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Los
Sistemas Complejos. Los sistemas complejos son aquellos en los cuales sucede que a estados iniciales similares, no les suceden estados finales similares. Sin embargo, qué podemos predecir acerca de un centímetro
cúbico de un gas o de un fluido, por ejemplo de agua? A1 igual que en los
ejemplos anteriores, nos encontramos frente a sistemas con un gran número
de elementos interactivos (las moléculas). Es difícil imaginarse la
magnitud de ese número. De los fundamentos de la química sabemos que
cada mol de un gas, sometido a una presión de 760 mm de mercurio y a una
temperatura de 0 ºC, contiene 6,025 x 1023 moléculas (número
de Avogadro). Esto da un número de 1019 o 10.000 millones por
1.000 millones de moléculas, comprimidas en un centímetro cúbico, que
vuelan en todas las direcciones imaginables y que chocan entre sí sin
descanso (Figura 1.1a). ¿Es suficiente esto como para calificar al sistema
de “complejo”? A pesar de los impresionantes números mencionados más
arriba nuestra intuición nos dice que la respuesta a esta pregunta debería
ser no, dado que falta cualquier actividad, forma o dinámica coordinada.
De hecho más bien nos inclinaríamos a considerar un sistema como este
como prototipo de comportamiento desordenado y errático. Los físicos lo
designan con frecuencia con el nombre de caos molecular en el que el
movimiento de las moléculas se produce de forma incoherente, ya que éstas
ya no perciben nada unas de las otras a distancias superiores a un par de
ángstrom (1 ángstrom = 1 Aº equivale a la cienmillonésima parte de un
centímetro). Este hecho se debe, nuevamente, a una propiedad fundamental
de las fuerzas de interacción entre las moléculas en estos y otros
sistemas que aparecen en la naturaleza: se trata de su corto alcance. Supongamos
que ese centímetro cúbico de agua se somete a las condiciones de una
tormenta invernal. En estas condiciones se obtiene un maravilloso copo de
nieve (figura 1.16) con su forma característica de dendrita. Ahora, al
contemplar esta inimitable obra de arte de la naturaleza, estamos en mejor
disposición para hablar de complejidad. Vemos que el mismo sistema puede
aparecer bajo aspectos muy distintos, que evocan en nosotros, por un lado,
la sensación de la “simplicidad” y, por el otro, la impresión de la
“complejidad”.
Este ejemplo nos da una impresionante lección: es más realista, por lo menos no tan impreciso, hablar de comportamiento complejo en lugar de referirnos a sistemas complejos. El estudio de este tipo de comportamiento esperemos que nos permita descubrir algunas características de distintas clases de sistemas y nos conducirá a una comprensión adecuada de lo complejo.
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