Los Rojas en América

 

 

 

 Ma. Celsa Vera y Silvio Rafael Rojas

 

 

Rafael Arturo, Diego Andrés y Laura Gabriela Rojas Vera.

 

Diego Agustín Rojas Benítez

 

 

 

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Antecedentes  personales, profesionales y familiares del autor de la página.

 

 

 

 

 

 

 

Julio González Chacín desde Venezuela, nos manifiesta el resultado de su investigación: El Libertador Simón Bolívar es descendiente de Beatriz de Rojas.  En el ítem 90 de la Página Web   http://www.geocities.com/rojasweb/notas.htm  encontrarán el Árbol Genealógico del Libertador en donde, entre otras cosas expone que:

 

Simón de Bolívar, segundo de este nombre, conocido como el Mozo, vio la luz primera en Santo Domingo en 1569, el mismo año que su padre solicitara del Rey un empleo en Tierra Firme, pero que tardaría veinte años en obtener. Con él vino a Venezuela en 1589. Estudió Leyes en Santo Domingo y obtuvo, antes de salir de allí o en viaje posterior a la Española, el título de Licenciado.

 

Hacia 1590 contrajo matrimonio con Beatriz de Rojas, hija del capitán conquistador Alonso Díaz Moreno, uno de los fundadores de la Nueva Valencia, y de Ana de Rojas (v. Diego Gómez de Aguero). De esta época parece datar la concesión de la encomienda de indios quiriquires otorgada a la familia en San Mateo, valles de Aragua; allí residió con frecuencia, tanto para cumplir con sus obligaciones de encomendero como para atender a su hacienda.

 

Martín Romano García de Asunción nos dice: En el Diccionario de los Conquistadores, de R. de Lafuente Machain, hay varias páginas con referencias a Rojas y Roxas venidos al Paraguay en el siglo XVI. 

*  ROJAS, Bartolomé de: Expedicionario con Mendoza. Hijo de Bartolomé Sánchez de Rojas y de Brígida López, vecino de Córdoba. Pasó al Río de la Plata con su hermano Martín de Rojas.

*  ROJAS, Cristóbal de: Expedicionario con Mendoza. Natural de Jerez de los Caballeros. Hijo de Francisco de Rojas y Catalina Hernández, vecino de Zamera.

*  ROJAS, Juan de: Hubo varios con este nombre. Con Mendoza vino uno, hijo de Francisco de Alarcón y de Isabel de Rojas, vecino de Madrid. Otro vino con Ortiz de Zárate, natural de Córdoba. Nacido por 1552. Buen cuerpo, con una pedrada en la barba. En la información sobre la dote de Dª Mariana González de Santa Cruz, 1580, sirvió de testigo uno nacido en Asunción por 1565, vecino de misma ciudad y escribía. El 12 de julio de 1598 testó en Asunción Juan de Rojas, hijo legítimo de Juan de Rojas y de María de Ocón, vecinos de Antequera. Casado con Pabla Maldonado y padre de Eustaquia e Isabel. Escribía. Los dos últimos tal vez sean una misma persona.

*  ROJAS, Martín de: Expedicionario con Mendoza. Hijo de Bartolomé Sánchez de Rojas y de Brígida López, vecino de Córdoba: Hermano de Bartolomé de Rojas, antes citado.

*  ROJAS, Pedro de: Testigo del poder del Teniente de Gobernador Felipe de Cáceres a favor del Capitán Juan de Garay en Santa Cruz de la Sierra el 2 de febrero de 1568.

*  ROJAS, Vitores de: Expedicionario con Mendoza. Hijo de Pedro de Rojas y de María García de Salazar, natural de Bilbao.

*  ROJAS y SANDOVAL, Luis de: Expedicionario con Mendoza. Sargento Mayor de la Armada.

*  ROJO, Francisco: Marinero de la Carabela que llevaba a España al Teniente de Gobernador Mendieta 1577.

*  ROXAS, Juan de: Expedicionario con Mendoza. Juró en Corpus Christi el 28 de diciembre de 1537.

*  ROXAS ARANDA, Juan de: Expedicionario con Ortiz de Zárate. Nacido en 1560 en Toledo, parroquia de Magdalena. Hijo legítimo de Juan de Roxas Aranda y de Dª María Gabriela de Alarcón. Hidalgo. Vecino encomendero de Asunción con obligación de sustentar armas y caballo. 1592. Tesorero de la Real Hacienda. 1593.Testigo en la información de Insaurralde. Casó primero con Dª Úrsula Jaques y tuvieron al P. Simón de Roxas, Juan de Aranda, Alonso de Roxas y Alarcón, Dª Ana de Roxas y Dª Francisca de Roxas. En segundas nupcias casó con Dª Francisca González de Santa Cruz y tuvieron al Cap. Alonso de Roxas Aranda, al Licenciado Francisco de Roxas Aranda, Dª Francisca de Roxas, Dª Beatriz de Roxas, Roque González de Santa Cruz, Dª Mariana de Aranda, Dª María de Roxas y Alarcón, Rodrigo de Roxas, Dª Jerónima de Alarcón y Juan de León. Testó en Asunción el 9 de septiembre de 1636. Escribía.

*  ROXO, Antonio: Estuvo en el Río de la Plata y volvió a España con Jácome Luis, piloto mayor que preparó la expedición de Jaime Resquin. 1558.

 

El Árbol Genealógico de Ángel Yegros, escultor paraguayo, lo puedes encontrar en http://yegros.netfirms.com. Ángel Yegros tiene como antepasados a Juan de Roxas Aranda y Alarcón, casado con Francisca González de Santa Cruz, hermana de San Roque González de Santa Cruz.

 

Ramon N. Rojas  desde Uruguay nos dice: Mis abuelos ingresaron a Uruguay desde Marruecos,  previamente  vivieron en  el Sahara, donde aun tengo algunos familiares en la zona contestada, es decir en pleno desierto, en casa de mis abuelos se hablaba fluidamente el idioma árabe  y también  se comía muy buena comida árabe. La diferencia con un viejo escudo dibujado  en un cuaderno es que  adornaban al escudo una media luna  una estrella y dos lanzas  cruzadas,   lo cual  manifiesta su origen islámico, tan propio de Andalucía.

 

Daniel Rojas Lanús desde Argentina, manifiesta: Somos provenientes de Gibraltar, de ahí en más he solicitado datos a Cádiz , donde pasaron todos los archivos de Gibraltar sin tener suerte. Aunque los datos deben estar allí en la Iglesia Santa María La Coronada. Es más uno de los sacerdotes que mantenía eso en el 1700 era hermano de uno de mis ancestros Roxas.

 

[email protected] escribe el 27 de junio de 2001: Nosotros somos cubanos, lo que he encontrado hasta ahora es que al parecer un Rojas/Roxas vino en el segundo o tercer viaje de Colon a Cuba. Hay constancia de Rojas a mediados de 1550 en la Habana. Al parecer ese primer Rojas que llego a Cuba era Concuno de Hernán Cortes. El segundo Gobernador de la Florida en San Agustín fue un Rojas. Yo encontré en San Agustín reportes hechos por el Gobernador Rojas a la Corona sobre ataques de filibusteros al poblado de San Agustín. Un Blas Roxas nacido en la Habana en 1570 se mudó a Remedios en el  centro de la isla. Murió en Remedios en 1610 Todavía no he podido establecer el enlace entre el árbol genealógico que tengo de mis antepasados directos (llego hasta la segunda mitad del siglo 18  en Remedios) y los Rojas/Roxas de la Habana que acabo de mencionar. Hay una segunda teoría sobre los Rojas de Cuba. Esta teoría pone al primer Rojas como González de Roxas que desembarco por los 1700s por Puerto Príncipe un puerto de mar a 500 kilómetros de la Habana. De ahí se mudo a Remedios  con el tiempo se quitaron el González y cambiaron a Rojas.

 

 

La historia de los Rojas en Chile la puedes encontrar en http://tpino.netfirms.com/rojas.htm

 

Luis Angel Rodríguez nos dice: EL CAPITAN GABRIEL DE ROJAS.

            Los Rojas de Cuéllar. Una de las familias de más renombre de Cuéllar es indudablemente la de los Rojas. Asentados en la segunda mitad del siglo XV, todavía pervive el apellido Rojas entre los actuales moradores de la Villa. «El primero que vino a Cuéllar fue Gómez de Rojas, capitán de Enrique IV; era natural de Córdoba y llegó con su hermano Pedro de Rojas, y con el gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, su tío; acudió al socorro de la villa de Olmedo el año 1467. Después de esta batalla acompañados de don Beltrán de la Cueva (quien mandó las fuerzas realistas en dicha batalla), llegaron los hermanos Gómez y Pedro de Rojas a la villa de Cuéllar, donde el primero se radicó.

 

            Casó don Gómez de Rojas con doña María de Torres Córdoba Hinestrosa y fundaron una capilla en el convento de San Francisco.

 

            Tuvo don Gómez de Rojas, de su matrimonio con doña María de Córdoba siete hijos, que fueron: Manuel, que sigue la línea, Gabriel, Francisco, Cristóbal, el licenciado Alfonso Yáñez, doña Juana y doña Isabel de Rojas [1].

 

            La llamada de América. Los hijos del matrimonio Gómez de Rojas y María de Torres sintieron, casi en bloque, la llamada de las Indias.

 

            Al mayor, Manuel de Rojas, quien casó en Cuéllar con doña María Magdalena Velázquez, sobrina del Adelantado Diego Velázquez, lo encontramos ya en Cuba en 1521, aunque no sabemos con exactitud cuándo llegó. Se daba además la circunstancia de que era primo del propio Diego Velázquez. Esto explicaría la amistad que tuvo con él y que le representara en la Corte en los ruidosos pleitos que sostuvo con Hernán Cortés. En efecto, el 10 de agosto de dicho año 1521, en la villa de Santiago de Cuba, otorgó el Adelantado plenos poderes a Manuel de Rojas, para que fuera su procurador en la Corte [2]. Desde Cuba vino a España y trató por todos los medios de defender la causa de Velázquez.

 

            Volvió de nuevo a la isla, y en 1524, muerto ya Diego Velázquez, del que fue albacea, figuraba como teniente gobernador de la isla. En 1525 era vecino de la villa del Salvador. En 1528 lo era de la Asunción, y aparece proponiendo al Rey, en calidad de procurador, acuerdos tomados por la misma. En 1532 de nuevo figura como teniente gobernador de la isla de Cuba. De este año y los siguientes conocemos distintas informaciones sobre asuntos relativos a la isla de Cuba, algunas de ellas publicadas y otras inéditas que publicaremos en su día. Según el licenciado Vadillo «Manuel de Rojas es persona cuerda, de rectitud y buena intención, pone paz en los vecinos como buen juez; con él nada falta para la buena gobernación».

 

            De los años 1532 al 1535, como teniente gobernador de la isla y en calidad de tal envió informes al Monarca relacionados con la situación de la isla de Cuba.

 

            En 1535 (25 diciembre) dejó el gobierno de la isla. Desde Cuba pasó al Perú, en frase del obispo Sarmiento «a buscar qué comer al cabo de su vejez». Allí tenía negocios con su hermano Gabriel. A los 70 años de edad, en 1544, depuso contra Blasco Núñez Vela. Otorgó testamento en Cuéllar en 1561 y fue enterrado en el convento de San Francisco de la misma Villa [3].

            Los breves e incompletos datos que anteceden referentes al hermano mayor de los Rojas marcan el signo de una familia, cuyo destino fueron las Indias.

           

Pasaron a América también el hermano que le seguía, Gabriel de Rojas, de quien nos ocuparemos seguidamente; debió marchar antes que el propio Manuel; otro hermano llamado Cristóbal, los hijos de Manuel de Rojas, Melchor y Gómez, etc. [4].

 

            A las órdenes de Pedrarias Dávila. Desconocemos la fecha en que nació Gabriel de Rojas, aunque consta positivamente que fue natural de la villa de Cuéllar. Es el miembro más destacado de la dinastía de los Rojas [5].

 

            Debió pasar a Indias en la expedición de Pedrarias Dávila en 1513 «organizada con el máximo esfuerzo e interés hasta entonces». Por lo menos muy pronto figura en las exploraciones de Pedrarias como uno de sus capitanes, junto a otros conquistadores célebres, como Francisco Pizarro y Diego de Almagro.

 

            En 1514 era veedor de la expedición que el año siguiente, 1515, realizó desde Acla el licenciado Espinosa a las provincias del mar del Sur, expedición luctuosa, en la que, según Las Casas y otros cronistas, los españoles, azuzaron perros contra los indios.

 

            Hombre de confianza de Pedrarias fue en los años 1515-1520, su lugarteniente en Acla, fuerte que comenzó a levantar Pedrarias en el golfo de Urabá y que fue consolidado por el propio Gabriel de Rojas. Pronto desapareció este fuerte, tristemente célebre por haber sido degollado en él Vasco Núñez de Balboa, [6] «que no era justo, escribe Vázquez de Espinosa con su estilo moralizante, permaneciese lugar donde tan injustamente se quitó la vida a un caballero, que además de sus muchos méritos, fue el primero que con su valor y ánimo invencible descubrió el mar del Sur y dejó eterna memoria».

Estando en Acla fue residenciado Pedrarias y con él sus capitanes Andrés Garavito y Rojas. La real cédula ordenando la residencia se publicó en Logroño el 18 de julio de 1521. Comisionado para el efecto Juan Rodríguez Alarconcillo, el 7 de junio de 1523 ya había concluido el juicio de residencia, al parecer sin graves consecuencias. En este juicio debió andar por medio la astucia de Pedrarias.

 

            Acompañó en su expedición al teniente general de Pedrarias, Francisco Hernández, fundador de la ciudad de León. Gabriel de Rojas, siguiendo órdenes de Francisco Hernández, se internó tierra adentro desde León. En esta internada se encontró con Gil González, quien le instó a que abandonara aquella tierra, lo que efectivamente hizo. Hernán Cortés se hace eco de estas fricciones entre los conquistadores que intentaban extender sus dominios. En el año 1527 recibió una instrucción del gobernador del Nuevo reino de León, Diego López de Salcedo «para que fuese el descubrimiento del desaguadero de una laguna en la provincia de Nicaragua y para que en ella hiciese una población de españoles». No debió tener éxito esta expedición organizada por Salcedo; por lo menos no hemos visto en las crónicas repercusión de la misma.

 

            Rojas en sus relaciones con Salcedo y Pedrarias aparece como un hombre íntegro y leal. Esta lealtad fue motivo de que se viera en graves dificultades. Salcedo, mientras de hecho ejercía el poder en Nicaragua, se ganó la enemistad de los ciudadanos. Por esta causa se le apresó y «fue requerido por Estete su teniente Rojas, para que ejerciera la gobernación hasta la llegada de Pedrarias, a lo que resistió, alegando que, aunque le unía amistad con Pedrarias, no podía hacerlo por ser teniente de Salcedo. Fue preso por este motivo y conducido con grillos al castillo de León.

 

            Este incidente no tuvo graves consecuencias, porque el año 1529 (?), lo vemos de nuevo en la expedición que organizó Pedrarias, para ver el fin de las lagunas de Nicaragua. Iba al frente de la misma Martín de Estete. Salió de León y se dirigió a la provincia de Votto. Este fue sembrando el pánico entre los indios debido a sus crueldades. Poco experto en asuntos de guerra estuvo a punto de perecer con todos los suyos; «si no fuera por el ánimo y esfuerzo del capitán Gabriel de Rojas, no quedara español con vida. El cual hizo cara a sus enemigos e peleó como buen valiente soldado y experto capitán en cierto paso, de tal manera que resistió a los contrarios e se pudieron recoger los cristianos e salir de ciertos trampales e ciénagas e de donde estaban cuasi perdidos, si por este capitán no fuera». Añade Fernández de Oviedo, quien se encontraba por entonces en la ciudad de León, que se le oyó contar a algunos de los que estuvieron en la entrada.

 

            Con motivo de esta expedición fundó Rojas la población de Gracias a Dios, al oeste de Comayagua «sobre un cerro o sitio fuerte, por las guerras de los naturales, y por el beneficio de las ricas minas de plata y oro que hay en aquel distrito». Dura fue la lucha que sostuvo desde Gracias a Dios para tener a raya a los indios y mantener la explotación. Herrera advierte que «se defendía de las invasiones de los indios, y estaba con peligro por tener lejos el socorro y todavía procuraba de echarle de la tierra. Concentráronse todos, añade, y fueron en gran número una noche a dar en él, con muchas macanas y armas para matar los caballos, y enviando al cuarto del alba a reconocer el pueblo, para acometerle, acertaron a llegar al tiempo que se mudaron las rondas de a caballo y las centinelas; y como sintieron el ruido, pensaron que eran descubiertos y se huyeron, que todo quedó en poder de los cristianos; y visto que no podían conseguir su intento, muchos se pacificaron para quietar a los que más se resistían».

 

            Tales son las noticias que tenemos acerca de la actividad de Gabriel de Rojas en Centro-América. Los años de permanencia al lado de Pedrarias, le acreditaron como excelente estratega y hombre leal. Gabriel de Rojas después de estas experiencias podía considerarse como un baquiano en Indias. Fue entonces cuando su vida cambió de escenario.

 

            Acompañémosle en sus nuevas andanzas y en su actividad azarosa por tierras del antiguo imperio de los Incas.

 

 

            En la conquista del Perú, llamado por su amigo Francisco Pizarro. Los dominios del gran justador, Pedrarias Dávila, fueron la plataforma para la conquista del Perú.

            La cooperación de Pedrarias a esta conquista merece tenerse en cuenta y ha sido justamente valorada por los historiadores. Allí vivieron y tomaron parte activa en sus expediciones los grandes conquistadores Pizarro y Almagro. En vida de Pedrarias se realizaron las tres expediciones preparatorias. La de Pascual de Andagoya (1522) y las dos primeras de Pizarro, Almagro y Luque de 1524 y 1526, aunque de esta última ya se desentendió Pedrarias.

            Ninguna noticia tenemos de que en esta fase preparatoria, ni en la expedición definitiva de 1531, interviniera Gabriel de Rojas. Sin embargo, viejo amigo como era de Francisco Pizarro, pronto fue requerido por el mismo para que fuese a su lado y le prestara ayuda. Gabriel de Rojas, llevado también por la fama del Perú, se dispuso a acudir a la llamada de Pizarro en 1533; «tenía a punto doscientos hombres para embarcarse en dos navíos, (pero) Don Pedro Alvarado se los tomó y Gabriel de Rojas se fue con diez o doce amigos como pudo».

            Debió salir de Nicaragua, donde se encontraba cuando le llamó Pizarro, en el mismo año de 1533. De hecho en 1534 quedó como lugarteniente suyo en Jauja. Aquí tomó parte activa en la batalla que libraron los españoles contra el general de Atahualpa, Quisquis. Recuérdese que Atahualpa fue ejecutado en agosto de 1533 en Cajamarca, pero los restos de su ejército capitaneados por Quisquis acometieron bravamente a los españoles en las inmediaciones de Jauja.

            La estrategia de Gabriel de Rojas jugó un papel decisivo en esta batalla. A instancia suya el ejército español esperó las acometidas de los indios en pleno campo, para que los jinetes pudieran maniobrar fácilmente y desbaratar las embestidas de los indios. Después de la batalla, Gabriel de Rojas estuvo en Vilcas y por encargo de Diego de Almagro marchó al Cuzco a informar a Pizarro, entre otros asuntos, de la llegada a las costas del Perú de Pedro de Alvarado. Pizarro «por el antigua amistad holgó mucho (con él) y le dio las gracias del trabajo que había tomado».

            Con la derrota de Quisquis y su muerte en Quito a manos de sus propios soldados, no terminó la resistencia de los indios.

            En 1535 y años siguientes, asistimos a la famosa rebelión de Manco Inca. Almagro se encontraba entonces en la expedición de Chile. Los españoles de la recién fundada ciudad de Lima, de Jauja y sobre todo del Cuzco, se vieron en serio peligro. A nosotros interesa seguir esta rebelión desde el escenario de Cuzco donde se encontraba Gabriel de Rojas a quien poco antes de la rebelión, estando todavía preso Manco Inca, le comisionó Juan Pizarro, para que le amenazase por una traición que había hecho a los españoles.

            Libre de la prisión Manco Inca y en plena rebelión, según el cronista Zárate, los indios tuvieron cercada la ciudad «más de ocho meses y cada lleno de luna la combatían por muchas partes». Señala  que uno de los que más se distinguieron en la defensa fue precisamente Gabriel de Rojas [7]. Conocemos varios pormenores de su actuación en el Cuzco durante esta rebelión.

            A Gabriel de Rojas lo dejó Hernando Pizarro al frente de la guarnición del Cuzco cuando hacía alguna salida en castigo de los indios, «porque no tenía otra persona de mayor cuidado, experiencia y autoridad a quien encomendarla». Así lo hizo cuando salió hacia Tambo con ochenta caballos y pocos infantes en expedición que no tuvo gran éxito. Esta salida encorajinó a Manco Inca y decidió que treinta y cinco mil indios fuesen a dar vista el Cuzco, y «dando al amanecer por el cuartel de Andesuyo, que tenía Gabriel de Rojas, acudiendo al arma con diez caballos, los indios se arrimaron tanto a la ciudad y cargaron tanto a Gabriel de Rojas que hubo mucho menester las manos; pero acudiendo a socorrerle resistieron la furia de los indios, haciendo rostro con gran valor hasta que llegó más gente, y si más se detuviera este socorro, pudiera ser que este día entraran los indios la ciudad». Debió ser en esta ocasión cuando fue herido Gabriel de Rojas. Según el relato de Pedro Pizarro, «saliendo Gabriel de Rojas hacia su cuartel, que era hacia Andesuyo, a la salida del pueblo le dieron un flechazo en las narices que le entró la flecha hasta el paladar». También en esta ocasión corrió gravísimo peligro el propio Pedro Pizarro. Se vio libre gracias a Gabriel de Rojas.

