Amanece la Libertad    
   
  La primera etapa en la vida de Francisco, marcada por los sueños, los castillos en el aire y la fantasía caballeresca, está a punto de cambiar.

En el corazón del muchacho más popular y más rico de Asís, comenzaba el fermento de una vida única.

   
   
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  Nace Juan Bernardone

Era el año 1182. La edad media aún no acababa, pero los siglos del gótico ya se asomaban a la puerta. Era una época de guerra, caballería, castillos, fantasías, idealismo y doncellas.

En este ambiente fantástico, nació en el seno de una familia de ricos comerciantes un pequeño que fue bautizado con el nombre de Juan. Pietro Bernardone era el más acaudalado mercader de telas, su padre, y Madonna Picca una sensible y amorosa dama proveniente de Provenza (Francia). Juanito no tardó en ser apodado "Francesco" o "Francesito". Su nombre original sería olvidado, y todo el mundo le conocería como Francisco.

Un tiempo de guerra

Para Italia eran tiempos difíciles. El rey Federico Barbarroja luchaba continuamente contra el pontífice en Roma. Italia guerreaba contra Alemania, e incluso las ciudades vecinas luchaban entre sí.

En Asis regía un gobernador alemán llamado Conrado, quien se ausentó por unas semanas, ocasión aprovechada por los habitntes de Asís para destruir compeltamente el Castillo del Gobernador. Con las propias piedras del castillo erigieron una muralla que existe hasta nuestros días.

Envanlentonados con la victoria y por la calidad de sus defensas, los de Asís delcararon la guerra a Perugia, la ciudad vecina. Era el año 1202. En el Puente de San Giovanni, el arte militar de los vecinos de Perugia les otorgó la victoria, y éstos tomaron prisioneros de entre los de Asís. Entre esos prisioneros estaba Francisco.

Francisco Prisionero

Once meses duró la prisión de Francisco. Es en este encierro e inactividad cuando comienza el Tránsito de Francisco. Todo comenzó ahí. Francisco se convenc e de que toda la realidad es efímer y trnasitoria, de que nada tiene solidez salvo Dios. Comprende lentamente, entre la desesperanzas y la desazón la verdad de su vida: Solo Dios vale la pena.

Todo el mundo de Francisco comenzó a desmoronarse: los castillos almenados, las espadas fulgurantes abatiendo enemigos, los cabalerros que iban a los campos de batalla bajo las banderas del honor en pos de la Gloria, los títulos nobiliarios conquistados a punta de lanza, la fama difundida en canciones de los rapsodas. En el tiempo de francisco, todos los caminos de la grandeza pasaban por los campos de batalla. Y en el llano de Ponte San Giovani, todo el mundo, toda la concepción de la vida como había sido durante toda la vida de Francisco, se hacía polvo.

Pero, justo en el momento más crítico del encierro, Francisco parece enloquecer: se le ve radiante, feliz, incluso eufórico. Sus compañeros de prisión, notablemente molestos le reclaman el por qué de tanta felicidad. El joven respondió textualmente: "¿Sabéis por qué? Mirad, aquí adentro llevo escondido un presentimiento que me dice que llegará el día en el que todo el mundo me venerará como Santo."

Francisco: Fiestas, Canciones y Serenatas

En 1203 Asis y Perugia hacen un tratado de Paz y los prisioneros fueron puestos en libertad.

A su regrso de Perusa, apenas pisó las calles de Asís, echó por la borda sus meditaciones, olvidó los reclamos del Señor y se enfrascó en un torbellino de fiestas. Muerta la sed de gloria, le nacía la sed de alegría.

De banquete en banquete, de fiesta en fiesta, Francisco se convertía en el líder indiscutible de la ciudad de Asís: Carismático, generoso y alegre, era seguido por todos lo jóvenes. Dicen que ya desde entonces, Francisco era un muchacho muy generoso, que lo mismo organizaba grandes banquetes para sus amigos, que daba grandes limosnas.

La Enfermedad

Pero de pronto, su alegría volvió a apagarse. En esta ocasión fue la enfermedad, grave, de extraña naturaleza, de difícil diagnóstico. Durante lasrgos meses atraó a Francisco con sudores fríos, altas temperaturas, obstinadas pesadillas, debilidad general. La familia pensaba cada noche que Francisco no amanecería. Fue un largo, muy largo convalecer. Su madre amorosa estaría todo el tiempo a su lado.

Aquel joven empezó a expermientar en estos meses la dulzura de Dios, y entonces Francisco sentía una profunda paz y arranques de Sabiduría.

Francisco se levantó y apoyado en un bastón, comenzó a dar unas cuantas vueltas dentro de su aposento. A los pocos días, decidió dar un paseo por la campiña. Encontró a la naturaleza embriadador,a, en una mañana azul, en los momentos en que el sol vestía las lejanas colinas de un misterioso tono blanco azul.

La vida palpitaba en las entrañas de la madre tierra y se expandía hacia afuera en armonías y colores por medio de insectos, aves, plantas y árboles. La vida sonaba, vibraba. Pero a pesar de eso, Francisco estaba apagado por dentro. El mismo se sintió sorprendido y defraudado. Simplemente, estaba demasiado agotado por la enfermedad.

Pasaron los meses y Francisco recuperó sus fuerzas y regresó a los banquetes.

La Noche de la Libertad

En 1204, los ejércitos alemanes se enfrentaban contra los soldados italianos del Papa Inocencio III. Con la llegada de Gualterio de Brienne, empezaron los triunfos. Los católicos se entusiasmaron y los jóvenes de todos los rincones dle país corrían a los cuartesles a presentarse como voluntarios.

Francisco retomó sus sueños caballeresco y a toda prisa salió de Asís en dirección de Foligno.

Al caer la tarde, la expedición llegó a Espoleto. Y esa noche, Francisco escuchó en sueños una voz que le preguntaba:

-¿Francisco, ¿adónde vas?

-A la Apulia, a pelear por el Papa.

-Dime, ¿quién te puede recompensar mejor, el Señor o el Sirvo?

-Naturalmente, el Señor.

-Entonces, ¿por qué sigues al siervo y no al Señor?

-¿Qué tengo que hacer?

-Vuelve a tu casa y lo entenderás todo.

Y a la mañana siguiente Francisco regresó a su casa.

Es noche, en Espoleto, acaba todo y comienza todo. Es noche Dios pasó por las latitudes de este hombre. Dios visitó a este amigo. Esa noche, volaron todas las ataduras. Francisco se sentía libre, y no le importaba anda. Sólo su Señor. Francisco se apartaba en ese momento de un vida sencilla y se lanzaba a una ruta incierta, llena de enigmas e inseguridades, y lo hacía solitariamente.

Francisco regresó bañado por aquella presencia. No atendió a las dudas, chismorreos y murmuraciones que su regreso había provocado. A Francisco, todavía bajo los efecgtos de la visitación , no l importaba lo que dijeran, estaba absolutamente sereno.

Había amanecido la libertad.

Continuar con el siguiente capítulo: Sube el sol

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