El alboroto en Tesalónica
17
1 Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica,
donde había una sinagoga de los judíos.
2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de
reposo discutió con ellos,
3 declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era
necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y
que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo.
4 Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con
Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles
no pocas.
5 Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron
consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba,
alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban
sacarlos al pueblo.
6 Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos
ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan
el mundo entero también han venido acá;
7 a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen
los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.
8 Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad,
oyendo estas cosas.
9 Pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.
Pablo y Silas en Berea
10 Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a
Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la
sinagoga de los judíos.
11 Y éstos eran más nobles que los que estaban en
Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud,
escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas
eran así.
12 Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de
distinción, y no pocos hombres.
13 Cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en
Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron allá, y
también alborotaron a las multitudes.
14 Pero inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese
hacia el mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí.
15 Y los que se habían encargado de conducir a Pablo le
llevaron a Atenas; y habiendo recibido orden para Silas y
Timoteo, de que viniesen a él lo más pronto que pudiesen,
salieron.
Pablo en Atenas
16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se
enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.
17 Así que discutía en la sinagoga con los judíos y
piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.
18 Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos
disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este
palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses;
porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.
19 Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos
saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?
20 Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos,
pues, saber qué quiere decir esto.
21 (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes
allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír
algo nuevo.)
22 Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo:
Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos;
23 porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé
también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO
CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a
quien yo os anuncio.
24 El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay,
siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos
hechos por manos humanas,
25 ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de
algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las
cosas.
26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para
que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el
orden de los tiempos, y los límites de su habitación;
27 para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando,
puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de
nosotros.
28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos
de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo
somos.
29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la
Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de
arte y de imaginación de hombres.
30 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta
ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se
arrepientan;
31 por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al
mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a
todos con haberle levantado de los muertos.
32 Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos,
unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto
otra vez.
33 Y así Pablo salió de en medio de ellos.
34 Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales
estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y
otros con ellos.
Pablo en Corinto
18
1 Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a
Corinto.
2 Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto,
recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto
Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma.
Fue a ellos,
3 y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y
trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas.
4 Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y
persuadía a judíos y a griegos.
5 Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba
entregado por entero a la predicación de la palabra,
testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.
6 Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo,
sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra
propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles.
7 Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo,
temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga.
8 Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor
con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y
eran bautizados.
9 Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No
temas, sino habla, y no calles;
10 porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano
para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.
11 Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la
palabra de Dios.
12 Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se
levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al
tribunal,
13 diciendo: Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra
la ley.
14 Y al comenzar Pablo a hablar, Galión dijo a los judíos: Si
fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh judíos, conforme
a derecho yo os toleraría.
15 Pero si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de
vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de
estas cosas.
16 Y los echó del tribunal.
17 Entonces todos los griegos, apoderándose de Sóstenes,
principal de la sinagoga, le golpeaban delante del tribunal; pero
a Galión nada se le daba de ello.
18 Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí,
después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con
él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea,
porque tenía hecho voto.
19 Y llegó a Efeso, y los dejó allí; y entrando en la
sinagoga, discutía con los judíos,
20 los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más
tiempo; mas no accedió,
21 sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que
en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero
otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Efeso.
Pablo regresa a Antioquía y comienza su tercer viaje
misionero
22 Habiendo arribado a Cesarea, subió para saludar a la
iglesia, y luego descendió a Antioquía.
23 Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo
por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos
los discípulos.
Apolos predica en Efeso
24 Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural
de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.
25 Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo
de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo
concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de
Juan.
26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando
le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron
más exactamente el camino de Dios.
27 Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y
escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él
allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían
creído;
28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los
judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.
Pablo en Efeso
19
1 Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto,
Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a
Efeso, y hallando a ciertos discípulos,
2 les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?
Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu
Santo.
3 Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos
dijeron: En el bautismo de Juan.
4 Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento,
diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de
él, esto es, en Jesús el Cristo.
5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor
Jesús.
6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el
Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.
7 Eran por todos unos doce hombres.
8 Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por
espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino
de Dios.
9 Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el
Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y
separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de
uno llamado Tiranno.
10 Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos
los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra
del Señor Jesús.
11 Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo,
12 de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños
o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y
los espíritus malos salían.
13 Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes,
intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que
tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que
predica Pablo.
14 Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los
sacerdotes, que hacían esto.
15 Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco,
y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?
16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando
sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera
que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
17 Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Efeso, así
judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era
magnificado el nombre del Señor Jesús.
18 Y muchos de los que habían creído venían, confesando y
dando cuenta de sus hechos.
