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Elección de Lula

UNA FALSA ILUSIÓN PARA LLENAR EL VACÍO DE IZQUIERDA

Escribe: Horacio L., de Convergencia Socialista, Argentina 

Los 39 millones de votos volcados a favor de Lula, constituyen un fenómeno social y político de indudable trascendencia para Brasil y todo el continente.

Significa que mas de 50 millones de indigentes crónicos elevaron al plano de la conducta electoral su necesidad de expresarse políticamente.

El hecho es histórico, ya que por primera vez, la democracia burguesa ofrece su superestructura política como un espejo para que se reflejen de manera polarizada las diferencias de clase.

El veterano obrero metalúrgico se constituyó en polo de atracción electoral, poniendo a prueba el liderazgo social del proletariado industrial para convocar a la población y sus posibilidades de alcanzar el poder.

A pesar de que no se crearon organismos independientes y combativos de las bases, ni Lula ni el PT han estimulado el desarrollo de esos organismos democráticos de la clase trabajadora, sino que por el contrario impusieron por sobre ellos los mecanismos institucionales del Régimen para asegurar la convivencia pacífica, el triunfo electoral de Lula es hoy motivo de todas las expectativas teóricas y políticas.

Es lógico, ya que a todos preocupa determinar qué representa y a dónde conducirá ese triunfo.

Por nuestra parte, somos conscientes de que para entender la situación y no confundirse arrastrados por la presión ideológica de los grandes centros y medios orientadores de la opinión pública "globalizada", hace falta un análisis marxista. Antes que nada hay que ubicar el fenómeno de Brasil en una caracterización de conjunto.

Brasil, décima potencia mundial, con 170 millones de habitantes y 50 bajo la línea de pobreza, es una bomba de tiempo colocada a los pies del capitalismo mundial. Emerge como un nuevo y gigantesco factor de erosión social y política en un mundo conflictuado por la explotación imperialista en su momento de crisis terminal.

La extrema polarización social que se expresó electoralmente, no es el resultado de un "modelo" mal aplicado por un gobierno de la derecha, sino la consecuencia natural de un proceso de re-colonización de carácter mundial que hace estragos regionalmente en sus eslabones más débiles..

Si bien la aritmética electoral fortaleció al PT, ese fortalecimiento tiene mucho de apariencia, porque hará más evidente la impotencia de ese PT no revolucionario para reemplazar a la burguesía en la administración pacífica del Sistema, dejando al desnudo que Cardoso no fue la causa de los males actuales, sino apenas el resultado.

Y esos resultados no podrán cambiarse lavándole la cara a la derecha ni con los esfuerzos de una "izquierda" descafeinada cuyo método es viajar a Washington y a Buenos Aires para fortalecer el Mercosur, como proyecta hacer Lula.

Es por eso que la Iglesia, la burocracia sindical, y los oportunistas de centro derecha e izquierda, podrán ahora aprovechar el indudable repudio popular al desgastado Cardoso, para sacarle el mayor jugo posible al proyecto que oportunamente pergeñaron como salida electoral "progresista". Para ello, la táctica del "mal menor" aconsejó valerse del combativo "obrero metalúrgico" como una variante modernizada de la "reacción democrática", capaz de detener el derrumbe de las instituciones del régimen.

Por eso, evaluar el triunfo electoral de Lula, con todo lo apocalíptico que pueda presentarse, no pasa por su capacidad personal ni sus intenciones, sino por el quiebre y agotamiento de las viejas estructuras alternativas de la burguesía en el marco de la re-colonización.

Por eso consideramos efímero el fortalecimiento del PT y no apostamos su reconversión hacia la izquierda.

Por eso decimos que el vacío de izquierda ha sido cubierto con una falsa ilusión, porque Lula llega al gobierno haciendo entrega de todas las banderas originales y cercenando toda posibilidad de organización política autónoma e independiente de la clase trabajadora frente a la burguesía. Es un precio que transforma en "pírrico" el triunfo electoral de Lula, por más que le haya servido para capitalizar electoralmente el fracaso de los políticos tradicionales.

Esta es la contradicción esencial en la que se concreta hoy el éxito y el fracaso de Lula, ya que deberá utilizar el apoyo obrero y popular para sostenerse en el poder, sin dejar de administrar como gerente la re-colonización imperialista..

