Informe de Pedro a la iglesia de Jerusalén
11
1 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea,
que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.
2 Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los
que eran de la circuncisión,
3 diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres
incircuncisos, y has comido con ellos?
4 Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido,
diciendo:
5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una
visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por
las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí.
6 Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos
terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
7 Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.
8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda
entró jamás en mi boca.
9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo
que Dios limpió, no lo llames tú común.
10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado
arriba al cielo.
11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo
estaba, enviados a mí desde Cesarea.
12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron
también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un
varón,
13 quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel,
que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir
a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro;
14 él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y
toda tu casa.
15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre
ellos también, como sobre nosotros al principio.
16 Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo:
Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis
bautizados con el Espíritu Santo.
17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a
nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era
yo que pudiese estorbar a Dios?
18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a
Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado
Dios arrepentimiento para vida!
La iglesia en Antioquía
19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la
persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta
Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra,
sino sólo a los judíos.
20 Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene,
los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a
los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.
21 Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó
y se convirtió al Señor.
22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que
estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta
Antioquía.
23 Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó,
y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen
fieles al Señor.
24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de
fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.
25 Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y
hallándole, le trajo a Antioquía.
26 Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y
enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó
cristianos por primera vez en Antioquía.
27 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a
Antioquía.
28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender
por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra
habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.
29 Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía,
determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en
Judea;
30 lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por
mano de Bernabé y de Saulo.
Jacobo, muerto; Pedro, encarcelado
12
1 En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de
la iglesia para maltratarles.
2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.
3 Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a
prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes
sin levadura.
4 Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel,
entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para
que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de
la pascua.
5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la
iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.
Pedro es librado de la cárcel
6 Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba
Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los
guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel.
7 Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz
resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le
despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le
cayeron de las manos.
8 Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo
hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme.
9 Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que
hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión.
10 Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a
la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió
por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se
apartó de él.
11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo
verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha
librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los
judíos esperaba.
12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la
madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos
estaban reunidos orando.
13 Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar
una muchacha llamada Rode,
14 la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no
abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que
Pedro estaba a la puerta.
15 Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que
así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!
16 Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le
vieron, se quedaron atónitos.
17 Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen,
les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y
dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se
fue a otro lugar.
18 Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los
soldados sobre qué había sido de Pedro.
19 Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de
interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después
descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí.
Muerte de Herodes
20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón;
pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que
era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era
abastecido por el del rey.
21 Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se
sentó en el tribunal y les arengó.
22 Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de
hombre!
23 Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio
la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.
24 Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
25 Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de
Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por
sobrenombre Marcos.
Bernabé y Saulo comienzan su primer viaje misionero
13
1 Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía,
profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger,
Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con
Herodes el tetrarca, y Saulo.
2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu
Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he
llamado.
3 Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos
y los despidieron.
Los apóstoles predican en Chipre
4 Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo,
descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.
5 Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las
sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante.
6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a
cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús,
7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente.
Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de
Dios.
8 Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su
nombre), procurando apartar de la fe al procónsul.
9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu
Santo, fijando en él los ojos,
10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del
diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los
caminos rectos del Señor?
11 Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y
serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E
inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando
alrededor, buscaba quien le condujese de la mano.
12 Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido,
creyó, maravillado de la doctrina del Señor.
Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia
13 Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron
a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de ellos, volvió a
Jerusalén.
14 Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y
entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron.
15 Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los
principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos,
si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.
16 Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con
la mano, dijo:
Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd:
17 El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres,
y enalteció al pueblo, siendo ellos extranjeros en tierra de
Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella.
18 Y por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el
desierto;
19 y habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán,
les dio en herencia su territorio.
20 Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio
jueces hasta el profeta Samuel.
21 Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis,
varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años.
22 Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio
también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí,
varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.
23 De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios
levantó a Jesús por Salvador a Israel.
24 Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de
arrepentimiento a todo el pueblo de Israel.
25 Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién
pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí viene tras mí uno
de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies.
26 Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que
entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de
esta salvación.
27 Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no
conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen
todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle.
28 Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato
que se le matase.
29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban
escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro.
30 Mas Dios le levantó de los muertos.
31 Y él se apareció durante muchos días a los que habían
subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales
ahora son sus testigos ante el pueblo.
32 Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella
promesa hecha a nuestros padres,
33 la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros,
resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo
segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.
34 Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más
volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias
fieles de David.
35 Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu
Santo vea corrupción.
36 Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia
generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido
con sus padres, y vio corrupción.
37 Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción.
38 Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se
os anuncia perdón de pecados,
39 y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no
pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que
cree.
40 Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho
en los profetas:
-
41 Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced;
- Porque yo hago una obra en vuestros días,
- Obra que no creeréis, si alguien os la contare.
42 Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los
gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen
de estas cosas.
43 Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los
prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes
hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de
Dios.
44 El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad
para oír la palabra de Dios.
45 Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de
celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y
blasfemando.
46 Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A
vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la
palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis
dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.
47 Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo:
- Te he puesto para luz de los gentiles,
- A fin de que seas para salvación hasta lo último de la
tierra.
48 Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la
palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados
para vida eterna.
49 Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella
provincia.
50 Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y
distinguidas, y a los principales de la ciudad, y levantaron
persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus
límites.
51 Ellos entonces, sacudiendo contra ellos el polvo de sus
pies, llegaron a Iconio.
52 Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu
Santo.
