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Por la época en que se casó la Maga, volví a ser
novio de Lilana. Yo ya había aprendido a sentir la sexualidad de una
manera diferente de lo que con ella había creído que era posible. Para
esta ocasión, la maga me había enseñado que lo sexual puede ser más bello
que la ternura infantil del primer amor.
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Esa segunda relación (me refiero al segundo
noviazgo con Liliana) duró poco más de un año, desde octubre de 1973 hasta
diciembre de 1974. Y, ya lo dije, en ese entonces la maga ya me había
enseñado a besar y acariciar los cuerpos.
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De ese noviazgo tengo cosas bellas que contar.
Empezó en una tarde de octubre en que sus papás y sus hermanas estaban
fuera de la ciudad. La encontré de manera algo casual, y la saludé un poco
más cariñosamente que de costumbre; inmediatamente me dijo que me invitaba
a su casa con Gloria, una de sus amigas, a que nos tomaramos "unos rones".
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cuando llegué, Gloria estaba allí. Pero,
discreta, se quedó escuchando música mientras nosotros nos besábamos en la
otra sala.
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Quedé aterrado por el ardor que demostró. Ella,
que siempre fué inexpresiva, metía su lengua en mis orejas y sobaba su
pelvis contra mis muslos; En mis oídos, ¡su respiración parecía la máquina
de un buque!
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Era la primera vez que mis manos tocaban la tela
de sus calzoncitos (la Maga sabe que soy un fetichista irremediable). Era
la primera vez que mi piel sentía el contacto de sus pechos pequeñitos
(ella también sabe que mis dedos, más que para esculpir, fueron hechos
para tocar). Y fue la primera vez que supe que ella, siempre santa,
también era capaz de sentir el morbo que, años antes, la Maga me había
enseñado a derramar sobre la piel de de una hembra.
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