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La doctrina de los iniciados
Krishna fue saludado por los anacoretas como
el sucesor esperado y predestinado de Vasichta. Se celebró el srada o
ceremonia fúnebre del santo anciano, en la selva sagrada, y el Hijo de Devaki recibió
el bastón de siete nudos, signo de mando, después de haber hecho el sacrificio
del fuego en presencia de los más antiguos anacoretas, de los que saben de
memoria los tres Vedas. En seguida, Krishna se retiro al monte Meru para
meditar allí su doctrina y el camino de la salvación para los hombres. Sus meditaciones
y sus autoridades duraron siete años. Entonces sintió que había dominado a su
naturaleza terrestre por medio de su naturaleza divina, y se había identificado
suficientemente con el Sol de Mahàdeva para merecer el nombre de hijo de Dios.
Entonces llamo a su lado a los anacoretas jóvenes y ancianos para revelarles su
doctrina. Encontraron ellos a Krishna purificado y engrandecido: el Héroe se había
transformado en santo, no había perdido la fuerza de los leones, pero había ganado
la dulzura de las palomas. Entre los que acudieron en primer termino se encontraba
Arjuna, un descendiente de los reyes solares, uno de los Pandavas destronados
por los Kuravas o reyes lunares. El joven Arjuna era apasionado, lleno de
fuego, pero pronto a descorazonarse y
caer en la duda, y se entusiasmo apasionadamente de las doctrinas de Krishna.
Sentado bajo los cedros del monte Meru,
frente al Himavat, Krishna comenzó a hablar a sus discípulos de las verdades
inaccesibles a los hombres que viven en la esclavitud de los sentidos. Les enseño
la doctrina del alma inmortal, de sus renacimientos, y de su unión mística con
Dios. “El cuerpo __decía__, envoltura del alma que en él mora, es una cosa finita;
pero el alma que le habita es invisible, imponderable, incorruptible, eterna. El hombre terrestre es triple como la
divinidad que refleja: inteligencia, alma y cuerpo. Si el alma se une a la
inteligencia, alcanza Satwa, la sabiduría y la paz; si el alma permanece
incierta entre la inteligencia y el cuerpo, entonces está dominada por Raja,
la pasión, y va de objeto en un circulo fatal; si, finalmente, el alma se
abandona al cuerpo, entonces cae en Toma, la sin razón, la ignorancia y
la muerte temporal. He ahí lo que cada hombre puede observar en si mismo y a su
alrededor.
__Pero __pregunto Arjuna__ ¿cuál es el destino del alma después de
la muerte? ¿Obedece siempre a la misma ley, o puede escapar a ella?
__Jamás la escapa y obedece siempre __respondió
Krishna__. He ahí el misterio de los renacimientos. Como las profundidades del
cielo se abren a los rayos de las estrellas, así las profundidades de la vida
se iluminan a la luz de la verdad. “Cuando el cuerpo se disuelve, y Satwa
(la sabiduría) domina, el alma se eleva a las regiones de esos seres puros que
tienen el conocimiento del Altísimo. Cuando el cuerpo experimenta esta disolución,
mientras Raja (la pasión) reina, el alma vuelve a habitar de nuevo entre
los que están apegados a las cosas de la tierra. Del mismo modo, si el cuerpo
es destruido cuando Toma (la ignorancia) predomina, el alma obscurecida
por la materia es de nuevo atraída por alguna matriz de seres irracionales”.
__Eso es justo __dijo Arjuna__. Pero
enseñanos ahora lo que es, en el curso de los siglos, de los que han seguido la
sabiduría y van a habitar después de la muerte en los mundos divinos.
__El hombre sorprendido por la muerte en
la devoción __responsión Krishna__, luego de haber gozado durante varios siglos
de las recompensas debidas a sus virtudes, en las regiones superiores, vuelve a
habitar en una familia santa y respetable. Pero esta clase de regeneración en
esta vida es muy difícil de obtener. El hombre así nacido de nuevo, se
encuentra con el mismo grado de aplicaciones y del progreso, en cuanto al
entendimiento, que las que tenia en su primer cuerpo, y comienza otra vez a
trabajar para perfeccionarse en devoción.
__De modo __dijo Arjuna__ que aun los
buenos se ven forzados a renacer y recomenzar la vida del cuerpo. Pero enseñamos,
¿OH señor de la vida! Si para aquel que desea la sabiduría no hay fin a los
eternos renacimientos.
