El error y sus causas
La
partida de ajedrez como planteó Tartakower es decidida por un error.
Claro que no es lo mismo de quién, si del contrario o de uno. El ajedrez
es a menudo un juego cruel, la alegría del triunfo va contigua a la
amargura del fracaso y es fundamental asumir el mismo buscando en nosotros
las causas. No pocas veces el ajedrecista que ha sufrido una derrota
riñe con la casualidad. Él mismo no entiende por qué ha cometido un
error tal, si había jugado tan bien la parte principal de la partida.
Había sostenido tan correctamente la lucha posicional, y no se había
quejado tampoco de los aspectos tácticos.
Este jugador
por lo general termina atribuyendo su derrota a una mala pasada del
azar. Pero los errores son casuales sólo en apariencia; en realidad
ellos siempre están vinculados a las complejas exigencias psicológicas
que el ajedrez plantea a quienes lo practican.
En
el pensamiento ajedrecístico se entremezclan las consideraciones generales
de orden posicional con elementos del cálculo concreto, y la habilidad
para encontrar el justo medio entre estos aspectos y para recordar el
papel de cada uno de ellos en un momento determinado de la lucha es
el patrón por el que se mide la fuerza del jugador. Al sobreestimar
el rol que desempeñan los elementos tácticos, se cometen con frecuencia
errores ligados al concepto estratégico de la posición. Por otra parte,
un exagerado respeto a las leyes generales o un juego basado únicamente
en ellas, a menudo da origen a errores tácticos. Las valoraciones generales
y el cálculo de variantes no son elementos abstractos, sino que determinan
la elección de cada jugada. En la partida ellos se unen formando una
trama compleja que se dificulta aún más en función de las características
psicológicas del jugador.
No debemos
olvidar que cualquier actividad cognoscitiva está condicionada por tres
factores:
1.
Por el objeto del conocimiento
2. Por el propio proceso de obtención del conocimiento
3. Por el sujeto del conocimiento
Estos
aspectos están indisolublemente ligados, en este sentido el proceso
de pensamiento durante la partida varía en función del nivel de elaboración
individual que del juego ha construido el sujeto, o sea, de su estructuración
particular de aquellos contenidos y conocimientos que le permiten orientarse
y decidir en una posición. La elaboración a que nos referimos está fuertemente
matizada por la personalidad del jugador en cuestión.
Como
bien estima Emmanuel Lasker, el ajedrez es ante todo, una lucha
entre dos personalidades. Tras la vida de las piezas está el ser
humano concreto, y no podemos comprender los secretos de la lucha ajedrecística
si prescindimos de la psicología, las inclinaciones y el carácter del
hombre inmerso en esta lucha, en la cual el intelecto se manifiesta
como un componente entre otros.
Es
el individuo como personalidad quien analiza, elabora planes, calcula
variantes, se defiende o ataca, y también quien se equivoca y pierde.
Todo ajedrecista comete errores. En las partidas entre principiantes
la "falta de información" conduce a equivocaciones tan graves que cada
una de ellas bastaría para decidir inmediatamente el resultado de la
contienda. Claro que muchas veces el adversario no los aprovecha y la
partida continúa.
Las
partidas entre jugadores experimentados tienen características diferentes.
Generalmente en ellas el error no es consecuencia forzosa de la complejidad
objetiva de la situación, sino mayormente de la indebida postura del
jugador ante ésta. Incluso en aquellas posiciones más difíciles objetivamente,
los factores psicológicos tienen también un peso importante en la comisión
del error.
Pongamos
por ejemplo aquellas posiciones donde es obligado pasar a una defensa
pasiva, sin posibilidades de contraataque, y donde la práctica ha demostrado
que son especialmente vulnerables aquellos jugadores de más alto nivel.
Es evidente que estas
posiciones son objetivamente difíciles de manejar, y aun cuando el análisis
permite demostrar que la situación es sostenible, la necesidad de encontrar
paso a paso jugadas individuales conlleva una alta probabilidad de error.
Pero ésta no es la única causa; muchas veces el error se produce cuando
las dificultades principales ya han sido salvadas.
Sucede que
en la actualidad gran parte de los ajedrecistas de alto nivel están
acostumbrados a desarrollar el juego de forma tal que posean la iniciativa.
Producto de ello, la dificultad psicológica que implica la defensa pasiva
conduce a un gran desgaste de las fuerzas del defensor, quien frecuentemente
termina por equivocarse. En este trabajo no abordaremos aquellos errores
que se producen por desconocimiento o inexperiencia; tampoco los ocasionados
por estímulos adicionales como la falta de tiempo. Nuestro tema es el
error de orden psicológico, que se debe fundamentalmente a los hábitos,
el carácter o la personalidad del hombre.
Psicología
de algunos errores típicos del ajedrecista
El error y sus causas
Errores
típicos
Errores
típicos por insuficiente disciplina interna
a.
La casilla desaparecida
b. La pieza olvidada
c. La jugada natural
d. El peligro del éxito
e. La confusión de ideas
Errores
típicos de la personalidad del jugador
a.
Insuficiente flexibilidad del pensamiento
b. El exceso de autoconfianza
c. La inseguridad en las propias fuerzas
d. Error de estilo