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Existen muchas
leyendas acerca de vampiros. Sin embargo existen documentos oficiales que
demuestran la existencia de una auténtica vampira del Siglo XVII. Elizabeth
Bathory.
Elizabeth Bathory nacio en 1560 en una de las mejores familias de Transylvania.
Tenia muchos parientes poderosos, un cardenal, un principe, y un primo que era
el primer ministro de Ungaria. El más famoso de su familia era tal vez el Rey de
Polonia Steven.
Elizabeth se caso con el Conde Ferencz Nasdasdy, a la edad de 15 años, sin
embargo ella conservo el apellido. Ellos vivian en el castillo Csejthe en Nyitra.
El conde tenia fuertes batallas. Su apodo era "El
heroe negro de Hungaria", mientras el estaba
afuera, el sirviente de Elizabeth, Thorko la introdujo al ocultismo.
Elizabeth no podia soportar el dominio de su suegra, ella empezo a torturar las
chicas de la servidumbre con la ayuda de su vieja enfermera Iioona Joo, y sus
otros complices, el mayordomo Johannes Ujvary, Thorko, un leñador llamado
Darvula y una bruja: Dorottya Szentes.
En 1600, Ferencz muere y empieza el verdadero periodo de atrocidades de
Elizabeth, para empezar mando lejos a su suegra. Ella era bastante vanidosa y
temia a hacerse vieja y perder la belleza.
Un dia por accidente una chica de la servidumbre le jalo un cabello mientras la
peinaba, Elizabeth le apreto la mano tan duro a la chica que empezo a desangrar,
cuya sangre cayó en la mano de Elizabeth. En el instante ella sintió, en su piel
una frescura que nunca habia sentido, ella estaba segura de que habia
descubierto el secreto para la eterna piel joven!!!. Ella le dijo a su mayordomo
y a Thorko que ataran a la sirvienta, la ataron, la cortaron y llenaron una tina
con su sangre. Elizabeth se baño en ella para hacer bello todo su cuerpo.
Durante los 10 siguientes años, el impulso del mal de Elizabeth la provello de
nuevas chicas para sacarles la sangre en rituales y para sus baños de sangre.
Pero una de sus víctimas de escapo y le dijo a las autoridades lo que estaba
pasando en el castillo Csejthe. El Rey Mathias de Hungaria le ordeno al primo de
Elizabeth, el Conde Cuyorgy Thurzo, governador de la provincia que investigara
el castillo.
En Diciembre 30, de 1610, ellos registraron el castillo. Quedaron horrorizados
por las terribles cosas que vieron ahí: Una chica muerta en la recamara,
desangrada y otra via que su cuerpo tenia hoyos, en el calabozo descubrieron
muchas mujeres vivas, entre las cuales algunas habian sido agujeradas, abajo del
castillo exhumaron los cuerpos de alrededor de 50 mujeres.
Elizabeth fue puesta en arresto, en su propia casa. Tuvo un juicio en 1611 en
Bicse, se nego a declararse culpable o inocente y nunca aparecio al juicio. Un
manuscrito del juicio, aun sigue en Hungaria! El mayordomo Johannes Ujvary,
testifico que habian sido asesinadas alrededor de 37 mujeres solteras, 6 de las
cuales trabajaban en el castillo; las victimas eran atadas hacia arriba y
cortadas con tijeras; algunas veces las dos brujas torturaban a las mujeres, o
hasta la Condesa misma. La vieja enfermera de Elizabeth testifico que alrededor
de 40 mujeres habian sido torturadas y asesinadas. Toda la gente que estuvo
involucrada en los asesinatos se les corto la cabeza y se les cremo, exeptuando
la Condesa y las dos brujas. Las dos complices brujas se les rompieron los
dedos, y fueron quemadas vivas.
La corte nunca hizo convicta a la Condesa Elizabeth de ningun crimen. Unos
constructores, fueron al castillo y pusieron paredes en ventanas y puertas
dejando a la Condesa adentro. Dejaron un pequeño hueco por donde se le pasaba
comida. El rey Mathias II demandaba la muerte para Elizabeth, pero debido a su
primo el primer ministro, el rey acordo una indefinida condena, que significaba
confinamiento a solas para toda la vida.
En 1614, 4 años desde que la atraparon entre paredes, uno de los guardias queria
ver a esa famosa belleza. Y vió su demacrada cabeza en el suelo. Elizabeth
Bathory, "La Condesa Sangrienta"
estaba muerta.