19 Asimismo muchos de los que habían practicado la magia
trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la
cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de
plata.
20 Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del
Señor.
21 Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a
Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo:
Después que haya estado allí, me será necesario ver también a
Roma.
22 Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, Timoteo
y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia.
El alboroto en Efeso
23 Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño acerca del
Camino.
24 Porque un platero llamado Demetrio, que hacía de plata
templecillos de Diana, daba no poca ganancia a los artífices;
25 a los cuales, reunidos con los obreros del mismo oficio,
dijo: Varones, sabéis que de este oficio obtenemos nuestra
riqueza;
26 pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, sino
en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión,
diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos.
27 Y no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga
a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa
Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruida la
majestad de aquella a quien venera toda Asia, y el mundo entero.
28 Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron,
diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios!
29 Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al
teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros
de Pablo.
30 Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le
dejaron.
31 También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus
amigos, le enviaron recado, rogándole que no se presentase en el
teatro.
32 Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la
concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se
habían reunido.
33 Y sacaron de entre la multitud a Alejandro, empujándole los
judíos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, quería
hablar en su defensa ante el pueblo.
34 Pero cuando le conocieron que era judío, todos a una voz
gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios!
35 Entonces el escribano, cuando había apaciguado a la
multitud, dijo: Varones efesios, ¿y quién es el hombre que no
sabe que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la
gran diosa Diana, y de la imagen venida de Júpiter?
36 Puesto que esto no puede contradecirse, es necesario que os
apacigüéis, y que nada hagáis precipitadamente.
37 Porque habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos
ni blasfemadores de vuestra diosa.
38 Que si Demetrio y los artífices que están con él tienen
pleito contra alguno, audiencias se conceden, y procónsules hay;
acúsense los unos a los otros.
39 Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se
puede decidir.
40 Porque peligro hay de que seamos acusados de sedición por
esto de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar
razón de este concurso.
41 Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea.
Viaje de Pablo a Macedonia y Grecia
20
1 Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los
discípulos, y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y
salió para ir a Macedonia.
2 Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles
con abundancia de palabras, llegó a Grecia.
3 Después de haber estado allí tres meses, y siéndole
puestas asechanzas por los judíos para cuando se embarcase para
Siria, tomó la decisión de volver por Macedonia.
4 Y le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea, Aristarco y
Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia,
Tíquico y Trófimo.
5 Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas.
6 Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura,
navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en
Troas, donde nos quedamos siete días.
Visita de despedida de Pablo en Troas
7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos para
partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día
siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.
8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban
reunidos;
9 y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana,
rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba
largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue
levantado muerto.
10 Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y
abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo.
11 Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló
largamente hasta el alba; y así salió.
12 Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.
Viaje de Troas a Mileto
13 Nosotros, adelantándonos a embarcarnos, navegamos a Asón
para recoger allí a Pablo, ya que así lo había determinado,
queriendo él ir por tierra.
14 Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándole a bordo,
vinimos a Mitilene.
15 Navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de
Quío, y al otro día tomamos puerto en Samos; y habiendo hecho
escala en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto.
16 Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso,
para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día
de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.
Discurso de despedida de Pablo en Mileto
17 Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los
ancianos de la iglesia.
18 Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado
entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia,
19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas
lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los
judíos;
20 y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y
enseñaros, públicamente y por las casas,
21 testificando a judíos y a gentiles acerca del
arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor
Jesucristo.
22 Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén,
sin saber lo que allá me ha de acontecer;
23 salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da
testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.
24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida
para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el
ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del
evangelio de la gracia de Dios.
25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros,
entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más
mi rostro.
26 Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy
limpio de la sangre de todos;
27 porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.
28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que
el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la
iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.
29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio
de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.
30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas
perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.
31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche
y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.
32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de
su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia
con todos los santificados.
33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado.
34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario
a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido.
35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar
a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que
dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.
36 Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró
con todos ellos.
37 Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello
de Pablo, le besaban,
38 doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que
no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.
Viaje de Pablo a Jerusalén
21
1 Después de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo
directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara.
2 Y hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y
zarpamos.
3 Al avistar Chipre, dejándola a mano izquierda, navegamos a
Siria, y arribamos a Tiro, porque el barco había de descargar
allí.
4 Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y
ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a
Jerusalén.
5 Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos,
con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de
rodillas en la playa, oramos.
6 Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y
ellos se volvieron a sus casas.
7 Y nosotros completamos la navegación, saliendo de Tiro y
arribando a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos
quedamos con ellos un día.