Esta predicción es la hipótesis consensuada tanto por la extrema derecha imperialista como por la extrema izquierda más combativa.

Hay todavía otros hechos igualmente significativos. El triunfo de Lula no se dio a caballo de una organización autónoma e independiente de la clase trabajadora a través de organismos de base o por fuera de los "cuerpos orgánicos" de la burocracia de la CUT o del Partido. Lejos de ello, y por lo que se informa, la marea electoral se produjo en el marco de la democracia burguesa, sin salir de sus carriles más típicos.

Ni la Deuda Externa, ni el ALCA, ni ninguna otra medida antiimperialista de alcance nacional y regional, fueron palancas de movilización utilizadas por Lula. En cambio sí lo fue el Mercosur, como señuelo para atraer a la "mayoría silenciosa" y como prenda de "buena letra" con las Empresas multinacionales.

Con semejante metodología y "programa" de acción, no se puede formular otra hipótesis que la de una masiva frustración de las masas emergentes de Brasil y latinoamericanas, cuyas consecuencias no son apreciada todavía, pero que hay que tener presente, ya que más que las definiciones ideológicas y estáticas sobre Lula y el PT, los revolucionarios deberán medir la dinámica objetiva y subjetiva que pueda desatarse para resolver estas contradicciones,

El dilema actual es determinar la táctica política más adecuada para favorecer esa dinámica en la relación de fuerzas sociales y la estrategia de creación de una dirección revolucionaria capaz de ganar liderazgo de masas.

Es en este punto donde se plantea la táctica para la Segunda Vuelta electoral del 28 de octubre.

No existiendo una fuerza política con liderazgo suficiente para influir de manera determinante en el corto y mediano plazo, solo queda la alternativa de exponer, propagandísticamente, ante un reducido número de activistas los conceptos más elementales de esa estrategia.

Se trata de cumplir con el objetivo de desnudar las falacias del Régimen y de sus voceros, y presentar la "alternativa" estratégica, para lo cual es necesario tener en claro las principales caracterizaciones.

Parece necesario actuar tácticamente así enfrentando críticamente las ilusiones de la mayoría ilusionada, preparándose para capitalizar - no hoy, sino mañana - el acierto de esas hipótesis y caracterizaciones. aunque esta táctica signifique quedar solos y momentáneamente aislados y al margen del éxito electoral.

Lula será una frustración. No hará más que acordonar, sofocar y controlar las luchas defensivas del proletariado y las clases medias, aumentando la pobreza, la marginalidad y la dependencia nacional.

Lula no es una dirección obrera revolucionaria, y eso es, justamente, lo único que en las actuales circunstancias de divisoria de aguas creada por la re-colonización, tornaría progresivo su acceso al gobierno.

Lula es el representante de una izquierda populista conciliadora y como tal el elegido para desarrollar una estrategia contrarrevolucionaria cuyo eje se monta entre Washington y el Vaticano.

Lula formará su gobierno con los representantes de la burguesía nacional, y extranjera, con los burócratas sindicales y los oportunistas de la izquierda "participativa"

Lula no es un paso" progresivo" hacia el enfrentamiento de masas con el imperialismo, sino un chaleco de fuerza para contener esa temible posibilidad de acción clasista independiente que es la que preocupa a la burguesía internacional.

Resistiendo todas las presiones sociales que se ejercerán contra nosotros, debemos decidir el voto táctico en la Segunda Vuelta.

Y ante esta dificultad, nos decidimos por el voto en blanco, como una manera de no comprometernos ideológica, política y metodológicamente con el carácter contrarrevolucionario que inevitablemente tendremos que denunciar enfrentando al gobierno de Lula.

Este voto en blanco tiene un carácter principista en cuanto sirve para el diálogo programático, de análisis y discusión con el activismo, y de ninguna manera intenta afirmar que Lula y Serra "son lo mismo" y que "nos da igual". No. Debe servir para marcar nuestra lucha por el objetivo estratégico de constituir una fuerza política autónoma, independiente y revolucionaria de la clase, porque ella es la única alternativa posible ante la crisis de dirección.

Toda otra variante es frustrar por un largo período la posibilidad histórica de la derrota imperialista. Y ello se pagará inevitablemente con más explotación miseria y sangre.

 8 de octubre: 2002.

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