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Nacido
en Madrid, el hno. Escribá creció en un
entorno influenciado por la Compañía de
Jesús. Sin embargo, su motivación surgió
a partir de su amistad con un jesuita apellidado Lorenzo,
quien tenía un hermano en el Perú que
le enviaba cartas. Las misivas del jesuita despertaron
la imaginación del joven José María,
quien por entonces contaba con tan sólo 16 años.
El origen
A estas alturas se hace indispensable una breve referencia
a la Compañía de Jesús. La orden
fue fundada en 1534 por san Ignacio de Loyola y reconocida
por el Papa Pablo III en 1540. Desde entonces viene
desempeñando su labor, que se ha extendido prácticamente
por todos los rincones del mundo.
La finalidad de la orden ha sido desde un inicio reunir
a hombres de toda raza y nación dispuestos a
comunicar el mensaje de Cristo al mundo. Este ideal
se expresa como "defensa de la fe y promoción
de la justicia que la misma exige". Esta fe de
los jesuitas se fortalece con los Ejercicios Espirituales,
uno de los legados más importantes de san Ignacio.
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San
Ignacio de Loyola
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Detalle
del monograma IHS. El símbolo nunca fue asumido
como escudo oficial de la Comapñía, pero
en la práctica pasó a ser su insignia.
Es una abreviatura de IHSOYS, nombre de Jesús
en griego.
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Los
primeros padres redactaron la Fórmula del Instituto,
documento que establece las normas generales de la orden.
Además de ella, los jesuitas se rigen por las Constituciones,
compuestas por san Ignacio a lo largo de toda su vida
y que son consideradas expresión de su espíritu.
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Su labor
La palabra magis, o más en castellano, impregna
toda la doctrina jesuita. Tal como reza el lema de la
orden, Ad maiorem Dei gloriam (a mayor gloria de Dios),
la labor de los jesuitas se concentra donde haya más
necesidad, donde el mal sea más manifiesto, donde
las obras sean más urgentes. Esto se debe a que
el carisma jesuita lleva a los miembros de la orden a
no conformarse con lo convencional, sino a buscar siempre
el mayor servicio a Dios.
En
ese sentido, la enseñanza a todo nivel social,
el ejercicio del ministerio con los pobres y enfermos
y las misiones en el extranjero a pedido del Papa han
ocupado siempre un lugar esencial entre las tareas de
la orden. De hecho, la Compañía fue la primera
en realizar estas actividades de manera oficial. |
La
férrea obediencia de los jesuitas al Papa motivó
el rechazo de los dirigentes de varios países,
y su entusiasmo por las reformas eclesiásticas
les ganó el odio del clero. Estas razones, junto
con el compromiso de la orden con los ideales de las Constituciones,
han originado a lo largo de la historia un rechazo constante.
Esta tensión encontró su punto más
álgido el 21 de julio de 1773, cuando el Papa Clemente
XIV suprimió la orden mediante una bula. Entonces
los jesuitas se vieron obligados a refugiarse en Prusia
y Rusia, cuyos gobernantes hicieron caso omiso del documento
papal. Finalmente, en 1814 el Papa Pío VII restauró
la Compañía.
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Modo
de gobierno
Todos los jesuitas deben obediencia al superior de comunidad
inmediato, que es el Superior Provincial, quien a su
vez está subordinado al Prepósito o Superior
General, quien gobierna desde la Curia General de Roma.
Actualmente, ese cargo lo ocupa el P. Peter-Hans Kolvenbach,
quien dirige la Compañía desde 1983.
El máximo órgano legislativo de la Compañía
es la Congregación General (C.G.), que reúne
a los 220 jesuitas más representativos del mundo.
Por lo general, la C.G. se reúne cuando fallece
el Superior General para elegir su reemplazo, pero no
es el único motivo. La última C.G. fue
en 1995.
La compañía se rige por un gobierno espiritual,
donde prima la recta intención, el diálogo
fraterno y la comunicación continua. Según
estos principios, todos los jesuitas tienen una conversación
con su respectivo Superior Provincial por lo menos una
vez al año. Este ejercicio, denominado cuenta
de conciencia, permite que los superiores nombren a
las personas más idóneas para cada puesto.
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Iglesia
de la Compañía de Jesús en el Cuzco
(1661-1668)
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