Errores típicos de la personalidad del jugador
a. Insuficiente
flexibilidad del pensamiento
La práctica
ajedrecística demuestra cada vez más la necesidad de un pensamiento
elástico, capaz de adaptarse al rápido cambio de los acontecimientos
que se presenta especialmente en las posiciones agudas. Pero incluso
los jugadores más experimentados presentan problemas en este sentido,
como puede verse en el ejemplo siguiente.
Esta
posición se produjo después de la jugada 11... Cd7!?. Las negras se
han adentrado en un plan interesante, pero arriesgado. Al respecto las
blancas pueden escoger entre diferentes continuaciones, pero en todas
ellas han de mantener los ojos bien abiertos. Probablemente lo mejor
sería 12.Ac7 Tf8 13.c6, aunque después de 13... Cc5 14.cb Ab7 las negras
tienen suficiente contrajuego por el peón. Ribli en la partida eligió
la jugada natural 12.Ag5, que no era la mejor. Continuó
de la forma siguiente: 12... Te8 13.Ab5 a6! (13... h6 14.Ah4 g5 15.Ag3
Tf8 16.c6! sería desagradable para las negras). 14.Aa4 h6 15.Ah4 g5
16.c6?. Ahora lo correcto era 16.Ag3! Tf8 17.A:d7 A:d7 18.Ac7 Tfc8 19.Ab6
e6 20.c4 Af8 21.Ce5 Ae8 22.Cd3 f6 con posibilidades de igualdad.
Después de
la jugada del texto Timman tiene las riendas en las manos. 16... Cc5!
17.cb Ab7 18.A:e8 gh 19.Ad7 C:d7 20.C:h4 Ce5 21.00 e6 22.Tfd1 Af6 23.Td4
a5 24.h3 Aa6 25.Te4 Ac4 26.a4 h5 27.Td1 Ab3 y las negras tienen una
ventaja material decisiva.
La falta
de flexibilidad en el pensamiento se expresa, por ejemplo, en el hecho
de aferrarse a un sistema de apertura cuestionable o poco claro objetivamente,
o en la aversión por asumir compromisos difíciles y por hacer concesiones
perfectamente justificables. Pero el ajedrecista que sufre de estos
males debiera preguntarse si no los sufre también en su vida personal.
¿Le es difícil modificar sus hábitos? ¿Se incomoda cuando tiene que
renunciar a planes sin importancia o cuando alguien cuestiona su opinión?
¿Es una persona flexible, o acaso, sin darse cuenta, tiende a la rigidez?
Aquí pudieran estar las verdaderas respuestas.
b. El exceso
de autoconfianza
El esfuerzo
en pro del perfeccionamiento ajedrecístico excluye totalmente la autosuficiencia.
Sobreestimar las propias posibilidades y subestimar las del adversario
es un comportamiento psicológico erróneo que lleva a una valoración
subjetiva y unilateral de la posición. Un exceso de autoconfianza puede
hacernos olvidar los puntos de vistas del contrario, esto le sucede
incluso a los grandes maestros. Veamos el ejemplo siguiente:
Las
perspectivas de las negras son tentadoras. De acuerdo con el espíritu
de la posición correspondía ahora 16... e5!, lo cual frenaba la ofensiva
enemiga en el flanco rey y abría posibilidades en el flanco dama.
Sin embargo,
Mecking se deja seducir por una posibilidad táctica aparentemente peligrosa
y juega 16... Cc5? Contaba sólo con la respuesta 17.C:c5 d:c5, que daba
a las negras una evidente ventaja. Sin embargo, pasaba por alto una
combinación basada en el sacrificio de una pieza. 17.f:e6! Ca4 18.e:f7+
Rb8 19.Ce6 Da5 20.e5! Ahora queda claro que las negras caen en un ataque
demoledor.
Después de
20... d:e5 21.T:e5 Td5 22.Tde1!, las blancas ganan inevitablemente.
En la partida siguió 20... Tc8!? 21.ef gf 22.Af4 Cb2 223.R:b2 Tc3 24.Rc1!
Thc8 25.Cd4 Af8 26.Te8 D:a2 27.T:f8 T:f8 28.A:d6+ Ra8 29.A:f8 D:f7 30.A:b4
Tc7 31.De6 Dg7 32.Ae4 y las negras se rinden rápidamente.
c. La inseguridad
en las propias fuerzas
En el ajedrez
la objetividad no sólo se pierde producto de la autoconfianza exagerada,
sino también por inseguridad. La subestimación de las posibilidades
propias y la sobreestimación de las del adversario pueden llevarnos
incluso a una prematura capitulación psicológica. De ello da fe el siguiente
ejemplo, que, por cierto, es de error por ambas partes.