            Los españoles del Cuzco sufrieron las consecuencias del asedio que repercutió en la escasez de alimentos y Hernando Pizarro al acordar que salieran sesenta hombres en busca de alimento, nombró como jefe de la expedición a Gabriel de Rojas. Se encaminaron hacia Gomancauche, distante trece o catorce leguas del Cuzco. Después de veinticinco o treinta días regresaron con dos mil cabezas de ganado, gracias a las excelentes dotes de orden y disciplina de Gabriel de Rojas.

            No fue ésta la única ocasión en que Rojas salió del Cuzco en busca de bastimentos. Con gran lujo de pormenores Herrera, atento a poner de  relieve los méritos de su paisano nos ofrece otro relato de extraordinario interés cuya lectura recomendamos [8].

            Con la actuación destacada de Gabriel de Rojas en el Cuzco durante la rebelión de Manco Inca, creció su prestigio como estratega y hombre prudente. Esta actuación le colocó en situación de privilegio para actuar como hombre bueno en la fase de las sangrientas guerras que se libraron entre los españoles de Pizarro y Almagro, aunque, como veremos, sus esfuerzos fueran inútiles.

 

            Los trabajos y los días de Gabriel de Rojas en las revueltas civiles del Perú. Capítulo luctuoso el de las guerras civiles entre pizarristas y almagristas a raíz de la conquista del Perú. Gracias principalmente a un cronista excepcional, Cieza de León, conocemos las incidencias de las mismas.

            Conviene recordar que Hernando Pizarro al llevar a la metrópoli el quinto del tesoro real reunido en Cajamarca, consiguió para si el título de Adelantado y heredero de Pizarro con una jurisdicción de 70 leguas más al Sur de lo anteriormente concedido a su hermano; asimismo consiguió para Almagro la gobernación de Nueva Toledo, en la que, creía Almagro, se encontraba el Cuzco. Esto fue el punto serio de fricción que se salvó de momento al emprender Almagro la conquista de Chile en 1533. Fracasado en su intento, Almagro regresó al Perú renovando su antigua pretensión. En efecto, en 1537 se presentó en las afueras del Cuzco con el fin de apoderarse de la ciudad. Hernando Pizarro que se encontraba al frente de la guarnición de la capital del antiguo imperio de los Incas, reunió a sus capitanes, entre ellos a Gabriel de Rojas y les dijo que era necesario saber las intenciones de Diego de Almagro. Adujeron los de Almagro que el Cuzco le pertenecía y en vista de la tirantez de la situación se quiso evitar el choque armado. Los del Cuzco nombraron a Gabriel de Rojas y al licenciado Prado para que fuesen a negociar con Almagro.

            Vemos en acción a Gabriel de Rojas, terciando noblemente para evitar la lucha. La escena de esta embajada la describe así Fernández Oviedo: «Hernando Pizarro le envió a decir a don Diego de Almagro, con el capitán Gabriel de Rojas, que pedía por merced a su señoría no entrase en la ciudad, por fuerza, ni por grado, hasta darle tres días de término, de lo cual quería su palabra e pleito homenaje, e que él quería esto, por pensar cómo mejor servir a su señoría e que fuese menos en perjuicio de su honra. Y Almagro fue contento de lo facer, con tanto que Hernando Pizarro jurase e hiciese pleito homenaje que no se haría fuerte en la ciudad en aquellos tres días ni se invocaría cosa alguna durante aquella tregua, e que era para bien de paz e no para más guerra ni muertes de hombres, e ambos hicieron la dicha pleitesía en manos del mesmo capitán Gabriel de Rojas; el cual prometió como caballero e hombre hijodalgo, de avisar a don Diego de Almagro si algo hubiese contra el dicho pleito homenaje e se pusieron las treguas por los dichos tres días». Según el mismo cronista fue Hernando Pizarro quien rompió las treguas. En efecto, «en la segunda noche, estándose paseando (cerca del día) el Hernando Pizarro y Don Alonso Enríquez, llegó el dicho capitán Gabriel de Rojas, con lágrimas, e dijo a Hernando Pizarro: ¿cómo, señor, queréis amenguarme que he dado la palabra a Don Diego de Almagro de le avisar, si vais contra el pleito homenaje que le tenéis dado en mis manos? Y  Hernando Pizarro dijo: ¿por qué lo decís? E Gabriel de Rojas replicó: porque fortalecéis la cibdad, que agora vengo a ver cómo Cisneros, vuestro criado, está deshaciendo una puente. Respondió Hernando Pizarro: no acriminéis las cosas tanto, señor capitán; que a un traidor como ése, ha de haber dos alevosos como el señor Alonso e yo».

            El pacto, pues, no se cumplió muy a pesar de Gabriel de Rojas, y el 8 de abril de 1537 Almagro entró en el Cuzco y apresó a los Pizarros. Dueño Almagro del Cuzco «ofreció la vara de su teniente en la ciudad a Gabriel de Rojas, porque era hombre de gran crédito y autoridad». La situación para Rojas, debió ser en extremo embarazosa y si hemos de creer al cronista Herrera, aceptó el cargo pensando que así prestaba mejor servicio a la causa de la paz. «Aunque era amigo del Adelantado, nos dice, no podía disimular el dolor de la adversa fortuna de los Pizarros, porque quisiera que se compusieran, y a ruego de los del Cuzco aceptó el cargo, porque juzgaban que mejor que otro miraría el provecho de los de la  ciudad».

            Abierta la brecha de las luchas civiles, Gabriel de Rojas quedó entre dos fuegos. La fortuna de la guerra lo llevó de un bando a otro. De capitán de Hernando Pizarro pasó a tener en sus manos la vara de teniente de Almagro en la histórica ciudad del Cuzco. Pero como la fortuna es caprichosa y no había hecho más que encenderse la chispa, no pararon aquí los vaivenes del capitán cuellarano.

            Alonso de Alvarado, teniente de Pizarro, reaccionó contra esta ocupación del Cuzco, lo que motivó primeramente una reunión convocando Almagro a sus principales capitanes, entre ellos a Gabriel de Rojas. Decidió Almagro dar la batalla a Alonso de Alvarado «quedando por su teniente en el Cuzco a Gabriel de Rojas, con orden de que los Pizarros fuesen bien guardados». El 12 de julio 1537 chocaron las fuerzas de Alvarado y Almagro a orillas del río Abancay en que vencieron las de Almagro. Victorioso Almagro llevó consigo camino de la ciudad de Los Reyes a Hernando Pizarro y dejó a Alonso de Alvarado y a Gonzalo Pizarro en el Cuzco custodiados, como anteriormente, por Gabriel de Rojas.

            De la noche a la mañana cambió la situación en el Cuzco. Gonzalo Pizarro y los suyos escaparon de la prisión «y acordaron de ir a prender a Gabriel de Rojas que estaba descuidado, para lo cual llevaron a un criado suyo y le hicieron llamar a la puerta, y entraron y le prendieron y le llevaron a un cubo; asimismo prendieron a todos los principales de quienes podían tener sospechas». Gabriel de Rojas quedó convertido esta vez de guardián en preso. 

            La prisión de Gabriel de Rojas en el Cuzco debió ser breve. Antes de la batalla de Salinas (26 de abril de 1538) lo vemos de nuevo gobernando la ciudad y «exhortaba (a los del Cuzco) para que, apercibidos con sus armas la mantuviesen (la ciudad), como hasta entonces se había hecho, en la devoción del Adelantado». Precisamente Almagro, enfermo y achacoso «al no poder salir con la gente (contra las fuerzas de Pizarro) ordenó al capitán Gabriel de Rojas, persona de mucha autoridad con todos, que la echase fuera, y así por su diligencia, como por el respeto que se le tenía, salieron quinientos hombres de a pie y de a caballo, aunque algunos se quedaron escondidos en los edificios».

            De nada sirvieron los esfuerzos de Gabriel de Rojas por embarcar a las gentes del Cuzco a presentar batalla; las huestes de Pizarro derrotaron a los almagristas en la ya mencionada batalla de Las Salinas en sábado de Ramos, 26 de abril de 1538.

            Otra vez en vilo la suerte de Gabriel de Rojas a quien apresaron de nuevo los vencedores y redoblaron las guardias, mientras era decapitado en la plaza pública del Cuzco por orden de Hernando Pizarro, el viejo y enfermo conquistador, Diego de Almagro.

 

            Breve debió ser también esta segunda prisión de Gabriel de Rojas en el Cuzco, aunque no sabemos cómo se las arreglaría para sortear las dificultades. Cabe pensar en su deseo de vivir por una parte y en el intento de Hernando Pizarro de aprovechar las excelentes cualidades de Rojas, viejo amigo de su hermano Francisco Pizarro.

            Liberado pues de la prisión, acaso poco después de ejecutada la sentencia contra Almagro, le encontramos precisamente al lado de Hernando y Gonzalo Pizarro en 1539 en la entrada que hicieron a Las Charcas para la pacificación de aquella provincia. Gabriel de Rojas aparece trazando un puente en el Ayabire, después que algunos castellanos se habían ahogado al cruzar el río y a otro lo habían sacrificado los indios en un adoratorio.

            Posteriormente le vemos en Cochabamba, también en campaña de pacificación. Aquí «determinaron juntarse en mucho número (los indios) y dar en los castellanos, que, aunque no eran más de sesenta, era gente de conocido valor con muy buenos capitanes y experimentados, que eran Gabriel de Rojas, Garcilaso de la Vega, Pedro de Castro... [En la batalla que se dio] Gabriel de Rojas cubrió la infantería. El señor de Chichas había ido sobre Gabriel de Rojas; pero halló tal resistencia que él y los demás comenzaron a huir y los castellanos a seguirlos. Esta fue una gran victoria, en la cual Gonzalo Pizarro y todos se batieron valerosamente; de esta manera se iba pacificando la tierra del Callao y de Las Charcas, adonde tenían opinión que se debía poblar; pero otros contradecían».

 

            Las cosas en el Perú se iban complicando y los partidarios de Almagro asesinaron en Lima a Francisco Pizarro el 26 de junio de 1541, quienes «trataban que Don Diego de Almagro (hijo) fuese recibido por gobernador hasta que el Rey (sabida la justa venganza de su padre) le confirmase, y despacharon a todas partes y gobernaciones del reino, ofreciendo la amistad de Don Diego y pidiendo que le admitiesen y reconociesen por general gobernador». De manera especial quisieron ganarse para la causa a Gabriel de Rojas.

            El encargado de llevar estos despachos a Gabriel de Rojas fue Juan Diente, «grandísimo caminador; Gabriel de Rojas se estaba quedo en su casa, sin hacer ninguna demostración, porque el ofrecimiento del gobierno de aquella ciudad iba primero para don Pedro Puertocarrero (quien) muy turbado les dijo que por la muerte del Gobernador había expirado la jurisdicción de los oficiales que allí tenía puestos. Finalmente nombraron por gobernador a Don Diego de Almagro y eligieron por su teniente a Gabriel de Rojas, que sin hacer ninguna demostración se estaba en su casa, dando a entender que le pesaba de aquellos alborotos».

            No agradaba a Gabriel de Rojas esta situación realmente comprometida y cuando Perálvarez Holguín quiso entrar en el Cuzco, en nombre del Rey, no ofreció resistencia alguna y «aunque no se mostraba parcial de nadie, viviendo en el Cuzco como vecino era respetado, y como persona honrada y de juicio iba procurando que este movimiento de los de Chile (de los de Almagro) no pareciese guerra civil».

 

            Entretanto llegó al Perú el licenciado Vaca de Castro, comisionado por la Corona para informarse de los asuntos peruanos [9]. Almagro el mozo se enfrentó con él y en la batalla de Chupas (1542) fue vencido por Vaca de Castro. Gabriel de Rojas debió seguir en el Cuzco, un poco al margen de los acontecimientos, por lo menos no consta que tomara parte alguna en dicha batalla. Muy pronto, sin embargo, Vaca de Castro, ya en el Cuzco «mandó a Gabriel de Rojas que fuera a hacer una población de castellanos en las Charcas, porque siendo hombre de gran crédito, le seguiría mucha gente y porque el más sano medio para escusar alborotos en el Reino era dividir aquellos soldados arrogantes y deseosos de cosas nuevas».

            No fue éste el único servicio que prestó Gabriel de Rojas a Vaca de Castro. Precisamente ordenó que a Diego de Almagro «lo llevasen a la posada de Gabriel de Rojas, para que allí se guardase con mayor cuidado». Al verse obligado Vaca de Castro a decidir sobre la suerte de Diego de Almagro «acordó de ponerlo en consulta sin querer hacer nada por su parecer, y para ello juntó los mayores capitanes de más crédito y autoridad y propuesto el caso ordenó al capitán Gabriel de Rojas, antiguo conquistador de gran prudencia y estimación que expusiera su parecer». Herrera pone con esta ocasión un habilísimo y retórico discurso en boca de Rojas que, al decir del mismo cronista, causó «gran inquietud en los que siguieron a los Pizarros, por lo que Gabriel de Rojas tocó en ellos; pero como fue a parar en la condenación de Almagro, no hubo movimiento ninguno; salió de aquella junta que don Diego de Almagro debía morir por la salud de la república».

            El desdichado fin de Almagro el mozo no acabó con las discordias en el Perú. Gabriel de Rojas continuó siendo el hombre de confianza de Vaca de Castro, quien acudía a él en demanda de consejo cuando corrían las voces de que Gonzalo Pizarro lo quería matar. Acordaron entonces Vaca de Castro y Rojas, que Hernando Pizarro «fuese a las Charcas, adonde era vecino y allí estuviese sin hacer juntas de gentes que fuesen causa de  rumor».

           

 

            La rebelión de Gonzalo Pizarro. Los acontecimientos del Perú forzosamente debían tener resonancia en la metrópoli. Carlos V decidió nombrar un virrey y crear una audiencia. Recayó el nombramiento en Blasco Núñez Vela, quien en mayo de 1544 hizo su entrada en Lima. Uno de los fines del virrey era poner en práctica las nuevas Ordenanzas a favor de los indios, lo que exacerbó a los españoles, particularmente a los del Cuzco, quienes capitaneados por Gonzalo Pizarro, se dispusieron a hacer frente al propio Virrey a quien apresaron y después embarcaron hacia España, pero antes de llegar a Panamá logró volver y encaminarse a Quito.

            ¿Cuál fue la conducta de Gabriel de Rojas en esta primera fase de la lucha del Virrey Blasco Núñez de Vela con Gonzalo Pizarro? Una vez que salió del Cuzco Gonzalo Pizarro, «Gabriel de Rojas, Gómez de Rojas, Garcilaso y otros caballeros que se quedaron en el Cuzco, pareciéndoles que no llevaba buena causa, platicaron en lo que debían hacer, y tomaron el camino de Arequipa para desde allí irse a juntar con el Virrey. Y estos fueron los primeros que como verdaderos y fieles vasallos de su príncipe, de su propia voluntad acudieron al Visorrey».

            Esta huida de Gabriel de Rojas a toda prisa, atravesando montes y valles, pudo haberle costado la vida, porque cuando Gonzalo Pizarro llegó a la ciudad de los Reyes, ordenó nada menos que a Francisco de Carvajal, el demonio de los Andes, «que fuese a ella a prender y matar a los vecinos del Cuzco que allí habían acudido a servir al Visorrey. No pudo Francisco Carvajal ir tan secreto, que Gabriel de Rojas, Gómez de Rojas y otros caballeros no le entendiesen y dijeron que Francisco Carvajal, como amigo de los Rojas, industriosamente iba en alta voz preguntando por ellos y así se salvaron». El mismo Herrera de quien son las anteriores palabras no estaba ciento del rasgo humanitario de Carvajal y añade: «Dúdase que en tan feroz espíritu hubiese conocimiento de amistad». Más probable parece la versión que el mismo cronista aduce posteriormente: «tantos rogaron por ellos que los perdonó». Se trataba además de personas principales y a Gonzalo Pizarro le convenía tenerles a su lado.

            Las relaciones de Rojas con Gonzalo Pizarro, aun cuando éste le perdonó la vida, no debieron ser muy cordiales, ni Gabriel de Rojas quedó incondicionalmente al servicio del mismo. No hemos visto ningún testimonio que acredite la presencia de Gabriel de Rojas en la batalla de Añaquito (1545) en la que Blasco Núñez Vela, al regresar de nuevo al Perú, fue vencido por las huestes de Gonzalo Pizarro y muerto por un soldado. Tampoco tenemos pruebas para negarlo. Con la victoria de Añaquito, Gonzalo Pizarro quedó dueño y señor del Perú, y las Ordenanzas parecían definitivamente abolidas. Gonzalo Pizarro contaba con numerosos recursos y en general con la popularidad de los españoles. La Corona no podía permanecer inactiva y nombró al licenciado don Pedro de La Gasca para que pacificara el país, con el título de Presidente de la Real Audiencia. Hombre sagaz y astuto, a su llegada a Panamá, en noviembre de 1546, logró hacerse con la escuadra de Pizarro y en abril de 1547 partió hacia el Perú. Era de presumir que Gonzalo Pizarro le presentaría batalla, como efectivamente así fue, y La Gasca quedó derrotado en Huarina (octubre de 1547).

            Tampoco sabemos si Gabriel de Rojas estuvo presente en esta batalla. Lo cierto es «que este capitán, probablemente después del primer choque, andaba forzado conociendo el intento del tirano, y determinó de ponerse a todo peligro por salir de opresión y viendo desamparado el cuartel, se salió, sin ser sentido, y con él sus sobrinos Gómez de Rojas, Gabriel Bermúdez, el capitán Cáceres y otros caballeros y soldados».

            Recibido por La Gasca, pronto vemos a Gabriel de Rojas, por ser persona de autoridad, experiencia y diligencia, «al frente de la artillería del Presidente». Actuó con gran pericia en la batalla definitiva de Xaquixaguana (8 de abril 1548) en que las fuerzas de Gonzalo Pizarro fueron derrotadas por La Gasca. Debemos a Calvete de la Estrella interesantes noticias sobre la actuación de Rojas en esta batalla. «Con su diligencia que puso Gabriel de Rojas se pusieron los cuatro tiros sobre (un) cerro; y como llevaba las municiones a punto comenzó a tirar a gran furia con ellos al campo de los enemigos, con que puso mucha turbación, que junto a Pizarro mató un tiro a un criado suyo que se estaba armando y a otro hombre y a un caballo, que puso en algún desconcierto la gente y dio lugar a que los que no estaban tan firmes en seguir a Gonzalo Pizarro que se pudiesen pasar para el campo del rey».

            Disperso el ejército rebelde y apresado Gonzalo Pizarro, Gabriel de Rojas fue llamado a consejo por el Presidente «para determinar sobre los presos y sentenciaron a Gonzalo Pizarro a ser decapitado».

 

            En la paz de La Gasca. Con la muerte de Gonzalo Pizarro concluye el capítulo tristísimo de las guerras civiles del Perú. Víctimas de estos sangrientos sucesos, entre los personajes más conocidos fueron Francisco Pizarro, Diego de Almagro, padre e hijo, y ahora Gonzalo Pizarro.

            Gabriel de Rojas sobrevivió a todos ellos.

            Aplicando una expresión moderna diríamos que fue una de las victorias más representativas de los cambios de política y uno de los hombres más zarandeados en las guerras civiles.

            Gabriel de Rojas no solamente se distinguió en la guerra, sino también en la paz. Debemos a los cronistas interesantes relatos sobre su actividad en las minas de oro de Potosí que proporcionaron tan pingües rentas a la Corona de Castilla. «El capitán Gabriel de Rojas (por orden de La Gasca) fue destinado para hacer poner en labor las minas que el Emperador tenía en Las Charcas y las de Porco y Potosí y las haciendas de los culpados que se confiscaron y los indios que estaban vacos. Hízose aquello, porque, con la gran facilidad que tienen los indios, las pusiesen en labor el tiempo que estuviesen vacos, con la gran industria y diligencia que Gabriel de Rojas ponía»». Zárate advierte que envió al «capitán Gabriel de Rojas para que tuviese cargo en aquella provincia de recoger los quintos y tributos de Su Majestad. De lo cual todo en breve tiempo el licenciado Polo recogió y envió un millón y doscientos mil castellanos». Polo de Hondegardo había ido como gobernador general de Charcas. Además de poner en explotación las minas existentes y cobrar los quintos, contribuyó al descubrimiento de otras nuevas «de diez y doce y trece pies de ancho de la veta y cerca de allí habían hallado minas de oro y otras muchas en Carabaya, muy más ricas que las pasadas; que cierto es cosa de grande admiración la riqueza que cada día en aquellas tierras de minas de oro y plata se halla y descubre». Gabriel de Rojas, buen servidor del Rey, daba cuenta de todo ello a La Gasca, y prestó excelente servicio a la Corona en esta misión, contribuyendo a aumentar los ingresos de la misma.

            Acaso el impulso dado por Gabriel de Rojas a los yacimientos mineros de Potosí contribuyera a convertir la ciudad en Villa Imperial, habitada después «por una sociedad opulenta y rica, donde el vicio, la piedad, el crimen, las fiestas de los potosinos asumían allí proporciones enormes».

            En relación con los tributos debió escribir un informe, estando en Potosí, sobre el sistema que observaban los incas y el que se introdujo a partir de la conquista[10].

            Es presumible que Gabriel de Rojas tuviera buenos repartimientos de indios, como en general los tuvieron los soldados que tomaron parte en la guerra contra Gonzalo Pizarro.

            Persona de respeto como era, intervino en 1549 en una junta de prelados y algunos religiosos, en la que se trataron con el Presidente La Gasca asuntos referentes a los indios, como hacerles esclavos, sacarles de su naturaleza, etc. Las decisiones adoptadas fueron humanitarias. Es ésta la última pista que tenemos acerca de su actividad política en el Perú.

