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Una jalada tras otra

Le han llamado "la película del siglo" aunque dentro de unos meses estará igual o más olvidada que Emilia Pérez, otra porquería sobrevalorada. Filmada cuando Hollywood aún creía que Kamala Harris ganaría la elección presidencial, Una Batalla Tras Otra apesta a ideología obsoleta, fantasiosa, que los estudios se obstinan en exhibir aunque el saldo económico en pérdidas ya sea monstruoso. Leonardo di Caprio tiene fama de odiar el baño diario; tal vez por ello aceptó participar en tan apestoso bodrio

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One Battle After Another
Leonardo DiCaprio, Regina Hall, Wood Harris, Alana Haim, Benicio del Toro
Dirigida por Paul Thomas Anderson
Warner/2025

OCTUBRE, 2025. ¡Un gran logro de Leonardo DiCaprio!", encabezó una conocida página especializada en cine. "Esta película no solo superó en recaudación su costo sino que se convierte en la primera película de Paul Thomas Anderson en superar la barrera de los 100 millones de dólares!" Obviamente, ese sitio (tomatazos.com, por si ya no aguantan la curiosidad) vaticina que One Battle After Another "arrasará" en los Óscares. "Es otra cinta épica al nivel de Titanic", apunta.

Bueno, eso de llamar "épica" a esa película cursi y predecible dirigida por James Cameron parecería una observación ridícula. Pero recordemos que esos "críticos" profieren tales sandeces: a) como parte de un gigantesco presupuesto que los estudios dejan caer sobre los principales influencers especializados, incluidas las páginas web y b) los críticos profesionales van a aplaudir, a celebrar y a brindar por el mensaje, independientemente que sea una película chafa, estúpida y mera propaganda barata.

Por otro lado, estos "críticos" quieren hacernos creer que si una película recauda lo que costó, ya con eso se recupera la inversión y resulta un éxito cinematográfico. Falso: al costo de  filmación debe agregarse el costo de promoción-- ahí se destina buena parte a sobornar influencers, por cierto-- el pago a distribuidores, impresión de carteles, etc, que suele ser igual, y aun superior, a lo invertido en una película y al hecho de que el 50 por ciento de las ganancias se lo quedan las salas cinematográficas. Si estimamos que esta cinta requirió 150 millones, para que salga tablas debe recaudar por lo menos 650 millones de dólares...  imposible, aun si la nominan a todas las categorías del Óscar y si las gana todas.

(Y tengo que mencionar esta joyita: la página ultrawoke collider.com señala que "si bien Una Batalla Tras Otra es un fiasco en taquillas, realmente eso no importa". Si no importara ¿por qué cobrar entonces la entrada para verla? ¿Quién realiza una película sin tener la mirada en ganar más lana que la que se invierte? O sus editores son increíblemente pendejos o nos creen tan pendejos como ellos).

El pasado domingo asistí con un amigo a la sala de cine a ver Una Batalla Tras Otra. Ante mi insistencia a no ir a ver esa basura (aunque obviamente traté de ser diplomático con él), respondió con un "yo te invito" y agregó que él es un fan de Leonardo di Caprio y no se ha perdido una sola de sus películas.

El ambiente en Cinépolis un domingo por la tarde no ha cambiado: las colas en la taquilla, el olor a palomitas y la generalmente amable actitud de sus personal, aunque eso sí, un tanto robotizada. Lo que ha cambiado drásticamente es el contenido de las películas en cartelera: basura absoluta.

Una razón que me llevó a aceptar la invitación fue Paul Thomas Anderson. Este es el genio que entró a las ligas mayores de Hollywood, a los 27 años, con Boogie Nights, una obra maestra que narra el mundo de la industria porno (en esta página podemos mencionar esa palabra sin ambages: en YouTube, sus ridículas políticas te baja el video si no la sustituyes por la palabrita "nopor") un clásico estelarizado por Mark Wahlberg y Burt Reynolds, e igualmente dirigió No Country For Old Men, con Javier Bardem en el estelar, película violentísima pero, hay que decirlo, cumple los estándares del mejor cine.

Su película más reciente, Licorice Pizza (2021)también exploraba el mundo de los 70 aunque ya llevaba cierto tufillo woke, sobre todo "denunciando" esa imbecilidad conocida como white privilege. Pero decidimos darle una oportunidad a esta película.

Días después de ver esta cinta me pregunto: ¿qué carajos pasó con Thomas Anderson? Sus películas suelen llevar un mensaje social, lleno de simbolismos. Recuerdo cómo en Boogie Nights, uno de los personajes es un negro, caracterizado por Don Cheadle, quien es objeto de burlas constantes cuando en una tienda de artículos electrónicos lo despiden porque a un cliente le ofrece un modular y lo prueba con música country y ¡eso no! los negros solo deben escuchar música funky sin salir del Bronx!, o cuando ese mismo personaje se casa y tiene hijos con una mujer blanca... y ya no digamos cuando a este mismo personaje le niegan un crédito bancario "por trabajar en la industria del cine para adultos", luego que acudió a la institución bancaria a instancias de otro actor porno, blanco, que había conseguido el crédito.

