PORTADA
RELATOS
ARTÍCULOS
AVANCES
BIBLIOTECA
     "Sangre de Brujas I" : Capítulo Segundo
|del mismo autor...|

-La Espada de Fuego-

Las altas mesetas de Darbas eran azotadas por un viento fresco. Sobre ellas la brizna estaba húmeda y el día había sido cubierto por un manto sombrío que se extendía hasta el confin del horizonte septentrional, forjado por las escarpadas cimas de Zorlor, que bajo aquel cielo gris se alzaban negras y tenebrosas, surcadas casi sutilmente por profundas fosas olvidadas ya por las historias.
La niebla de un azul mortecino se disipó en las planicies y de pronto aquella cortina que cubría a los bosques de incertidumbre se abrió lentamente, como si una fuerza muy poderosa hubiese llegado desde la profundidad de las tierras del este.
Y de pronto en aquella mísera penumbra, destello el mástil de un alto estandarte, y luego otro, y poco a poco miles de mástiles resplandecieron al salir un leve haz de luz, de su cobijo tormentoso. Flameantes al viento se alborotaban rojos los pendones de la serpiente, como incontables bosques de hierro que de pronto amanecieron en un mundo cobijado por el frío y la desesperanza. Lorgin había llegado.
Miles de espectros montados en terribles caballos se materializaron sobre las elevadas planicies de Darbas. Largas lanzas negras y espadas llevaban consigo, más ninguna se movió, en aquel silencio en el que observaban los valles interiores que se extendían al occidente.
Allá abajo yacían las praderas, cubiertas por un pálido verde que se perdía al descender por las cuestas más próximas a Zorlor. Nada parecía recorrer aquellas tierras. Nada que tuviese corazón y alma, y coraje además para estar allí en un día como ese. Los espectros se agitaron en sus monturas, y muchos enseñaron los colmillos, como desafiando a un enemigo invisible. Las espadas estaban sedientas de sangre, y las lanzas parecían crecer con el viento frío. Las aves escaparon al confín, surcaron los cielos y luego se perdieron como negros puntitos en la vastedad del norte. Y en las penumbras del mundo los ojos del mal se abrieron y miraron el destino, que confuso se deslizaba por las hojas de las espadas negras maldecidas hace ya tanto tiempo por los dioses. Y entonces la luz de Odesus se escondio. Detrás de la tormenta se perdio el ultimo rayo dorado del sol. y sumergida quedo la tierra en un pesar sombrío y en verdad atemorizante hasta para cualquier valiente guerrero.
Allá los ejércitos de Arkazbul parecieron abrirse, y entre las filas aglomeradas de lanzas y escudos apareció una terrible figura. Temerosas, las nieblas se deslizaron por su armadura roja como la sangre, ceñida en un cuerpo alto y corpulento, montado yacía sobre un bestial caballo, y aún con el rostro cubierto por una pesada mascara de hierro de largos cuernos retorcidos, pareció escrutar los valles con absoluta soberbia. Nada se movió en aquel instante, y lentamente las garras que llevaba por guanteletes se posaron en el mango de una voluminosa espada guardada en una vaina tan negra y fea como el corazón que le latía furioso dentro su ancho peto un peto viejo, adornado con las cicatrices de batallas, que el tiempo por suerte ha olvidado ya. Mas alla de los valles profundos las planicies opacas se habrían en dilatados bosques de pinos azotados constantemente por los vientos. Su hedor a naturaleza y agua enfurecían a Korgoll, odiador de todo y de todos jamás osarían los mortales preguntar de donde había sido engendrado aquel señor de Lorgin.
Y de pronto los ojos de Korgoll se vieron en un repentino destello áureo rojo dentro su atroz mascara. Y cuando los ejércitos vieron los valles sus espadas también destellaron pues allí abajo, una incontable masa comenzó a emerger de las penubras del sur.
Miles de jinetes plateados orgullosos ascendían las cuestas y sobre ellas los estandartes blancos de Teserot se vieron abandonados a la brisa. Escudos brillantes y águilas templaban los pechos y las banderas de los hombres de la ciudad del sur. Detrás cientos de miles de soldados marchaban a pie recorrían las tierras yermas, espadas al hombro y lanzas brillosas habían sido lustradas con esmero pues la sangre si habría de teñirse lo haría con honor. Así pues llego Teserot, y los heraldos que yacian en lujosos caballos tocaron las trompetas en un son estremecedor cuando por fin las estribaciones de las mesetas se perfilaron sobre el horizonte sombrío.
