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NACIONAL

 

Entiéndanlo: la reducción laboral es un lujo que México hoy no se puede costear

 

Por supuesto que la mayoría de los empleados mexicanos están mal pagados y sufren abusos patronales, pero es igualmente innegable que el país produce muy poco y que no existen incentivos por parte del Estado para estimular la creación de riqueza. La reducicón de horas laborales, dentro es ese lamentable esquema, marca una sentencia de muerte para una economía semicolapsada. El país no está en este momento para esos delirios morenistas

 

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FEBRERO, 2026. Parece un axioma: los promotores de medidas radicales que afectan al sector productivo cuentan con poca o nula experiencia en el área comercial jamás han manejado un negocio privado. El criterio dentro de la reducción de horas suele darse dentro de ideas preconcebidas del sector público junto con el desconocimiento económico y particular de cada país, distinto uno del otro.

Para la izquierda y el actual gobierno sheimbaunista, "es injusto que una persona trabaje 48 horas a la semana". No: más injusto aún es que dentro del aparato estatal estén en la nómina cientos de miles de personas que casi no trabajan, que ya están dentro del régimen laboral de 40 horas semanales o menos y perciben salarios de ensueño y magníficas prestaciones, todo ello financiado por el resto de la sociedad que paga impuestos exagerados.

La verdadera injusticia del asunto radica en que quienes realmente producimos en este país estamos subsidiando a un sector que produce muy poco y consume buena parte del Producto Interno Bruto en salarios y prestaciones financiados con nuestros impuestos.

¿Ven ustedes la trampa que nos tiende la izquierda en este asunto? Nos dicen que la semana de 40 horas "sí funciona" dentro del sector público subsidiada por la sociedad --aunque eso de que sí funciona está por verse-- pero no nos presentan cifras ni datos que dejen en claro cómo una semana de 40 horas se refleja en un aumento en la productividad, algo que, por cierto, es ilógico a todas luces: ningún obrero va a "producir más" en beneficio de quien lo contrató si se queda un día más en casita y de todos modos está percibiendo un salario.

La izquierda se hace tonta o elude la diferencia abismal existente entre el sector privado y el sector público; la estructura del primero tiene como objetivo crear empleos y por tanto riqueza, mientras el segundo tiene como finalidad cubrir una necesidad social... bueno, se supone, porque poco tiene de "cumplir una función social" el tener en el Senado un bar donde los legisladores tienen a su disposición --todo pagado por los contribuyentes-- vinos tales como el Domaine Leflaive Montrachet Grand Cru, cuyo costo en el mercado es de 19 mil dólares por botella.

La verdadera injusticia en este país no es que un empleado trabaje 48 horas a la semana sino esos altos funcionarios que aprovechan su posición para meter en la nómina gubernamental a su parentela, a sus amigos, sus amantes y aun a la servidumbre.

Igualmente es más injusto que un empresario, ya hasta la madre de impuestos y responsabilidades laborales de sus empleados, como remate tenga que pagar "derecho de piso" sin que la autoridad haga absolutamente nada pese a las denuncias que se siguen acumulando en las procuradurías locales.

En nuestros países el empresario, el que se arma de valor para abrir un negocio, es el villano, el maldito, haga una cosa o haga la otra. El comerciante es el malvado, un insensible ante la sociedad porque no encuentra las condiciones para abrir nuevas fuentes de trabajo, e igualmente es un hijo de la chingada cuando tiene empleados a su servicio pues les paga "una miseria."


Vayamos ahora al tema de nuestro encabezado.

Valga recordar a nuestra izquierda criolla: México es un país subdesarrollado que produce muy poco. El periódico sonorense El Imparcial, que ha tomado como suya la reducción de la jornada laboral, estableció que "Corea del Sur realizó exitosamente la transición a la semana de 40 horas", y eso está bien, siempre y cuando México alcance el PIB de 35,962 dólares de ese país y que se estima subirá a los 37,250 dólares este año. En contraste, el PIB de México tiene un PIB aproximado de 13,967 dólares y es estima que se mantendrá igual en este año que corre.

