MIS COMIENZOS


    Me gustaría contarles en estas lineas sobre como llegue a practicar Ki Aikido. Como es una historia un tanto larga, tal vez pueda interesarles leerla off-line.

    Antes de todo me presentare. Me llamo Antonio Scotti y nací en Roma en 1964.
Desde muy joven he estado interesado en las artes marciales orientales, ya que veía en ellas un medio para alcanzar cierta seguridad en mi mismo, gracias a la practica física y marcial en si, pero también me interesaba el trasfondo filosófico y espiritual en que la mayoría de ellas esta envuelta.
    Así que empecé mi practica a los 13 años con un estilo de Kung Fu en Roma, el Wingtsun, dirigido por un maestro francés. Era la época de las películas de Bruce Lee y practicar Kung Fu estaba muy de moda. A pesar de que encontraba muy interesante esta practica, no duro mucho tiempo. Dependía "todavía" de mi familia, el gimnasio estaba lejos de mi casa y mis amigos, con los cuales había empezado, también lo habían dejado. Así que pasaron unos tres años antes de que volviera a practicar artes marciales, hasta un día en que me enteré de un gimnasio, cerca de mi casa, donde se enseñaba Karate Wado  Ryu, un estilo de Karate más científico y moderno respecto a estilos más tradicionales como el Karate  Shotokan.
    Me apasioné mucho a este arte y seguí practicándolo durante unos 6 años seguidos, con alguna que otra interrupción a causa de pequeñas lesiones. Fue una época muy bonita, la practica me entusiasmaba, me lo pasaba muy bien con mis compañeros de dojo y mi maestro era un tipo muy experto. Debo decir que gracias a la practica del Karate y de algunos compañeros de practica, me introducí gradualmente a la filosofía de las artes marciales y sus raíces espirituales como el Budismo y el Taoísmo.
No llegué a ser un practicante de ninguna de estas religiones, pero sus principios me influenciaron profundamente y me propuse practicar con el objetivo de profundizar más en mi mismo, de usar el Karate como medio de desarrollo personal. Desgraciadamente (o afortunadamente ...) llegó un momento, ya estaba en los 22 años de edad, en que no estaba más en condiciones de practicar a causa de unos agudos dolores lumbares, que aparecieron de repente un día en que me levantaba para ir a clase a la universidad. Estuve en estas condiciones durante más de año y medio sin que ningún medico supiese acertar la causa de estos dolores, que me impedían cualquier tipo de actividad deportiva. Un buen día, me decidí a probar un método de medicina "alternativa" que consistía en sesiones de masaje shiatsu y yuki, compaginándolas con un régimen alimenticio basado en la teoría macrobiótica ... pues por muy increíble que pueda parecer al cabo de nueve sesiones estaba como nuevo, o casi. Los fuertes dolores lumbares se habían ido y estaba nuevamente en condición de hacer actividad física. Lo que no había podido la medicina oficial si lo había hecho la medicina "alternativa". De todas formas, ya no estaba tan seguro de que quería seguir practicando Karate. Durante esos largos meses de inactividad física, empece a replantearme mi practica del Karate como camino de vida y practica marcial. Veía  claramente que lo más importante en la enseñanza del Karate, tal comolo había aprendido yo era prepararse para las competiciones. Había estado practicando Karate con maestros de muy alto nivel, conocidos a nivel internacional y lo único que les importaba eran las competiciones. Los aspectos más exotérico de la practica, tal y como se leía en algunos libros nunca se tocaban en los entrenamientos. La práctica en si además, era bastante violenta para el cuerpo, al que se le obligaba a hacer ejercicios que van en contra de su naturaleza. Por consecuencia, era muy habitual contraer lesiones durante las sesiones de entrenamiento, para no hablar de los posibles golpes durante los kumite...
    Así que un buen día, en la época justo después de recuperarme, me llama un viejo amigo, Paolo Scarani, invitándome a ir a un seminario de Ki Aikido en Roma (donde yo aun vivía), dirigido por un maestro japonés "muy bueno"*. Estuvimos bastante rato al teléfono, el explicándome todo lo que sabia acerca de este arte - nuevo para mi - hasta que me convenció a seguirle al seminario, que tendría lugar al cabo de unos días. Sabia muy poco de Aikido (gracias a algunos videos), y menos aún de Ki Aikido. Es más, tanta era mi ignorancia y estupidez, que de lo poco que sabia acerca de ello me había creado unos prejuicios que me habían hecho clasificar como un arte marcial secundaria ya que "PARECIA QUE LOS PRACTICANTES VOLASEN PERO NUNCA SE TOCABAN". ¿Que eficacia o interés podía tener un arte marcial en la que no se practica el combate, al estilo del Karate o del Kung Fu? pensaba yo. Evidentemente me equivocaba...y mucho!
De todas formas, gracias a las profusas explicaciones de mi amigo Paolo -el estaba literalmente entusiasmado- empece a modificar mis apresuradas valoraciones y a vislumbrar en el Ki Aikido el tipo de practica que realmente estaba buscando. Tenia que ir a comprobarlo por mi mismo!
    El destino quiso que yo me encontrara en Roma justo en los días en que se organizaba el seminario, ya que frecuentemente viajaba a Salerno, adonde estudiaba informática en la Universidad omonima.
Llega así el día del seminario. El tatami estaba montandose por debajo de una gran carpa verde cuando yo llegue. Había un gran movimiento de personas a su alrededor, algunas de ellas estaban colocando las ultimas colchonetas del tatami.