 

            Semblanza del capitán Gabriel de Rojas. Gonzalo Fernández de Oviedo dedicó unas líneas al capitán Rojas que contribuyeron a fijar los rasgos de su personalidad. El cronista le tributa los siguientes elogios: «conquistador e buen soldado, veterano de la Tierra Firme, hombre de honra y de experiencia e que ha dado buena cuenta de sí. Es hombre para confiar de él todo lo que de buen capitán se puede fiar; porque además de ser valeroso por su persona e habilidad, es de buena casta, e gentil e conversable mílite, e buen compañero e muy bien partido e liberal. Cómo acabará Dios lo sabe; porque así él como los más, son en cargo de hartas vidas de indios, e unos más que otros y el oficio de la guerra todo eso trae. Mas puédese sospechar de sus obras que meresce todo buen fin, e ha muy bien servido a Sus Majestades, e trabajado más que otros que antes que él han sido ricos (e allí adonde él ha andado), así por falta de su ventura, como por inadvertencia de la fortuna e de sus despenseros e repartidores de este oro, que ella ha puesto en poder de los que menos lo merecían».

            Dicen mucho a favor del capitán Rojas los párrafos que acabamos de transcribir. Fernández de Oviedo, generalmente es duro con los conquistadores, en ocasiones mordaz e hiriente. Precisamente al hablar de que Rojas no había conseguido riquezas, añade a renglón seguido, aludiendo a quienes las tenían en abundancia: «si yo los hubiere de gratificar conforme a sus méritos e buena conciencia, muchos a quienes cargó (la suerte) de oro e plata, cargara yo de leña o paja, o los hiciera volver a los oficios de sus padres, que tuvieron algunos muy apartados de la militar disciplina».

            Antonio de Herrera, en cuantas  ocasiones alude a su paisano, lo hace con evidentes muestras de predilección y acompaña la alusión con algún calificativo honroso. Nos dice que era «caballero honrado»; «hombre de gran valor y calidad»; «de gran crédito y autoridad»; «de gran prudencia y estimación»; «de autoridad, experiencia y diligencia»; «de mucha autoridad con todos»; «hombre bien compuesto y prudente; caballero a quien hacia gran confianza Hernando Pizarro por ser muy experimentado y recatado en la guerra», «no tenía otra persona de mayor cuidado, experiencia y autoridad»; «era respetado como persona honrada y de juicio»; finalmente dice Herrera que se le encomendaban misiones delicadas, porque las cumplía dignamente «con la mansedumbre de su condición»[11].

      En la misma línea se manifiesta Calvete de la Estrella, quien afirma que «Rojas era caballero muy principal en las provincias del Perú». Pedro Pizarro dice «que era hombre muy recatado en la guerra; tenía buena persona, decían que era de los buenos Rojas».

            A estas pinceladas de los cronistas en relación con su vida pública, tendríamos que añadir unas líneas relacionadas con su vida privada, tal como se desprende de su testamento [12]. Rojas aparece como un hombre profundamente creyente. Tras las formas estereotípicas, las cláusulas referentes a la fundación de misas en la capilla de sus antepasados de San Francisco de Cuéllar, acreditan su piedad y transparentan su alma cristiana. Estas misas debían aplicarse en sufragio de las almas del Purgatorio, por los indios de sus encomiendas y para expiación de sus propios pecados. Hijo de su tiempo sintió también el prurito del orgullo familiar y dejó un legado para que la capilla de sus antepasados estuviera convenientemente cuidada y adornada. Tuvo asimismo un recuerdo en el legado para el convento de Santa Clara, la vieja fundación medieval que perdura todavía en nuestros días. Se acordó también de las personas necesitadas de la Villa y de los pobres del hospital de la Magdalena, la benemérita fundación de un cuellarano insigne del siglo XIV, el ejemplar sacerdote y religioso don Gómez González.

            El recuerdo de su villa natal de Cuéllar es algo que impresiona profundamente en el testamento de Gabriel de Rojas. Los largos años de ausencia de la patria, no fueron bastante para borrar la memoria  del pueblo en que nació; al final de su vida, en el asiento de las ricas minas de oro del Potosí, refrescaría los años de su infancia. La llamada poderosa de la tierra, la nostalgia de su Villa, le impulsó a dejar una cuantiosa cantidad de dinero a favor de la misma y nombró patronos de sus obras benéficas a la Justicia y Regimiento. Cuéllar participó del oro del Potosí, porque uno de sus hijos contribuyó en gran manera a la explotación de las famosas minas.

            No sabemos si Gabriel de Rojas estuvo casado. Lo más probable es que no estuviera; por lo menos no existe el menor indicio en las crónicas, ni en el testamento; tuvo, no obstante, un hijo natural, Gómez de Rojas, a quien él reconoció y le nombró heredero de todos sus bienes. Desconocemos el nombre de la madre; tal vez, como su amigo Francisco Pizarro, como su compañero de armas, Garcilaso de la Vega, tuviera amores con alguna princesa incaica, con alguna ñusta de sangre real y fruto de estos amores fuera Gómez de Rojas.

            Nada sabemos de su suerte posterior, y aunque con el nombre de Gómez de Rojas figuran varios conquistadores, resulta en extremo comprometido identificarlo con alguno de ellos.

            Así fue el capitán Gabriel de Rojas; pecador y creyente; servidor de su Rey; excelente guerrero; decidido partidario de la paz y de la concordia; amante de su villa natal.

 

            Las obras benéficas de Gabriel de Rojas en Cuéllar. El recuerdo de Gabriel de Rojas se ha perdido en la actualidad en Cuéllar, como se ha perdido el de sus obras benéficas. Solamente en documentos de sus archivos podemos, a duras penas, rastrear la huella de las mismas.

            En la sesión celebrada el 11 de abril de 1557  en el Ayuntamiento de la Villa se habla de una bula concedida por el Papa a la capilla del capitán Gabriel de Rojas, del convento de San Francisco y del poder que tenía el Ayuntamiento sobre la hacienda del conquistador, como patrono de dicha hacienda.

            Es muy probable que se aluda a las obras benéficas de Rojas en la sesión celebrada el 14 de enero de 1560, al indicar el regidor Bernaldo Velázquez cómo Alvarez de Guevara le había entregado una carta notificándole que habían llegado a España los diezmos de las Indias y que se debían hacer las oportunas diligencias para cobrarlos.

            Clara resulta la alusión del 21 de enero de 1560. En uno de los acuerdos municipales se decretó que se celebraran las misas en el monasterio de San Francisco por Gabriel de Rojas, ya fallecido.

            El 21 de septiembre de 1561 se ordenó que uno de los regidores fuera a Segovia para el asunto de los maravedís de Gabriel de Rojas legados a la Villa.

            El 1 de febrero de 1565 se entregó al Regimiento una carta de privilegio por parte de Diego Vázquez, de la ciudad de Sevilla, según la cual, enviaba a Luis Malve, vecino de La Fregeneda, con diezmos que tenía cobrados, que el señor capitán Gabriel de Rojas dejó a la Villa para cumplir sus memorias contenidas en su testamento.

EL 20 de febrero de 1568, el Regimiento otorgó poder a Francisco Gutiérrez de Cuéllar, contador mayor de cuentas de Su Majestad, para todo lo relativo a los juros existentes en la casa de contratación de Sevilla y que se referían a la hacienda de Gabriel de Rojas que dejó, para que dicho Regimiento cumpliera las cargas de las cláusulas de su testamento.

            A favor del mismo Francisco Gutiérrez de Cuéllar otorgó poder el Regimiento el 2 de julio de 1568, para que pudiera cobrar la renta del almojarifazgo de las obras pías de Gabriel de Rojas correspondiente al año 1567.

            En los años siguientes se tomaron otras medidas relacionadas con las obras benéficas del capitán Rojas.

            En 1580 la Justicia y Regidores de la Villa encargaron a Jusepe de Madrid, vecino de Valladolid, que hiciera una lámpara de plata, una cruz dorada, un cáliz dorado, unos candeleros, vinajeras y hostiario, todo ello para la capilla del Capitán Rojas del convento de San Francisco.

 

            Además de los sobrinos de Gabriel de Rojas que han aparecido junto a su tío encontramos en el Perú a un Francisco de Cuéllar que fue uno de los que quedaron con Pizarro en la isla del Gallo y no quisieron volver a Panamá. Un Gaspar de Cuéllar entre los que recibieron solares de Francisco Pizarro en Lima.

                        Acerca de las obras benéficas fundadas por el capitán Rojas y de las que dejó como patrono al Regimiento de la Villa, continuaron tomándose acuerdos en los últimos años del siglo XVI, y a lo largo de todo el siglo XVII. De este siglo (diciembre 1668), en la visita que hizo a las obras pías de la Villa el licenciado Juan Frutos ordenó «que los procuradores de la tierra, cada uno en su sesmo para repartimiento (de los bienes que dejó el capitán Gabriel de Rojas) lo que tocare a cada lugar lo entregue al cura y alcalde más antiguo para que juntos lo repartan entre los pobres, encargándoles la conciencia para que sea entre los más necesitados; en primer lugar si hubiera parientes del fundador, a las viudas que tuvieren hijos». Encargó asimismo que se dijeran las misas ordenadas en cumplimiento de las otras cláusulas testamentarias, y se dieran las limosnas al convento de Santa Clara [13].

            Durante el siglo XVIII hay pruebas de que se cumplían las cargas del testamento del capitán Gabriel de Rojas. En el año 1701 hubo alguna irregularidad y se obligó a Patricio Bermúdez, que había recibido indebidamente dinero de las obras pías de Rojas, a que lo devolviera; en 1707 se cumplían las obligaciones con regularidad, como también en 1720, en 1745 [14] y en años siguientes.

            A finales de este siglo, año 1788, nos encontramos con pleitos sobre juros que naturalmente quebrantarían la hacienda legada por Rojas. No se habían repartido limosnas entre los pobres debido a los arreglos de la capilla de San Francisco. En la visita de 1794 se insiste en que se aviven los pleitos con el fin de que puedan seguir cumpliéndose las cláusulas del testamento.

            En 1834 hay indicios de que seguían celebrándose las misas de la fundación en el convento de San Francisco de Cuéllar, por lo menos el convento lo consideraba como una de sus obligaciones y el 1838 el Ayuntamiento de la Villa seguía nombrando patrono de las obras pías del capitán Rojas.

            El 14 de octubre de 1853, el investigador de memorias y obras pías de la provincia solicitó del Ayuntamiento «en concepto de patrono de la fundación del capitán Rojas la cantidad de 35.793 reales por réditos hasta el presente año al respecto de 588 reales, 8 maravedises, cada un año, a favor de las monjas de Santa Clara de esta villa». A lo cual contestó el Ayuntamiento que no era incumbencia del investigador reclamar cantidad alguna ««mientras por documentos legales no se pruebe hallarse con la obligación» que se le trataba de imponer.

            Esta reclamación y decisión del Ayuntamiento manifiestan que debía andar mal a mediados de la pasada centuria el legado del capitán Gabriel de Rojas. A partir de estas fechas se nos van perdiendo las huellas de las obras pías de Rojas en la villa de Cuéllar. Los pleitos por una parte y las convulsiones políticas del siglo XIX acabarían con las fundaciones piadosas del conquistador cuellarano [15].

 

 

Luis Angel Rodríguez nos dice: Mi esposa Julita de Rojas y yo somos naturales de Valladolid (España) y vivimos en esta misma ciudad.

 

Desde hace algunos años venimos recogiendo información acerca de los antepasados de mi esposa, cuyos orígenes sin ningún tipo de dudas vienen de un pueblo de la provincia de Segovia llamado “Cuéllar” y descendientes de los primeros “De Rojas” que llegaron a esta población segoviana al parecer procedentes de Córdoba (Andalucía)

 

Poseo alguna información acerca del apellido “De Rojas”, que no me atrevo a decir si es el mismo que “Rojas”, si bien es posible que uno sea derivado del otro o bien debido al uso, en algunas ocasiones se omitía el “De” y simplemente se deba a economía de palabras, o también es posible que fuera otra rama que de algún modo quería diferenciarse. Por las informaciones recogidas, por parte de los antepasados de mi esposa, éstos se molestaban si el “De” era omitido, para ellos constituía una parte inseparable de su apellido y motivo de orgullo.

 


La segunda observación es en el escudo: (El escudo de los “Rojas”, fondo oro con 5 estrellas de 8 puntas en azur – El escudo de los “de Rojas”, fondo azur con 5 estrellas de 8 puntas en oro). Es decir colores invertidos.

 

Como decía anteriormente, la procedencia de los antepasados de mi esposa es la villa de “Cuéllar”, pueblo perteneciente a la provincia de Segovia y distante de Valladolid unos 50 kms. Villa especialmente bella, monumental y cargada de historia por todos los rincones, amurallada, con castillo, conventos, iglesias, calles con casas donde los vestigios de personajes ilustres, entre ellos los De Rojas, son visibles, escudos en piedra, nombre de una calle dedicada a J. De Rojas, la antigua casa de los De Rojas actualmente Palacio de Justicia, otros escudos y casas de nobleza que según la historia tuvo emparejamiento con algún De Rojas, todo visible por el visitante que quiera acercarse.

 

En busca de datos de los antepasados comencé solicitando partidas de nacimiento en el juzgado de la villa y posteriormente consultando en los Libros de Nacimientos de las parroquias de Cuéllar. Hubo un tiempo en que Cuéllar contaba con 13 parroquias, aunque es de notar que los de Rojas sentían predilección por una de ellas, concretamente por la parroquia de “San Pedro”. Afortunadamente, todos los libros actualmente se encuentran concentrados en un solo archivo y perfectamente conservados.

Llama la atención la gran cantidad de nombres que llevan el apellido De Rojas que en esta villa nacieron y que aún llevan este apellido. Por todo lo que hace mención al apellido se respira nobleza y una grandeza de un apellido “De Rojas” que todo aquel que lo lleve debe por fuerza sentirse orgulloso.

 

El mayor hallazgo que despertó mi curiosidad y me hizo interesarme por indagar todo lo referente al apellido, me la dio la lectura de un libro titulado HISTORIA DE CUÉLLAR (Edición 1974) de BALBINO VELASCO BAYON, O.Carmelitas del Santuario de El Henar. Quien hace en este libro una recopilación de sus investigaciones acerca de  los orígenes de la Villa, sus grandes personajes, monumentos, etc. tomando como partida diversas fuentes escritas por cronistas, historiadores, investigadores, y donde hace un verdadero homenaje al apellido.

 

Además de en Cuéllar, he encontrado escudos de los Rojas en fachadas de monumentos, palacios, castillos, e iglesias de Valladolid, así como habitantes con el apellido De Rojas igualmente en Valladolid, y también sorprendentemente gran cantidad de ellos (en porcentaje a su número de habitantes) en un pueblo muy cercano a Valladolid llamado SERRADA. He intentado tímidamente  hacer alguna indagación en este último pueblo pero no he logrado resultados importantes.

 

Sin duda el apellido “Rojas” – “De Rojas”, está presente en gran cantidad de sitios y en personajes ilustres. Algunas historias tengo recogidas pero es imposible seguir todas ellas. Tampoco he querido profundizar demasiado puesto que mi pista es Cuéllar.

 

La mayor parte de las páginas que a continuación se presentan son transcripción de este libro “Historia de Cuéllar” y algunas añadidas de otras bibliografías encontradas.

 

Lo titulo HISTORIA DE LOS VELAZQUEZ Y DE ROJAS, y se preguntará el porqué de Velázquez, pues la razón es que mi esposa lleva también el apellido Velázquez, apellido ilustre y muy relacionado y emparejado con De Rojas. (A lo largo de la historia tuvieron lugar matrimonios entre miembros que portaban estos apellidos).

 

Para una mejor comprensión de la lectura de esta historia, quiero reseñar lo siguiente:

           

Existen párrafos o palabras que aparentemente contienen faltas de ortografía, éstas no son tales sino que están escritas tal como en su época lo escribían los cronistas, es decir castellano antiguo. De esta manera y como ejemplo ROXAS y ROJAS es lo mismo. En el castellano antiguo la (j) no se empleaba. Igualmente, en el castellano antiguo eran frecuentemente empleadas las abreviaturas y las palabras en latín. No hay que olvidar que el castellano es una lengua de raíz latina.

 

            Se mencionan los nombres de algunos Cronistas, comentaristas de la época, quienes dejaron escrito acontecimientos de su tiempo, y que actualmente es el material imprescindible para que los investigadores recompongan el puzzle de la historia. Entre ellos en las páginas siguientes se citan a:

 

-          Bernal Díaz del Castillo

-          Antonio de Herrera

-          Bartolomé de las Casas, historiador de Indias.

-          Cieza de León

-          Gonzalo Fernández de Oviedo

 

Al no disponer en casa de conexión a Internet, no puedo consultar con mucha frecuencia su página. Por supuesto tampoco dispongo de página Web. Por tal motivo, en caso de que algo de lo que aquí expongo lo considere interesante, autorizo a que lo incluya en su página. Ya me dirá que le parece, espero sus comentarios.

HISTORIA DE LOS VELAZQUEZ Y DE ROJAS

            En la amplia zona de le meseta del Duero pocos pueblos cuentan con un nutrido cuadro de conquistadores como la villa de Cuéllar.  Entre otros se encuentran dos apellidos: Velázquez y De Rojas.

            El elenco, realmente sorprendente, de cuellaranos en Indias invita a reflexionar y a analizar sus causas. Como en tantos otros fenómenos de la historia moderna de España la causa del mismo hay que buscarla en la Edad Media. Cuéllar, a partir de Alfonso X el Sabio, se convirtió en un municipio poderoso y rico, cuyas milicias concejiles tomaron parte activa en la reconquista de las plazas fuertes de Andalucía. La base de su economía próspera radicaba en la exportación de lanas de sus numerosos rebaños. A finales del siglo XV, España perdió sus mercados y Cuéllar acusó el golpe de forma decisiva. Sus hombres se vieron obligados a emigrar. Las Indias fabulosas y desconocidas canalizaron esta emigración.

            Opinamos, sin embargo, que no fue exclusivamente económico el motivo de dicha emigración; fue también el espíritu de aventura y el impacto enorme que produjo en la sociedad castellana el descubrimiento de las nuevas tierras. El señuelo de las Indias atrajo poderosamente a los hombres de Castilla. Habituados como estaban a la guerra cambiaron de escenario. En lugar de combatir contra los moros lo harían ahora contra los indios, continuando la misión providencialista de España, según los escritores de la época. Así pues, no es extraño que en las distintas coordenadas de la geografía de América tropecemos con numerosos cuellaranos.

 

DIEGO VELÁZQUEZ DE CUÉLLAR Y JUAN DE GRIJALVA

Los Velázquez de Cuéllar. Una de las familias de más solera de la Villa es indudablemente la de los Velázquez de Cuéllar. Oriundos de Avila y afincados en tiempo de don Juan Manuel [16][1], el apellido se perpetúa incluso hasta nuestros días. A esta familia pertenecieron, entre otros, Juan Velázquez, personaje importante en la corte de Juan II que acabó santamente sus días en el Monasterio de la Armedilla, Gutierre Velázquez, abuelo paterno de nuestro Diego Velázquez, del consejo de los reyes de Castilla, el otro Juan Velázquez que educó a San Ignacio de Loyola. El vástago más célebre fue Diego Velázquez, conquistador de Cuba.

 

            El escudo de los Velázquez (trece roeles de azur, a veces ostenta también un jabalí o puerco) campea en algunas fachadas de actuales casas de Cuéllar).

 

            Pautas biográficas de Diego Velázquez. No existe la menor duda sobre el lugar de nacimiento. Afirman unánimemente los cronistas que nació en Cuéllar. Entre los numerosos testimonios tenemos el de Bernal Díaz del Castillo, quien era deudo suyo, y con el que convivió en varias ocasiones [17][2].

 

            El año de nacimiento no puede precisarse con exactitud, pero podría fijarse hacia 1460. Hay autores modernos que dicen se desconoce el nombre de su madre, mientras que su padre se llamaría Francisco. Sin embargo, el historiador Trassierra, a finales de la pasada centuria, había localizado el nombre de ambos que se llamaron Juan Velázquez y Mencía Velázquez [18][3].

           

Fue educado por su tío, Alfonso Velázquez de Cuéllar, quien pasó a Indias en tiempo de los Reyes Católicos y fue corregidor de Cuba. Conocemos los nombres de algunos de sus hermanos, entre ellos, Fray Antonio de Cuéllar, quien aparece como tal en el testamento del conquistador; Mencía [19][4]  e Isabel fueron dos de las hermanas casadas. Consta que tuvo otras hermanas monjas en el convento de Santa Clara, cuyos nombres son desconocidos [20][5].

 

            De la juventud de Diego Velázquez solamente tenemos el dato de que combatió en los tercios de Nápoles.

 

            Rumbo a las Indias. En fecha muy temprana pasó a Indias, precisamente acompañando a Colón en su segundo viaje de 1493. Así lo afirma el cronista Fernández de Oviedo, quien añade además que era un hidalgo pobre.

            No tenemos datos acerca de su actividad durante los primeros años en América.

            Es muy probable que fuera de los trescientos castellanos de que nos habla Herrera que vivían con mucha libertad que «habían tomado por mancebas las más principales y hermosas mujeres de la Isla». Debieron olvidarse de la suerte de los primeros españoles que dejó Colón en el primer viaje y que fueron aniquilados por los indios.

 

            A partir de 1502 aparece a las órdenes de Nicolás de Ovando en La Española tomando parte activa en la pacificación de la Isla. Fundó además varias ciudades, Salvatierra de la Sabana, la Vera-Paz en Xaragua, Neiva, Yaqui, Azua y de todas ellas Ovando le nombró su teniente.

 

            Según Las Casas, cuyo testimonio hay que poner en cuarentena, era uno de los capitanes experimentados en derramar sangre de indios. Herrera se limita a afirmar que era uno de los principales capitanes de la Isla.

