Adolescer en latín significa ¨ir creciendo¨, hacerse adulto¨. Es también la época en
la que se completan aspectos de la personalidad y durante la cual el ser humano se
pregunta permanentemente ¿quién soy ?. La identidad, saber quién es uno y diferenciarse
de los otros está siempre presente. La imagen de uno mismo se logra dentro de un
contexto, es el resultado de la interacción con el medio. Un individuo se juzga a sí
mismo a partir de lo que percibe, de las visiones que los demás tienen de él y
comparándose con quienes lo rodean. Estar pendiente de las opiniones de los demás,
pedirlas constantemente, compararse, sentirse en más o en menos, son actitudes comunes en
esta época de la vida. Las opiniones más importantes son las del propio grupo de amigos,
también las del grupo familiar. A menudo la búsqueda de la identidad lleva a pasar por
períodos de confusión que se manifiestan en frases como: ¨no se quien soy o ¿ cómo
soy ?¨, a veces acompañadas de mucha ansiedad. El espejo vuelve a tener una importancia
grande en estos años, en los cuales se pueden pasar horas ante él torturándose granitos
de la piel o maquillándose. El espejo es una necesidad en la medida en que ayuda a
rehacer una imagen de uno mismo que ha cambiado demasiado rápido y a la que cuesta
acostumbrarse.
Arminda Aberasturi, psicoanalista argentina iniciadora del tratamiento de niños en
nuestro país, describió en esta etapa de la vida un proceso durante el cuál es
necesario superar tres grandes duelos. ¿ Qué es un duelo ? Es un trabajo que realiza el
psiquismo ante la pérdida de un objeto amado y por medio del cuál logra irse
desprendiendo de él. Los objetos más amados por los adolescentes según esta autora son
tres: el cuerpo de la infancia, los padres de la infancia y el rol de niño que se tuvo
dentro de la familia. Cuando se menciona cuerpo de la infancia se refiere al esquema
corporal que se tuvo de sí mismo y que se ha alterado rápida y muy fundamentalmente en
poco tiempo, los padres de la infancia que se pierden no son las personas de carne y hueso
sino las imágenes infantiles idealizadas que formamos de ellos y el rol del niño es el
papel que se tuvo y que una vez perdido, obliga a restablecer la situación familiar.
Los sentimientos que aparecen en esta etapa son ambivalentes, es decir, que coexisten
sentimientos contrarios tales como tristeza con alegría por llegar a etapas nueva y poder
decidir por sí mismos. Y las reacciones ante estos sentimientos encontrados, difíciles
de tolerar, son diversas: hay quien duerme mucho y hace poco, quien pasa horas practicando
un deporte o dentro de un cine, quien pelea permanentemente en su casa o quién está
apático, sin ganas de nada, ni siquiera de discutir. El grupo de amigos sigue teniendo
importancia, pero ahora la empezará a tener la pareja, el amor irrumpe con toda su
fuerza, aunque nunca dejó de estar presente: del amor a los padres, se pasó al amor a
los amigos, a los otros familiares. Toda esta capacidad de amar se concentra en gran
medida en la adolescencia y parece comenzar allí en el primer enamoramiento.
El amor, el futuro, todo lleva a desarrollar al máximo la fantasía, la capacidad de
imaginar, de inventarse una vida cada día. Fantasear, quedarse horas pensando en lo que
puede ocurrir o lo que deseamos que ocurra ocupa mucho tiempo en la adolescencia y es
parte importante de la mísma. En buena medida la fantasía permite tolerar que todas las
incertidumbres no se solucionen a corto plazo y es también la capacidad que permite ir
planificando lo que va a ocurrir.
Reestructurar un yo infantil y convertirlo en adulto, o en lo que la sociedad pide que sea
para formar parte de ella, terminar de armarse una personalidad determinada, implica un
proceso crítico, todo se pone en juego, nada queda en su lugar. Ante las crisis no es
raro que aparezcan mecanismos regresivos, que permiten apoyarse en etapas superadas para
poder tolerar lo nuevo. Así un adolescente podrá pasarse horas comiendo chupetines, como
lo hacía a los dos o tres años, o volver a comer ciertas papillas pretendiendo que son
muy alimenticias. Eso mientras se viste como mujer fatal para ir a bailar o saca músculos
varias horas por día en un gimnasio. Cuando el yo se debilita a causa de la crisis, de
los cambios que está viviendo, hay un recurso privilegiado para reforzarlo: el grupo de
pares. El grupo de amigos es una necesidad fuerte, permite compartir experiencias, diluir
temores, enfrentar acompañado las situaciones nuevas.
