El Legado Histórico de

San Francisco

   
   
  A ocho siglos del nacimiento de San Francisco, la Iglesia Católica que vivimos hoy es quizá su más importante legado.

El pensador francés Ernesto Renán estaba convencido de que había tres movimientos decisivos en la historia de la humanidad: el nacimiento del Cristianismo, la Revolución Francesa y el Movimiento Franciscano.

   
   
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  En el apartado dedicado a San Francisco y su tiempo, decíamos que la Iglesia Católica era más una entidad política y de arbitraje que de labor apostólica. Urgía un acercamiento a ese nuevo poder que nacía en el Común.

La vida religiosa entonces estaba prácticamente divorciada de la vida mundana. En las abadías, esos grandes centros culturales y espirituales, la contemplación, la expiación y la soledad eran características fundamentales.

Francisco no era un religioso de inmovilidad, sino de acción, y este es el secreto y esencia de toda la religiosidad moderna. Indispensable a la vida moderna es la acción. Hoy en día, nadie concibe a una religión en la que el predicar está alejado del actuar. Francisco cambia el apostolado de la plegaria y la expiación a la acción, no solamente reza o hace expiación, también actúa: va con los pobres, ayuda a los necesitados, trabaja. No es únicamente un santo contemplativo, aunque él quizá en un principio hubiera preferido darse a la contemplación de las cosas divinas (y su época en muchos modos lo ayudaba a ello), de manera sobrenatural sabe que tiene que hacer algo y no solo contemplar a Dios.

En lugar de aislarse o apartarse, desciende a las ciudades. Al entender que esto no era nada común en su tiempo, entendemos porqué la gente lo veía como un loco y se reía de él. Nadie había visto antes bajar de una abadía o de algún centro religioso a alguien que les predicara en las plazas o las calles. San Francisco enseña algo fundamental y absolutamente original para su tiempo: Cada quien puede ser un religioso aún en medio del mundo, porque entiende que celda es el corazón y no monasterio apartado.

Al mismo tiempo conserva toda la experiencia religiosa del pasado:espíritu de expiación, amor a la soledad de los anacoretas, el amor del rezo liturgico, el anhelo de la contemplación, el hábito del trabajo y la oración.

Una de las características esenciales de cualquier santo es el Amor. Lo importante y lo que distingue a cada uno es el modo de amar. El modo de San Francisco es concreto, es renuncia, tiene su desarrollo en la acción y en la pobreza. El más pequeño de los hijos de Dios responde a las dos grandes exigencias de su época: reforma evangélica y revalidación cristiana de la acción. Inica un auténtico renacimiento, no el de la concepción del mundo clásico, sino el renacer del hombre a un orden nuevo, a una vida nueva, instalada en Cristo, pero en una forma nueva.

San Francisco deja al mundo como legado el dar sentido al mundo de algo que con frecuencia no logra comprender: la felicidad sobrenatural del Evangelio.

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TEMA SINTETIZADO de Agustín Gemelli, O.F.M., El Franciscanismo. Barcelona. Luis Gili Editor, 1940, pp 1-43 por Oscar Colorado

 
 
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