8 Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos,
fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista,
que era uno de los siete, posamos con él.
9 Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.
10 Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de
Judea un profeta llamado Agabo,
11 quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y
atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu
Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien
es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles.
12 Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que
no subiese a Jerusalén.
13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y
quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a
ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor
Jesús.
14 Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo:
Hágase la voluntad del Señor.
15 Después de esos días, hechos ya los preparativos, subimos
a Jerusalén.
16 Y vinieron también con nosotros de Cesarea algunos de los
discípulos, trayendo consigo a uno llamado Mnasón, de Chipre,
discípulo antiguo, con quien nos hospedaríamos.
Arresto de Pablo en el templo
17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron
con gozo.
18 Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a
Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos;
19 a los cuales, después de haberles saludado, les contó una
por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su
ministerio.
20 Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya
ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y
todos son celosos por la ley.
21 Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a
todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de
Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen
las costumbres.
22 ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque
oirán que has venido.
23 Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro
hombres que tienen obligación de cumplir voto.
24 Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos
para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay
nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú
también andas ordenadamente, guardando la ley.
25 Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les
hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente
que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de
ahogado y de fornicación.
26 Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día
siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo,
para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación,
cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos.
27 Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos
judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la
multitud y le echaron mano,
28 dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre
que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y
este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo,
y ha profanado este santo lugar.
29 Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo,
de Efeso, a quien pensaban que Pablo había metido en el templo.
30 Así que toda la ciudad se conmovió, y se agolpó el
pueblo; y apoderándose de Pablo, le arrastraron fuera del templo,
e inmediatamente cerraron las puertas.
31 Y procurando ellos matarle, se le avisó al tribuno de la
compañía, que toda la ciudad de Jerusalén estaba alborotada.
32 Este, tomando luego soldados y centuriones, corrió a ellos.
Y cuando ellos vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de
golpear a Pablo.
33 Entonces, llegando el tribuno, le prendió y le mandó atar
con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho.
34 Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros
otra; y como no podía entender nada de cierto a causa del
alboroto, le mandó llevar a la fortaleza.
35 Al llegar a las gradas, aconteció que era llevado en peso
por los soldados a causa de la violencia de la multitud;
36 porque la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando:
¡Muera!
Defensa de Pablo ante el pueblo
37 Cuando comenzaron a meter a Pablo en la fortaleza, dijo al
tribuno: ¿Se me permite decirte algo? Y él dijo: ¿Sabes
griego?
38 ¿No eres tú aquel egipcio que levantó una sedición antes
de estos días, y sacó al desierto los cuatro mil sicarios?
39 Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de
Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero
te ruego que me permitas hablar al pueblo.
40 Y cuando él se lo permitió, Pablo, estando en pie en las
gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Y hecho gran silencio,
habló en lengua hebrea, diciendo:
22
1 Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante
vosotros.
2 Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más
silencio. Y él les dijo:
3 Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero
criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel,
estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de
Dios, como hoy lo sois todos vosotros.
4 Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y
entregando en cárceles a hombres y mujeres;
5 como el sumo sacerdote también me es testigo, y todos los
ancianos, de quienes también recibí cartas para los hermanos, y
fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que
estuviesen allí, para que fuesen castigados.
Pablo relata su conversión
(Hch. 9.1-19; 26.12-18)
6 Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco,
como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo;
7 y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo,
¿por qué me persigues?
8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo
soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.
9 Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se
espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.
10 Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo:
Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que
está ordenado que hagas.
11 Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado
de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.
12 Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley,
que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí
moraban,
13 vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe
la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo
miré.
14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para
que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su
boca.
15 Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que
has visto y oído.
16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate,
y lava tus pecados, invocando su nombre.
Pablo es enviado a los gentiles
17 Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el
templo me sobrevino un éxtasis.
18 Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de
Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.
19 Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en
todas las sinagogas a los que creían en ti;
20 y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo
mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y
guardaba las ropas de los que le mataban.
21 Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los
gentiles.
Pablo en manos del tribuno
22 Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz,
diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que
viva.
23 Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas y lanzaban polvo
al aire,
24 mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó
que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa
clamaban así contra él.
25 Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión
que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano
sin haber sido condenado?
26 Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno,
diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano
romano.
27 Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano
romano? El dijo: Sí.
28 Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta
ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento.
29 Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar
tormento; y aun el tribuno, al saber que era ciudadano romano,
también tuvo temor por haberle atado.
Pablo ante el concilio
30 Al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por la
cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó
venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio, y
sacando a Pablo, le presentó ante ellos.
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