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30 consejos frente al peligro de las avalanchas de nieve
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El ser humano no es un ser adaptado a la Alta Montaña, es un ser que vive
principalmente fuera de ella (entornos urbanos, rurales,...), en los cuales las normas de
supervivencia distan mucho de las normas de subsistencia que son necesarias en la misma.
Es por ello, que para su supervivencia en la Alta Montaña, el ser humano necesita
conocer y comprender una serie de pautas y comportamientos que le permitan hacer un uso
óptimo y placentero de la misma.
Los aludes no son sino el desplome de una o varias capas de nieve que no se han
asentado sobre la superficie de una pendiente (de hierba, piedras o incluso otra capa
de nieve). Y los aludes suceden principalmente en la Alta Montaña. Las
próximas normas o consejos tienen el objetivo de dar a conocer aquella
información que nos puede ser de utilidad en caso de encontrarnos con una
avalancha. Seguirlas, puede que nos salve la vida.
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a) Antes de salir
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Estudiar la travesía a realizar (mediante previa visita en meses de verano,
sobre el mapa o consultando fuentes de información bibliografía,... especializadas).
Intentar realizar recorridos que pasen por lugares con muy bajo o nulo riesgo de
aludes.
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Seguir y hacer caso a las fuentes de información meteorológicas y
de riesgo de aludes. El riesgo de aludes se mide en un rango de 1 a 5. A partir de 3,
el peligro se vuelve considerable, por lo que puede ser conveniente replantearnos trasladar
la realización de la travesía a otras fechas o sino a otras zonas
montañosas en las cuales no pongamos en peligro nuestras vidas. ¿Cuáles
han sido las condiciones meteorológicas los últimos días? ¿Ha
nevado recientemente?
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No salir nunca sólo a la montaña, y mucho menos en los meses
invernales y en Alta Montaña, temporada en la cual la travesía o
recorrido a realizar está totalmente cubierta por el manto blanco.
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b) En caso de llegar a un lugar de riesgo
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Los aludes surgen generalmente en laderas sin ninguna o escasa vegetación
o piedras que puedan impedir que la nieve caída resbale hacia el fondo del valle.
En caso de llegar a un lugar de riesgo, o a una zona en la cual se intuye puede haber
peligro, intentar evitarlo ascendiendo si es posible por otras vías de ascenso
(rutas alternativas): cresteríos pedregosos, o progresando por laderas a media
altura en zigzags largos y extendidos.
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Abrigarse con toda la ropa de invierno que tengamos (cerrar las cremalleras de
nuestras chamarras, colocarnos los guantes y el gorro...), con el fin de evitar una
hipotermia en caso de ser atrapado por una avalancha.
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Estudiar la forma, tamaño y características del valle con el fin
de conocer las diferentes salidas de escape posibles en caso de ocurrir un alud.
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La presencia de otros grupos de montañeros progresando en laderas nevadas,
no debe ser un factor que nos anime a seguir por ellas. No confiar en los pasos dados
por grupos de montañeros que nos preceden en la progresión.
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Ten en cuenta la fortaleza y la condición física de los
compañeros que forman tu grupo. Si alguien está cansado, hambriento, o
incluso tiene frío, es posible que no esté haciendo uso de su mejor juicio
a la hora de valorar las decisiones críticas que se han de tomar en la
montaña.
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La existencia de pequeñas avalanchas en una zona determinada es una
señal de advertencia del peligro de incidencia de avalanchas mayores.
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Permanece constantemente atento a los cambios atmosféricos (tiempo,
temperatura,...) de la zona, particularmente si tu excursión va a durar
más de unas pocas horas.
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Considera llevar material y equipo de rescate en avalanchas: tus propias balizas,
sondas telescópicas, palas plegables, como equipo necesario en tu mochila. Cavar con
las manos o con una pala plegable, puede ser la diferencia que permita rescatar a un
compañero con vida.
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(Si no nos es posible evitarla), al pasar por la zona de riesgo, llevar todos los
anclajes de los esquíes, mochila y dragoneras de bastones y piolets sueltos, con el
fin de poder deshacernos rápidamente de ellos en caso de surgir una avalancha. Estos
elementos no hacen sino arrastrar hacia el fondo de la nieve al montañero que los
lleva puestos.
