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Martín
Romano García de Asunción nos dice: En el Diccionario de los Conquistadores,
de R. de Lafuente Machain, hay varias páginas con referencias a Rojas y
Roxas venidos al Paraguay en el siglo XVI.
ROJAS, Bartolomé de: Expedicionario con
Mendoza. Hijo de Bartolomé Sánchez de Rojas y de Brígida López, vecino de Córdoba.
Pasó al Río de la Plata
con su hermano Martín de Rojas.
ROJAS, Cristóbal de: Expedicionario con
Mendoza. Natural de Jerez de los Caballeros. Hijo de Francisco de Rojas y
Catalina Hernández, vecino de Zamera.
ROJAS, Juan de: Hubo varios con este
nombre. Con Mendoza vino uno, hijo de Francisco de Alarcón y de Isabel de
Rojas, vecino de Madrid. Otro vino con Ortiz de Zárate, natural de Córdoba.
Nacido por 1552. Buen cuerpo, con una pedrada en la barba. En la
información sobre la dote de Dª Mariana González de Santa Cruz, 1580,
sirvió de testigo uno nacido en Asunción por 1565, vecino de misma ciudad y
escribía. El 12 de julio de 1598 testó en Asunción Juan de Rojas, hijo
legítimo de Juan de Rojas y de María de Ocón, vecinos de Antequera. Casado
con Pabla Maldonado y padre de Eustaquia e Isabel. Escribía. Los dos
últimos tal vez sean una misma persona.
ROJAS, Martín de: Expedicionario con
Mendoza. Hijo de Bartolomé Sánchez de Rojas y de Brígida López, vecino de
Córdoba: Hermano de Bartolomé de Rojas, antes citado.
ROJAS, Pedro de: Testigo del poder del
Teniente de Gobernador Felipe de Cáceres a favor del Capitán Juan de Garay
en Santa Cruz de la Sierra
el 2 de febrero de 1568.
ROJAS, Vitores de: Expedicionario con
Mendoza. Hijo de Pedro de Rojas y de María García de Salazar, natural de
Bilbao.
ROJAS y SANDOVAL, Luis de: Expedicionario con
Mendoza. Sargento Mayor de la
Armada.
ROJO, Francisco: Marinero de la Carabela que llevaba
a España al Teniente de Gobernador Mendieta 1577.
ROXAS, Juan de: Expedicionario con
Mendoza. Juró en Corpus Christi el 28 de diciembre de 1537.
ROXAS ARANDA, Juan de: Expedicionario con
Ortiz de Zárate. Nacido en 1560 en Toledo, parroquia de Magdalena. Hijo
legítimo de Juan de Roxas Aranda y de Dª María Gabriela de Alarcón.
Hidalgo. Vecino encomendero de Asunción con obligación de sustentar armas y
caballo. 1592. Tesorero de la Real Hacienda. 1593.Testigo en la información
de Insaurralde. Casó primero con Dª Úrsula Jaques y tuvieron al P. Simón de
Roxas, Juan de Aranda, Alonso de Roxas y Alarcón, Dª Ana de Roxas y Dª
Francisca de Roxas. En segundas nupcias casó con Dª Francisca González de
Santa Cruz y tuvieron al Cap. Alonso de Roxas Aranda, al Licenciado
Francisco de Roxas Aranda, Dª Francisca de Roxas, Dª Beatriz de Roxas,
Roque González de Santa Cruz, Dª Mariana de Aranda, Dª María de Roxas y
Alarcón, Rodrigo de Roxas, Dª Jerónima de Alarcón y Juan de León. Testó en
Asunción el 9 de septiembre de 1636. Escribía.
ROXO, Antonio: Estuvo en el Río de la Plata y volvió a España
con Jácome Luis, piloto mayor que preparó la expedición de Jaime Resquin.
1558.
El Árbol Genealógico de Ángel Yegros, escultor
paraguayo, lo puedes encontrar en http://yegros.netfirms.com.
Ángel Yegros tiene como antepasados a Juan de Roxas Aranda y Alarcón,
casado con Francisca González de Santa Cruz, hermana de San Roque González
de Santa Cruz.
Ramon
N. Rojas desde Uruguay nos dice:
Mis abuelos ingresaron a Uruguay desde Marruecos, previamente vivieron en el Sahara, donde aun tengo algunos
familiares en la zona contestada, es decir en pleno desierto, en casa de
mis abuelos se hablaba fluidamente el idioma árabe y también
se comía muy buena comida árabe. La diferencia con un viejo escudo
dibujado en un cuaderno es que adornaban al escudo una media luna una estrella y dos lanzas cruzadas, lo cual
manifiesta su origen islámico, tan propio de Andalucía.
Daniel Rojas Lanús desde
Argentina, manifiesta: Somos provenientes de Gibraltar, de ahí en más he
solicitado datos a Cádiz , donde pasaron todos los archivos de Gibraltar
sin tener suerte. Aunque los datos deben estar allí en la Iglesia Santa
María La Coronada. Es
más uno de los sacerdotes que mantenía eso en el 1700 era hermano de uno de
mis ancestros Roxas.
[email protected] escribe el 27 de junio de 2001: Nosotros
somos cubanos, lo que he encontrado hasta ahora es que al parecer un
Rojas/Roxas vino en el segundo o tercer viaje de Colon a Cuba. Hay
constancia de Rojas a mediados de 1550 en la Habana. Al parecer
ese primer Rojas que llego a Cuba era Concuno de Hernán Cortes. El segundo
Gobernador de la Florida
en San Agustín fue un Rojas. Yo encontré en San Agustín reportes hechos por
el Gobernador Rojas a la
Corona sobre ataques de filibusteros al poblado de San
Agustín. Un Blas Roxas nacido en la Habana en 1570 se mudó a Remedios en el
centro de la isla. Murió en Remedios en 1610 Todavía no he podido
establecer el enlace entre el árbol genealógico que tengo de mis
antepasados directos (llego hasta la segunda mitad del siglo 18 en
Remedios) y los Rojas/Roxas de la
Habana que acabo de mencionar. Hay una segunda teoría
sobre los Rojas de Cuba. Esta teoría pone al primer Rojas como González de
Roxas que desembarco por los 1700s por Puerto Príncipe un puerto de mar a 500 kilómetros
de la Habana. De
ahí se mudo a Remedios con el tiempo se quitaron el González y
cambiaron a Rojas.
La historia de los Rojas en
Chile la puedes encontrar en http://tpino.netfirms.com/rojas.htm
Luis Angel Rodríguez nos dice:
EL CAPITAN GABRIEL DE ROJAS.
Los Rojas de Cuéllar. Una de las familias de más renombre de
Cuéllar es indudablemente la de los Rojas. Asentados en la segunda mitad
del siglo XV, todavía pervive el apellido Rojas entre los actuales
moradores de la Villa.
«El primero que vino a Cuéllar fue Gómez de Rojas, capitán de Enrique IV;
era natural de Córdoba y llegó con su hermano Pedro de Rojas, y con el gran
Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, su tío; acudió al socorro de la villa
de Olmedo el año 1467. Después de esta batalla acompañados de don Beltrán
de la Cueva
(quien mandó las fuerzas realistas en dicha batalla), llegaron los hermanos
Gómez y Pedro de Rojas a la villa de Cuéllar, donde el primero se radicó.
Casó don Gómez de Rojas con doña
María de Torres Córdoba Hinestrosa y fundaron una capilla en el convento de
San Francisco.
Tuvo don Gómez de Rojas, de su
matrimonio con doña María de Córdoba siete hijos, que fueron: Manuel, que
sigue la línea, Gabriel, Francisco, Cristóbal, el licenciado Alfonso Yáñez,
doña Juana y doña Isabel de Rojas .
La llamada de América. Los hijos del matrimonio Gómez de Rojas
y María de Torres sintieron, casi en bloque, la llamada de las Indias.
Al mayor, Manuel de Rojas, quien
casó en Cuéllar con doña María Magdalena Velázquez, sobrina del Adelantado
Diego Velázquez, lo encontramos ya en Cuba en 1521, aunque no sabemos con
exactitud cuándo llegó. Se daba además la circunstancia de que era primo
del propio Diego Velázquez. Esto explicaría la amistad que tuvo con él y
que le representara en la
Corte en los ruidosos pleitos que sostuvo con Hernán
Cortés. En efecto, el 10 de agosto de dicho año 1521, en la villa de
Santiago de Cuba, otorgó el Adelantado plenos poderes a Manuel de Rojas,
para que fuera su procurador en la
Corte .
Desde Cuba vino a España y trató por todos los medios de defender la causa
de Velázquez.
Volvió de nuevo a la isla, y en
1524, muerto ya Diego Velázquez, del que fue albacea, figuraba como
teniente gobernador de la isla. En 1525 era vecino de la villa del
Salvador. En 1528 lo era de la Asunción, y aparece proponiendo al Rey, en
calidad de procurador, acuerdos tomados por la misma. En 1532 de nuevo
figura como teniente gobernador de la isla de Cuba. De este año y los
siguientes conocemos distintas informaciones sobre asuntos relativos a la
isla de Cuba, algunas de ellas publicadas y otras inéditas que publicaremos
en su día. Según el licenciado Vadillo «Manuel de Rojas es persona cuerda,
de rectitud y buena intención, pone paz en los vecinos como buen juez; con
él nada falta para la buena gobernación».
De los años 1532 al 1535, como
teniente gobernador de la isla y en calidad de tal envió informes al
Monarca relacionados con la situación de la isla de Cuba.
En 1535 (25 diciembre) dejó el
gobierno de la isla. Desde Cuba pasó al Perú, en frase del obispo Sarmiento
«a buscar qué comer al cabo de su vejez». Allí tenía negocios con su hermano
Gabriel. A los 70 años de edad, en 1544, depuso contra Blasco Núñez Vela.
Otorgó testamento en Cuéllar en 1561 y fue enterrado en el convento de San
Francisco de la misma Villa .
Los breves e incompletos datos
que anteceden referentes al hermano mayor de los Rojas marcan el signo de
una familia, cuyo destino fueron las Indias.
Pasaron a América también el hermano que le seguía, Gabriel de
Rojas, de quien nos ocuparemos seguidamente; debió marchar antes que el
propio Manuel; otro hermano llamado Cristóbal, los hijos de Manuel de
Rojas, Melchor y Gómez, etc. .
A las órdenes de Pedrarias Dávila. Desconocemos la fecha en que
nació Gabriel de Rojas, aunque consta positivamente que fue natural de la
villa de Cuéllar. Es el miembro más destacado de la dinastía de los Rojas .
Debió pasar a Indias en la
expedición de Pedrarias Dávila en 1513 «organizada con el máximo esfuerzo e
interés hasta entonces». Por lo menos muy pronto figura en las
exploraciones de Pedrarias como uno de sus capitanes, junto a otros
conquistadores célebres, como Francisco Pizarro y Diego de Almagro.
En 1514 era veedor de la
expedición que el año siguiente, 1515, realizó desde Acla el licenciado
Espinosa a las provincias del mar del Sur, expedición luctuosa, en la que,
según Las Casas y otros cronistas, los españoles, azuzaron perros contra
los indios.
Hombre de confianza de Pedrarias
fue en los años 1515-1520, su lugarteniente en Acla, fuerte que comenzó a
levantar Pedrarias en el golfo de Urabá y que fue consolidado por el propio
Gabriel de Rojas. Pronto desapareció este fuerte, tristemente célebre por
haber sido degollado en él Vasco Núñez de Balboa,
«que no era justo, escribe Vázquez de Espinosa con su estilo moralizante,
permaneciese lugar donde tan injustamente se quitó la vida a un caballero,
que además de sus muchos méritos, fue el primero que con su valor y ánimo
invencible descubrió el mar del Sur y dejó eterna memoria».
Estando
en Acla fue residenciado Pedrarias y con él sus capitanes Andrés Garavito y
Rojas. La real cédula ordenando la residencia se publicó en Logroño el 18
de julio de 1521. Comisionado para el efecto Juan Rodríguez Alarconcillo,
el 7 de junio de 1523 ya había concluido el juicio de residencia, al
parecer sin graves consecuencias. En este juicio debió andar por medio la
astucia de Pedrarias.
Acompañó en su expedición al
teniente general de Pedrarias, Francisco Hernández, fundador de la ciudad
de León. Gabriel de Rojas, siguiendo órdenes de Francisco Hernández, se
internó tierra adentro desde León. En esta internada se encontró con Gil
González, quien le instó a que abandonara aquella tierra, lo que
efectivamente hizo. Hernán Cortés se hace eco de estas fricciones entre los
conquistadores que intentaban extender sus dominios. En el año 1527 recibió
una instrucción del gobernador del Nuevo reino de León, Diego López de
Salcedo «para que fuese el descubrimiento del desaguadero de una laguna en
la provincia de Nicaragua y para que en ella hiciese una población de
españoles». No debió tener éxito esta expedición organizada por Salcedo;
por lo menos no hemos visto en las crónicas repercusión de la misma.
Rojas en sus relaciones con
Salcedo y Pedrarias aparece como un hombre íntegro y leal. Esta lealtad fue
motivo de que se viera en graves dificultades. Salcedo, mientras de hecho
ejercía el poder en Nicaragua, se ganó la enemistad de los ciudadanos. Por
esta causa se le apresó y «fue requerido por Estete su teniente Rojas, para
que ejerciera la gobernación hasta la llegada de Pedrarias, a lo que resistió,
alegando que, aunque le unía amistad con Pedrarias, no podía hacerlo por
ser teniente de Salcedo. Fue preso por este motivo y conducido con grillos
al castillo de León.
Este incidente no tuvo graves
consecuencias, porque el año 1529 (?), lo vemos de nuevo en la expedición
que organizó Pedrarias, para ver el fin de las lagunas de Nicaragua. Iba al
frente de la misma Martín de Estete. Salió de León y se dirigió a la
provincia de Votto. Este fue sembrando el pánico entre los indios debido a
sus crueldades. Poco experto en asuntos de guerra estuvo a punto de perecer
con todos los suyos; «si no fuera por el ánimo y esfuerzo del capitán
Gabriel de Rojas, no quedara español con vida. El cual hizo cara a sus
enemigos e peleó como buen valiente soldado y experto capitán en cierto
paso, de tal manera que resistió a los contrarios e se pudieron recoger los
cristianos e salir de ciertos trampales e ciénagas e de donde estaban cuasi
perdidos, si por este capitán no fuera». Añade Fernández de Oviedo, quien
se encontraba por entonces en la ciudad de León, que se le oyó contar a
algunos de los que estuvieron en la entrada.
Con motivo de esta expedición
fundó Rojas la población de Gracias a Dios, al oeste de Comayagua «sobre un
cerro o sitio fuerte, por las guerras de los naturales, y por el beneficio
de las ricas minas de plata y oro que hay en aquel distrito». Dura fue la
lucha que sostuvo desde Gracias a Dios para tener a raya a los indios y
mantener la explotación. Herrera advierte que «se defendía de las invasiones
de los indios, y estaba con peligro por tener lejos el socorro y todavía
procuraba de echarle de la tierra. Concentráronse todos, añade, y fueron en
gran número una noche a dar en él, con muchas macanas y armas para matar
los caballos, y enviando al cuarto del alba a reconocer el pueblo, para
acometerle, acertaron a llegar al tiempo que se mudaron las rondas de a
caballo y las centinelas; y como sintieron el ruido, pensaron que eran
descubiertos y se huyeron, que todo quedó en poder de los cristianos; y
visto que no podían conseguir su intento, muchos se pacificaron para
quietar a los que más se resistían».
Tales son las noticias que
tenemos acerca de la actividad de Gabriel de Rojas en Centro-América. Los
años de permanencia al lado de Pedrarias, le acreditaron como excelente
estratega y hombre leal. Gabriel de Rojas después de estas experiencias
podía considerarse como un baquiano en Indias. Fue entonces cuando su vida
cambió de escenario.
Acompañémosle en sus nuevas
andanzas y en su actividad azarosa por tierras del antiguo imperio de los
Incas.
En la conquista del Perú, llamado por su amigo Francisco Pizarro.
Los dominios del gran justador, Pedrarias Dávila, fueron la plataforma para
la conquista del Perú.
La cooperación de Pedrarias a esta
conquista merece tenerse en cuenta y ha sido justamente valorada por los
historiadores. Allí vivieron y tomaron parte activa en sus expediciones los
grandes conquistadores Pizarro y Almagro. En vida de Pedrarias se
realizaron las tres expediciones preparatorias. La de Pascual de Andagoya
(1522) y las dos primeras de Pizarro, Almagro y Luque de 1524 y 1526,
aunque de esta última ya se desentendió Pedrarias.
Ninguna noticia tenemos de que
en esta fase preparatoria, ni en la expedición definitiva de 1531,
interviniera Gabriel de Rojas. Sin embargo, viejo amigo como era de
Francisco Pizarro, pronto fue requerido por el mismo para que fuese a su
lado y le prestara ayuda. Gabriel de Rojas, llevado también por la fama del
Perú, se dispuso a acudir a la llamada de Pizarro en 1533; «tenía a punto
doscientos hombres para embarcarse en dos navíos, (pero) Don Pedro Alvarado
se los tomó y Gabriel de Rojas se fue con diez o doce amigos como pudo».
Debió salir de Nicaragua, donde
se encontraba cuando le llamó Pizarro, en el mismo año de 1533. De hecho en
1534 quedó como lugarteniente suyo en Jauja. Aquí tomó parte activa en la
batalla que libraron los españoles contra el general de Atahualpa,
Quisquis. Recuérdese que Atahualpa fue ejecutado en agosto de 1533 en Cajamarca,
pero los restos de su ejército capitaneados por Quisquis acometieron
bravamente a los españoles en las inmediaciones de Jauja.
La estrategia de Gabriel de
Rojas jugó un papel decisivo en esta batalla. A instancia suya el ejército
español esperó las acometidas de los indios en pleno campo, para que los
jinetes pudieran maniobrar fácilmente y desbaratar las embestidas de los
indios. Después de la batalla, Gabriel de Rojas estuvo en Vilcas y por
encargo de Diego de Almagro marchó al Cuzco a informar a Pizarro, entre
otros asuntos, de la llegada a las costas del Perú de Pedro de Alvarado.
Pizarro «por el antigua amistad holgó mucho (con él) y le dio las gracias
del trabajo que había tomado».
Con la derrota de Quisquis y su
muerte en Quito a manos de sus propios soldados, no terminó la resistencia
de los indios.
En 1535 y años siguientes,
asistimos a la famosa rebelión de Manco Inca. Almagro se encontraba
entonces en la expedición de Chile. Los españoles de la recién fundada
ciudad de Lima, de Jauja y sobre todo del Cuzco, se vieron en serio
peligro. A nosotros interesa seguir esta rebelión desde el escenario de
Cuzco donde se encontraba Gabriel de Rojas a quien poco antes de la
rebelión, estando todavía preso Manco Inca, le comisionó Juan Pizarro, para
que le amenazase por una traición que había hecho a los españoles.
Libre de la prisión Manco Inca y
en plena rebelión, según el cronista Zárate, los indios tuvieron cercada la
ciudad «más de ocho meses y cada lleno de luna la combatían por muchas
partes». Señala que uno de los que
más se distinguieron en la defensa fue precisamente Gabriel de Rojas .
Conocemos varios pormenores de su actuación en el Cuzco durante esta
rebelión.
A Gabriel de Rojas lo dejó
Hernando Pizarro al frente de la guarnición del Cuzco cuando hacía alguna
salida en castigo de los indios, «porque no tenía otra persona de mayor
cuidado, experiencia y autoridad a quien encomendarla». Así lo hizo cuando
salió hacia Tambo con ochenta caballos y pocos infantes en expedición que
no tuvo gran éxito. Esta salida encorajinó a Manco Inca y decidió que
treinta y cinco mil indios fuesen a dar vista el Cuzco, y «dando al
amanecer por el cuartel de Andesuyo, que tenía Gabriel de Rojas, acudiendo
al arma con diez caballos, los indios se arrimaron tanto a la ciudad y
cargaron tanto a Gabriel de Rojas que hubo mucho menester las manos; pero
acudiendo a socorrerle resistieron la furia de los indios, haciendo rostro
con gran valor hasta que llegó más gente, y si más se detuviera este
socorro, pudiera ser que este día entraran los indios la ciudad». Debió ser
en esta ocasión cuando fue herido Gabriel de Rojas. Según el relato de
Pedro Pizarro, «saliendo Gabriel de Rojas hacia su cuartel, que era hacia
Andesuyo, a la salida del pueblo le dieron un flechazo en las narices que
le entró la flecha hasta el paladar». También en esta ocasión corrió
gravísimo peligro el propio Pedro Pizarro. Se vio libre gracias a Gabriel
de Rojas.
Los españoles del Cuzco
sufrieron las consecuencias del asedio que repercutió en la escasez de
alimentos y Hernando Pizarro al acordar que salieran sesenta hombres en
busca de alimento, nombró como jefe de la expedición a Gabriel de Rojas. Se
encaminaron hacia Gomancauche, distante trece o catorce leguas del Cuzco.
Después de veinticinco o treinta días regresaron con dos mil cabezas de
ganado, gracias a las excelentes dotes de orden y disciplina de Gabriel de
Rojas.
No fue ésta la única ocasión en
que Rojas salió del Cuzco en busca de bastimentos. Con gran lujo de
pormenores Herrera, atento a poner de
relieve los méritos de su paisano nos ofrece otro relato de
extraordinario interés cuya lectura recomendamos .