 

            Conquistador de Cuba. La isla de Cuba fue descubierta en el primer viaje de Colón el 28 de octubre de 1492, pero solamente contorneada en su parte oriental. En el diario de Colón aparece con el nombre de Colba y el Almirante creyó que se trataba de Cipango. Volvió a tocar la isla en el segundo viaje y Colón siguió creyendo, por lo menos así lo hizo jurar a la tripulación el 12 de junio de 1494, que se trataba de Tierra Firme. Ya desde esta fecha debió creer Juan de la Cosa que era una isla y de esta forma lo reflejó en su mapa del año 1500. De ordinario en la cartografía aparece erróneamente denominada con el nombre de Isabela, en lugar de Juana, su nombre oficial.

 

            El reconocimiento completo de la insularidad de Cuba lo realizó Sebastián de Ocampo en el bojeo de 1508, cumpliendo órdenes  del Gobernador de La Española, Diego Colón, quien, a su vez, había recibido indicaciones de la Corona para que se explorase, apremiando al mismo tiempo para la conquista de la misma.

 

            Don Diego Colón, hijo y sucesor del Almirante, emprendió dicha conquista y pensó primeramente en poner al frente a su tío Bartolomé Colón, pero «optó por el acaudalado Diego Velázquez de Cuéllar, con fama de buen guerrero, el hombre más rico de Santo Domingo y especialmente bien visto en la corte a través del tesorero Miguel de Pasamonte. Fernando el Católico, receloso de los Colones, aprobó el nombramiento». La real cédula en favor de Diego Velázquez la firmó el Rey el 6 de junio de 1511.

 

            El nombramiento de Diego Velázquez fue favorablemente acogido en La Española por ser hombre de buena reputación y muy estimado de los colonos al decir de Las Casas, lo cual facilitó la organización de la expedición.

 

            El propio Las Casas, testigo de los acontecimientos, nos proporciona abundantes datos sobre la salida de los expedicionarios y la conquista de la Isla. A finales del año 1511 zarpó la expedición desde la Villa de Sabana. Estaba formada por unas trescientas personas, entre los que figuraban nombres célebres en la historia del descubrimiento-conquista, como Cortés, Alvarado, Ordás, Bernal Díaz y Montejo.

           

            Se enrolaron también muchos «adeudados y trampeados» que por salir de aquella isla «con el turco se fueran».

 

            La expedición desembarcó en un puerto llamado de Las Palmas entre Santiago de Cuba y Maisi. Los indios, siguiendo las indicaciones del cacique Hatuey, que había huido de La Española, solamente hicieron frente en algunos pasos difíciles. El propio cacique huyó a los montes. Velázquez envió en su busca, logró apresarle y fue condenado a muerte.

 

            Pacificó primeramente la extremidad oriental en la que fundó la villa de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa. La ocupación del resto del territorio fue encomendada por Velázquez a Francisco de Morales y Pánfilo de Narváez. El primero fue depuesto por el Gobernador debido al trato duro y despiadado que dio a los indios. Narváez, aunque más humano, también permitió atropellos, lo que motivó una sublevación de los indígenas que puso en peligro la suerte de los españoles. Intervino personalmente Velázquez en la pacificación de la parte occidental.

 

            A finales del año 1514 quedó la isla sometida totalmente al dominio español y fundadas 7 ciudades entre ellas Santiago de Cuba.

 

            En general, puede decirse que la conquista de Cuba fue una de las más pacíficas de América gracias al buen temperamento de Velázquez y al celo de Las Casas de quien él tomaba consejo.

 

            La conquista y pacificación de Cuba es, sin duda, el hecho más saliente en la vida del cuellarano. «Para la fama de Velázquez basta con la conquista de Cuba, los métodos con que la efectuó y su espíritu desfavorable a la violencia. En último término  él es quien implantó la civilización y la fe en Cuba, fundó sus primeras ciudades y echó los cimientos de su primera riqueza y es realmente el creador de la patria cubana, a pesar de la cerril fobia con que allí se le recuerda» [21][6].

 

            Familiares y paisanos de Velázquez en Cuba. Con motivo de la conquista de Cuba, o quizá después, Diego Velázquez debió llamar a numerosos parientes y paisanos. Efectivamente, en Cuba encontramos a su sobrino llamado como él Diego Velázquez; a su cuñado, Francisco Verdugo; a sus parientes Antonio Velázquez Borrego, a Anaya (hombre de mucha cuenta) y Juan Velázquez de León; a Manuel de Rojas, primo suyo; a Juan de Grijalva, su deudo, según algunos cronistas; a Francisco Velázquez y Bernardino Velázquez, quizá también parientes suyos [22][7]. Entre los paisanos a Baltasar Bermúdez; Juan Gutiérrez de Cabañas, quien aparece junto a Velázquez en 1512; Juan de Rojas, teniente del gobernador en 1525 y en 1539; Juan de Cuéllar, buen jinete que intervino en el asalto definitivo a Méjico. Bernal Díaz no recordaba el nombre de un Fulano de Cuéllar, deudo Francisco Verdugo. Nombra también a Juan de Mercado, que unos decían que era de Cuéllar y otros de Madrigal.

 

            Organización de la vida en Cuba. Conquistada la isla, Diego Velázquez en calidad de gobernador se aplicó a organizar la vida en Cuba, conforme al patrón de La Española y sobre la base de las encomiendas. Mandó hacer una descripción de la misma que envió al Rey por medio del tesorero, Pasamonte a través del cual mantenía correspondencia con el Monarca. Este hecho prácticamente constituía una emancipación con respecto a la dependencia de don Diego Colón de quien teóricamente dependía, por ser éste virrey de las Indias. Puso en explotación las minas de la provincia de Cubanacan del centro de la isla, de cuyas riquezas hizo partícipes a los miembros del consejo del Rey con el fin de tenerlos de su parte y procedió al repartimiento de los indios en encomienda, lo que motivó las iras de Las Casas, después de sentir el trance de defensor de los indios. «Lleváronse ganados deste isla Española, dice Fernández de Oviedo, e hanse hecho allí muy bien todas aquellas cosas que tengo dicho que se han aumentado acá, de árboles e plantas e hierbas e de todo lo que de España se ha traído, o desde aquesta isla aquella se ha llevado. Y en esto diose mucho recabdo Diego Velázquez, e como era mañoso, no solamente quería las gracias de lo que él hacía, pero aun de lo que la tierra por su propia fertilidad producía. En fin, que la isla llegó a estar muy próspera e bien poblada de cristianos e llena de indios, e Diego Velázquez muy rico».

 

            Un historiador moderno ha dicho que Velázquez «se consideraba a sí mismo y exigía que lo considerasen como a un virrey o rey local con su corte, sus privados y ministros, su capitán general (Narváez), sus cortesanos y hasta un chocarrero. Este truhán se llamaba Cervantes.

 

            La boda de Diego Velázquez en la isla de Cuba constituyó un verdadero acontecimiento. Casó con doña María de Cuéllar hija del tesorero Cristóbal de Cuéllar un domingo «con gran regocijo y aparato». Pronto quedó viudo, porque su mujer murió el sábado siguiente.

 

            En el aspecto misional, Diego Velázquez recibió gran contento de la llegada de cuatro misioneros dominicos a Cuba hacia 1515, al frente de los cuales y en calidad de vicario iba Fray Gutierre de Ampudia. Su predicación fue contraria a los repartimientos, siguiendo la línea del P. Montesinos en el famoso sermón del primer domingo de adviento de 1511 en la isla Española.

 

            Organizador de expediciones. Hernández de Córdoba. No habían nacido los españoles para llevar la vida pacífica y tranquila en la isla de Cuba. Muy pronto se preparó una expedición para explorar y conquistar tierras desconocidas. La idea de explorar partió de un grupo que había llegado a Cuba procedente del Darién. Recibió favorable acogida por parte de Velázquez, quien, en principio quiso que la expedición se dirigiera a las islas de Guanaxes con el fin de conseguir esclavos indios. Los expedicionarios se opusieron diciendo «que lo que decía no lo manda Dios ni el rey, que hiciésemos a los libres esclavos. Y después supo nuestro intento dijo que era mejor que no el suyo, en ir a descubrir tierras nuevas». Bernal Díaz del Castillo, de quien son las palabras anteriores y que fue uno de los expedicionarios, añade que Velázquez les proporcionó un barco fiado, de ahí que en principio quisiera que fueran a rescatar, para que se lo abonasen. Preparados dos navíos y un bergantín el 8 de febrero de 1517 salió la expedición formada por 110 hombres al mando de Francisco Hernández de Córdoba con un piloto veterano en Indias, por nombre Alaminos. El 1 de marzo llegaron al cabo Catoche en la península de Yucatán y el 4 del mismo mes se pusieron en comunicación con los indios, que eran «de más razón que los de Cuba», quienes prepararon una emboscada a los españoles. Después de costear el litoral norte de Yucatán llegaron a Potonchán o Champotón, donde sufrieron un grave desastre en lucha con los indios. Decidieron regresar a Cuba, después de haber muerto unos 63 hombres, casi la mitad de los expedicionarios.

 

            La expedición de Juan de Grijalva. El regreso de Hernández de Córdoba despertó el natural interés entre los moradores de Cuba e inmediatamente se organizó una nueva expedición que continuara la ruta emprendida en el anterior viaje.

 

            Pero antes de proseguir hagamos breve digresión acerca de uno de los problemas  más enredosos de la Historia de los descubrimientos. Pretenden algunos autores, como el geógrafo alemán Valentini, que el golfo de Méjico fue descubierto ya en 1493 por navegantes portugueses; su afirmación carece de fundamento y la rechazan los historiadores. Otros escritores, como el argentino Levillier afirma que lo descubrió Américo Vespuci en un supuesto viaje de 1497. La afirmación de Levillier ha recibido un duro golpe por parte del profesor español Carlos Seco que descarta el viaje de Vespuci de 1497. A la altura del año 1518 parece ser que estaba todavía sin explorar el seno del golfo mejicano.

 

            Una segunda expedición organizada por Diego Velázquez de Cuéllar, con otro cuellarano al frente, Juan de Grijalva, contribuirá al descubrimiento de dicho golfo. Había nacido Grijalva en Cuéllar en el año 1490 y muy joven, en 1508, pasó a Indias. Lo encontramos al lado de Velázquez en Xaragua, poblado de La Española. Algunos cronistas afirman que era pariente, más aún, sobrino del Adelantado, pero no existen pruebas de ello. Acompañó a Velázquez en la conquista de Cuba y del 1514 a 1518 fue su lugarteniente en Trinidad.

 

            La nueva expedición quedó formada por tres buques, dos bergantines y tres carabelas. Los expedicionarios rebasaban el número de los 200. A finales de abril de 1518 salieron de Cuba. Arribaron a las costas de Yucatán y en el lugar llamado Champotón hubieron de sostener dura lucha contra los indios, lucha que describe minuciosamente el soldado cronista Bernal Díaz del Castillo, componente de la expedición. Al propio Grijalva lo quebraron tres dientes de un flechazo. Continuando la navegación llegaron hasta las costas de Ulúa, en pleno territorio mejicano, donde más tarde Hernán Cortés fundó la Villa Rica de la Vera Cruz.

            Habían recorrido más de 1.800 kilómetros de la actual costa  de la república de Méjico. Además, su viaje había rebelado la existencia de un imperio remoto, el de los aztecas, quienes, según sus leyendas, esperaban la llegada al mismo de hombres blancos. Precisamente uno de los mitos más conocidos de los aztecas era el del retorno del dios Quetzalcoatl. Según el contenido de dicho mito llegaría un tiempo en que hombres blancos, de luengas barbas, venidos del Oeste, irían a señorear su territorio. Encontrándose Grijalva y los suyos junto al río Banderas en territorio mejicano, llegaron emisarios de Moctezuma, el gran jefe de la confederación azteca. Estos emisarios vieron en los españoles a los teúles o dioses de sus mitos que venían a poseer la tierra en cumplimiento de sus viejas profecías. ¡Curiosa trastada de la Historia! De aventureros o hidalgos nacidos en cualquier pueblo dormido de Castilla o Extremadura quedaron convertidos en dioses aztecas.

 

            De regreso a Cuba, Velázquez recibió a Grijalva con desabrimiento y prescindió de él en la nueva expedición de 1519, mandada por Hernán Cortés. Grijalva regresó a España donde vivió pobremente. Volvió a las Indias y el día 21 de enero de 1519 murió a manos de los indios en Centro-américa, quizá con pena pero sin gloria.

 

            Réstanos dedicar unas líneas al carácter de Grijalva que es una de las figuras más humanas y más simpáticas de los primeros años de la conquista. A su mérito de descubridor unía la valentía del guerrero y una vida irreprochable. Bernal Díaz del Castillo dice que «siempre mostró ánimo de muy esforzado y valeroso capitán». Cuando al regreso de su viaje, Velázquez planeó una nueva expedición y se barajaban nombres para presidirla, añade el soldado cronista: «todos los más soldados que allí nos hallamos decíamos que volviese el mismo Juan de Grijalva, pues era buen capitán y no había falta en su persona y en su saber mandar».

 

            De su conducta sin tacha y de su vida ejemplar, el testimonio más elocuente, es el de Bartolomé de las Casas, quien es durísimo con los conquistadores; sin embargo, dice de Grijalva «que era tanta su bondad y su buen carácter que hubiese hecho un buen fraile».

 

            Fiel a su deber se ciñó rigurosamente a cumplir las instrucciones de Diego Velázquez y el respeto a las mismas fue el principal motivo de que no fundase población alguna en las costas mejicanas. Creemos que los dictámenes de su conciencia, no su cobardía fueron el motivo de no poblar las tierras por él descubiertas.

 

            Un moderno biógrafo de Grijalva le tributa los siguientes elogios: «soldado valeroso, enamorado de su fe y de su rey, símbolo genuino del caudillo asceta de la España del siglo XVI».

            A pesar del olvido que se tiene e Juan de Grijalva atrae irresistiblemente su persona, pronunciamos reverentemente su nombre y le seguimos estimando a través del tiempo.

 

            La expedición definitiva de la conquista de Méjico: Hernán Cortés. Hernán Cortés pasó a Cuba a requerimiento de Diego Velázquez. Afirma un cronista que tomó parte activa en la conquista de Isla, aunque la versión no concuerda con las afirmaciones de quienes presenciaron los acontecimientos. Fue secretario de Velázquez y tesorero del Rey en Cuba. Cortés trató por todos los medios de asegurarse en la amistad del Adelantado, como efectivamente lo logró.

 

            Pronto cambió la situación de Velázquez con respecto a Cortés. La causa fue doble, según Madariaga, que ha estudiado agudamente el problema, una de índole amorosa y otra de carácter político. La virreina doña María de Toledo había llevado varias doncellas que aspiraban a casarse con conquistadores ricos. Entre éstas figuraban las hermanas granadinas Juárez, que por cierto eran muy hermosas. A una de ellas, Catalina de nombre, cortejó Hernán Cortés. Debió serle demasiado fácil la conquista porque pronto pretendió que se casara con él. Hernán Cortés no quiso cumplir la promesa de matrimonio. Diego Velázquez cortejó a otra de las Juárez y ésta presionó al Gobernador para que Hernán Cortés accediera a los deseos de su hermana. Cortés, muy a pesar suyo, hubo de claudicar, como veremos.

 

            Además de este incidente y tal vez como consecuencia del mismo, Cortés formó parte de una conspiración en contra de Velázquez y se prestó a llevar las quejas contra su mal gobierno a las autoridades de La Española; pero antes de que saliera, Velázquez le prendió y le condenó a prisiones, no sin haber pensado en ahorcarle. Escapado de la prisión se refugió en una iglesia y al salir se apoderaron de él los alguaciles de Velázquez. Confinado en un barco logró también huir y fue entonces cuando decidió casarse con Catalina Juárez, para arreglar su situación con el Gobernador; Velázquez debió perdonarle de corazón, pero Cortés no se resignó a llevar una vida de segundón en Cuba a las órdenes de Velázquez. Su destino era nada menos que la conquista del fabuloso imperio de los aztecas.

 

            Las expediciones anteriores de Hernández de Córdoba y Grijalva pusieron de manifiesto la existencia de un imperio rico que despertó la codicia y espíritu de aventura de los españoles de Cuba. Para la conquista del mismo se organizó una expedición y al frente de la misma quedó Hernán Cortés. El capitán de Medellín logró astutamente que el nombramiento de jefe recayera en él y Velázquez cayó en el anzuelo, a pesar de que algunos de sus partidarios le advirtieron de lo peligroso del juego. Cuando quiso dar marcha atrás Velázquez, era tarde. Cortés precipitó los acontecimientos y salió de Cuba el 18 de noviembre de 1518 con ánimo de  desligarse de la autoridad de Velázquez cuando viera momento propicio. No tardó Cortés en provocar la ocasión para romper con el gobernador de Cuba. Sucedió en las costas de Vera Cruz y no le fue nada fácil, porque en la expedición había un grupo numeroso, partidario de Velázquez. Para ello trabajó a los amigos suyos a fin de que sugirieran la idea de crear un municipio independiente y que después le nombraran a él justicia mayor y capitán general del mismo, como así sucedió. Con ésta solución, que hunde sus raíces en el derecho castellano, jurídicamente Velázquez nada tenía que ver con la expedición. De este modo rompió Hernán Cortés con Velázquez quien desde su puesto de gobernador de Cuba estaría pensando en los rescates de los nuevos descubrimientos. A Velázquez, que había logrado convertirse en una especia de reyezuelo, independiente de Diego Colón, ahora Cortés le pagó con la misma moneda, independizándose de él.

 

            Para dar cuenta de lo sucedido, Hernán Cortés envió a la metrópoli a Montejo y Portocarrero y al pasar por las costas de Cuba la noticia corrió hasta Diego Velázquez. Su reacción fue furibunda. El mismo en persona recorrió las estancias con el fin de allegar recursos y alistar hombres para una nueva expedición que se apoderase de Cortés y los suyos. Como jefe de la misma nombró a su antiguo capitán Pánfilo de Narváez. Era Narváez hombre sumamente descuidado y hablaba con voz campanuda y despaciosa. En cierta ocasión hizo reír a Carlos V al narrarle la forma en que vencido por Cortés. Pues bien, Pánfilo de Narváez llegó a las costas de Méjico cuando Hernán Cortés había hecho su primera entrada triunfal en la capital del imperio azteca.

 

Al recibir la noticia de su llegada, Hernán Cortés dejando un destacamento en Méjico al mando de Alvarado, emprendió la marcha desde el interior a la costa y se apoderó de Narváez pasando los soldados de éste a engrosar su propio ejército. El esfuerzo y los gastos de Diego Velázquez de Cuéllar para esta nueva expedición habían sido completamente inútiles y hasta contraproducentes. Otra vez Hernán Cortés le había ganado la partida. La fortuna había dado la espalda a Velázquez, quien quería conseguir riquezas y atribuirse méritos desde su silla de gobernador de Cuba.

 

            Velázquez era un hombre influyente en la Corte, a través del tesorero Pasamonte y sobre todo del intrigante obispo Fonseca, encargado de los negocios de Indias que aspiraba a casar una sobrina suya, hija dicen otros, con el gobernador de Cuba. Valiéndose de esta amistad movió un pleito ruidoso contra Cortés, por considerarle traidor y lesionar gravemente sus intereses. Nombró como procurador suyo en la Corte a su paisano Manuel de Rojas. Estos pleitos fueron interminables y los prolongaron incluso los herederos de Velázquez.

 

            Diego Velázquez de Cuéllar vivió amargado los últimos años de su vida, hasta que «en 5124, dice Fernández de Oviedo, estando determinado de ir en persona a se quejar de Cortés ante el Emperador, acabáronse sus días y sus contiendas y aun sus dineros y así fenesció el Adelantado Diego de Velázquez y acabó pobre y enfermo y descontento». Gran verdad encierran las últimas palabras del epitafio latino de su sepulcro: «Cuando estaba para conseguir grandes riquezas, manos poderosas se las arrebataron».

 

            Retrato de Diego Velázquez. El único retrato que conocemos del conquistador de Cuba lo debemos a su paisano. Antonio de Herrera, quien lo publicó en el frontispicio de su obra principal, Historia de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano. A juzgar por las facciones del mismo, nos inclinamos a clasificarlo dentro del tipo pícnico, debido a sus formas redondeadas, cuello corto, cabeza de gran perímetro, pilosidad abundante.

            Su mirada serena y aspecto apacible nos produce la impresión de encontrarnos ante un hombre bondadoso de carácter, amante de la paz y de la buena vida, cualidades éstas que dicen bien con las afirmaciones de los cronistas.

 

            Velázquez visto por los cronistas. El paranoico historiador de Indias, Bartolomé de las Casas, traza de Diego Velázquez la siguiente semblanza cargada de luces y sombras: era «muy estimado de los de acá de los antiguos de esta isla (Española), más rico que ningún otro; tenía mucha experiencia en derramar o ayudar a derramar sangre de estas gentes malaventuradas. De todos los españoles era muy amado, porque tenía condición alegre y humana y toda su conversación era de placeres y agasajos, como entre mancebos no muy disciplinados, puesto que a sus tiempos sabía guardar su autoridad y quería que se le guardasen. Era muy gentil hombre de cuerpo y de rostro, y así amable por ello; algo iba engordando (cuando le nombraron para la conquista de Cuba), pero todavía perdía poco de su gentileza. Era prudente, aunque tenido por grueso de entendimiento; pero engañados estaban con él.

 

            Era bien condicionado y durábale poco el enojo. Todo lo perdonaba pasado el primer ímpetu, como hombre de benignidad. Y no era Diego Velázquez de poca cólera, ni aún de tan poca gravedad, que aunque por otra parte, cuando estaba en conversación era muy afable y humano, pero cuando era menester y se enojaba, temblaban los que estaban delante de él, y quería siempre que le tuviesen toda reverencia, y ninguno se sentaba en su presencia, aunque fuese muy caballero».

