión incluso se complicaba más al estar dicho derecho en manos de D. Sancho de Rojas, señor de Cabia, Villalonquejar y alcalde mayor de los hijosdalgo de Castilla. Este derecho había sido concedido por el monarca Juan II en Segovia el 15 de septiembre de 1419 a un antecesor suyo, D. Juan de Rojas, por los servicios que había recibido de su padre Martín Sánchez de Rojas y su hermano D. Sancho de Rojas, arzobispo de Toledo y canciller mayor de Castilla. El documento estipula: “los portazgos que vos tenedes e avedes de juro e de heredad en los logares de Quintanilla de las Carretas e de Boniel e Cabia e Cabyhuela e Villamiel e Madrigalejo e Montuenga e Villangomez e Villafuertes e Torrezilla del Monte, logares que son en las merindades de Burgos e Candemuño....”. 

 

Igualmente se menciona de los vecinos de Arcos que frecuentemente subían a la urbe para vender su fruta e injertos y que D. Sancho de Rojas impedía pasar por su puente de Buniel.

 

           

LA BUREBA

Si hay una comarca bien definida en tierras de Burgos, es ésta de la Bureba. Una extensa comarca situada al noroeste de la provincia de Burgos, rica en paisajes, arte e historia, regada por múltiples arroyos y riachuelos que llevan sus aguas por el Homino y el Oca hacia el Ebro. Una “Castilla en miniatura”, donde es fácil encontrar sus raíces, “el corazón de las tierras de Burgos”, al decir de Azorín, y de todas las regiones naturales de España una de las más bonitas. Es una de las primeras comarcas que adquieren personalidad definitiva dentro del condado castellano. La línea de castillos roqueros de Frías, Poza de la Sal, Pancorbo y Monasterio de Rodilla dieron refugio y facilitaron la repoblación cristiana, en su línea de reconquista hacia el Duero.

 

La Bureba forma una gran llanada rodeada de altas elevaciones montañosas. Una especie de artesa cerrada al Norte por la Mesa de Oña; por los altos paramerales de Altotero, sobre Poza de la Sal, al Oeste; al Este por los Montes Obarenes donde se abre el desfiladero de Pancorbo, puerta de Castilla, y al Sur, por los Montes de Oca y Sierra de la Demanda, y el Alto de la Brújula.

 

La Bureba a su vez se dividía en lo que se denominaba “Alfoz”. Alfoz era un partido que agrupaba a varios pueblos cuya autoridad era un delegado personal del conde o del rey y que se llamaba “teniente”, tenente, en el habla de aquellos tiempos. Cada Alfoz tenía una capital, obligadamente fortificada, que defendía el campo de su jurisdicción. El Alfoz de Poza de la Sal abarcaba entre otros pueblos el de ROJAS Y QUINTANILLA CABE ROJAS. Nos centraremos en estas poblaciones que nos interesan y que concretamente son <POZA DE LA SAL>(Capital del alfoz), <ROJAS>, y <QUINTANILLA CABE ROJAS>, distantes entre sí unos pocos kilómetros, (entre Rojas y Quintanilla Cabe Rojas no creo que halla más de dos kilómetros).

 

VILLA DE -POZA DE LA SAL-

 


           

En el borde del páramo que delimita la Bureba por el Oeste y a los pies de un macizo rocoso, sobre el que se alza el castillo de los Rojas, se encuentra la pintoresca villa medieval de Poza de la Sal, que aún conserva, junto a sus famosas salinas –antaño base de su prosperidad y riqueza- el encanto de viejas calles que guardan el sabor de otros tiempos. El núcleo urbano se configura dentro de una muralla construida en el siglo XIV, en cuyos lienzos se abren tres puertas: la Puerta Alta, quizá la más antigua, la Puerta de las Eras, que conducía a las salinas y la Puerta del Conjuradero, puerta principal de la villa, en la que, en 1694, se construyó un balcón desde el que se conjuraban los nublados.

 

Advirtamos que éste es su tercer emplazamiento. Cuando recorramos el amplio término municipal, en su cota más baja, muy cerca del río Homino veremos una extensión presidida por un modesto cerro, que llaman del Milagro, donde los romanos tuvieron su población, llamada por ellos Flavia Augusta, en homenaje a los emperadores de la dinastía Flavia. Pero en el centro del Salero, en el áspero cono del Castellar, estuvo, muy probablemente, según indicios prehistóricos, la primitiva Poza que sus pobladores llamaron, en opinión común de los entendidos, Salionca. Los reconquistadores del siglo IX, p. C., también se instalaron allí y ya llamaron a su poblado Poza, del plural latino de Pozos. Así, Poza ha tenido tres nombres y tres asentamientos. El apellido de la Sal lo usa desde hace pocos siglos. El paisaje urbano que se contempla es netamente medieval: calles estrechas y torcidas

 

Plaza Vieja.- En la villa está la llamada Plaza Vieja, que fue y en parte lo sigue siendo, el corazón mercantil de la villa. En ella se agolpaban con preferencia los mercaderes y feriantes en las convocatorias semanales y anuales de sus mercados y ferias que Poza organizaba y disfrutaba por privilegio de don Enrique el II, el apodado de las Mercedes, que con ellas quiso olvidar su bastardía y la usurpación del reino, además de la muerte asesina de su hermanastro Pedro. En 1371, fue acordado al rey que su buen vasallo Sancho Sánchez de Rojas había muerto por servirle y que algún grato recuerdo merecería Poza, de la que había sido señor. Accedió el rey y otorgó a la villa huérfana el privilegio de un mercado semanal, en cada día de sábado, y dos ferias, una en mayo, día 1, y otra en septiembre, día 8. Más adelante se consiguió otro día de mercado semanal, el miércoles.

 

Plaza Nueva.- También en  la villa está la denominada Plaza Nueva, y con razón la llaman Nueva, pues se comenzó a modelar en 1660. En ese año vino a Poza de la Sal la muy noble y alta señora doña Juana de Rojas y Córdoba, V marquesa de Poza. Era ya sesentona, pero lucía con garbo a su tercer marido, el conocido primer marqués de Leganés, Grande de España, Virrey de Cataluña, Capitán General, Presidente de los Consejos de Flandes e Italia, etc. etc. Antes había estado casada con un tío suyo y luego con el marqués de Almazán. Nos parece una mujer brava e imaginativa y no vaciló en pleitear con su hermano Antonio al que ganó el marquesado de esta villa.

 

Doña Juana pensó, y pensó bien, que quedaría bonita y resultaría de utilidad, el construir una plaza frente a la Puerta principal de Poza. Dio alientos y autorizaciones, se construyeron recios muros de contención para salvar el desnivel del suelo y junto a la Plaza Vieja tuvo Poza desde entonces su Plaza Nueva.

 

Desde el siglo XIV, la villa de Poza pertenecía al señorío de la familia Rojas que confirmaba los nombramientos de los regidores y que mantenía en la villa su particular representante con poderes concretos. Por otra parte, en el Ayuntamiento tenían sus obligados agentes el Estado Noble de Hijosdalgo y el Estado Llano de los Labradores y Hombres Buenos.