Con la actuación destacada de
Gabriel de Rojas en el Cuzco durante la rebelión de Manco Inca, creció su
prestigio como estratega y hombre prudente. Esta actuación le colocó en
situación de privilegio para actuar como hombre bueno en la fase de las
sangrientas guerras que se libraron entre los españoles de Pizarro y
Almagro, aunque, como veremos, sus esfuerzos fueran inútiles.
Los trabajos y los días de Gabriel de Rojas en las revueltas
civiles del Perú. Capítulo luctuoso el de las guerras civiles entre
pizarristas y almagristas a raíz de la conquista del Perú. Gracias
principalmente a un cronista excepcional, Cieza de León, conocemos las
incidencias de las mismas.
Conviene recordar que Hernando
Pizarro al llevar a la metrópoli el quinto del tesoro real reunido en
Cajamarca, consiguió para si el título de Adelantado y heredero de Pizarro
con una jurisdicción de 70 leguas más al Sur de lo anteriormente concedido
a su hermano; asimismo consiguió para Almagro la gobernación de Nueva
Toledo, en la que, creía Almagro, se encontraba el Cuzco. Esto fue el punto
serio de fricción que se salvó de momento al emprender Almagro la conquista
de Chile en 1533. Fracasado en su intento, Almagro regresó al Perú
renovando su antigua pretensión. En efecto, en 1537 se presentó en las
afueras del Cuzco con el fin de apoderarse de la ciudad. Hernando Pizarro
que se encontraba al frente de la guarnición de la capital del antiguo
imperio de los Incas, reunió a sus capitanes, entre ellos a Gabriel de
Rojas y les dijo que era necesario saber las intenciones de Diego de
Almagro. Adujeron los de Almagro que el Cuzco le pertenecía y en vista de
la tirantez de la situación se quiso evitar el choque armado. Los del Cuzco
nombraron a Gabriel de Rojas y al licenciado Prado para que fuesen a
negociar con Almagro.
Vemos en acción a Gabriel de
Rojas, terciando noblemente para evitar la lucha. La escena de esta
embajada la describe así Fernández Oviedo: «Hernando Pizarro le envió a
decir a don Diego de Almagro, con el capitán Gabriel de Rojas, que pedía
por merced a su señoría no entrase en la ciudad, por fuerza, ni por grado,
hasta darle tres días de término, de lo cual quería su palabra e pleito
homenaje, e que él quería esto, por pensar cómo mejor servir a su señoría e
que fuese menos en perjuicio de su honra. Y Almagro fue contento de lo
facer, con tanto que Hernando Pizarro jurase e hiciese pleito homenaje que
no se haría fuerte en la ciudad en aquellos tres días ni se invocaría cosa
alguna durante aquella tregua, e que era para bien de paz e no para más
guerra ni muertes de hombres, e ambos hicieron la dicha pleitesía en manos
del mesmo capitán Gabriel de Rojas; el cual prometió como caballero e
hombre hijodalgo, de avisar a don Diego de Almagro si algo hubiese contra
el dicho pleito homenaje e se pusieron las treguas por los dichos tres
días». Según el mismo cronista fue Hernando Pizarro quien rompió las
treguas. En efecto, «en la segunda noche, estándose paseando (cerca del
día) el Hernando Pizarro y Don Alonso Enríquez, llegó el dicho capitán
Gabriel de Rojas, con lágrimas, e dijo a Hernando Pizarro: ¿cómo, señor,
queréis amenguarme que he dado la palabra a Don Diego de Almagro de le
avisar, si vais contra el pleito homenaje que le tenéis dado en mis manos?
Y Hernando Pizarro dijo: ¿por qué lo
decís? E Gabriel de Rojas replicó: porque fortalecéis la cibdad, que agora
vengo a ver cómo Cisneros, vuestro criado, está deshaciendo una puente.
Respondió Hernando Pizarro: no acriminéis las cosas tanto, señor capitán;
que a un traidor como ése, ha de haber dos alevosos como el señor Alonso e
yo».
El pacto, pues, no se cumplió
muy a pesar de Gabriel de Rojas, y el 8 de abril de 1537 Almagro entró en
el Cuzco y apresó a los Pizarros. Dueño Almagro del Cuzco «ofreció la vara
de su teniente en la ciudad a Gabriel de Rojas, porque era hombre de gran
crédito y autoridad». La situación para Rojas, debió ser en extremo
embarazosa y si hemos de creer al cronista Herrera, aceptó el cargo
pensando que así prestaba mejor servicio a la causa de la paz. «Aunque era
amigo del Adelantado, nos dice, no podía disimular el dolor de la adversa
fortuna de los Pizarros, porque quisiera que se compusieran, y a ruego de
los del Cuzco aceptó el cargo, porque juzgaban que mejor que otro miraría
el provecho de los de la ciudad».
Abierta la brecha de las luchas
civiles, Gabriel de Rojas quedó entre dos fuegos. La fortuna de la guerra
lo llevó de un bando a otro. De capitán de Hernando Pizarro pasó a tener en
sus manos la vara de teniente de Almagro en la histórica ciudad del Cuzco.
Pero como la fortuna es caprichosa y no había hecho más que encenderse la
chispa, no pararon aquí los vaivenes del capitán cuellarano.
Alonso de Alvarado, teniente de
Pizarro, reaccionó contra esta ocupación del Cuzco, lo que motivó
primeramente una reunión convocando Almagro a sus principales capitanes,
entre ellos a Gabriel de Rojas. Decidió Almagro dar la batalla a Alonso de
Alvarado «quedando por su teniente en el Cuzco a Gabriel de Rojas, con
orden de que los Pizarros fuesen bien guardados». El 12 de julio 1537
chocaron las fuerzas de Alvarado y Almagro a orillas del río Abancay en que
vencieron las de Almagro. Victorioso Almagro llevó consigo camino de la
ciudad de Los Reyes a Hernando Pizarro y dejó a Alonso de Alvarado y a
Gonzalo Pizarro en el Cuzco custodiados, como anteriormente, por Gabriel de
Rojas.
De la noche a la mañana cambió
la situación en el Cuzco. Gonzalo Pizarro y los suyos escaparon de la
prisión «y acordaron de ir a prender a Gabriel de Rojas que estaba
descuidado, para lo cual llevaron a un criado suyo y le hicieron llamar a
la puerta, y entraron y le prendieron y le llevaron a un cubo; asimismo
prendieron a todos los principales de quienes podían tener sospechas».
Gabriel de Rojas quedó convertido esta vez de guardián en preso.
La prisión de Gabriel de Rojas
en el Cuzco debió ser breve. Antes de la batalla de Salinas (26 de abril de
1538) lo vemos de nuevo gobernando la ciudad y «exhortaba (a los del Cuzco)
para que, apercibidos con sus armas la mantuviesen (la ciudad), como hasta
entonces se había hecho, en la devoción del Adelantado». Precisamente
Almagro, enfermo y achacoso «al no poder salir con la gente (contra las
fuerzas de Pizarro) ordenó al capitán Gabriel de Rojas, persona de mucha
autoridad con todos, que la echase fuera, y así por su diligencia, como por
el respeto que se le tenía, salieron quinientos hombres de a pie y de a
caballo, aunque algunos se quedaron escondidos en los edificios».
De nada sirvieron los esfuerzos
de Gabriel de Rojas por embarcar a las gentes del Cuzco a presentar
batalla; las huestes de Pizarro derrotaron a los almagristas en la ya
mencionada batalla de Las Salinas en sábado de Ramos, 26 de abril de 1538.
Otra vez en vilo la suerte de
Gabriel de Rojas a quien apresaron de nuevo los vencedores y redoblaron las
guardias, mientras era decapitado en la plaza pública del Cuzco por orden
de Hernando Pizarro, el viejo y enfermo conquistador, Diego de Almagro.
Breve debió ser también esta
segunda prisión de Gabriel de Rojas en el Cuzco, aunque no sabemos cómo se
las arreglaría para sortear las dificultades. Cabe pensar en su deseo de
vivir por una parte y en el intento de Hernando Pizarro de aprovechar las
excelentes cualidades de Rojas, viejo amigo de su hermano Francisco
Pizarro.
Liberado pues de la prisión,
acaso poco después de ejecutada la sentencia contra Almagro, le encontramos
precisamente al lado de Hernando y Gonzalo Pizarro en 1539 en la entrada
que hicieron a Las Charcas para la pacificación de aquella provincia.
Gabriel de Rojas aparece trazando un puente en el Ayabire, después que
algunos castellanos se habían ahogado al cruzar el río y a otro lo habían
sacrificado los indios en un adoratorio.
Posteriormente le vemos en
Cochabamba, también en campaña de pacificación. Aquí «determinaron juntarse
en mucho número (los indios) y dar en los castellanos, que, aunque no eran
más de sesenta, era gente de conocido valor con muy buenos capitanes y
experimentados, que eran Gabriel de Rojas, Garcilaso de la Vega, Pedro de Castro...
[En la batalla que se dio] Gabriel de Rojas cubrió la infantería. El señor
de Chichas había ido sobre Gabriel de Rojas; pero halló tal resistencia que
él y los demás comenzaron a huir y los castellanos a seguirlos. Esta fue
una gran victoria, en la cual Gonzalo Pizarro y todos se batieron
valerosamente; de esta manera se iba pacificando la tierra del Callao y de
Las Charcas, adonde tenían opinión que se debía poblar; pero otros
contradecían».
Las cosas en el Perú se iban
complicando y los partidarios de Almagro asesinaron en Lima a Francisco
Pizarro el 26 de junio de 1541, quienes «trataban que Don Diego de Almagro (hijo)
fuese recibido por gobernador hasta que el Rey (sabida la justa venganza de
su padre) le confirmase, y despacharon a todas partes y gobernaciones del
reino, ofreciendo la amistad de Don Diego y pidiendo que le admitiesen y
reconociesen por general gobernador». De manera especial quisieron ganarse
para la causa a Gabriel de Rojas.
El encargado de llevar estos
despachos a Gabriel de Rojas fue Juan Diente, «grandísimo caminador;
Gabriel de Rojas se estaba quedo en su casa, sin hacer ninguna demostración,
porque el ofrecimiento del gobierno de aquella ciudad iba primero para don
Pedro Puertocarrero (quien) muy turbado les dijo que por la muerte del
Gobernador había expirado la jurisdicción de los oficiales que allí tenía
puestos. Finalmente nombraron por gobernador a Don Diego de Almagro y
eligieron por su teniente a Gabriel de Rojas, que sin hacer ninguna
demostración se estaba en su casa, dando a entender que le pesaba de
aquellos alborotos».
No agradaba a Gabriel de Rojas
esta situación realmente comprometida y cuando Perálvarez Holguín quiso
entrar en el Cuzco, en nombre del Rey, no ofreció resistencia alguna y
«aunque no se mostraba parcial de nadie, viviendo en el Cuzco como vecino
era respetado, y como persona honrada y de juicio iba procurando que este
movimiento de los de Chile (de los de Almagro) no pareciese guerra civil».
Entretanto llegó al Perú el
licenciado Vaca de Castro, comisionado por la Corona para informarse
de los asuntos peruanos .
Almagro el mozo se enfrentó con él y en la batalla de Chupas (1542) fue
vencido por Vaca de Castro. Gabriel de Rojas debió seguir en el Cuzco, un
poco al margen de los acontecimientos, por lo menos no consta que tomara
parte alguna en dicha batalla. Muy pronto, sin embargo, Vaca de Castro, ya
en el Cuzco «mandó a Gabriel de Rojas que fuera a hacer una población de
castellanos en las Charcas, porque siendo hombre de gran crédito, le
seguiría mucha gente y porque el más sano medio para escusar alborotos en el
Reino era dividir aquellos soldados arrogantes y deseosos de cosas nuevas».
No fue éste el único servicio
que prestó Gabriel de Rojas a Vaca de Castro. Precisamente ordenó que a
Diego de Almagro «lo llevasen a la posada de Gabriel de Rojas, para que
allí se guardase con mayor cuidado». Al verse obligado Vaca de Castro a
decidir sobre la suerte de Diego de Almagro «acordó de ponerlo en consulta
sin querer hacer nada por su parecer, y para ello juntó los mayores
capitanes de más crédito y autoridad y propuesto el caso ordenó al capitán
Gabriel de Rojas, antiguo conquistador de gran prudencia y estimación que
expusiera su parecer». Herrera pone con esta ocasión un habilísimo y
retórico discurso en boca de Rojas que, al decir del mismo cronista, causó
«gran inquietud en los que siguieron a los Pizarros, por lo que Gabriel de
Rojas tocó en ellos; pero como fue a parar en la condenación de Almagro, no
hubo movimiento ninguno; salió de aquella junta que don Diego de Almagro
debía morir por la salud de la república».
El desdichado fin de Almagro el
mozo no acabó con las discordias en el Perú. Gabriel de Rojas continuó
siendo el hombre de confianza de Vaca de Castro, quien acudía a él en
demanda de consejo cuando corrían las voces de que Gonzalo Pizarro lo
quería matar. Acordaron entonces Vaca de Castro y Rojas, que Hernando
Pizarro «fuese a las Charcas, adonde era vecino y allí estuviese sin hacer
juntas de gentes que fuesen causa de
rumor».
La rebelión de Gonzalo Pizarro. Los acontecimientos del Perú
forzosamente debían tener resonancia en la metrópoli. Carlos V decidió
nombrar un virrey y crear una audiencia. Recayó el nombramiento en Blasco
Núñez Vela, quien en mayo de 1544 hizo su entrada en Lima. Uno de los fines
del virrey era poner en práctica las nuevas Ordenanzas a favor de los
indios, lo que exacerbó a los españoles, particularmente a los del Cuzco,
quienes capitaneados por Gonzalo Pizarro, se dispusieron a hacer frente al
propio Virrey a quien apresaron y después embarcaron hacia España, pero
antes de llegar a Panamá logró volver y encaminarse a Quito.
¿Cuál fue la conducta de Gabriel
de Rojas en esta primera fase de la lucha del Virrey Blasco Núñez de Vela
con Gonzalo Pizarro? Una vez que salió del Cuzco Gonzalo Pizarro, «Gabriel
de Rojas, Gómez de Rojas, Garcilaso y otros caballeros que se quedaron en
el Cuzco, pareciéndoles que no llevaba buena causa, platicaron en lo que
debían hacer, y tomaron el camino de Arequipa para desde allí irse a juntar
con el Virrey. Y estos fueron los primeros que como verdaderos y fieles
vasallos de su príncipe, de su propia voluntad acudieron al Visorrey».
Esta huida de Gabriel de Rojas a
toda prisa, atravesando montes y valles, pudo haberle costado la vida,
porque cuando Gonzalo Pizarro llegó a la ciudad de los Reyes, ordenó nada
menos que a Francisco de Carvajal, el demonio de los Andes, «que fuese a
ella a prender y matar a los vecinos del Cuzco que allí habían acudido a
servir al Visorrey. No pudo Francisco Carvajal ir tan secreto, que Gabriel
de Rojas, Gómez de Rojas y otros caballeros no le entendiesen y dijeron que
Francisco Carvajal, como amigo de los Rojas, industriosamente iba en alta
voz preguntando por ellos y así se salvaron». El mismo Herrera de quien son
las anteriores palabras no estaba ciento del rasgo humanitario de Carvajal
y añade: «Dúdase que en tan feroz espíritu hubiese conocimiento de
amistad». Más probable parece la versión que el mismo cronista aduce
posteriormente: «tantos rogaron por ellos que los perdonó». Se trataba
además de personas principales y a Gonzalo Pizarro le convenía tenerles a
su lado.
Las relaciones de Rojas con
Gonzalo Pizarro, aun cuando éste le perdonó la vida, no debieron ser muy
cordiales, ni Gabriel de Rojas quedó incondicionalmente al servicio del
mismo. No hemos visto ningún testimonio que acredite la presencia de
Gabriel de Rojas en la batalla de Añaquito (1545) en la que Blasco Núñez
Vela, al regresar de nuevo al Perú, fue vencido por las huestes de Gonzalo
Pizarro y muerto por un soldado. Tampoco tenemos pruebas para negarlo. Con
la victoria de Añaquito, Gonzalo Pizarro quedó dueño y señor del Perú, y
las Ordenanzas parecían definitivamente abolidas. Gonzalo Pizarro contaba
con numerosos recursos y en general con la popularidad de los españoles. La Corona no podía permanecer
inactiva y nombró al licenciado don Pedro de La Gasca para que
pacificara el país, con el título de Presidente de la Real Audiencia.
Hombre sagaz y astuto, a su llegada a Panamá, en noviembre de 1546, logró
hacerse con la escuadra de Pizarro y en abril de 1547 partió hacia el Perú.
Era de presumir que Gonzalo Pizarro le presentaría batalla, como
efectivamente así fue, y La
Gasca quedó derrotado en Huarina (octubre de 1547).
Tampoco sabemos si Gabriel de
Rojas estuvo presente en esta batalla. Lo cierto es «que este capitán,
probablemente después del primer choque, andaba forzado conociendo el
intento del tirano, y determinó de ponerse a todo peligro por salir de
opresión y viendo desamparado el cuartel, se salió, sin ser sentido, y con
él sus sobrinos Gómez de Rojas, Gabriel Bermúdez, el capitán Cáceres y
otros caballeros y soldados».
Recibido por La Gasca, pronto vemos a
Gabriel de Rojas, por ser persona de autoridad, experiencia y diligencia,
«al frente de la artillería del Presidente». Actuó con gran pericia en la
batalla definitiva de Xaquixaguana (8 de abril 1548) en que las fuerzas de
Gonzalo Pizarro fueron derrotadas por La Gasca. Debemos
a Calvete de la Estrella
interesantes noticias sobre la actuación de Rojas en esta batalla. «Con su
diligencia que puso Gabriel de Rojas se pusieron los cuatro tiros sobre
(un) cerro; y como llevaba las municiones a punto comenzó a tirar a gran
furia con ellos al campo de los enemigos, con que puso mucha turbación, que
junto a Pizarro mató un tiro a un criado suyo que se estaba armando y a
otro hombre y a un caballo, que puso en algún desconcierto la gente y dio
lugar a que los que no estaban tan firmes en seguir a Gonzalo Pizarro que
se pudiesen pasar para el campo del rey».
Disperso el ejército rebelde y
apresado Gonzalo Pizarro, Gabriel de Rojas fue llamado a consejo por el
Presidente «para determinar sobre los presos y sentenciaron a Gonzalo
Pizarro a ser decapitado».
En la paz de La
Gasca. Con la muerte de Gonzalo Pizarro concluye el
capítulo tristísimo de las guerras civiles del Perú. Víctimas de estos
sangrientos sucesos, entre los personajes más conocidos fueron Francisco
Pizarro, Diego de Almagro, padre e hijo, y ahora Gonzalo Pizarro.
Gabriel de Rojas sobrevivió a
todos ellos.
Aplicando una expresión moderna
diríamos que fue una de las victorias más representativas de los cambios de
política y uno de los hombres más zarandeados en las guerras civiles.
Gabriel de Rojas no solamente se
distinguió en la guerra, sino también en la paz. Debemos a los cronistas
interesantes relatos sobre su actividad en las minas de oro de Potosí que
proporcionaron tan pingües rentas a la Corona de Castilla. «El capitán Gabriel de
Rojas (por orden de La Gasca)
fue destinado para hacer poner en labor las minas que el Emperador tenía en
Las Charcas y las de Porco y Potosí y las haciendas de los culpados que se
confiscaron y los indios que estaban vacos. Hízose aquello, porque, con la
gran facilidad que tienen los indios, las pusiesen en labor el tiempo que
estuviesen vacos, con la gran industria y diligencia que Gabriel de Rojas
ponía»». Zárate advierte que envió al «capitán Gabriel de Rojas para que
tuviese cargo en aquella provincia de recoger los quintos y tributos de Su
Majestad. De lo cual todo en breve tiempo el licenciado Polo recogió y
envió un millón y doscientos mil castellanos». Polo de Hondegardo había ido
como gobernador general de Charcas. Además de poner en explotación las
minas existentes y cobrar los quintos, contribuyó al descubrimiento de
otras nuevas «de diez y doce y trece pies de ancho de la veta y cerca de
allí habían hallado minas de oro y otras muchas en Carabaya, muy más ricas
que las pasadas; que cierto es cosa de grande admiración la riqueza que
cada día en aquellas tierras de minas de oro y plata se halla y descubre».
Gabriel de Rojas, buen servidor del Rey, daba cuenta de todo ello a La Gasca, y prestó
excelente servicio a la
Corona en esta misión, contribuyendo a aumentar los
ingresos de la misma.
Acaso el impulso dado por
Gabriel de Rojas a los yacimientos mineros de Potosí contribuyera a
convertir la ciudad en Villa Imperial, habitada después «por una sociedad
opulenta y rica, donde el vicio, la piedad, el crimen, las fiestas de los
potosinos asumían allí proporciones enormes».
En relación con los tributos
debió escribir un informe, estando en Potosí, sobre el sistema que
observaban los incas y el que se introdujo a partir de la conquista.
Es presumible que Gabriel de
Rojas tuviera buenos repartimientos de indios, como en general los tuvieron
los soldados que tomaron parte en la guerra contra Gonzalo Pizarro.
Persona de respeto como era,
intervino en 1549 en una junta de prelados y algunos religiosos, en la que
se trataron con el Presidente La
Gasca asuntos referentes a los indios, como hacerles esclavos,
sacarles de su naturaleza, etc. Las decisiones adoptadas fueron
humanitarias. Es ésta la última pista que tenemos acerca de su actividad
política en el Perú.