 

            Las Casas generalmente es despiadado e implacable con los conquistadores. Al tratar de esta forma a Diego Velázquez, parece que le tenía en buen concepto, y anótese que pudo llegar a conocerle bien, porque estuvo a su lado en la conquista de Cuba.

 

            Fernández de Oviedo, según vimos anteriormente, afirma que Diego Velázquez era un hombre mañoso e introdujo el cultivo de las nuevas plantas en Cuba.

 

            Castellanos dice de él:

Fue persona de cuerpo bien dispuesto, Robusto de sus miembros y velloso, Algo moreno, pero de buen gesto, Suelto, valiente, fuerte y animoso, Gastó sus bienes, más con todo esto,

Fue menos liberal que codicioso. Tuvo gran copia de oro, plata, cobre, Y al fin de su jornada murió pobre»

 

            Herrera afirma que fue muy sabio y de buena intención, aunque no dichoso. Gómara dice que «tenía poco estómago para gastar, siendo codicioso».

           

Por supuesto para Hernán Cortés fue un hombre avaro y que no miraba el bien del Monarca, sino su propio medro uy comodidad.

 

            Los cronistas que a veces se complacen en resaltar los lances amorosos de los conquistadores, nada nos dicen al respecto, fuera de que cortejó a una de las hermanas Juárez. Sin embargo, Vázquez de Espinosa, que presenta en su obra una estampa de la vida colonial a principios del siglo XVII, nos dice que en el Yucatán tenía un doctrina «el padre Diego Velázquez hijo del conquistador». Aunque por las fechas no sería imposible que aludiera al conquistador de Cuba (Diego Velázquez murió en 1524 y Vázquez de Espinosa pasó a Indias en 1608), puede ser que se refiera a un hijo de su sobrino, llamado como él, Diego Velázquez.

 

            Entre los escritores modernos que más o menos directamente han estudiado a Velázquez, queremos citar a Salvador de Madariaga, quien escribe refiriéndose al mismo: «Era hombre de buen deseo, pero comodón, muy bien dispuesto y de carácter fácil; todo ello le llevaba a intentar siempre alcanzar el mayor resultado posible para sí, con el menor esfuerzo y gastos propio. Indolente y si no precisamente avaro, al menos tardo en el gasto, como en la acción». Ramón Ezquerra le dedica estas líneas: «Temperamento prudente, reposado, humano, conquistador de escasa suerte y de inmerecido mal renombre».

 

            Diego Velázquez en su testamento. Otorgó testamento Diego Velázquez en Santiago de Cuba el día 11 de junio de 1524, donde falleció el mismo día o al día siguiente. Una copia se hizo en 1530 y el pasado siglo fue publicado. Aparece en su testamento como de creencias firmes: «Queriendo encaminar, dice, mi ánima en camino de salvación, e acordándome de las intensas e innumerables mercedes que yo más que otros hombres de Dios nuestro Señor he rescibido, y de cada un día rescibo, muy humildemente y muchas veces le suplico que se acuerde de mi ánima e la encamine en camino de salvación, e que por tal camino la guíe la Santísima Trinidad y suplico a la Virgen Santa María y al bienaventurado apóstol Santiago que sean mis abogados y que mi ánima la presenten ante aquel verdadero y justísimo juez y me perdone todos mis pecados».

 

            Siguen después una serie de cláusulas sobre la forma de su enterramiento uy acompañamiento de su cadáver y una serie de sufragios en las iglesias de Cuba y de La Española.

 

Tuvo en el testamento un recuerdo para su suegro, Cristóbal de Cuéllar, y para su mujer, María de Cuéllar, por cuyas almas debían aplicarse 100 misas. Diego Velázquez había sido testamentario de su suegro y no debió cumplir con puntualidad las cargas del testamento; lo hizo notar y señaló los puntos del mismo que debían tener en cuenta sus herederos.

 

            Ordenó asimismo al mayordomo del señor Obispo que averiguase sus deudas y las pagase religiosamente. A su vez perdonó a todos sus acreedores.

 

            No olvidó a los indios que tuvo encomendados y que fueron a la hora de la muerte la pesadilla de muchos de los conquistadores: «digo que yo he tenido y tengo indios en esta isla que me han servido y sirven en estas haciendas y granjerías o en coger oro, y mi voluntad es y ha sido siempre descargar con ellos mi conciencia y quisiera darles mucho más; conformándome con lo que ahora puedo hacer, mando que se les tomen de mis bienes quinientos pesos de oro y se compren de batidores y ropas y otras cosas que se acostumbran dar a los indios y se repartan por los que tengo en la villa de la Asunción y Vaytiquen y en esta ciudad y en el cacique Fraes de la villa de Bayamo y en los de Sanct-Spiritus de la villa de

Trinidad y San Cristóbal de la Habana».

 

En el mismo testamento hizo relación de sus servicios a la Corona, particularmente de los gastos que le habían ocasionado la preparación de las armadas de Hernández de Córdoba, de Grijalva, de Hernán Cortés y de Pánfilo de Narváez. Ningún fruto había percibido de estos gastos y  según sus palabras quedó en «extraña necesidad», pero no renunció a los posibles emolumentos e indicó que sus herederos presentaran la relación de sus méritos para reclamarlos.

 

            Cuéllar en el testamento de Diego Velázquez. No olvidó en el testamento a su villa de Cuéllar. Como la mayoría de los conquistadores, también Velázquez quedó tocado del recuerdo de su lejano pueblo de origen. Ordenó que se celebraran en el monasterio cuellarano de San Francisco trescientas misas en sufragio de su alma y de sus padres y parientes. De las rentas que él confiaba obtener de Méjico dejó al convento de Santa Clara de la misma Villa tres mil ducados de valor, trescientos y sesenta y cinco maravedís, para que rezaran por su alma. Advirtió que él siempre había tenido y tenía mucha devoción a dicho convento y en él había hermanas y parientas suyas.

 

            Sospechamos que nada de esto recibirían las monjas de Santa Clara, a pesar de que algunos de sus herederos continuaron reclamando los derechos de Diego Velázquez; pero ahí queda la buena voluntad y el recuerdo de Cuéllar, la villa de las colinas, en el testamento de uno de sus hijos más ilustres. En Cuéllar apenas queda otra cosa que la memoria de Diego Velázquez en una calle dedicada a su nombre.

 

            Creemos que la figura de Diego Velázquez seguirá siendo discutida, falta sin embargo, un estudio crítico que valore convenientemente los textos de los cronistas, su juicio de residencia y tal vez nuevas aportaciones documentales. Es preciso someter a revisión afirmaciones manidas y no ponerse de antemano al lado de Hernán Cortés. Como en tantos otros casos, al ponerse la Historia al lado del que ha tenido éxito, de rechazo ha cargado las tintas en contra de Diego Velázquez. Las páginas que anteceden estimamos que son suficientes en orden a una historia general de Cuéllar.

 

 

Apellidos ROJAS que aparecen en el Catálogo de Pasajeros de Indias. Años 1509-1533. (EDITORIAL GAVIDIA)

580.- Antón de Rojas, hijo de Miguel de Rojas y de Isabel.........de Saldaña, vecinos de Jerez de la Frontera, 14 de Junio de 1512.       Leg – 5536 – lib. I, pag 142

 

1066.- Diego de Rojas, hijo de Gonzalo Alvarez y de Leonor Alvarez, vecinos de Sevilla, 4 de Abril de 1513.         Leg – 5536 – lib.  I,  pag  232

 

3369.- Francisco de Rojas, natural de Granada, hijo de Pedro de Rojas y de Inés Martínez, vecinos de dicha ciudad, 9 de Septiembre de 1527.                                                      Leg – 5536 – lib. II,  pag 65

 

HOJAS DE SEVICIOS MILITARES DE AMERICA

Archivo de Simancas – Catalogo XXII

ROJAS, DIEGO DE- Capitán, Milicias Disciplinadas de Barcelona, Provincia de Cumana   1799                    7292,XI,11

ROJAS, DOMINGO DE- Sargento, Milicias de las Cuatro Villas   1799  7264,X,44

ROJAS, FELIX DE-   Sargento, Milicias Provinciales Urbanas de Infantería de San Antonio de Cajamarca    1797                7287,III,34

ROJAS, FERNANDO- Teniente Coronel, Milicias Disciplinadas Dragones de Lima 1788                                      7283,III,64

ROJAS, FRANCISCO – Sargento, Milicias  Provinciales Disciplinadas Caballería de Arequipa 1797                       7287,II,61

ROJAS, FRANCISCO- Cadete, Milicias Disciplinadas Blancos de  Barcelona, Provincia de Cumana    1799      7295,VII,70

ROJAS, FRANCISCO- Teniente, Milicias Provinciales Urbanas Dragones de Huambo, partido de Cajamarca      1797       7287,XVII,13

ROJAS,  JOSE ANTONIO DE- Cadete, Milicia de las Cuatro Villas  1795                         7262,V,61

ROJAS, JOSE MARCELINO – Teniente, Milicias Infantería Española de San Juan de la Frontera de Chachapoyas   1792         7284,VI,20

ROJAS, JUAN- Sargento 1º, de la 8ª Compañía de Milicias Españolas  Caballería de Luya y Chillaos, Provincia de Chachapoyas   1792       7284,XX,17

ROJAS, MANUEL- Teniente, Batallón Provisional Milicias de Pardos Libres de Lima 1796        7286,XII,29

ROJAS, MANUEL- Teniente, Dragones de Méjico   1800      7277,II,28

ROJA, NICOLAS- Sargento, Milicias Provinciales Urbanas de Caballería de Huatanuco,  1797                   7286,VI,31

ROJAS, PEDRO- Teniente, Milicias Disciplinadas Blancos de Barcelona, provincia de Cumana    1799                       7295,VII,64

ROJAS, SEBASTIÁN DE -  Subteniente, Dragones Voluntarios Disciplinados Valle Dupar Gobernación de Santa Marta     1800         7282,XVIII,18

ROJAS, VICENTE DE – Sargento, Compañía de Artillería Milicias Blancas de la Isla de Santa Maria       1887                 7293, III,35

 

 

GABRIEL DE ROJAS. DE CUELLAR A EL PERU UN ESPAÑOL LEAL AL SERVICIO DE SU PATRIA

Fernando Fraile Viloria.  Enero 2.005

LA FAMILIA ROJAS. Los Rojas eran oriundos de Córdoba. Gómez de Rojas era capitán de Enrique IV y junto con su hermano  Pedro, acompañó a su tío el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, a Cuellar en socorro de la villa de Olmedo en el año 1.467. Después de esta batalla acompañó a D. Beltrán de la Cueva, quien mandó las fuerzas realistas, a Cuellar donde se radicó Gómez Rojas.

D. Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque, era señor de Cuellar desde el 24-12-1464, cuya villa le dio para resarcirle del Maestrazgo de Santiago que le tuvo que quitar por protestas de los nobles. D. Gómez se casó con Doña M.ª Torres Córdoba Hinestrosa y tuvieron 7 hijos: Manuel, Gabriel, Francisco, Cristóbal, el licenciado Alfonso Yánez, Juana e Isabel. Todos nacidos en Cuellar donde aun  perduran descendientes de esta larga familia y se conserva un caserón en la calle San Pedro.

Por la zona había un dicho ponderativo: “Son más que los Rojas”.  D. Gómez Rojas fundo una capilla en el concento de San Francisco y en sus ruinas puede verse su escudo cuyas armas son cinco estrellas. Estos hermanos sintieron casi en bloque la llamada de las Indias y también sus hijos.

 

MANUEL DE ROJAS. Era el mayor de los hermanos y casó en Cuellar con Maria Magdalena Velázquez, sobrina del Adelantado de Cuba, Diego Velázquez

Desconocemos con exactitud la fecha en que llegó a Cuba pero allí lo encontramos en 1.521. Era primo de Diego Velásquez quien el 10-8-1.521, en la villa de Santiago de Cuba le dio plenos poderes para que fuera su procurador en la corte, en los ruidosos pleitos que tuvo con Hernán Cortes. Vino a España y con

la mayor dedicación defendió la causa de Velásquez. Volvió a Cuba y fue albacea de Diego Velásquez. Muerto ya este figura como Teniente Gobernador de la Isla en el mismo año 1.524. En 1.525 aparece como vecino de El Salvador y en 1.528 lo era de La  Asunción y aparece como procurador, proponiendo acuerdos al rey. En los años 1.532 y 1.535 vuelve a aparecer como teniente Gobernador informando al rey de la situación de la Isla.

Desde Cuba envió una carta al rey notificándole que había examinado las cuentas de los oficiales de Jamaica.

El licenciado Vadillo dice de él que era persona cuerda, de rectitud y buena intención, pone paz entre los vecinos como buen juez; con él nada falta para la buena gobernación.

En 1.535 dejó el gobierno de la Isla y pasó al Perú donde tenía negocios con su hermano Gabriel. A los 70 años, en 1.544 depuso contra Blasco Núñez Vela. En 1.561 otorgó testamento en Cuellar donde fue enterrado en el convento de San Francisco.

 

GABRIEL DE ROJAS. Como puntualiza el P. Balbino, es de justicia extendernos en la historia de este segoviano por ser menos conocido que sus paisanos Velázquez, Pedrarias o Grijalva siendo tantos sus méritos.

Fue el miembro más destacado de la familia y nació en Cuellar como sus hermanos.

Debió pasar a las Indias en la expedición de Pedrarias Dávila en 1.513, pues figura como capitán de Pedrarias junto con Francisco Pizarro y Diego de Almagro.

En 1.514 era veedor de la expedición que el año siguiente realizó el licenciado Espinosa desde Acla. De los años 1.515 al 20 fue lugarteniente de Acla en el golfo de Urabá. Estando en Acla fue residenciado Pedrarias junto con sus capitanes Andrés Garabito y Rojas; la célula se publicó en Logroño el 18-7-1.521

y fue comisionado para el efecto Juan Rodríguez Alarconcillo quien el 7-6-1.523 había concluido el juicio sin graves consecuencias.

Acompañó a Francisco Hernández de Córdoba, teniente general de Pedrarias, en la fundación de las ciudades de León, Granada y Segovia, y exploraron el río desaguadero hasta el Atlántico. Siguiendo instrucciones se internó tierra adentro encontrándose con Cristóbal Olid que venia desde México sublevado de Cortes, este le instó a que abandonase aquella tierra y así lo hizo para evitar enfrentamientos entre españoles. Por esto Francisco Hernández envió esta vez a Hernando de Soto que fue apresado por Olid. (1)

En 1.527 le encomendó el nuevo gobernador de Honduras, Diego López de Salcedo, que fuese a descubrir en la laguna, en Nicaragua.

En los problemas de Salcedo y Pedrarias aparece como un hombre integro y leal. Esta integridad y lealtad fue motivo a lo largo de su vida de que se encontrara en graves dificultades.

Salcedo, mientras ejercía el poder en Nicaragua, se ganó la enemistad de los ciudadanos y por ello fue  apresado por Estete, teniente de Pedrarias quien requirió a Rojas para que ejerciese la gobernación por  ser teniente de Salcedo, hasta que llegase Pedrarias; Rojas se negó alegando que aunque tenia la amistad de Pedrarias no podía traicionar a Salcedo de quien era teniente. Por este motivo fue apresado y enviado  con grillos al castillo de León. Estete ofreció el puesto al capitán Garabito. Este famoso capitán había sido  residenciado junto con Pedrarias y Rojas; fue enviado por Balboa, secretamente, a reclutar hombres a  Cuba para independizarse de Pedrarias y fue el único de los procesados con Balboa que no fue  ajusticiado.

Poco debió de durar este cautiverio pues en 1.529 le vemos en la expedición de Pedrarias para descubrir  el fin de las lagunas de Nicaragua. Mandaba la expedición Martín de Estete quien iba sembrando el  pánico entre los indios con sus crueldades. Agrupados los indios estuvieron a punto de hacerles perecer si

no hubiera sido por Gabriel de Rojas “Valiente soldado y experto capitán” según nos cuenta Fernández de  Oviedo.

Con motivo de esta expedición Rojas fundó la ciudad de Gracias a Dios, donde tuvo grandes luchas para  defenderse de los indios y poder explotar las minas de plata y oro que allí había.También fue enviado por Pedrarias junto con Benito Hurtado contra Saavedra capitán de Cortes.

En 1.530 descubrió una conjura contra las minas que tenía encomendadas en Gracias a Dios, y sofocada,  pudo enviar a España casi 3.000 pesos de oro por medio de Fray Francisco de Bobadilla.

Los años que permaneció con Pedrarias le acreditaron como hombre leal, excelente estratega y valeroso  soldado; virtudes que mantuvo durante toda la vida. Durante la conquista del Perú le vemos al lado de Pizarro. Rojas había hecho gran amistad tanto con  Pizarro como con Almagro durante el tiempo que estuvieron al servicio de Pedrarias, y estos conocían  bien sus virtudes.

Francisco de Castañeda Alcalde Mayor en Nicaragua había reclutado hasta 180 hombres y barcos por  petición de Francisco Pizarro. Gabriel de Rojas fue el encargado de llevarlos al Perú, pero Pedro de  Alvarado que estaba en el Realejo preparando una armada para pasar a conquistar por su cuenta se  apoderó de estas fuerzas. Gabriel de Rojas, con los medios que pudo, desembarcó en San Miguel con 10  hombres el 23-10-1.533, llevando la noticia de las intenciones de Pedro de Alvarado.

Atahualpa (2) fue ejecutado en 1.533 pero los restos de su ejército capitaneados por Quisquis acometieron a los españoles en Jauja. La estrategia de Rojas fue decisiva en esta batalla, esperando las

acometidas de los indios en campo abierto donde los jinetes pudieran maniobrar fácilmente.

Después de la batalla Gabriel de Rojas estuvo en Vilcas y por encargo de Diego de Almagro marchó al

Cuzco a informar a Pizarro de la llegada de pedro de Alvarado. Herrera nos cuenta que Pizarro holgó  mucho con él y le agradeció este trabajo. (3)

Quisquis murió en Quito a manos de sus propios soldados pero la resistencia siguió. Estando aun preso Manco Inca en Cuzco, Juan Pizarro envió a Rojas para que le interrogase y le amenazase por una supuesta  traición. En 1.535 asistimos a la rebelión de Manco Inca nosotros nos interesamos por sus efectos en el Cuzco que es donde se encuentra Rojas junto con Hernando Pizarro; Francisco estaba en Lima.

Los indios tuvieron cercado Cuzco más de ocho meses, cada luna llena la atacaban por todas partes. El cronista Zarate nos cuenta que uno de sus más valientes defensores era el capitán Rojas. Cuando  Hernando Pizarro salió hacia Tambo con 80 caballos, Manco Inca decidió que 35.000 indios atacaran  Cuzco; Rojas resistió valerosamente cuando entraron por Andesuyo y quizás llegaron a entrar en la  ciudad y es posiblemente que fuese cuando ocurrió lo que nos cuenta el escritor Pedro Pizarro, que dieron un flechazo a Rojas en la nariz y le entró hasta el paladar; el propio Pedro Pizarro corrió gran peligro del  que le libró Gabriel de Rojas.

Debido al asedio, los alimentos escasearon y Hernando Pizarro nombró a Rojas jefe de una expedición hacia Gomancauché distante unas 14 leguas; Al cabo de un mes volvieron con 200 cabezas de ganado gracias a sus excelentes dotes para imponer el orden y la disciplina; así nos lo cuenta Pedro Pizarro que  fue uno de los componentes de la expedición. No fue la única salida del Capitán Rojas como nos lo cuenta Herrera en relatos realmente extraordinarios.

Cieza de León y Herrera cuentan las excepcionales intervenciones leales y honestas de Gabriel en las luchas entre pizarristas y almagristas.(4)

Recordemos que Hernando Pizarro al llevar a la metrópoli el quinto del tesoro real reunido en Cajamarga, consiguió para Francisco Pizarro 200 leguas de Costa aproximadamente desde el Cuzco al Sur hasta Pasto  al Norte en Colombia cerca de Ecuador y para sí el titulo de Adelantado, heredero de Francisco Pizarro y  una jurisdicción de 70 leguas más al S. de lo concedido a su hermano. También consiguió para Almagro la gobernación de Nuevo Toledo, creyendo este que incluía el Cuzco. Este fue el punto serio de fricción  que se salvó de momento al emprender Almagro la conquista de Chile. Al desistir, Almagro volvió al  Perú renovando su pretensión y en 1.537 se presentó en Cuzco para apoderarse de la ciudad.

(5)Hernando Pizarro envió a Gabriel de Rojas y al licenciado Prado a negociar una tregua de tres días con  Almagro quien la acepto con tal de que Rojas jurase que no se aprovecharían los tres días para reforzar la  ciudad; Pizarro la rompió contra las suplicas y ruegos de Gabriel. Almagro conquisto el Cuzco y apresó a   los Pizarro el 8-4-1537. Conociendo Almagro la honradez de Rojas y a petición de la ciudad le dio la vara  de su teniente en la ciudad, que la acepto con gran pesar por la suerte de los Pizarro y procuraba con todas  sus fuerzas que se compusieran.

En todas las luchas siguientes Gabriel de Rojas quedó entre dos fuegos llevándole de un bando para otro,  procurando siempre por los intereses de España por encima de las banderías.

Cuando Almagro salió a combatir al teniente de Pizarro, Alonso de Alvarado dejo en el Cuzco a Gabriel  de Rojas. El 12-7-1.537 a orillas del río Abancay, Alvarado fue derrotado.  Almagro llevó a Lima, la ciudad de los reyes, a Hernando Pizarro y dejó en el Cuzco a Rojas custodiando  a Gonzalo Pizarro y Alonso de Alvarado. Pizarro y los suyos escaparon y encarcelaron a Gabriel.

