Pablo ante el concilio
30 Al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por la
cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó
venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio, y
sacando a Pablo, le presentó ante ellos.
23
1 Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones
hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios
hasta el día de hoy.
2 El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban
junto a él, que le golpeasen en la boca.
3 Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared
blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley,
y quebrantando la ley me mandas golpear?
4 Los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de
Dios injurias?
5 Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote;
pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.
6 Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra
de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo
soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la
resurrección de los muertos se me juzga.
7 Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y
los saduceos, y la asamblea se dividió.
8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel,
ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas.
9 Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la
parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal
hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un
ángel, no resistamos a Dios.
10 Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de
que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen
soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a
la fortaleza.
11 A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo:
Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en
Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.
Complot contra Pablo
12 Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y
se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni
beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo.
13 Eran más de cuarenta los que habían hecho esta
conjuración,
14 los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los
ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo
maldición, a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a
Pablo.
15 Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno
que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar
alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos
listos para matarle antes que llegue.
16 Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la
celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo.
17 Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este
joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.
18 El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El
preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este
joven, que tiene algo que hablarte.
19 El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le
preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?
20 El le dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana
lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna
cosa más cierta acerca de él.
21 Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de
ellos le acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición,
a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora
están listos esperando tu promesa.
22 Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a
nadie dijese que le había dado aviso de esto.
Pablo es enviado a Félix el gobernador
23 Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la
hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y
doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea;
24 y que preparasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le
llevasen en salvo a Félix el gobernador.
25 Y escribió una carta en estos términos:
26 Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud.
27 A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos
a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que
era ciudadano romano.
28 Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé
al concilio de ellos;
29 y hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos,
pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión.
30 Pero al ser avisado de asechanzas que los judíos habían
tendido contra este hombre, al punto le he enviado a ti,
intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo
que tengan contra él. Pásalo bien.
31 Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le
llevaron de noche a Antípatris.
32 Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con
él, volvieron a la fortaleza.
33 Cuando aquéllos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al
gobernador, presentaron también a Pablo delante de él.
34 Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué
provincia era; y habiendo entendido que era de Cilicia,
35 le dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores. Y mandó que
le custodiasen en el pretorio de Herodes.
Defensa de Pablo ante Félix
24
1 Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías
con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo,
y comparecieron ante el gobernador contra Pablo.
2 Y cuando éste fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle,
diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas
son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia,
3 oh excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en
todo lugar con toda gratitud.
4 Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos
oigas brevemente conforme a tu equidad.
5 Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor
de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y
cabecilla de la secta de los nazarenos.
6 Intentó también profanar el templo; y prendiéndole,
quisimos juzgarle conforme a nuestra ley.
7 Pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le
quitó de nuestras manos,
8 mandando a sus acusadores que viniesen a ti. Tú mismo,
pues, al juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que
le acusamos.
9 Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo.
10 Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que
hablase, éste respondió: Porque sé que desde hace muchos años
eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa.
11 Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que
subí a adorar a Jerusalén;
12 y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la
multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad;
13 ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.
14 Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman
herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las
cosas que en la ley y en los profetas están escritas;
15 teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan,
de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos
como de injustos.
16 Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa
ante Dios y ante los hombres.
17 Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi
nación y presentar ofrendas.
18 Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron
purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto.
19 Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí
tienen algo.
20 O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal
hecha, cuando comparecí ante el concilio,
21 a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz:
Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por
vosotros.
22 Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado
de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el
tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto.
23 Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que
se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de
los suyos servirle o venir a él.
24 Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su
mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe
en Jesucristo.
25 Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio
propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora
vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.
26 Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para
que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y
hablaba con él.
27 Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a
Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos,
dejó preso a Pablo.
Pablo apela a César
25
1 Llegado, pues, Festo a la provincia, subió de Cesarea a
Jerusalén tres días después.
2 Y los principales sacerdotes y los más influyentes de los
judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron,
3 pidiendo contra él, como gracia, que le hiciese traer a
Jerusalén; preparando ellos una celada para matarle en el
camino.
4 Pero Festo respondió que Pablo estaba custodiado en Cesarea,
adonde él mismo partiría en breve.
5 Los que de vosotros puedan, dijo, desciendan conmigo, y si
hay algún crimen en este hombre, acúsenle.