Semblanza del capitán Gabriel
de Rojas. Gonzalo Fernández de Oviedo dedicó unas líneas al capitán
Rojas que contribuyeron a fijar los rasgos de su personalidad. El cronista
le tributa los siguientes elogios: «conquistador e buen soldado, veterano
de la Tierra Firme,
hombre de honra y de experiencia e que ha dado buena cuenta de sí. Es hombre
para confiar de él todo lo que de buen capitán se puede fiar; porque además
de ser valeroso por su persona e habilidad, es de buena casta, e gentil e
conversable mílite, e buen compañero e muy bien partido e liberal. Cómo
acabará Dios lo sabe; porque así él como los más, son en cargo de hartas
vidas de indios, e unos más que otros y el oficio de la guerra todo eso
trae. Mas puédese sospechar de sus obras que meresce todo buen fin, e ha
muy bien servido a Sus Majestades, e trabajado más que otros que antes que
él han sido ricos (e allí adonde él ha andado), así por falta de su
ventura, como por inadvertencia de la fortuna e de sus despenseros e
repartidores de este oro, que ella ha puesto en poder de los que menos lo
merecían».
Dicen mucho a favor del capitán
Rojas los párrafos que acabamos de transcribir. Fernández de Oviedo,
generalmente es duro con los conquistadores, en ocasiones mordaz e
hiriente. Precisamente al hablar de que Rojas no había conseguido riquezas,
añade a renglón seguido, aludiendo a quienes las tenían en abundancia: «si
yo los hubiere de gratificar conforme a sus méritos e buena conciencia,
muchos a quienes cargó (la suerte) de oro e plata, cargara yo de leña o
paja, o los hiciera volver a los oficios de sus padres, que tuvieron
algunos muy apartados de la militar disciplina».
Antonio de Herrera, en
cuantas ocasiones alude a su
paisano, lo hace con evidentes muestras de predilección y acompaña la
alusión con algún calificativo honroso. Nos dice que era «caballero
honrado»; «hombre de gran valor y calidad»; «de gran crédito y autoridad»;
«de gran prudencia y estimación»; «de autoridad, experiencia y diligencia»;
«de mucha autoridad con todos»; «hombre bien compuesto y prudente;
caballero a quien hacia gran confianza Hernando Pizarro por ser muy
experimentado y recatado en la guerra», «no tenía otra persona de mayor
cuidado, experiencia y autoridad»; «era respetado como persona honrada y de
juicio»; finalmente dice Herrera que se le encomendaban misiones delicadas,
porque las cumplía dignamente «con la mansedumbre de su condición».
En la misma línea se manifiesta
Calvete de la Estrella,
quien afirma que «Rojas era caballero muy principal en las provincias del
Perú». Pedro Pizarro dice «que era hombre muy recatado en la guerra; tenía
buena persona, decían que era de los buenos Rojas».
A estas pinceladas de los
cronistas en relación con su vida pública, tendríamos que añadir unas
líneas relacionadas con su vida privada, tal como se desprende de su
testamento .
Rojas aparece como un hombre profundamente creyente. Tras las formas
estereotípicas, las cláusulas referentes a la fundación de misas en la
capilla de sus antepasados de San Francisco de Cuéllar, acreditan su piedad
y transparentan su alma cristiana. Estas misas debían aplicarse en sufragio
de las almas del Purgatorio, por los indios de sus encomiendas y para
expiación de sus propios pecados. Hijo de su tiempo sintió también el
prurito del orgullo familiar y dejó un legado para que la capilla de sus antepasados
estuviera convenientemente cuidada y adornada. Tuvo asimismo un recuerdo en
el legado para el convento de Santa Clara, la vieja fundación medieval que
perdura todavía en nuestros días. Se acordó también de las personas
necesitadas de la Villa
y de los pobres del hospital de la Magdalena, la benemérita fundación de un
cuellarano insigne del siglo XIV, el ejemplar sacerdote y religioso don
Gómez González.
El recuerdo de su villa natal de
Cuéllar es algo que impresiona profundamente en el testamento de Gabriel de
Rojas. Los largos años de ausencia de la patria, no fueron bastante para
borrar la memoria del pueblo en que
nació; al final de su vida, en el asiento de las ricas minas de oro del
Potosí, refrescaría los años de su infancia. La llamada poderosa de la
tierra, la nostalgia de su Villa, le impulsó a dejar una cuantiosa cantidad
de dinero a favor de la misma y nombró patronos de sus obras benéficas a la Justicia y
Regimiento. Cuéllar participó del oro del Potosí, porque uno de sus hijos
contribuyó en gran manera a la explotación de las famosas minas.
No sabemos si Gabriel de Rojas
estuvo casado. Lo más probable es que no estuviera; por lo menos no existe
el menor indicio en las crónicas, ni en el testamento; tuvo, no obstante,
un hijo natural, Gómez de Rojas, a quien él reconoció y le nombró heredero
de todos sus bienes. Desconocemos el nombre de la madre; tal vez, como su
amigo Francisco Pizarro, como su compañero de armas, Garcilaso de la Vega, tuviera amores con
alguna princesa incaica, con alguna ñusta de sangre real y fruto de estos
amores fuera Gómez de Rojas.
Nada sabemos de su suerte
posterior, y aunque con el nombre de Gómez de Rojas figuran varios
conquistadores, resulta en extremo comprometido identificarlo con alguno de
ellos.
Así fue el capitán Gabriel de
Rojas; pecador y creyente; servidor de su Rey; excelente guerrero; decidido
partidario de la paz y de la concordia; amante de su villa natal.
Las obras benéficas de Gabriel de Rojas en Cuéllar. El recuerdo
de Gabriel de Rojas se ha perdido en la actualidad en Cuéllar, como se ha
perdido el de sus obras benéficas. Solamente en documentos de sus archivos
podemos, a duras penas, rastrear la huella de las mismas.
En la sesión celebrada el 11 de
abril de 1557 en el Ayuntamiento de la Villa se habla de una
bula concedida por el Papa a la capilla del capitán Gabriel de Rojas, del
convento de San Francisco y del poder que tenía el Ayuntamiento sobre la
hacienda del conquistador, como patrono de dicha hacienda.
Es muy probable que se aluda a
las obras benéficas de Rojas en la sesión celebrada el 14 de enero de 1560,
al indicar el regidor Bernaldo Velázquez cómo Alvarez de Guevara le había
entregado una carta notificándole que habían llegado a España los diezmos
de las Indias y que se debían hacer las oportunas diligencias para
cobrarlos.
Clara resulta la alusión del 21
de enero de 1560. En uno de los acuerdos municipales se decretó que se
celebraran las misas en el monasterio de San Francisco por Gabriel de
Rojas, ya fallecido.
El 21 de septiembre de 1561 se
ordenó que uno de los regidores fuera a Segovia para el asunto de los
maravedís de Gabriel de Rojas legados a la Villa.
El 1 de febrero de 1565 se
entregó al Regimiento una carta de privilegio por parte de Diego Vázquez,
de la ciudad de Sevilla, según la cual, enviaba a Luis Malve, vecino de La Fregeneda, con
diezmos que tenía cobrados, que el señor capitán Gabriel de Rojas dejó a la Villa para cumplir sus
memorias contenidas en su testamento.
EL 20
de febrero de 1568, el Regimiento otorgó poder a Francisco Gutiérrez de
Cuéllar, contador mayor de cuentas de Su Majestad, para todo lo relativo a
los juros existentes en la casa de contratación de Sevilla y que se
referían a la hacienda de Gabriel de Rojas que dejó, para que dicho Regimiento
cumpliera las cargas de las cláusulas de su testamento.
A favor del mismo Francisco
Gutiérrez de Cuéllar otorgó poder el Regimiento el 2 de julio de 1568, para
que pudiera cobrar la renta del almojarifazgo de las obras pías de Gabriel
de Rojas correspondiente al año 1567.
En los años siguientes se
tomaron otras medidas relacionadas con las obras benéficas del capitán
Rojas.
En 1580 la Justicia y Regidores
de la Villa
encargaron a Jusepe de Madrid, vecino de Valladolid, que hiciera una
lámpara de plata, una cruz dorada, un cáliz dorado, unos candeleros,
vinajeras y hostiario, todo ello para la capilla del Capitán Rojas del
convento de San Francisco.
Además de los sobrinos de
Gabriel de Rojas que han aparecido junto a su tío encontramos en el Perú a
un Francisco de Cuéllar que fue uno de los que quedaron con Pizarro en la
isla del Gallo y no quisieron volver a Panamá. Un Gaspar de Cuéllar entre
los que recibieron solares de Francisco Pizarro en Lima.
Acerca de las obras
benéficas fundadas por el capitán Rojas y de las que dejó como patrono al
Regimiento de la Villa,
continuaron tomándose acuerdos en los últimos años del siglo XVI, y a lo
largo de todo el siglo XVII. De este siglo (diciembre 1668), en la visita
que hizo a las obras pías de la
Villa el licenciado Juan Frutos ordenó «que los
procuradores de la tierra, cada uno en su sesmo para repartimiento (de los
bienes que dejó el capitán Gabriel de Rojas) lo que tocare a cada lugar lo
entregue al cura y alcalde más antiguo para que juntos lo repartan entre
los pobres, encargándoles la conciencia para que sea entre los más
necesitados; en primer lugar si hubiera parientes del fundador, a las
viudas que tuvieren hijos». Encargó asimismo que se dijeran las misas
ordenadas en cumplimiento de las otras cláusulas testamentarias, y se
dieran las limosnas al convento de Santa Clara .
Durante el siglo XVIII hay
pruebas de que se cumplían las cargas del testamento del capitán Gabriel de
Rojas. En el año 1701 hubo alguna irregularidad y se obligó a Patricio
Bermúdez, que había recibido indebidamente dinero de las obras pías de
Rojas, a que lo devolviera; en 1707 se cumplían las obligaciones con
regularidad, como también en 1720, en 1745
y en años siguientes.
A finales de este siglo, año
1788, nos encontramos con pleitos sobre juros que naturalmente
quebrantarían la hacienda legada por Rojas. No se habían repartido limosnas
entre los pobres debido a los arreglos de la capilla de San Francisco. En
la visita de 1794 se insiste en que se aviven los pleitos con el fin de que
puedan seguir cumpliéndose las cláusulas del testamento.
En 1834 hay indicios de que
seguían celebrándose las misas de la fundación en el convento de San
Francisco de Cuéllar, por lo menos el convento lo consideraba como una de
sus obligaciones y el 1838 el Ayuntamiento de la Villa seguía nombrando
patrono de las obras pías del capitán Rojas.
El 14 de octubre de 1853, el
investigador de memorias y obras pías de la provincia solicitó del
Ayuntamiento «en concepto de patrono de la fundación del capitán Rojas la
cantidad de 35.793 reales por réditos hasta el presente año al respecto de
588 reales, 8 maravedises, cada un año, a favor de las monjas de Santa
Clara de esta villa». A lo cual contestó el Ayuntamiento que no era
incumbencia del investigador reclamar cantidad alguna ««mientras por
documentos legales no se pruebe hallarse con la obligación» que se le
trataba de imponer.
Esta reclamación y decisión del
Ayuntamiento manifiestan que debía andar mal a mediados de la pasada
centuria el legado del capitán Gabriel de Rojas. A partir de estas fechas
se nos van perdiendo las huellas de las obras pías de Rojas en la villa de
Cuéllar. Los pleitos por una parte y las convulsiones políticas del siglo
XIX acabarían con las fundaciones piadosas del conquistador cuellarano .
Luis Angel Rodríguez nos
dice: Mi esposa Julita de Rojas y yo somos naturales de Valladolid (España)
y vivimos en esta misma ciudad.
Desde hace algunos años venimos recogiendo información acerca de
los antepasados de mi esposa, cuyos orígenes sin ningún tipo de dudas
vienen de un pueblo de la provincia de Segovia llamado “Cuéllar” y
descendientes de los primeros “De Rojas” que llegaron a esta población
segoviana al parecer procedentes de Córdoba (Andalucía)
Poseo alguna información acerca del apellido “De Rojas”, que no me
atrevo a decir si es el mismo que “Rojas”, si bien es posible que uno sea
derivado del otro o bien debido al uso, en algunas ocasiones se omitía el
“De” y simplemente se deba a economía de palabras, o también es posible que
fuera otra rama que de algún modo quería diferenciarse. Por las
informaciones recogidas, por parte de los antepasados de mi esposa, éstos
se molestaban si el “De” era omitido, para ellos constituía una parte
inseparable de su apellido y motivo de orgullo.
La segunda observación es en el escudo: (El escudo
de los “Rojas”, fondo oro con 5 estrellas de 8 puntas en azur – El escudo
de los “de Rojas”, fondo azur con 5 estrellas de 8 puntas en oro). Es decir
colores invertidos.
Como decía anteriormente, la procedencia de los antepasados de mi
esposa es la villa de “Cuéllar”, pueblo perteneciente a la provincia de
Segovia y distante de Valladolid unos 50 kms. Villa especialmente bella,
monumental y cargada de historia por todos los rincones, amurallada, con
castillo, conventos, iglesias, calles con casas donde los vestigios de
personajes ilustres, entre ellos los De Rojas, son visibles, escudos en
piedra, nombre de una calle dedicada a J. De Rojas, la antigua casa de los
De Rojas actualmente Palacio de Justicia, otros escudos y casas de nobleza
que según la historia tuvo emparejamiento con algún De Rojas, todo visible
por el visitante que quiera acercarse.
En busca de datos de los antepasados comencé solicitando partidas
de nacimiento en el juzgado de la villa y posteriormente consultando en los
Libros de Nacimientos de las parroquias de Cuéllar. Hubo un tiempo en que
Cuéllar contaba con 13 parroquias, aunque es de notar que los de Rojas
sentían predilección por una de ellas, concretamente por la parroquia de
“San Pedro”. Afortunadamente, todos los libros actualmente se encuentran
concentrados en un solo archivo y perfectamente conservados.
Llama la atención la gran cantidad de nombres que llevan el
apellido De Rojas que en esta villa nacieron y que aún llevan este
apellido. Por todo lo que hace mención al apellido se respira nobleza y una
grandeza de un apellido “De Rojas” que todo aquel que lo lleve debe por
fuerza sentirse orgulloso.
El mayor hallazgo que despertó mi curiosidad y me hizo interesarme
por indagar todo lo referente al apellido, me la dio la lectura de un libro
titulado HISTORIA DE CUÉLLAR
(Edición 1974) de BALBINO VELASCO BAYON, O.Carmelitas del Santuario de El
Henar. Quien hace en este libro una recopilación de sus investigaciones
acerca de los orígenes de la Villa, sus grandes
personajes, monumentos, etc. tomando como partida diversas fuentes escritas
por cronistas, historiadores, investigadores, y donde hace un verdadero
homenaje al apellido.
Además de en Cuéllar, he encontrado escudos de los Rojas en
fachadas de monumentos, palacios, castillos, e iglesias de Valladolid, así
como habitantes con el apellido De Rojas igualmente en Valladolid, y
también sorprendentemente gran cantidad de ellos (en porcentaje a su número
de habitantes) en un pueblo muy cercano a Valladolid llamado SERRADA. He
intentado tímidamente hacer alguna
indagación en este último pueblo pero no he logrado resultados importantes.
Sin duda el apellido “Rojas” – “De Rojas”, está presente en gran
cantidad de sitios y en personajes ilustres. Algunas historias tengo
recogidas pero es imposible seguir todas ellas. Tampoco he querido
profundizar demasiado puesto que mi pista es Cuéllar.
La mayor parte de las páginas que a continuación se presentan son
transcripción de este libro “Historia de Cuéllar” y algunas añadidas de
otras bibliografías encontradas.
Lo titulo HISTORIA DE LOS VELAZQUEZ Y DE ROJAS, y se preguntará el
porqué de Velázquez, pues la razón es que mi esposa lleva también el
apellido Velázquez, apellido ilustre y muy relacionado y emparejado con De
Rojas. (A lo largo de la historia tuvieron lugar matrimonios entre miembros
que portaban estos apellidos).
Para una mejor comprensión de la lectura de esta
historia, quiero reseñar lo siguiente:
Existen párrafos o palabras que aparentemente contienen faltas de
ortografía, éstas no son tales sino que están escritas tal como en su época
lo escribían los cronistas, es decir castellano antiguo. De esta manera y
como ejemplo ROXAS y ROJAS es lo mismo. En el castellano antiguo la (j) no
se empleaba. Igualmente, en el castellano antiguo eran frecuentemente
empleadas las abreviaturas y las palabras en latín. No hay que olvidar que
el castellano es una lengua de raíz latina.
Se mencionan los
nombres de algunos Cronistas,
comentaristas de la época, quienes dejaron escrito acontecimientos de su
tiempo, y que actualmente es el material imprescindible para que los
investigadores recompongan el puzzle de la historia. Entre ellos en las
páginas siguientes se citan a:
-
Bernal Díaz del
Castillo
-
Antonio de Herrera
-
Bartolomé de las
Casas, historiador de Indias.
-
Cieza de León
-
Gonzalo Fernández de
Oviedo
Al no disponer
en casa de conexión a Internet, no puedo consultar con mucha frecuencia su
página. Por supuesto tampoco dispongo de página Web. Por tal motivo, en
caso de que algo de lo que aquí expongo lo considere interesante, autorizo
a que lo incluya en su página. Ya me dirá que le parece, espero sus
comentarios.
HISTORIA
DE LOS VELAZQUEZ Y DE ROJAS
En la amplia zona de le meseta
del Duero pocos pueblos cuentan con un nutrido cuadro de conquistadores
como la villa de Cuéllar. Entre
otros se encuentran dos apellidos: Velázquez y De Rojas.
El elenco, realmente
sorprendente, de cuellaranos en Indias invita a reflexionar y a analizar
sus causas. Como en tantos otros fenómenos de la historia moderna de España
la causa del mismo hay que buscarla en la Edad Media.
Cuéllar, a partir de Alfonso X el Sabio, se convirtió en un municipio
poderoso y rico, cuyas milicias concejiles tomaron parte activa en la
reconquista de las plazas fuertes de Andalucía. La base de su economía
próspera radicaba en la exportación de lanas de sus numerosos rebaños. A
finales del siglo XV, España perdió sus mercados y Cuéllar acusó el golpe
de forma decisiva. Sus hombres se vieron obligados a emigrar. Las Indias
fabulosas y desconocidas canalizaron esta emigración.
Opinamos, sin embargo, que no
fue exclusivamente económico el motivo de dicha emigración; fue también el
espíritu de aventura y el impacto enorme que produjo en la sociedad
castellana el descubrimiento de las nuevas tierras. El señuelo de las
Indias atrajo poderosamente a los hombres de Castilla. Habituados como
estaban a la guerra cambiaron de escenario. En lugar de combatir contra los
moros lo harían ahora contra los indios, continuando la misión
providencialista de España, según los escritores de la época. Así pues, no
es extraño que en las distintas coordenadas de la geografía de América
tropecemos con numerosos cuellaranos.
DIEGO
VELÁZQUEZ DE CUÉLLAR Y JUAN DE GRIJALVA
Los Velázquez de Cuéllar.
Una de las familias de más solera de la Villa es indudablemente la de los Velázquez
de Cuéllar. Oriundos de Avila y afincados en tiempo de don Juan Manuel , el apellido se perpetúa incluso
hasta nuestros días. A esta familia pertenecieron, entre otros, Juan
Velázquez, personaje importante en la corte de Juan II que acabó santamente
sus días en el Monasterio de la Armedilla, Gutierre Velázquez, abuelo paterno
de nuestro Diego Velázquez, del consejo de los reyes de Castilla, el otro
Juan Velázquez que educó a San Ignacio de Loyola. El vástago más célebre
fue Diego Velázquez, conquistador de Cuba.
El escudo de los Velázquez
(trece roeles de azur, a veces ostenta también un jabalí o puerco) campea
en algunas fachadas de actuales casas de Cuéllar).
Pautas biográficas de Diego Velázquez. No existe la menor duda
sobre el lugar de nacimiento. Afirman unánimemente los cronistas que nació
en Cuéllar. Entre los numerosos testimonios tenemos el de Bernal Díaz del
Castillo, quien era deudo suyo, y con el que convivió en varias ocasiones .
El año de nacimiento no puede
precisarse con exactitud, pero podría fijarse hacia 1460. Hay autores modernos
que dicen se desconoce el nombre de su madre, mientras que su padre se
llamaría Francisco. Sin embargo, el historiador Trassierra, a finales de la
pasada centuria, había localizado el nombre de ambos que se llamaron Juan
Velázquez y Mencía Velázquez .
Fue educado
por su tío, Alfonso Velázquez de Cuéllar, quien pasó a Indias en tiempo de
los Reyes Católicos y fue corregidor de Cuba. Conocemos los nombres de
algunos de sus hermanos, entre ellos, Fray Antonio de Cuéllar, quien
aparece como tal en el testamento del conquistador; Mencía
e Isabel fueron dos de las hermanas casadas. Consta que tuvo otras
hermanas monjas en el convento de Santa Clara, cuyos nombres son
desconocidos .
De la juventud de Diego
Velázquez solamente tenemos el dato de que combatió en los tercios de
Nápoles.
Rumbo a las Indias. En fecha muy temprana pasó a Indias,
precisamente acompañando a Colón en su segundo viaje de 1493. Así lo afirma
el cronista Fernández de Oviedo, quien añade además que era un hidalgo
pobre.
