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NACIONAL/Historia

 

A lo mejor se acuerda: el sub Marcos

 

Cuando aún caían los escombros del Muro de Berlín, este personaje dio un considerable espaldarazo a la izquierda, pero fue mucho más que eso: el sub supo vender si imagen en todo el planeta en cuestión de días y sobresalió por sus discursos ingeniosos e imaginativos, lejos de esos clichés progres que seguimos padeciendo hasta nuestros días. Hoy yace en el semiolvido, por lo que es momento de recordar a otra de las figuras emblemáticas de los años 90

 

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ABRIL, 2026. Vaya forma de arruinar un sexenio: apenas habían transcurrido los primeros minutos de 1994 cuando el presidente Carlos Salinas, quien celebraba el Año Nuevo a todo lujo, recibió noticias preocupantes procedentes de Chiapas: el cuartel militar cercano a San Cristóbal había sido atacado por personas armadas. La refriega fue respondida por los militares, con el saldo de varios atacantes muertos.

Para la mañana del primero de enero, el proyecto salinista comenzó a mostrar sus primeras grietas: los responsables del ataque se asumieron como miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el que sería internacionalmente conocido al poco tiempo como EZLN. Luego de otros choques militares y guerrilleros en el centro de San Cristóbal, el líder del movimiento se presentó a sí mismo en la plaza central de la capital, un tipo enmascarado, montado y a caballo, acompañado de una pipa y una chaqueta militar. Luego de presentarse, señaló que el objetivo era derrocar al gobierno "espurio", es decir, a Carlos Salinas, y realizar una marcha hacia la ciudad de México.

 

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"El pueblo indígena finalmente ha alzado su voz contra la injusticia", dijo el encapuchado, quien leía su discurso como si se tratara de un manifiesto, en vez de  discurso elocuente y con las manos agitadas para todos lados. "Hoy es el principio del fin de la explotación", y aseguró que la lucha por la liberación "durará horas, días, años, décadas, lo que sea necesario".


Era cierto que entre los acompañantes del misterioso personaje. la mayoría de ellos con el rostro tapado con pasamontañas y otros con pañoletas que les cubrían media cara, eran mayoritariamente indígenas. Pero la inevitable pregunta que comenzó a hacerse el mundo al ver la imagen del encapuchado era que no se trataba de un indígena y que claramente era un hombre blanco. ¿Por qué los indígenas chiapanecos precisaban que alguien que no pertenecía a su etnia los guiara hacia su liberación?

 

Por supuesto que hubo quien se lo preguntó al personaje, a lo que respondió: "Esta es una lucha por la liberación y pudo haber sido encabezada por alguien más. Si mis compañeros indígenas me lo piden, me haré a un lado para que uno de ellos asuma mi puesto". Hacia mediados de enero, el encapuchado se había convertido en el rock star de la izquierda internacional.


La figura de Marcos apareció en escena en un momento inesperado para los movimientos progre del mundo todavía aturdidos y desorientados por la caída del Muro de Berlín y por la desaparición de la URSS apenas tres años antes.

De hecho, cuando se supo de la rebelión del EZLN, uno de los primeros en desconfiar de ella fue el ya fallecido escritor y Nóbel de Literatura Günther Grass, no porque hubiera renunciado a su ideología progre --escribió un libro donde calificó de "insensata" la reunificación-- sino porque pensaba, igual que muchos colegas suyos, que todo era un faramalla creada por el gobierno mexicano como forma de justificar la represión.

 

Solo hasta que el escritor Carlos Fuentes, también ya fallecido y parte de la "izquierda variar" la llamó en un artículo "la primera revolución del siglo XXI", la progresía mundial comenzó a emocionarse en serio. ¡No todo estaba perdido! como ave fénix, la izquierda renacía de entre sus cenizas (frase manoseadísima que la izquierda de ese momento utilizó con fruición)".


A un mes de la rebelión, todos los medios de comunicación del mundo tenían su corresponsal en San Cristóbal, desde los infaltables periódicos progres Le Monde, Paris Match, Corriere de la Serra, The Guardian y The New York Times, hasta medios más pequeños y decenas de ONGs que, paradójicamente, dependen del dinero gubernamental para poder operar. Muy pronto se agregó otro personaje, el obispo Samuel Ruiz, llegado a la Arquidiócesis de San Cristóbal como un conservador de línea dura que luego dio el salto como uno de los principales promotores de la llamada Teología de la Liberación en Chiapas. Y aunque ya estaba en al edad de retiro, Ruiz se ofreció como mediador entre el EZLN y el gobierno federal el cual, a su vez, envió como representante a Manuel Camacho Solís, ex regente del entonces DF y quien tenía fama de saber lidiar con los grupos progres y reivindicatorios.

