Envueltas en una densa penumbra, brillaron las lanzas negras, y llevadas por los vientos las banderas desgarradas y rojas del reino se abrieron cortando la cortina de tinieblas.
Helmud apretó fuerte las riendas de su asustado caballo, el vapor salio de su boca y de pronto sus ojos se tornaron vidriosos. Entre los latidos agitados de su corazón podía oír una voz terrible y sepulcral, y cuando sintió ya tan cerca de las tropas enemigas cerro los ojos y se encomendó con un suspiro a los dioses.
- que me guarden en su gloria…..- susurro y de pronto un estruendo resonó en todo el valle y las tierras circundantes, miles de lanzas negras se irguieron y en ellas la sangre había se impregnado tan pronto. Los caballeros se dispersaron enseguida y la infantería emergio de las tropas montadas, en medio de gritos y rugidos, enseñaron las espadas y los escudos cayeron hechos pedazos al suelo ahora humedo y frio. Lorgin descendió como una tormenta y a su paso, los soldados de Teserot caían derribados, sino muertos, heridos.
Y en medio de los espectros que corrían vertiginosos levantando y erosionando la tierra, se vio
A Korgoll , montado en un bárbaro corcel totalmente cubierto de hierro negro, llevado por el terror y el odio. Trotaba elegantemente entre las incontables tropas que no terminaban de descender de las altas mesetas. Su mano derecha se posaba tranquila sobre el mango de su espada, ancha y ciertamente enorme. Parecía mirar el confin sin embargo ningún ojo asomo por aquella negrura que guardaba su alto yelmo encornado. Mas alla vio que la batalla se erizaba roja. Y que muchos pendones del dios de la sangre se alzaban al viento orgullosos.
- Helmud…! Helmud…!...- grito Lich desde su caballo, había clavado su espada en el pecho de un espectro, y la sangre la habia cubierto el cóncavo yelmo. Cuando miro por fin a su compañero que blandía su hoja por encima de los aglomerados soldados que con increíble desespero trataban de retener el contingente enemigo. De pronto un ardor increíble pareció crecer en el interior de su pecho. Espinas, espinas se revolcaban dentro suyo. Sus ojos se cerraron y con un gesto de dolor retrocedió jalando a su caballo a la libertad de los campos donde pocos hombres combatían. Entre los ojos casi cegados por el dolor asomo la mirada y noto que también, Helmud se restregaba el pecho como apaciguando un doloroso pesar.
Mas alla en el centro Lander, y Leder de Rosott, se batían entre el dolor y el acero que cortaba el aire a cada instante. Lander levanto el rostro pero en su búsqueda solo se hallo entre la niebla azul que había se detenido sobre la batalla mas allá entre la penumbra las siluetas de los espectros emergían como pesadillas para luego convertirse en terribles relidades. Pero entre aquellas tropas algo grande y resplandeciente se vislumbro opaco entre la oscuridad de la batalla.
Los caballos retrocedieron , y aterrados muchos tumbaron asus jinetes, Helmud sintio que el ardor crecia, crecia insoportablemente, y en su mente una tormenta nublaba su lucidez.
Volvio el rostro y se hallo con Lich que tenia la espada aferrada casi sin fuerzas, Lich lo vio y meneo la cabeza con dolor. Entonces Helmud supo que aquel no era un enemigo mortal. Miro de nuevo el frente y de pronto los ojos de todos lo s hombres de Teserot se oscurecieron y huyeron de una mirada que atravesaba la carne y el acero. Había salido de las sombras. Con los ojos destellantes en un fuego mortecino aparecio Korgoll rodeado de miles de jinetes espectrales. Su negra bestia rugio cuando por fin los soldados de Teserot lo vieron, no llevaba escudo alguno, ni bandera, al contrario tenia impregnado en el yelmo y en su pesada armadura un fuego rojo salido de los propios infiernos de Arkazbul.
- un caballero de Lorgin…..!- exclamo Junes cuando se detuvo detraz de Lich, su piel se estremeció. Una gigantesca neblina cubrio repentinamente el horizonte debajo del cual cabalgaba Korgoll, y la oscuridad se torno aun mas densa y tenebrosa. Y entre los vientos los lobos sentenciaron el destino.- que los dioses nos protegan…!- grito
- De aquí no saldremos vivos…- dijo Lich con la voz enferma.- no de esta batalla….!