6 Y deteniéndose entre ellos no más de ocho o diez días,
venido a Cesarea, al siguiente día se sentó en el tribunal, y
mandó que fuese traído Pablo.
7 Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían
venido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves
acusaciones, las cuales no podían probar;
8 alegando Pablo en su defensa: Ni contra la ley de los
judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada.
9 Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos,
respondiendo a Pablo dijo: ¿Quieres subir a Jerusalén, y allá
ser juzgado de estas cosas delante de mí?
10 Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser
juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú
sabes muy bien.
11 Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he
hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que
éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo.
12 Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió:
A César has apelado; a César irás.
Pablo ante Agripa y Berenice
13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a
Cesarea para saludar a Festo.
14 Y como estuvieron allí muchos días, Festo expuso al rey la
causa de Pablo, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por
Félix,
15 respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, se me presentaron
los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos,
pidiendo condenación contra él.
16 A éstos respondí que no es costumbre de los romanos
entregar alguno a la muerte antes que el acusado tenga delante a
sus acusadores, y pueda defenderse de la acusación.
17 Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna
dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé
traer al hombre.
18 Y estando presentes los acusadores, ningún cargo
presentaron de los que yo sospechaba,
19 sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su
religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo
afirmaba estar vivo.
20 Yo, dudando en cuestión semejante, le pregunté si quería
ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas.
21 Mas como Pablo apeló para que se le reservase para el
conocimiento de Augusto, mandé que le custodiasen hasta que le
enviara yo a César.
22 Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oír a ese
hombre. Y él le dijo: Mañana le oirás.
23 Al otro día, viniendo Agripa y Berenice con mucha pompa, y
entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres
de la ciudad, por mandato de Festo fue traído Pablo.
24 Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que
estáis aquí juntos con nosotros, aquí tenéis a este hombre,
respecto del cual toda la multitud de los judíos me ha demandado
en Jerusalén y aquí, dando voces que no debe vivir más.
25 Pero yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho,
y como él mismo apeló a Augusto, he determinado enviarle a él.
26 Como no tengo cosa cierta que escribir a mi señor, le he
traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para
que después de examinarle, tenga yo qué escribir.
27 Porque me parece fuera de razón enviar un preso, y no
informar de los cargos que haya en su contra.
Defensa de Pablo ante Agripa
26
1 Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti
mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su
defensa:
2 Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de
defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy
acusado por los judíos.
3 Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y
cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me
oigas con paciencia.
Vida anterior de Pablo
4 Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio
pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos;
5 los cuales también saben que yo desde el principio, si
quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de
nuestra religión, viví fariseo.
6 Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a
nuestros padres soy llamado a juicio;
7 promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar
nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y
de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los
judíos.
8 ¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios
resucite a los muertos?
Pablo el perseguidor
9 Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas
contra el nombre de Jesús de Nazaret;
10 lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en
cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de
los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto.
11 Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los
forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los
perseguí hasta en las ciudades extranjeras.
Pablo relata su conversión
(Hch. 9.1-19; 22.6-16)
12 Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión
de los principales sacerdotes,
13 cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz
del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me
rodeó a mí y a los que iban conmigo.
14 Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que
me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué
me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo
soy Jesús, a quien tú persigues.
16 Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he
aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas
que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti,
17 librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora
te envío,
18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las
tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que
reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia
entre los santificados.
Pablo obedece a la visión
19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión
celestial,
20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco,
y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles,
que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras
dignas de arrepentimiento.
21 Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo,
intentaron matarme.
22 Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el
día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no
diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés
dijeron que habían de suceder:
23 Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la
resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los
gentiles.
Pablo insta a Agripa a que crea
24 Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz
dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco.
25 Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que
hablo palabras de verdad y de cordura.
26 Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también
hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de
esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón.
27 ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.
28 Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser
cristiano.
29 Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no
solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis
hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!
30 Cuando había dicho estas cosas, se levantó el rey, y el
gobernador, y Berenice, y los que se habían sentado con ellos;
31 y cuando se retiraron aparte, hablaban entre sí, diciendo:
Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este
hombre.
32 Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en
libertad, si no hubiera apelado a César.
Pablo es enviado a Roma
27
1 Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia,
entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión
llamado Julio, de la compañía Augusta.
2 Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los
puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco,
macedonio de Tesalónica.
