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Nuevo Cuento desde Los Angeles

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Las historias siempre me han fascinado. Historias cortas repletas de grandiosos personajes que en un momento son capaces de evocar mil cosas en la mente...

Este primer cuento lo ha escrito mi buena amiga Ana Belén, de Madrid, España, que ahora vive y escribe en Los Angeles. Su primera novela será publicada muy pronto. ¡Un anticipo de su buen hacer!:

CORAZÓN

Después de una y otra vez, otra vez y una, y dos veces, y tres, me cansé. Todo el día y todos los días preguntas. Preguntas est�pidas, preguntas con codazo, preguntas que le meten a una como si fuera la cuchara del jarabe, a la fuerza y sin piedad. Mi trabajo no es ese, me dije un día, y desde ese día ese trabajo no fue mío. Y me dediqué a mi oficio, que es pintar, es pintar, y dejé de responder a preguntas sobre mis pinturas. Me negué, no voy a ir, a ir a las fiestas de mis exposiciones. Me negué, me niego, a enseñar a nadie mis bocetos, excepto a mis amigos, después de hacerles jurar sobre la enciclopedia del arte que se guardasen para sí las dudas. Se quiere saber el porqué, el de qué manera, el antes y el después, el centro y el epicentro, el claro y el oscuro, la mentira y la verdad. Sobre todo la mentira. Asumen que yo todo lo sé. Y, ¿yo qué sé? Saber, comprender, entender... Yo sólo sé de un color azul profundo aquí, un amarillo triste allá, una boca abierta en esta cara, unos ojos cerrados en aquel niño. Sigo los impulsos del corazón, por cada latido una pincelada, por cada litro de vida un rayo de luz... Yo soy la mirada de los soñadores, las lágrimas verdes, los pechos rosados y los labios rojos.

Subida en una plataforma a mil metros de la jauría de lobos dirijo el lápiz a través del muro un lunes por la mañana. Es el primer día de las seis semanas del contrato que el ayuntamiento ha firmado conmigo. Un mural libre, dicen. Una oportunidad sin precio, añaden. Un mural libre... , pero no libre de interrupciones. Los lobos, desde las barandillas que cada vez se van acercando más, me preguntan: "Mariana, ¿por qué ya no pinta historias de amor frustradas?"; "¿es cierto que su marido y usted se casaron como Dios los trajo al mundo?"; "¿este mural será el reflejo de un mundo de maridos más jóvenes que sus mujeres como el suyo?"; "¿cuánto le han pagado, a la de una, por confundir a nuestros jóvenes, a la de dos, con este mural, y a la de tres?"...

A mí me da la risa cuando a sus espaldas me río. Que no me cuesta nada contestar, dicen. Que este es un mural libre, les digo. Primero llaman al alcalde que llega de negro con una vaca en los hombros y una sopa de palabras en la boca: comprensión, fideo, promoción, guisante, colaboración, cubito de caldo. Después llaman al ministro que no llegó siquiera a eructar. Y luego al presidente, que los invitó a tomarse unas vacaciones en su casa de campo. A mí me da la risa y pinto una risa con los dientes bonitos.

Por fin terminé y dejaron entrar a la jauría de lobos con sus cámaras que todo lo analizan. "Una montaña con sus ríos y sus flores en el vientre de una madre, un corro de niños alrededor de un naranjo, gente que pasea y se besa y hace el amor en un parque,...", describían los periódicos. "Hasta ahora lo que era de esperar de Mariana. Pero lo que ha roto los esquemas de todo el gremio de críticos ha sido lo siguiente: cada retrato del mural lleva en el pecho un corazón de cristal que se enciende y se apaga. Todos los corazones laten al mismo ritmo: el ritmo del corazón de la artista misma. Y, ¿cómo es posible?, ¿es posible?, se preguntaba el p�blico en la inauguración. 'Yo se lo voy a explicar a todos ustedes', anunció ella desde la tarima. 'Ahora llevo un microfonito unido a la pared de mi corazón que recibe los latidos y los emite por unas ondas de radio. Estas llegan a cada corazón de cristal y estimulan la bombillita que cada uno lleva dentro'. Eso quiere decir que cuando Mariana tiene el pulso acelerado los corazones de cristal de sus retratos latirán con más fuerza y cuando ella esté dormida sus retratos dormirán con ella. Es la conexión más directa que jamás un artista haya conseguido con su obra. Mariana nos ha vuelto a sorprender a todos".

...

Ayer por la mañana me sentí ansiosa sin razón alguna. Cosas del alma. Sin embargo, luego tuve que dejar la brocha, tengo sueño, y echarme un rato, y a pesar de que Alberto me hiciera un café estuve somnolienta, tengo sueño, toda la tarde hasta que hicimos el amor. Esta mañana, ¿esta mañana?, me he puesto de unos nervios horribles primero. Después me he reído sin saber por qué y me han entrado unas ganas locas de bailar alrededor de la mesa del comedor. Alberto me ha preguntado si me encontraba bien y le dije, sí, que nunca me había sentido tan contenta en mi vida, sí, y le pregunté que si quería hacer el amor, sí. Estando en la cama abrazados entre mil gemidos góticos de pronto me puse a llorar y una pena infinita me ahogó la garganta. "Algo te pasa, Mariana", dijo Alberto de rodillas al lado de la cama, "y voy a descubrirlo".

Alberto me llevó en brazos hasta el coche y me quedé dormida mientras conducía... "�Despierta, despierta, Mariana, despierta!", oía a Alberto pedirme a voces, pero yo no conseguía, tengo sueño, despertar y poco a poco volví, sueño, a caer en un sueño profundo, tengo sueño.

Seg�n Alberto me contó luego, Alberto me contó, me había llevado al mural de los corazones luminosos y estuvo a punto de morirse al ver que cada uno de los corazones llevaba un ritmo diferente a todos los demás. Su primer impulso fue romper los corazones, pero afortunadamente se dio cuenta de que eso significaría mi muerte. Mi muerte. La alternativa era abrirme el pecho y sacarme el micrófono de mis entrañas, pero no había tiempo para llevarme al hospital. Instantes después Alberto me abría una fisura en el pecho, me abrió el pecho, con una navaja, pero, a pesar de sacarme el micrófono y destruirlo aplastándolo con el tacón de su zapato, las luces de los corazones de cristal seguían latiendo con luz propia. Entonces, horrorizado con aquella visión, huyamos, me tomó en brazos, me sentó en el coche, huyamos, y huimos de allí.

Hoy todavía siguen latiendo los corazones del mural a un ritmo com�n como si nada hubiese ocurrido, como con vida y emociones propias, y hoy me pregunto por qué, y me pregunto, y me pregunto y pienso y no encuentro el por qué de lo que me pregunto.

Ana Belén Vega
Los Angeles, CA

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