Posdatas
«Apuntes virtuales
sobre el mundo real»
|
|
|
IR AL BLOG EN:
|
viernes, enero 31 La guerra ha comenzado ya en Europa La inexistente armonía euro-estadounidense
toma tintes de tragicomedia cuando, al estar en realidad los intereses globales
en términos de influencia en el mundo sobre la mesa, la defensa de los
principios democráticos que une a ambas potencias se plantea como una
elección entre la paloma de la Paz y el misil Tomahawk. La apuesta de George
Bush consiste en convertirse en adalid de la democracia con el
descabezamiento de la dictadura iraquí. La recompensa se mide en barriles de
petróleo y con el control geoestratégico de esa zona de Oriente Medio. Sin
embargo, la debilidad europea se trasluce en el chantaje que unos Estados miembro
impotentes no quieren reconocer pero están admitiendo con su servilismo.
Europa puede defender los valores de Occidente con una política sensata que
supere la tentación belicista, pero se pierde en la idea de cómo ponerla en
marcha con los halcones de medio mundo alimentándose con la nutritiva
'doctrina Bush'. En la UE la mayoría de los ciudadanos tiene
claro qué piensa de la locura de la guerra preventiva, y tristemente se ha
quedado sin más referente que el eje franco-alemán para defenderlo. Mientras,
otros jefes de gobierno con el dúo Aznar-Blair a la cabeza prefieren las cartitas
en prensa para animar a los corifeos propagandísticos que se masajean el ego
en franca minoría arremetiendo contra un antiamericanismo, por lo visto,
omnipresente. ¿Qué unión entre los europeos querrán estos que menosprecian la
posición de esa 'vieja Europa' de Francia y Alemania para sumarse como
soldado de tropa al ejército de Bush? No hay en realidad 'nueva' Europa y no
la habrá nunca contra el deseo de los europeos. El presidente de EEUU es el
actor principal que con discurso de grandes palabras quiere ejercer de héroe
que libra al mundo y al propio Irak de la amenaza de Saddam. Pero no convence
con esas artes a unos 'yurpeans' que no quieren ver, como cómplices, el
espectáculo sangriento de la guerra en TV. Seguiremos informando. sábado, enero 25 Por un final digno Sería trágico que anduviéramos despreciando
el valor que cada segundo de vida tiene para al final lamentar que la
película de nuestra vida no tiene un 'happy end'. Como si no tuviera mérito
tejer una ópera prima con tan buenas escenas, con la improvisación como
filosofía de rodaje, y con ese desenlace tan previsible en el momento más
inoportuno. O más oportuno, según los casos, cuando la vida deja de llamarse
vida. Acabamos de leer noticias de un hombre que acudió a Suiza para tomar
las riendas de su enfermedad, como hace unos meses conocimos el caso de la
parapléjica británica Diane
Pretty, que falleció sin conseguir que su existencia en silla de
ruedas, alimentándose a través de un tubo y padeciendo tremendos dolores se
terminara según sus deseos con la ayuda de su marido. Leyes que condenarían a
la cárcel a éste, y moralistas fanáticos que lo enviarían al infierno, se lo
impidieron. Aún una sociedad avanzada como esta sigue sin entender que una
muerte digna pasa por elegir cómo y dónde morir. [Como con cada historia parecida, la noticia
ha ocupado su hueco en los medios. Genera debate, con una mayoría favorable
en la opinión pública, aunque quizá poco decidida: hay dudas. La eutanasia es
un tema comprometido para los legisladores. En España tuvo amplia repercusión
el caso de Ramón Sampedro en 1998. Diane Pretty batalló en los tribunales
europeos por su derecho a morir sin éxito. «Reginald Crew, un tetrapléjico de
74 años que llevaba cuatro en una silla de ruedas con una enfermedad
incurable falleció ayer en Suiza gracias a un suicidio asistido practicado
por un médico de ese país». «El suicidio asistido continúa siendo ilegal en
el Reino Unido (...) El Código Penal suizo es ambiguo, pero la práctica de
ayudar a morir a un enfermo terminal está generalmente considerada como un
“acto humano” e irreprochable». «Bélgica es el único Estado de Europa donde