Al frente los nobles, ataviados con cotas de mallas largas y cintos azules que sujetaban sus capas sobre sus hombros. El acero de sus hombreras y yelmos se torno oscuro y frío cuando por fin se detuvieron bajo la gris vastedad del cielo.
Sobre una enorme yegua blanca, llego Lich de la retaguardia, su rostro afligido observo detenidamente el paraje circundante. Lejanos truenos parecieron nacer al norte, cuando Lander que yacía a su lado, ahogo un suspiro. Helmud cabalgo hasta sus camaradas son los ojos siempre fijos en las altas mesetas donde la niebla azul ocultaba los distantes bosques, tenia su redondo casco puesto y largas trenzas le salian blancas de sus alta cimera.
El viento soplo fuerte y los estandartes blancos, flamearon orgullosos. Mas un silencio profundo se hallaba preso en aquellos valles y solo el latido de los corazones podría romper aquel sepulcro, en el cual se vieron envueltos las tropas de Teserot.
    - en verdad el sol se a ocultado….- susurro Lander mirando el horizonte con los ojos entreabiertos, - nada puede ser mas oscuro que un día sin sol…- Lich asintió con la cabeza
    - Odesus nos a abandonado….- respondió Lich en su agitado corcel – esto no esta bien…nada bien…
    - Nada en este tiempo esta bien, si miras al norte veras que la oscuridad a crecido, y que el frio es mas crudo cada dia, esta es la sombra de Belz… nada mas …Belz esta con nosotros….- dijo Lander.
>    - Basta..! – interrumpió Helmud tirando de las riendas – no hablen , no quiero escuchar nada…. Callen y aguarden…- sentencio con la voz fría mientras lanzaba un ademán con su mano abierta. A la cual tres heraldos salieron galopando hacia el frente llevando los altos estandartes, trotaron hasta descender una breve pendiente donde la bruma parecía aguardar. Entonces unos rápidos galopes se oyeron desde el flanco izquierdo de la tropa. Rápidos como rayos llegaron dos jinetes envueltos en gruesas capas de pieles, uno de ellos llevaba la espada desnuda en la mano y con la otra tiraba el freno de su blanco caballo.
    - Le daremos sangre a Belz …..! –dijo el jinete deteniéndose frente a Helmud. Aquel era un caballero de noble sangre. Maduro pero joven en su espíritu a nada parecía temerle, alto y fibrudo llego con una sonrisa en los labios, mientras sus ojos de color miel miraron rápidamente a los demás nobles.- si eso quiere…!- acoto mirando luego a su compañero. Que meneo la cabeza con desdeño. Este era de ojos profundos y talvez perturbados vaciló por un momento ante la mirada fría de Helmud. Siempre llevaba el pelo recogido en una castaña trenza, que le caía bamboleante sobre la espalda.
    - Calla Junes …- dijo, y luego busco las figuras borrosas de los heraldos en las penumbras del vasto valle. Leder de Rosott llevaba por nombre y mas de uno dice que este joven noble, había tomado por amante a la hija fallecida del rey . por lo cual entre rumores y secretos había criado enemistad con Helmud, que mucho tiempo recorrió los parajes del castillo buscando el amor de la princesa Ilareen . la cual nunca correspondió su búsqueda. Pues según Helmud la bella princesa había caído enamorada de Rosott, hasta cuando murió misteriosamente, aquella tarde de invierno bajo las cortinas celestes que guardaban las ventanas de su torre.
    - Espero que sea la del enemigo – acoto Lander acomodándose el guantelete en la mano derecha.
    - El enemigo espera lo mismo, pero nuestra sangre embriagara a Nidor…- dijo Lich con la mirada sombria.
    - Basta he dicho…! no hablen si de nada tienen que hablar …- contesto molesto Helmud. Mas allá, los valles estuvieron en silencio. Solo un rumor distante de vientos frios se oía entre la brizna amarilla, sin embargo la bruma cubría todo mas alla de las rocas que saludaban desnudas al cielo sobre una pequeña colina que terminaba luego en una sombría depresión, de donde los Heraldos emergieron veloces.
    - por que tengo la impresión de que estamos bajo miles de ojos….- mascullo Lander al tiempo que se colocaba su casco que hasta entonces lo habia llevado colgado sobre su ataviada silla.
    - Por que miles de ojos nos miran…- dijo Leder con la voz casi muerta. Junes volvió su rostro y se hallo con la cara pali deciente de su compañero que con los ojos desorbitados miraba la tenebrosa silueta de las mesetas. Alzadas imponentes tras la niebla.
Entonces los ojos de Junes también eclipsaron de pronto y su boca no pudo mas que permanecer abierta mientras contemplaba aterrado aquella vison. Tras del halito fantasmal de la bruma densa y húmeda, miles de miles de jinetes espectrales se erguían orgullosos. Lanzas y espadas de hierro saludaron les entonces, y entre las penumbras de la distancia, dos terribles ojos destellaron con la luz de los mismos infiernos.