 

Iglesia Parroquial.- La iglesia de los santos hermanos Cosme y Damián, mártires en Oriente, emerge por su mole, campanario y espadaña sobre el caserío urbano. Está declarado Monumento Nacional (1982), y merecidamente. Es un exponente de la fe milenaria, traída a Poza en los tiempos del Imperio Romano; aquí aceptada y manifestada paladinamente en un singular sepulcro, hallado en las excavaciones de la Flavia Augusta y que se exhibe en el Museo Arqueológico Provincial (Burgos).

Las ojivas de los arcos definen perfectamente el estilo. Templo gótico de tres naves y crucero. Al exterior la portada es barroca, al igual que el retablo mayor,  y los retablos de la Virgen del Rosario y de San Andrés, renacentistas.

 

Los capiteles de las columnas revisten un interés concreto: Al lado del Evangelio, según la antigua liturgia, vemos una figura de perro en el arranque del arco; en el siguiente, parece que San Jorge rechaza a un dragón; un león se oculta en el follaje y hay una curiosa escena de taberna o bodega en la que resaltan las cubas y los tinos. Al lado de la Epístola apreciamos primeramente hojas, un rostro y un orante; luego, mas follaje y animales y finalmente, una escena campesina y un instrumentista musical. Lo que comenzamos a observar repetidamente en los arranques de nervios son las armas de los Rojas, las cinco conocidas estrellas de la famosa familia, delatando su señorío sobre la villa y el pretendido patronazgo sobre la iglesia.

 

El suelo está perfectamente embaldosado y sirvió de cementerio para los pozanos. Hasta 300 sepulturas se cuentan en este suelo; su piedra se trajo de las canteras de Sedano y cada sepultura importó 111 reales (10 ducados); la obra se acabó en 1771.

 

Un año más tarde se concluyó el sencillo sepulcro que los marqueses se reservaron en la iglesia. La losa de un jaspe rosáceo parece que se extrajo en el mismo término de Poza; sobre ella vemos las cinco estrellas de ocho puntas, puestas en sotuer, y a los lados dos bocas de dragón unidas por una banda, más un castillo y un león señalando la aproximación de esta familia a la Corona.

 

Otros dos solos escudos, cercanos al de la familia del señorío, hay en el suelo de esta iglesia: el de los Gutiérrez-Salazar, que ya figura en dos calles, y el de los Salinas-Medinilla con un lobo ravizante (rampante) y árbol (Salinas) y su castillo y bandas (Medinilla). Eran familias de profunda raigambre en Poza.

 

El Castillo. Ya sabe el viajero que a finales del siglo IX, Poza fue recuperada por y para Castilla. La defensa era una preocupación inevitable en cualquier población pero más en Poza por una triple ponderación: la seguridad del pueblo, el dominio del paso de la Bureba al Páramo y la custodia del Salero. El control de sus importantes salinas hizo necesario, incluso desde los tiempos prehistóricos, la construcción de una fortaleza en Poza de la Sal. Con el avance de los cristianos fue lugar de repoblación ya en el siglo IX.

Por la aplicación del testamento de Sancho, el Mayor, de Navarra, esposo de doña Mayor de Castilla, Poza se transfirió al reino navarro en 1035. La tenencia del castillo la ostentó Sancho López, que defendió cuanto pudo los presuntos derechos de su rey frente a la recuperación de Castilla, que no se resignaba a las amputaciones de su solar. Alfonso VI de Castilla y de León reorganizó esta parte de sus reinos y en 1082 confió la mandación en Castilla Vieja, Tedeja, Caderechas y Poza al conde don Gonzalo; quince años más tarde aparece su hijo Gómez como conde de Pancorvo, Piedralada y Poza. En los conflictos entre doña Urraca, reina de Castilla, y su marido don Alfonso de Aragón, éste poseyó la villa y puso por alcalde en su castillo (1127) a Sancho Ibáñez. Conocemos otros dos tenientes del castillo pozano en el siglo XII: a García Rodríguez (1179) y a Pedro Gutiérrez (1181), ambos nombrados por la reina doña Leonor de Inglaterra, ya que la fortaleza de Poza formaba parte de la dote que le diera Alfonso VIII.

 

Pero quienes darán carácter definitivo al castillo y murallas de Poza serán los conspicuos miembros de la familia Rojas, una de las más linajudas de la historia de España, salida del lugar cercano de Rojas, también con castillo a ojo del de Poza. En 1298, 28 de enero, Fernando IV, para recompensar a su fiel servidor Juan Rodríguez de Rojas, le entregó el realengo pozano convirtiéndolo en señorío nobiliario. Hasta entonces, la villa había hablado en la cara de sus reyes; en adelante lo haría por la vía interpuesta de sus señores.

 

Los Rodríguez de Rojas se construyeron en la base del peñasco que calienta el Mediodía, por encima de los tejados de la villa, un alcázar que revelara la importancia de su señorío. Los Rojas mantuvieron gente armada en los siglos medievales, los documentos nos hablan de exacciones de alimentos para los hombres de la fortaleza.

 

Los descendientes de don Juan Rodríguez de Rojas acrecentaron lustre y patrimonio. Destaca entre ellos su homónimo, favorecedor de la reforma franciscana de fray Lope de Salinas, fundador del convento pozano de San Bernardino; eligió ser enterrado en la iglesia parroquial de Poza (1454). Su hijo, Don Diego fundó en la villa un hospital para pobres. El noveno señor de Poza fue el también llamado Juan Rodríguez de Rojas, hombre de la confianza del emperador Carlos, de quien recibió el título de marqués de Poza. Su madre, doña Elvira, fundó en Palencia la capilla mayor del convento de dominicos, que es un insigne monumento de arte.

 

El castillo actual es del siglo XIV y su planta estrecha y alargada está perfectamente adaptada a la cresta rocosa sobre la que se asienta. Desde lo alto del castillo se divisa una magnífica vista de toda la Bureba. Es una de las fortalezas más espectaculares de la provincia de Burgos.

 

Situación: Sobre un espigón rocoso en las afueras de Poza de la Sal.

Cronología: Los primeros restos del siglo IX pero el actual es del siglo XIV.

Señores feudales: Familia de los Rojas.


Recomiendo visitar la página Web de Poza de la Sal, donde se puede contemplar la fotografía del castillo así como conocer algo más de esta villa. -Mediante “BUSQUEDA” : Poza de la Sal.

 

En el diccionario Madoz se dice entre otras cosas de Poza de la Sal: “Esta villa es muy antigua, Hay quien dice haberse llamado Sejisama Iulia, pero equivocadamente; más probable es la correspondencia de la antigua Sejisa Múnculum, que opinó Sota, pero también es muy dudosa. Fue poblada en el reinado de D. Alonso VII año 1135, y se han descubierto muchas antiguallas   de su primera existencia. Su señorío fue concedido a D. Juan Rodríguez de Rojas, rico hombre y adelantado mayor de Castilla Permaneciendo en la descendencia de la misma casa, fue hecha cabeza de marquesado a favor de su señor D. Juan de Rojas”.

 

VILLA DE –ROJAS-

Castillo. En las afueras del pueblo y destacando sobre los llanos horizontes de La Bureba se alza, sobre un cerro de formas cónicas, el castillo de Rojas. Sus escasas ruinas hablan de una impresionante fortaleza con varias torres, capilla y muralla protectora. El siglo XIV es su fecha probable de construcción. Para llegar hasta el castillo hay que salir del pueblo por un camino de herradura que atraviesa una zona de huertas. Se deben calcular tres cuartos de hora entre la ida y la vuelta.

