ALGO
Puede que no tengamos que sentir tristeza.
Que no se apague del todo la vida con la muerte.
Que nos sigamos viendo cada tarde
y en un corto paseo, hablemos de los hijos
de las mañanas casi tan parecidas
de este dormir tan breve y tan contínuo
y de todos los árboles. Aquellos
que plantamos para que nos recordaran
con su alma vegetal, cuando ya no estuviéramos.
Puede que nos encuentren
uno al lado del otro
los amigos que un día se perdieron
y nos digan sonriendo:
- Nosotros ya volvemos -
Pues quizás sea un volver.
Una especie de vida al revés
y otra vez al principio.
Encontrándonos siempre
sobre los únicos pasos que ensayamos
sin llegar a morirnos del todo.
O, acaso, acostumbrándonos
lentamente a otra vida
de la misma manera
que se aprende a vivir
en cada nacimiento.
Por defecto la vida
no suele ser amable.
No es suficiente ni útil
el dejarnos llevar
ni todo lo contrario:
Que agarremos las riendas
de un caballo de agua
La idea es...
Bueno, pues no recuerdo
que ejemplo iba a poner
ni a quien me refería.
Pero después de todo
tampoco hay una regla
ni nadie que la exija.
Dispongamos los pies:
Adelantemos uno
( los brazos pueden caer
según su propio peso )
acto seguido el otro,
repitiendo los pasos
cuanto sea necesario.
A alguna parte iremos...
LA HEBRA DE HILO
Una hebra de hilo en la manga de una
chaqueta
vieja. ¿Desde cuando está allí?
Una chaqueta colgada en un armario
roído
por la carcoma. Es vieja y el polvo
también sobre la hebra, sobre la madera
del viejo armario, del que solo cuelga
esa única percha, con esa única
prenda,
con esa única hebra. Unas manos omisas,
unas manos sin cuerpo,
sin rostro , quizás
sin tiempo para más, colocaron sin mimo
la chaqueta
en la percha, la percha en el armario
y después, disipándose entre el polvo
y el tiempo
olvidaron la hebra apenas sostenida. Incluso
el mínimo aire
de un suspiro la hubiera desprendido.
o, un portazo fortuito, en esa
estancia
donde solo acude la pereza del polvo
que cubre la madera
carcomida del armario
la percha, la chaqueta, la hebra de hilo en
equilibrio.
EL TIEMPO PEOR
Es el tiempo peor, vienen los años
con prisa, en
oleadas.
Tropezando en las cosas que queremos,
sin detenerse apenas un
poco en la memoria,
y en el pobre esqueleto :
Donde duele.
Es el
tiempo sin huella, sin restos, sin semilla.
El de repuesto.
Siempre el
uno de Enero y siempre Nochevieja.
Nada en medio.
Aunque a veces, un
tonto regocijo,
algo que vuela,
entre risa y sonrisa, breve como un
suspiro
como un latido verde,
desde lo más profundo,
ilumina los
ojos, el corazón, la boca...
nos confirma, realiza su milagro.
Parece
que vivimos.
Caminemos.
INSPIRACIÓN
A menudo te acercas
cuando menos lo espero.
En el
hombro me tocas
y si me vuelvo, surges
de un ayer olvidado,
despreocupada y tierna
con la rara expresión
de quien se deja atrás
una promesa vaga;
y solo unos segundos
después, sin que yo pueda
evitarlo, igual te desvaneces
como viniste, sombra
de mi nostalgia.
Continuaré esperando,
en vano, ya lo sé.
Acechando que vuelvas
muda leve y alada
a tocarme en el hombro
cuando menos lo espere.
Impredecible y cierta,
voluble inspiración
A Paul Eluard
Como si al despertar
hubiera un rayo de oro
entre las sombras frías,
reposa, titila,
la luz del sol besando mi
pupila.
Entreabriendo los párpados al día
la lágrima nocturna se
desdobla
en pequeños arco iris de alegría.
Olores, sueño apenas, luz
caliente.
De repente,
todo se abre, brota
como un inmenso latido
transparente,
el aire se hace música...
¡Y
explota!
NUESTRO SECRETO
Quizás acariciándome en las letras
del libro que
escribí, sientas mi pulso.
El verdor que del papel desborda.
El borbotón
frutal de mi memoria.
Tallo de sangre sobre tu piel ascienda
hacia tu
pecho de luz y, flor abierta,
mis pétalos te rocen suavemente.