Por meses se especuló sobre la identidad del comandante "insurgente" Marcos, quien en un comunicado pidió que se le llamara simplemente sub Marcos, ardid utilizado quizá para que dejara de insistirse que había alguien más arriba de él y, discretamente hacer de lado la idea de que un blanco liderara el movimiento. El diario mexicano La Jornada tuvo una química instantánea con el guerrillero, quien comenzó a publicar en sus páginas largos textos que evidenciaban su facilidad de palabra, su prosa fluida y una imaginación desbocada; éste era un guerrillero que, casi con certeza, tenía una educación, lo mínimo, universitaria.

 

Y sabedor que la prensa progre del mundo ya lo adoraba, el sub Marcos fue construyendo su propia leyenda: había emigrado como ilegal a Estados Unidos, pasó un tiempo en California como lavaplatos, y como el Che Guevara, había sido un trotamundos hasta visitar Chiapas donde, dijo, abrió los ojos ante las injusticias cometidas por los ladinos (blancos). "Quien yo fui en el pasado carece de importancia", dijo en uno de sus escritos, "ahora solo cabe ver hacia el futuro". Y tal vez como forma de guiñarle un ojo a sus seguidores en España, el sub cerraba sus comunicados con la frase "vale", que en México no es tan usada como sus equivalentes "sale" o "ya estás".

¿Y por qué un nombre occidental como Marcos y no, por ejemplo, el de algún líder indígena? En principio se especuló por el apóstol San Marcos, lo que evidenciaría cierta educación religiosa del líder guerrillero y porque San Marcos encomendó a los cristianos la misión de esparcir el Evangelio por todo el mundo, aunque el hoy fallecido periodista y ex sesentaiochero Luis González de Alba estaba convencido en haber dado en el clavo a la interrogante: "Quitémosle la letra 'o' a Marcos, y ahí tendremos la respuesta".

¿Pero quién era en realidad este personaje? El diario Summa, propiedad de Televisa, especuló que se trataba de un sacerdote jesuita quien rápido brincó para desmentir la nota. Pero luego de un año y en medio de una profunda crisis económica una vez que el salinismo se cayó en pedazos, el nuevo presidente Ernesto Zedillo reveló la identidad del sub: se trataba de Rafael Guillén Vicente, nacido en Tampico, hijo de un empresario mueblero y quien había sido profesor de diseño gráfico en la Universidad Metroplitana del DF.

El periodista Javier Solórzano, que también trabajó como catedrático, recordó que cuando fue a entrevistar al sub a la selva chiapaneca, "Marcos me saludó efusivamente y me abrazó, como si me conociera de años; '¿cómo has estado'? me preguntó amigablemente y me trató como si fuéramos colegas".

Al saberse su identidad, el sub le restó importancia. "Sabía que esto sucedería algún día, pero ahora qye ya conocen sabrán exactamente de quién se trata cuando llegue a la capital para deponer a este gobierno ilegítimo".

 

Conforme fueron publicados más libros respecto al movimiento y a su personaje, entre ellos uno escrito por Carlos Tello, hijo de un funcionario lopezportillista, quedó claro que el surgimiento del EZLN estuvo lejos de ser una "sorpresa" para los servicios de Inteligencia del gobierno federal, lo cuales reportaron "movimientos sospechosos", "difusión de propaganda subversiva y hasta sesiones de entrenamiento táctico, incluso desde principios de los 90.

 

En realidad Salinas sí estaba al tanto de esos movimientos pero se optó por restarles importancia, entre otras cosas para no alterar las negociaciones para la firma del TLC con Estados Unidos y Canadá; cualquier asomo de inestabilidad política habría dado al rastre con un tratado que, innegablemente, ha traído a México muchos beneficios en su economía. Curiosamente, el sub denunció al TLC desde el principio cuando, como lo estableció el ya fallecido periodista Armando Ayala Anguiano, "Marcos nunca especificó que tenía de amenazante un tratado comercial cuando los indios no tienen tratado alguno con el exterior".

 

El periodista Tello también reveló cómo los fondos de ayuda social canalizados mediante el programa Solidaridad, del que tanto se enorgullecía Salinas, sirvieron para financiar al movimiento guerrillero y de cómo esos fondos también se emplearon para comprar armas. Asimisimo, el periodista argentino Andrés Oppenheimer reveló los nexos entre el surgimiento del zapatismo con la guerrilla urbana de los años 70, casi toda procedente de la clase media, como el mismo Marcos, aunque también quedaba claro que hubo indígenas que se unieron al movimiento por voluntad propia y por afanes reivindicatorios.