Situación: A un kilómetro y medio del pueblo de Rojas.

Cronología: Siglo XIV

Señores feudales: Rojas y Velasco.

 

            En el diccionario Madoz  se hace constar 3 denominaciones ROJAS:

           

1ª. ROJAS: Antigua cuadrilla de la merindad de Bureba en la provincia de Burgos, partido judicial de Briviesca, compuesta de los pueblos de Abajas, Arconada, Barcena, Carcedo, Castil de Lences, Lences, Lermilla, Movilla, Piernegas, Quinta Ruiz, Quintana Urría, Quintanilla Cabe-Rojas, Rojas, Rublacedo de Abajo, Rublacedo de Arriba, Rucandio, San Clemente, San Pedro de Cañucas, Solas y Valdearnedo.

           

2ª. ROJAS: Lugar en la provincia de Lugo.

           

3ª. ROJAS: Villa en la provincia de Burgos.

 

Nos quedaremos con la 1ª y 3ª de las acepciones; es decir, como villa llamada ROJAS y como territorio llamado ROJAS compuesto de varias poblaciones entre las que se encuentra la villa de su mismo nombre,  en la provincia de Burgos. No parece probable que el lugar de Lugo tenga alguna relación, no obstante queda anotado para su investigación.

           

VILLA DE -QUINTANILLA CABE ROJAS-

 

La palabra “Cabe” significa “junto a” o “cerca de”, por lo que podría traducirse como: Quintanilla junto a Rojas.

 

Posiblemente caserío o casa de labor cercano a Rojas.

 

OTROS RASTROS DE LOS ROJAS, EN OTROS ALFOCES DISTINTOS AL DE POZA DE LA SAL.

En la parte occidental de la provincia de Burgos están los Castillos de Los Páramos y el Pisuerga, entre ellos encontramos la FORTALEZA DE AMAYA, que se describe:

 

AMAYA.- Perteneciente al alfoz de Amaya. Este lugar ha tomado el nombre de la Amaya prerromana, romana, visigoda y medieval sita en lo alto de la peña, dejando su antiguo nombre de Santibáñez de Amaya citado en 1352 en el Becerro de las Behetrías; su nombre equivale a San Juan de Amaya.-

 

La gran mole caliza conocida como El Castillo es una verdadera acrópolis natural que resistió numerosos sitios y conquistas a lo largo de la Historia. Cántabros, romanos, suevos, visigodos, musulmanes y cristianos se disputaron Amaya hasta que el conde Rodrigo la repobló definitivamente en año 860. Todavía se pueden contemplar algunos restos de las murallas que protegían el castro de la Edad del Hierro. Del castillo medieval no queda ningún rastro.

 

Situación: Los restos de las sucesivas fortalezas de la ciudad de Amaya se localizan en lo más alto de la lora de Peña Amaya.

Cronología: Desde tiempos prehistóricos hasta el siglo X.

Señores feudales: Lope Díaz de Rojas.

 

Sin alejarse muchos kilómetros de la ciudad de Burgos y casi sin perder de vista el valle del río Arlanzón se localiza uno de los conjuntos de torres y castillos más densos y relevantes de toda la provincia burgalesa, entre ellos está el CASTILLO DE MAZUELO DE MUÑÓ y FORTALEZA DE CABIA que se describen:

           

MAZUELO DE MUÑÓ.- Perteneciente al alfoz de Muñó. 21-III-1078: in villa que nuncupat Mazuelo que est sita in alfoz de Munno; 19-VII-1074: et in Mezelo, diminutivo de mazo, derivado probablemente de manso, con el significado de casa.-

 

El castillo de Mazuelo es una de las fortalezas mejor conservadas de toda la provincia. Presenta una torre del homenaje de planta cuadrada que aparece rodeada por una cerca en la que destaca una barbacana con dos cubos. La torre es de planta cuadrada y aparece rematada por una triple hilera de ménsulas sobre las que descansa un matacán almenado. Construida a finales del siglo XIV o comienzos del XV perteneció, entre otras familias, a los Carrillo, Rojas y Cerezo. En la cercana aldea de Quintanilla-Somuñó estaba enclavado el castillo principal de Candemuñó del que en la actualidad no quedan restos.

 

Situación: Sobre una loma muy cerca de Mazuelo de Muñó.

Cronología: Finales del XIV o principios del siglo XV.

Señores Feudales: Marqueses de la Rosa, Carrillo, Rojas y Cerezo.

 

 

MUÑÓ.- Despoblado en el término de Villavieja de Muñó, 800 m. Al SO., en lo alto de un cerro redondo donde se alzaba el castillo de Muñó y en cuya ladera pueden verse los muros de la iglesia semiderruida . Mapa 1/50.000, hoja 237: latitud 42° 15’ 20’’, longitud 0° 13’ 10’’. Citado en el año 932: Cavia, que est sita in alfoz de Munno; su nombre se deriva del conde Munio Núñez, repoblador de la fortaleza.-

CABIA.- Perteneciente al alfoz de Muñó.- 1-III-899: in locum quem vocitant Kavia, 932: in villa que nuncupant Cavia que est sita in alfoz de Munno del latín cavea, significado cueva o cavidad.

La fortaleza o casa fuerte de Cabia, pueblo situado en la estratégica confluencia de los ríos Ausines y Arlanzón, fue levantada en el siglo XV y perteneció a los Rojas y a los condes de Altamira. Consta de una torre de planta irregular y de una cerca poligonal reforzada con cubos que no presenta almenas. En su interior se localiza un patio central con pilastras. En la actualidad se utiliza como vivienda campesina.

Situación: En el centro urbano de Cabia.

Cronología: Siglo XV.

Señores Feudales: Condes de Altamira y familia Rojas.

 

BUNIEL. 14-XI-1058: Bonille in alfoce de Vurgos, diminutivo de bonus, es utilizado como nombre personal atestiguado como Bonellus y Bonell en la documentación alto medieval.

OTRAS CITAS RELACIONADAS CON EL APELLIDO DE ROJAS

Diego Gómez de Rojas y Sandoval

Una de las características de la estructura agraria de Castilla la Vieja y León era la contingentación de los ganados para limitar así los gastos de estos en las viñas y campos. Los grandes monasterios de la zona venían ya desde antiguo, remontándose su trayectoria a los mismos años de su fundación en sectores de abundantes pastos.

 

S. Juan de Ortega en el cuatrocientos fue uno de los conventos de monjes jerónimos que siguieron la tradición de la orden, basando parte de su prosperidad en la ganadería y para lo cual obtuvieron privilegios reales de exención de impuestos y concesión de libre tránsito y pasto. S. Juan de Ortega poseía muchos: uno de Alfonso XI de 1338, confirmado por Juan II en 1451, por el que tenía libertad de hierbas, montes y aguas en la merindad de Montes de Oca; otro del mismo por el que ponía bajo su amparo a todos los rebaños monásticos; a su vez los Reyes Católicos le concedieron en 1483 que 2.000 ovejas y cabras y 150 vacas estuvieran exentas de servicio, montazgo u otro derecho en todo el reino; e incluso D. Diego Gómez de Rojas y Sandoval, marqués de Denia y conde de Lerma, en 1497 le otorgó derechos de paso por sus señoríos.