la eutanasia se considera legal» (La
Vanguardia, 21/1/2003)] domingo, enero 19 La muerte de Pascual Duarte Una imagen truculenta del escritor es la que
se desveló con la polémica
reciente sobre el garrote vil que se utilizó para matar al anarquista Puig
Antich, condenado a muerte por la dictadura franquista, en 1974. Este
instrumento sirvió para la última ejecución de este tipo en España y fue
cedido, tras petición personal al CGPJ, a la Fundación Cela, donde se
exhibía en una sala dedicada a «La familia de Pascual Duarte». Aunque ya
convenientemente retirado, que el garrote estuviera como muestra de la
«crueldad de la pena de muerte», como adujeron los responsables del legado
del de Iría Flavia, no era motivo suficiente para tal exposición. De la
espléndida novela sobre la vida de Pascual Duarte, se extrae un panorama
dramático de injusticia, remarcado por el «tremendismo» literario, que empuja
hacia la maldad a un hombre que sería otro si la sociedad lo hubiera tratado
mejor. Sin embargo, es evidente que la descripción
no lleva a la denuncia: todo lo más, queda ésta implícita, pero no se traza
una realidad para condenar los planteamientos éticos que la sustentan. Hace
poco, incluso el escritor Javier
Cercas se remitió a este primer libro publicado de Cela, en 1942,
para desmontar lo que él supone una interpretación generalizada y errónea
sobre la obra: no es disidente respecto a la España de la época, sino que
básicamente se amolda a una coyuntura en la que la guerra y la victoria de
los 'nacionales' se percibían como unos hechos necesarios para salir del
'caos' anterior. «La familia de Pascual Duarte» no cuestiona la bondad del
nuevo régimen: su historia puede incluso leerse como una realidad previa a
éste que ha cesado con la llegada de la España de Franco. Pero ¿sería Pascual
Duarte al menos, como dicen, un alegato contra la pena capital? No dudo que esa fuera la idea de CJC, aunque
ciertamente no es la novela una reflexión genuina sobre la pena de muerte:
tras la presentación de la historia no hay una toma de postura. Después de
conocer cómo ha sido su vida, el juicio sobre la perversidad de la ejecución
de Pascual Duarte es posible en la mente del lector. Pero no está en el
texto. En él encuentras, eso sí, el verdadero horror de la pena de muerte
cuando, al final, en la carta del guardia civil, describe: «...terminó sus
días escupiendo y pataleando, (...) de la manera más ruin y más baja que un
hombre puede terminar; demostrando a todos su miedo a la muerte». La
indignidad mayor es quitar la vida a quien cae en la misma debilidad que nos
iguala a todos: el miedo. En EEUU, el gobernador de
Illinois acaba de conmutar 156 condenas a muerte: es una gran noticia
a pesar de que la motivación
sea dudosa -necesitaba lavar su imagen. Sin embargo, aún se pone por delante
el argumento de la falta de garantías -como en este caso- y se deja intacto
el fondo del problema. Hay quien no salvaría del garrote -o de la silla
eléctrica- ni a Pascual Duarte. domingo, enero 12 Venezuela: midiendo las fuerzas Hugo Chávez despierta insólita alegría como
líder mesiánico de una parte de la izquierda que ve en él un futuro
'bolivariano' en el que la revolución pasa por el populismo que entierra la
partitocracia anterior para mayor gloria del proyecto cuasi totalitario de ex
golpistas reconvertidos en patriarcas de los excluidos. La izquierda
latinoamericana debe mirar más hacia Lula como mejor ejemplo de integración
de su política en el poder, aunque alguno habrá que seguirá sin ver las
diferencias existentes entre sus amados líderes revolucionarios, Castro entre
ellos. Y, de la misma manera, son legión los sobrevenidos adalides de la
democracia que se han concienciado del valor de esta batalla contra el
'dictador' (?) Chávez, donde sólo un inocente y oportuno golpe de Estado a
favor de su causa (y de esa clase dirigente 'amiga') pondría las cosas en su
sitio. La quiebra del Estado de Derecho sería para estos entusiastas de las