Inevitablemente, la estrella del sub Marcos fue decayendo. Ciertamente había puesto en palestra mundial los innegables niveles de desigualdad y abuso de la población indígena en el área del Soconusco, una área misérrima donde bajo su superficie se guardan incalculables riquezas naturales. Seis años más tarde ya con Vicente Fox en la presidencia. éste lo invitó a visitar la capital: "¡Es bienvenido, claro!", y el sub le tomó la palabra; aunque nunca platicaron directamente, Marcos se refería él como "el fox", en un tono más chacotero --a Salinas y a Zedillo jamás les puso apodos-- además que el guanajuatense ordenó retirar las tropas que tenían sitiados a los guerrilleros el momento mismo que daba su discurso de toma de posesión.

 

A las pocas semanas ocurrió lo impensable: el sub visitó la capital mexicana y se movió por la ciudad, siempre resguardado y rodeado por policías y agentes de tránsito a sueldo de ese Estado mexicano que juró iba a derrocar, pero sin un solo militar en los alrededores. Pronto quedó claro que su poder de convocatoria había sido algo exagerado. Dio varios discursos, pero a excepción de esos adolescentes y jovencitos clasemedieros y maestros universitarios todavía con los hematomas producidos por los trozos del muro berlinés y que apoyan ciegamente toda causa progre, su público era muy reducido.

 

Luego ocurrió otro acto surrealista: Marcos aceptó  ser entrevistado en los estudios de Televisa, la misma televisora a la que vetó su presencia cuando daba su entrevistas en la selva lacandona. Este era ya un personaje urgido por recuperar la popularidad a borbotones que alguna vez gozó. Tras le entrevista todo el encanto se evaporó entre lo progres" e incluso para el mismo Marcos quien anunció la "muerte" del legendario guerrillero. Hoy no se sabe exactamente que sucedió con el otrora Rafael Guillén. Se ha rumorado que padecía epilepsia y otros problemas de salud, por lo que desapareció discretamente de escena

 

(Y como dato aún más alucinante: su hermana llegó a ser diputada local del PRI en el estado de Tamaulipas, entidad que también representaba el diputado federal Manuel Muñoz Rocha, quien "despareció" a las pocas horas del asesinato del ex gobernador de Guerrero José Francisco Ruiz Massieu, presuntamente por órdenes de Raúl Salinas... vaya cosas).


A la distancia, queda claro que el sub era todo un maestro del marketing, y que de haber trabajado en el área de publicidad, la agencias se habrían peleado por contratarlo: en apenas unas semanas, el sub logró que su imagen se hiciera célebre en todo el planeta, que miles de jóvenes progres de los campus universitarios cambiaran temporalmente su foto por la del Che Guevara, y que se se asumiera como un líder carismático y con sentido del humor, muy lejos de la trillada retórica de la izquierda, seriota y basada en adjetivaciones huecas. El sub sabía argumentar aunque luego cayó en el tentador pecado del protagonismo.

Su talento como promotor de imagen era tal que todos caímos en cuenta, mucho tiempo después, que su imagen poco o nada tenía de indígena chiapaneco, aparte de ser blanco, mestizo pues: ¿cuantos indígenas tienen la costumbre, muy europea, de fumar pipa estilizada, de portar un  reloj en cada muñeca, una gorra españolizada y de traer puesta una chaqueta militar tipo veterano de Vietnam? Marcos lo sabía perfectamente desde el principio: su imagen sería mucho más admirada y comentada afuera que adentro de México, una imagen que alimentaría la idea que se tiene en esos países de lo que es Latinoamérica.

 

En otras palabras --y eso habla de la genialidad de quien, no casualmente, había sido profesor de diseño gráfico--Marcos vendió a los norteamericanos y a los europeos progres el boleto para verse ellos mismos como combatientes contra la injusticia del capitalismo en la región. ¿Que progre en Canadá, en Estados Unidos o en Europa puede resistir ese anzuelo?

 

(Y hay que decirlo: el sub fue uno de los primeros en establecer un nexo entre la publicidad y las causas progre, algo que ya llevaba tiempo explotando en ese tiempo Luciano Benetton, pionero de la publicidad woke que hoy padecemos.

Por último, una anécdota personal: hará como 20 años, el sub Marcos vistó esta ciudad y dio una conferencia en una facultad estatal a la que asistieron unas 20 personas, lejos de las multitudes de otros tiempos. Al terminar la conferencia, me acerqué a Marcos, custodiado por tres sujetos, y le extendí la mano:

"¿Qué onda, cómo estas, Marcos?", le pregunté, a lo que el guerrillero, con su pasamontañas puesto aunque la temperatura rebasaba los 30 grados, preguntó a su vez, lacónico:

"¿Qué onda, güey?"

 

 

imagen: The Reader's Catalog

 

 

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Por supuesto que la mayoría de los empleados mexicanos están mal pagados y sufren abusos patronales, pero es igualmente innegable que el país produce muy poco y que no existen incentivos por parte del Estado para estimular la creación de riqueza. La reducción de horas laborales, dentro es ese lamentable esquema, marca una sentencia de muerte para una economía semicolapsada. El país no está en este momento para esos delirios morenistas

 

 

 

 

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