 

Ruy Dias de Rojas

La única feria y mercado que se ha podido localizar en la comarca fueron los de Santibáñez-Zarzaguda. En 1372 el monarca Enrique II a petición de Ruy Dias de Rojas, merino mayor de Guipúzcoa, concedió a la citada localidad el privilegio de un mercado franco todos los martes de la semana y dos ferias anuales por Santa Marina y S. Andrés de ocho días de duración cada una, libres de todo impuesto y derecho.

 

La Dama de Saldañuela

Dª Isabel Osorio es llamada La Dama de Saldañuela. Nieta del matrimonio Diego de Osorio e Isabel de Rojas, hija de Sancho de Rojas.

           

Sería  una de las que más propiedades acaparó en el alfoz burgalés en el quinientos.

 

FUENTES CONSULTADAS:

 

PUEBLOS Y ALFOCES BURGALESES DE LA REPOBLACION, de Gonzalo Martínez Díez

JUNTA DE CASTILLA Y LEON – Consejería de Educación y Cultura. Editorial SEVER-CUESTA 1987. Ref. Biblioteca Pública de Valladolid  314 MAR pue, código 10000105444.

 

POZA DE LA SAL  (CUERPO Y ALMA DE UNA VILLA MILENARIA), de Fray Valentín de la Cruz, Cronista oficial de la provincia de Burgos. Académico C. De Bellas Artes. Editorial La Olmedo 1992.   Ref. Biblioteca Pública de Valladolid  914.6 CAS, código 10000191600.

 

RUTAS Y PASEOS POR LOS CASTILLOS DE BURGOS de Enrique del Rivero. Editorial Sua Edizioak 1993. Ref. Biblioteca Pública de Valladolid 72 RIV rut, código 10000163056.

 

SEÑORES, MERCADERES Y CAMPESINOS.

LA COMARCA DE BURGOS A FINES DE LA EDAD MEDIA. De Hilario Casado Alonso.

JUNTA DE CASTILLA Y LEON – Consejería de Educación y Cultura. 1987

Ref. Biblioteca Pública de Valladolid  308 CAS señ, código 10000285071.

 

DICCIONARIO GEOGRAFICO-ESTADISTICO-HISTORICO DE ESPAÑA – MADOZ

Edición 1849

 

BIBLIOGRAFÍA DONDE PODER ENCONTRAR MAS INFORMACIÓN.

ARCHIVOS

                La Historia de Poza descansa en sus archivos Municipal y Parroquial, ambos bien cuidados, abundantes y bien servidos. Del Archivo Municipal existe editada una muy buena Guía.

                En Burgos han de visitarse el Archivo Histórico Provincial (Protocolos Notariales) y el Diocesano.

                En Madrid, el Archivo Histórico Nacional (Varias Secciones), el del Ministerio de Hacienda (Rentas Estancadas) y la Biblioteca Nacional (Ms. 7296).

 

BIBLIOGRAFÍA

§          ABASOLO, J. ANTONIO, Castros burgaleses, “Boletín de la Institución Fernán González”, t. XXI, p. 533 y ss., 1976, Burgos.

§          BALLESTEROS CABALLERO, FLORIANO, Inventario Municipal de Poza de la Sal, 1986, Burgos.

§          BRUMONT, FRANCIS, La Bureba a l’epoque de Philippe II, 1974, Toulouse.

§          MARTÍNEZ ARCHAGA, FELICIANO, Poza de la Sal y los pozanos en la Historia de España, 1984, Burgos.

§          OÑATE GÓMEZ, FRANCISCO, Blasones y Linajes de la Provincia de Burgos, I: Partido Judicial de Briviesca, 1991, Burgos.

§          ROBREDO, ESTEBAN, El Castillo de Poza de la Sal, “Boletín de la Institución Fernán González”, t. XV, p. 445 y ss. Burgos.

§          SAGREDO GARCÍA, JOSÉ, Guía de Briviesca y La Bureba, 1990, Ayuntamiento de Briviesca. Ocaso demográfico de Castilla-León (El éxodo burebano), 1980, Burgos.

§          VICARIO SANTAMARÍA, MATÍAS,  Guía de los Archivos Parroquiales de la Diócesis de Burgos, 1988, Burgos.

§          J. PEREZ CARMONA, La historia y la geografía burgalesa reflejadas en su toponimia. BRAH (1962)

 

 

 

Material tomado de http://www.andalucia.cc/habis/rojas.htm preparado por José Manuel Molina Carrillo. 12 Septiembre 2002.

APELLIDO ROJAS O PÉREZ DE ROJAS 
de la villa de Carcabuey y Priego de Córdoba

Un apellido muy arraigado en la villa alcobitense es el de Rojas o Pérez de Rojas. Lo encontramos desde principios del siglo XVI en la documentación dispersa que se conserva de la villa.

Para la elaboración de este estudio me he basado principalmente en tres fuentes principales, la primera de ellas es la de la parroquia de la Asunción de Carcabuey, sus diferentes actas antiguas, que nos ponen en conocimiento o desvelan fechas de nacimientos, muertes, testamentos, cargos... etc.; la segunda nos la ofrece la Real Chancillería de Granada, en concreto la sala de los" hijosdalgos ", y por ultimo lugar el archivo de protocolos de Carcabuey, que se conserva en el ayuntamiento de la cercana villa de Priego.

El apellido Rojas siempre fue notorio en estas tierras del sur de Córdoba, aunque si bien no se sabia con seguridad el origen de su procedencia, sospechaba que bien pudiera tratarse de un apellido de algún colono que antes de la conquista de Granada pudiera haberse trasladado a estas tierras desde otras más septentrionales. Actualmente con estas nuevas indagaciones conocemos a ciencia cierta que así fue, e incluso podemos presentar los municipios desde donde vinieron los primeros" Rojas " que se asentaron en Carcabuey.

La ascendencia por línea recta de varón del apellido Rojas, encuentra su más lejano ascendiente en un tal Juan Sánchez, al parecer este era hijo de Fernan Pérez, aunque no sabemos si esto era cierto al cien por cien. Juan Pérez fue vecino de la villa de Quintanilla. Existen en nuestro solar peninsular varios núcleos que e identifican como Quintanilla, :

Quintanilla de Arriba, Quintanilla de Trigueros, Quintanilla de Onésimos, Quintanilla del Molar, todas en la provincia de Valladolid, Quintanilla de la Mata, Quintanilla del Coco, Quintanilla de San Garcia, Quintanilla Vivar, las Quintanillas, y Quintanilla Tordueles, todas estas en la Provincia de Burgos, Quintanilla de Onsoña en la provincia de Palencia, Quintanilla de Urz, Quintanilla del Olmo y Quintanilla del Monte en la provincia de Zamora.

Juan Sánchez estaba casado y velado en la villa de Quintanilla con una mujer que se llamaba Mari, estaba en posesión de hidalguía por ser caballero armado y mayordomo. Esta reputación era bien conocida en Quintanilla de donde era vecino, desconocemos si nació allí o no, probablemente si. Tuvo varios hijos, de los que conocemos tan solo a tres de ellos, el mayor y continuador del apellido fue Hernán Pérez de Rojas, los otros dos fueron

Pedro Sánchez y Diego Ortiz. Hernán Pérez de Rojas también fue vecino de Quintanilla , de donde era natural, moraba y vivía con su mujer Juana Fernández, pero desde aquí marchó a Ruy Lazedo en donde poseía al parecer una capilla y patronazgo de un mayorazgo de un antepasado. Estaba reputado como hijodalgo notorio de sangre, es posible que fuera el primero que marchara desde estas tierras a la Andalucía ", donde posteriormente se establecieron, aunque esto no lo sabemos con certeza, pues en las fuentes solamente se hace una somera y confusa mención al respecto. Lo que si sabemos es que desde Quintanilla marcho a Ruy Lazedo donde según un testigo había heredado un mayorazgo por ser el mayor de sus hermanos, estos eran Alonso Ortiz, Pedro Ortiz, Andrés Sánchez y Juan Sánchez. Era mancebo y tuvo varios hijos de los que solo conocemos a cuatro, Clemente Pérez de Rojas, Fernan Pérez y Andres Sánchez y Juan Sanchez denominado de Quintanilla.