Ahora
estaría tan cerca de tu boca
que la tinta, en zarcillos alentada,
la
presencia del beso soñaría...
Peregrina pasión de mi nostalgia:
¡
Quédate así en tentación suprema ¡
Sea este mar en sueños la distancia,
sin ser palabra, entre los tibios dientes.
Poema de mi alma, tan cerca
de mi alma.
Como yo lo pronuncio, tú, mi nombre
y el libro que te di
nuestro secreto.
EN CARNE VIVA
Recuerdo un tacto leve,
un roce fortuito
gasa
de araña, seda
apenas presentida.
Tacto que en el silencio
desgarró
mi conciencia
como se rasga un velo
A flor de nervio, la piel
marcada a fuego
igual que si una uña la hubiera traspasado
Me toco
la herida, aun siento
la cicatriz no seca todavía.
Tu roce en carne
viva.
LA MISIVA
Herrumbre por las venas de la tarde.
Ebrio de Otoño el
sol
en la frente se adhiere, en el cabello,
su brillo delirando entre
las hojas.
En las manos del hombre, temblorosa
la carta que ella ha
escrito.
Palabras sueltas, rotas, húmedas
como trozos de un cántaro
quebrado.
Sin orgullo o promesa.
-Debes volver. El mar- le dice-
en
su ronco vaivén... el corazón,
ya sabes... con cuidado
donde tu los
dejaste continúan...
Con lentitud, la claridad declina
en un violeta
oscuro que apaga los contornos
y adelgaza las letras, ya casi transparentes.
- Llovió por fin... mis ojos,
confundidos... como entonces... las
lagrimas...
Se estremece la piel, corre una débil brisa.
- Apenas puedo
más... tu imagen se me borra.
Mi beso no sabe ya esperar... se va
muriendo...
El turbio resplandor desaparece.
Los árboles son sombras
irreales.
- Debes volver- le dice- se hace tarde...
Las letras se
emborronan. Cae la noche
TE HABRÍA QUERIDO
Te habría querido
A ti grácil muchacha de
cimbreantes mares
A ti que no conozco, te hubiera alzado
sobre mis años
anteriores, sobre mis días siguientes
los que ya no me esperan
porque se
han ido andando con tus pequeños pies
Con tus alegres pasos, tristes ya
cuando suenan
en el cansado latir del corazón tan solo
Sé que te hubiera
amado, cayéndome, acabándome
Mirada tras mirada
Como la tarde que se va
contigo
Muriéndome en tu luz abrasadora
Esa luz que te llevas de mis
ojos, de todo lo que vive
tal vez ignorante de que te pertenece.
No te
conozco, pero te sé, como ese mapa
de la sangre que sin verlo
con sus
ríos azules trazaríamos a ciegas
Porque ya te miraba desde la eternidad de
mis sueños.
Mientras que tu dormías mis ojos dibujaban la curva de tus
labios
Aprendían tus palabras sin que las hubieses pronunciado
Mi alma
se mecía con tu pensamiento
mucho antes de que tú lo presintieras
Mojé
mis dedos temblorosos en tus invisibles heridas
Por eso sé cuanto te habría
querido
Grácil muchacha de ojos luminosos y lejanos
Y tu quizás a
mí
ALGUNA NOCHE
Temo que alguna noche
cuando al hablar contigo
se establezca el contacto
y en terreno de nadie
hablen también los
ojos,
no pueda despertarme
no encuentre el tiempo exacto
en el que a
duras penas
cabalgo diariamente.
Sospecho que hay paredes
en ese
oculto mundo
que impiden el retorno,
labios como eslabones
de sal,
inmensos mares
de quietud infinita
muy cerca de tu cuerpo.
Por eso a
veces huyo
me escondo en el silencio
y toco tierra firme.
De nada ya
seguro.
EL RELOJ DE DENIS
El objeto es gracioso pero inútil.
Se trata de
un reloj, con un muñeco
de goma–espuma y trapo y pelusilla
cuyos brazos
abiertos van colgados
de finos hilos de los cuales penden
un par de
zapatitos diminutos.
Este conjunto el movimiento sigue
de un fino palo
unido al mecanismo
de las agujas que el tiempo delimitan
a través de una
pila alimentado.
Pero el tiempo a su vez, seca la pila;
motivo por el
cual, vemos ahora
al muñeco, sus hilos, las agujas
los zapatos de trapo,
el fino palo
Incluso el tiempo a las once detenido.