Paul Thomas Anderson denunciaba sutilmente al racismo como otro elemento en el desarrollo de la trama, todo ello en una ciudad multicultural como ya lo era Los Ángeles en 1977. Sin embargo, en esta película el mensaje se administra de manera brusca, como las mamás administraban el aceite de ricino a sus retoños: ¡te vas a tragar el mensaje, te guste o no! Pero bueno, vayamos a la trama.

Di Caprio caracteriza a Bob Ferguson, quien en los 70 fue parte de un grupo subversivo conocido como los Franceses 75. Ferguson conoció en esa milicia a Perfidia (Taylor), una guerrillera negra con quien tuvo una hija, llamada Willa (Chase Infinity). La pareja fue perseguida por el coronel Lockjam (Sean Penn), antiguo amante de Perfidia que se llevó a Willa y que persiguió enfermizamente a la pareja, obligándola a huir a la clandestinidad.

Desde entonces Lockjaw ("mentón duro" en español, estupidísimo nombre para un malo-malote; eso de definir la personalidad de los villanos con su nombre o apellidos es más propio de los dibujos animados o las primeras películas de James Bond; Pierre Nodoyuna habría sonado más serio) ha ascendido de puesto y se ha unido a una organización supremacista blanca, llamada Club de Aventureros Navideños.

A estas alturas de la película --y después de haber visto la escena donde unos subversivos burdamente inspirados en Antifa, liberan de los agentes de Inmigración (ICE) a decenas de inmigrantes ilegales-- comencé a sentir que el estómago se me revolvía con las palomitas dentro: me sentí igualmente molesto, emputado, de ver cómo el talento de DiCaprio y de Thomas Anderson era embarrado de cagada woke y, peor aún, ver que ambos parecían deleitarse con su repugnante aroma.

Pero ya ni modo, había que continuar la encomienda... después de todo, mi amigo había pichado el boleto.

El resto de la película se va en cliché tras cliché que el wokeísmo ha utilizado hasta la náusea para ir destruyendo la otrora brillante industria de Hollywood. Y ni qué decir de los simbolismos chafas, igualmente brillantes en otros tiempos, por parte de Thomas Anderson.

Las reuniones del club navideño o como se llamen, se realizan en penumbras donde la violencia surge ante el comentario más inofensivo mientras que Willa, mujer
empoderada como la que más, aprenderá a manejar armas con destreza y será capaz de darle en la madre, ella solita, a un grupo de supremacistas blancos hiperviolentos pero igualmente pendejos cuando les toca enfrentarse a una mujer de color, mulata en este caso.

Gente que ha visto la cinta afirma que One Battle no es tan woke como parece porque Ferguson es perfilado como un alcohólico, un perdedor, un fracasado... y ciertamente lo es pues sus ideales de lograr una sociedad socialista e igualitaria se hicieron mierda cuando cayó el Muro de Berlín. Pero el mensaje va más allá: la película está
inspirada en Vineland, un libro publicado en 1991, es decir, dos años después de derrumbado el aborrecible muro. Su autor, un tal Thomas Pynchon y quien es coautor del guión, buscaba dejar en claro que esos subversivos, esos guerrilleros como Ferguson, no fueron capaces de defender el sueño de igualdad y reparto equitativo de la riqueza... fueron igualmente traidores, pues: se dejaron vencer por las malignas fuerzas del capitalismo.

Total que tras una batalla entre buenotes y malotes y donde Lockjaw recibe su merecido, maldita rata capitalista, Ferguson logra rescatar a su hija, a quien entrega una carta escrita por su madre Perfidia (¿por qué, por qué ponerle el nombre de ese bello bolero de Alberto Domínguez a la heroína de la historia? ¿sabrán los guionistas lo que significa la palabra "perfidia"?). En esa carta Perfidia dice a su hija que tiene confianza en el futuro y se avienta una letanía de burdo izquierdismo woke con el que al minuto y fracción ya siente uno ganas de vomitar. Pero cuando suponíamos que padre e hija se reunirían y tantán ¡sorpresa! Willa decide dejar a su padre para alistarse en la lucha y unirse al movimiento ya que el incidente con Lockjaw ha levantado conciencia entre los norteamericanos y... ¡por Dios, ya no puedo más con esta mamada!

One Battle After Another fue filmada, sin duda alguna, con el convencimiento de que Kamala Harris ganaría las elecciones del 2024; de hecho hay una parte del diálogo donde se infiere que la cosas mejorarán en Estados Unidos con una mujer presidente que no sea blanca (no mejoraron, más bien empeoraron, con un presidente negro, pero bueno). Más aún, la cinta estaba programada para ser estrenada a mediados de enero cuando Kamala ya habría tomado posesión de la Casa Blanca.

Pero un proyecto donde Di Caprio y Penn cobraron su buena lanota no puede ser enlatado ni enviado directamente a las plataformas digitales, donde rápido se perdería en la ignominia. Había que rescatar un barco que ya estaba hundido desde antes de su estreno.

Es triste cómo la ideología sobre el contenido y la creatividad terminan por hacer excremento el innegable talento de Paul Thomas Anderson, Di Caprio y de Penn, un rol que, en comparación con su personaje como Jeff Spiccoli en Fast Times at Ridgemont High de 1981, rivaliza con la mejor actuación de Lawrence Olivier.

Una mierda tras otra es lo que tenemos aquí. No vaya a verla... a menos que quiera que Hollywood siga trayendo a su sala de cine local más apestosos mojones como éste.

 

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