libertades un coste asumible con el objetivo de establecer de nuevo el
'justo' (!) orden de las cosas. La desestabilización política tiene su
origen, como en otros países, en el reparto del poder a favor de los partidos
que legitiman un corrupto sistema político, a la vez que las desigualdades
acuciantes destrozan cualquier expectativa entre amplias capas de población
-muchos emigrados del campo a la ciudad- y eternizan la pobreza en un país
con riquezas naturales pero sin justa redistribución. La llegada de un personaje
como Chávez pone en guardia al poder económico al mismo tiempo que sus modos
autoritarios impiden la consecución de un consenso social favorable. La oposición ha puesto
en marcha todos los lógicos mecanismos de protesta; sin embargo, la huelga
que trata de paralizar Venezuela desde hace más de un mes es una ofensiva
brutal que daña los intereses generales del país. Las autoridades, con el
ejército de su lado, mantienen sus posiciones apelando a las reglas del juego
y sin sacar los pies del tiesto de lo estrictamente conveniente. La fractura, en cambio, parece tan honda
como para dar al traste con los esfuerzos del mediador de la OEA.
Los antichavistas tienen razones de resistencia democrática que son
defendidas por esa extraña unión de patronal y sindicatos con un paisaje de
fondo poco alentador: la batalla por el control de los intereses
petrolíferos, que tanto preocupan a EEUU. Hugo Chávez, por contra,
quiere mantener el poder acallando las críticas con la acusación -fundada, de
algún modo, por el recuerdo del 11 de abril pasado- de golpista dirigida a
todo opositor. El presidente venezolano tiene el respaldo legal y democrático
de unas elecciones, y sólo una alternativa política en el marco
constitucional sería viable. La negociación entre ambas partes podría dar
lugar a la salida digna del referéndum, tan sólo si los talantes de unos y
otros no se obcecan en destruir al contrario a costa del propio futuro de
Venezuela. Todos los sectores de la sociedad deberían coincidir en que por la
vía del enfrentamiento no van a ganar nada. lunes, enero 6 La aritmética del redondeo La moneda es una tarea que corresponde al
Estado, no hay que darle más vueltas, porque si cada particular montara un
chiringuito con la emisión privada de billetes bancarios, las transacciones
serían imposibles en una economía con tantos medios de cambio distintos.
Aunque, eso sí, a los políticos se les puede exigir al menos que los
quebraderos de cabeza que un cambio de moneda comporta no se produzcan cada
pocos años. Porque lo vivido en el primer año del euro ha sido antológico: un
continente entero pagando las compras como si estuviera en el extranjero, con
la conversión a cuestas. Hemos estado a punto de una rebelión popular,
créanme. Por menos se originó el «motín de Esquilache». Con resignación habrá
que llevar esa cruz que las encuestas -¿eran necesarias?- evidencian: todavía
pensamos en pesetas. Ya auguraba estas dificultades Josep M.
Colomer hace un año en El País: «La adaptación al nuevo horario suele llevar
como máximo un día. Pero la adaptación al euro, como a los pesos y medidas,
puede llevar como mínimo una generación». Y a esto añadimos los aumentos de
precios: una inflación no prevista, en una coyuntura que iba a ser sin
remedio alcista, y que no ha sido sólo causa directa del euro por más que
haya ayudado el dichoso redondeo. Los precios crecientes junto al dinero
menguante en los bolsillos de los europeos han encrespado los ánimos
sobremanera. Al aumento del coste de la vida han contribuido los aprovechados
de turno (sobre todo del sector servicios) que ante la falta de competencia
han hincado el diente al euro como nadie. En España, además, el diferencial
de inflación con la media europea debería preocupar al gobierno. Aunque ahora
esté más preocupado por la aritmética de la reinserción, donde el redondeo de
los años de cárcel nos acerca más al cuadro que nos pinta
Alvite que a otra cosa. |