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Al ir en grupo, los montañeros ascenderán (o descenderán)
uno a uno y en solitario por la zona de peligro, situándose lo más lejos
posible del tobogán potencial que la posible avalancha pudiera tomar, para
así minimizar el riesgo de ser atrapado por la misma. El resto de
compañeros se quedarán en una zona resguardada y libre de peligro con el
objeto de atender y socorrer al compañero en caso de quedar éste
accidentado. Éstos, habrán de calcular la zona por la cual el
montañero accidentado se detiene después de ser arrastrado, para poder
así acudir en su ayuda en el más breve espacio de tiempo posible.
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c) En caso de ser arrastrado por un alud
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Deshacerse del material que tengamos o llevemos puesto y nadar (sí, nadar)
intentando permanecer en la parte superior del alud y a favor de la corriente de nieve que nos arrastra. Habiendo estudiado el valle, intentar salir de la
corriente central y dirigirse hacia uno de los lados en busca de una zona de escape.
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Intentar asirnos a una árbol u otro tipo de asidero para evitar que el alud nos
arrastre valle abajo.
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Conforme nos vamos deteniendo poco a poco, adoptar una postura recogida (en forma
de bola), ofreciendo la mínima superficie corporal en contacto con la nieve,
evitando una hipotermia y guardando la mayor cantidad de calor corporal posible. Tener en cuenta que
conforme nos vamos deteniendo, los escombros y la nieve se apilan de manera que incluso, pueden
tomar una consistencia tan dura como la del cemento.
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A pesar de estar hundidos bajo la nieve, es conveniente conocer que bajo la nieve
siempre existe algo de aire que nos permite respirar. Primeramente y ante todo, mantener
la calma. Las avalanchas desorientan frecuentemente al montañero accidentado en
el conocimiento de la verticalidad de su posición (de si está boca arriba o
si está boca abajo). Una vez nos hemos detenido, escupir e incluso orinarnos,
pueden ayudarnos a conocer si estamos boca arriba o boca abajo, de pie o tumbados.
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Taparse la boca y vías respiratorias, para que no se llenen de nieve.
Introducirse un pañuelo en la boca puede ser una buena solución, o sino, taparse
la cara con las manos y mover la cabeza para obtener espacio alrededor. Intentar hacer
hueco con nuestros pies y manos (aplastando la nieve que tenemos en frente de nuestra cabeza), y
conociendo la dirección a la cual nos tenemos que dirigir, intentar hacernos paso dentro de la nieve.
Cuando una avalancha se para, tenemos entre uno y tres segundos en hacernos un hueco para respirar. Muchas de
las muertes en avalanchas suelen ser por asfixia. Por ello, crear un espacio de aire enfrente de nosotros
en una operación crítica que debemos realizar. Respira profundamente y expande tus pulmones, pues
es posible que no puedas respirar después de que la nieve se ha asentado.
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Si somos lo suficientemente afortunados
como para parar casi en la superficie (con sólo un metro o metro
y medio encima de nuestras cabezas), puede quizás ser posible que salgamos a la
superficie por nuestro propio pie. Sacar un pie o brazo fuera de la superficie para que nuestros
compañeros nos puedan rescatar.
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No gastar nunca las fuerzas en gritar si nuestros compañeros no acuden en
nuestra ayuda. Sólo en caso de oír sus llamadas de socorro, responder a
las mismas con la mayor calma posible. Ante todo mantener la calma, pues se guardarán fuerzas y
se podrá aguantar un mayor espacio de tiempo bajo la nieve. La nieve es una muy buena aislante del sonido.
Sólo cuando tengas los compañeros en las cercanías, podrás
oírlos para responder y solicitar su ayuda.
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d) En caso de que algún compañero haya quedado atrapado
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Una vez que la avalancha ha terminado, esperar uno o dos minutos para ver que
el peligro ha desaparecido. Si todavía existe peligro, colocar un compañero ojo avizor a posibles nuevas avalanchas que puedan
suceder en el mismo lugar.
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Si estamos en un grupo de varios compañeros, llamar a los servicios
de socorro (vía teléfono móvil, radio de dos metros..., o sino enviar una persona)
en busca de más medios de socorro. Si eres el único montañero que no ha sufrido la avalancha, echar un
rápido vistazo. Si no ves nada, o no tenéis ARVAs, ve rápidamente en busca de ayuda.
