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Errores típicos por i
nsuficiente disciplina interna

a. La casilla desaparecida

No sólo los principiantes cometen errores graves. También a veces lo hacen los maestros, pero por causas totalmente diferentes. Frecuentemente el error se produce a causa de que ante nuestra vista se hallan el tablero y las piezas. Para calcular una variante es necesario apartarse con el pensamiento de la posición que se halla sobre el tablero y representarse mentalmente una nueva posición resultante luego de una serie de jugadas de ambos bandos. Si se transfieren íntegramente a esa representación las características de la posición de partida, entonces ésta no ayuda, sino que entorpece el análisis. El Gran Maestro y Doctor en Psicología Nikolai Krogius le llama a este defecto imagen residual, pero Ilin Shenevski ya hablaba de tales casos en el año 1928.

La casilla desaparecida.En esta posición las blancas tienen un ataque decisivo. Continuaron 1.Af7 Rf8, 2.Dh6 Rf7, 3.Tf6 Rg8 y ahora es el negro quien tiene ventaja. Al calcular la variante, las blancas habían contado sólo con 3... Re8 4.Df8 Rd7, 5.Dg7 seguido de 6.Tf8 mate. ¿Por qué las blancas no advirtieron la simple jugada 3... Rg8?

El propio Ilin Shenevski explica que al calcular la combinación se le figuró que el rey no podía ir a g8, pues en la posición inicial esa casilla es atacada por dos piezas (la dama de g5 y el alfil de b3).

 

b. La pieza olvidada

En ocasiones sucede que las operaciones en un sector del tablero, cautivan de tal modo la atención del ajedrecista que éste centra totalmente su atención en las piezas que toman parte directa en las amenazas y sus repercusiones. En cambio parece como si se borraran de la mente aquellas piezas situadas lejos del sector donde se desarrolla la lucha. Esta "estrechez de la atención", según le llama Krogius, limita la amplitud del pensamiento y hace que se cometan errores. Un curioso ejemplo sobre el tema de "la pieza olvidada" nos ofrece el maestro A. Zaitzev.

La pieza olvidada.Esta posición se produjo en dos partidas de Zaitzev en un torneo temático por correspondencia. Ambos adversarios que jugaban con las negras continuaron 19... Ch4+??, sin advertir que después de 20.Ah4 pierde la pieza.

Dos años más tarde, en un torneo internacional, Zaitzev enfrenta con piezas blancas a Hellbig, el representante de la entonces RDA. Se produce la misma posición y ¿cuál creen que fue la jugada de Hellbig? Pues 19... Ch4+??

 

 

 

 

 

c. La jugada natural

"Jamás hemos de ceder al encanto aparente de las jugadas naturales", escribió en su tiempo el campeón mundial Alexander Alekhine. Todos los manuales de ajedrez para principiantes advierten sobre el peligro de las jugadas que saltan a la vista, sin embargo, miles de aficionados de diversas fuerzas capturan o defienden mecánicamente piezas atacadas, olvidando que a veces estas respuestas no son nada ventajosas. Pero también los maestros incurren en errores de este tipo, continuación un ejemplo que ilustra cómo una excesiva confianza en las jugadas naturales de desarrollo, que permiten movilizar las piezas, puede contribuir a que el adversario se apodere de la iniciativa.

La jugada natural.En esta posición tocaba el turno a las blancas. Jugaron 1. The1? La única pieza blanca que faltaba por desarrollar, se pone en juego. Y, no obstante esto es un error. 1... A:g3! 2. h:g3 c5! Inesperadamente las blancas se encuentran en dificultades. Las negras amenazan 3... c4 ganando una pieza y también 3... c:d4. 3.Da5 c4 4.Aa4 Td5 5.Db4 Dd6

Después del cambio de la dama, el alfil de a4 sigue amenazado y sin ninguna retirada. 6.D:d6 T:d6 7.b3 La jugada 7.Ab5 no salva la pieza debido a 7... a6 7... Cd5! También es posible 7... C:a4 8.b:a4 Ta6, pero la jugada del texto es más fuerte, Después de 8.Td2 c3 9.Tde2 a6 10.b4 b5 11.Ab3 C:b4 12.Te3 Tc8 las negras no tardaron en ganar la partida.

De esta forma una "buena" jugada de desarrollo, llevó a las blancas al deterioro total de su posición.

 

 

d. El peligro del éxito

El deseo de retomar lo antes posible una partida ganada puede provocar un inesperado desastre. ¡Cuántas veces, aun los jugadores más experimentados, después de haber logrado una superioridad posicional o material relajan irresponsablemente su atención y pasan por alto las sencillas amenazas del adversario! En estos casos, la ventaja obtenida se convierte en un estímulo psicológico negativo y el ajedrecista deja escapar la victoria.

Veamos el siguiente ejemplo:

El peligro del éxito.Comentando posteriormente esta posición, el propio Petrosian señaló que el tener una posición sumamente ventajosa, unido esto a la fase anterior de la partida que dejó a Korchnoi consternido, le habían infundido la creencia en el resultado favorable. Pero cometió el error de hacer 34.T:h6?? Después de esto la partida prosiguió con 35... f3 36.Rg5 Re8 y las negras ganaron. El avance 35... f3 se le escapó a Petrosian, quizás porque contrastaba excesivamente con la indefendible situación de las negras. Pero el castigo no se hizo esperar: se perdió una partida que tenía ganada.