Clemente Pérez de Rojas es el primero de la familia que se trasladó a Andalucía, y estos datos se corroboran en todas las fuentes, aunque en alguna ocasión se habla de su padre como aquel que dio el primer paso, apareciendo en la declaración de algunos testigos como habitante de las villas de Baena, Priego y Carcabuey. Clemente había sido vecino de la villa de Quintanilla, donde probablemente nació pero posteriormente se habían empadronados en la villa de Ruy Lazedo el y sus hermanos y desde aquí pasó a Bibiescas para después marchar a Andalucía, concretamente a la villa de Baena, Priego y posteriormente a Carcabuey.

Clemente había sido tenido por hijosdalgo en toda la comarca de Quintanilla, en Lazedo y en todas las villas en las que había habitado. Se había casado en Quintanilla, aunque sabemos que en la villa de Baena tuvo a dos hijos, su primera mujer se llamaba Francisca Muñoz, pero Clemente contrajo segundas nupcias también en Baena. Las fuentes nos hablan de la herencia de un mayorazgo en el lugar de Ruy Lazedo que era de sus antepasados, pero previamente a esto, cuando habitaba en la villa de Quintanilla marchó a vivir con el Alcaide de la fortaleza de Bibiescas (posiblemente Biescas, en la provincia de Huesca), llamado Ortega de Bañuelos, a su servicio pues al parecer era su tío. Desde aquí visitaba a menudo a Ruy Lazedo en donde vivían sus familiares, concretamente sus padres, hermanos y primos, ya que por estar el lugar a mas de una legua, lo hacia frecuentemente.

Clemente tuvo seis hijos, Alonso Ortiz de Rojas, Juan Ortiz de Rojas, Clemente Pérez de Rojas, Pedro de Rojas, Mª Victoria de Rojas y Ana de Rojas, moraban en la villa de Carcabuey en el año de 1549, sin embargo no habían nacido allí pues cuando llegaron eran todos mozos según las declaraciones de un testigo, aunque si se criaron allí. Debieron emigrar a estas tierras otros Rojas pues nos consta la existencia en Carcabuey de un primo segundo de ellos que se llamaba Francisco Ortiz. 

La familia Rojas estuvo viviendo en la villa de Baena, desde donde marcharon definitivamente a Carcabuey.En ambas villas habían sido tratados como hidalgos.es posible que en un principio, cuando llegaron a la Andalucía tambien habitaron en la villa de Cabra donde sirvio como criado del señor de Cabra, aunque esto no esta del todo claro. También habitaron en la villa de Priego. Un familiar se había ido a esta ultima villa y había dejado a Clemente en Baena, desconozco el nombre del sujeto que lo hizo. En el año de 1549, en un expediente de hidalguía realizado en la Chancillería de Granada, para la probanza de que estos individuos apellidados Rojas venían o poseían nobleza de sangre, y con el objetivo común de no contribuir en los pechos o impuestos, en las martiniegas, alcabalas, monedas foreras... etc., además de poder participar en los cargos públicos de la villa, Alonso Ortiz de Rojas, que era hijo de Clemente Pérez de Rojas, y los hijos de Alonso litigan con la finalidad de conseguir el nombramiento o reconocimiento como hijosdalgos notorios de sangre, lo que al parecer habían disfrutado desde antaño, cuando sus abuelos y bisabuelos aquí nombrados ya lo disponían. Era un hecho común que cuando se producía un movimiento migratorio de este tipo, cuando se llegaba a la villa de destino, el nuevo colono no estuviera presente en el empadronamiento de hidalgos, por consiguiente si en el de pecheros, en consecuencia tenían que realizar el pago de impuestos, por ello los miembros del linaje se afanaban en demostrar su estado noble lo antes posible.

El proceso arranca desde 1549, para finalizar según la "probanza " en el año 1575 que es cuando se fecha el expediente de la Chancillería granadina, concretamente el 31 de marzo. En él, se hace referencia continua a que ellos y sus antepasados habían estado en posesión y reputación de notorios hijosdalgos, y que no habían pagado ni contribuido en algunos pechos de pecheros de los que eran libres los hijosdalgos de la dichas villas y de su señor el rey, y que estos eran la merindad, la martiniega, la moneda forera y las hermandades.

Tras dirigirse a la Chancillería de Valladolid, en el expediente aparecen las declaraciones de los testigos, en todos excepto en uno se les reconoce la hidalguía, aunque en una declaración se afirmaba que no tuvieron caballos ni armadura y que no pechaban porque no tenían para hacerlo por ser pobres, que no pertenecían ni a las milicias ni al fuero de León, por el contrario la mayoría de las declaraciones de los testigos afirmaban lo contrario. Lo que si sabemos es que tenían tierras, casas y viñas en Quintanilla de Bon.

Del expediente se saca de conclusión que en un primer momento habían pechado y que mas tarde habían dejado de hacerlo, por razón de ser caballeros armados y mayordomos. Los litigantes buscaron muchas pruebas, principalmente testigos que manifestaran la veracidad de sus postulados, al mismo tiempo poseían una carta pergamino, en seda y con sello plomado en donde se estimaba que no pagaban sisa y que la había pedido ante el juez de Priego, esta carta los nombraba como hijosdalgos. 

Como anteriormente expuse Clemente Pérez de Rojas tuvo seis hijos, cuatro varones y dos hembras, estas dos ultimas eran MªVictoria y Ana.

MªVictoria de Rojas caso con Diego Fernández Bernardino el 16 de febrero de 1575 y murió el 12 de diciembre de 1620, habiendo testado el 6 de junio de 1619.

La segunda hija, Ana de Rojas se caso con Miguel Sánchez Malagon que era vecino de la villa de Priego y que ostentaba el cargo de regidor en Carcabuey. Tuvieron dos hijos, DªFrancisca de Rojas que caso con Bartolomé Caracuel, de cuyo matrimonio poseemos una amplia genealogía y Clemente Pérez de Rojas quien caso en primeras nupcias con María Muñoz el 14 de abril de 1603, en segundas con Catalina Rodríguez en 1624, era viuda de Alonso de Luque en y en terceras con María de la Paz, también viuda de Martín López del Aguila, hijo de Cristóbal de Luque y Mª de la Paz, caso esta ultima vez el 8 de junio de 1631.

Clemente Pérez de Rojas de su primer matrimonio con María Muñoz tuvo tres hijos, Ana de Rojas, Juana de Rojas y Clemente. Ana caso el 11 de abril de 1627 con Bartolomé Sánchez que era hijo de Nicolás Pérez, tuvieron un hijo al que llamaron Juan Rojas que se caso con Mº de la Cruz el 31 de enero de 1656, esta era hija de Bartolomé Sánchez de Recuerda y María de la Cruz.