    - que los dioses nos salven…!- dijo Lander al ver al os ejércitos de Lorgin.
    - Calla idiota ..!- grito Junes con la mano puesta sobre la hoja de su espada .
    - Cállense los dos… - dijo Helmud jalando de su corcel, que de pronto se torno fatigado y casi fiero.
    - Lorgin esta aquí señor….! Esta aquí….! –decía un Heraldo mientras frenaba de golpe frente ala numerosa caballeria.
    - Allí …- mostró Helmud con el dedo.- allí están ….- y los caballos retrocedieron de pronto.
    - Malditos mira como nos miran….- contesto Lich desde atrás. – han aguardado nuestra llegada….- y de pronto entre la voz lastimera del noble un trueno distante estremeció la piel de todos. Y aquellos ojos escondidos entre la negrura de una densa tiniebla volvieron a resplandecer, y aquella luz se impregno en el cielo mismo y como si el sol en verdad hubiese muerto, el día se torno oscuro y tenebroso. De pronto el viento llego fuerte y arrecio banderas y estandartes y aquellos que miraban al septentrión vieron que los oscuros parajes se escondieron en la niebla, de un azul casi sepulcral, como si aquella bruma hubiese llegado del mismo mundo de los muertos…
Aterrados todos los caballos retrocedieron a pesar de los estribos y de las voces de sus jinetes, que mas asustados si cabe, trataban de dominar sus bestias sin despegar los ojos del Este. Mas alla del horizonte las nubes se aglomeraron grises y negras y el confín septentrional se vislumbro difuso y opaco, como si la lluvia hubiese llegado en aquellas tierras. Sin embargo cuando los hombres levantaron sus rostros ante la inmensidad del cielo vieron que en sus profundidad, dos ojos enormes como lunas atravesaban con su fuego rojo la vastedad del infinito cielo. Y allí en medio de los valles todos los hombres se sintieron desnudos y abandonados.
    - Por todos los dioses…!- grito Lander domando a su caballo que se encabritaba.-Las brujas están aquí…!
    - Donde esta Siter …?!!- decía Lich mientras se lanzaba ala cabalgata sobre las tropas desconcertadas. El viento frio arrecio desde el fondo de los valles y mas de un hombre se estremeció al ver los estandartes arrancados de los altos mástiles plateados. Y no solo eso traía el viento . rumores lejanos de terribles cantos se filtraron por el frío mismo de aquella inmensa miseria . lobos ¡ lobos aullaban en el viento ….
    - No! No retrocedan ¡- grito Helmud con el rostro agitado. – escuchen ¡ - decía- escuchen a los dioses, estan aquí, aguarden …aguarden!!. Y de pronto la caballeria espectral de Lorgin pareció descender de las mismas mesetas. Envueltas en las nieblas de las que habían salido y entre rugidos y voces malditas se oyeron las lanzas y las espadas sedientas de sangre…
    Y al ver esto los soldados sacaron sus espadas y empuñaron temerosos sus escudos, y mas allá la caballería se aglomero y entre los relinchos de los aterrados corceles, los jinetes se prepararon para la embestida mientras las primeras gotas de la lluvia les caía sobre la frente y los yelmos plateados.
Desnudas se vieron las largas espadas, y de un acero limpio hasta aquel momento. Con las riendas en la mano Junes alzo su hoja, y como si aquel dia fuese el ultimo beso el escudo que llevaba en su silla, recordando talvez las manos de quien lo habia hecho hace ya tantos años.
    - ahora Helmud ….! – grito enfurecido- que toquen las trompetas …..que toquen las trompetas…!- sentencio con la voz casi ronca, y fue en aquel momento en que su enorme caballo se encabrito y entre la lluvia que cayo intensa, resplandecieron las espadas, y mas allá las banderas que habían quedado sujetas sobre el campo, flamearon desesperadas

La tierra vibro, como si un trueno hubiese descendido al valle. Nieblas azules cubrieron el campo y detrás miles de jinetes espectrales cabalgaban demencialmente.

Capítulo 2 (parte 2)

Relato enviado por Victor M. Sossa

SANGRE DE BRUJAS I
 1-la corona traicionada
 2-la espada de fuego
otros relatos
TAMBIÉN EN LA WEB...
¡Descubre el asombroso Japón feudal visto a través de una aventura fantástica! Muy pronto llegará a la web la fabulosa trilogía "LEYENDAS DE LOS OTORI", compuesta por "El suelo del ruiseñor", "Con la hierba de almohada" y "el brillo de la luna". Una aventura entrañable y una historia de amor.
(sección de aparición en agosto 2004)
Hosted by www.Geocities.ws

1