Existen algunas conecciones entre los Bathory y los Drácula. El comandante de la
expedición que ayudó a Drácula a a regresar al trono en 1476 era el principe
Steven Bathory. Un pariente de Drácula, del castillo de Fagaras, tuvo mucho que
ver con los Bathory durante el tiempo de Elizabeth. Las dos familias tenian un
diseño de dragón en sus escudos.
Otro detalle fue que la Condesa, cuando tenia entre 4 y 5 años tenia ataques
violentos. No creo que haya sido epilepsia, tal vez otro desorden neurológico
explique ese comportamiento.
La Sala de Torturas
Salvo algunas
inferencias barrocas, tales como la "Virgen
de Hierro", la muerte por agua o la jaula, la
condesa adhería a un estilo de torturar monótonamente clásico que se podría
resumir así: Se escogían varias muchachas altas, bellas y resistentes, su edad
oscilaba entre los 12 y los 18 años, y se las arrastraba a la sala de torturas
en donde esperaba, vestida de blanco en su trono, la condesa. Una vez
maniatadas, las sirvientas las flagelaban hasta que la piel del cuerpo se
desgarraba y las muchachas se transformaban en llagas tumefactas; les aplicaban
los atizadores enrojecidos al fuego; les cortaban los dedos con tijeras o
cizallas; les punzaban las llagas; les practicaban incisiones con navajas (si la
condesa se fatigaba de oír gritos les cosían la boca; si alguna joven se
desvanecía demasiado pronto se la auxiliaba haciendo arder entre sus piernas
papel embebido en aceite). La sangre manaba como un geiser y el vestido blanco
de la dama nocturna se volvía rojo. Y tanto, que debía ir a su aposento y
cambiarlo por otro (¿en qué pensaría durante esa breve interrupción?). También
los muros y el techo se teñían de rojo. No siempre la dama permanecía ociosa en
tanto los demás se afanaban y trabajaban en torno a ella. A veces colaboraba, y
entonces, con gran ímpetu, arrancaba la carne, en los lugares más sensible,
mediante pequeñas pinzas de plata, hundía agujas, cortaba la piel de entre los
dedos, aplicaba a las plantas de los pies cucharas y planchas enrojecidas al
fuego, fustigaba (en el curso de un viaje ordenó que mantuvieran de pie a una
muchacha que acababa de morir y continuó fustigándola aunque estaba muerta);
también hizo morir a varias con agua helada (un invento de su hechicera Darvulia
consistía en sumergir a una muchacha en agua fría y dejarla en remojo toda la
noche).
En fin, cuando se enfermaba las hacía traer a su lecho y las mordía. Durante sus
crisis eróticas, escapaban de sus labios palabras procaces destinadas a las
supliciadas. Imprecaciones soeces y gritos de loba eran sus formas expresivas
mientras recorría, enardecida, el tenebroso recinto. Pero nada era más espantoso
que su risa. (Resumo: el castillo medieval; la sala de torturas; las tiernas
muchachas; las viejas y horrendas sirvientas; la hermosa alucinada riendo desde
su maldito éxtasis provocado por el sufrimiento ajeno.) ... sus últimas
palabras, antes de deslizarse en el desfallecimiento concluyente, eran:
"Más, todavía más, más
fuerte!". No siempre el día era inocente, la
noche culpable. Sucedía que jóvenes costureras aportaban, durante las horas
diurnas, vestidos para la condesa, y esto era ocasión de numerosas escenas de
crueldad. Infaliblemente, Dorkó hallaba defectos en la confección de las prendas
y seleccionaba a dos o tres culpables (en ese momento los ojos lóbregos de la
condesa se ponían a relucir). Los castigos a las costureritas -y a las jóvenes
sirvientas en general- admitían variantes.
Si la condesa estaba en uno de sus excepcionales días de bondad, Dorkó se
limitaba a desnudar a las culpables que continuaban trabajando desnudas, bajo la
mirada de la condesa, en los aposentos llenos de gatos negros. Las muchachas
sobrellevaban con penoso asombro esta condena indolora pues nunca hubieran
creído en su posibilidad real. Oscuramente, debían de sentirse terriblemente
humilladas pues su desnudez las ingresaba en una suerte de tiempo animal
realzado por la presencia "Humana"
de la condesa perfectamente vestida que las contemplaba. Esta escena me llevó a
pensar en la Muerte -la de las viejas alegorías; la protagonista de la Danza de
la Muerte. Desnudar es propio de la Muerte. También lo es la incesante
contemplación de las criaturas por ella desposeídas.