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Estudiar dónde ha comenzado el alud, cual ha sido su recorrido y hasta
donde ha podido descender la víctima arrastrada por éste. Buscar señales en la ladera
(ropa, mochilas, bastones), o una mano o un pie (muestra que el compañero accidentado
está cerca de la superficie). A pesar de que puede que la ropa encontrada en el alud no nos dé
la localización exacta del compañero, ésta no puede ayudar a ver la progresión que el montañero ha
tenido mientras ha descendido. No confundir nuestras propias mochilas con la de nuestros compañeros accidentados.
Dejar a un lado el material que no vamos a utilizar.
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Una vez que hemos encontrado a nuestro compañero, señalar el lugar en donde ha
quedado enterrado. Rescatarlo tan pronto como sea posible. Su supervivencia depende de una rápida
maniobra de ayuda.
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En el caso de que no tengamos señal alguna de la víctima, marcar el lugar en donde
fue vista por última vez. Imaginar el camino que habría seguido ladera abajo.
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En el caso de tener ARVAS, colocarlos en posición de búsqueda, y
dentro del nerviosismo y gravedad de la operación, realizar la misma con el mayor
orden y calma posible.
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En el caso de tener sondas, empezar en donde la víctima fue vista por última vez.
Si se tiene una buena idea de donde puede estar, empezar por ahí. Caminar hombro con hombro, ladera
abajo en la búsqueda de nuestros compañeros.
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Está demostrado que una víctima de alud puede sobrevivir bajo
la nieve un periodo de unos 15 minutos. Los primeros 15 minutos pues, son de una vital
importancia.
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e) La tecnología, el material y la formación pueden ayudar
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De sobra es conocido que llevar material de sobra en invierno, no está
nunca de más. Además de una correcta vestimenta, piolet, crampones,
raquetas, una cuerda o un cordino, palas portátiles, la utilización de ARVAs
(detectores en caso de aludes, generalmente utilizados en la práctica del
esquí de travesía) puede ser de gran ayuda en la detección de
accidentados en aludes:
Palas portátiles. El uso de una pala ligera y portátil puede
disminuir el tiempo de rescate de una víctima, siendo crucial para evitar que ésta muera de asfixia o de frío.
Sondas telescópicas. Las sondas que recogidas miden unos 30 cm y extendidas miden
de metro y medio a dos metros de longitud son elementos indispensables en el rescate de víctimas de
avalanchas cuando no existen señales de las mismas. Al ser telescópicas y además, ligeras,
permiten su transporte mientras visitamos la montaña.
ARVAs. Los transceptores, más conocidos como ARVAs, son el medio más rápido y seguro
de rescate de una víctima. El aparato emite una señal en una frecuencia determinada, y permite a otros
ARVAs leer la señal, y guiar al rescatador en la búsqueda del montañero enterrado. Pero, el requisito
indispensable es que tanto la víctima como los rescatadores han de estar equipados con uno. Y aun más,
la víctima ha de tenerlo encendido en modo de emisión: no es será la
primera vez que una víctima de alud ha fallecido por asfixia debido a que tenía el ARVA conectado en modo de
recepción.
Recuerda que son necesarios más de un ARVA, es más, sería conveniente un ARVA por
montañero con el objeto de asegurar que siempre, en el caso de suceder un alud, habrá un montañero que
podrá rescatar a sus compañeros. De todas maneras, un bajo número de receptores o un grupo
de avance compacto en la zona de riesgo, puede hacer que los mismos sean de escasa o
poca utilidad. Las normas arriba indicadas permiten hacer un uso óptimo de ellos
en caso de surgir un accidente.
El uso de los ARVAs requiere práctica. Su uso consiste en dibujar cada vez círculos más pequeños
alrededor del lugar que nos da la señal hasta buscar su centro. Asegúrate que si llevas uno sabes utilizarlo.
El tiempo de rescate de víctimas de alud, es clave en su supervivencia. La experiencia
ha demostrado que sólo aquellas víctimas que son rescatadas dentro de los 15 ó 30 primeros minutos consiguen
salir con vida. Por ello, un rescate rápido es indispensable para su supervivencia y un ARVA es una buena herramienta
para ello.
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Consulta los Cursos de Prevención de Riesgo de Aludes que la Escuela de
Alta Montaña de tu Federación organiza todos los años. Ellos te
enseñarán qué normas y pautas has de seguir para evitar caer en
una de estas trampas mortales.
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