3 Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente
a Pablo, le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido
por ellos.
4 Y haciéndonos a la vela desde allí, navegamos a sotavento
de Chipre, porque los vientos eran contrarios.
5 Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia,
arribamos a Mira, ciudad de Licia.
6 Y hallando allí el centurión una nave alejandrina que
zarpaba para Italia, nos embarcó en ella.
7 Navegando muchos días despacio, y llegando a duras penas
frente a Gnido, porque nos impedía el viento, navegamos a
sotavento de Creta, frente a Salmón.
8 Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman
Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.
9 Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la
navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba,
10 diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con
perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave,
sino también de nuestras personas.
11 Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón
de la nave, que a lo que Pablo decía.
12 Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría
acordó zarpar también de allí, por si puediesen arribar a
Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e
invernar allí.
La tempestad en el mar
13 Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían
lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta.
14 Pero no mucho después dio contra la nave un viento
huracanado llamado Euroclidón.
15 Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al
viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar.
16 Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada
Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife.
17 Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la
nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y
quedaron a la deriva.
18 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al
siguiente día empezaron a alijar,
19 y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los
aparejos de la nave.
20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y
acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda
esperanza de salvarnos.
21 Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos,
puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto
conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan
sólo para recibir este perjuicio y pérdida.
22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá
ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la
nave.
23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de
quien soy y a quien sirvo,
24 diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante
César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan
contigo.
25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío
en Dios que será así como se me ha dicho.
26 Con todo, es necesario que demos en alguna isla.
27 Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través
del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que
estaban cerca de tierra;
28 y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un
poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince
brazas.
29 Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la
popa, y ansiaban que se hiciese de día.
30 Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando
el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las
anclas de proa.
31 Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no
permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros.
32 Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo
dejaron perderse.
33 Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que
comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y
permanecéis en ayunas, sin comer nada.
34 Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni
aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.
35 Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en
presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer.
36 Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también.
37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y
seis.
38 Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al
mar.
El naufragio
39 Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían
una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si
pudiesen, la nave.
40 Cortando, pues, las anclas, las dejaron en el mar, largando
también las amarras del timón; e izada al viento la vela de
proa, enfilaron hacia la playa.
41 Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la
nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría
con la violencia del mar.
42 Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que
ninguno se fugase nadando.
43 Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió
este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los
primeros, y saliesen a tierra;
44 y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y
así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.
Pablo en la isla de Malta
28
1 Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.
2 Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque
encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la
lluvia que caía, y del frío.
3 Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las
echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió
en la mano.
4 Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano,
se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a
quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir.
5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño
padeció.
6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto
de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal
le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios.
7 En aquellos lugares había propiedades del hombre principal
de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó
solícitamente tres días.
8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo
de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de
haber orado, le impuso las manos, y le sanó.
9 Hecho esto, también los otros que en la isla tenían
enfermedades, venían, y eran sanados;
10 los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y
cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias.
Pablo llega a Roma
11 Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave
alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por
enseña a Cástor y Pólux.
12 Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días.
13 De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y otro día
después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a
Puteoli,
14 donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que nos
quedásemos con ellos siete días; y luego fuimos a Roma,
15 de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a
recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al
verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento.
16 Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al
prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con
un soldado que le custodiase.
Pablo predica en Roma
17 Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los
principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron
reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada
contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he
sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos;
18 los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por
no haber en mí ninguna causa de muerte.
19 Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a
César; no porque tenga de qué acusar a mi nación.
20 Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros;
porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.
21 Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido de
Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos
que haya denunciado o hablado algún mal de ti.
22 Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta
secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.
23 Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la
posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de
Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de
Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.
24 Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no
creían.
25 Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les
dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio
del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:
-
26 Ve a este pueblo, y diles:
- De oído oiréis, y no entenderéis;
- Y viendo veréis, y no percibiréis;
-
27 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
- Y con los oídos oyeron pesadamente,
- Y sus ojos han cerrado,
- Para que no vean con los ojos,
- Y oigan con los oídos,
- Y entiendan de corazón,
- Y se conviertan,
- Y yo los sane.
28 Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación
de Dios; y ellos oirán.
29 Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo
gran discusión entre sí.
30 Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada,
y recibía a todos los que a él venían,
31 predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor
Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.
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