Juana de Rojas caso con Antón Ruiz Pineda, este era hijo de Sebastián Vaquero y Leonor Rodríguez, lo hicieron el 12 de noviembre de 1618 y tuvieron dos hijos, Sebastián Pineda y Rojas que caso en primeras nupcias con Doña María de los Reyes que era hija de Bernardo Rodríguez y de Andrea López.En segundas nupcias lo hizo en 1653, el 27 de enero con Catalina Donquiles, esta era hija de Antón Molina y de Joana del Aguila, compartiendo este matrimonio un 4º grado de consanguinidad y finalmente y por tercera vez caso con una tal Mari.

El segundo hijo de Juana Rojas fue Antonio Ruiz de Pineda que caso en 1653 con DªAna de Osuna que era hija de Andrés Osuna y Francisca Carrillo. Antonio tuvo un hijo al que llamo Andres Pineda y que caso el 6 de mayo de 1679 con Lucia Reyes, que era hija de Juan Ariza y Lucia Reyes. En su segundo matrimonio caso con DªManuela de Morales Valenzuela hija de Juan de Morales y de Doña Margarita Valenzuela.

Juana de Rojas casó en segundas nupcias con Diego de Cea Pimentel que era hijo de Miguel Ruiz Cea y Juana González Camarasaltas vecinos de la villa de Priego.

Clemente Pérez de Rojas no tuvo hijos de su segundo matrimonio con Catalina Rodríguez que murió el 9 de septiembre de 1630, pero si de su tercero con María de la Paz, fue una niña a la que llamaron María Rojas y que el 8 de abril de 1649 caso con Lorenzo Molina que era hijo de Lorenzo Molina y María del Aguila, de este linaje poseo una amplia genealogía.

Mas datos sobre el apellido Rojas: En 1752 aparece un tal Antonio de Rojas como oficial herrero, Martín Serrano de Rojas como Alcalde Ordinario en 1753, Joseph de Rojas como maestro herrero en el mismo año. Pedro Andrés Serrano de Rojas como regidor, alcalde y alférez y Pedro Gregorio Martín Serrano de Rojas como regidor y juez de campo también en el siglo XVIII.

En el catastro de Ensenada además se recogen otros individuos portadores del apellido Rojas como son, Don Bartolomé Serrano de Rojas, que era labrador por mano ajena, y uno de los mas adinerados del pueblo, con un sirviente y un criado. Doña Ana María, viuda y con una sirviente, Doña Beatriz Muriel y Rojas también viuda, Doña Rosa de Rojas soltera, Don Andrés Alcalá y Rojas, presbítero, Doña Antonia María de Rojas, esposa de Don Juan Antonio de Ayerbe, regidor en 1752.

Más sujetos con mencionado apellido fueron Doña Francisca de Rojas, en 1600, Doña Beatriz en 1626, Doña Juana en 1633, Doña María en 1646 y Doña María Serrano de Rojas en 1670.

Antecedentes históricos de los Rojas.

 

 

 

Escudo de Rojas 

 

 

 

 

 

SITUACION

 

 

 

Palacio de Rojas, Santianes

 

 

 

DESCRIPCION

 

 

Rojas: en campo de azur, cinco estrellas de oro, puestas en sotuer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografia

 

Tineo. Palacios, Casona, heráldica y Cotos Señoriales del Concejo

 

Autor: Senén González Ramírez

 

Tineo 1993

 

 

 

 

GÉNESIS Y DESARROLLO HISTÓRICO DE LA BUREBA

Luis Ángel Rodríguez Sánchez

 

    Posiblemente el nombre de Bureba procede del dios Autrigón Vurobio, como así nos lo constatan cuatro aras votivas del siglo III o principios del siglo IV dedicadas a esta divinidad que fueron descubiertas entre 1973 y 1975, en el término de Barcina de los Montes. Lo que no se sabe es la relación existente entre la divinidad prerromana y la aplicación del topónimo a la comarca. Hasta mediados del siglo XIII con la llegada de la lengua romance no aparece en la documentación el término Bureba. Anteriormente las referencias a este territorio han sido diversas: Villa de Orobi (863), Boruevan (867), Borovia (975), Borova (1054), Boroviam (1106), Borovie (1156), Buruva (1169), Voroviam (1198), Burueva (1230), Borueva (1237), y menos frecuente es el término Borovie.

 

    La primera referencia documental sobre la ocupación del espacio físico de la Bureba se encuentra en el acta fundacional de la iglesia de San Juan de Orbañanos del uno de marzo del año 867, en el valle de Tobalina, donde se cita por primera vez el nombre de esta región. Este monasterio demás de ser un centro espiritual y de cultura, lo era de trabajo agrícola y ganadero, porque tenían que procurar el alimento. El abad Guisando fundador junto con otros nueve monjes, posiblemente mozárabes y huidos de la Rioja, además de legar unos libros, otorgaron "...terras que manibus meis rumpi et fódi in Castella, et etiam in Ovarenes et in Boruevam...". Con toda probabilidad la ocupación de este territorio fuera anterior a esta echa tal y como lo hace suponer la donación del  Conde Diego donde se enumeran lugares próximos a Briviesca ‑Platano (Prádanos)‑ En el documento fundacional, que es apócrifo, no se recogen los límites pero se establecen diferencias respecto al carácter montañoso y accidentado de los Obarenes. Serán los factores geográficos reseñados anteriormente ‑ planitud y fertilidad de sus suelos‑ e históricos ‑nacimiento de circunscripciones de orden político y judicial‑ los que definan el espacio de esta región.

 

    Según Martínez Diez, hasta el año 952 no existiría ninguna referencia documental incontestada de la Bureba. En esta fecha aparece citada en un documento como un pueblo más Junto a Vallarta, Ribarredonda y Pancorbo. Según este medievalista la expansión de la Bureba nace con relación a la Tenencia, o al Condado, entidad política ligada al patrimonio señorial de los Salvadores que tiene carácter subsidiario respecto al de Castilla la Vieja. Esta demarcación se hace evidente en la segunda mitad del siglo XI y prospera en el XII. Con anterioridad y durante la primera mitad, concretamente en el año 1016 eran bien conocidas las aspiraciones de Sancho el Mayor de Navarra por dominar la Bureba. No obstante, ya en 1024, Sancho se apellida entre otros además de rey de Pamplona y Álava, también de Castilla. Hasta los obispos de Valpuesta y Auca, entre cuyos obispados se reparte el alfoz de Bureba iban acompañando al rey navarro. Entre 1058 y 1062 los navarros asediados por los castellanos ceden terreno, pasando a depender el alfoz de la Bureba directamente a los descendientes de la familia Condal castellana los Salvadores, ya condes de Bureba. Su dominio en estas tierras no se interrumpió hasta finales del siglo XII, en que desaparece el último vástago de esta familia burebana. Sin embargo, Pancorbo siguió figurando como propiedad Navarra hasta 1070, siendo la última plaza en caer. Fue definitivamente, Alfonso VI el que recobró toda la Bureba hacia 1076 pasando a depender de nuevo a Castilla.