La prisión de Rojas debió ser breve pues antes de la batalla de Salinas (26-4-1538) aparece gobernando la ciudad y exhortaba a los vecinos para que salieran a defenderla en la devoción de Almagro. Este, enfermo y achacoso, al no poder salir, ordenó a Gabriel, por ser hombre de mucha autoridad, que obligase a la  gente a salir a defender la ciudad que la atacaban los Pizarro. Logró que salieran quinientos hombres de a pie y a caballo, aunque algunos quedaron escondidos en los edificios. De poco sirvieron los esfuerzos del capitán Rojas pues los Pizarro derrotaron a Almagro en la batalla de Salinas el 26-4-1.538.

Apresado Gabriel de Rojas doblaron sus guardias mientras decapitaban al viejo y enfermo Diego de  Almagro.

Hernando Pizarro, por la amistad que su hermano Francisco tenía con Gabriel y conocedor de sus dotes y  virtudes debió liberarlo pronto de la prisión pues le encontramos con las huestes de Hernando y Gonzalo  Pizarro en 1.539 en la entrada que tuvieron que hacer a las Charcas para pacificar esta provincia. Trazó y construyó un puente en el Ayabire donde algunos castellanos se habían ahogado y otros habían sido  apresados y sacrificados en un adoratorio.

También aparece en Cochabamba junto a Garcilaso de la Vega y Pedro de Castro destacando por su  valentía contra el señor de Chichas; esta batalla fue muy importante para la pacificación del Callao y las Charcas.

El 26-6-1.541 los partidarios de Almagro asesinaron en Lima a Francisco Pizarro y tratan que Diego de  Almagro, hijo, fuese recibido por gobernador hasta que el rey lo confirmase (6). De forma especial  quisieron ganarse a Gabriel de Rojas a quien enviaron a Juan Diente, grandísimo caminador. “Gabriel de  Rojas se estaba quedo en su casa sin hacer ninguna demostración por que el gobierno de la ciudad iba  primero para D. Pedro Puertocarrero”. Finalmente nombraron gobernador a Diego de Almagro y por su  teniente a Gabriel que “Sin hacer demostración se estaba en su casa por que le pesaban aquellos  alborotos” Según nos cuenta Herrera.

Esta situación no agradaba a Gabriel y cuando Perálvarez Halquin quiso entrar en el Cuzco en nombre del  rey, no ofreció resistencia. “No se mostraba parcial de nadie y viviendo en el Cuzco como vecino, era  respetado por todos y como persona honrada y de juicio procuraba que este movimiento de los de  Almagro no pareciese guerra civil”. (7)

Cuando llegó al Perú Vaca de Castro, Almagro el Mozo se enfrentó a él y fue derrotado en la batalla de  Chupas en 1.542. Rojas no intervino en esta batalla y seguía viviendo en el Cuzco.

Vaca de Castro también confió en él y le mandó hacer una población de castellanos en las Charcas.

Cuando Vaca de Castro se ve obligado a decidir sobre la suerte de Diego Almagro consultó a los  capitanes de mayor crédito y autoridad y mandó a Gabriel de Rojas que expusiera su parecer. Nos cuenta  Herrera que hizo un habilísimo y retórico discurso que causó gran inquietud en los seguidores de Pizarro  sin embargo Diego de Almagro el Mozo fue condenado a muerte.

Vaca de Castro siguió teniéndole por hombre de confianza y cuando corrieron las voces de que Gonzalo  Pizarro quería matar a Vaca de Castro, este acudió a Rojas y ambos acordaron que Pizarro se fuese a las  Charcas de donde era vecino y allí estuviese sin hacer juntas de gentes.

Carlos I nombro Virrey a Blasco Núñez Vela (8) que en 1.544 entraba en Lima y uno de sus fines era  hacer cumplir las nuevas leyes que protegían a los indios lo que exacerbó a los españoles. Gonzalo  Pizarro hizo frente al Virrey a quien apresaron y embarcaron para España, pero antes de llegar a Panamá  logro volver y se encaminó a Quito.

Ante esta situación, viendo que no llevaría a cosa buena, en cuanto Gonzalo Pizarro salió de Cuzco, Gabriel de Rojas, su sobrino Gómez Rojas, Garcilaso y algunos otros caballeros tomaron el camino de  Arequipa para desde allí ir a juntarse con el Virrey, “siendo los primeros vasallos de su príncipe que por propia voluntad acataron al Virrey”.

Cuando Gonzalo Pizarro lo supo ordenó nada menos que a Francisco de Carvajal, el llamado demonio de los andes, que fuese a matar a los vecinos de Cuzco que habían acudido al Virrey. Quizás por amistad  Francisco de Carvajal fue pregonando en voz alta su misión para que se escapasen o pudo ser que los vecinos rogaron por ellos, lo cierto es que se salvaron.

Aun cuando le perdonó la vida a partir de este momento la relación entre Gonzalo Pizarro y los Rojas no  fue cordial. No aparece en la batalla de Añaquíto (1.545) donde Pizarro vuelve a derrotar a Blasco Núñez Vela y un soldado le mata. Pizarro quedo dueño del Perú.

La corona nombró a D. Pedro de La Gasca presidente de la Real Audiencia (9) y llegó a Panamá en  noviembre de 1.546. Logro hacerse con la escuadra de Pizarro y en Abril de 1.547 partió hacia el Perú.

Gonzalo Pizarro derrotó al leal Centeno en Huarina en Octubre de 1.547. No sabemos si Gabriel de Rojas se vio obligado a participar en esta batalla. Lo cierto es que viendo las intenciones del tirano Pizarro no  duda en exponerse a todo peligro por salir de la opresión y viendo desamparado el cuartel se salió sin ser  visto junto con sus sobrinos Gómez Rojas, Gabriel Bermúdez, el capitán Cáceres y otros caballeros y  soldados.  Recibido por La Gasca le pone al frente de su artillería “Por ser persona de autoridad, experiencia y  diligencia”. Actuó con gran pericia en la batalla definitiva de Xaquixaguana en la que las fuerzas de  Pizarro fueron derrotadas el 8-4-1.548.  Calvete de La Estrada nos cuenta cuan eficaz fue la actuación de Rojas posibilitando que los que no  estaban muy firmes con Pizarro se pasaran al campo del rey.  Disperso el ejército y apresado Pizarro, Gabriel de Rojas fue uno de los llamados a consejo para determinar sobre los presos y se sentenció a Pizarro a ser decapitado.

Así concluyó el tristísimo episodio de las guerras civiles en Perú y de las sublevaciones de los que no querían admitir las nuevas leyes que protegían a los indios de la ambición desmedida de los  conquistadores.

Entre los que murieron a manos de españoles se encuentran nada menos que Francisco y Diego Pizarro y  los Almagro padre e hijo.

Mientras que Gabriel de Rojas fue una de las personas mas zarandeadas por los acontecimientos. Todos  tuvieron que reconocer su honestidad, lealtad, valor y experiencia y a todos ellos los sobrevivió.

La Gasca envió a Gabriel de Rojas a poner en labor las minas que el emperador tenia en Las Charcas, las  de Porco y Potosí y recoger los quintos y tributos de la corona. Su gran diligencia sirvió para que Polo de Hondegarlo, gobernador general de Las Charcas pudiera recaudar y enviar 1.200.000 castellanos; lamentablemente aquellas riquezas no eran utilizadas para el necesario desarrollo de su patria si no para  alimentar la sangría que suponía el mantenimiento de un imperio.  Rojas, buen servidor del rey, también halló minas muy ricas en Carabaya de todo lo cual daba cumplida cuenta a Gasca. El impulso que dio a las minas de Potosí contribuyó a convertirla en ciudad imperial.

Estando en Potosí escribió un informe comparando el sistema de impuestos que observaban los Incas con  el que se introdujo a partir de la conquista.

En 1.549 intervino en una junta de prelados y algunos religiosos donde se tomaron decisiones que pueden considerarse de humanitarias a favor de los indios.

Es presumible que le fueran asignados buenos repartimientos de indios y propiedades.

Los cronistas y escritores tan importantes como Gonzalo Fernández de Oviedo, Antonio de Herrera y Calvete de la Estrella tienen para él grandes elogios y le califican de “Leal, honrado, valeroso, de gran experiencia y diligencia, hombre de crédito, autoridad y estimación y que otros con menos méritos obtuvieron mayores riquezas.

De la correspondencia de La Gasca al rey y consejo fechada en Lima el 28-1-1549 comunica la muerte de Gabriel de Rojas diciendo de el. ”Era el mas entero vasallo e celoso del servicio de su majestad que en  estas tierras he conocido”

En su testamento beneficio en gran medida a los conventos de San Francisco, Santa Clara y al Hospital de la Magdalena de su Cuellar natal Murió soltero con un hijo natural, menor de edad, llamado Gómez rojas al que dejo heredero universal.

Notas:

1.-Las tierras americanas de lo que hoy es Nicaragua y Guatemala eran disputadas entre diferentes conquistadores españoles.

-Pedrarias mandó a su capitán Espinosa al descubrimiento de Nicaragua en 1.520. El piloto Andrés Niño viene a España para conseguir autorización para realizar descubrimientos con los barcos de Balboa, lo que consiguió contactando con Gil González Dávila que era conocido del influyente Fonseca e hicieron grandes descubrimientos de 1.521 a 1.523 en Nicaragua. Hernán Cortes también se creía con derechos de conquista desde Méjico.

De tal forma que en 1.524 se enfrentan en Nicaragua:

-Gil González y Alonso Niño que desembarcan en Puerto Cortes.

- Los enviados de Cortes Pedro de Alvarado y Cristóbal Olid.

-Hernández de Córdoba enviado por Pedrarias

Olid viene por su cuenta sublevado contra Cortes y se une a Gil González. Cortes con su capitán Francisco de las Casas sale de Méjico contra Olid. Hernández de Córdoba envía a los capitanes Rojas y Hernando de Soto contra Olid y son derrotados. Rompen Gil González y Olid. Francisco de las Casas  domina la situación.  Hernández de Córdoba se subleva contra Pedrarias. En 1.526 interviene personalmente Pedrarias en persona con la edad de 86 años, domina la situación con energía y ajusticia a su capitán Hernández de Córdova. Estas luchas entre españoles ambiciosos, desgraciadamente fueron una constante en la conquista.

2.- No son pocos los que piensan que cuando llegan los españoles al Perú se encuentran con una situación idílica. Nada más lejos de la realidad.  .Cuando llegó Francisco Pizarro al Perú había muerto el Inca Guayana Capaz. -Huescar es el hijo heredero y lo mata su hermanastro Atahualpa nombrándose Inca.  -Atahualpa es ajusticiado por Francisco Pizarro el 26-6-1532 -Tupaz Huallpa es nombrado Inca por Pizarro y es envenenado por un capitán de Atahualpa llamado  Calcuchimac -Manco Inca Yupanchi mantiene una situación de luchas pero un tanto ambigua con los españoles y  muere libre en 1.544.

3 El 28-2-1534 Pedro de Alvarado llegó a Caráquez y el 10-3-1534 ya estaba camino de Quito por la cuenca del río Guayas.  Sebastián Moyano Benalcazar se encaminó a Quito por la sierra a las ordenes de Pizarro y Almagro (se  cree que para conseguir gobernación propia) y con penalidades sin fin conquisto Quito. Se le unió  Almagro desde Arequipa y encontró a Pedro de Alvarado con la tropa cansada y diezmada negoció su retirada por 100.000 pesos pasándose sus soldados y sus barcos a Almagro.

4 Las primeras desavenencias entre Almagro y Francisco Pizarro fueron por traer este a sus hermanos. Así terminaron los Pizarro:  -Juan murió en 1536 cuando iba al Cuzco en defensa de sus hermanos.  -Francisco Pizarro asesinado por almagristas el 26-6-1541  -Francisco Martín de Alcántara, hermano de madre, murió junto a Francisco Pizarro.  -Gonzalo Pizarro sublevado contra la corona por no acatar las nuevas leyes que protegían a los indios, fue  ajusticiado por La Gasca en 1546.  -Hernando Pizarro estuvo preso en el castillo de la Mota de 1539 a 1560 por matar a diego de Almagro. Después mantuvo una relación un tanto ambigua con su sobrina.

5 Cuando Hernando Pizarro vino a España consiguió autorizaciones de conquista para los Pizarro y para Almagro autorización para descubrir y poblar 200 leguas al sur de lo autorizado a los Pizarro.  Almagro comenzó la conquista de Chile enviando por delante a Saavedra con 150 hombres a caballo y él  le siguió saliendo del Cuzco en Julio de 1.535. En Junio de 1.536 llegaron al valle del Aconcagua después de atravesar los Andes por el paso de San francisco. Su capitán Ruy Diaz acompañado del hijo de  Almagro mestizo de 14 años llegó con 100 hombres por la costa al río Copiapó. Descubrieron tierras al S. del Maipo y fueron atacados al S. del río Nuple.  Encontraron buenas sementeras, riegos artificiales y lavaderos de oro en toda la zona. No fue, por tanto, la pobreza de Chile lo que le decidió a volver. Fue la desconfianza ante la retención por Hernando Pizarro durante mucho tiempo de las células reales de concesión y el consejo de sus capitanes Diego y Gómez de Alvarado y Hernando de Sosa que le animaban a reclamar Cuzco a los Pizarro. Volvieron por la costa atravesando el desierto de Atacama y a primeros de 1.537 ya estaban en Arequipa.

Posteriormente fue Pedro de Valdivia el que conquistó Chile.

6 Los partidarios de Almagro capitaneados por Juan de Rada mataron a Francisco Pizarro el 26-6-1541 como venganza por haber decapitado a Almagro después de la batalla de Salinas el 26-4-1538. Se presentaron en su casa mientras comía y todos los sirvientes le abandonaron menos su medio hermano

que murió con él. Rada lanzó a uno de los suyos contra Pizarro y al clavarle la espada, esta quedó embarazada y aprovecharon para matarle. Trató de besar una cruz que hizo con su propia sangre pero no lo consiguió. Hernando estaba en España y Gonzalo en el país de la canela.

7 Vaca de Castro fue enviado como gobernador para vengar la muerte de Almagro el Viejo y resolver los conflictos entre almagristas y pizarristas.

8 El 20-11-1542 Carlos I promulga en Barcelona las Leyes Nuevas de protección a los indios. Recogían en parte las opiniones de Fray Bartolomé de Las Casas y recomendaciones mínimas de un grupo de teólogos. Posteriormente fueron completadas en Valladolid el 4-6-1543. El capítulo 30 era especialmente  rechazado en Perú pues privaba de encomiendas a todos los que hubieran participado en las guerras  civiles. Es decir a casi todos. De los 5.000 españoles que había en Perú solamente 400 eran propietarios  pero tenían todo el poder.  El 1-3-1543 es designado Virrey el caballero de Santiago Blasco Nuñez Vela y presidente de la audiencia  a Vázquez Cepeda.  La actuación de Nuñez Vela es poco diplomática y aunque lo hubiera sido poco habría conseguido y  Gonzalo Pizarro dirige una sublevación. En Septiembre de 1544 los oidores destituyen al Virrey. Vazquez  Cepeda deroga las Leyes Nuevas esperando sacar provecho de la situación y quedarse con el gobierno  pero el 24-10-1544 tiene que entregarlo a Gonzalo.  Pizarro queda dueño absoluto y nombra a Francisco de Carvajal (El Carnicero de los Andes) general de su ejército y siembra el terror ahorcando a unos cuantos leales a la corona. Nuñez Vela es desterrado acompañado de un oidor para vigilarle pero le convence de que le deje volver y desembarca en Tumbes. Tiene que huir hasta Quito pero perseguido por Pizarro sigue 500 Km. más hasta  encontrar a Benalcazar. Este trata de convencerle que es inútil pelear pero decide cumplir con su mandato o morir.

El 18-1-1546 en Añaquito, hoy dentro de la ciudad de Quito, Nuñez Vela es derrotado y decapitado ignominiosamente. También fue herido Benalcazar. Cínicamente Gonzalo Pizarro manda quitar la cabeza de la picota y vestido de rigurosos luto, asiste a los funerales.

Mientras tanto Pizarro ha enviado la flota a controlar Panamá al mando de Hernando de Bachicao luego sustituido por Alonso de Hinojosa que también controló Nombre de Dios. Pizarro no solamente es dueño absoluto del Perú, también controla el posible ataque por Panamá.

9 Cuando las noticias de la sublevación de Gonzalo Pizarro llegaron a la corte cundió la alarma. El emperador no podía prescindir de los ingresos que llegaban del Perú. Como no era fácil mandar un ejército capaz de derrotar al poderoso Pizarro se optó por la tolerancia y la diplomacia.

Se derogaron parte de las Leyes Nuevas especialmente el tan rechazado articulo 30 y se nombro Virrey al clérigo Pedro La Gasca, abulense como su predecesor Nuñez Vela, con poderes absolutos para otorgar perdón, derogar normas y nombrar funcionarios y oidores.

Este fraile físicamente contrahecho, corto de cuerpo y de piernas desproporcionadamente grandes no  debía originar grandes temores. Pero no le faltaba experiencia militar y de organización por haber  reformado y organizado las defensas de Valencia contra Barbarroja. Nunca llevó escolta pues decía que

con su breviario (libro que los clérigos utilizan para el rezo del oficio divino) le era suficiente.

Su actuación fue un dechado de diplomacia, habilidad y eficacia. La situación habría descorazonado a cualquiera pues el control que ejercía en el istmo el capitán de Pizarro, Hinojosa era total y bien  organizado. Solamente podía ser causa de esperanza que Melchor Verdugo trataba de reclutar hombres en Nicaragua para hacer frente a Pizarro. Diego Centeno, alcalde de La Plata arrepentido, se había sublevado  contra Pizarro aprovechando que este perseguía en Quito a Nuñez Vela pero fue aniquilado por Francisco  de Carvajal, el Carnicero de los Andes que en realidad se llamaba Francisco López Gascón y también era  abulense.

Centeno fue derrotado en Paria, cerca de Oruro, el 23-4- 1546, pudo huir a uña de caballo hacia Arequipa  y estuvo escondido en una cueva alimentado por unos indios hasta Mayo de 1547.

En julio de 1546 La Gasca salta a tierra en Nombre de Dios donde manda la guarnición Hernan Mejia al  que con habilidad convence de que si colabora, el rey le recompensaría pues su intención era recomponer  la situación de Pizarro para el que traía cartas disculpando su sublevación ante la intransigencia de Nuñez

Vela.

Conseguida esta adhesión, pasa a Panamá donde Hinojosa y su plana mayor lo reciben sin desconfianza  ante tan humilde tonsurado. Tuvo La Gasca sumo cuidado de no desmentir ni confirmar el rumor de que  tría cartas para confirmar en el poder a Pizarro. Hinojosa escribió a Pizarro indicándole que poco tenía  que temer de La Gasca y pidiéndole instrucciones sobre si debía dejarle pasar al Perú.

Mientras venía la respuesta la Gasca escribió secretamente a las autoridades eclesiásticas y ediles  poderosos más afines al monarca pidiéndoles sus lealtades sin adelantar sus planes y apelando a su  caballerosidad y espíritu cristiano.

De la forma más correcta, humilde y disculpatoria también escribió a Pizarro mandando la carta con un  emisario fiel a La Gasca que trató e erosionar la voluntad de los más indecisos.

Pizarro contestó reafirmándose en su actitud, apoyado por la plana mayor de los insurrectos que se  reunieron en Lima en Octubre de 1546 y pedían a La Gasca que regresara a España.

Pero cuando los emisarios de Pizarro llegaron a Panamá ya había conseguido La Gasca el control del  istmo atrayéndose a Hinojosa que el 19-11-1546 puso la flota a su disposición.

Los emisarios se pusieron a sus órdenes y envió a uno de ellos, Lorenzo de Aldana para que tocara con sorpresa en puntos de la costa tratando de infundir ánimos a los leales.

En Trujillo Diego de Mora enarboló el pendón real. Diego Centeno saliendo de su escondite, reclutó  leales y se apoderó de Cuzco. El 20-10-1547 en Huarina, Carvajal derrotó a Centeno siendo este el último  triunfo de los rebeldes.

A finales de 1547 La Gasca desembarcó en el extremo Norte del Perú. En Huamanga, hoy Ayacucho, La Gasca adoptó las medidas para emprender la acción definitiva y pudo contar con 400 jinetes 500 piqueros y 700 arcabuceros que siguieron incrementándose con deserciones de los pizarristas. Contó con Centeno  que pudo escapar de Huarina, Benalcazar y Pedro Valdivia estratega que competía con Carvajal.

La Gasca dio la orden de marcha sin esperar a que terminara la época de las lluvias. Pizarro se había  envalentonado por el triunfo de Huarina y no escuchó a Carvajal que proponía la táctica de tierra quemada en su retirada hacia las Charcas y tomó la decisión de abandonar Cuzco y esperar a la Gasca en

la llanura de Jaquijahuana a 20 Km. De Cuzco.

En los primeros días de Abril de 1548 se aproximaron las tropas. Pizarro intentó algunas acciones de hostigamiento pero fracasó. Mientras las baterías reales dirigidas por Gabriel de Rojas causaban estragos.

El 9-4-1548 se dio la orden de ataque y todos se sorprendieron de que las gentes de Pizarro se pasaban en desbandada. En realidad bastó un proyectil que estallo en medio del campamento de Pizarro. El experto Rojas con la ayuda de un griego que modifico los componentes de la pólvora consiguió un alcance muy

superior a lo habitual en los cañones del Perú en aquella época.  Pizarro, Carvajal y su plana mayor se rindieron y condenados a muerte fueron ejecutados en el mismo  campo de batalla.

La Gasca afrontó con eficacia los problemas de gobierno y el acomodo y recompensa de los que le  apoyaron en el reparto de tierras que hizo en el pueblo de Huaynarima. A los más los empleó en entradas y descubrimientos.

