Muestra Ermita de San Antonio de la Florida (91k) Goya pintó el interior a finales de 1798 y lo hizo con entera libertad sin someterse a ningún dictado, lo que se debe por una parte al hecho de que la ermita estaba bajo la exclusiva autoridad del párroco de Palacio y, por otra, a la fortaleza política de sus protectores, los ilustrados. Es en este momento cuando prepara la serie grabada de Los Caprichos y cuando pinta una obra extremadamente atrevida, La Maja desnuda.

De este modo se resarció del disgusto que le había dado su cuñado "el gran Bayeu", durante la decoración de la bóveda de la Regina Martirium en la Basílica del Pilar de Zaragoza.

Goya invirtió los procedimientos decorativos habituales, disponiendo en la cúpula la escena terrenal y bajando al ábside y las pechinas, las escenas celestiales. Precisamente Bayeu, al elegir los temas para El Pilar, explicó en una carta porqué estas últimas escenas se adaptan mejor a la cúpula.

Además, pintó ángeles femeninos, algo poco habitual ya que, aunque estos seres carecen de sexo, siempre se les representa con aspecto masculino. El mismo Bayeu hablaba en la carta anterior de "mancebos y chico serafines".

Por otra parte, la libertad de ejecución es total. Es la mancha de color sabiamente aplicada, y no el dibujo como propugnaban los cánones de la época, la que construye la composición.

Goya pintó al fresco las grandes masas de la composición y, una vez seca la pintura, utilizó el temple para perfilar detalles y contornos, adaptando la técnica a sus necesidades expresivas.

En la media naranja norte de la cúpula, dispuso el milagro del santo portugués y todo alrededor, una serie de tipos populares en paisaje con árboles y montañas que recuerda más a los cartones y a las afueras de Madrid, que al lugar donde ocurrió el milagro. En la media naranja sur estos tipos populares son absolutos protagonistas.

En el ábside está la Gloria, con ángeles orantes adorando la Trinidad representada por un triángulo de estuco. En las bóvedas, el intradós de los arcos, y pechinas, ángelas de gran belleza que contemplan de ábside.

La riqueza del colorido, la libertad de ejecución, la frescura del paisaje y la "magia del ambiente" contribuyen a crear una de las más célebres obras de Goya y cimenta la justa fama de que ha gozado entre los críticos del pintor. Curiosamente en su propia época, la decoración de Goya no recibió especiales menciones, por lo que parece que no destacó entre sus contemporáneos.

En el Palacio Real de Madrid se conserva un pequeño Cristo atribuido a Goya, procedente de la sacristía de la ermita. También hay que relacionar con este encargo el retrato de Asensio Julia.

                        

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