- Calla Lich!- grito Junes con los ojos aterrados y como recordando viejos consejos se dijo asi mismo.- es este el dolor del que tanto me habían hablado...- y una sombra cubrio su rostro y todos los caballeros sintieron que el fin estaba cerca.
Aún no habian se resignado, mientras las tropas combatieran y las espadas estuviesen erguidas Teserot seguiría de pie así siempre era y asi seria en aquel momento. Helmud alzo su espada con esfuerzo y golpeando los estribos galopo ala oscuridad sin reparar en los soldados que lo miraban aterrados, ese era Hemlud y de pronto la crin blanca de su plateado yelmo se perdió en la niebla.
- Helmud a enloquecido…! – exclamo Lander mirando luego Leder que yacia con la espada enterrada en el craneo de un espectro. Su larga capa estab rota y sus caballo tenia el flanco herido y sangrante. Aún asi cuando oyó a Lander levanto el rostro y afligido vio que las sombras se deslizaban lentamente sobre la batalla y que una luz distante y azul resplandecía en las profundidades del cielo. Sin embargo Rosott no dijo nada cuando Helmud se perdió en las tinieblas, una mirada sombría recorrió su rostro y luego jalo sus correas y escapo del tumulto de espectros que se habrían paso a través de los ejércitos de infantería.
- Este es el tiempo…..! dijo Lander criando valor, el caballero tomo su escudo que habia estado en la montura, y levantando su espada se lanzo a las nieblas de donde el mal habia salido. Cabalgo veloz y luego el también desapareció.
- No puedo creer lo que veo ….! – sentencio Lich mientras meneaba la cabeza.
De pronto un brutal golpe lo tumbo de su caballo, y rodando por la grama se detuvo a los pies de una enorme y solitaria roca gris. Se encojio de dolor y húmedo como estaba sintió que su costado derecho había sido abierto. Lentamente se llevo las manos a su cuerpo, las yemas de sus dedos se entibiaron de pronto al sentir la sangre. Y alli mirando la vastedad del cielo, sintió la lluvia que cayo en aquel momento recia e intensa. Y ahun quieto Junes miro el horizonte cerrado. Y dentro del cual muchas siluetas parecian luchar con desesperó. Rugieron truenos al Este, y bajo la lluvia rezaron muchas oraciones, voces que el mundo no volvería a oír nunca mas. Junes dio leves golpecitos a su montura. Aquel dolor que desgarraba su pecho era solo una ilusión, pensó , era un hechizo de Lorgin, jamás lo aceptaría , no aceptaría morir sin pelear. Eso no estaba escrito en su código de honor al que había jurado con sangre. El también oyó el llamado, del dios de la guerra. Y obedeció…
Lich oyó los cascos de un pesado corcel. Enseguida levanto su rostro demacrado y observo la enorme figura de Leder de Rosott que frenaba junto a el. Entre la lluvia copiosa Lich vio la mano tendida de Rosota. había sangre en su guantelete y su caballo jadeaba casi moribundo pues una enorme herida se había abierto en el pecho descubierto y gris. Los ojos de Lich se oscurecieron.
- estoy herido….- dijo el noble, Leder lo miro impávido, luego asintió con la cabeza.
- Sube …- respondió con la voz fría – la batalla aún continua…- y con un terrible esfuerzo Lich también le tendió la mano y una ves sujeto. Rosott lo subió sobre su caballo.
- Cabalga hacia las sombras Rosott…..- murmuro con la voz apagada Lich – cabalga hacia las sombras….- y luego sus ojos se cerraron y nada mas dijo, cuando Leder de Rosott cabalgo a través de los campos anegados por el agua, hacia la batalla.
En el interior una oscuridad bañada por extrañas luces de antorchas se cernia en una bóveda fantasmal y lujubre, Helmud freno de pronto, aterrado sintio un frio congelante como su hubiese entrado a un mundo ajeno y distante, los vientos helados le chocaban en el rostro levantando sus cabellos por debajo del plateado yelmo. Mas alla los jinetes espectrales cabalgaban hacia la batalla. Hlemud volvió el rostro y vio que sobre el valle parecía un opaco paisaje donde figuras informes y oscuras se movían, bajo una tormenta que resonaba en lejanos ecos.
