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MEDIOS/Hipócritas

El auge y (des)vergüenza de Diego Ruzzarin

Este influencer regiomontanio de ascendencia brasileña se asume como marxista convencido que incluso llamó al dinero una ideología sin lugar para el humano, se embolsó altísimos honorarios, a costa del erario, por dar una conferencia de una hora. La hipocresía del "nada bueno ni nada es malo, depende de quien lo haga" tiene otro vergonzoso episodio con Diego Ruzzarin

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SEPTIEMBRE, 2026. Aunque se suele pensar que el proletariado es el motor que impulsa a los movimientos de izquierda en el mundo, se trata de una percepción errónea, mucho más en este siglo XXI cuando vemos que los simpatizantes más ruidosos de la izquierda no nacieron en la clase baja sino que provienen del estrato clasemediero, fenómeno del que tuvimos una clara muestra con el sub Marcos, un clasemediero nacido en Tampico, Tamaulipas.

Un vistazo al activismo de izquierda en todo el mundo da cuenta de ello: las clases medias lo acaparan y lo promueven en las redes sociales, las universidades, las ONGs y en centros de trabajo donde el clasemediero es prácticamente la norma, de ahí que el Internet sea la principal trinchera de esos promotores. Es ahí donde estos soñadores clasemedieros se encuentran con otros clasemedieros que comparten las mismas fantasías anticapitalistas que ellos.

Uno de estos influencers --palabrita mamerta, pero qué se le va a hacer-- es Diego Ruzzarin, un tipo de rostro rubicundo y barba rala, nacido en Brasil pero que vivió en Monterrey durante buena parte de su vida. El que un progre como Ruzzarin provenga de la que se considera es la ciudad más procapitalista de México pareciera ser un oxymóron, pero no debemos olvidar que ahí se formó una de las principales células de la Liga Comunista 23 de Septiembre, la misma que trató de secuestrar al empresario Eduardo Garza Sada, quien murió durante la intentona. Y esto se dio porque Monterrey es una ciudad esencialmente clasemediera.

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Ruzzarin estudió en el Tec de  Monterrey, y por un tiempo parecía encaminarse igual que otros profesionistas pues trabajó en Pepsico. Sin embargo, poco después este clasemediero tuvo un debate con el empresario Carlos "Master" Muñoz quien, hay que decirlo, Ruzzarin le tendió con todo.

Era de esperarse: ya mencionó en algún momento Agustín Laje que para debatir con un izquierdoso, no basta con haber leído a Adam Smith, a Milton Friedman y a otros pensadores "de derecha": "Yo he devorado los textos de Foucalt, de Franz Fannon, de Herbert Marcuse, de Sartre, y conozco perfectamente sus propuestas y sus ideas (...) la guerra cultural es como cualquier guerra, no basta con conocer cómo funciona tu propio armamento, debes estar al tanto del armamento que piensa utilizar tu enemigo". No sorprende, por tanto, que hasta hoy Ruzzarin haya declinado debatir con Laje; siempre sale algún argumento simplón como pretexto.

Desde entonces Ruzzarin repite las mismas sandeces que distinguen a la izquierda, una enredada madeja de lugares comunes que la izquierda sigue considerando novedosos y controvertidos, entre ellos que Jesucristo fue el primer comunista, que la URSS cayó por la corrupción de sus dirigentes, no por su sistema en sí (¿pero acaso los dirigentes comunistas nio presumían ser comunistas ellos mismos?) América latina es pobre por culpa del capitalismo que saquea sus recursos o que Cuba está hundida en la pobreza por culpa del "bloqueo" y un blablabla elevado a la undécima potencia.

Ruzzarin es una celebridad de las redes, un "marxista exitoso", como el han dado en llamar sus admiradores; su Canal en YouTube se acerca al millón de suscriptores. Pocas cosas hay tan capitalistas en este mundo como venderte tu mismo como un producto para hacer dinero pero, caray, los camaradas progres como Ruzzarin no prestan atención a semejantes nimiedades.

Y fue una aparente nimiedad lo que acaba de exhibir a Diego Ruzzarin como un hipócrita, alguien que exige la justa distribución de la riqueza y se indigna cuando un empresario gana mucho dinero pero nada encuentra de objetable si esos cheques gordos se suman a su cuenta bancaria.

El gobierno del estado de Veracruz, hoy en manos de Morena, organizó una serie de "conferencias magistrales" en el llamado Festival del Mar, realizado en Coatzacoalcos. Semanas antes Ruzzarin había dado otra conferencia en Tijuana, la frontera con el imperio, y nada pasó, excepto el tener frente a sí un auditorio repleto de idiotas útiles dispuestos a escuchar una hora de mitomanía progre.

Hasta ahí todo bien. Ruzzarin ofreció una conferencia titulada "10 pensadores que cambiaron mi vida" donde destacó, por supuesto, cierto sujeto de sucia barba, un supuesto defensor de la clase trabajadora quien jamás pisó una fábrica. Sin embargo, alguien filtró el monto que Ruzzarin recibió por hablar 60 minutos, parte de las actividades de un evento cuyos gastos corrieron a cargo del gobierno de Veracruz, como si la entidad no tuviera otras necesidades más ingentes que invitar a conferencistas llegados de otras latitudes.