Las
blancas tienen una posición ganadora. Con el sencillo golpe táctico
1.T:e8 D:e8 2.Da4! podían forzar brillantemente la victoria. Por ejemplo,
2... Tc1+ 3.Rf2! Tc6 4.D:c6 En lugar de esto, el blanco jugó 1.Da8??.
Creyendo que su posición era insostenible, el campeón inglés abandonó.
Su convencimiento
de la infalibilidad de Capablanca era tal, que ni le pasó por la mente
que pudiera existir un contragolpe como 1... T:a2! después del cual
las negras quedaban con dos peones de más y buenas posibilidades de
obtener la victoria.
Además del
excesivo respeto por el contrario, hay otros factores que pueden influir
en la disminución de la autoconfianza.
Entre ellos
se cuentan las posiciones a las que no se está suficientemente habituado,
una defensa prolongada en posición difícil, el apuro de tiempo, etc.
Pero la causa
fundamental, por regla general, es la subestimación de las propias fuerzas,
y es sobre ella que debemos trabajar.
d. Error de estilo
A l estilo
del ajedrecista van unidos muchos problemas. Al principio de este trabajo
decíamos que la habilidad para encontrar un equilibrio entre las valoraciones
generales y el cálculo concreto es el patrón por el que se mide la fuerza
del jugador. Es lógico que tengamos cierta preferencia por una forma
de juego determinada, pero esta preferencia puede convertirse en un
arma de doble filo si no es asumida con flexibilidad.
Los ajedrecistas
"posicionales", al inclinarse hacia el pensamiento abstracto, desarrollan
una tendencia patológica a evitar cualquier tipo de complicación, lo
cual los lleva muchas veces a subvalorar las posibilidades tácticas.
A jugadores
"tácticos" les sucede precisamente lo contrario. Nimzowitch decía sobre
Spielmann, un jugador combinatorio muy capaz: "Spielmann no está en
condiciones de transigir. Esta característica tiene su origen precisamente
en su temperamento. Incluso las jugadas de defensa, como proteger un
peón débil con una Torre, le son ajenos.
Por tanto,
en el enfrentamiento con él hay que tratar de simplificar la posición,
a fin de excluir los motivos de ataque, y luego realizar un juego de
presión en ambas flancos." Veamos el ejemplo que sigue:
La
partida hasta este momento transcurrió de acuerdo al plan "psicológico"
descrito por Nimzowitch: 14.b3 000 15.Ab2 Ab4 16.a3 A:c3 17.A:c3 En
la posición de las negras han surgido serias debilidades, probablemente
irremediables. Lo mejor era 17... Thg8 y si 18.00 entonces 18... Cd5
con la amenaza posicional 19... C:c3.
Spielmann
no reconoció del todo lo serio de la posición y realiza una jugada
tentadora, pero primitiva con la torre 17... Td3 18.00 Thd8 (hubiera
sido mejor 18... Tg8 seguido de Cd5) 19.f3 Cd5 20.A:g7 T:d2 21.Ad4 f5
22.fe fe 23.A:a7 Td3 24.b4 C:e3 25.A:e3 T:e3 26.Tfe1 Tb3 27.T:e4 y las
blancas materializan su superioridad.
Los errores
analizados en este segundo grupo tiende a estabilizarse profundamente,
en este sentido son más difíciles de combatir.
Por ello,
en el camino hacia el perfeccionamiento del ajedrecista es imprescindible
tener en cuenta la necesidad de enfrentar la educación de su personalidad
como un todo, incluyendo tanto los aspectos cognitivos como los afectivos,
tanto el pensamiento como la vivencia.
El ajedrez
es, indiscutiblemente, una vía magnífica para el diagnóstico de la personalidad,
pero también podemos convertirlo, con conocimiento de causa, en un agente
potenciador del autodesarrollo de la misma. Nuestro estudio panorámico
de algunos errores típicos que se cometen en la partida de ajedrez,
toca a su fin. Por supuesto que han quedado muchos aspectos sin abordar
debido a la complejidad y extensión del tema, pero esperamos que lo
expuesto en este trabajo sirva para contribuir al perfeccionamiento
de entrenadores y jugadores. Y si a partir de este momento algún ajedrecista
comienza a reflexionar sobre sus fracasos y a mirar con otros ojos su
manera de jugar, entonces estaremos seguros de que no hemos trabajado
en vano.
Bibliografía
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N. V. La Psicología en ajedrez.
Colección Escaques, Barcelona, 1980
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Peña Grasso,
I. La educación de la personalidad del ajedrecista, Ciudad de La
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Alexei. Typische feh 1er Editorial Sportverlag, Berlín, 1980.