Al estudiar este tipo de ejemplos, el gran maestro A. Kotov observa que tales descuidos son muy raros cuando el jugador busca la manera de salvarse en una posición difícil. Krogius coincide con él y plantea que estos errores suelen presentarse cuando el ajedrecista logra ventaja sobre su adversario, esto hace que no prevea los posibles cambios en la posición y se guíe sin reflexionar por la imagen persistente de la favorable evaluación de la misma (imagen inerte según le llama Krogius). Lo anterior demuestra la validez del viejo dicho ajedrecista "La partida se considera ganada cuando el ganador haya anotado su punto en la tabla de clasificación."

 

e. La confusión de ideas

Suele ocurrir que en determinadas posiciones puede escogerse entre dos planes distintos de juego, en tal caso no hay peor cosa que tratar de llevar a cabo ambos planes. Resulta una confusión de ideas tal, que no se logra cumplir ninguno de las dos. Un ejemplo clásico de este error es el siguiente:

La confusión de ideas.En esta posición según comenta Ilin Shenevski, a las blancas se le ofrecían dos continuaciones. Una era aprovechar la mala situación de la torre negra, mediante 1.Af1 Ta4 2.De2 amenazando Db5, o bien 2.Ad3 seguido de 3.Ac2 ó De2, en este caso las piezas negras del flanco dama se hallarían en una situación desagradable. La otra posibilidad consistiría en aprovechar el debilitamiento del peón negro en d5, por medio de 1.f4 g6 2.g4 seguido de 3.f5. Pero las dos continuaciones se fusionaron y las blancas hicieron 1.h3?.

Esta jugada es completamente ineficaz, pues el alfil negro no puede situarse en g4 debido a la respuesta A:d5, siguió 1... b5 2.f4 (tras haber perdido un importante tiempo las blancas optan por la segunda continuación, pero ya demasiado tarde) b4 3.a:b4 a:b4 4.Af1 (he aquí la primera continuación o al decir Ilin Shenevski, "una parodia de ella") b:c3 5.A:c4 D:c4 6.b:c3 A:h3 y varias jugadas después las blancas se rindieron.

Según Krogius, este tipo de error tiene en su base la inestabilidad de la atención. Ella se manifiesta cuando el pensamiento pasa de un punto a otro de la posición sin la continuidad lógica necesaria para llegar a una conclusión útil. Por consiguiente, los planes se mezclan y se realizan desacertadamente. Hasta este momento hemos presentado una serie de errores que tienen un denominador común: todos ellos de una forma u otra provienen de una insuficiente disciplina interna del jugador, o si se prefiere llamarlo de otro modo, de una incompleta o inadecuada organización del proceso intelectual a través del cual el ajedrecista pone en práctica sus conocimientos.

Lógicamente, ustedes se preguntarán cómo combatir errores semejantes, por eso a continuación haremos referencia a una serie de medidas que los estudiosos del tema consideran útiles en estos casos. Aunque parezca una recomendación puramente ajedrecística, el juego a la ciega es quizás el mejor procedimiento de preparación para perfeccionar las cualidades dinámicas de la atención y el pensamiento. Esta forma de juego exige una constante y precisa comparación de las imágenes anteriores con la posición presente y una sistemática verificación de la postura exacta de las piezas, lo cual requiere de grandes esfuerzos volitivos. Método equivalente es el estudio de trabajos sobre ajedrez sin verificarlos sobre el tablero, entrenamiento que muchos maestros actuales practican asiduamente.

Otros procedimientos recomendados son ejercitarse en el hallazgo de soluciones paradójicas, en la búsqueda de recursos ocultos de la defensa en posiciones difíciles, descubrir toda excepción de la regla y desarrollar lo concreto del pensamiento. Con ello el ajedrecista se contamina de un escepticismo muy útil en la valoración de la posición. Asimismo es muy efectivo el método de "cruzar la línea", donde el jugador trata de abstraerse de los propios intentos y de pensar por el adversario, así pueden descubrirse ideas que se escapan cuando se piense unilateralmente. Las partidas rápidas y las sesiones de juego simultáneo cronometradas, por su parte, han mostrado que pueden contribuir a aumentar la capacidad y variabilidad de la atención.

Claro que en la lucha contra estos errores, si se quiere ir al fondo del problema, se hace imprescindible un estudio serio y riguroso de las peculiaridades y etapas del proceso de pensamiento en la partida de ajedrez, con el fin de, sobre esta base, planificar el "entrenamiento mental" del jugador de forma consciente y organizada. Sobre esto hay aún mucho por investigar, así que por nuestra parte, preferimos pasar ahora a la exposición de una serie de errores de naturaleza psicológica más estable: son aquellos que están más vinculados a la personalidad del ajedrecista.

 

Errores típicos de la personalidad del jugador

a. Insuficiente flexibilidad del pensamiento
b. El exceso de autoconfianza
c. La inseguridad en las propias fuerzas
d. Error de estilo

 

 

 
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