A la memoria de los presbíteros don Mariano Gómez (85 años), don José Burgos (30 años) y don Jacinto Zamora (35 años); ejecutados en el patíbulo de Bagumbayan el 28 de febrero de 1872.
La Religión, al negarse a degradaros, ha puesto en duda el crimen que se os ha imputado; El Gobierno, al rodear vuestra causa de misterio y sombras, hace creer en algún error, cometido en momentos fatales, y Filipinas entera, al venerar vuestra memoria y llamaros mártires, no reconoce de ninguna manera vuestra culpabilidad.
En tanto, pues, no se demuestre claramente vuestra participación en la algarada caviteña, hayáis sido o no patriotas, hayáis o no abrigado sentimientos por la justicia, sentimientos por la libertad, tengo derecho a dedicaros mi trabajo como a las víctimas del mal que trato de combatir. Y mientras esperamos que España os rehabilite un día y no se haga solidaria de vuestra muerte, sirvan estas páginas como tardía corona de hojas secas sobre vuestras ignoradas tumbas, y todo aquel que sin pruebas evidentes ataque vuestra memoria, que en vuestra sangre se manche las manos.