Posdatas
«Apuntes virtuales
sobre el mundo real»
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> Archivos > Febrero 2003 viernes, febrero 28 El milagro de la fresa y los contratos de
trabajo Magrebí o subsahariano es el origen de una
mayoría de trabajadores -muy pocos con papeles- que se mueve por el país en
busca de alguna oportunidad en las zonas agrícolas en temporada. Es uno de
los fracasos de la política de extranjería, en tanto no se da salida a la
regularización o la documentación de muchos inmigrantes les limita
geográficamente el permiso. Es inevitable que cada año acudan a estos
pueblos. Esta vez también se han dado situaciones no deseables: muchos han
tenido que acampar al no disponer de alojamiento, tampoco de comida. La
Administración, como denunciaran organizaciones asistenciales, no responde
ante el problema humano. Se ven abocados a esta vida precaria al no poder
conseguir contratos estables: sólo trabajaran, ilegalmente, días sueltos de
la campaña. Algunos empresarios, perjudicando la imagen del sector, recurren
a esta vía: trabajo barato de gente desesperada para cuadrar las cuentas. El
resto opta por una inmigración que se amolda a sus necesidades, olvidando a
los que ya están aquí: es la contratación en origen, sobre todo en países del
Este -que pronto estarán en la UE-, de mujeres que vuelven a su país tras la
temporada. Unos y otros, con las dificultades legales que enmarañan el
mercado de trabajo, son también artífices del milagro de la fresa. domingo, febrero 23 La infancia secuestrada Un mundo plagado de injusticias es la mejor
prueba de que Dios no existe: es la conclusión obvia de una reflexión que se
ha enfrentado con el tiempo al redentorismo que en múltiples formas ha
esclavizado al individuo mediante alguna promesa sobre el futuro, legitimando
así las mayores atrocidades. Esto es, justificando el sufrimiento humano en
nombre de Dios, la Patria o la Historia. Conocemos el caso terrible de una
niña nicaragüense de nueve años que quedó embarazada tras una violación en la
finca donde trabajaba. La razón médica, el sentido común, apuntaba a un
imprescindible aborto
terapéutico para salvar su vida que, finalmente, se ha producido. En
una sucesión de crímenes soportados por esta niña, una gestación imposible
vino a plantear el llamado 'dilema del aborto'. Una ley defendida por
impasibles autoridades iba a secuestrar la infancia de la menor. Un aborto la
ha sacado de esta pesadilla. La Iglesia
católica ha condenado el acto con su moral infalible -y criminal- sin
ver que está atentando contra la vida de una persona que no puede ser madre.
Tratan, como de costumbre, de justificar el mal con sus viejas argucias. Pero
Dios no responde de las barbaries que se ejecuten en su nombre. domingo, febrero 16 No War: Not In Our Name Desde fosilizadas mentes posmodernas se
intentará descalificar el simbolismo de los millones de personas en la calle
con la idea de que esas 'viejas formas de lucha' son arcaicas en la era de la
comunicación. No comprenden que el progreso nos lleva a jugar en los dos
campos: en los espacios virtuales de los medios y las redes, y
en el contacto real con el mismo aire que respiran los políticos para poder decirles
a la cara «no en
nuestro nombre». La ineptitud de los voceros más obtusos a la hora de
despreciar la que ellos llaman 'oposición de pancarta' ha convertido el
cabreo de la gente con este gobierno seguidista en un auténtico clamor, como
subraya inequívocamente toda la prensa. «Hay que escuchar a los ciudadanos»
es la conclusión obvia que saca hasta el menos avisado de los analistas, pero
un núcleo duro de aficionados al soliloquio belicista, desde Aznar hasta más
de una tertulia radiofónica, se resistirá a reconocer la rotundidad del
rechazo a esta guerra inmoral y a sus indecentes legitimadores. La prepotencia del gobierno de Bush ha
impulsado la respuesta sincera de unos ciudadanos, también en su propio país,
que necesitaban hacer de la «mayor protesta masiva de la historia» un alegato por la paz en un
momento culmen de ensimismamiento de los dirigentes del mundo. El 'no a la
guerra' es una llamada de atención para que no cometan disparates en nombre
de la 'responsabilidad' y el 'interés general'. Y es una denuncia del abuso
perpetrado contra la capacidad de decisión del pueblo al que representan.