No tenemos datos acerca de su
actividad durante los primeros años en América.
Es muy probable que fuera de los
trescientos castellanos de que nos habla Herrera que vivían con mucha
libertad que «habían tomado por mancebas las más principales y hermosas
mujeres de la Isla».
Debieron olvidarse de la suerte de los primeros españoles que dejó Colón en
el primer viaje y que fueron aniquilados por los indios.
A partir de 1502 aparece a las
órdenes de Nicolás de Ovando en La Española tomando parte activa en la
pacificación de la
Isla. Fundó además varias ciudades, Salvatierra de la Sabana, la Vera-Paz en Xaragua,
Neiva, Yaqui, Azua y de todas ellas Ovando le nombró su teniente.
Según Las Casas, cuyo testimonio
hay que poner en cuarentena, era uno de los capitanes experimentados en
derramar sangre de indios. Herrera se limita a afirmar que era uno de los
principales capitanes de la
Isla.
Conquistador de Cuba. La isla de Cuba fue descubierta en el
primer viaje de Colón el 28 de octubre de 1492, pero solamente contorneada
en su parte oriental. En el diario de Colón aparece con el nombre de Colba
y el Almirante creyó que se trataba de Cipango. Volvió a tocar la isla en
el segundo viaje y Colón siguió creyendo, por lo menos así lo hizo jurar a
la tripulación el 12 de junio de 1494, que se trataba de Tierra Firme. Ya
desde esta fecha debió creer Juan de la Cosa que era una isla y de esta forma lo
reflejó en su mapa del año 1500. De ordinario en la cartografía aparece
erróneamente denominada con el nombre de Isabela, en lugar de Juana, su
nombre oficial.
El reconocimiento completo de la
insularidad de Cuba lo realizó Sebastián de Ocampo en el bojeo de 1508,
cumpliendo órdenes del Gobernador de
La Española,
Diego Colón, quien, a su vez, había recibido indicaciones de la Corona para que se
explorase, apremiando al mismo tiempo para la conquista de la misma.
Don Diego Colón, hijo y sucesor
del Almirante, emprendió dicha conquista y pensó primeramente en poner al
frente a su tío Bartolomé Colón, pero «optó por el acaudalado Diego
Velázquez de Cuéllar, con fama de buen guerrero, el hombre más rico de
Santo Domingo y especialmente bien visto en la corte a través del tesorero
Miguel de Pasamonte. Fernando el Católico, receloso de los Colones, aprobó
el nombramiento». La real cédula en favor de Diego Velázquez la firmó el
Rey el 6 de junio de 1511.
El nombramiento de Diego
Velázquez fue favorablemente acogido en La Española por
ser hombre de buena reputación y muy estimado de los colonos al decir de Las
Casas, lo cual facilitó la organización de la expedición.
El propio Las Casas, testigo de
los acontecimientos, nos proporciona abundantes datos sobre la salida de
los expedicionarios y la conquista de la Isla. A finales del año 1511 zarpó la expedición
desde la Villa
de Sabana. Estaba formada por unas trescientas personas, entre los que
figuraban nombres célebres en la historia del descubrimiento-conquista,
como Cortés, Alvarado, Ordás, Bernal Díaz y Montejo.
Se enrolaron también muchos
«adeudados y trampeados» que por salir de aquella isla «con el turco se
fueran».
La expedición desembarcó en un
puerto llamado de Las Palmas entre Santiago de Cuba y Maisi. Los indios,
siguiendo las indicaciones del cacique Hatuey, que había huido de La Española,
solamente hicieron frente en algunos pasos difíciles. El propio cacique
huyó a los montes. Velázquez envió en su busca, logró apresarle y fue
condenado a muerte.
Pacificó primeramente la
extremidad oriental en la que fundó la villa de Nuestra Señora de la Asunción de
Baracoa. La ocupación del resto del territorio fue encomendada por
Velázquez a Francisco de Morales y Pánfilo de Narváez. El primero fue
depuesto por el Gobernador debido al trato duro y despiadado que dio a los
indios. Narváez, aunque más humano, también permitió atropellos, lo que
motivó una sublevación de los indígenas que puso en peligro la suerte de
los españoles. Intervino personalmente Velázquez en la pacificación de la
parte occidental.
A finales del año 1514 quedó la isla
sometida totalmente al dominio español y fundadas 7 ciudades entre ellas
Santiago de Cuba.
En general, puede decirse que la
conquista de Cuba fue una de las más pacíficas de América gracias al buen
temperamento de Velázquez y al celo de Las Casas de quien él tomaba
consejo.
La conquista y pacificación de
Cuba es, sin duda, el hecho más saliente en la vida del cuellarano. «Para
la fama de Velázquez basta con la conquista de Cuba, los métodos con que la
efectuó y su espíritu desfavorable a la violencia. En último término él es quien implantó la civilización y la
fe en Cuba, fundó sus primeras ciudades y echó los cimientos de su primera
riqueza y es realmente el creador de la patria cubana, a pesar de la cerril
fobia con que allí se le recuerda» .
Familiares y paisanos de Velázquez en Cuba. Con motivo de la
conquista de Cuba, o quizá después, Diego Velázquez debió llamar a
numerosos parientes y paisanos. Efectivamente, en Cuba encontramos a su
sobrino llamado como él Diego Velázquez; a su cuñado, Francisco Verdugo; a
sus parientes Antonio Velázquez Borrego, a Anaya (hombre de mucha cuenta) y
Juan Velázquez de León; a Manuel de Rojas, primo suyo; a Juan de Grijalva,
su deudo, según algunos cronistas; a Francisco Velázquez y Bernardino
Velázquez, quizá también parientes suyos . Entre los paisanos a Baltasar
Bermúdez; Juan Gutiérrez de Cabañas, quien aparece junto a Velázquez en
1512; Juan de Rojas, teniente del gobernador en 1525 y en 1539; Juan de
Cuéllar, buen jinete que intervino en el asalto definitivo a Méjico. Bernal
Díaz no recordaba el nombre de un Fulano de Cuéllar, deudo Francisco
Verdugo. Nombra también a Juan de Mercado, que unos decían que era de
Cuéllar y otros de Madrigal.
Organización de la vida en Cuba. Conquistada la isla, Diego
Velázquez en calidad de gobernador se aplicó a organizar la vida en Cuba,
conforme al patrón de La
Española y sobre la base de las encomiendas. Mandó hacer
una descripción de la misma que envió al Rey por medio del tesorero,
Pasamonte a través del cual mantenía correspondencia con el Monarca. Este
hecho prácticamente constituía una emancipación con respecto a la
dependencia de don Diego Colón de quien teóricamente dependía, por ser éste
virrey de las Indias. Puso en explotación las minas de la provincia de
Cubanacan del centro de la isla, de cuyas riquezas hizo partícipes a los
miembros del consejo del Rey con el fin de tenerlos de su parte y procedió
al repartimiento de los indios en encomienda, lo que motivó las iras de Las
Casas, después de sentir el trance de defensor de los indios. «Lleváronse
ganados deste isla Española, dice Fernández de Oviedo, e hanse hecho allí
muy bien todas aquellas cosas que tengo dicho que se han aumentado acá, de
árboles e plantas e hierbas e de todo lo que de España se ha traído, o
desde aquesta isla aquella se ha llevado. Y en esto diose mucho recabdo
Diego Velázquez, e como era mañoso, no solamente quería las gracias de lo
que él hacía, pero aun de lo que la tierra por su propia fertilidad
producía. En fin, que la isla llegó a estar muy próspera e bien poblada de
cristianos e llena de indios, e Diego Velázquez muy rico».
Un historiador moderno ha dicho
que Velázquez «se consideraba a sí mismo y exigía que lo considerasen como
a un virrey o rey local con su corte, sus privados y ministros, su capitán
general (Narváez), sus cortesanos y hasta un chocarrero. Este truhán se
llamaba Cervantes.
La boda de Diego Velázquez en la
isla de Cuba constituyó un verdadero acontecimiento. Casó con doña María de
Cuéllar hija del tesorero Cristóbal de Cuéllar un domingo «con gran
regocijo y aparato». Pronto quedó viudo, porque su mujer murió el sábado
siguiente.
En el aspecto misional, Diego
Velázquez recibió gran contento de la llegada de cuatro misioneros
dominicos a Cuba hacia 1515, al frente de los cuales y en calidad de
vicario iba Fray Gutierre de Ampudia. Su predicación fue contraria a los
repartimientos, siguiendo la línea del P. Montesinos en el famoso sermón
del primer domingo de adviento de 1511 en la isla Española.
Organizador de expediciones. Hernández de Córdoba. No habían
nacido los españoles para llevar la vida pacífica y tranquila en la isla de
Cuba. Muy pronto se preparó una expedición para explorar y conquistar
tierras desconocidas. La idea de explorar partió de un grupo que había
llegado a Cuba procedente del Darién. Recibió favorable acogida por parte
de Velázquez, quien, en principio quiso que la expedición se dirigiera a
las islas de Guanaxes con el fin de conseguir esclavos indios. Los
expedicionarios se opusieron diciendo «que lo que decía no lo manda Dios ni
el rey, que hiciésemos a los libres esclavos. Y después supo nuestro
intento dijo que era mejor que no el suyo, en ir a descubrir tierras
nuevas». Bernal Díaz del Castillo, de quien son las palabras anteriores y
que fue uno de los expedicionarios, añade que Velázquez les proporcionó un
barco fiado, de ahí que en principio quisiera que fueran a rescatar, para
que se lo abonasen. Preparados dos navíos y un bergantín el 8 de febrero de
1517 salió la expedición formada por 110 hombres al mando de Francisco
Hernández de Córdoba con un piloto veterano en Indias, por nombre Alaminos.
El 1 de marzo llegaron al cabo Catoche en la península de Yucatán y el 4
del mismo mes se pusieron en comunicación con los indios, que eran «de más
razón que los de Cuba», quienes prepararon una emboscada a los españoles.
Después de costear el litoral norte de Yucatán llegaron a Potonchán o
Champotón, donde sufrieron un grave desastre en lucha con los indios.
Decidieron regresar a Cuba, después de haber muerto unos 63 hombres, casi
la mitad de los expedicionarios.
La expedición de Juan de Grijalva. El regreso de Hernández de
Córdoba despertó el natural interés entre los moradores de Cuba e
inmediatamente se organizó una nueva expedición que continuara la ruta
emprendida en el anterior viaje.
Pero antes de proseguir hagamos
breve digresión acerca de uno de los problemas más enredosos de la Historia de los
descubrimientos. Pretenden algunos autores, como el geógrafo alemán Valentini,
que el golfo de Méjico fue descubierto ya en 1493 por navegantes
portugueses; su afirmación carece de fundamento y la rechazan los
historiadores. Otros escritores, como el argentino Levillier afirma que lo
descubrió Américo Vespuci en un supuesto viaje de 1497. La afirmación de
Levillier ha recibido un duro golpe por parte del profesor español Carlos
Seco que descarta el viaje de Vespuci de 1497. A la altura del
año 1518 parece ser que estaba todavía sin explorar el seno del golfo
mejicano.
Una
segunda expedición organizada por Diego Velázquez de Cuéllar, con otro
cuellarano al frente, Juan de Grijalva, contribuirá al descubrimiento de
dicho golfo. Había nacido Grijalva en Cuéllar en el año 1490 y muy joven,
en 1508, pasó a Indias. Lo encontramos al lado de Velázquez en Xaragua,
poblado de La
Española. Algunos cronistas afirman que era pariente, más
aún, sobrino del Adelantado, pero no existen pruebas de ello. Acompañó a
Velázquez en la conquista de Cuba y del 1514 a 1518 fue su
lugarteniente en Trinidad.
La nueva expedición quedó
formada por tres buques, dos bergantines y tres carabelas. Los
expedicionarios rebasaban el número de los 200. A finales de abril
de 1518 salieron de Cuba. Arribaron a las costas de Yucatán y en el lugar
llamado Champotón hubieron de sostener dura lucha contra los indios, lucha
que describe minuciosamente el soldado cronista Bernal Díaz del Castillo,
componente de la expedición. Al propio Grijalva lo quebraron tres dientes
de un flechazo. Continuando la navegación llegaron hasta las costas de
Ulúa, en pleno territorio mejicano, donde más tarde Hernán Cortés fundó la Villa Rica de la Vera Cruz.
Habían recorrido más de 1.800 kilómetros
de la actual costa de la república
de Méjico. Además, su viaje había rebelado la existencia de un imperio
remoto, el de los aztecas, quienes, según sus leyendas, esperaban la
llegada al mismo de hombres blancos. Precisamente uno de los mitos más
conocidos de los aztecas era el del retorno del dios Quetzalcoatl. Según el
contenido de dicho mito llegaría un tiempo en que hombres blancos, de
luengas barbas, venidos del Oeste, irían a señorear su territorio.
Encontrándose Grijalva y los suyos junto al río Banderas en territorio
mejicano, llegaron emisarios de Moctezuma, el gran jefe de la confederación
azteca. Estos emisarios vieron en los españoles a los teúles o dioses de
sus mitos que venían a poseer la tierra en cumplimiento de sus viejas
profecías. ¡Curiosa trastada de la Historia! De aventureros o hidalgos nacidos
en cualquier pueblo dormido de Castilla o Extremadura quedaron convertidos
en dioses aztecas.
De regreso a Cuba, Velázquez
recibió a Grijalva con desabrimiento y prescindió de él en la nueva
expedición de 1519, mandada por Hernán Cortés. Grijalva regresó a España donde
vivió pobremente. Volvió a las Indias y el día 21 de enero de 1519 murió a
manos de los indios en Centro-américa, quizá con pena pero sin gloria.
Réstanos dedicar unas líneas al
carácter de Grijalva que es una de las figuras más humanas y más simpáticas
de los primeros años de la conquista. A su mérito de descubridor unía la
valentía del guerrero y una vida irreprochable. Bernal Díaz del Castillo
dice que «siempre mostró ánimo de muy esforzado y valeroso capitán». Cuando
al regreso de su viaje, Velázquez planeó una nueva expedición y se
barajaban nombres para presidirla, añade el soldado cronista: «todos los
más soldados que allí nos hallamos decíamos que volviese el mismo Juan de
Grijalva, pues era buen capitán y no había falta en su persona y en su
saber mandar».
De su conducta sin tacha y de su
vida ejemplar, el testimonio más elocuente, es el de Bartolomé de las
Casas, quien es durísimo con los conquistadores; sin embargo, dice de
Grijalva «que era tanta su bondad y su buen carácter que hubiese hecho un
buen fraile».
Fiel a su deber se ciñó
rigurosamente a cumplir las instrucciones de Diego Velázquez y el respeto a
las mismas fue el principal motivo de que no fundase población alguna en
las costas mejicanas. Creemos que los dictámenes de su conciencia, no su
cobardía fueron el motivo de no poblar las tierras por él descubiertas.
Un moderno biógrafo de Grijalva
le tributa los siguientes elogios: «soldado valeroso, enamorado de su fe y
de su rey, símbolo genuino del caudillo asceta de la España del siglo
XVI».
A pesar del olvido que se tiene
e Juan de Grijalva atrae irresistiblemente su persona, pronunciamos
reverentemente su nombre y le seguimos estimando a través del tiempo.
La expedición definitiva de la conquista de Méjico: Hernán Cortés.
Hernán Cortés pasó a Cuba a requerimiento de Diego Velázquez. Afirma un
cronista que tomó parte activa en la conquista de Isla, aunque la versión
no concuerda con las afirmaciones de quienes presenciaron los
acontecimientos. Fue secretario de Velázquez y tesorero del Rey en Cuba.
Cortés trató por todos los medios de asegurarse en la amistad del
Adelantado, como efectivamente lo logró.
Pronto cambió la situación de
Velázquez con respecto a Cortés. La causa fue doble, según Madariaga, que
ha estudiado agudamente el problema, una de índole amorosa y otra de
carácter político. La virreina doña María de Toledo había llevado varias
doncellas que aspiraban a casarse con conquistadores ricos. Entre éstas
figuraban las hermanas granadinas Juárez, que por cierto eran muy hermosas.
A una de ellas, Catalina de nombre, cortejó Hernán Cortés. Debió serle
demasiado fácil la conquista porque pronto pretendió que se casara con él.
Hernán Cortés no quiso cumplir la promesa de matrimonio. Diego Velázquez
cortejó a otra de las Juárez y ésta presionó al Gobernador para que Hernán
Cortés accediera a los deseos de su hermana. Cortés, muy a pesar suyo, hubo
de claudicar, como veremos.
Además de este incidente y tal
vez como consecuencia del mismo, Cortés formó parte de una conspiración en
contra de Velázquez y se prestó a llevar las quejas contra su mal gobierno
a las autoridades de La
Española; pero antes de que saliera, Velázquez le prendió
y le condenó a prisiones, no sin haber pensado en ahorcarle. Escapado de la
prisión se refugió en una iglesia y al salir se apoderaron de él los
alguaciles de Velázquez. Confinado en un barco logró también huir y fue
entonces cuando decidió casarse con Catalina Juárez, para arreglar su
situación con el Gobernador; Velázquez debió perdonarle de corazón, pero
Cortés no se resignó a llevar una vida de segundón en Cuba a las órdenes de
Velázquez. Su destino era nada menos que la conquista del fabuloso imperio
de los aztecas.
Las expediciones anteriores de
Hernández de Córdoba y Grijalva pusieron de manifiesto la existencia de un
imperio rico que despertó la codicia y espíritu de aventura de los
españoles de Cuba. Para la conquista del mismo se organizó una expedición y
al frente de la misma quedó Hernán Cortés. El capitán de Medellín logró
astutamente que el nombramiento de jefe recayera en él y Velázquez cayó en
el anzuelo, a pesar de que algunos de sus partidarios le advirtieron de lo
peligroso del juego. Cuando quiso dar marcha atrás Velázquez, era tarde.
Cortés precipitó los acontecimientos y salió de Cuba el 18 de noviembre de
1518 con ánimo de desligarse de la
autoridad de Velázquez cuando viera momento propicio. No tardó Cortés en
provocar la ocasión para romper con el gobernador de Cuba. Sucedió en las
costas de Vera Cruz y no le fue nada fácil, porque en la expedición había
un grupo numeroso, partidario de Velázquez. Para ello trabajó a los amigos
suyos a fin de que sugirieran la idea de crear un municipio independiente y
que después le nombraran a él justicia mayor y capitán general del mismo,
como así sucedió. Con ésta solución, que hunde sus raíces en el derecho
castellano, jurídicamente Velázquez nada tenía que ver con la expedición.
De este modo rompió Hernán Cortés con Velázquez quien desde su puesto de
gobernador de Cuba estaría pensando en los rescates de los nuevos
descubrimientos. A Velázquez, que había logrado convertirse en una especia
de reyezuelo, independiente de Diego Colón, ahora Cortés le pagó con la
misma moneda, independizándose de él.
Para dar cuenta de lo sucedido,
Hernán Cortés envió a la metrópoli a Montejo y Portocarrero y al pasar por
las costas de Cuba la noticia corrió hasta Diego Velázquez. Su reacción fue
furibunda. El mismo en persona recorrió las estancias con el fin de allegar
recursos y alistar hombres para una nueva expedición que se apoderase de
Cortés y los suyos. Como jefe de la misma nombró a su antiguo capitán
Pánfilo de Narváez. Era Narváez hombre sumamente descuidado y hablaba con
voz campanuda y despaciosa. En cierta ocasión hizo reír a Carlos V al
narrarle la forma en que vencido por Cortés. Pues bien, Pánfilo de Narváez
llegó a las costas de Méjico cuando Hernán Cortés había hecho su primera
entrada triunfal en la capital del imperio azteca.
Al recibir la
noticia de su llegada, Hernán Cortés dejando un destacamento en Méjico al
mando de Alvarado, emprendió la marcha desde el interior a la costa y se
apoderó de Narváez pasando los soldados de éste a engrosar su propio
ejército. El esfuerzo y los gastos de Diego Velázquez de Cuéllar para esta
nueva expedición habían sido completamente inútiles y hasta
contraproducentes. Otra vez Hernán Cortés le había ganado la partida. La
fortuna había dado la espalda a Velázquez, quien quería conseguir riquezas
y atribuirse méritos desde su silla de gobernador de Cuba.
Velázquez era un hombre
influyente en la Corte,
a través del tesorero Pasamonte y sobre todo del intrigante obispo Fonseca,
encargado de los negocios de Indias que aspiraba a casar una sobrina suya,
hija dicen otros, con el gobernador de Cuba. Valiéndose de esta amistad
movió un pleito ruidoso contra Cortés, por considerarle traidor y lesionar
gravemente sus intereses. Nombró como procurador suyo en la Corte a su paisano
Manuel de Rojas. Estos pleitos fueron interminables y los prolongaron incluso
los herederos de Velázquez.
Diego Velázquez de Cuéllar vivió
amargado los últimos años de su vida, hasta que «en 5124, dice Fernández de
Oviedo, estando determinado de ir en persona a se quejar de Cortés ante el
Emperador, acabáronse sus días y sus contiendas y aun sus dineros y así
fenesció el Adelantado Diego de Velázquez y acabó pobre y enfermo y
descontento». Gran verdad encierran las últimas palabras del epitafio
latino de su sepulcro: «Cuando estaba para conseguir grandes riquezas,
manos poderosas se las arrebataron».