 

    El alfoz de Briviesca o Río Vesga se encuentra documentado desde el 22‑VI‑1065 en un diploma de Cardeña "... deinde donamus nostra divisa in Quintanilla in alfoze de Vervesca". El Quintanilla de este documento lo más probable que corresponda el actual Quintanillabón. La segunda mención del alfoz es un poco posterior y está datada en el año 1075"... concedoque quandam villam in alfoze de Berbesca nomine Platano". Dos años más tarde, el 17‑XII‑1077 se reitera la misma mención 1n alfoce de Verbíesca villa Platano... cum monasterio S. Martini ad integritatem et cum su decania, S. Stefani de Otero MartinC. Plátano es el actual Prádanos y con Quintanillabón eran dos aldeas del alfoz de Briviesca junto con las tres localidades que son objeto de estudio ‑Aguilar de Bureba, Revillalcón y Valdazo. El resto de los lugares de esta comarca que atesoran testimonios románicos formaron parte de los alfoces de Poza, Pancorbo y Monasterio que se integrarían más tarde en la merindad de la Bureba. Al alfoz de Poza, que es citado en la documentación de Oña el 14‑V‑1,011 "Solas in alfos de Posa‑‑‑ct exinde ad defessam de Arconada que est mea de alfoz de Posa", pertenecían los pueblos de Abajas, Bárcena de Bureba, Los Barrios de Bureba, Carcedo de Bureba, Castíl de Lences, Hermosilla, Lences, Navas de Bureba, Oña, Piérnigas, Pino de Bureba, Quintanarruz, Río‑Quintanilla, Rojas, Salinillas de Bureba ' Arconada, Terminón y Valdearnedo. Soto de Bureba, sin embargo, es el único de los pueblos que atesora románico perteneciente al alfoz de Pancorbo. Este alfoz se halla documentado expresamente en los diplomas emilianenses; así el 15‑16 de febrero de 1114 con referencia a Valluércanes nos señala "et est ipsa villa in alfoce de Pontecurbo". El alfoz de Monasterio está citado solamente una vez de forma expresa en la diplomática castellana y data del 1001‑1033 "concedo Bouadiella cum sua ecclesia que iacet in alfoi;e de opido quod uocatur Monasterio, prope uilla que dícitur Quintana de Donbidas". Pertenecían a este alfoz los pueblos de Ahedo de Bureba, Galbarros y Monasterio. Carrías fue la única aldea de este estudio que se integró en el alfoz de Oca, está presente tempranamente en la documentación (1‑01‑964).

 

    El alfoz fue un sistema de organización comarcal y territorial que controlaba y aplicaba el pode de los delegados reales, concretado en la administración y en el ejercicio de la jurísdicción civil y militar. El vocablo documentado al menos desde el primer tercio del siglo X procede del árabe ‑a hauz‑ con el significado de comarca, cantón o di trito, importado por los mozárabes que se trasladaron a tierras cristianas (leonesas y castellanas) y desde la segunda mitad del siglo IX. Otros dos vocablos romances de origen latino ‑suburbio y territorio‑ fueron utilizados al mismo tiempo para designar idéntica realidad.

 

    Pero sin duda el Arcedianato fue la institución más notable del medioevo en la zona de la Bureba con sede en Briviesca y de amplia extensión geográfica. El origen de esta forma de jurisdicción eclesiástica se remonta a los Concilios Visigóticos. En las diócesis hispanas, y concretamente en la de Burgo entre los años de 1070 y 1080, hallamos varios arcedianatos y abadías seculares, entre ellos el de Briviesca. La presencia, por primera vez, del arcediano de Briviesca en actos documentados del obispado de Burgos, se da el 5 de abril de 1139. Finalizado el siglo XII, y estando la villa de Briviesca bajo la tenencia de la Casa de Haro, continúan los arcedianos de Briviesca testificando bastantes documentos, que nos esclarecen la casi absoluta dedicación de estos personajes a asuntos de curia ‑vicarios del obispo, jueces eclesiásticos ordinarios, presentadores de clérigos, proveedores de las prebendas dentro de los términos de su iglesia, etc‑ más que a los pastorales del territorio del que son titulares. A principios del siglo XIII el arcedianato de Briviesca abarca los siguientes lugares, según se desprende de la estimación de préstamos hecha en tiempos de Don Aparicio, obispo (1247‑57) y bajo el arcedianazgo de Donjuán Domínguez. El arcedianato comprendía, entre otros muchos territorios e iglesias los de: Rojas, Valdazo, Ahedo, Galbarros, Salínillas, Monasterio de Rodilla, Soto, etc. Los arcedianazgos se sucedieron a lo largo del tiempo demostrando la importancia económica que tuvo esta institución y se ratificó durante el reinado de los Reyes Católicos como evidencia el interés que tenían los monarcas para que la provisión del arcedianato briviescano quedara en manos

de la corona.

 

    Superpuesta al Condado o Tenencia, en un principio todo alfoz se hallaba bajo la jurisdicción del tenente del castillo, y al Arcedianato se irá definiendo desde el siglo XII la Merindad, documentada ya en 1061. Los alfoces de Briviesca, Pancorbo, Poza y Monasterio se integraron más tarde en la merindad de la Bureba. Desde principios del siglo XIII hasta 1285 serán diferentes personas ‑Don Diego, su hijo Don Lope, Álvaro Núñez, Don López Díaz‑‑‑..y familias ‑Casa de Lara y Casa de los Haro‑ los que ostenten la tenencia de la Bureba. En la documentación posterior a 1285 apenas cita tenentes o dominantes de las distintas zonas del reino. El origen de esta nueva entidad administrativa, la merindad, no está claro, pero desde mediados y sobretodo finales del siglo XII aparecen alusiones a los merinos en diversos documentos poniendo de manifiesto su existencia. En 1178 consta por primera vez la existencia de un merino territorial que actúa por delegación del merino mayor de Castilla, para toda la Bureba, entonces y durante varios siglos unida administrativamente a La Rioja. La superposición de ambas entidades administrativas ‑Condado y Merindad‑ en el tiempo se reflejan en la documentación. Así en 1179, en un documento por el que Pedro Martínez Otorga al abad de Oña una hacienda de Quintanaopio aparece como confirmante Pedro Rodríguez, que figura como tenente de la Bureba. La tenencia de don Pedro debió ser muy corta puesto que en 1180 en una carta de cambio entre el abad Juan IV y Pedro García, hallamos como tenente de Boroviam a Don Diego Jiménez, hijo de Don Jimeno, merino de Alfonso VII. Don Diego en 1199 seguía como tenente de la Bureba. Pero a partir del siglo XIII el merino se convierte en el verdadero detentador del poder, en detrimento del "tenente". A mediados del siglo XIV la merindad de la Bureba tenía una superficie de 1059 kilómetros cuadrados y contaba con 104 pueblos, según consta en el Libro Becerro de las Behetrías de Pedro I. En los últimos años del siglo XV fue posible conocer la delimitación y composición de la merindad, al estar detallada en el largo pleito que mantuvieron las villas de Briviesca y Pancorbo por la capitalidad. La única novedad la va a introducir el censo de 1528, donde en vez de presentarse el centenar de lugares de la Merindad de forma seguida, éstos aparecen distribuidos por primera vez en siete "cuadrillas": Santa María Ribarredonda, La Vid y Berzosa, Caderechas, Rojas, Prádanos, Cameno, y Quintanilla San García. Esta misma distribución se mantuvo en el censo de 1591, en el que la Merindad poseía una población superior a los 20.000 habitantes, como doscientos años después, en el Nomenclátor de Floridablanca (1785).