Como ha asegurado Lluís Foix antes de la movilización mundial: «No será la
izquierda o la derecha la que salga a la calle, sino una conciencia colectiva
que simplemente quiere expresar su protesta ante lo que considera un
monopolio de la verdad por parte de quienes sólo disponen de la fuerza». El
ejercicio arrogante del poder por parte de los gobiernos democráticos no
puede dejar a la gente indiferente. Debe reaccionar para, al menos,
protegerse de la concepción maniquea de la realidad y de los discursos vacuos
de los líderes mesiánicos. domingo, febrero 9 Varios frentes abiertos: democracia, paz e
incierto futuro Representación del pueblo. Los gobiernos
occidentales están enfrentándose a una demanda imperativa de una mayoría de
ciudadanos de 'paz': ésta significa, básicamente, no comprometer un futuro,
en el que los convulsiones mundiales pueden ser superadas, con aventuras
bélicas que no atiendan al común sentido de la justicia en esta sociedad
occidental -por no añadir también la percepción de los habitantes de los
países árabes. A pesar de la ofensiva, de enormes proporciones, contra la
opinión pública para decantar el apoyo a favor mediante el fantasma de la
inseguridad y la amenaza, una gran parte de quienes se posicionan frente a
sus gobiernos son firmes en sostener su opinión sobre esta guerra y en
recordar que el poder
político es de los ciudadanos. La gravedad de esta fisura entre
gobernantes y gente de a pie está contenida en las palabras de Baltasar Garzón,
compartidas por muchos: «No me siento representado ni por los postulados que
inspiran esta atrocidad, ni por las instancias políticas que la autoricen, ni
por mi Gobierno, ni por ninguna otra institución que la apoye. Por ello
apostato de quienes dirigen un Estado que no es capaz de contener una locura
como la que estamos viviendo». Pacifismo. El 'no a la guerra'
es una consigna, poderosa arma de la comunicación para concentrar en una
frase una necesaria protesta airada frente a la imposición de la ira
colectiva de las conflagraciones entre países. Pero es un simplismo que nos
lleva a la abdicación intelectual del análisis concreto: no todas las guerras
deben ser respondidas con un 'no', y tampoco tiene sentido el rechazo
'evidente' de lo que es en sí un desastre -la guerra- cuando las
complejidades de cada situación nos podrían llevar al uso de la guerra para
causas justas. El pacifismo tiene en la negación categórica de la 'necesidad'
o inevitabilidad de las guerras una importante debilidad. La historia ha
demostrado la existencia de situaciones límite en que la única defensa
posible pasa por empuñar las armas. Los conflictos bélicos deben someterse a
unos requisitos racionales que juzguen si son éticamente admisibles, como el
patrón de 'guerra
justa' de Walzer. A la legítima defensa ante un ataque cierto, no
cabe aplicar principios pacifistas. Sin embargo, el ataque preventivo es un
artificio que los Estados pueden construir para 'justificar' una guerra que,
para el juicio ético mayoritario, es injusta, ilegítima e ilegal. Futuro del pueblo iraquí. La iniciativa del
Gobierno de EEUU puede ser enmarcada en una defensa, con discurso mesiánico
adosado, de la democratización de los países árabes. Las asimetrías que
emergen al comparar el papel de Washington en la historia de otros países, la
normalización de relaciones con otras dictaduras y la muy dudosa legitimidad
de este nuevo belicismo justiciero a la hora de derrocar a tiranos, son
elementos que lastran cualquier visión arcangélica de la Administración
estadounidense como democratizador global. Las intenciones confesadas ni
siquiera apuntan hacia la urgencia de quitar a Saddam Hussein del poder
interno -¿por qué ahora y no durante los pasados doce años?- sino a la
amenaza exterior que éste supone. De la guerra podríamos obtener un Irak
libre, pero también una fuente de divisiones territoriales y nuevos
sometimientos. Sobre todo, cuando los planes benefactores hacia una población
que sufrirá los 'daños colaterales' humanos del fin del dictador -que todos
los iraquíes firmarían, como dicen quienes han escapado del régimen-, relegan
a ésta a un rol secundario. Se pregunta el experto Fawaz A. Gerges: «¿Cómo es
posible que Estados Unidos democratice Irak sin que los responsables del
proceso democratizador sean los propios iraquíes?». miércoles, febrero 5 El ardor guerrero de los lacayos Debe ser la influencia de esos civilizados
periodistas que ponen todo su entusiasmo en defender cualquier cosa que
decida EEUU porque ellos defienden siempre la libertad y la democracia. ¿Y
por qué defienden el ataque preventivo de EEUU? Porque si es de EEUU, eso es
defender la libertad. Y de ahí no salen, de ese simplismo mental que
sintoniza con Aznar y con la política del seguidismo vergonzante. Y como lo
bélico enciende todas las alarmas, caña a cualquier tipo de oposición
a la guerra, con Zapatero a la cabeza: por suicidas, irresponsables... y
antiamericanos, por supuesto. La convicción que late en el corazón de Europa
debe mantenerse en el rechazo
hacia este uso infame del poder que Bush quiere poner en marcha, sin
presentar pruebas que lo justifiquen, porque una adecuada manipulación de los
deseos y las necesidades del pueblo es la mejor arma del peor gobernante. Y
es que, aunque algunos no se enteren, nuestros intereses están, ahora más que
nunca, en la batalla por defender unos valores de la indignidad de una
determinada política: esa que tanto gusta a los belicistas de salón. |