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Editorial

¡No a la guerra de Bush!

En una demostración más de la altanería, la insolencia, la prepotencia y la bravuconada que caracterizan al señor George W. Bus, presidente de los EEUU, en el ejercicio de su función (no sabemos si personalmente también lo es, aunque sospechamos que sí) el día 16 de octubre firmó la declaración de guerra a Irak.

Rodeado por sus colaboradores más importantes, en un ambiente que tiene más de corte medieval que de recinto presidencial de una democracia burguesa, la televisión lo mostró satisfecho por haberle dicho al mundo y a todos que "la democracia, la justicia, la libertad, el reconocimiento al derecho ajeno, el respeto a la discrepancia, el ejercicio de la tolerancia, ... , soy yo."

La realidad es otra, totalmente distinta. Veamos lo que escribió Germán Gutiérrez, en la Revista PASOS, Segunda Época, Nº 98, Noviembre-Diciembre del 2001, publicación del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI), San José, Costa Rica..

" ... en mayo del 2001, se había dado a conocer que EE.UU. había perdido su puesto en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y en la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. La propia Asociación Americana de Juristas había denunciado ante la Comisión de Derechos Humanos la violación generalizada y persistente de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales en EEUU de América, agravada por el hecho de que sus gobernantes consideran que dicho país puede colocarse por encima y al margen del derecho internacional, y había instado a la Comisión a ...expresar su profunda preocupación por este estado de cosas y a indicar al Gobierno de ese país que el derecho internacional y los derechos humanos existen para ser respetados por todos los Estados Miembros de la comunidad internacional, grandes y pequeños, sin excepción alguna.". Más adelante, agrega: " Es de sobra conocido que EE.UU. no se ha adherido a los acuerdos internacionales de derechos humanos vigentes, entre otros: al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, a ninguno de los dos Protocolos del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, a la Convención contra el Apartheid, a la Convención sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad, a la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, a la Convención contra el tráfico de personas y explotación de la prostitución de terceros, a la Convención sobre el estatuto de los refugiados, a la Convención sobre los derechos de los trabajadores migrantes y sus familias, ni a la Convención de Ottawa de 1997 que prohíbe las minas antipersonales.

No respeta el protocolo de Kioto sobre reducción de la contaminación de la atmósfera. Tampoco aprueba la creación de una Corte Penal Internacional, pese a que sus nacionales tendrán garantizada la impunidad, el tribunal depende del Consejo de Seguridad de la ONU. Sobre más de 170 Convenios de la Organización Internacional del Trabajo, EE.UU. adhirió sólo a 12 -no a los principales-, rechazando los números 87, sobre libertad sindical, 98 sobre el derecho de negociación colectiva y 138 sobre edad mínima (trabajo de menores).

Formuló reservas a numerosos artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; por ejemplo, al artículo 6.5, que prohíbe la aplicación de la pena capital a menores de 18 años y al artículo 20, que prohíbe la propaganda de guerra y la apología del odio nacional, racial o religioso (¡en nombre de la libertad de expresión!). Junto con Somalia es el único país del mundo que no ratificó la Convención de los Derechos del Niño, a pesar que 300.000 niños en EE.UU. son objeto de prostitución, y que casi todos los Estados de la Unión juzgan a los menores como adultos (12 menores víctimas de pena de muerte en los últimos 10 años).".

Todo lo anterior es el reflejo de la profunda descomposición que afecta a los EEUU. La misma no es otra cosa que el reflejo directo de la profunda crisis que tiene el capitalismo y que nos permite afirmar que vivimos en la época del capitalismo agotado. Ese capitalismo agotado, intenta, entre otras cosas, paliar dicha crisis por medio de la guerra y el necesario crecimiento de las actividades económicas ligadas a la misma. No olvidemos que EEUU es el más grande fabricante de armas, en especial las de alta tecnología. Que es el más grande vendedor de armas de todo tipo particularmente las de última generación. Que es el que más invierte en Investigación y Desarrollo en cuestiones militares (desde municiones hasta aspectos de logística) y debe, por lo tanto, experimentar en el campo concreto los productos de tales emprendimientos.

El drama, para EEUU, es que, una vez reconstruido el mundo "unipolar", la guerra sólo es posible contra el movimiento de masas. Y éste responde, con su actual nivel de conciencia, con las "armas" que encuentra en su caminar. El Salvador, Venezuela, Brasil, son los escenarios que hoy aparecen en nuestros artículos. A los pueblos de esos países, se le suman los intelectuales, científicos, artistas y personas en general, de EEUU y de Latinoamérica, que firman los manifiestos - que publicamos - en contra de la guerra de Bush.

Definitivamente, la altanería, la insolencia, la prepotencia y la bravuconada, no fueron características de los estadistas que - para cada época de la historia de la humanidad - construyeron el presente. Tampoco de los hacedores del futuro.

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