Retrato de Diego Velázquez. El único retrato que conocemos del
conquistador de Cuba lo debemos a su paisano. Antonio de Herrera, quien lo
publicó en el frontispicio de su obra principal, Historia de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra
Firme del Mar Océano. A juzgar por las facciones del mismo, nos
inclinamos a clasificarlo dentro del tipo pícnico, debido a sus formas
redondeadas, cuello corto, cabeza de gran perímetro, pilosidad abundante.
Su mirada serena y aspecto
apacible nos produce la impresión de encontrarnos ante un hombre bondadoso
de carácter, amante de la paz y de la buena vida, cualidades éstas que
dicen bien con las afirmaciones de los cronistas.
Velázquez visto por los cronistas. El paranoico historiador de
Indias, Bartolomé de las Casas, traza de Diego Velázquez la siguiente
semblanza cargada de luces y sombras: era «muy estimado de los de acá de
los antiguos de esta isla (Española), más rico que ningún otro; tenía mucha
experiencia en derramar o ayudar a derramar sangre de estas gentes
malaventuradas. De todos los españoles era muy amado, porque tenía
condición alegre y humana y toda su conversación era de placeres y
agasajos, como entre mancebos no muy disciplinados, puesto que a sus
tiempos sabía guardar su autoridad y quería que se le guardasen. Era muy
gentil hombre de cuerpo y de rostro, y así amable por ello; algo iba
engordando (cuando le nombraron para la conquista de Cuba), pero todavía
perdía poco de su gentileza. Era prudente, aunque tenido por grueso de
entendimiento; pero engañados estaban con él.
Era bien condicionado y durábale
poco el enojo. Todo lo perdonaba pasado el primer ímpetu, como hombre de
benignidad. Y no era Diego Velázquez de poca cólera, ni aún de tan poca
gravedad, que aunque por otra parte, cuando estaba en conversación era muy
afable y humano, pero cuando era menester y se enojaba, temblaban los que
estaban delante de él, y quería siempre que le tuviesen toda reverencia, y
ninguno se sentaba en su presencia, aunque fuese muy caballero».
Las Casas generalmente es
despiadado e implacable con los conquistadores. Al tratar de esta forma a
Diego Velázquez, parece que le tenía en buen concepto, y anótese que pudo
llegar a conocerle bien, porque estuvo a su lado en la conquista de Cuba.
Fernández de Oviedo, según vimos
anteriormente, afirma que Diego Velázquez era un hombre mañoso e introdujo
el cultivo de las nuevas plantas en Cuba.
Castellanos dice de él:
Fue
persona de cuerpo bien dispuesto, Robusto de sus miembros y velloso, Algo
moreno, pero de buen gesto, Suelto, valiente, fuerte y animoso, Gastó sus
bienes, más con todo esto,
Fue
menos liberal que codicioso. Tuvo gran copia de oro, plata, cobre, Y al fin
de su jornada murió pobre»
Herrera afirma que fue muy sabio
y de buena intención, aunque no dichoso. Gómara dice que «tenía poco
estómago para gastar, siendo codicioso».
Por supuesto
para Hernán Cortés fue un hombre avaro y que no miraba el bien del Monarca,
sino su propio medro uy comodidad.
Los cronistas que a veces se
complacen en resaltar los lances amorosos de los conquistadores, nada nos
dicen al respecto, fuera de que cortejó a una de las hermanas Juárez. Sin
embargo, Vázquez de Espinosa, que presenta en su obra una estampa de la
vida colonial a principios del siglo XVII, nos dice que en el Yucatán tenía
un doctrina «el padre Diego Velázquez hijo del conquistador». Aunque por
las fechas no sería imposible que aludiera al conquistador de Cuba (Diego
Velázquez murió en 1524 y Vázquez de Espinosa pasó a Indias en 1608), puede
ser que se refiera a un hijo de su sobrino, llamado como él, Diego
Velázquez.
Entre los escritores modernos
que más o menos directamente han estudiado a Velázquez, queremos citar a
Salvador de Madariaga, quien escribe refiriéndose al mismo: «Era hombre de
buen deseo, pero comodón, muy bien dispuesto y de carácter fácil; todo ello
le llevaba a intentar siempre alcanzar el mayor resultado posible para sí,
con el menor esfuerzo y gastos propio. Indolente y si no precisamente
avaro, al menos tardo en el gasto, como en la acción». Ramón Ezquerra le
dedica estas líneas: «Temperamento prudente, reposado, humano, conquistador
de escasa suerte y de inmerecido mal renombre».
Diego Velázquez en su testamento. Otorgó testamento Diego
Velázquez en Santiago de Cuba el día 11 de junio de 1524, donde falleció el
mismo día o al día siguiente. Una copia se hizo en 1530 y el pasado siglo
fue publicado. Aparece en su testamento como de creencias firmes:
«Queriendo encaminar, dice, mi ánima en camino de salvación, e acordándome
de las intensas e innumerables mercedes que yo más que otros hombres de
Dios nuestro Señor he rescibido, y de cada un día rescibo, muy humildemente
y muchas veces le suplico que se acuerde de mi ánima e la encamine en
camino de salvación, e que por tal camino la guíe la Santísima Trinidad
y suplico a la Virgen
Santa María y al bienaventurado apóstol Santiago que sean
mis abogados y que mi ánima la presenten ante aquel verdadero y justísimo
juez y me perdone todos mis pecados».
Siguen después una serie de
cláusulas sobre la forma de su enterramiento uy acompañamiento de su
cadáver y una serie de sufragios en las iglesias de Cuba y de La Española.
Tuvo en el
testamento un recuerdo para su suegro, Cristóbal de Cuéllar, y para su
mujer, María de Cuéllar, por cuyas almas debían aplicarse 100 misas. Diego
Velázquez había sido testamentario de su suegro y no debió cumplir con
puntualidad las cargas del testamento; lo hizo notar y señaló los puntos
del mismo que debían tener en cuenta sus herederos.
Ordenó asimismo al mayordomo del
señor Obispo que averiguase sus deudas y las pagase religiosamente. A su
vez perdonó a todos sus acreedores.
No olvidó a los indios que tuvo encomendados
y que fueron a la hora de la muerte la pesadilla de muchos de los
conquistadores: «digo que yo he tenido y tengo indios en esta isla que me
han servido y sirven en estas haciendas y granjerías o en coger oro, y mi
voluntad es y ha sido siempre descargar con ellos mi conciencia y quisiera
darles mucho más; conformándome con lo que ahora puedo hacer, mando que se
les tomen de mis bienes quinientos pesos de oro y se compren de batidores y
ropas y otras cosas que se acostumbran dar a los indios y se repartan por
los que tengo en la villa de la Asunción y Vaytiquen y en esta ciudad y en el
cacique Fraes de la villa de Bayamo y en los de Sanct-Spiritus de la villa
de
Trinidad y
San Cristóbal de la Habana».
En el mismo
testamento hizo relación de sus servicios a la Corona, particularmente
de los gastos que le habían ocasionado la preparación de las armadas de
Hernández de Córdoba, de Grijalva, de Hernán Cortés y de Pánfilo de
Narváez. Ningún fruto había percibido de estos gastos y según sus palabras quedó en «extraña
necesidad», pero no renunció a los posibles emolumentos e indicó que sus
herederos presentaran la relación de sus méritos para reclamarlos.
Cuéllar en el testamento de Diego Velázquez. No olvidó en el
testamento a su villa de Cuéllar. Como la mayoría de los conquistadores,
también Velázquez quedó tocado del recuerdo de su lejano pueblo de origen.
Ordenó que se celebraran en el monasterio cuellarano de San Francisco
trescientas misas en sufragio de su alma y de sus padres y parientes. De
las rentas que él confiaba obtener de Méjico dejó al convento de Santa
Clara de la misma Villa tres mil ducados de valor, trescientos y sesenta y
cinco maravedís, para que rezaran por su alma. Advirtió que él siempre
había tenido y tenía mucha devoción a dicho convento y en él había hermanas
y parientas suyas.
Sospechamos que nada de esto
recibirían las monjas de Santa Clara, a pesar de que algunos de sus
herederos continuaron reclamando los derechos de Diego Velázquez; pero ahí
queda la buena voluntad y el recuerdo de Cuéllar, la villa de las colinas,
en el testamento de uno de sus hijos más ilustres. En Cuéllar apenas queda
otra cosa que la memoria de Diego Velázquez en una calle dedicada a su
nombre.
Creemos que la figura de Diego
Velázquez seguirá siendo discutida, falta sin embargo, un estudio crítico
que valore convenientemente los textos de los cronistas, su juicio de
residencia y tal vez nuevas aportaciones documentales. Es preciso someter a
revisión afirmaciones manidas y no ponerse de antemano al lado de Hernán
Cortés. Como en tantos otros casos, al ponerse la Historia al lado del
que ha tenido éxito, de rechazo ha cargado las tintas en contra de Diego
Velázquez. Las páginas que anteceden estimamos que son suficientes en orden
a una historia general de Cuéllar.
Apellidos
ROJAS que aparecen en el Catálogo de Pasajeros de Indias. Años 1509-1533. (EDITORIAL GAVIDIA)
580.-
Antón de Rojas, hijo de Miguel de Rojas y de Isabel.........de Saldaña,
vecinos de Jerez de la
Frontera, 14 de Junio de 1512. Leg – 5536 – lib. I, pag 142
1066.-
Diego de Rojas, hijo de Gonzalo Alvarez y de Leonor Alvarez, vecinos de
Sevilla, 4 de Abril de 1513.
Leg – 5536 – lib. I, pag
232
3369.-
Francisco de Rojas, natural de Granada, hijo de Pedro de Rojas y de Inés
Martínez, vecinos de dicha ciudad, 9 de Septiembre de 1527.
Leg – 5536 – lib. II, pag 65
HOJAS DE
SEVICIOS MILITARES DE AMERICA
Archivo
de Simancas – Catalogo XXII
ROJAS,
DIEGO DE- Capitán, Milicias Disciplinadas de Barcelona, Provincia de
Cumana 1799 7292,XI,11
ROJAS,
DOMINGO DE- Sargento, Milicias de las Cuatro Villas 1799
7264,X,44
ROJAS,
FELIX DE- Sargento, Milicias Provinciales
Urbanas de Infantería de San Antonio de Cajamarca 1797 7287,III,34
ROJAS,
FERNANDO- Teniente Coronel, Milicias Disciplinadas Dragones de Lima
1788
7283,III,64
ROJAS,
FRANCISCO – Sargento, Milicias
Provinciales Disciplinadas Caballería de Arequipa 1797 7287,II,61
ROJAS,
FRANCISCO- Cadete, Milicias Disciplinadas Blancos de Barcelona, Provincia de Cumana 1799 7295,VII,70
ROJAS,
FRANCISCO- Teniente, Milicias Provinciales Urbanas Dragones de Huambo,
partido de Cajamarca 1797 7287,XVII,13
ROJAS, JOSE ANTONIO DE- Cadete, Milicia de las
Cuatro Villas 1795 7262,V,61
ROJAS,
JOSE MARCELINO – Teniente, Milicias Infantería Española de San Juan de la Frontera de
Chachapoyas 1792 7284,VI,20
ROJAS,
JUAN- Sargento 1º, de la 8ª Compañía de Milicias Españolas Caballería de Luya y Chillaos, Provincia
de Chachapoyas 1792 7284,XX,17
ROJAS,
MANUEL- Teniente, Batallón Provisional Milicias de Pardos Libres de Lima
1796 7286,XII,29
ROJAS,
MANUEL- Teniente, Dragones de Méjico
1800 7277,II,28
ROJA,
NICOLAS- Sargento, Milicias Provinciales Urbanas de Caballería de
Huatanuco, 1797 7286,VI,31
ROJAS,
PEDRO- Teniente, Milicias Disciplinadas Blancos de Barcelona, provincia de
Cumana 1799 7295,VII,64
ROJAS,
SEBASTIÁN DE - Subteniente, Dragones
Voluntarios Disciplinados Valle Dupar Gobernación de Santa Marta 1800 7282,XVIII,18
ROJAS,
VICENTE DE – Sargento, Compañía de Artillería Milicias Blancas de la Isla de Santa Maria 1887 7293, III,35
GABRIEL DE
ROJAS. DE CUELLAR A EL PERU UN ESPAÑOL LEAL AL SERVICIO
DE SU PATRIA
Fernando Fraile
Viloria. Enero 2.005
LA
FAMILIA ROJAS. Los
Rojas eran oriundos de Córdoba. Gómez de Rojas era capitán de Enrique IV y
junto con su hermano Pedro, acompañó
a su tío el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, a Cuellar en socorro
de la villa de Olmedo en el año 1.467. Después de esta batalla acompañó a
D. Beltrán de la Cueva,
quien mandó las fuerzas realistas, a Cuellar donde se radicó Gómez Rojas.
D. Beltrán de la Cueva, primer duque de
Alburquerque, era señor de Cuellar desde el 24-12-1464, cuya villa le dio
para resarcirle del Maestrazgo de Santiago que le tuvo que quitar por
protestas de los nobles. D. Gómez se casó con Doña M.ª Torres Córdoba
Hinestrosa y tuvieron 7 hijos: Manuel, Gabriel, Francisco, Cristóbal, el
licenciado Alfonso Yánez, Juana e Isabel. Todos nacidos en Cuellar donde
aun perduran descendientes de esta
larga familia y se conserva un caserón en la calle San Pedro.
Por la zona había un
dicho ponderativo: “Son más que los Rojas”.
D. Gómez Rojas fundo una capilla en el concento de San Francisco y
en sus ruinas puede verse su escudo cuyas armas son cinco estrellas. Estos
hermanos sintieron casi en bloque la llamada de las Indias y también sus
hijos.
MANUEL DE ROJAS. Era
el mayor de los hermanos y casó en Cuellar con Maria Magdalena Velázquez,
sobrina del Adelantado de Cuba, Diego Velázquez
Desconocemos con
exactitud la fecha en que llegó a Cuba pero allí lo encontramos en 1.521.
Era primo de Diego Velásquez quien el 10-8-1.521, en la villa de Santiago de
Cuba le dio plenos poderes para que fuera su procurador en la corte, en los
ruidosos pleitos que tuvo con Hernán Cortes. Vino a España y con
la mayor dedicación
defendió la causa de Velásquez. Volvió a Cuba y fue albacea de Diego
Velásquez. Muerto ya este figura como Teniente Gobernador de la Isla en el mismo año
1.524. En 1.525 aparece como vecino de El Salvador y en 1.528 lo era de La Asunción y aparece como
procurador, proponiendo acuerdos al rey. En los años 1.532 y 1.535 vuelve a
aparecer como teniente Gobernador informando al rey de la situación de la Isla.
Desde Cuba envió una
carta al rey notificándole que había examinado las cuentas de los oficiales
de Jamaica.
El licenciado Vadillo
dice de él que era persona cuerda, de rectitud y buena intención, pone paz
entre los vecinos como buen juez; con él nada falta para la buena
gobernación.
En 1.535 dejó el
gobierno de la Isla
y pasó al Perú donde tenía negocios con su hermano Gabriel. A los 70 años,
en 1.544 depuso contra Blasco Núñez Vela. En 1.561 otorgó testamento en
Cuellar donde fue enterrado en el convento de San Francisco.
GABRIEL DE ROJAS. Como
puntualiza el P. Balbino, es de justicia extendernos en la historia de este
segoviano por ser menos conocido que sus paisanos Velázquez, Pedrarias o
Grijalva siendo tantos sus méritos.
Fue el miembro más
destacado de la familia y nació en Cuellar como sus hermanos.
Debió pasar a las
Indias en la expedición de Pedrarias Dávila en 1.513, pues figura como
capitán de Pedrarias junto con Francisco Pizarro y Diego de Almagro.
En 1.514 era veedor de
la expedición que el año siguiente realizó el licenciado Espinosa desde
Acla. De los años 1.515 al 20 fue lugarteniente de Acla en el golfo de
Urabá. Estando en Acla fue residenciado Pedrarias junto con sus capitanes Andrés
Garabito y Rojas; la célula se publicó en Logroño el 18-7-1.521
y fue comisionado para
el efecto Juan Rodríguez Alarconcillo quien el 7-6-1.523 había concluido el
juicio sin graves consecuencias.
Acompañó a Francisco
Hernández de Córdoba, teniente general de Pedrarias, en la fundación de las
ciudades de León, Granada y Segovia, y exploraron el río desaguadero hasta
el Atlántico. Siguiendo instrucciones se internó tierra adentro
encontrándose con Cristóbal Olid que venia desde México sublevado de Cortes,
este le instó a que abandonase aquella tierra y así lo hizo para evitar
enfrentamientos entre españoles. Por esto Francisco Hernández envió esta
vez a Hernando de Soto que fue apresado por Olid. (1)
En 1.527 le encomendó
el nuevo gobernador de Honduras, Diego López de Salcedo, que fuese a
descubrir en la laguna, en Nicaragua.
En los problemas de
Salcedo y Pedrarias aparece como un hombre integro y leal. Esta integridad
y lealtad fue motivo a lo largo de su vida de que se encontrara en graves
dificultades.
Salcedo, mientras
ejercía el poder en Nicaragua, se ganó la enemistad de los ciudadanos y por
ello fue apresado por Estete,
teniente de Pedrarias quien requirió a Rojas para que ejerciese la
gobernación por ser teniente de
Salcedo, hasta que llegase Pedrarias; Rojas se negó alegando que aunque
tenia la amistad de Pedrarias no podía traicionar a Salcedo de quien era
teniente. Por este motivo fue apresado y enviado con grillos al castillo de León. Estete
ofreció el puesto al capitán Garabito. Este famoso capitán había sido residenciado junto con Pedrarias y Rojas;
fue enviado por Balboa, secretamente, a reclutar hombres a Cuba para independizarse de Pedrarias y
fue el único de los procesados con Balboa que no fue ajusticiado.
Poco debió de durar
este cautiverio pues en 1.529 le vemos en la expedición de Pedrarias para
descubrir el fin de las lagunas de
Nicaragua. Mandaba la expedición Martín de Estete quien iba sembrando
el pánico entre los indios con sus
crueldades. Agrupados los indios estuvieron a punto de hacerles perecer si
no hubiera sido por
Gabriel de Rojas “Valiente soldado y experto capitán” según nos cuenta
Fernández de Oviedo.
Con motivo de esta
expedición Rojas fundó la ciudad de Gracias a Dios, donde tuvo grandes
luchas para defenderse de los indios
y poder explotar las minas de plata y oro que allí había.También fue
enviado por Pedrarias junto con Benito Hurtado contra Saavedra capitán de
Cortes.
En 1.530 descubrió una
conjura contra las minas que tenía encomendadas en Gracias a Dios, y
sofocada, pudo enviar a España casi
3.000 pesos de oro por medio de Fray Francisco de Bobadilla.
Los años que permaneció
con Pedrarias le acreditaron como hombre leal, excelente estratega y
valeroso soldado; virtudes que
mantuvo durante toda la vida. Durante la conquista del Perú le vemos al
lado de Pizarro. Rojas había hecho gran amistad tanto con Pizarro como con Almagro durante el
tiempo que estuvieron al servicio de Pedrarias, y estos conocían bien sus virtudes.
Francisco de Castañeda
Alcalde Mayor en Nicaragua había reclutado hasta 180 hombres y barcos
por petición de Francisco Pizarro.
Gabriel de Rojas fue el encargado de llevarlos al Perú, pero Pedro de Alvarado que estaba en el Realejo
preparando una armada para pasar a conquistar por su cuenta se apoderó de estas fuerzas. Gabriel de
Rojas, con los medios que pudo, desembarcó en San Miguel con 10 hombres el 23-10-1.533, llevando la
noticia de las intenciones de Pedro de Alvarado.
Atahualpa (2) fue
ejecutado en 1.533 pero los restos de su ejército capitaneados por Quisquis
acometieron a los españoles en Jauja. La estrategia de Rojas fue decisiva
en esta batalla, esperando las
acometidas de los
indios en campo abierto donde los jinetes pudieran maniobrar fácilmente.
Después de la batalla
Gabriel de Rojas estuvo en Vilcas y por encargo de Diego de Almagro marchó
al
Cuzco a informar a
Pizarro de la llegada de pedro de Alvarado. Herrera nos cuenta que Pizarro
holgó mucho con él y le agradeció
este trabajo. (3)
Quisquis murió en Quito
a manos de sus propios soldados pero la resistencia siguió. Estando aun
preso Manco Inca en Cuzco, Juan Pizarro envió a Rojas para que le
interrogase y le amenazase por una supuesta
traición. En 1.535 asistimos a la rebelión de Manco Inca nosotros
nos interesamos por sus efectos en el Cuzco que es donde se encuentra Rojas
junto con Hernando Pizarro; Francisco estaba en Lima.
Los indios tuvieron
cercado Cuzco más de ocho meses, cada luna llena la atacaban por todas
partes. El cronista Zarate nos cuenta que uno de sus más valientes
defensores era el capitán Rojas. Cuando
Hernando Pizarro salió hacia Tambo con 80 caballos, Manco Inca
decidió que 35.000 indios atacaran
Cuzco; Rojas resistió valerosamente cuando entraron por Andesuyo y
quizás llegaron a entrar en la ciudad
y es posiblemente que fuese cuando ocurrió lo que nos cuenta el escritor
Pedro Pizarro, que dieron un flechazo a Rojas en la nariz y le entró hasta
el paladar; el propio Pedro Pizarro corrió gran peligro del que le libró Gabriel de Rojas.