Recurrir a las horas laborales en estas condiciones resulta suicida, más aun si esas horas no trabajadas deben seguirse pagando al empleado como si las hubiera laborado.

En segundo lugar, el sector comercio no percibe que el gobierno federal contemple un esquema económico que estimula al sector y por tanto la creación de más fuentes de trabajo; lo que sí ve como seguro, es que durante los cinco años que quedan a México de claudismo, el esquema impositivo se irá haciendo más voraz y amenazará la supervivencia de cientos de miles de pequeños comerciantes.

Por otro lado, los inversionistas siguen desquiciados ante los constantes cambios en las leyes laborales mexicanas donde súbitamente se prohíbe lo que antes estaba totalmente permitido y viceversa. Este pretendido cambio en la ley laboral echa por tierra los planes que los inversionistas tenían ya que, como lo sabe cualquiera que haya manejado un negocio, las estrategias comerciales se diseñan con meses e incluso años de anticipación.

La pretendida reforma laboral representa un gasto adicional para las empresas en contratar asesores, contadores y especialistas. A ninguno de nuestros expertos legisladores se les ocurre pensar que toda esta tramitería entorpece la productividad que tanta falta hace a un país como México.

Y contrario a lo que un diario serio como El Imparcial ha defendido, en el sentido que los empleados dispongan de una día libre, ello no necesariamente significa que la pasarán al lado de sus familias. Buena parte de ellos lo dedicarán a otras actividades como tomarse unas cervezas con los amigos o dedicarse a vender productos de catalogo entre sus conocidos para hacerse de un dinerito extra. De hecho y como ya advirtieron varios voceros del sector empresarial, la reducción de la jornada laboral será otro día de ganancias para la economía informal.

La idea de que muchas familias aprovecharán ese día libre para comer fuera, ir al cine o pasear en los centros comeriales, desafortunadamente, en un país en sempiterna crisis como México, la mayoría pensamos en cómo sobrevivir al día.

Una solución al problema sería dar facilidades tanto fiscales como administrativas al sector productivo para que abra más fuentes de empleo sin tantas complicaciones ni tramiterías, lo que se traduciría en mayores índices de producción y, por tanto, se impulsaría el mercado, lo que traería consigo una mejoría en los ingresos de las empresas y, por tanto, se los salarios.

Ya dado ese paso con una economía más dinámica traería consigo una mejoría en los ingresos de las empresas y, por tanto, de los salarios. En ese momento y con una economía fortalecida, podría pensarse en reducir el horario laboral ya que la constante creación de nuevas fuentes de trabajo iría compensando las horas de los otros empleados que se tomarían otro día libre
 

En cambio, y como un curita, el claudismo ha exigido a las empresas alzas constantes a los mínimos, algo que presiona a las empresas frente a una economía que no deja de contraerse y por ende arroja menores utilidades. Finalmente el curita se rompe con las alzas inflacionarias producidas (¡por Dios, no permitamos que nos digan otra cosa!) por la impresión constante de papel moneda, fenómeno que hoy sería peor de no existir la autonomía del Banco de México, el control de las reservas federales y otro agregado: la depreciación del dólar norteamericano producto de su propia inflación.

Por eso la paridad-peso dólar no ha sido tan volátil como otras veces; en cuanto se fortalezca el dólar estadounidense, el peso mexicano volverá  a desplomarse, y ahí queremos ver a los claudistas.

Como dijo Fredrick Hayek, uno de los economistas más brillantes del siglo XX: la productividad es infinita: solo basta darle un empujoncito de sentido común.

Lástima que el claudismo, como ente morenista, carezca de ella. Primero estimulen la economía y luego piensen en reformas laborales, eso si realmente quieren que México salga adelante, lo cual, lo sabemos, no conviene sus intereses.


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