Las identificaciones también se vuelven muy fuertes, hay que formar un modelo propio de
adulto y se lo arma en base a pedacitos de otros que han ido recibiendo: se toma un modo
de hablar, un gesto, una forma de caminar, una manera de peinarse y con ello se construye
el rompecabezas de sí mismo. También debe construirse la identidad sexual, las hormonas
no son definitivas en su influencia, la mente debe ir adaptando a un cuerpo y a un modo de
actuar dentro de su cultura.
La adolescencia se ha considerado la etapa e los ideales. Esto puede entenderse en dos
sentidos: termina de configurarse en esta época el Ideal del yo y con él la imagen de lo
que debe ser. Esta imagen ha formada por uno mismo pero también por los deseos de los
padres, y es en adolescencia cuando debe dejar de ser solamente un ideal e intentar
convertirse en una realidad, en la medida que el adolescente desarrolla su propio
pensamiento aparecen también cuestionados por él los ideales de la sociedad que lo rodea
referidos a proyectos de vida, política, ética, cultura, etc.
Tradicionalmente se ha descripto a la adolescencia como una época de crisis, en la cual
se evidenciaba la brecha generacional con los padres, situación que para diferentes
generaciones llegó a ser de gran violencia. La brecha se producía inexorablemente en la
medida en que las generaciones de los padres se apegaban a sus valores y les costaba
aceptar las diferencias que proponían a sus hijos.
En todas las culturas, la adolescencia significa un momento de
cambio, ella ofrece la oportunidad de comenzar a compartir las decisiones de los adultos
y, en otro sentido, supone el inicio de una larga etapa de incertidumbre social y
personal.
La adolescencia supone el paso de la infancia a la edad adulta, con
la consiguiente oportunidad de sentir y vivir un continuo cambio en su cuerpo y en sus
emociones más intimas, en definitiva, comienza la apertura de un mundo insospechado.
El dinamismo de esta etapa y la misma inseguridad que proporciona una
personalidad que empieza a descubrirse y consolidarse poco a poco, debe convivir y
enfrentarse con las actitudes de desconcierto de unos padres, en la mayoría de los casos,
también inseguros del papel que han de desempeñar para conseguir mantener una buena
relación, que lleve consigo, ayudar a su hijo. Esta relación provoca, a veces,
enfrentamientos que convierte la adolescencia en una edad difícil.
Se debe reflexionar sobre las dificultades que encierran las
relaciones entre padres e hijos, profesores y alumnos, y potenciar el elemento estimulante
que sirva para enriquecer la dinámica personal de unos y otros, con el fin de que puedan
disfrutar de los obstáculos de su relación, si la viven sin dramatizar los problemas. Si
las personas que tratan habitualmente con adolescentes los conociesen un poco más, se
aceptarían los cambios sin apagar las ilusiones y las motivaciones, y reforzarían la
actitud positiva hacia un tipo de relación más comprensiva y tolerante.
Actualmente cuando se habla de juventud se pone de manifiesto el gran
desconocimiento que ella se tiene, e inevitablemente surgen preguntas como estas: ¿ Cómo
son los jóvenes de hoy ? ¿ Qué sabemos realmente de ellos ? ¿ Cómo los percibe la
sociedad ? Tal vez podríamos dar unas respuestas, debido a que todos conocemos jóvenes,
por proximidad familiar o de trabajo, pero este conocimiento no se puede extrapolar, para
bien o para mal, a todos los jóvenes, sin caer en generalizaciones o tópicos que no se
ajustan a una realidad objetiva de la juventud.
Un motivo de desconocimiento de los jóvenes de hoy día, es la
generalización de los comportamientos conflictivos de unos pocos, a todos los demás.
Esta minoría adquiere una gran repercusión social a través de los medios de
comunicación. Por ello existen dos posturas de conceptualizar a los jóvenes. El grupo de
adultos que generaliza comportamientos como consumo de drogas, actitudes violentas, a
todos ellos, por lo tanto considera a la juventud actual peor que la de su generación, y
en otro sentido, los adultos que están en contacto con un sector distinto de los jóvenes
que sostienen que son serios, responsables y mejor preparados que sus padres.
El hecho es cierto que existen adolescentes cuya maduración se
retrasa porque poseen una alta tendencia a la depresión o ansiedad, provocando
comportamientos sociales fuera de lo normal, y adolescentes que siguen un proceso de
maduración normal, manteniendo un equilibrio emocional y unas relaciones afectivas
adecuadas.
La conclusión es que no se puede generalizar acerca de la forma de
ser de los adolescentes, excepto en algunas cuestiones como los cambios físicos o
sociológicos de la pubertad, la necesidad de prepararse para afrontar el futuro, trabajar
para poder vivir e integrarse en la sociedad como miembros responsables y libres. Por el
contrario, son distintos los contextos en que se desarrollan cada adolescente, provocando
diferentes experiencias vitales, llevándole a configurar una forma de ser única.
