San Francisco y su Tiempo

   
   
  Para entender a San Francisco de Asís, es necesario conocer el tiempo en el que vivió, los acontecimientos que le rodeaban y el entorno en el que se desenvolvió.    
   
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  Cuando nació San Francisco, la edad media terminaba para dar paso a los siglos del gótico. La caballería con sus ideales no solo era un pensamiento, sino una verdadera institución. No es raro que el joven Francisco aspirara a la vida caballeresca con los honores mundanos que ello ofrecía. Las cruzadas ofrecían, además, para el hombre piadoso una formidable oportunidad para luchar literalmente por Cristo.

Por otra parte, aunque la Iglesia es la fuerza disciplinaria y expansiva de su tiempo, en la plebe se propaga la herejía lenta pero profundamente. Existen dos grandes potencias en esta época: la Iglesia y el Imperio, pero comienza una tercera potencia: El Común, es decir, los nucleos de población que viajan, trabajan, producen, trafican y manejan dinero, y con el dinero el Poder.

Ahora bien, el catolicismo en Europa todavía no era un hecho. Aun estaba en proceso la conversión de Inglaterra, Alemania, Hungría y Bohemia. Muchas zonas aún eran bárbaras en la propia Alemania, Escocia, Irlanda y Escandinavia.

Las fuerzas antiguas subsistían al lado de las nuevas: Imperio, Feudalismo y Caballería, que como ya dijimos, no solo eran palabras, sino vivencia diaria.

En esos momentos la Iglesia, la obra de los sacerdotes -a veces óptima, a veces deficiente- no proveía la seguridad espiritual ni la autoridad entre el Común.

A fines del Siglo XII hay un doble apremio: uniformar la vida más estrechamente al evangelio y convertir las palabras en hechos.

En ese momento llega San Francisco de Asís con la perspicacia, la adaptabilidad del mercader heredados de su padre, y de su madre la sensibilidad, la grandeza de ánimo y la Misión.

En la perspectiva histórica, San Francisco predicaba mucho de lo mismo que hacían los herejes cátaros, patarenos y valdenses de su tiempo . San Francisco al igual que ellos quería seguir el Evangelio al pie de la letra, incluyendo -y en esto hace una diferencia fundamental con los herejes- lo que se refiere a la autoridad de Pedro, de los Apóstoles y de sus sucesores. Los herejes querían pobreza y castidad, pero la nota herética estaba fundada en la soberbia de su propia virtud. Francisco, al contrario, se dice a sí mismo el último de los hombres: besa la tierra donde pisa un sacerdote. Los herejes pretendían ser evangélicos, pero eran sectarios, con todo los defectos de orgullo, exlusivismo y rebelión propios de las sectas. San Francisco tiene una adhesión total a la iglesia y una humildad inexistente en los herejes.

No es raro que los cardenales de su tiempo le vieran con desconfianza. Pero Francisco lograba un cambio fundamental en la Iglesia: predicaba con el ejemplo. Esta noción tan común y familiar en nuestros días, no pertenecía a los siglos XII y XIII. El papa Inocencio III percibía la necesidad de una expansión más espiritual de la Iglesia, que había tenido en los últimos años una actividad más política y de "árbitro" entre los imperios que de labor apostólica, y Francisco es la respuesta a sus plegarias. San Francisco de Asís, se convirtió entonces en el gran transformador de la Iglesia Católica, y este hecho fue piedra fundamental para la construcción del catolicismo que conocemos hoy. Pero el Legado de San Francisco de Asís, pertenece a un capítulo aparte...

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TEMA SINTETIZADO de Agustín Gemelli, O.F.M., El Franciscanismo. Barcelona. Luis Gili Editor, 1940, pp 1-43 por Oscar Colorado

 

 
 
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