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Año
837 de la fundación de Roma.
El
cruel Domiciano gobierna un vasto imperio que se extiende desde
Babilonia hasta el Finis Terrae de Hispania. Este territorio sobrevive
gracias a la lealtad de las legiones y de los miles de esclavos
que extraen docenas de miles de libras de oro de las minas hispanas
de Gallaecia.
El
senador Caio Plinio Segundo envía a su liberto Severo hasta
el Magno Puerto de los Ártabros, en el confín del
mundo conocido. En esta remota isla galaica ha recalado la flota
del gobernador Agrícola, quien prepara la invasión
de Caledonia, en el norte de Britania. La misión de Severo
es entregarle a una misteriosa dama una importante mensaje que podría
cambiar el destino de Roma.
Severo se ve implicado en el mayor robo de la antigüedad. El
botín consiste en 20.000 libras de oro procedentes de las
minas de Medulium.
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