Pero hay más: el desfallecimiento sexual nos obliga a gestos y expresiones del
morir (jadeos y estertores como de agonía; lamentos y quejidos arrancados por el
paroxismo). Si el acto sexual implica una suerte de muerte, Erzébet Báthory
necesitaba de la muerte visible, elemental, grosera, para poder, a su vez, morir
de esa muerte figurada que viene a ser el orgasmo.
Pero, ¿quién es la Muerte? Es la Dama que asola y agosta cómo y dónde quiere.
Sí, y además es una definición posible de la condesa Báthory. Nunca nadie no
quiso de tal modo envejecer, esto es: morir. Por eso, tal vez, representaba y
encarnaba a la Muerte.
Porque, ¿cómo ha de morir la Muerte? Volvemos a las costureritas y a las
sirvientas. Si Erzébet amanecía irascible, no se conformaba con cuadros vivos,
sino que: A la que había robado una moneda le pagaba con la misma moneda ...
enrojecida al fuego, que la niña debía apretar dentro de su mano. A la que había
conversado mucho en horas de trabajo, la misma condesa le cosía la boca o,
contrariamente, le abría la boca y tiraba hasta que los labios se desgarraban.
También empleaba el atizador, con el que quemaba, al azar, mejillas, senos,
lenguas ...
Cuando los castigos eran ejecutados en el aposento de Erzébet, se hacía
necesario, por la noche, esparcir grandes cantidades de ceniza en derredor del
lecho para que la noble dama atravesara sin dificultad las vastas charcas de
sangre.
Durante seis años la condesa asesinó impunemente. En el transcurso de esos años,
no habían cesado de correr los más tristes rumores a su respecto. Pero el nombre
Báthory, no sólo ilustre sino activamente protegido por los Habsburgo,
atemorizaba a los probables denunciadores.
Hacia 1610 el rey tenía los más siniestros informes (acompañados de pruebas)
acerca de la condesa. Después de largas vacilaciones, decidió tomar severas
medidas. Encargó al poderoso palatino Thurzó que indagara los luctuosos hechos
de Csejthe y castigase a la culpable.
En compañía de sus hombres armados, Thurzó llegó al castillo sin anunciarse. En
el subsuelo, desordenado por la sangrienta ceremonia de la noche anterior,
encontró un bello cadáver mutilado y dos niñas en agonía. No es esto todo.
Aspiró el olor a cadáver; miró los muros ensangrentados; vio la
"Virgen de Hierro",
la jaula, los instrumentos de tortura, las vasijas con sangre reseca, las celdas
-y en una de ellas a un grupo de muchachas que aguardaban su turno para morir y
que le dijeron que después de muchos días de ayuno les habían servido una cierta
carne asada que había pertenecido a los hermosos cuerpos de sus compañeras
muertas ...
La condesa, sin negar las acusaciones de Thurzó, declaró que todo aquello era su
derecho de mujer noble y de alto rango. A lo que respondió el palatino: ... te
condeno a prisión perpetua dentro de tu castillo. Desde su corazón, Thurzó se
diría que había que decapitar a la condesa, pero un castigo tan ejemplar hubiese
podido suscitar la reprobación no sólo respecto a los Báthory sino a los nobles
en general.
Mientras tanto, en el aposento de la condesa, fue hallado un cuadernillo
cubierto por su letra con los nombres y las señas particulares de sus víctimas
que allí sumaban 610 ...
En cuanto a los secuaces de Erzébet, se los procesó, confesaron hechos
increíbles, y murieron en la hoguera. La prisión subía en torno suyo. Se muraron
las puertas y las ventanas de su aposento. En una pared fue practicada una
ínfima ventanilla por donde poder pasarle los alimentos. Y cuando todo estuvo
terminado erigieron cuatro patíbulos en los ángulos del castillo para señalar
que allí vivía una condenada a muerte. Así vivió más de tres años, casi muerta
de frío y de hambre. Nunca comprendió por qué la condenaron.
El 21 de Agosto de 1614, un cronista de la época escribía: Murió hacia el
anochecer, abandonada de todos. Ella no sintió miedo, no tembló nunca. Entonces,
ninguna compasión ni admiración por ella. Sólo un quedar en suspenso en el
exceso del horror, una fascinación por un vestido blanco que se vuelve rojo, por
la idea de un absoluto desgarramiento, por la evocación de un silencio
constelado de gritos en donde todo es la imagen de una belleza inaceptable. Como
Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory
alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una
prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible.