Debido al asedio, los
alimentos escasearon y Hernando Pizarro nombró a Rojas jefe de una
expedición hacia Gomancauché distante unas 14 leguas; Al cabo de un mes
volvieron con 200 cabezas de ganado gracias a sus excelentes dotes para
imponer el orden y la disciplina; así nos lo cuenta Pedro Pizarro que fue uno de los componentes de la
expedición. No fue la única salida del Capitán Rojas como nos lo cuenta
Herrera en relatos realmente extraordinarios.
Cieza de León y Herrera
cuentan las excepcionales intervenciones leales y honestas de Gabriel en
las luchas entre pizarristas y almagristas.(4)
Recordemos que Hernando
Pizarro al llevar a la metrópoli el quinto del tesoro real reunido en
Cajamarga, consiguió para Francisco Pizarro 200 leguas de Costa
aproximadamente desde el Cuzco al Sur hasta Pasto al Norte en Colombia cerca de Ecuador y
para sí el titulo de Adelantado, heredero de Francisco Pizarro y una jurisdicción de 70 leguas más al S.
de lo concedido a su hermano. También consiguió para Almagro la gobernación
de Nuevo Toledo, creyendo este que incluía el Cuzco. Este fue el punto
serio de fricción que se salvó de
momento al emprender Almagro la conquista de Chile. Al desistir, Almagro
volvió al Perú renovando su
pretensión y en 1.537 se presentó en Cuzco para apoderarse de la ciudad.
(5)Hernando Pizarro
envió a Gabriel de Rojas y al licenciado Prado a negociar una tregua de
tres días con Almagro quien la
acepto con tal de que Rojas jurase que no se aprovecharían los tres días
para reforzar la ciudad; Pizarro la
rompió contra las suplicas y ruegos de Gabriel. Almagro conquisto el Cuzco
y apresó a los Pizarro el 8-4-1537.
Conociendo Almagro la honradez de Rojas y a petición de la ciudad le dio la
vara de su teniente en la ciudad,
que la acepto con gran pesar por la suerte de los Pizarro y procuraba con
todas sus fuerzas que se
compusieran.
En todas las luchas
siguientes Gabriel de Rojas quedó entre dos fuegos llevándole de un bando
para otro, procurando siempre por
los intereses de España por encima de las banderías.
Cuando Almagro salió a
combatir al teniente de Pizarro, Alonso de Alvarado dejo en el Cuzco a
Gabriel de Rojas. El 12-7-1.537 a orillas del río
Abancay, Alvarado fue derrotado.
Almagro llevó a Lima, la ciudad de los reyes, a Hernando Pizarro y
dejó en el Cuzco a Rojas custodiando
a Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado. Pizarro y los suyos
escaparon y encarcelaron a Gabriel.
La prisión de Rojas
debió ser breve pues antes de la batalla de Salinas (26-4-1538) aparece
gobernando la ciudad y exhortaba a los vecinos para que salieran a
defenderla en la devoción de Almagro. Este, enfermo y achacoso, al no poder
salir, ordenó a Gabriel, por ser hombre de mucha autoridad, que obligase a
la gente a salir a defender la
ciudad que la atacaban los Pizarro. Logró que salieran quinientos hombres
de a pie y a caballo, aunque algunos quedaron escondidos en los edificios.
De poco sirvieron los esfuerzos del capitán Rojas pues los Pizarro
derrotaron a Almagro en la batalla de Salinas el 26-4-1.538.
Apresado Gabriel de
Rojas doblaron sus guardias mientras decapitaban al viejo y enfermo Diego
de Almagro.
Hernando Pizarro, por
la amistad que su hermano Francisco tenía con Gabriel y conocedor de sus
dotes y virtudes debió liberarlo
pronto de la prisión pues le encontramos con las huestes de Hernando y
Gonzalo Pizarro en 1.539 en la
entrada que tuvieron que hacer a las Charcas para pacificar esta provincia.
Trazó y construyó un puente en el Ayabire donde algunos castellanos se habían
ahogado y otros habían sido
apresados y sacrificados en un adoratorio.
También aparece en
Cochabamba junto a Garcilaso de la
Vega y Pedro de Castro destacando por su valentía contra el señor de Chichas; esta
batalla fue muy importante para la pacificación del Callao y las Charcas.
El 26-6-1.541 los
partidarios de Almagro asesinaron en Lima a Francisco Pizarro y tratan que
Diego de Almagro, hijo, fuese
recibido por gobernador hasta que el rey lo confirmase (6). De forma
especial quisieron ganarse a Gabriel
de Rojas a quien enviaron a Juan Diente, grandísimo caminador. “Gabriel
de Rojas se estaba quedo en su casa
sin hacer ninguna demostración por que el gobierno de la ciudad iba primero para D. Pedro Puertocarrero”.
Finalmente nombraron gobernador a Diego de Almagro y por su teniente a Gabriel que “Sin hacer
demostración se estaba en su casa por que le pesaban aquellos alborotos” Según nos cuenta Herrera.
Esta situación no
agradaba a Gabriel y cuando Perálvarez Halquin quiso entrar en el Cuzco en nombre
del rey, no ofreció resistencia. “No
se mostraba parcial de nadie y viviendo en el Cuzco como vecino, era respetado por todos y como persona
honrada y de juicio procuraba que este movimiento de los de Almagro no pareciese guerra civil”. (7)
Cuando llegó al Perú
Vaca de Castro, Almagro el Mozo se enfrentó a él y fue derrotado en la
batalla de Chupas en 1.542. Rojas no
intervino en esta batalla y seguía viviendo en el Cuzco.
Vaca de Castro también
confió en él y le mandó hacer una población de castellanos en las Charcas.
Cuando Vaca de Castro
se ve obligado a decidir sobre la suerte de Diego Almagro consultó a
los capitanes de mayor crédito y
autoridad y mandó a Gabriel de Rojas que expusiera su parecer. Nos cuenta Herrera que hizo un habilísimo y retórico
discurso que causó gran inquietud en los seguidores de Pizarro sin embargo Diego de Almagro el Mozo fue
condenado a muerte.
Vaca de Castro siguió
teniéndole por hombre de confianza y cuando corrieron las voces de que
Gonzalo Pizarro quería matar a Vaca
de Castro, este acudió a Rojas y ambos acordaron que Pizarro se fuese a
las Charcas de donde era vecino y
allí estuviese sin hacer juntas de gentes.
Carlos I nombro Virrey
a Blasco Núñez Vela (8) que en 1.544 entraba en Lima y uno de sus fines era hacer cumplir las nuevas leyes que
protegían a los indios lo que exacerbó a los españoles. Gonzalo Pizarro hizo frente al Virrey a quien
apresaron y embarcaron para España, pero antes de llegar a Panamá logro volver y se encaminó a Quito.
Ante esta situación,
viendo que no llevaría a cosa buena, en cuanto Gonzalo Pizarro salió de
Cuzco, Gabriel de Rojas, su sobrino Gómez Rojas, Garcilaso y algunos otros
caballeros tomaron el camino de
Arequipa para desde allí ir a juntarse con el Virrey, “siendo los primeros
vasallos de su príncipe que por propia voluntad acataron al Virrey”.
Cuando Gonzalo Pizarro
lo supo ordenó nada menos que a Francisco de Carvajal, el llamado demonio
de los andes, que fuese a matar a los vecinos de Cuzco que habían acudido
al Virrey. Quizás por amistad
Francisco de Carvajal fue pregonando en voz alta su misión para que
se escapasen o pudo ser que los vecinos rogaron por ellos, lo cierto es que
se salvaron.
Aun cuando le perdonó
la vida a partir de este momento la relación entre Gonzalo Pizarro y los
Rojas no fue cordial. No aparece en
la batalla de Añaquíto (1.545) donde Pizarro vuelve a derrotar a Blasco
Núñez Vela y un soldado le mata. Pizarro quedo dueño del Perú.
La corona nombró a D.
Pedro de La Gasca
presidente de la
Real Audiencia (9) y llegó a Panamá en noviembre de 1.546. Logro hacerse con la
escuadra de Pizarro y en Abril de 1.547 partió hacia el Perú.
Gonzalo Pizarro derrotó
al leal Centeno en Huarina en Octubre de 1.547. No sabemos si Gabriel de
Rojas se vio obligado a participar en esta batalla. Lo cierto es que viendo
las intenciones del tirano Pizarro no
duda en exponerse a todo peligro por salir de la opresión y viendo
desamparado el cuartel se salió sin ser
visto junto con sus sobrinos Gómez Rojas, Gabriel Bermúdez, el
capitán Cáceres y otros caballeros y
soldados. Recibido por La Gasca le pone al frente
de su artillería “Por ser persona de autoridad, experiencia y diligencia”. Actuó con gran pericia en la
batalla definitiva de Xaquixaguana en la que las fuerzas de Pizarro fueron derrotadas el
8-4-1.548. Calvete de La Estrada nos cuenta
cuan eficaz fue la actuación de Rojas posibilitando que los que no estaban muy firmes con Pizarro se pasaran
al campo del rey. Disperso el
ejército y apresado Pizarro, Gabriel de Rojas fue uno de los llamados a
consejo para determinar sobre los presos y se sentenció a Pizarro a ser
decapitado.
Así concluyó el
tristísimo episodio de las guerras civiles en Perú y de las sublevaciones
de los que no querían admitir las nuevas leyes que protegían a los indios
de la ambición desmedida de los
conquistadores.
Entre los que murieron
a manos de españoles se encuentran nada menos que Francisco y Diego Pizarro
y los Almagro padre e hijo.
Mientras que Gabriel de
Rojas fue una de las personas mas zarandeadas por los acontecimientos.
Todos tuvieron que reconocer su
honestidad, lealtad, valor y experiencia y a todos ellos los sobrevivió.
La Gasca envió a Gabriel de Rojas a poner en labor las
minas que el emperador tenia en Las Charcas, las de Porco y Potosí y recoger los quintos y
tributos de la corona. Su gran diligencia sirvió para que Polo de
Hondegarlo, gobernador general de Las Charcas pudiera recaudar y enviar
1.200.000 castellanos; lamentablemente aquellas riquezas no eran utilizadas
para el necesario desarrollo de su patria si no para alimentar la sangría que suponía el
mantenimiento de un imperio. Rojas,
buen servidor del rey, también halló minas muy ricas en Carabaya de todo lo
cual daba cumplida cuenta a Gasca. El impulso que dio a las minas de Potosí
contribuyó a convertirla en ciudad imperial.
Estando en Potosí
escribió un informe comparando el sistema de impuestos que observaban los
Incas con el que se introdujo a
partir de la conquista.
En 1.549 intervino en
una junta de prelados y algunos religiosos donde se tomaron decisiones que
pueden considerarse de humanitarias a favor de los indios.
Es presumible que le
fueran asignados buenos repartimientos de indios y propiedades.
Los cronistas y escritores
tan importantes como Gonzalo Fernández de Oviedo, Antonio de Herrera y
Calvete de la Estrella
tienen para él grandes elogios y le califican de “Leal, honrado, valeroso,
de gran experiencia y diligencia, hombre de crédito, autoridad y estimación
y que otros con menos méritos obtuvieron mayores riquezas.
De la correspondencia
de La Gasca
al rey y consejo fechada en Lima el 28-1-1549 comunica la muerte de Gabriel
de Rojas diciendo de el. ”Era el mas entero vasallo e celoso del servicio
de su majestad que en estas tierras
he conocido”
En su testamento
beneficio en gran medida a los conventos de San Francisco, Santa Clara y al
Hospital de la Magdalena
de su Cuellar natal Murió soltero con un hijo natural, menor de edad,
llamado Gómez rojas al que dejo heredero universal.
Notas:
1.-Las tierras
americanas de lo que hoy es Nicaragua y Guatemala eran disputadas entre
diferentes conquistadores españoles.
-Pedrarias mandó a su
capitán Espinosa al descubrimiento de Nicaragua en 1.520. El piloto Andrés
Niño viene a España para conseguir autorización para realizar
descubrimientos con los barcos de Balboa, lo que consiguió contactando con
Gil González Dávila que era conocido del influyente Fonseca e hicieron
grandes descubrimientos de 1.521
a 1.523 en Nicaragua. Hernán Cortes también se creía
con derechos de conquista desde Méjico.
De tal forma que en
1.524 se enfrentan en Nicaragua:
-Gil González y Alonso
Niño que desembarcan en Puerto Cortes.
- Los enviados de
Cortes Pedro de Alvarado y Cristóbal Olid.
-Hernández de Córdoba
enviado por Pedrarias
Olid viene por su
cuenta sublevado contra Cortes y se une a Gil González. Cortes con su
capitán Francisco de las Casas sale de Méjico contra Olid. Hernández de
Córdoba envía a los capitanes Rojas y Hernando de Soto contra Olid y son
derrotados. Rompen Gil González y Olid. Francisco de las Casas domina la situación. Hernández de Córdoba se subleva contra
Pedrarias. En 1.526 interviene personalmente Pedrarias en persona con la
edad de 86 años, domina la situación con energía y ajusticia a su capitán
Hernández de Córdova. Estas luchas entre españoles ambiciosos,
desgraciadamente fueron una constante en la conquista.
2.- No son pocos los
que piensan que cuando llegan los españoles al Perú se encuentran con una
situación idílica. Nada más lejos de la realidad. .Cuando llegó Francisco Pizarro al Perú
había muerto el Inca Guayana Capaz. -Huescar es el hijo heredero y lo mata
su hermanastro Atahualpa nombrándose Inca.
-Atahualpa es ajusticiado por Francisco Pizarro el 26-6-1532 -Tupaz
Huallpa es nombrado Inca por Pizarro y es envenenado por un capitán de
Atahualpa llamado Calcuchimac -Manco
Inca Yupanchi mantiene una situación de luchas pero un tanto ambigua con
los españoles y muere libre en
1.544.
3 El 28-2-1534 Pedro de
Alvarado llegó a Caráquez y el 10-3-1534 ya estaba camino de Quito por la
cuenca del río Guayas. Sebastián
Moyano Benalcazar se encaminó a Quito por la sierra a las ordenes de
Pizarro y Almagro (se cree que para
conseguir gobernación propia) y con penalidades sin fin conquisto Quito. Se
le unió Almagro desde Arequipa y
encontró a Pedro de Alvarado con la tropa cansada y diezmada negoció su
retirada por 100.000 pesos pasándose sus soldados y sus barcos a Almagro.
4 Las primeras
desavenencias entre Almagro y Francisco Pizarro fueron por traer este a sus
hermanos. Así terminaron los Pizarro:
-Juan murió en 1536 cuando iba al Cuzco en defensa de sus
hermanos. -Francisco Pizarro asesinado
por almagristas el 26-6-1541
-Francisco Martín de Alcántara, hermano de madre, murió junto a
Francisco Pizarro. -Gonzalo Pizarro
sublevado contra la corona por no acatar las nuevas leyes que protegían a
los indios, fue ajusticiado por La Gasca en 1546. -Hernando Pizarro estuvo preso en el
castillo de la Mota
de 1539 a
1560 por matar a diego de Almagro. Después mantuvo una relación un tanto
ambigua con su sobrina.
5 Cuando Hernando
Pizarro vino a España consiguió autorizaciones de conquista para los
Pizarro y para Almagro autorización para descubrir y poblar 200 leguas al
sur de lo autorizado a los Pizarro.
Almagro comenzó la conquista de Chile enviando por delante a
Saavedra con 150 hombres a caballo y él
le siguió saliendo del Cuzco en Julio de 1.535. En Junio de 1.536
llegaron al valle del Aconcagua después de atravesar los Andes por el paso
de San francisco. Su capitán Ruy Diaz acompañado del hijo de Almagro mestizo de 14 años llegó con 100
hombres por la costa al río Copiapó. Descubrieron tierras al S. del Maipo y
fueron atacados al S. del río Nuple.
Encontraron buenas sementeras, riegos artificiales y lavaderos de
oro en toda la zona. No fue, por tanto, la pobreza de Chile lo que le
decidió a volver. Fue la desconfianza ante la retención por Hernando
Pizarro durante mucho tiempo de las células reales de concesión y el consejo
de sus capitanes Diego y Gómez de Alvarado y Hernando de Sosa que le
animaban a reclamar Cuzco a los Pizarro. Volvieron por la costa atravesando
el desierto de Atacama y a primeros de 1.537 ya estaban en Arequipa.
Posteriormente fue
Pedro de Valdivia el que conquistó Chile.
6 Los partidarios de
Almagro capitaneados por Juan de Rada mataron a Francisco Pizarro el
26-6-1541 como venganza por haber decapitado a Almagro después de la
batalla de Salinas el 26-4-1538. Se presentaron en su casa mientras comía y
todos los sirvientes le abandonaron menos su medio hermano
que murió con él. Rada
lanzó a uno de los suyos contra Pizarro y al clavarle la espada, esta quedó
embarazada y aprovecharon para matarle. Trató de besar una cruz que hizo
con su propia sangre pero no lo consiguió. Hernando estaba en España y
Gonzalo en el país de la canela.
7 Vaca de Castro fue
enviado como gobernador para vengar la muerte de Almagro el Viejo y
resolver los conflictos entre almagristas y pizarristas.
8 El 20-11-1542 Carlos
I promulga en Barcelona las Leyes Nuevas de protección a los indios.
Recogían en parte las opiniones de Fray Bartolomé de Las Casas y
recomendaciones mínimas de un grupo de teólogos. Posteriormente fueron
completadas en Valladolid el 4-6-1543. El capítulo 30 era
especialmente rechazado en Perú pues
privaba de encomiendas a todos los que hubieran participado en las
guerras civiles. Es decir a casi
todos. De los 5.000 españoles que había en Perú solamente 400 eran
propietarios pero tenían todo el
poder. El 1-3-1543 es designado
Virrey el caballero de Santiago Blasco Nuñez Vela y presidente de la
audiencia a Vázquez Cepeda. La actuación de Nuñez Vela es poco
diplomática y aunque lo hubiera sido poco habría conseguido y Gonzalo Pizarro dirige una sublevación.
En Septiembre de 1544 los oidores destituyen al Virrey. Vazquez Cepeda deroga las Leyes Nuevas esperando
sacar provecho de la situación y quedarse con el gobierno pero el 24-10-1544 tiene que entregarlo a
Gonzalo. Pizarro queda dueño
absoluto y nombra a Francisco de Carvajal (El Carnicero de los Andes)
general de su ejército y siembra el terror ahorcando a unos cuantos leales
a la corona. Nuñez Vela es desterrado acompañado de un oidor para vigilarle
pero le convence de que le deje volver y desembarca en Tumbes. Tiene que
huir hasta Quito pero perseguido por Pizarro sigue 500 Km. más hasta encontrar a Benalcazar. Este trata de
convencerle que es inútil pelear pero decide cumplir con su mandato o
morir.
El 18-1-1546 en
Añaquito, hoy dentro de la ciudad de Quito, Nuñez Vela es derrotado y
decapitado ignominiosamente. También fue herido Benalcazar. Cínicamente
Gonzalo Pizarro manda quitar la cabeza de la picota y vestido de rigurosos
luto, asiste a los funerales.
Mientras tanto Pizarro
ha enviado la flota a controlar Panamá al mando de Hernando de Bachicao
luego sustituido por Alonso de Hinojosa que también controló Nombre de
Dios. Pizarro no solamente es dueño absoluto del Perú, también controla el
posible ataque por Panamá.
9 Cuando las noticias
de la sublevación de Gonzalo Pizarro llegaron a la corte cundió la alarma.
El emperador no podía prescindir de los ingresos que llegaban del Perú.
Como no era fácil mandar un ejército capaz de derrotar al poderoso Pizarro
se optó por la tolerancia y la diplomacia.
Se derogaron parte de
las Leyes Nuevas especialmente el tan rechazado articulo 30 y se nombro
Virrey al clérigo Pedro La
Gasca, abulense como su predecesor Nuñez Vela, con
poderes absolutos para otorgar perdón, derogar normas y nombrar
funcionarios y oidores.
Este fraile físicamente
contrahecho, corto de cuerpo y de piernas desproporcionadamente grandes
no debía originar grandes temores.
Pero no le faltaba experiencia militar y de organización por haber reformado y organizado las defensas de
Valencia contra Barbarroja. Nunca llevó escolta pues decía que
con su breviario (libro
que los clérigos utilizan para el rezo del oficio divino) le era
suficiente.
Su actuación fue un
dechado de diplomacia, habilidad y eficacia. La situación habría
descorazonado a cualquiera pues el control que ejercía en el istmo el
capitán de Pizarro, Hinojosa era total y bien organizado. Solamente podía ser causa de
esperanza que Melchor Verdugo trataba de reclutar hombres en Nicaragua para
hacer frente a Pizarro. Diego Centeno, alcalde de La Plata arrepentido, se
había sublevado contra Pizarro
aprovechando que este perseguía en Quito a Nuñez Vela pero fue aniquilado
por Francisco de Carvajal, el
Carnicero de los Andes que en realidad se llamaba Francisco López Gascón y
también era abulense.
Centeno fue derrotado
en Paria, cerca de Oruro, el 23-4- 1546, pudo huir a uña de caballo hacia
Arequipa y estuvo escondido en una
cueva alimentado por unos indios hasta Mayo de 1547.
En julio de 1546 La Gasca salta a tierra en Nombre
de Dios donde manda la guarnición Hernan Mejia al que con habilidad convence de que si
colabora, el rey le recompensaría pues su intención era recomponer la situación de Pizarro para el que traía
cartas disculpando su sublevación ante la intransigencia de Nuñez
Vela.