Más sobre Gonzalo Pizarro y el Amazonas Francisco Pizarro creó, contra derecho, la gobernación de Quito para su hermano Gonzalo invistiéndole como capitán general para descubrir en el País de la Canela.  Gonzalo partió de Cuzco al frente de 70 españoles, 3.000 indios auxiliares y 100 caballos. Pasó por  Huamanga, Huanuco entrando en Quito donde el cabildo lo recibió como gobernador. Se le juntaron  muchos más, entre otros su paisano Francisco de Orellana que era teniente gobernador de Francisco en la  región de Culata.

Por Navidad de 1.540 salieron hacia el País de la canela pasando por Quijos y Sumaco encontrando unos  falsos árboles de canela. Siguieron y llegaron al río Coca por Julio de 1.541. Construyeron un bergantín que llamaron El San Pedro y se confió a Orellana, continuando por tierra y agua.

Faltándoles alimentos, Orellana pidió a Pizarro que le dejase ir río abajo a encontrar comida y zarpó con  El San pedro el 26-12-1541, con el dominico fray Gaspar de Carvajal y otros 57 hombres. Sin percatarse dejó el río Coca y se adentró en el Napo. Una semana después encontró una aldea con comida donde saciaron el apetito y cargaron víveres.

Orellana amaño las cosas para que los tripulantes le pidieran seguir adelante con la excusa de que volver contra corriente sería morir en el esfuerzo.

En la mañana del 12-2-1542, festividad de Santa Eulalia entraron en el Río Grande. Atracaron en Aparia

La Mayor y aquí, dolosamente, Orellana renunció a la capitanía para ser investido caudillo y romper la dependencia de Pizarro. Construyeron otro bergantín que llamaron Victoria.

En Machifare, capital de los omaguas tras un gran combate con los indios recogió comida. Pasaron ante el río Purús que llamaron Trinidad, El Negro, Madeira y Cayarí.

El 24- 6-1542 llegaron a un paraje donde unas mujeres guerreras salieron a combatirle y les cubrieron los  bergantines de flechas por lo que al Río Grande llamaron Amazonas.

A finales de Agosto salieron las naves al Atlántico. Orellana despidió a los suyos y volvió a España.

Casó con Ana de Ayala y volvió al Amazonas pero en su bocana murió de fiebres en 1.546.

En cuanto a Pizarro, cuando se sublevó y quedó dueño del Perú, trató de legalizar su situación valiéndose de toda clase de estratagemas. Desde recurrir a la autoridad del Papa hasta repetir la farsa de Ávila contra Enrique IV destituyendo en efigie a Carlos I

 

Luisa de Bolívar y Díaz de Rojas, bautizada el 7 de septiembre 1592, Caracas, Venezuela. Casada con Alonso Pérez de Valenzuela, Capitán , con  Elena Pérez de Valenzuela. Casada con Lucas Lovera Otañez y Muñoz de Ledezma, Capitán , bautizado el 6 de noviembre 1625, Santa Iglesia Catedral, Caracas, fallecido el 25 de agosto 1680 (a la edad de posiblemente 54 años), con  Juana María de Lovera Otáñez y Pérez. Casada el 22 de febrero 1683, Caracas, Venezuela, con Diego Aguado de Páramo y Rendón Sarmiento, bautizado el 29 de enero 1660, Iglesia Catedral, Caracas, con  Gabriel Lovera Otañez y Pérez de Valenzuela, bautizado el 10 de julio 1654, fallecido el 14 de agosto 1702, Caracas, Venezuela (a la edad de posiblemente 48 años), Capitán y Regidor. Casado con Josefa de Bolívar y Villegas, fallecida el 4 de enero 1725, Caracas, Venezuela, enterrada, Convento de las Concepciones , con  Juana Josefa Lovera Otáñez y Bolívar. Casada el 28 de diciembre 1707, Caracas, Venezuela, con Feliciano Palacios y Gedler, nacido en 1689, Caracas, Venezuela, fallecido el 30 de julio 1756, Caracas, Venezuela (a la edad de 67 años).  Ana Francisca de Lovera Otáñez y Bolívar.  Casada el 16 de mayo 1703, Iglesia Catedral, Caracas, con Juan Xerez de Aristeguieta, nacido, Pasajes, Guipúzcoa, España, bautizado el 5 de marzo 1651, Igª P. de San Pedro, San Sebastián, fallecido el 4 de diciembre 1717, Caracas, Venezuela, enterrado, Capilla de San Pedro, Catedral de Caracas (a la edad de posiblemente 66 años), con  Martín Ignacio Xerez de Aristeguieta y Lovera Otáñez, nacido, Caracas, Venezuela, bautizado el 23 de noviembre 1706, Caracas, Venezuela, fallecido el 3 de noviembre 1734, Caracas, Venezuela (a la edad de posiblemente 27 años).  Casado el 28 de enero 1731 con Luisa De Bolívar y Ponte, fallecida el 20 de enero 1773, con Juan Félix Xerez de Aristeguieta y Bolívar, Pbro. , nacido el 24 de febrero 1732, Caracas, Venezuela, fallecido el 24 de diciembre 1785, Caracas, Venezuela, enterrado el 25 de diciembre 1785, Iglesia del Convento de San Francisco, Caracas (a la edad de 53 años). Francisco Ignacio Xerez de Aristeguieta y Bolívar, Regidor , nacido el 30 de julio 1733, Caracas, Venezuela, fallecido el 3 de agosto 1760, enterrado el 4 de agosto 1760, Iglesia del Convento de la Inmaculada Concepción, Caracas (a la edad de 27 años). Miguel Xerez de Aristeguieta y Lovera, nacido alrededor de 1708, Caracas, Venezuela, bautizado el 10 de mayo 1708, Caracas, Venezuela, fallecido el 25 de marzo 1782, Caracas, Venezuela, enterrado  26 de marzo 1782, Iga. del Cvto. de las Concepciones (a la edad de posiblemente 74 años).  Casado el 7 de noviembre 1734 con Petronila De Bolívar y Ponte, nacida el 3 de febrero 1719, fallecida el 20 de marzo 1743 (a la edad de 24 años), con  Martín Nicolás Xerez de Aristeguieta y Bolívar, nacido el 6 de junio 1736, Caracas, Venezuela, bautizado el 20 de junio 1736, Caracas, Venezuela, fallecido el 11 de marzo 1807, Caracas, Venezuela, enterrado el 12 de marzo 1807, Iglesia del Convento de San Francisco, Caracas (a la edad de 70 años). Casado el 19 de marzo 1763 con Josefa María Lovera Otáñez y Bolívar, ver a continuación.  Nicolás Antonio Xerez de Aristeguieta y Bolívar, nacido el 17 de enero 1742, Caracas, Venezuela, bautizado el 24 de enero 1742, fallecido.  Casado el 6 de agosto 1752, Caracas, Venezuela, con Josefa María Blanco y Herrera, nacida, Caracas, Venezuela, fallecida después de 1787, con  María Antonia Xerez de Aristeguieta y Blanco, nacida el 5 de junio 1753, Caracas, Venezuela, fallecida en noviembre 1773, Caracas, Venezuela, enterrada el 3 de noviembre 1773, Convento de las Concepciones, Caracas (a la edad de 20 años).  María de Las Mercedes Xerez de Aristeguieta y Blanco, nacida el 24 de febrero 1755, fallecida  Casada el 24 de octubre 1775, Caracas, Venezuela, con Pedro Iriarte y Echeverría, nacido, Garzaín, Valle de Bastán, Navarra.  Juana Xerez de Aristeguieta y Blanco, nacida en 1758, fallecida el 27 de diciembre 1758, Caracas, Venezuela, enterrada, Convento de las Concepciones, Caracas .  María Begoña Xerez de Aristeguieta y Blanco, nacida el 20 de noviembre 1760, Caracas, Venezuela, bautizada el 28 de noviembre 1760, Caracas, Venezuela, fallecida.  Casada el 24 de octubre 1775, Caracas, Venezuela, con Pedro Martín Iriarte y Echeberría. Teresa de Jesús Xerez de Aristeguieta y Blanco, nacida el 14 de octubre 1763, Caracas, Venezuela, bautizada el 17 de octubre 1763, Caracas, Venezuela, fallecida. Casada el 27 de mayo 1787, Caracas, Venezuela, con Antonio Soublette y Piar, nacido el 6 de febrero 1761, Santa Cruz de Tenerife, Canarias, España, fallecido en 1813, Caracas, Venezuela (a la edad de 52 años), con  Antonio Soublette y Xerez de Aristiguieta  José María Soublette y Xerez de Aristiguieta. Carlos Soublette y Xerez de Aristiguieta.
Miguel Soublette y Xerez de Aristiguieta Concepción Soublette y Xerez de Aristiguieta. Casada el 8 de octubre 1826, Bogotá, Colombia, con Julian Santamaría, nacido el 28 de enero 1800, Medellín, fallecido, con Teresa Santamaría Soublette.  Casada con Federico Uslar Hernández, con Arturo Uslar Santamaría, nacido el 16 de julio 1870, Valencia, Carabobo, Venezuela, fallecido el 26 de septiembre 1951 (a la edad de 81 años).  Casado con Elena Pietri Paúl, nacida el 29 de marzo 1889, con ·    Arturo Uslar Pietri. ·    Juan Uslar Pietri. Julián Santamaría Soublette, fallecido después de febrero 1893.
Casado con A. Paredes. Manuel Santamaría Soublette. Casado con Clemencia Feo. Concepción Santamaría Soublette, fallecida en febrero 1893, Valencia, Venezuela.
Casada con Elias Borges Codecido, nacido, Turmero, fallecido después de febrero 1893,             con  Elias Felipe Borges Santamaria. Casado con Belén Ustáriz Lecuna, con Belén Borges Ustáriz. Martín Soublette y Xerez de Aristiguieta. Isabel Soublette y Xerez de Aristiguieta. Belén Soublette y Xerez de Aristiguieta. Casada con Federico Fortique, con  Belén Fortique Soublette. Casada el 7 de agosto 1835 con Juan Bautista Dalla-Costa Poliace, nacido  el 13 de mayo 1791, Verona, Italia, fallecido el 26 de octubre 1869, Génova, Italia (a la edad de 78 años), Comerciante, con  Belén Dalla Costa. Casada con Manuel Hernáiz y Soublette, fallecido. Alfredo Dalla Costa. Casado con Emilia Boulton Rojas, con Emilia Dalla Costa Boulton, nacida en 1896. Juan Soublette y Xerez de Aristiguieta. Soledad Soublette y Xerez de Aristiguieta.


ARTURO USLAR PIETRI

SU VIDA Y FAMILIA   Uslar nació en Caracas el 16 de mayo de 1906, en una casa situada de Romualda a Manduca, numero 102. Hijo de Arturo Uslar Santamaría y de Helena Pietri Paúl. Entre sus ascendientes se encuentran personajes que tuvieron destacada actuación en la historia política y militar del país. Su bisabuelo paterno, el general Juan Uslar, fue un inmigrante alemán que luchó en la Guerra de Independencia venezolana. Su abuelo materno, el general Juan Pietri, fue vicepresidente de Venezuela en los primeros años del régimen del general Juan Vicente Gómez. Tanto su padre como su abuelo fueron generales en el ejército venezolano. Desciende del mismo tronco familiar del Libertador, donde además se encuentran un edecán del Libertador Simón Bolívar, el coronel Julián Santamaría y dos presidentes de Venezuela, el general Carlos Soublette y el doctor Juan Pablo Rojas Paúl. Su esposa Isabel Braun, madre de sus hijos Arturo y Federico. Buena parte de su infancia transcurrió en ambientes rurales: en Cagua y Maracay (estado Aragua), que era entonces un centro poco urbanizado de apenas 6.000 habitantes. Su contacto con el campo y los relatos históricos oídos en el seno de su familia se reflejaran más tarde en buena parte de su obra; bien en la literaria o bien en la histórica. En Maracay, su proximidad al ambiente familiar de Juan Vicente Gómez le dará un conocimiento de primera mano de la psicología y hábitos de este personaje, que luego utilizará en varios de sus relatos y en una de sus más importantes novelas, Oficio de Difuntos.

 En 1924 Uslar abandonó Maracay y retornó a Caracas para realizar estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Sus horizontes culturales se ampliaron al entrar en contacto con un grupo de jóvenes universitarios interesados en la literatura o en la política. Uslar pasó de los primeros escarceos modernistas de su adolescencia a una visión artística influida, en buena medida, por las corrientes vanguardistas entonces de moda en Europa. En 1928 fundó, junto con un grupo de jóvenes estudiantes, entre quienes destacan Nelson Himiob, Gonzalo Carnevalli, Miguel Otero Silva, Fernando Paz Castillo y Pedro Sotillo, la revista Válvula, órgano del naciente movimiento vanguardista venezolano. Entre tanto, se mantuvo fuera de las actividades políticas de oposición a la dictadura de Gómez en que se vieron envueltos algunos de sus compañeros de estudios, como Miguel Otero Silva, Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba.

 Graduado de doctor en Ciencias Políticas en 1929, asumió el cargo de agregado civil en la Legación de Venezuela en Francia. Los cinco años de su estancia en la capital francesa fueron decisivos para su futura actividad literaria y política. De su estadía en París diría, años más tarde, "que fue una experiencia muy rica, muy importante en mi vida y para mi formación (...) en formarme cierta sensibilidad, en despertarme ciertas curiosidades, en revelarme muchas cosas...." Allí conoció a Paúl Valéry, Robert Desnos, André Breton, Luis Buñuel; Asistió a las tertulias de Ramón Gómez de la Serna en un cafetín de Montparnasse, donde conoció a muchos escritores españoles, entre ellos a Rafael Alberti, con quien entabló gran amistad, y a jóvenes escritores hispanoamericanos como Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier, quienes lo ayudaron a perfilar su mágica visión del mundo americano y la lengua idónea para escribirlo. En esta época comenzó su actividad de infatigable viajero, la cual fue la fuente de los numerosos libros de viajes que publicó a lo largo de los años. Su cultura se expandió extraordinariamente, no sólo en el área literaria, sino también en las de la pintura, la música y la economía política. En 1931, a los 25 años de edad, alcanzó reconocimiento internacional con la publicación en Madrid de su primera novela, Las Lanzas Coloradas, obra en la cual, de manera magistral, narra los acontecimientos de la Guerra de Independencia venezolana.

 En 1934 regresó a Caracas y continuó su labor literaria. Al año siguiente, fundó, junto con su primo Alfredo Boulton y los escritores Julián Padrón y Pedro Sotillo, la revista El Ingenioso Hidalgo, donde escribió numerosos artículos de carácter literario. En julio de 1936, pocos meses después de la muerte de Gómez, comenzó a trabajar en el gobierno de su sucesor, el general Eleazar López Contreras. El mismo día (16 de julio) en que entró a formar parte de esa administración, escribió en el diario caraqueño Ahora un ensayo en el que advierte sobre los peligros futuros para Venezuela si no se aprovechaban prudentemente los ingresos derivados de la explotación petrolera. Es el comienzo de una campaña que librará durante el resto de su vida para criticar el despilfarro estatal e insistir en la necesidad de "Sembrar el Petróleo" a fin de fortificar la capacidad productora del pueblo venezolano. Pocos meses después, en octubre, fundó en compañía de otros intelectuales la Revista de Hacienda, considerada como una de las primeras publicaciones periódicas especializadas en economía que se publicó en Venezuela. En 1937 obtuvo por concurso de oposición la cátedra de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Al año siguiente participó activamente, junto con Tito Gutiérrez, José Hernández Ron y José Joaquín González Gorrondona, en la fundación de la Escuela de Economía en la Universidad Central de Venezuela. En 1939 contrae nupcias con Isabel Braun.

 En julio de 1939, a los 33 años de edad, se convirtió en el ministro de Educación más joven en la historia de nuestro país. Desde esa posición realizó una fructífera labor durante los dos años que ocupó este cargo. Logró la aprobación de una ley de Educación, proyecto en el que había fracasado el anterior ministro. Redujo el analfabetismo y el ausentismo estudiantil y creó decenas de planteles de primera instrucción y Escuelas de Artes y Oficios. Promovió la diversificación de la enseñanza y su división en dos ciclos. Aunque no logró realizar todos los proyectos que se propuso adelantar, su gestión fue una de las más fecundas en la historia de ese ministerio. Luego, durante el gobierno del general Isaías Medina Angarita, (1941-1945), ocupó diversos cargos: secretario de la Presidencia, ministro de Relaciones Interiores y ministro de Hacienda. Desde esas posiciones Uslar coadyuva eficazmente a la sustitución de las anacrónicas estructuras del gomecismo por bases institucionales modernas. Ayudó a promulgar el Código Civil de 1942, la ley de Hidrocarburos de 1943 y la Ley que creó el Seguro Social Obligatorio. Asimismo, contribuyó con el proceso de la Reforma Agraria. La democratización del país permitió la existencia de partidos de oposición. La más fuerte de esas organizaciones fue el partido Acción Democrática dirigido por Rómulo Betancourt. Los dirigentes de AD, impacientes por llegar al poder, atacaron la decisión del gobierno de Medina de posponer la elección directa del presidente de la República para el próximo período presidencial. La estimaron como una evidencia del continuismo de un grupo asociado con la dictadura de Gómez y, en un momento determinado, comenzaron a conspirar contra el régimen. En octubre de 1945 Betancourt y otros dirigentes de AD, en alianza con ciertos oficiales del Ejército, dieron un golpe de Estado que expulsó del poder a Medina y a sus colaboradores, entre ellos, por supuesto, a Uslar, quien sufrió la confiscación de sus bienes y la expulsión del país.

 Uslar vivió cinco años de exilio (1945-1950) en Nueva York. En este período, apartado de la política, su producción literaria se acrecentó notablemente. Publicó una novela, dos importantes libros de ensayos y una colección de cuentos. En 1946 comenzó a dar clases como profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Columbia. En junio de 1948 publicó por primera vez su columna "Pizarrón" en el diario caraqueño El Nacional. Esta columna, ejemplo de perseverancia, la escribirá durante cincuenta años, hasta enero de 1998 cuando, por motivos de salud, decide no publicarla más. En ella se encuentra la médula de su pensamiento.

 Un cambio de gobierno en 1948, le permitió volver a su país natal en 1950. Uslar rechazó cualquier colaboración con el régimen militar que se había establecido en Venezuela después del derrocamiento de Rómulo Gallegos. Trabajó entonces en ARS, agencia publicitaria propiedad de su amigo de la infancia Carlos Eduardo Frías. En 1953, a sólo un año de haberse efectuado la primera transmisión de televisión en Venezuela, dio inicio a "Valores Humanos", programa que se mantuvo en el aire hasta 1985 con sólo dos interrupciones (1963-1965 y 1975-1979). De esa manera se convirtió en el primer intelectual venezolano que utilizó ese medio para divulgar temas relacionados con la historia del arte, de las ideas, de la política, la economía. Durante la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez se mantuvo apartado de la política. No obstante, a través de su singular silencio y su negativa a continuar ejerciendo la docencia en la Universidad Central de Venezuela, para evitar participar en la Semana de la Patria, expresó su clara oposición al régimen dictatorial. En enero de 1958 volvió a la cárcel otra vez, después de firmar con otros intelectuales una carta en la que se cuestionó la represión y se denunció la inoperancia del gobierno dictatorial de Pérez Jiménez. Doce días más tarde recuperó su libertad cuando el régimen fue derrocado por un golpe de Estado cívico-militar que tuvo por objetivo principal el restablecimiento de la democracia.

 Durante los próximos tres lustros Uslar participó en la política venezolana, sin dejar de dedicarle tiempo al quehacer literario. Fue electo senador en tres ocasiones sucesivas. En 1963 su candidatura presidencial triunfó en el Distrito Federal y, en un campo electoral dividido, alcanzó un considerable porcentaje del voto nacional. Es ésta, quizá, la época más intensa de su vida. Escribió y publicó obras de poesía, teatro, textos académicos, apuntes de viaje y libros de ensayo, dos novelas y un libro de relatos. Durante varios años (1969-1974) ocupó el cargo de director del diario El Nacional. Su actividad en la prensa periódica recibió reconocimientos al otorgársele cuatro importantes premios periodísticos entre 1971 y 1972: Premio Nacional de Periodismo (Venezuela), Premio "Mergenthaler" (Santiago de Chile), Premio Hispanoamericano de Prensa "Miguel de Cervantes" (España) y María Moors Cabot (Estados Unidos). A lo largo de estos años de gran polarización partidaria, exhortó públicamente a la conciliación nacional y realizó una función moderadora en la cámara alta del Congreso Nacional. En agosto de 1973 se retiró definitivamente de la política y, entre 1975 y 1979, vivió en París desempeñando, con gran acierto, el cargo de embajador de Venezuela ante la UNESCO.

 A su regreso al país participó en muchos proyectos, entre ellos uno que estudió la reforma de la educación en Venezuela y otro que culminó en una enorme e importante antología de estudios sobre la cultura americana. Su producción literaria siguió creciendo. En 1980 publicó una colección de relatos; entre 1981 y 1990 sacó a la luz respectivamente dos de sus más importantes novelas, La isla de Robinsón y La visita en el tiempo, obras que reflejan su interés por la historia. La visita en el tiempo mereció en 1990 el prestigioso premio de literatura "Príncipe de Asturias" y, en 1991, el premio Internacional de Novela "Rómulo Gallegos", galardón este último que lo convirtió en el primer venezolano que lo obtiene.

 El archivo de Arturo Uslar Prieti está compuesto por innumerables piezas epistolares, fotografías, primeras ediciones de sus obras, escritos inéditos y otros variados testimonios de sus múltiples preocupaciones literarias, académicas, sociales y políticas.

 Una primera clasificación del cuantioso repositorio al cual nos referimos lo divide en doce segmentos, a saber:

Novelista, Cuentista, Ensayista, Poeta, Articulista de opinión, Expositor de la historia de Venezuela, Polemista, Analista de problemas sociales, Intérprete y analista de la economía nacional, Divulgador de la cultura y la historia universal, Ideólogo y actor de la política, Simbología de una época. 

