Los Oasis

 

            Los oasis son para el desierto, como el Amor para los hombres.

            Los oasis son un grito de esperanza en el coraz�n de los peregrinos del desierto; los oasis si bien no son una meta, son una agradable parada en la austera superficie del desierto. Son, como su nombre indica: Descanso. Un descanso en el largo y a veces tortuoso caminar de la Vida.

            Hay diferentes tipos de oasis, y diferentes reacciones que suscitan en el peregrino; as� como oasis de diferentes tama�os y diferentes caracter�sticas.

            El primer contacto que tiene un peregrino con un oasis es cuando lo divisas en el horizonte, como una visi�n celestial que ipso facto sana todas las heridas del agotado y desesperanzado caminante. Esa primera visi�n nos salva de las tinieblas, nos llena de esperanza y de vida, a la vez que siembra una sonrisa en nuestro curtido rostro despu�s de tantas jornadas de desolaci�n.

            Esta impresi�n podr�amos equipararla a la de la visi�n del Amor. Cuando una persona que lleva muchas jornadas en soledad, donde la vida le parece ardiente como si de las propias arenas del desierto se tratara, la irrupci�n en su horizonte de un ser que pueda desencadenar el amor en su interior es similar a la antes descrita. Esa visi�n de un posible amor, de una persona amada que impulsa a su coraz�n a volverse incandescente, es una luz celestial; un b�lsamo para cualquier herida, por muy profunda que sea.

            El Amor es el remedio para todas las enfermedades; tanto f�sicas, mentales y espirituales. Y nada se resiste ante su imagen. El Amor es la raz�n de Ser de todo ser humano. Por este motivo, la vida de uno se convierte en desierto cuando no hay Amor; pues al igual que all� donde hay luz no puede haber oscuridad, igualmente all� donde hay Oasis (Amor) no puede haber desierto alguno.

            He ah� la importancia de esta primera visi�n de un oasis en el horizonte, pero tambi�n hay que tener mucho cuidado y mantener los pies firmes en la tierra, pues esta primera visi�n es un arma de doble filo: puede salvarte o destruirte. Pues a veces suele suceder que esa visi�n no es m�s que un espejismo, un enga�o diab�lico creado por el calor y la neblina. Ante esta situaci�n, el explorador caer� rendido en la desesperaci�n, y posiblemente morir� a no ser que se trate de un sujeto de gran fortaleza.

            Esto lo podemos aplicar a el Amor no correspondido; a esas situaciones en las que nos enamoramos perdidamente de una persona, sin antes haber llegado a poner un pie dentro del oasis; es decir, sin antes habernos asegurado de que nuestro amor es correspondido. Entonces... llega la Desolaci�n, y el �descenso a los infiernos�. Esta experiencia es de las m�s traum�ticas que existen en el desierto, ya que no hay nada m�s doloroso sobre la faz de la tierra, que el Amor no correspondido, pues lo �nico que hace es dejarte un profundo vac�o en el coraz�n, sin devolverte nada a cambio; ni siquiera un preciado recuerdo que te haga sonre�r en las noches oscuras. Te consume, te devora; y jam�s te devuelve el amor que tu has dado.

            Esta experiencia destroza an�micamente al caminante, pues le ha sido arrebatada delante de sus propios ojos, la �nica esperanza de supervivencia. Despu�s de esto, s�lo hay dos opciones: La primera es morir. La segunda es albergar un chispa de esperanza y seguir adelante.

           Hay algunos experimentados exploradores del desierto que han vivido esta experiencia cuatro o cinco veces, y han sobrevivido a ellas gracias a su gran resistencia, pero el precio a pagar a sido muy elevado, pues su alma qued� destrozada; y s�lo tras un largo periodo de reposo en un oasis adecuado pudieron cerrar las grotescas cicatrices de su coraz�n. Pero debido a que el coraz�n es de la naturaleza del Ave F�nix, capaz de resurgir de sus cenizas, pudieron reincorporarse a su camino, m�s sabios, bellos y fuertes que antes; pues lo que se aprende por fuego, queda grabado en el alma.

            Si por el contrario, tenemos la suerte de que esa visi�n primera no sea un espejismo, y logremos entrar al oasis, estaremos de suerte; habremos encontrado un Amor correspondido, y a eso se le llama: Felicidad. Felicidad asegurada durante un periodo determinado, pues nuestra alma se habr� salvado de morir tostada en las c�lidas arenas del desierto.

            Despu�s de esto, y de haber pasado ese primer momento de euforia, habr� que hacer una exploraci�n del oasis para ver cuales son sus recursos de agua y comida disponibles. Todos los oasis son diferentes, algunos tendr�n pocos recursos y otros muchos; otros ser�n de poca y otros de gran belleza; pero cada uno nos dar� lo que necesitemos en cada momento.

            Algunos oasis ser�n muy peque�os y con muy pocos recursos, por lo que nuestra estancia en ellos ser� muy breve, pero suficiente como para cargar nuestras provisiones e iniciar de nuevo nuestro viaje. Esto mismo sucede con muchas relaciones de duraci�n breve, pero que nos dejan un sabor agradable y nos llenan de fuerza para proseguir nuestro viaje. Pero aqu� surge un problema muy grave: el apego a ese oasis. Si esto ocurre, nos resultar� muy dif�cil decidirnos a dejarlo, aunque ya nada pueda ofrecernos; preferimos morir bajo su c�moda sombra, aunque nos muramos de sed, antes de emprender nuevamente nuestro camino, y volver al desierto.

            Todos los oasis que vayamos encontrando hay que abandonarlos en su debido momento, sin apegos y sin frustraciones, y agradeci�ndoles el habernos dado esos recurso vitales para nosotros, y el tiempo compartido, pues s�lo as� habremos comprendido el arte del caminar.

            Tambi�n puede suceder que encontremos un desierto enorme, y con gran cantidad de recursos, y podemos llegar a establecernos en el por un periodo de tiempo considerable; viviendo apaciblemente en ese oasis de felicidad. Aqu� surge una interdependencia, y el explorador va perdiendo facultades y se va embotando en ese apacible Descanso. Pero tarde o temprano, surgir� de nuevo la llamada del Desierto, y el explorador deber� continuar con su viaje.

            Esta experiencia tambi�n es muy traum�tica y dolorosa, pues la separaci�n del oasis que le ha mantenido durante tanto tiempo generar� mucho apego y frustraci�n. En este caso el caminante debe comprender que ese oasis era un medio y no un fin; un Descanso; y que podr� llevar su recuerdo consigo eternamente.

Su meta le espera, allende las amenazantes dunas.

            La meta no es otra que encontrar �El Oasis�, el verdadero oasis de Amor Universal, en el seno del Coraz�n del Creador del Desierto. El oasis que dar� sentido a toda su vida, y que albergar� por siempre su alma.

 


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