    Mientras paseaba, esperando que empezase el seminario, podía oír los distintos y coloridos acentos de los participantes que venían de varias regiones italianas del centro-norte. Era la primera vez que asistía a un seminario de artes marciales, estabamos en abril de 1986.
Yo no lo tenia muy claro lo de practicar, pero Paolo me convenció a subir en el tatami juntos con todos los demás practicantes, prestándome además un gi, que luego me regaló.
    Por fin llega el maestro japonés, vestido con su gi blanco y su hakama negra y empieza la practica. La practica preveía unos "extraños ejercicios" de empujarse ligeramente unos a otros (a turno) y tratar de encontrar la estabilidad, había otros en los que una persona trataba de doblar el brazo extendido de su compañero y este sin hacer esfuerzo alguno debía tratar de mantener el brazo extendido. De vez en cuando el maestro se detenía en profundas explicaciones sobre el significado del Ki y su aplicación práctica en la vida cotidiana, con varios ejercicios que guiaban los alumnos a experimentar por si mismos cuanto explicaba.
    Llega el momento de practicar las técnicas de Aikido utilizando los principios explicados minutos antes. Enseguida comprendí que todos los años de practica de Karate no me servían de mucho, a la hora de practicar esas técnicas. En la mayoría de ellas había proyecciones y yo nunca había aprendido a caer así que decidí apartarme de la clase y me senté fuera del tatami para observar como seguía la cosa. Debo confesar que me sentía bastante inútil al ver como todos los demás proyectaban sus compañeros y eran proyectados  por ellos por todas partes sin hacerse el mínimo daño. Los movimientos del maestro y de los alumnos de nivel más alto eran muy armóniosos y precisos. Raramente llegaba a producirse alguna colisión entre la persona que atacaba y el atacante. Con una simplicidad y destrezas absolutas, el maestro reducía al suelo o proyectaba al uke de turno y acto seguido este ultimo estaba otra vez de pie para llevar a cabo el siguiente ataque, como si no hubiese pasado nada. En fin, me quede fascinado con lo que veía. Comprendí que eso era el tipo de practica que había estado buscando durante esos meses de inactividad. Decidí que tenia que practicar Ki Aikido. Pero como iba a hacerlo?
En esta época era todavía estudiante en la universidad de Salerno (a pocas decenas de km. al sur de Nápoles) aun viviendo en Roma y no había dojos de Ki Aikido ni en Roma ni en Salerno y todos los dojos de Ki Aikido en Italia, estaban localizados de Florencia hacia arriba. ¿Qué hacer? me preguntaba. Llegue a la conclusión de que si quería realmente practicar Ki Aikido, en aquel momento, debía buscarme un dojo en una ciudad cuya universidad tuviera la carrera de informática entre sus cursos. Y así fue. Gracias a mi amigo Paolo, que conocía bastante bien el mundillo del Ki Aikido en Italia, conocí al que seria mi primer maestro, el maestro Rocco Mileto (2º dan entonces y 4º ahora) en la ciudad de Turín. Me traslade de Roma a Turín (y de la universidad de Salerno en el profundo sur, a la de Turín en el gran norte industrial italiano) en setiembre de 1987.
    Fue una decisión que cambio drásticamente mi vida. En Turín encontré unas personas increíblemente abiertas, entre los compañeros del dojo, que me ayudaron desde los primeros momentos a insertarme en el tejido de la vida turinesa y favorecieron mis primeros pasos en el mundo de la practica de la unificación de la mente y del cuerpo. Hay algo especial en la practica del Ki Aikido que nunca había encontrado en otras disciplinas que
había practicado anteriormente, y es la cooperación entre los alumnos y la idea de progresar todos juntos, alumnos y maestro, dentro y fuera del tatami.
Esto no es casual sino parte fundamental del adiestramiento y ayuda a progresar mucho mas rápidamente que cuando uno esta enfocado solo en su proprio trabajo. Cuando estoy practicando con mi compañero mi atención esta constantemente sobre el y la suya sobre mi. Si le hago un test, no empujo su cuerpo y al mismo tiempo estoy pensado en cualquier otra cosa sino que estoy atento a lo que sucede como consecuencia del test, y le ayudo a comprender (si es necesario) que es lo que ha fallado. La idea del test, es de establecer algún tipo de comunicación sutil a través del contacto físico y la atención. Así mismo, cuando ejecuto un ataque, para que nage pueda efectuar realmente la técnica que esta entrenando, es necesario que toda mi atención este sobre el en todo momento hasta que se produzca la proyección y incluso una vez en el suelo sigo enviando el ki hacia el. Esta forma de practicar, produce unos progresos muy rápidos en cualquier practicante y también fomenta la creación de lazos fuera del dojo.
    Me quede en Turín, durante 3 años y medio, es decir hasta que terminé la carrera y en 1991 ya estaba en Barcelona donde se abría una nueva etapa de mi vida y de mi práctica del Ki Aikido que dura hasta hoy en día.
 

*El maestro japonés del día de mi primer seminario era el maestro Kenjiro Yoshigasaki 8º Dan, alumno directo de Koichi Tohei (fundador del Ki Aikido) dinamizador de la practica del Ki Aikido en Europa Sudamerica y del cual soy alumno directo.


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