Asesinos: Erzsébet Bathory, "La Condesa Sangrienta"
El caso de este
personaje resulta verdaderamente interesante para la historia del crimen en
serie, partiendo en un principio del hecho que sea una de las pocas mujeres que
haya asesinado de una manera tan cruel ... a cerca de 650 niñas. Además de una
perversión sádica y sexual, la Condesa Elizabeth Báthory sentía especial
atracción por la sangre, y no sólo se contentaba de beberla, como es habitual en
los llamados asesinos vampíricos, sino que se bañaba en ella con el fin de
impedir que su piel envejeciese al paso de los años. Nace en 1560 en el seno de
una de las más ricas familias húngaras.
Si bien pertenecía a la más ilustre y distinguida aristocracia, siendo su primo
Primer Ministro de Hungría, y su tío Rey de Polonia, también existen
antecedentes esotéricos entre los miembros de su familia, como pueden ser un tío
adorador de Satán y otros familiares adeptos a la magia negra o la alquimia,
entre los que se puede contar a la propia Báthory, ya que desde su infancia
había sido influida por las enseñanzas de una nodriza que se dedicaba a las
prácticas brujeriles. Cuando sólo contaba con 15 años se casa con un noble, el
conde Nadasdy, gran guerrero conocido como "El
Héroe Negro", y se van a vivir en un solitario
castillo en los Cárpatos. El conde no tarda en ser reclamado en una batalla, por
lo que se ve obligado a dejar sola a Elizabeth por un tiempo. Al cabo de muchos
momentos en espera de su marido, ésta se aburre por el continuo aislamiento al
que estaba sometida, y se fuga para mantener una relación con un joven noble al
que las gentes del lugar denominaban "El Vampiro"
por su extraño aspecto.
En breve regresa de nuevo al castillo y empieza a mantener relaciones lésbicas
con dos de sus doncellas. Desde ese momento, y para distraerse de las largas
ausencias de su marido, comienza a interesarse sobremanera por el esoterismo,
rodeándose de una siniestra corte de brujos, hechiceros y alquimistas.
A medida que pasaban los años, la belleza que la caracterizaba se iba
degradando, y preocupada por su aspecto físico pide consejo a la vieja nodriza.
Ésta, le indica que el poder de la sangre y los sacrificios humanos daban muy
buenos resultados en los hechizos de magia negra, y le aconseja que si se bañaba
con sangre de doncella, podría conservar su belleza indefinidamente ...
En esa época, la Condesa tubo su primer hijo, al que siguieron tres más, y si
bien su papel maternal le absorbía la mayor parte del tiempo, en el fondo de su
mente seguían resonando las palabras tentadoras de la nodriza:
"Belleza Eterna".
Al principio intentó alejarlas de sí, posiblemente no por falta de deseo o
valor, sino por temor a las consecuencias de cara a la aristocracia, pero años
más tarde cuando su marido fallece no tarda en probar los placeres sugeridos por
la bruja.
Al poco tiempo moriría su primera víctima: Una joven sirvienta estaba peinando a
la Condesa, cuando accidentalmente le dio un tirón. Ésta, en un ataque de ira le
propinó tal bofetada que la sangre de la doncella salpicó su mano. Al mirar la
mano manchada de sangre, creyó ver que parecía más suave y blanca que el resto
de la piel, llegando a la conclusión que su vieja nodriza estaba en lo cierto y
que la sangre rejuvenecía los tejidos.
Con la certeza de que podría recuperar la belleza de su juventud y conservarla a
pesar de sus casi cuarenta años, mandó que cortasen las venas de la aterrorizada
sirvienta y que metiesen su sangre en una bañera para que pudiera bañarse en
ella.
A partir de ese momento, los baños de sangre serían su gran obsesión, hasta el
punto de recorrer los Cárpatos en carruaje acompañada por sus doncellas en busca
de jóvenes hembras a quienes engañaban prometiéndoles un empleo como sirvientas
en el castillo. Si la mentira no resultaba, se procedía al secuestro drogándolas
o azotándolas hasta que eran sometidas a la fuerza.
Una vez en el castillo, las víctimas eran encadenadas y acuchilladas en los
fríos sótanos bien por un verdugo, un sirviente o por la propia Condesa,
mientras las víctimas se desangraban y llenaban su bañera. Una vez dentro de la
pila, hacía que derramasen la sangre por todo su cuerpo, y al cabo de unos
minutos, para que el tacto áspero de las toallas no frenase el poder de
rejuvenecimiento de la sangre, ordenaba que un grupo de sirvientas elegidas por
ella misma lamiesen su piel. Si estas mostraban repugnancia o recelo, las
mandaba torturar hasta la muerte. Si por el contrario reaccionaban de forma
favorable, la Condesa las recompensaba.