Sin embargo Helmud estaba allí, alejado de todo camino y senda solo son su caballo y su espada temblorosa. Miro al frente y de pronto el dolor que sentía se acrecentó y una limpia punzada atravesó su pecho. Su acaballo se encabrito y retrocedió enloquecido del pavor. Inmendiatamnte blandió su espada y tratando de apaciguar a su caballo Helmud se hallo frente a la muerte.
Unas garras aferraronse de un negro mango tallado con dientes humanos. Lentamente una hoja de fuego se fue mostrando, y entre las tinieblas los ojos se volvieron rojos y la sangre brillo, pues ese era el fuego de los infiernos.
Una gigantesca espada de fuego se levanto sobre el hierro rojo de Korgoll y saludando a sus enemigos dos ojos resplandecieron de pronto.
Helmud aparto la mirada, observo una vez mas el lugar por donde había llegado. Estaba lejano y sombrío, pero no mas oscuro que aquel lugar donde se hallaba, el dolor lo insitaba a regresar, a huir pero habia algo en su espada que lo detenía, los dioses estaban con el, y si Helmud hubiese visto el horizonte del sur en aquel momento, hubiese visto a Belz erguido majestuoso sobre las tierras oscurecidas, agarrando su gigantesca espada por sobre los mundos mortales…
De pronto la espada de Helmud parecio cobrar vida, ese era el momento , el caballo se paro sobre sus patas traseras y en un momento de furia ambos galoparon hacia Korgoll.
Un resplandor ilumino la penumbra y la espada de fuego se deslizo sobre la cabeza de Helmud que cubriéndose logro escapar de aquel fuego. cabalgando alrededor se lo vio al noble, cegado por un intenso fuego se restregó los ojos, y noto que las lagrimas eran ahora sangre, y que sin querer se le desbordaban por las mejillas lastimadas. Fuego, mucho fuego danzo a su alrededor,
Parecía nacer de la misma oscuridad y luego perderse en los ojos del caballero rojo de Lorgin.
De pronto un grito salvaje y en verdad estremecedor llego hasta los ohidos de Helmud como un lejano eco. Volviendo su rostro se hallo con la figura desvaneciente y oscura de un jinete que frenaba justo a su lado. Envuelto en un blanco y largo camisón totalmente mojado por la lluvia llego Lander justo antes de que una carcajada sepulcral retumbara en una bóveda dominada por solo tinieblas. Estaba exhausto y un dolor le aquejaba la mirada de ceño fruncido , sin embargo allí estaba respirando agitadamente mientras el acero de su espada se tornaba rojo, con el fuego de Korgoll que era ahora alto e intenso.
Los truenos parecieron tan cercanos cuando Helmud y Lender aferraron fuerte los mangos de sus espadas. El miedo repico en el corazón de Lander como un martillo furioso. No parpadeo pues no tenia el coraje de cerrar los ojos en aquella penumbra miserable y horrible. Alzo su escudo, y viendo a Helmud golpeo los estribos y esta vez ambos arremetieron contra Korgoll que yacía quieto sobre su bárbara bestia.
- no fallaran las espadas…! – grito Lander, alzando su escudo frente a su pecho, su espada corto el viento y enseguida cayo vibrante sobre el brazo de Korgoll. Freno detrás y entre las sombras que cernianse sobre el campo vio a Helmud que con los ojos eclipsados recibía con su escudo la espada de fuego que pronto ilumino las nieblas como un rayo envuelto en mil llamas. Y en un destello vago y difuso Lander vio que alrededor miles de espectros observaban ocultos entre las tinieblas. Aguardando talvez la muerte de ambos.
- Helmud…! – exclamo desesperado , jalo de las riendas y su caballo aterrado se rehusó a seguir en aquella batalla de la que solo saldría muerto. Una vez mas Lander intento cabalgar pero vanos fueron sus intentos, tirando su escudo al barro que se había formado entorno suyo, bajo de la silla de un salto. Y una vez libre el caballo dio media vuelta y se perdió entre las nieblas que cubrían el horizonte.
Capítulo 2 (parte 3)Relato enviado por Victor M. Sossa
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