Pablo y Bernabé en Iconio
14
1 Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de
los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran
multitud de judíos, y asimismo de griegos.
2 Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los
ánimos de los gentiles contra los hermanos.
3 Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con
denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la
palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos
de ellos señales y prodigios.
4 Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los
judíos, y otros con los apóstoles.
5 Pero cuando los judíos y los gentiles, juntamente con sus
gobernantes, se lanzaron a afrentarlos y apedrearlos,
6 habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de
Licaonia, y a toda la región circunvecina,
7 y allí predicaban el evangelio.
Pablo es apedreado en Listra
8 Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de
los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado.
9 Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y
viendo que tenía fe para ser sanado,
10 dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él
saltó, y anduvo.
11 Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la
voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de
hombres han descendido a nosotros.
12 Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque
éste era el que llevaba la palabra.
13 Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la
ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y
juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios.
14 Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron
sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces
15 y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros
también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos
que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el
cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.
16 En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar
en sus propios caminos;
17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo
bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando
de sustento y de alegría nuestros corazones.
18 Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que
la multitud les ofreciese sacrificio.
19 Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio,
que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le
arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
20 Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la
ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.
21 Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de
hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a
Antioquía,
22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a
que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a
través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
23 Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado
con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
El regreso a Antioquía de Siria
24 Pasando luego por Pisidia, vinieron a Panfilia.
25 Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron a
Atalia.
26 De allí navegaron a Antioquía, desde donde habían sido
encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían
cumplido.
27 Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán
grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto
la puerta de la fe a los gentiles.
28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.
El concilio en Jerusalén
15
1 Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los
hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no
podéis ser salvos.
2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no
pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a
Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los
ancianos, para tratar esta cuestión.
3 Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia,
pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los
gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos.
4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y
los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que
Dios había hecho con ellos.
5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían
creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y
mandarles que guarden la ley de Moisés.
6 Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de
este asunto.
7 Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo:
Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo
que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra
del evangelio y creyesen.
8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio,
dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros;
9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando
por la fe sus corazones.
10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la
cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni
nosotros hemos podido llevar?
11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos
salvos, de igual modo que ellos.
12 Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a
Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había
hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.
13 Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones
hermanos, oídme.
14 Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los
gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre.
15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como
está escrito:
-
16 Después de esto volveré
- Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído;
- Y repararé sus ruinas,
- Y lo volveré a levantar,
-
17 Para que el resto de los hombres busque al Señor,
- Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre,
-
18 Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos
antiguos.
19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que
se convierten a Dios,
20 sino que se les escriba que se aparten de las
contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de
sangre.
21 Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad
quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de
reposo.
22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos,
con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a
Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por
sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los
hermanos;
23 y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los
ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que
están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud.
24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de
nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con
palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y
guardar la ley,
25 nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir
varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y
Pablo,
26 hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro
Señor Jesucristo.
27 Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de
palabra os harán saber lo mismo.
28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no
imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:
29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre,
de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os
guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.
30 Así, pues, los que fueron enviados descendieron a
Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta;
31 habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación.
32 Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas,
consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de
palabras.
33 Y pasando algún tiempo allí, fueron despedidos en paz por
los hermanos, para volver a aquellos que los habían enviado.
34 Mas a Silas le pareció bien el quedarse allí.
35 Y Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la
palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos.
Pablo se separa de Bernabé, y comienza su segundo viaje
misionero
36 Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a
visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos
anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están.
37 Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que
tenía por sobrenombre Marcos;
38 pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se
había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con
ellos a la obra.
39 Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno
del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre,
40 y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los
hermanos a la gracia del Señor,
41 y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.
Timoteo acompaña a Pablo y a Silas
16
1 Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí
cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía
creyente, pero de padre griego;
2 y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en
Listra y en Iconio.
3 Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le
circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos
lugares; porque todos sabían que su padre era griego.
4 Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas
que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en
Jerusalén, para que las guardasen.
5 Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban
en número cada día.
La visión del varón macedonio
6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue
prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia;
7 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el
Espíritu no se lo permitió.
8 Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas.
9 Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón
macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia
y ayúdanos.
10 Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para
Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les
anunciásemos el evangelio.
Encarcelados en Filipos
11 Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a
Samotracia, y el día siguiente a Neápolis;
12 y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la
provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella
ciudad algunos días.
13 Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al
río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos
a las mujeres que se habían reunido.
14 Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de
la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el
Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo
que Pablo decía.
15 Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si
habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y
posad. Y nos obligó a quedarnos.
16 Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al
encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la
cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.
17 Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo:
Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian
el camino de salvación.
18 Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo,
éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de
Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.
19 Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su
ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro,
ante las autoridades;
20 y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres,
siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,
21 y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni
hacer, pues somos romanos.
22 Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados,
rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas.
23 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la
cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.
24 El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de
más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.
25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a
Dios; y los presos los oían.
26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal
manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al
instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos
se soltaron.
27 Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de
la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los
presos habían huido.
28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún
mal, pues todos estamos aquí.
29 El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y
temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas;
30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para
ser salvo?
31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo,
tú y tu casa.
32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que
estaban en su casa.
33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les
lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los
suyos.
34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó
con toda su casa de haber creído a Dios.
35 Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a
decir: Suelta a aquellos hombres.
36 Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los
magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora
salid, y marchaos en paz.
37 Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin
sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la
cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto,
sino vengan ellos mismos a sacarnos.
38 Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los
magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos.
39 Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que
salieran de la ciudad.
40 Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia,
y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron.
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