En algunas ocasiones, las víctimas que le parecían más sanas de mejor aspecto
eran encerradas durante años en los sótanos para ir extrayendo pequeñas
cantidades de sangre mediante incisiones afín que la dueña del castillo pudiera
bebérsela.
Por otro lado, las calaveras y los huesos eran también aprovechados por los
hechiceros del castillo, convencidos que sólo un sacrificio humano podía dar
buenos resultados para realizar sus experimentos alquímicos.
Durante once años, los campesinos aterrados veían el carruaje negro con el
emblema de la Condesa Báthory rastrear el pueblo en busca de jóvenes, que
desaparecían misteriosamente dentro del castillo y que nunca volvían a salir.
Los cuerpos sin vida eran sepultados en las inmediaciones del castillo, hasta
que finalmente, sea por pereza o descuido, tan sólo los arrojaban al campo para
que las alimañas acabasen con ellos. Algunos aldeanos no las tenían todas
consigo por los gritos estremecedores que se oían salir del lugar, y se
empezaron a extender rumores por todo el pueblo de que algo raro sucedía en el
castillo.
Finalmente estos pueblerinos empiezan a rondar por las inmediaciones, en dónde
se encuentran con los restos de más de una docena de cuerpos sin vida. Éstos
armaron una revuelta insistiendo que el castillo estaba maldito y era además una
residencia de vampiros, quejándose ante el propio soberano. Atacar a una familia
de poder en esa época era algo verdaderamente difícil, y sobre todo si como en
este caso, el acusado además de ser una persona distinguida entre la nobleza
tenía amigos igual de poderosos por todas partes.
Por ese motivo, el emperador comienza por no prestar atención a las quejas de su
pueblo, pero finalmente envía una tropa de soldados que irrumpen en el castillo
en 1610. Al entrar, los soldados encuentran en el gran salón del castillo un
cuerpo pálido y desangrado de mujer en el suelo, otro aún con vida pero
terriblemente torturada, que había sido pinchada con un objeto para extraerle la
sangre, y una última ya muerta tras ser salvajemente azotada, desangrada y
parcialmente quemada. En los alrededores del castillo, desentierran además otros
cincuenta cadáveres. En los calabozos, se encuentran a gran cantidad de niñas,
jóvenes y mujeres aún en vida a pesar que algunos de ellos tenían señales de
haber sido sangrados en numerosas ocasiones. Una vez éstos liberados, sorprenden
a la Condesa y a algunos de sus brujos en una de las habitaciones del castillo
en medio de uno de estos sangrientos rituales. Rápidamente son detenidos y
conducidos a la prisión más cercana. Los crímenes sádicos de Báthory habían
durado aproximadamente diez años.
En el juicio, sobraban pruebas para condenar a Elizabeth Báthory culpable de los
múltiples crímenes cometidos, pues no sólo se habían encontrado ochenta
cadáveres sino que los guardias estaban de testigos para declarar que la habían
visto matar con sus propios ojos. Ésta confesaría haber asesinado junto con sus
hechiceros y verdugos, a más de 600 jóvenes y haberse bañado en "Ese fluido
cálido y viscoso afín de conservar su hermosura y lozanía".
Le seducía el olor de la muerte, la tortura y las orgías lesbianas. Decía que
todo lo mencionado poseía un "Siniestro Perfume".
Sus cómplices fueron condenados culpables, unos decapitados y otros quemados en
la hoguera. Báthory, aún contando con el privilegio de pertenecer a la nobleza y
ser amiga personal del rey Húngaro, fue condenada por éste mismo a una muerta
lenta: la emparedaron en el dormitorio de su castillo, dejándole una pequeña
ranura por la cual le daban algunos desperdicios como comida y un poco de agua.
Murió a los cuatro años de permanecer en esa tumba, sin intentar comunicarse con
nadie ni pronunciar la mínima palabra. Fue una especie de suicidio, de repente
dejó de tocar alimento alguno y fallece en 1614 cuando contaba con 54 años.
Resulta curioso señalar un paralelismo entre esta mujer y otro vampiro histórico
muy conocido: Gilles de Rais, pues aunque éste cometió sus crímenes dos siglos
antes, procedían de manera muy similar: Ambos pertenecían a la alta nobleza. Él
era homosexual y ella lesbiana (de ahí que sus víctimas fuesen principalmente
mujeres), y lo más sorprendente e inquietante es que tanto los sirvientes de uno
como de otro participaban en los macabros baños de sangre.