Conseguida esta
adhesión, pasa a Panamá donde Hinojosa y su plana mayor lo reciben sin
desconfianza ante tan humilde
tonsurado. Tuvo La Gasca
sumo cuidado de no desmentir ni confirmar el rumor de que tría cartas para confirmar en el poder a
Pizarro. Hinojosa escribió a Pizarro indicándole que poco tenía que temer de La Gasca y pidiéndole
instrucciones sobre si debía dejarle pasar al Perú.
Mientras venía la
respuesta la Gasca
escribió secretamente a las autoridades eclesiásticas y ediles poderosos más afines al monarca
pidiéndoles sus lealtades sin adelantar sus planes y apelando a su caballerosidad y espíritu cristiano.
De la forma más
correcta, humilde y disculpatoria también escribió a Pizarro mandando la
carta con un emisario fiel a La Gasca que trató e
erosionar la voluntad de los más indecisos.
Pizarro contestó
reafirmándose en su actitud, apoyado por la plana mayor de los insurrectos
que se reunieron en Lima en Octubre
de 1546 y pedían a La Gasca
que regresara a España.
Pero cuando los
emisarios de Pizarro llegaron a Panamá ya había conseguido La Gasca el control
del istmo atrayéndose a Hinojosa que
el 19-11-1546 puso la flota a su disposición.
Los emisarios se
pusieron a sus órdenes y envió a uno de ellos, Lorenzo de Aldana para que
tocara con sorpresa en puntos de la costa tratando de infundir ánimos a los
leales.
En Trujillo Diego de
Mora enarboló el pendón real. Diego Centeno saliendo de su escondite,
reclutó leales y se apoderó de
Cuzco. El 20-10-1547 en Huarina, Carvajal derrotó a Centeno siendo este el
último triunfo de los rebeldes.
A finales de 1547 La Gasca desembarcó en el
extremo Norte del Perú. En Huamanga, hoy Ayacucho, La Gasca adoptó las medidas
para emprender la acción definitiva y pudo contar con 400 jinetes 500
piqueros y 700 arcabuceros que siguieron incrementándose con deserciones de
los pizarristas. Contó con Centeno
que pudo escapar de Huarina, Benalcazar y Pedro Valdivia estratega
que competía con Carvajal.
La Gasca dio la orden de marcha sin esperar a que
terminara la época de las lluvias. Pizarro se había envalentonado por el triunfo de Huarina y
no escuchó a Carvajal que proponía la táctica de tierra quemada en su
retirada hacia las Charcas y tomó la decisión de abandonar Cuzco y esperar
a la Gasca en
la llanura de
Jaquijahuana a 20 Km.
De Cuzco.
En los primeros días de
Abril de 1548 se aproximaron las tropas. Pizarro intentó algunas acciones
de hostigamiento pero fracasó. Mientras las baterías reales dirigidas por
Gabriel de Rojas causaban estragos.
El 9-4-1548 se dio la
orden de ataque y todos se sorprendieron de que las gentes de Pizarro se
pasaban en desbandada. En realidad bastó un proyectil que estallo en medio
del campamento de Pizarro. El experto Rojas con la ayuda de un griego que
modifico los componentes de la pólvora consiguió un alcance muy
superior a lo habitual
en los cañones del Perú en aquella época.
Pizarro, Carvajal y su plana mayor se rindieron y condenados a
muerte fueron ejecutados en el mismo
campo de batalla.
La Gasca afrontó con eficacia los problemas de gobierno y
el acomodo y recompensa de los que le
apoyaron en el reparto de tierras que hizo en el pueblo de
Huaynarima. A los más los empleó en entradas y descubrimientos.
Más sobre Gonzalo
Pizarro y el Amazonas Francisco Pizarro creó, contra derecho, la
gobernación de Quito para su hermano Gonzalo invistiéndole como capitán
general para descubrir en el País de la Canela. Gonzalo partió de Cuzco
al frente de 70 españoles, 3.000 indios auxiliares y 100 caballos. Pasó
por Huamanga, Huanuco entrando en
Quito donde el cabildo lo recibió como gobernador. Se le juntaron muchos más, entre otros su paisano
Francisco de Orellana que era teniente gobernador de Francisco en la región de Culata.
Por Navidad de 1.540
salieron hacia el País de la canela pasando por Quijos y Sumaco encontrando
unos falsos árboles de canela.
Siguieron y llegaron al río Coca por Julio de 1.541. Construyeron un
bergantín que llamaron El San Pedro y se confió a Orellana, continuando por
tierra y agua.
Faltándoles alimentos,
Orellana pidió a Pizarro que le dejase ir río abajo a encontrar comida y
zarpó con El San pedro el
26-12-1541, con el dominico fray Gaspar de Carvajal y otros 57 hombres. Sin
percatarse dejó el río Coca y se adentró en el Napo. Una semana después
encontró una aldea con comida donde saciaron el apetito y cargaron víveres.
Orellana amaño las
cosas para que los tripulantes le pidieran seguir adelante con la excusa de
que volver contra corriente sería morir en el esfuerzo.
En la mañana del 12-2-1542,
festividad de Santa Eulalia entraron en el Río Grande. Atracaron en Aparia
La Mayor y aquí, dolosamente, Orellana renunció a la
capitanía para ser investido caudillo y romper la dependencia de Pizarro.
Construyeron otro bergantín que llamaron Victoria.
En Machifare, capital
de los omaguas tras un gran combate con los indios recogió comida. Pasaron
ante el río Purús que llamaron Trinidad, El Negro, Madeira y Cayarí.
El 24- 6-1542 llegaron
a un paraje donde unas mujeres guerreras salieron a combatirle y les
cubrieron los bergantines de flechas
por lo que al Río Grande llamaron Amazonas.
A finales de Agosto
salieron las naves al Atlántico. Orellana despidió a los suyos y volvió a
España.
Casó con Ana de Ayala y
volvió al Amazonas pero en su bocana murió de fiebres en 1.546.
En
cuanto a Pizarro, cuando se sublevó y quedó dueño del Perú, trató de
legalizar su situación valiéndose de toda clase de estratagemas. Desde
recurrir a la autoridad del Papa hasta repetir la farsa de Ávila contra
Enrique IV destituyendo en efigie a Carlos I
Luisa de
Bolívar y Díaz de Rojas, bautizada
el 7 de septiembre 1592, Caracas, Venezuela. Casada con
Alonso Pérez de Valenzuela, Capitán , con
Elena Pérez de Valenzuela.
Casada con Lucas Lovera Otañez y Muñoz
de Ledezma, Capitán , bautizado
el 6 de noviembre 1625, Santa Iglesia Catedral,
Caracas, fallecido el 25 de agosto 1680 (a la edad de
posiblemente 54 años), con Juana María de Lovera Otáñez y
Pérez.
Casada el 22 de febrero 1683, Caracas, Venezuela, con Diego Aguado de Páramo y Rendón
Sarmiento, bautizado
el 29 de enero 1660, Iglesia Catedral, Caracas, con Gabriel Lovera Otañez y Pérez
de Valenzuela, bautizado
el 10 de julio 1654, fallecido
el 14 de agosto 1702, Caracas, Venezuela (a la edad de
posiblemente 48 años), Capitán y Regidor. Casado con Josefa de Bolívar y Villegas,
fallecida el 4 de enero 1725, Caracas, Venezuela,
enterrada, Convento de las Concepciones , con Juana Josefa Lovera Otáñez y
Bolívar. Casada el 28 de diciembre 1707,
Caracas, Venezuela, con Feliciano Palacios y Gedler,
nacido en 1689, Caracas, Venezuela, fallecido
el 30 de julio 1756, Caracas, Venezuela (a la edad de
67 años). Ana Francisca de Lovera Otáñez
y Bolívar. Casada
el 16 de mayo 1703, Iglesia Catedral, Caracas, con Juan Xerez de Aristeguieta,
nacido, Pasajes, Guipúzcoa, España, bautizado
el 5 de marzo 1651, Igª P. de San Pedro, San Sebastián,
fallecido el 4 de diciembre 1717, Caracas, Venezuela, enterrado,
Capilla de San Pedro, Catedral de Caracas (a la edad de posiblemente 66
años), con Martín Ignacio Xerez de
Aristeguieta y Lovera Otáñez, nacido, Caracas, Venezuela,
bautizado el 23 de noviembre 1706, Caracas, Venezuela,
fallecido el 3 de noviembre 1734, Caracas, Venezuela (a
la edad de posiblemente 27 años). Casado
el 28 de enero 1731 con Luisa De Bolívar y Ponte,
fallecida el 20 de enero 1773, con Juan Félix Xerez de
Aristeguieta y Bolívar, Pbro. ,
nacido el 24 de febrero 1732, Caracas, Venezuela,
fallecido el 24 de diciembre 1785, Caracas, Venezuela,
enterrado el 25 de diciembre 1785, Iglesia del Convento
de San Francisco, Caracas (a la edad de 53 años). Francisco Ignacio Xerez de
Aristeguieta y Bolívar, Regidor ,
nacido el 30 de julio 1733, Caracas, Venezuela,
fallecido el 3 de agosto 1760, enterrado
el 4 de agosto 1760, Iglesia del Convento de la Inmaculada
Concepción, Caracas (a la edad de 27 años). Miguel Xerez de Aristeguieta y
Lovera, nacido alrededor de 1708, Caracas,
Venezuela, bautizado el 10 de mayo 1708, Caracas,
Venezuela, fallecido el 25 de marzo 1782, Caracas,
Venezuela, enterrado 26 de marzo 1782, Iga. del Cvto.
de las Concepciones (a la edad de posiblemente 74 años). Casado
el 7 de noviembre 1734 con Petronila De Bolívar y Ponte,
nacida el 3 de febrero 1719, fallecida
el 20 de marzo 1743 (a la edad de 24 años), con Martín Nicolás Xerez de
Aristeguieta y Bolívar, nacido
el 6 de junio 1736, Caracas, Venezuela, bautizado
el 20 de junio 1736, Caracas, Venezuela, fallecido
el 11 de marzo 1807, Caracas, Venezuela, enterrado
el 12 de marzo 1807, Iglesia del Convento de San
Francisco, Caracas (a la edad de 70 años). Casado
el 19 de marzo 1763 con Josefa María Lovera Otáñez y
Bolívar, ver a continuación. Nicolás Antonio Xerez de
Aristeguieta y Bolívar, nacido el 17 de enero 1742,
Caracas, Venezuela, bautizado el 24 de enero 1742,
fallecido. Casado
el 6 de agosto 1752, Caracas, Venezuela, con Josefa María Blanco y Herrera,
nacida, Caracas, Venezuela, fallecida después de 1787, con María Antonia Xerez de Aristeguieta
y Blanco, nacida el 5 de junio 1753,
Caracas, Venezuela, fallecida en noviembre 1773, Caracas,
Venezuela, enterrada el 3 de noviembre 1773, Convento
de las Concepciones, Caracas (a la edad de 20 años). María de Las Mercedes Xerez de
Aristeguieta y Blanco, nacida
el 24 de febrero 1755, fallecida Casada
el 24 de octubre 1775, Caracas, Venezuela, con Pedro Iriarte y Echeverría,
nacido, Garzaín, Valle de Bastán, Navarra.
Juana Xerez de Aristeguieta y
Blanco, nacida en 1758, fallecida
el 27 de diciembre 1758, Caracas, Venezuela, enterrada,
Convento de las Concepciones, Caracas .
María Begoña Xerez de
Aristeguieta y Blanco, nacida
el 20 de noviembre 1760, Caracas, Venezuela, bautizada
el 28 de noviembre 1760, Caracas, Venezuela,
fallecida. Casada
el 24 de octubre 1775, Caracas, Venezuela, con Pedro Martín Iriarte y Echeberría. Teresa de Jesús Xerez de
Aristeguieta y Blanco, nacida
el 14 de octubre 1763, Caracas, Venezuela, bautizada
el 17 de octubre 1763, Caracas, Venezuela, fallecida.
Casada el 27 de mayo 1787, Caracas, Venezuela, con Antonio Soublette y Piar,
nacido el 6 de febrero 1761, Santa Cruz de Tenerife,
Canarias, España, fallecido en 1813, Caracas, Venezuela (a la edad de
52 años), con Antonio Soublette y Xerez de
Aristiguieta José María Soublette y Xerez de
Aristiguieta. Carlos Soublette y
Xerez de Aristiguieta.
Miguel Soublette y Xerez de
Aristiguieta Concepción
Soublette y Xerez de Aristiguieta. Casada el 8 de octubre 1826,
Bogotá, Colombia, con Julian Santamaría,
nacido el 28 de enero 1800, Medellín, fallecido, con
Teresa Santamaría Soublette. Casada con Federico Uslar Hernández,
con Arturo Uslar Santamaría,
nacido el 16 de julio 1870, Valencia, Carabobo,
Venezuela, fallecido el 26 de septiembre 1951 (a la
edad de 81 años). Casado con Elena Pietri Paúl,
nacida el 29 de marzo 1889, con ·
Arturo Uslar
Pietri. · Juan Uslar
Pietri. Julián Santamaría Soublette, fallecido
después de febrero 1893.
Casado con A. Paredes. Manuel Santamaría Soublette.
Casado con Clemencia Feo. Concepción Santamaría Soublette,
fallecida en febrero 1893, Valencia, Venezuela.
Casada con Elias Borges Codecido,
nacido, Turmero, fallecido después de febrero 1893, con Elias Felipe Borges Santamaria.
Casado con Belén Ustáriz Lecuna,
con Belén Borges Ustáriz.
Martín Soublette y Xerez de
Aristiguieta. Isabel Soublette y Xerez de
Aristiguieta. Belén Soublette y Xerez de
Aristiguieta. Casada con Federico Fortique,
con Belén Fortique Soublette.
Casada el 7 de agosto 1835 con Juan Bautista Dalla-Costa
Poliace, nacido
el 13 de mayo 1791, Verona, Italia, fallecido
el 26 de octubre 1869, Génova, Italia (a la edad de 78
años), Comerciante, con Belén Dalla Costa.
Casada con Manuel Hernáiz y Soublette,
fallecido. Alfredo Dalla Costa.
Casado con Emilia Boulton Rojas,
con Emilia Dalla Costa Boulton,
nacida en 1896. Juan Soublette y Xerez de
Aristiguieta. Soledad Soublette y Xerez de
Aristiguieta.
ARTURO USLAR
PIETRI
SU VIDA Y FAMILIA Uslar nació en Caracas el 16 de mayo de 1906, en una
casa situada de Romualda a Manduca, numero 102. Hijo de Arturo Uslar
Santamaría y de Helena Pietri Paúl. Entre sus ascendientes se encuentran
personajes que tuvieron destacada actuación en la historia política y
militar del país. Su bisabuelo paterno, el general Juan Uslar, fue un
inmigrante alemán que luchó en la
Guerra de Independencia venezolana. Su abuelo materno, el
general Juan Pietri, fue vicepresidente de Venezuela en los primeros años
del régimen del general Juan Vicente Gómez. Tanto su padre como su abuelo
fueron generales en el ejército venezolano. Desciende del mismo
tronco familiar del Libertador, donde además se encuentran un edecán del
Libertador Simón Bolívar, el coronel Julián Santamaría y dos presidentes de
Venezuela, el general Carlos Soublette y el doctor Juan Pablo Rojas Paúl. Su esposa Isabel
Braun, madre de sus hijos Arturo y Federico. Buena parte de su infancia
transcurrió en ambientes rurales: en Cagua y Maracay (estado Aragua), que
era entonces un centro poco urbanizado de apenas 6.000 habitantes. Su
contacto con el campo y los relatos históricos oídos en el seno de su
familia se reflejaran más tarde en buena parte de su obra; bien en la
literaria o bien en la histórica. En Maracay, su proximidad al ambiente
familiar de Juan Vicente Gómez le dará un conocimiento de primera mano de
la psicología y hábitos de este personaje, que luego utilizará en varios de
sus relatos y en una de sus más importantes novelas, Oficio de Difuntos.
En 1924 Uslar abandonó
Maracay y retornó a Caracas para realizar estudios de Derecho en la Universidad Central
de Venezuela. Sus horizontes culturales se ampliaron al entrar en contacto
con un grupo de jóvenes universitarios interesados en la literatura o en la
política. Uslar pasó de los primeros escarceos modernistas de su
adolescencia a una visión artística influida, en buena medida, por las
corrientes vanguardistas entonces de moda en Europa. En 1928 fundó, junto
con un grupo de jóvenes estudiantes, entre quienes destacan Nelson Himiob,
Gonzalo Carnevalli, Miguel Otero Silva, Fernando Paz Castillo y Pedro
Sotillo, la revista Válvula, órgano del naciente movimiento vanguardista
venezolano. Entre tanto, se mantuvo fuera de las actividades políticas de
oposición a la dictadura de Gómez en que se vieron envueltos algunos de sus
compañeros de estudios, como Miguel Otero Silva, Rómulo Betancourt y Jóvito
Villalba.
Graduado de
doctor en Ciencias Políticas en 1929, asumió el cargo de agregado civil en la Legación de
Venezuela en Francia. Los cinco años de su estancia en la capital francesa
fueron decisivos para su futura actividad literaria y política. De su
estadía en París diría, años más tarde, "que fue una experiencia muy
rica, muy importante en mi vida y para mi formación (...) en formarme
cierta sensibilidad, en despertarme ciertas curiosidades, en revelarme
muchas cosas...." Allí conoció a Paúl Valéry, Robert Desnos, André
Breton, Luis Buñuel; Asistió a las tertulias de Ramón Gómez de la Serna en un cafetín de
Montparnasse, donde conoció a muchos escritores españoles, entre ellos a
Rafael Alberti, con quien entabló gran amistad, y a jóvenes escritores
hispanoamericanos como Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier, quienes lo
ayudaron a perfilar su mágica visión del mundo americano y la lengua idónea
para escribirlo. En esta época comenzó su actividad de infatigable viajero,
la cual fue la fuente de los numerosos libros de viajes que publicó a lo
largo de los años. Su cultura se expandió extraordinariamente, no sólo en el
área literaria, sino también en las de la pintura, la música y la economía
política. En 1931, a
los 25 años de edad, alcanzó reconocimiento internacional con la
publicación en Madrid de su primera novela, Las Lanzas Coloradas, obra en
la cual, de manera magistral, narra los acontecimientos de la Guerra de Independencia
venezolana.
En 1934
regresó a Caracas y continuó su labor literaria. Al año siguiente, fundó,
junto con su primo Alfredo Boulton y los escritores Julián Padrón y Pedro
Sotillo, la revista El Ingenioso Hidalgo, donde escribió numerosos
artículos de carácter literario. En julio de 1936, pocos meses después de
la muerte de Gómez, comenzó a trabajar en el gobierno de su sucesor, el
general Eleazar López Contreras. El mismo día (16 de julio) en que entró a
formar parte de esa administración, escribió en el diario caraqueño Ahora
un ensayo en el que advierte sobre los peligros futuros para Venezuela si
no se aprovechaban prudentemente los ingresos derivados de la explotación
petrolera. Es el comienzo de una campaña que librará durante el resto de su
vida para criticar el despilfarro estatal e insistir en la necesidad de
"Sembrar el Petróleo" a fin de fortificar la capacidad productora
del pueblo venezolano. Pocos meses después, en octubre, fundó en compañía
de otros intelectuales la
Revista de Hacienda, considerada como una de las primeras
publicaciones periódicas especializadas en economía que se publicó en
Venezuela. En 1937 obtuvo por concurso de oposición la cátedra de Economía
Política en la Facultad
de Derecho de la
Universidad Central de Venezuela. Al año siguiente
participó activamente, junto con Tito Gutiérrez, José Hernández Ron y José
Joaquín González Gorrondona, en la fundación de la Escuela de Economía en
la Universidad
Central de Venezuela. En 1939 contrae nupcias con Isabel
Braun.
En julio de 1939, a los 33 años de
edad, se convirtió en el ministro de Educación más joven en la historia de
nuestro país. Desde esa posición realizó una fructífera labor durante los
dos años que ocupó este cargo. Logró la aprobación de una ley de Educación,
proyecto en el que había fracasado el anterior ministro. Redujo el
analfabetismo y el ausentismo estudiantil y creó decenas de planteles de
primera instrucción y Escuelas de Artes y Oficios. Promovió la diversificación
de la enseñanza y su división en dos ciclos. Aunque no logró realizar todos
los proyectos que se propuso adelantar, su gestión fue una de las más
fecundas en la historia de ese ministerio. Luego, durante el gobierno del
general Isaías Medina Angarita, (1941-1945), ocupó diversos cargos:
secretario de la
Presidencia, ministro de Relaciones Interiores y ministro
de Hacienda. Desde esas posiciones Uslar coadyuva eficazmente a la
sustitución de las anacrónicas estructuras del gomecismo por bases
institucionales modernas. Ayudó a promulgar el Código Civil de 1942, la ley
de Hidrocarburos de 1943 y la
Ley que creó el Seguro Social Obligatorio. Asimismo,
contribuyó con el proceso de la Reforma Agraria. La democratización del país
permitió la existencia de partidos de oposición. La más fuerte de esas
organizaciones fue el partido Acción Democrática dirigido por Rómulo
Betancourt. Los dirigentes de AD, impacientes por llegar al poder, atacaron
la decisión del gobierno de Medina de posponer la elección directa del
presidente de la
República para el próximo período presidencial. La
estimaron como una evidencia del continuismo de un grupo asociado con la
dictadura de Gómez y, en un momento determinado, comenzaron a conspirar
contra el régimen. En octubre de 1945 Betancourt y otros dirigentes de AD,
en alianza con ciertos oficiales del Ejército, dieron un golpe de Estado
que expulsó del poder a Medina y a sus colaboradores, entre ellos, por
supuesto, a Uslar, quien sufrió la confiscación de sus bienes y la expulsión
del país.
