El desarrollo de la personalidad envuelve componentes tales
como la identidad personal y la constitución del yo, así como la conciencia social y
adopción de una serie de valores a los cuales nos referiremos.
La identidad personal es considerada el elemento más característico y diferenciado de
nuestra forma personal de ser. Su formación integra elementos tanto personales como
sociales, según Erikson, es la autodefinición de la persona ante los demás, la realidad
social y los valores. Uno de los rasgos que definen a la adolescencia es la formación de
la propia identidad, pero no todos los adolescentes logran superar con éxito esta etapa.
Supone, en cualquier caso, la aparición de tensiones variables según la índole de las
dificultades con que haya de enfrentarse el joven.
Conseguir la identidad supone para el adolescente dar respuesta a interrogantes como ¿
quién soy ?, ¿ Cómo soy ?. El joven tiene necesidad de aclarar las ideas sobre su
identidad, como por ejemplo el orden de valores morales, elección profesional, patrones
de amistad, y comportamiento social. La necesidad de encontrar respuesta a todos estos
temas puede causarle cierto estado de ansiedad provocado, en parte, por su inseguridad
ante ellos. El adolescente no está seguro de sí mismo, del futuro, ni del orden de
valores que debe adoptar.
Erikson considera que la adolescencia es el momento crítico, clave para la formación de
la identidad, así mismo asegura que incluso pasada la adolescencia todavía quedan etapas
evolutivamente diferenciadas, irreducibles a las anteriores, diferenciadoras de la
personalidad. De cualquier forma este autor asegura que aunque este proceso no culmina en
la adolescencia, es en ella donde se alcanza ese punto ideal que permite vivir en sociedad
con ser humano psicosocialemente maduro. Las relaciones paterno-familiares y las
relaciones grupales son dos factores determinantes del sentido de la identidad. Una
interacción positiva entre los elementos que componen la familia, favorecen en gran
medida la formación correcta en esta dimensión de la personalidad.
Erikson afirma que el conflicto principal de la adolescencia es el de la identidad
correcta contra la difusión de esta, el resto de los problemas, están ligados a éste.
Si el individuo resuelve con éxito su crisis de identidad, sólo tiene reagrupar sus
identificaciones, construir y probar la identidad en la que tenga más confianza.
Por el contrario, los individuos que fracasen en el intento, adquieren una difusión del
ego.
Este proceso de identificación supone superar las contradicciones entre sus vivencias
infantiles y los planteamientos adultos.
El proceso de maduración tendrá lugar de forma adecuada cuando pueda armonizar ambas
posturas de una forma coherente. El adolescente entra en conflicto cuando los dos tipos de
inbles, provocándole incertidumbres a la hora de conciliar aspectos de si mismo acorde
con sus propios valores.
El concepto de si mismo está intimamente ligado al anterior y su diferenciación nos la
expone Horrocks, de la sgte. forma: La identidad es el resultado de un proceso dinámico
que se ha definido como el yo. El yo es el proceso que hipotetiza la identidad conforme el
individuo es capaz de expresar oralmente a sí mismo y a otras pesonas quién y qué es.
Una identidad es un concepto del yo producido por el proceso del yo.
En este sentido, la identidad es el constructo propio del yo que se elabora a partir del
desarrollo fisico-fisiológico de un organismo que posea conciencia y, por tanto,
entendimiento.
Existen un gran número de condicionantes que dificultan su adquisición, entre ellos
podemos subrayar: la confianza en si mismo, su autoestima, hábitos la tendencia a la
agresión o lamento de otras relaciones personales. Se constatan tambiñen que ponen
auténticas pruebas para el desarrollo de estos conceptos, por ejemplo, las relaciones
heterosexuales, el yo físico, la emancipación de la autoridad adulta, la percepción del
rol y la inducción del mismo, la elección vocacional, la experiencia académica, la
aceptación del yo y el desarrollo de los valores.
Es curioso que de todos los atributos del hombre, éste sea el menos tangible y más
amorfo y a la vez suponga su única realidad. El desarrollo de este concepto atiende a
aspectos tanto exteriores como interiores del individuo.
La actividad solitaria suele ser otro interés de los adolescentes de nuestras
sociedades, cada vez es mayor el número de estos que se autoentretienen por el atractivo
que suponen los medios de comunicación. En este sentido, la actitud que debe tomar la
persona que trabaja con muchachos es promover las actividades de participación , tratando
siempre de ponerles en relación, por medio de tareas conjuntas.
Existe otra tendencia propia de esta edad, cada vez más frecuentemente, que se da en
particular a partir de los 14 años, algunos autores la denominan gandulear, claro que
esta actividad no siempre se hace en solitario, normalmente abarca a un grupo de jóvenes
que deambula sin rumbo ni motivo aparente.
En el extremo opuesto de la actividad solitaria, se encuentra esa otra actividad que
necesita de la participación de varias personas, dentro de estas últimas, cabe resaltar
las que son de naturaleza física, más competitivas, como por ejemplo los juegos de
equipo y otras menos como los bailes en discotecas.
Otro interés que nos podemos pasar por alto, es la atracción que sienten por los
vehículos, ambos sexos, la moto o el coche se convierte para ellos en un símbolo de
fuerza y hablidad, además de una manifestación de emancipación de las restricciones de
los adultos. A la vista de la proporción de accidentes que nos muestran las tasas de
seguros de automóviles, el adolescente no es tan buen conductor como suele creer, es
evidente que le falta una buena dosis de experiencia y sobre de prudencia. Una gran
mayoría de ellos, debido a su irresponsabilidad e inmadurez, ponen en peligro su vida y
la de otras personas. Por supuesto es un error creer que todos los adolescentes son
imprudentes conductores.
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