 

    La situación geográfica de la merindad no sólo abarcaba los pueblos y villas al pie de los Montes Obarenes sino también lugares y términos de la cuenca de Miranda de Ebro, como Ameyugo, otros casi en la Brújula, como Monasterio de Rodilla y Santa Olalla e incluso tierras al norte de los mismos Obarenes, en los valles de Oña y en el mismo río Ebro, como la villa de Frías.

 

    Al consolidarse y pervivir la Merindad durante varios siglos actuó como elemento formador, aunque no sin dificultades, de la región. Su influencia ha permanecido con el partido del siglo XVIII y ha enlazado con su directo descendiente el partido judicial del siglo XIX. Creado en 1834, unos meses después de que se estableciera la división de España en provincias, quedó constituido por 92 pueblos, de los que 80 habían formado parte de la Merindad. De los doce restantes, dos habían pertenecido a la Merindad de Montes de Oca y los otros diez, entre ellos Frías, a la de Castilla la Vieja. Con esta nueva división las Merindades desaparecieron para siempre. Briviesca detentó la cabeza del partido judicial.

 

    La Ley de Demarcación y Planta judicial de 1988 modificó la estructura del partido judicial de la primera mitad del siglo XIX, atribuyendo a Briviesca todos los términos municipales del antiguo partido de Belorado, incluida la cabeza de partido, pero perdiendo los núcleos situados al norte de los Obarenes pasando a formar parte de la administración judicial de Villarcayo. El partido de Briviesca ha quedado configurado por 67 municipios.

 

 

Referencias a lugares Rojas en las Enciclopedias de Sebastián Miñano (1821) y en la de Pascual Madoz (1848). Material enviado por Pepe Ruiz Ruiz.

 

Rojas Villa con ayuntamiento  en la provincia, diócesis, audiencia territorial y capitanía general de Burgos (6 leguas), partido judicial de Briviesca (2 leguas). Situado en un llano muy despejado, donde reinan todos los vientos, a un que los mas comúnmente el Norte y Este, siendo su clima templado y las enfermedades dominantes las pulmonías, reumas y afecciones de pecho. Tiene 60 casas, con la consistorial que sirve también de cárcel; escuela de primera enseñanza, frecuentada por 18 alumnos, dotado con 30 fanegas de grano; una iglesia parroquial matriz ( San Tirso ), servida por un cura párroco y un sacristán, la cual comprende el barrio denominado de Santibáñez distante ¼ de legua; un cementerio bien situado, una ermita bajo la advocación de San Juan, en el termino y á distancia de ¼  de legua de la población un convento de la orden de predicadores, con el titulo de Ntra. Sra. de los Cinco Altares. Los habitantes se surten para beber y demas usos de las aguas de un arroyo, las cuales son muy delicadas. El término linda al Norte, con Sola y Quintanilla Caberrojas; al Este, con Carcedo y Quinta Urria; al Sur, con Piernegas y al Oeste, con Buezo: comprende el expresado barrio y el despoblado de Carcedillo. Su terreno es de segunda e ínfima calidad; le atraviesan 2 arroyos poco caudalosos, que nace uno en la jurisdicción de Buezo y el otro en la de Rublacedo de Arriba, los cuales uniéndose á medio cuarto de legua de la villa; van a desaguar en el río Oca con el nombre de los Congostos, en el término de Hermosilla. Hay canteras de piedra para la construcción de edificios y un buen arbolado de álamos y chopos en las orillas de dichos arroyos. Los caminos se hallan en mediano estado y comunican con los pueblos limítrofes. El correo se recibe ce la cabecera del partido por encargo particular. Produce: trigo, cebada, centeno y algunas frutas; cría ganado lanar, vacuno, caballar y asnal; caza de perdices y pesca de truchas. Industria: la agrícola y 2 molinos harineros. Población: 56 vecinos, 200 almas. Capital Productivo: 952,700 reales. Impuestos: 89,621 reales. Contribución: 5, 267 reales. 30 maravedíes.

Esta villa fue en la antigüedad muy populosa. En llanos llamados de Marimena, el rey D. Enrique IV revistó una vez su ejército.

 

ROJAS Antigua cuadrilla de la merindad de Bureba en la provincia de Burgos, partido judicial de Briviesca, compuesta de los pueblos de Abajas, Arconada, Barcena, Carcedo, Castil de Lences, Lences, Lermilla, Movilla, Piernegas, Quinta Ruiz, Quintana Urria, Quintanilla, Cabe-Rojas, Rublacedo de Abajo, Rublacedo de Arriba, Rucandio, Ssn Clemente, San Pedro de Cañucas, Solas y Valdearnedo.

 

ROJAS Lugar en la provincia de Lugo, ayuntamiento de Villamea y feligresia de San Juan de Recesende. Población: 40 vecinos, 58 almas.

 

ROJAS Villa del reino de España, provincia y arzobispado de Burgos, partido de Bribiesca y merindad de Bureba, la cual compone de 87 pueblos; cuadrilla de Rojas. A. O., 107 vecinos, 429 habitantes, 1 parroquia, 1 convento pequeño de Dominicos, intitulado de Nuestra Señora de Cinco Altares, al pie de una cuesta donde esta el castillo. Esta villa fue muy poblada antiguamente, pues que en el día pilas de 4 parroquias, con mucho vestigio de edificios arruinados, de resultas de una gran peste que se padeció en tiempos antiguos. La bañan dos riachuelos. Que aunque no muy abundantes, son perennes y útiles, por bondad de sus aguas y facilidad de aprovecharlas para los riegos, por la altura que esta su nacimiento. EL de la parte Oeste viene desde Quintara Urria, y el del Este en el pueblo de Buezo, de los lagos de San Vicente y pie  de una breña escarpada, en cuya cima está el celebre Santuario de Santa Casilda. Estos riachuelos se reunen en la villa y se llaman el uno Remeguen  y el otro de Santa Casilda, y juntos toman el nombre de Berga corriendo con dirección al Norte por Quintanilla Cabe-Rojas, Mobilla y otros pueblos de la Bureba hasta desaguar en el  río Ebro, cerca de Traspaderne, á 5 leguas de esta villa. En cada uno de ellos hay sus molinos harineros que trabajan casi todo el año, pero en subiendo a las alturas de sus manantiales, ya se dividen las aguas, unas al Norte, y otras al Sur. Bajando del santuario de San Torcuato ó San Torcad, que está en frente del de Sta. Casilda, están los llanos de Marimena donde el rey don Enrique IV mando reunir a su ejercito y le pasó revista, viniendo desde Burgos, según se dice en la Crónica de este reinado. Produce el término de la villa, granos, ganados, mucha fruta tardía y algún vino. Dista 6 leguas al Norte de la capital, 2 leguas de Bribiesca y 2 de Poza. Contribución: 1,808 reales 31 maravedíes.

 

ROJAS.- Arrabal de España, provincia de Santander, partido de Laredo, junta de Samano y Castro Urdiales.

 

 

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1.       Los Escudos y algunos importantes datos sobre los orígenes del apellido Rojas han sido facilitados por Alberto G.B. , un apasionado de la Heráldica.

2.       Los datos contenidos en la página Enciclopedia han sido facilitados en su totalidad por Pepe Ruiz Ruiz . Muchas Gracias.

 

 

 

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