Uslar vivió
cinco años de exilio (1945-1950) en Nueva York. En este período, apartado
de la política, su producción literaria se acrecentó notablemente. Publicó
una novela, dos importantes libros de ensayos y una colección de cuentos. En
1946 comenzó a dar clases como profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de
Columbia. En junio de 1948 publicó por primera vez su columna
"Pizarrón" en el diario caraqueño El Nacional. Esta columna,
ejemplo de perseverancia, la escribirá durante cincuenta años, hasta enero
de 1998 cuando, por motivos de salud, decide no publicarla más. En ella se
encuentra la médula de su pensamiento.
Un cambio de
gobierno en 1948, le permitió volver a su país natal en 1950. Uslar rechazó
cualquier colaboración con el régimen militar que se había establecido en
Venezuela después del derrocamiento de Rómulo Gallegos. Trabajó entonces en
ARS, agencia publicitaria propiedad de su amigo de la infancia Carlos
Eduardo Frías. En 1953,
a sólo un año de haberse efectuado la primera
transmisión de televisión en Venezuela, dio inicio a "Valores
Humanos", programa que se mantuvo en el aire hasta 1985 con sólo dos
interrupciones (1963-1965 y 1975-1979). De esa manera se convirtió en el
primer intelectual venezolano que utilizó ese medio para divulgar temas
relacionados con la historia del arte, de las ideas, de la política, la
economía. Durante la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez se mantuvo
apartado de la política. No obstante, a través de su singular silencio y su
negativa a continuar ejerciendo la docencia en la Universidad Central
de Venezuela, para evitar participar en la Semana de la Patria, expresó su
clara oposición al régimen dictatorial. En enero de 1958 volvió a la cárcel
otra vez, después de firmar con otros intelectuales una carta en la que se
cuestionó la represión y se denunció la inoperancia del gobierno
dictatorial de Pérez Jiménez. Doce días más tarde recuperó su libertad
cuando el régimen fue derrocado por un golpe de Estado cívico-militar que
tuvo por objetivo principal el restablecimiento de la democracia.
Durante los
próximos tres lustros Uslar participó en la política venezolana, sin dejar
de dedicarle tiempo al quehacer literario. Fue electo senador en tres
ocasiones sucesivas. En 1963 su candidatura presidencial triunfó en el
Distrito Federal y, en un campo electoral dividido, alcanzó un considerable
porcentaje del voto nacional. Es ésta, quizá, la época más intensa de su
vida. Escribió y publicó obras de poesía, teatro, textos académicos,
apuntes de viaje y libros de ensayo, dos novelas y un libro de relatos.
Durante varios años (1969-1974) ocupó el cargo de director del diario El
Nacional. Su actividad en la prensa periódica recibió reconocimientos al
otorgársele cuatro importantes premios periodísticos entre 1971 y 1972:
Premio Nacional de Periodismo (Venezuela), Premio "Mergenthaler"
(Santiago de Chile), Premio Hispanoamericano de Prensa "Miguel de
Cervantes" (España) y María Moors Cabot (Estados Unidos). A lo largo
de estos años de gran polarización partidaria, exhortó públicamente a la
conciliación nacional y realizó una función moderadora en la cámara alta
del Congreso Nacional. En agosto de 1973 se retiró definitivamente de la
política y, entre 1975 y 1979, vivió en París desempeñando, con gran
acierto, el cargo de embajador de Venezuela ante la UNESCO.
A su regreso
al país participó en muchos proyectos, entre ellos uno que estudió la
reforma de la educación en Venezuela y otro que culminó en una enorme e
importante antología de estudios sobre la cultura americana. Su producción
literaria siguió creciendo. En 1980 publicó una colección de relatos; entre
1981 y 1990 sacó a la luz respectivamente dos de sus más importantes
novelas, La isla de Robinsón y La visita en el tiempo, obras que reflejan
su interés por la historia. La visita en el tiempo mereció en 1990 el
prestigioso premio de literatura "Príncipe de Asturias" y, en
1991, el premio Internacional de Novela "Rómulo Gallegos",
galardón este último que lo convirtió en el primer venezolano que lo
obtiene.
El archivo de
Arturo Uslar Prieti está compuesto por innumerables piezas epistolares,
fotografías, primeras ediciones de sus obras, escritos inéditos y otros
variados testimonios de sus múltiples preocupaciones literarias, académicas,
sociales y políticas.
Una primera
clasificación del cuantioso repositorio al cual nos referimos lo divide en
doce segmentos, a saber:
Novelista,
Cuentista, Ensayista, Poeta, Articulista de opinión, Expositor de la
historia de Venezuela, Polemista, Analista de problemas sociales,
Intérprete y analista de la economía nacional, Divulgador de la cultura y
la historia universal, Ideólogo y actor de la política, Simbología de una
época.
DE LA
LITERATURA Y SUS OBRAS : A la edad de los 14 años publica sus primeros artículos
de prensa y algunos versos en Paz y Labor de Maracay. Sus cuentos iniciales
aparecen en la revista Billiken (venezolana). En 1925, empieza a colaborar
regularmente en la revista Elite. En el periódico humorístico Caricatura
comparte con Miguel Otero Silva (V) algunas colaboraciones firmadas por
ambos con el seudónimo <<Bárbaro de Bulgaria>>. Publica en
Cultura Venezolana (V) algunos de los cuentos que integran después su
primer libro Barrabas y otros relatos (1928). Uslar Pietri publica una
serie de artículos en los cuales fija posición dentro de la polémica
suscitada a raíz de las ácidas criticas con que Jesús Semprum (V) había
recibido la revista. El mismo año 1928 aparece su primer libro de cuentos:
Barrabas y otros relatos. Tuvo buena aceptación de la critica,
especialmente en los juicios de Pedro Sotillo y Rafael Angarita Arvelo (V).
Gana el premio de cuento de la revista Elite con la lluvia. Escribe
editoriales en el universal y una columna política en diario ahora. Entre
estos aparece el famoso texto en que llama a sembrar el petróleo (1936),
convertido después en consigna. Aparece su segundo libro de cuentos: red.
Presidente de la recién constituida asociación de escritores Venezolanos.
Dicta cursos de literatura venezolana en la universidad de columbia
(Estados Unidos); sus lecciones constituyeron el libro Letras y Hombres de
Venezuela (1948). En el ensayo sobre El cuento venezolano, que aparece en
ese libro, utiliza por primera vez la expresión <<Realismo
mágico>>, aplicada a la narrativa venezolana. Desde los Estados
Unidos envía semanalmente una columna editorial, <<Pizarrón>>,
que es reproducida en mas de 18 publicaciones periódicas de toda América
(sigue apareciendo interrumpidamente hasta hoy). Escribe los cuentos de un
tercer libro: treinta hombres y sus sombras y termina la redacción de una
segunda novela El camino de El Dorado. Gana el concurso anual de cuentos
del diario El Nacional con <<El Baile Del Tambor>>. Dirige el
Papel Literario del diario El Nacional; obtiene el premio Arístides Rojas
de novela con El Camino del Dorado; funda la cátedra de literatura
Venezolana en la facultad de filosofía y letras de la universidad central
de Venezuela. Recorre una vez mas el viejo continente y escribe un libro de
viajes con el titulo de El Otoño en Europa. Aparece la primera edición de
sus Obras selectas (1953). En un canal de televisión inaugura su programa
<<valores humanos>>, que habría de ganarle popularidad
excepcional. Los textos revisados de estos programas comenzarían a circular
editados en varios volúmenes desde 1955. en 1954, con su libro ensayos Las
Nubes es distinguido por primera vez con el Premio Nacional de Literatura.
Trabaja en un conjunto de obras de teatro; la primera estrenada fue
<<El día de Antero Albán>> (junio de 1957) y luego <<El
dios invisible>> (diciembre 1957). En 1962 aparece el primer titulo
de una trilogía novelística: Un retrato en la geografía. La segunda novela
de la trilogía El laberinto de fortuna aparece con el titulo de Estación de
máscaras. En 1966, circula un nuevo libro de cuentos: Pasos y Pasajeros. En
1969 asume la dirección del diario El Nacional hasta 1974. en edición
limitada hace circular sus poemas con el titulo Manoa (1972), donde recoge
textos desde su juventud vanguardista. Como periodista es distinguido con
los premios <<Merghentaler>> (1972), << Maria Moros
Cabot>> (1972) y <<Premio Hispanoamericano de Prensa Miguel de
Cervantes>>, este ultimo por ensayo << Los expulsados de la
civilización>>, en verdad pretexto para reconocer la trayectoria de
una vida consagrada a la escritura. En 1986, por segunda vez se le otorga
el Premio Nacional de Literatura, a su novela La Isla de Robinsón. Publica
un nuevo libro de cuentos, Los Ganadores, y varias series de ensayo
dedicados en su mayoría a la reflexión latinoamericanista: La Otra América;
En Busca del Nuevo Mundo; Godos, Insurgentes y Visionario. En 1990 circula
su novela La Visita
en el Tiempo, sobre la vida de Don Juan de Asturias, y recibe en España el
Premio Príncipe de Asturias. Esta misma obra recibe en 1991 el Premio
Internacional de Novela << Rómulo Gallegos>>. Sin lugar a
dudas, Arturo Uslar Pietri es una de las mas asombrosas vocaciones de
escritura que ha producido Venezuela en el siglo XX. Su obra es poligráfica.
Abarca cuento, novela, teatro, poesía y ensayos de amplia temática:
política, economía, historia, artística, critica e historias literarias.
Por casualidad y hondura de sus reflexiones es considerado hoy una de los
mayores humanistas de lengua española.
Carlos Soublette
Nace en La
Guaira el 15.12.1789.
Muere en Caracas el 11.5.1870
General en Jefe del ejército de
Venezuela durante la Guerra
de independencia
y años subsiguientes. Se desempeñó como Presidente de la República
entre 1843 y 1847. Hijo de Antonio Soublette y Piar, originario de Tenerife
y de Teresa Jerez de Aristiguieta. El 18 de mayo de 1810 ingresó en
servicio de las armas como portaestandarte en un escuadrón de caballería de
Caracas. En julio de ese año ascendió a Teniente. Durante este mismo año,
bajo las órdenes de Francisco de Miranda, actuó en la
campaña destinada a dominar la insurrección armada de Valencia
(julio-agosto). En aquella ocasión fue ascendido a Capitán. El 12 de
febrero de 1812 contrajo matrimonio con Ollala Buroz. Durante este mismo
año, con el grado de Teniente Coronel comandó un escuadrón de caballería
del ejército republicano que combatió las fuerzas realistas que lideraba el
capitán de fragata Domingo Monteverde. A la caída de la Primera República,
fue reducido a prisión en el castillo San Felipe
de Puerto Cabello. Liberado en 1813, se enroló en el ejército Libertador,
el cual había concluido la Campaña Admirable. Bajo las órdenes de José Felix Ribas combatió en la batalla
de Vigirima (23-25.11.1813), así como en la de La Victoria (12.2.1814).
Durante la emigración del ejército republicano a oriente (julio de 1814),
con una unidad de caballería cubrió la retaguardia. El 17 de agosto del
mismo año intervino en la batalla de Aragua de Barcelona y, perdida la Segunda República,
emigró a Nueva Granada con el general en jefe Simón Bolívar y participó en
las acciones militares que el Libertador llevó a cabo en Santa Fe de Bogotá
(diciembre de 1814), el Magdalena y Cartagena (1815).
En mayo de este
último año, emigró a las Antillas y, en Haití formó parte de las fuerzas
que en 1816 debían desarrollar la Expedición de los Cayos en las costas de
Venezuela. Posteriormente, el 1 de junio durante la toma de Carúpano por
las tropas de la expedición, y bajo el mando directo del general Manuel Piar, actuó contra el flanco izquierdo de
la ciudad. Allí fue nombrado Gobernador del Cuartel General y, el 23 del mismo
mes, recibió el nombramiento de jefe del Estado Mayor interino, en
reemplazo del coronel Henri Ducoudray-Holstein. El 31 de diciembre de 1816
se incorporó a las fuerzas del general Simón Bolívar, que procedente de
Haití, desembarcaron en Barcelona. El 2 de enero de 1817 Bolívar lo nombró
miembro de la Orden
de los Libertadores de Venezuela. El 9 de enero del mismo año, actuó con
Bolívar en el combate de Clarines, en el cual fueron derrotados los
republicanos y donde recibió Soublette una herida. En marzo marchó de 1817
con Bolívar a Guayana y tomó parte activa en las operaciones para la
liberación de la provincia. Para entonces era sub-jefe del Estado Mayor
General. El 3 de Octubre de ese año, actuó como fiscal en el juicio a que
fue sometido el general en jefe Manuel Piar. En la batalla de Boyacá
(7.8.1819) mandaba uno de los cuerpos del victorioso ejército republicano.
El 1 de mayo de 1820, Bolívar lo propone ante la Comisión
permanente del Congreso para el ascenso a General de división, pues los
servicios que ha prestado según el Libertador “... lo hacen digno a una
recompensa igual a la que se concedió a los generales Anzóategui y Santander...”. El
mismo día, mediante decreto ejecutivo, fue nombrado Vicepresidente interino
de Venezuela.
En 1822 ejerce
funciones de Intendente del Departamento de Venezuela y se encarga de la
dirección de la guerra en la provincia de Coro, donde operaban las fuerzas
realistas bajo el mando del mariscal de campo Francisco Tomás Morales. El
20 de julio de ese año sorprendió y destruyó en Mitare la mejor parte de la
caballería realista. El 7 de septiembre fue derrotado por Morales en el
combate de Dabajuro. El 3 de marzo de 1825, por renuncia del general Pedro
Briceño Méndez, fue nombrado Secretario de Guerra y Marina de la República de
Colombia. En enero de 1830, al producirse la separación de Venezuela de la Gran Colombia,
fue nombrado Secretario de Guerra y Marina de Venezuela. En 1834 fue postulado
candidato a la
Presidencia de la República; siendo sus contendientes los
generales Bartolomé Salom y Santiago Mariño, el abogado Diego Bautista
Urbaneja y el doctor en medicina José María Vargas. Finalmente, Vargas fue
el vencedor en los comicios electorales. En 1835 y 1836 cumplió las
funciones de Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de
Inglaterra y España, con la importante misión de pedir a dichos Estados el
reconocimiento de la
Independencia de Venezuela.
En 1837 fue elegido Vicepresidente
de Venezuela y asumió la Primera Magistratura por haber renunciado
Vargas en 1836. Este cargo lo ejerció hasta el 28 de enero de 1839. El 26
de enero de 1843 asumió nuevamente la Presidencia de la República, al
ser favorecido por la mayoría de los votos. Entregó el poder el 20 de enero
de 1847 al vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, de quien lo recibió el 1
de marzo de 1847 el nuevo presidente José Tadeo Monagas. En 1848 se hallaba
en su hato en Chaguaramas cuando, el 24 de enero, se produjo el atentado
por parte de los Monagas (José Tadeo y José Gregorio Monagas) contra el
Congreso; hecho que indujo al levantamiento del general José Antonio Páez,
a quien se unió el general Soublette en calidad de jefe de Estado Mayor.
Derrotado con su jefe en la batalla de los Araguatos (12.3.1848), emigró a
Nueva Granada y se radicó en Santa Marta. En 1858 regresa a Venezuela por
invitación del general Julián Castro, jefe del Gobierno en aquellos
momentos. En 1860 fue Senador por la provincia de Caracas y luego
Secretario de Estado en el gobierno de Pedro Gual. Después del triunfo de la Federación,
se apartó de la vida pública sólo para volver brevemente antes de su
muerte, durante el gobierno de los “Azules”, liderado por José Ruperto
Monagas (1869-1870).
Venezuela
desciende de las Rojas
Julio González Chacín. Nos hace
llegar una una entrevista realizada
por Ana Ma. Hernández en El
Universal al autor del libro "La
Estirpe de la Rojas"....esta
bastante interesante:
"Todo
empezó cuando se publicó un folleto que decía que el Libertador y Sucre
eran parientes por el lado de las Rojas"
La costumbre de llamarse "primo" o
"cuñao" en Venezuela parece tener asidero real por dos razones
fundamentales. La primera: la descendencia de Diego Gómez y Ana de Rojas, una
pareja casi anónima que contrajo matrimonio en la Cubagua del siglo XVI,
se extendió por el oriente y el centro del país de tal manera que conformó
uno de los orígenes más remotos de la venezolanidad. La segunda:
antiguamente, cuando había más mujeres en una familia, se le nombraba según
ese género.
Es lo que se desprende de la investigación que llevara a cabo el
genealogista Antonio Herrera-Vaillant y que ha plasmado en el libro La
estirpe de las Rojas, editado en colaboración con la Fundación Andrés
Mata.
-De qué se trata esta investigación?
-Esta investigación genealógica ayuda a ubicar a la gente en el tiempo y
en el espacio, en las distintas situaciones en las que se pueden encontrar.
Pero me interesa enfocar el tema en torno a lo importante que resulta para
cualquier país tener estructuras familiares formadas como transmisores de
valores e incluso de motivación al logro.
-¿Desde cuándo anda tras esta pista?
-Todo empezó hace unos treinta años, cuando el historiador Luis Sucre
publicó un folletico que decía que el Libertador y Antonio José de Sucre
eran parientes justamente por el lado de las Rojas. A través de la
genealogía es que me doy cuenta de que en esta particular familia quedaron
huérfanos ocho mujeres y un varón. Y cada uno de ellos tuvo su
descendencia. Al hacer la reconstrucción, he comprobado más de 50 mil
descendientes... ¡Y tiene que haber muchos más!
-Aparte de Simón Bolívar y Sucre, ¿quiénes más?
-El acta del 19 de
Abril la firmaron catorce descendientes de las Rojas. Diez
de los presidentes o encargados del Poder Ejecutivo fueron descendientes o
casados con descendientes: Cristóbal Mendoza, Carlos Soublette, Andrés
Narvarte, José María Carreño, Manuel Felipe Tovar, Antonio Guzmán Blanco,
Jacinto Gutiérrez Martínez, Esteban Herrera Toro, Rómulo Gallegos y Raúl
Leoni.
-¿Hay otros?
-Del mundo político, Ezequiel Zamora. Y el único de las tres raíces que
no desciende de las Rojas es Simón Rodríguez... y también pudiera.
-Quién no desciende de las Rojas?
-Hay gente que no desciende y también son muy importantes, porque hay
otros genearcas que son como tribus. En la Genealogía
se habla de árboles genealógicos. Yo lo veo como un río: empieza con una
gotita en la montaña, se le van sumando otras gotitas y terminas con el río
Orinoco. El análisis fluvial me parece más apropiado.
-Si son familia, ¿por qué pelean entonces los venezolanos?
-Ese es el punto. ¿Qué estoy tratando de probar abrumadoramente? Viendo
lo que es la composición social del país, a mi juicio el problema más
terrible es el que tenemos de la infancia abandonada, el de la paternidad
irresponsable, el de la gente que se reproduce de una forma prácticamente
animal, sin valores y sin ningún tipo de referencia. Estoy tratando de
llamar la atención, porque incluso hay gente que es descendiente y no sabe
que lo es.
-¿Cómo trabaja usted?
-Con pruebas documentales, libros parroquiales, testamentos. En otros
casos no hay tales pruebas. Esto es importante que no se pierda, porque
considero que ser descendiente de uno de estos genearcas impone un deber, y
no tiene que ver con la riqueza. También utilicé un sistema de computación,
Family tree maker. Falta por investigar otros genearcas, como Sancho
Briceño en Los Andes, Andrés de Velasco en Maracaibo, Juan Rengel en Cumaná
y otras más que se terminan cruzando después. Sin contar que uno no
desciende de una sola rama.
Algunos "hijos"
Fermín Toro, Manuel de las Casas, Nicomedes
Zuloaga Aguirre. En el siglo XX: Diógenes Escalante, Luis Gerónimo Pietri, José
Rafael Revenga, Pedro Tinoco, Laureano Vallenilla, Armando Zuloaga Blanco,
Juan Pablo Pérez Alfonzo, Lorenzo Fernández, Mauro Páez Pumar, Salvador de la Plaza, Gustavo y Eduardo
Machado Morales ("dos comunistas"). Escritores y artistas como
Rufino Blanco Fombona, Nicanor Bolet Peraza, Miguel Otero Vizcarrondo,
Teresa de la Parra,
Job Pim, Leoncio Martínez, Carlos Eduardo Frías, José Antonio Calcaño, José
Agustín Silva Michelena, Luisa Zuloaga de Palacios, Teresa Carreño, Conny
Méndez, Juan Bautista y Eduardo Plaza. En Medicina: Leopoldo Aguerrevere,
Carlos Arvelo, José Ignacio Baldó, Enrique Tejera y muchos más...
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Los Escudos y algunos importantes datos sobre
los orígenes del apellido Rojas han sido facilitados por Alberto G.B. , un apasionado
de la Heráldica.
2. Los datos
contenidos en la página Enciclopedia han sido
facilitados en su totalidad por Pepe
Ruiz Ruiz . Muchas Gracias.
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