DE LA LITERATURA Y SUS OBRAS :  A la edad de los 14 años publica sus primeros artículos de prensa y algunos versos en Paz y Labor de Maracay. Sus cuentos iniciales aparecen en la revista Billiken (venezolana). En 1925, empieza a colaborar regularmente en la revista Elite. En el periódico humorístico Caricatura comparte con Miguel Otero Silva (V) algunas colaboraciones firmadas por ambos con el seudónimo <<Bárbaro de Bulgaria>>. Publica en Cultura Venezolana (V) algunos de los cuentos que integran después su primer libro Barrabas y otros relatos (1928). Uslar Pietri publica una serie de artículos en los cuales fija posición dentro de la polémica suscitada a raíz de las ácidas criticas con que Jesús Semprum (V) había recibido la revista. El mismo año 1928 aparece su primer libro de cuentos: Barrabas y otros relatos. Tuvo buena aceptación de la critica, especialmente en los juicios de Pedro Sotillo y Rafael Angarita Arvelo (V). Gana el premio de cuento de la revista Elite con la lluvia. Escribe editoriales en el universal y una columna política en diario ahora. Entre estos aparece el famoso texto en que llama a sembrar el petróleo (1936), convertido después en consigna. Aparece su segundo libro de cuentos: red. Presidente de la recién constituida asociación de escritores Venezolanos. Dicta cursos de literatura venezolana en la universidad de columbia (Estados Unidos); sus lecciones constituyeron el libro Letras y Hombres de Venezuela (1948). En el ensayo sobre El cuento venezolano, que aparece en ese libro, utiliza por primera vez la expresión <<Realismo mágico>>, aplicada a la narrativa venezolana. Desde los Estados Unidos envía semanalmente una columna editorial, <<Pizarrón>>, que es reproducida en mas de 18 publicaciones periódicas de toda América (sigue apareciendo interrumpidamente hasta hoy). Escribe los cuentos de un tercer libro: treinta hombres y sus sombras y termina la redacción de una segunda novela El camino de El Dorado. Gana el concurso anual de cuentos del diario El Nacional con <<El Baile Del Tambor>>. Dirige el Papel Literario del diario El Nacional; obtiene el premio Arístides Rojas de novela con El Camino del Dorado; funda la cátedra de literatura Venezolana en la facultad de filosofía y letras de la universidad central de Venezuela. Recorre una vez mas el viejo continente y escribe un libro de viajes con el titulo de El Otoño en Europa. Aparece la primera edición de sus Obras selectas (1953). En un canal de televisión inaugura su programa <<valores humanos>>, que habría de ganarle popularidad excepcional. Los textos revisados de estos programas comenzarían a circular editados en varios volúmenes desde 1955. en 1954, con su libro ensayos Las Nubes es distinguido por primera vez con el Premio Nacional de Literatura. Trabaja en un conjunto de obras de teatro; la primera estrenada fue <<El día de Antero Albán>> (junio de 1957) y luego <<El dios invisible>> (diciembre 1957). En 1962 aparece el primer titulo de una trilogía novelística: Un retrato en la geografía. La segunda novela de la trilogía El laberinto de fortuna aparece con el titulo de Estación de máscaras. En 1966, circula un nuevo libro de cuentos: Pasos y Pasajeros. En 1969 asume la dirección del diario El Nacional hasta 1974. en edición limitada hace circular sus poemas con el titulo Manoa (1972), donde recoge textos desde su juventud vanguardista. Como periodista es distinguido con los premios <<Merghentaler>> (1972), << Maria Moros Cabot>> (1972) y <<Premio Hispanoamericano de Prensa Miguel de Cervantes>>, este ultimo por ensayo << Los expulsados de la civilización>>, en verdad pretexto para reconocer la trayectoria de una vida consagrada a la escritura. En 1986, por segunda vez se le otorga el Premio Nacional de Literatura, a su novela La Isla de Robinsón. Publica un nuevo libro de cuentos, Los Ganadores, y varias series de ensayo dedicados en su mayoría a la reflexión latinoamericanista: La Otra América; En Busca del Nuevo Mundo; Godos, Insurgentes y Visionario. En 1990 circula su novela La Visita en el Tiempo, sobre la vida de Don Juan de Asturias, y recibe en España el Premio Príncipe de Asturias. Esta misma obra recibe en 1991 el Premio Internacional de Novela << Rómulo Gallegos>>.  Sin lugar a dudas, Arturo Uslar Pietri es una de las mas asombrosas vocaciones de escritura que ha producido Venezuela en el siglo XX. Su obra es poligráfica. Abarca cuento, novela, teatro, poesía y ensayos de amplia temática: política, economía, historia, artística, critica e historias literarias. Por casualidad y hondura de sus reflexiones es considerado hoy una de los mayores humanistas de lengua española.

Carlos Soublette

Nace en La Guaira el 15.12.1789.
Muere en Caracas el 11.5.1870

 General en Jefe del ejército de Venezuela durante la Guerra de independencia y años subsiguientes. Se desempeñó como Presidente de la República entre 1843 y 1847. Hijo de Antonio Soublette y Piar, originario de Tenerife y de Teresa Jerez de Aristiguieta. El 18 de mayo de 1810 ingresó en servicio de las armas como portaestandarte en un escuadrón de caballería de Caracas. En julio de ese año ascendió a Teniente. Durante este mismo año, bajo las órdenes de Francisco de Miranda, actuó en la campaña destinada a dominar la insurrección armada de Valencia (julio-agosto). En aquella ocasión fue ascendido a Capitán. El 12 de febrero de 1812 contrajo matrimonio con Ollala Buroz. Durante este mismo año, con el grado de Teniente Coronel comandó un escuadrón de caballería del ejército republicano que combatió las fuerzas realistas que lideraba el capitán de fragata Domingo Monteverde. A la caída de la Primera República, fue reducido a prisión en el castillo San Felipe de Puerto Cabello. Liberado en 1813, se enroló en el ejército Libertador, el cual había concluido la Campaña Admirable. Bajo las órdenes de José Felix Ribas combatió en la batalla de Vigirima (23-25.11.1813), así como en la de La Victoria (12.2.1814). Durante la emigración del ejército republicano a oriente (julio de 1814), con una unidad de caballería cubrió la retaguardia. El 17 de agosto del mismo año intervino en la batalla de Aragua de Barcelona y, perdida la Segunda República, emigró a Nueva Granada con el general en jefe Simón Bolívar y participó en las acciones militares que el Libertador llevó a cabo en Santa Fe de Bogotá (diciembre de 1814), el Magdalena y Cartagena (1815).

En mayo de este último año, emigró a las Antillas y, en Haití formó parte de las fuerzas que en 1816 debían desarrollar la Expedición de los Cayos en las costas de Venezuela. Posteriormente, el 1 de junio durante la toma de Carúpano por las tropas de la expedición, y bajo el mando directo del general Manuel Piar, actuó contra el flanco izquierdo de la ciudad. Allí fue nombrado Gobernador del Cuartel General y, el 23 del mismo mes, recibió el nombramiento de jefe del Estado Mayor interino, en reemplazo del coronel Henri Ducoudray-Holstein. El 31 de diciembre de 1816 se incorporó a las fuerzas del general Simón Bolívar, que procedente de Haití, desembarcaron en Barcelona. El 2 de enero de 1817 Bolívar lo nombró miembro de la Orden de los Libertadores de Venezuela. El 9 de enero del mismo año, actuó con Bolívar en el combate de Clarines, en el cual fueron derrotados los republicanos y donde recibió Soublette una herida. En marzo marchó de 1817 con Bolívar a Guayana y tomó parte activa en las operaciones para la liberación de la provincia. Para entonces era sub-jefe del Estado Mayor General. El 3 de Octubre de ese año, actuó como fiscal en el juicio a que fue sometido el general en jefe Manuel Piar. En la batalla de Boyacá (7.8.1819) mandaba uno de los cuerpos del victorioso ejército republicano. El 1 de mayo de 1820, Bolívar lo propone ante la Comisión permanente del Congreso para el ascenso a General de división, pues los servicios que ha prestado según el Libertador “... lo hacen digno a una recompensa igual a la que se concedió a los generales Anzóategui y Santander...”. El mismo día, mediante decreto ejecutivo, fue nombrado Vicepresidente interino de Venezuela.

En 1822 ejerce funciones de Intendente del Departamento de Venezuela y se encarga de la dirección de la guerra en la provincia de Coro, donde operaban las fuerzas realistas bajo el mando del mariscal de campo Francisco Tomás Morales. El 20 de julio de ese año sorprendió y destruyó en Mitare la mejor parte de la caballería realista. El 7 de septiembre fue derrotado por Morales en el combate de Dabajuro. El 3 de marzo de 1825, por renuncia del general Pedro Briceño Méndez, fue nombrado Secretario de Guerra y Marina de la República de Colombia. En enero de 1830, al producirse la separación de Venezuela de la Gran Colombia, fue nombrado Secretario de Guerra y Marina de Venezuela. En 1834 fue postulado candidato a la Presidencia de la República; siendo sus contendientes los generales Bartolomé Salom y Santiago Mariño, el abogado Diego Bautista Urbaneja y el doctor en medicina José María Vargas. Finalmente, Vargas fue el vencedor en los comicios electorales. En 1835 y 1836 cumplió las funciones de Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Inglaterra y España, con la importante misión de pedir a dichos Estados el reconocimiento de la Independencia de Venezuela.

En 1837 fue elegido Vicepresidente de Venezuela y asumió la Primera Magistratura por haber renunciado Vargas en 1836. Este cargo lo ejerció hasta el 28 de enero de 1839. El 26 de enero de 1843 asumió nuevamente la Presidencia de la República, al ser favorecido por la mayoría de los votos. Entregó el poder el 20 de enero de 1847 al vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, de quien lo recibió el 1 de marzo de 1847 el nuevo presidente José Tadeo Monagas. En 1848 se hallaba en su hato en Chaguaramas cuando, el 24 de enero, se produjo el atentado por parte de los Monagas (José Tadeo y José Gregorio Monagas) contra el Congreso; hecho que indujo al levantamiento del general José Antonio Páez, a quien se unió el general Soublette en calidad de jefe de Estado Mayor. Derrotado con su jefe en la batalla de los Araguatos (12.3.1848), emigró a Nueva Granada y se radicó en Santa Marta. En 1858 regresa a Venezuela por invitación del general Julián Castro, jefe del Gobierno en aquellos momentos. En 1860 fue Senador por la provincia de Caracas y luego Secretario de Estado en el gobierno de Pedro Gual. Después del triunfo de la Federación, se apartó de la vida pública sólo para volver brevemente antes de su muerte, durante el gobierno de los “Azules”, liderado por José Ruperto Monagas (1869-1870).

 


Venezuela desciende de las Rojas

Julio González Chacín. Nos hace llegar una una entrevista realizada  por Ana Ma. Hernández en El Universal al autor del libro "La Estirpe de la Rojas"....esta bastante interesante:

 

"Todo empezó cuando se publicó un folleto que decía que el Libertador y Sucre eran parientes por el lado de las Rojas"

La costumbre de llamarse "primo" o "cuñao" en Venezuela parece tener asidero real por dos razones fundamentales. La primera: la descendencia de Diego Gómez y Ana de Rojas, una pareja casi anónima que contrajo matrimonio en la Cubagua del siglo XVI, se extendió por el oriente y el centro del país de tal manera que conformó uno de los orígenes más remotos de la venezolanidad. La segunda: antiguamente, cuando había más mujeres en una familia, se le nombraba según ese género.

Es lo que se desprende de la investigación que llevara a cabo el genealogista Antonio Herrera-Vaillant y que ha plasmado en el libro La estirpe de las Rojas, editado en colaboración con la Fundación Andrés Mata.

-De qué se trata esta investigación?

-Esta investigación genealógica ayuda a ubicar a la gente en el tiempo y en el espacio, en las distintas situaciones en las que se pueden encontrar. Pero me interesa enfocar el tema en torno a lo importante que resulta para cualquier país tener estructuras familiares formadas como transmisores de valores e incluso de motivación al logro.

-¿Desde cuándo anda tras esta pista?

-Todo empezó hace unos treinta años, cuando el historiador Luis Sucre publicó un folletico que decía que el Libertador y Antonio José de Sucre eran parientes justamente por el lado de las Rojas. A través de la genealogía es que me doy cuenta de que en esta particular familia quedaron huérfanos ocho mujeres y un varón. Y cada uno de ellos tuvo su descendencia. Al hacer la reconstrucción, he comprobado más de 50 mil descendientes... ¡Y tiene que haber muchos más!

-Aparte de Simón Bolívar y Sucre, ¿quiénes más?

-El acta del 19 de Abril la firmaron catorce descendientes de las Rojas. Diez de los presidentes o encargados del Poder Ejecutivo fueron descendientes o casados con descendientes: Cristóbal Mendoza, Carlos Soublette, Andrés Narvarte, José María Carreño, Manuel Felipe Tovar, Antonio Guzmán Blanco, Jacinto Gutiérrez Martínez, Esteban Herrera Toro, Rómulo Gallegos y Raúl Leoni.

-¿Hay otros?

-Del mundo político, Ezequiel Zamora. Y el único de las tres raíces que no desciende de las Rojas es Simón Rodríguez... y también pudiera.

-Quién no desciende de las Rojas?

-Hay gente que no desciende y también son muy importantes, porque hay otros genearcas que son como tribus. En la Genealogía se habla de árboles genealógicos. Yo lo veo como un río: empieza con una gotita en la montaña, se le van sumando otras gotitas y terminas con el río Orinoco. El análisis fluvial me parece más apropiado.

-Si son familia, ¿por qué pelean entonces los venezolanos?

-Ese es el punto. ¿Qué estoy tratando de probar abrumadoramente? Viendo lo que es la composición social del país, a mi juicio el problema más terrible es el que tenemos de la infancia abandonada, el de la paternidad irresponsable, el de la gente que se reproduce de una forma prácticamente animal, sin valores y sin ningún tipo de referencia. Estoy tratando de llamar la atención, porque incluso hay gente que es descendiente y no sabe que lo es.

-¿Cómo trabaja usted?

-Con pruebas documentales, libros parroquiales, testamentos. En otros casos no hay tales pruebas. Esto es importante que no se pierda, porque considero que ser descendiente de uno de estos genearcas impone un deber, y no tiene que ver con la riqueza. También utilicé un sistema de computación, Family tree maker. Falta por investigar otros genearcas, como Sancho Briceño en Los Andes, Andrés de Velasco en Maracaibo, Juan Rengel en Cumaná y otras más que se terminan cruzando después. Sin contar que uno no desciende de una sola rama.

 Algunos "hijos"

Fermín Toro, Manuel de las Casas, Nicomedes Zuloaga Aguirre. En el siglo XX: Diógenes Escalante, Luis Gerónimo Pietri, José Rafael Revenga, Pedro Tinoco, Laureano Vallenilla, Armando Zuloaga Blanco, Juan Pablo Pérez Alfonzo, Lorenzo Fernández, Mauro Páez Pumar, Salvador de la Plaza, Gustavo y Eduardo Machado Morales ("dos comunistas"). Escritores y artistas como Rufino Blanco Fombona, Nicanor Bolet Peraza, Miguel Otero Vizcarrondo, Teresa de la Parra, Job Pim, Leoncio Martínez, Carlos Eduardo Frías, José Antonio Calcaño, José Agustín Silva Michelena, Luisa Zuloaga de Palacios, Teresa Carreño, Conny Méndez, Juan Bautista y Eduardo Plaza. En Medicina: Leopoldo Aguerrevere, Carlos Arvelo, José Ignacio Baldó, Enrique Tejera y muchos más...

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1.       Los Escudos y algunos importantes datos sobre los orígenes del apellido Rojas han sido facilitados por Alberto G.B. , un apasionado de la Heráldica.

2.       Los datos contenidos en la página Enciclopedia han sido facilitados en su totalidad por Pepe Ruiz Ruiz . Muchas Gracias.

 

 

 

 

La Página Personal de Silvio R. Rojas Duarte.   Heráldica, Genealogía y datos de mi País

 

 



[1] JESUS LARIOS MARTÍN,  Nobiliario de Segovia, Velázquez Segovia, 1953, p. 291 ss.

En el muro exterior lateral izquierdo del extinguido convento de San Francisco de Cuéllar todavía pueden verse las estrellas, esculpidas en piedra, armas del escudo de los Rojas. En sentido ponderativo se solía decir «son más que los Rojas» (GONZALO DE LA TORRE DE TRASSIERRA, Cuéllar, 2ª parte, p. 265).

[2] Codoín-A, XII, Madrid, 1868, p. 525.

[3] JESUS LARIOS MARTÍN,  Nobiliario de Segovia, Velázquez p. 292.

[4] JESUS LARIOS MARTÍN, Nobiliario de Segovia, V, pp. 292. Sobre Melchor de Rojas fundador del convento de la Concepción de Cuéllar y a quien se debe la construcción del retablo de Pedro de Bolduque, que identificamos recientemente, véanse nuestros estudios: Documentos sobre la fundación del convento de MM. Concepcionistas En Archivo Ibero-Americano, 30 (Madrid, 1970), pp. 19-31; Retablo de Pedro de Bolduque en Cuéllar. En Estudios Segovianos, 22 (Segovia, 1970), pp. 95-118. A la misma familia Rojas debió pertenecer Juan de Rojas, quien murió en Indias y mandó fundar memoria en la Villa (Cuéllar, A. P., San Miguel, Libro de cuentas de fábrica 1588-1617, f. 533).

[5] Bernal Díaz nos habla de un Gabriel de Rojas a quien Velázquez envió en persecución de Montejo y Portocarrero, emisarios de Cortés quienes en su nombre y desde las costas de Veracruz fueron enviados a España, para dar cuenta de su descubrimiento. No era nuestro Gabriel de Rojas, quien por estas fechas (1519) se encontraba en Centro-América (BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO, Historia verdadera 292. Sobre Melchor de Rojas fundador del convento de la Concepción de Cuéllar y a quien se debe la construcción del retablo de Pedro de Bolduque, que identificamos recientemente, véanse nuestros estudios: Documentos sobre la fundación del convento de MM. Concepcionistas En Archivo Ibero-Americano, 30 (Madrid, 1970), pp. 19-31; Retablo de Pedro de Bolduque en Cuéllar. En Estudios Segovianos, 22 (Segovia, 1970), pp. 95-118. A la misma familia Rojas debió pertenecer Juan de Rojas, quien murió en Indias y mandó fundar memoria en la Villa (Cuéllar, A. P., San Miguel, Libro de cuentas de fábrica 1588-1617, f. 533).

[5] Bernal Díaz nos habla de un Gabriel de Rojas a quien Velázquez envió en persecución de Montejo y Portocarrero, emisarios de Cortés quienes en su nombre y desde las costas de Veracruz fueron enviados a España, para dar cuenta de su descubrimiento. No era nuestro Gabriel de Rojas, quien por estas fechas (1519) se encontraba en Centro-América (BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO, Historia verdadera de la conquista de Nueva España, p. 113).

[6] Quizá presenciara Gabriel de Rojas el macabro espectáculo en un día de enero de 1519.

[7] AGUSTÍN DE ZÁRATE, Historia del descubrimiento y conquista del Perú. En Historiadores primitivos de Indias. B. A. E., Madrid, 1947, p. 486.

[8] HERRERA, Historia de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano,  XI, p. 214 ss. Véase también nuestro trabajo: El capitán Gabriel de Rojas (Pro ms.).

[9] Precisamente se sirvió de un cuellarano, Gómez de Rojas, sobrino de Gabriel de Rojas, para notificar sus provisiones en El Cuzco. (Ibid., XIII, p. 371; AGUSTÍN DE ZÁRATE, Historia del descubrimiento y conquista del Perú, pp. 501-502).

[10] Madrid, R. A. H., Colección Muñoz, t. 42. El informe abarca los folios 74r119v. Juan Bautista Muñoz se inclina a que sea el autor Gabriel de Rojas, porque «dice que dio el tiento de lo que rentaban los repartimientos de las Charcas. Este tiento se halla entre los papeles tocantes al licenciado La Gasca. Es carta original de Gabriel de Rojas fecha en Potosí 1 de julio 1548, por donde se ve que Rojas es el autor del presente escrito» (Madrid, R. A. H., Colección Muñoz, t. 42,  papel 10 x 15 cm. unido al f. 113v).

[11] El único retrato que conocemos se debe también a HERRERA. Figura en el frontispicio de las ediciones de la Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Véase por ejemplo la edición de Madrid de 1601-1615. En el mismo aparece más bien como hombre bronco de guerra, de mirada dura y de aspecto casi temible. Lo reproducimos en la Sección gráfica de esta Historia.

[12] Es una pieza de inestimable valor  para completar la biografía de Rojas, y que desconocen los americanistas. Véase nuestro estudio: El capitán Gabriel de Rojas (Pro ms.). Testó ante el escribano Pedro de Acevedo, no Caicedo (como afirma un historiador) (JESÚS LARIOS MARTÍN, Nobiliario de Segovia, V, p. 292). Firmó el testamento en el asiento del Potosí el 17 de diciembre de 1561.

[13] Cuéllar, A.M., Libro de visitas, Obra pía del capitán Rojas (1668-1794), Visita del Licenciado Juan de Frutos (diciembre 1688). Documento al principio del libro, s. f.

[14] Ibid.,  ff, 18r-21v. En el año 1768 (18 de mayo) consta que el convento de Santa Clara recibió de manos de don Manuel Vellosillo 588 reales y 8 maravedís de la obra pía del Capitán Gabriel de Rojas (Cuéllar, A. C. S. C., Libro de Censos 1768, f. 282. Hay otras partidas en los folios siguientes).

[15] Prueba de cuanto acabamos de decir es que al constituirse los miembros de los nuevos ayuntamientos no se nombraba representante de las obras pías del capitán Rojas.

 

 

 

 

 

 

 

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