Todo ello encierra una dificultad en el conocimiento de este
período. Se sabe que la naturaleza del adolescente lo aparta de los niños y
también de los adultos, pero es conveniente lograr mejores conceptos y formulaciones que
las existentes.
Actualmente a este sector de la sociedad se le considera un problema.
Definiendo el concepto.......
1.Adolescencia, etapa de maduración entre la
niñez y la condición de adulto. El término denota el periodo desde el inicio de la
pubertad hasta la madurez y suele empezar en torno a la edad de catorce años en los
varones y de doce años en las mujeres. Aunque esta etapa de transición varía entre las
diferentes culturas, en general se define como el periodo de tiempo que los individuos
necesitan para considerarse autónomos e independientes socialmente.
2. DESARROLLO FÍSICO

El comienzo de la pubertad está asociado
con cambios drásticos en la estatura y en los rasgos físicos. En este momento, la
actividad de la hipófisis supone un incremento en la secreción de determinadas hormonas
con un efecto fisiológico general. La hormona del crecimiento produce una aceleración
del crecimiento que lleva al cuerpo hasta casi su altura y peso adulto en unos dos años.
Este rápido crecimiento se produce antes en las mujeres que en los varones, indicando
también que las primeras maduran sexualmente antes que los segundos. La madurez sexual en
las mujeres viene marcada por el comienzo de la menstruación y en los varones por la
producción de semen. Las principales hormonas que dirigen estos cambios son los
andrógenos masculinos y los estrógenos femeninos. Estas sustancias están también
asociadas con la aparición de las características sexuales secundarias. En los varones
aparece el vello facial, corporal y púbico, y la voz se hace más profunda. En las
mujeres aparece el vello corporal y púbico, los senos aumentan y las caderas se
ensanchan. Estos cambios físicos pueden estar relacionados con las modificaciones
psicológicas; de hecho, algunos estudios sugieren que los individuos que maduran antes
están mejor adaptados que sus contemporáneos que maduran más tarde.
Véase también Crecimiento humano.
3. DESARROLLO INTELECTUAL
Durante la adolescencia no se producen
cambios radicales en las funciones intelectuales, sino que la capacidad para entender
problemas complejos se desarrolla gradualmente. El psicólogo francés Jean Piaget
determinó que la adolescencia es el inicio de la etapa del pensamiento de las operaciones
formales, que puede definirse como el pensamiento que implica una lógica deductiva.
Piaget asumió que esta etapa ocurría en todos los individuos sin tener en cuenta las
experiencias educacionales o ambientales de cada uno. Sin embargo, los datos de las
investigaciones posteriores no apoyan esta hipótesis y muestran que la capacidad de los
adolescentes para resolver problemas complejos está en función del aprendizaje acumulado
y de la educación recibida.
4. DESARROLLO SEXUAL
Los cambios físicos que ocurren en la
pubertad son los responsables de la aparición del instinto sexual. En esta etapa su
satisfacción es complicada, debido tanto a los numerosos tabúes sociales, como a la
ausencia de los conocimientos adecuados acerca de la sexualidad. Sin embargo, a partir de
la década de 1960, la actividad sexual entre los adolescentes se ha incrementado. Por
otro lado, algunos adolescentes no están interesados o no tienen información acerca de
los métodos de control de natalidad o los síntomas de las enfermedades de transmisión
sexual. Como consecuencia de esto, el número de muchachas que tienen hijos a esta edad y
la incidencia de las enfermedades venéreas está aumentando.
5. DESARROLLO EMOCIONAL El psicólogo estadounidense G. Stanley Hall
afirmó que la adolescencia es un periodo de estrés emocional producido por los cambios
psicológicos importantes y rápidos que se producen en la pubertad. Sin embargo, los
estudios de la antropóloga estadounidense Margaret Mead mostraron que el estrés
emocional es evitable, aunque está determinado por motivos culturales. Sus conclusiones
se basan en la variación existente en distintas culturas respecto a las dificultades en
la etapa de transición desde la niñez hasta la condición de adulto. El psicólogo
estadounidense de origen alemán Erik Erikson entiende el desarrollo como un proceso
psicosocial que continúa a lo largo de toda la vida.
El objetivo psicosocial del adolescente es la evolución desde una persona
dependiente hasta otra independiente, cuya identidad le permita relacionarse con otros de
un modo autónomo. La aparición de problemas emocionales es muy frecuente entre los
adolescentes.
Fuente: Encarta 2001 |