Biografía

El hermano José María Escribá de la Ventilla nació en Madrid en 1933. la parroquia de su vecindario era llevada por jesuitas, y desde niño asistió al colegio parroquial. A raíz de su amistad con el hermano Lorenzo se despertó en él la vocación religiosa.
A los 18 años pasó a formar parte de un grupo de jóvenes aspirantes a ingresar a la Compañía de Jesús. En 1951 entró al noviciado de Aranjuez. Dos años después comenzó el juniorado y en 1955 profesó los votos simples. Fue por esa época que el superior le propuso viajar como misionero al Perú. Animado por el espíritu de aventura, Escribá no lo pensó dos veces y se embarcó junto con once compañeros en un barco italiano rumbo al Perú.
A su llegada a Lima fue destinado a la residencia de la iglesia de Fátima, en Miraflores. Esto le cayó como un baldazo de agua fría: vino en busca de aventura y se vio obligado a estar recluido en Miraflores.
En 1960, tras una conversación con el Superior Provincial, Felipe Mc Gregor, fue enviado a la Selva. En vista que se acercaba su incorporación definitiva a la Compañía, Escribá le exigió al Provincial conocer la provincia (El Perú) "para saber a qué se comprometía".
Entonces el fue enviado a la misión San Francisco Javier del Marañón, en la zona nor-oriental del Perú. La zona abarca Jaén, San Ignacio y el alto Marañón; su límite es el pongo de Manseriche. Allí permaneció, en medio de los aguarunas, por seis años.
Entre otras peripecias de su estadía, cayó enfermo nada más llegar. Hasta ahora no está seguro de lo que tuvo, pero deduciendo a raíz de los síntomas cree que fue paludismo. En otra ocasión, cuando Mc Gregor estaba de visita, compartieron una sopa de fideos como cena navideña.
A su salida de la Selva tuvo que ir a Bolivia para hacer un curso que tenía como finalidad la Tercera Probación, última etapa de la formación jesuita. El viaje, por aire, mar y tierra fue toda una odisea, pues su puesto de misión, Santa María de Nieva, estaba en lo más profundo de la Selva.
En 1966 fue destinado a Piura. Dos años después viajó a España, pues hacía trece años que no veía a su familia. A su regreso, Escribá fue enviado al colegio La Inmaculada. Posteriormente se hizo cargo del PEBAL como administrador general, puesto que ocupa hasta hoy.

Keny Romero Mesa / Periodismo Digital PUCP 2004-II
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