Pues bien, el contrato con número SECVER/DJ/CPS/239/2026, demostró que este "marxista convencido" que denuncia con ferocidad la acumulación de riqueza, que llamó "imbécil y drogadicto" a Jordan Peterson, aunque nunca rebatió los argumentos del conocido psiquiatra canadiense, recibió un pago de 865 mil pesos por su "conferencia magistral" en Coatzacoalcos, es decir, alrededor de 14 mil pesos por minuto.

¿Cuántos veracruzanos pueden ganar la misma cantidad solo por proferir una hora de sandeces?

Y que quede claro: incluso los marxistas tienen derecho a cobrar por lo que hagan, aunque con la hipocresía que los caracteriza, al mismo tiempo demonicen el afán de lucro. De hecho, si una empresa privada le hubiera realizado ese pago, es muy su dinero y la empresa puede hacer con él lo que se le pegue la gana. Por contrario, Ruzzarin recibió dinero generado por los contribuyentes, gente que trabaja duro, que tiene jornadas laborales muchas veces mal pagadas; mucho de ese dinero fue aportado por esos empresarios que Ruzzarin jura odiar, aunque no tanto como el billete que el Estado les arrebató.

Como tampoco parece odiar Ruzarrin el totalitarismo, siempre y cuando éste sea de izquierda. Ruzzarin no tiene empacho alguno en llamar "autócrata" a Nayib Bukele, quien bajó los índices de criminalidad en El Salvador a niveles ínfimos simplemente aplicando las leyes contra la delincuencia que ya existían en su país. Bukele y Milei son unos miserables protofascistas, pero cuando se trata de Nicolás Maduro, Ruzzarin viajó a Venezuela a entrevistarlo, una plática donde la confesión más explosiva del mostachudo ex dictador fue afirmar con orgullo que había logrado bajar 14 kilos de peso.

Tremendo contraste con periodistas como Jorge Ramos, quien igualmente entrevistó a Maduro y lo acorraló con preguntas ante las cuales el ídolo de Ruzzarin respondió interrumpiendo la charla para luego expulsar de Venezuela a Ramos y a su equipo simplemente por hacer el trabajo que se supone debe hacer cualquiera que posea ética y compromiso con su profesión, con todo y que, al tratarse de Trump, a Ramos le ganen el sectarismo y la mala leche.

Como buena parte de sus camaradas, no todo lo malo es malo, depende de quién lo haga: si Bukele encierra a delincuentes con un largo historial de extorsiones, abusos sexuales y asaltos, es un tirano que aplasta los derechos humanos, pero si Maduro manda encerrar a sus críticos, comprendan ustedes, tiene que ser drástico ante el acecho del imperialismo norteamericano

Lo único que importa a gente como Diego Ruzarrin y a sus colegas progres es el dinero y las comodidades que éste otorga. Sus podcasts y sus cortos en Tik-Tok los realiza Ruzzarin en estudios con aire acondicionado, sillones mullidos y buena iluminación, alguien que graba esos cortos con un celular de buena calidad y a bordo de automóviles de reciente modelo, e igualmente luego de sus conferencias y de escupir al capitalismo por despojar a los más pobres, Ruzzarin y sus amigos se van a cenar a restaurantes de lujo y viajan en aviones que perjudican la calidad de aire... bueno, únicamente esos aviones que transportan a los fascistas y a los empresarios explotadores.

Ante las críticas, Ruzzarin respondió que ¡Nooo! él nunca cobró directamente el dinero sino que "hice un contrato privado con quien tenía un contrato como prestador de servicios", idéntico argumento al que utilizó Oprah Winfrey cuando se reveló que le habían pagado 500 mil dólares por una entrevista donde se la pasó lamiendo los zapatos Gucci a la fallida candidata demócrata Kamala Harris. En otras palabras, "sí, yo recibí el dinero pero no lo cobré directamente, soy inocente de todo cargo", el equivalente a atrapar a un sicario y que éste alegue ser libre de toda culpa porque alguien más le pagó para ejecutar el trabajito.

Ruzzarin consideró "un gran halago" que sus críticos "piensen que mis conferencias valen tanto" (el pago se dividió con otro conferencista progre, aunque no se ha especificado si las partes fueron iguales).

Pero ese no es el problema, señor Ruzzarin: usted y su camarada se embolsaron 865 mil pesos del dinero público, dinero de los contribuyentes, dinero que bien pudo haberse destinado a remozar escuelas, a adquirir medicinas o ya de perdido para tapar los baches que en una ciudad como Coatzacoalcos, donde se efectuó el Festival del Mar, hay tantos en sus calles como conchitas hay en las playas de esa ciudad.

Suena a hipocresía rayana en lo patológico que Diego Ruzzarin haya sentenciando que el dinero "es una ideología que no tiene lugar para el humano". Y a menos que Ruzzarin se considere a sí mismo un extraterrestre o un dios del olimpo, al haber cobrado cientos de miles de pesos por una conferencia lo ubican como lo que es, un hipócrita que detesta al capitalismo y lo considera fuente de todos nuestros males... excepto si cobrar un servicio, práctica intrínseca del capitalismo más malvado y ruin, me beneficia a mí.

Pronto veremos sí, ahora que ya fue desenmascarado como un hipócrita, atestiguaremos la cuestaabajo de Diego Ruzzarin, o seguirá siendo admirado por la idiotez progre.

 

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