__Escuchad, pues __dijo Krishna__, un grandísimo y profundo secreto,
el misterio soberano, sublime y puro. Para alcanzar la perfección hay que
conquistar la ciencia de la unidad, que está por encima de la sabiduría; hay
que elevarse al ser divino que esta encima del alma, sobre la inteligencia
misma. Más este ser divino, este amigo, esta en cada uno de nosotros. Porque
Dios reside en el interior de todo hombre, pero pocos saben encontrarle. He ahí
la vida de salvación. Una vez que hayas presentido al ser perfecto que está
sobre el mundo y en ti mismo, decídete abandonar al enemigo, que toma la forma
del deseo. Domad vuestras pasiones. Los goces que procuran los sentidos son como
matrices de los sufrimientos que han de venir. No hagáis solamente el bien: sed
buenos. Que le motivo esté en el acto y no en sus frutos. Renunciad al fruto de
vuestras obras, pero que cada una de vuestras acciones sea como ofrenda al Ser
Supremo. El hombre que hace sacrificio de sus deseos al ser de que proceden los
principios de todas las cosas y por quien el universo ha sido formado obtiene
por este sacrificio la perfección. Unido espiritualmente, alcanza esa sabiduría
espiritual que está por encima del culto de las ofrendas, y siente una
felicidad divina. Porque el que encuentra en si mismo su felicidad, su gozo, y
al mismo tiempo también su luz, en uno con Dios. Y sabedlo: el alma que ha
encontrado a Dios, queda liberada del renacimiento y de la muerte, de la vejez
y del dolor, y debe el agua de la inmortalidad.
De este modo, Krishna explicaba su
doctrina a sus discípulos y por la contemplación interna les elevada, poco a
poco, a las sublimes verdades que se le habían revelado bajo el relámpago de la
visión. Cuando hablaba de Mahàdeva, su voz se volvía más grave, sus facciones
se iluminaban. Un día, Arjuna, lleno de curiosidad y de audacia, le dijo:
__Haznos
ver a Mahàdeva en su forma divina. ¿No pueden nuestros ojos contemplarle?
Entonces Krishna, levantándose, comenzó a
hablar del ser que respira en todos los seres, el de las cien mil formas, el de
innumerables ojos, el de caras vueltas hacia todos lados, y que, sin embargo,
las sobrepasa con toda la altura del infinito; el que, en su cuerpo inmóvil y
sin limites, encierra al universo moviente con todas sus divisiones. “Si en los
cielos brillaran al mismo tiempo el resplandor de mil soles, dijo Krishna, este
se parecería apenas al resplandor del único Todopoderoso”. Mientras hablaba así
de Mahàdeva, un rayo tal broto de los ojos de Krishna, que los discípulos no pudieron
sostener su brillo y se prosternaron a sus pies. Los cabellos de Arjuna se
erizaron sobre su cabeza y encorvándose dijo, juntando las manos: “Maestro, tus palabras
nos espantan y no podemos sostener la vista del gran Ser que tú evocas ante
nuestros ojos. Ella nos abruma”.
Krishna continuo: “Escuchad lo que él os
dice por mi boca: Yo y vosotros hemos tenido varios renacimientos. Los míos,
solo de mí son conocidos, pero vosotros no conocéis ni tan siquiera los
vuestros. Aunque yo no estoy, por mi naturaleza, sujeto al nacimiento y la
muerte y soy el dueño de todas las criaturas, sin embargo, como mando en mi
naturaleza, me hago visible por mi propia potencia, y cuantas veces la virtud declina
en el mundo y el vicio y la injusticia dominan, me hago visible, y así me
encuentro de edad en edad, para la salvación del justo, la destrucción del
malvado y el restablecimiento de la virtud. El que conoce, según la verdad, mi
naturaleza y mi obra divina, al dejar su cuerpo no vuelve a renacer de nuevo,
sino que viene a mi”.
Hablando así; Krishna miro a sus discípulos
con dulzura y benevolencia: Arjuna exclamó:
__¡Señor!, tú eres nuestro dueño, tú eres
el hijo de Mahàdeva. Lo veo en tu bondad, en tu encanto inefable aún más que en
tu resplandor terrible. No es en los vértigos del infinito donde los Devas te
buscan y te desean; es bajo la forma humana como te quieren y te adoran. Ni la penitencia,
ni las limosnas, ni los Devas, ni el sacrificio valen lo que una sola de tus
miradas. Tú eres la Verdad. Condúcenos a la lucha, al combate, a la muerte. A dondequiera
que sea, te seguiremos.
Sonrientes y encantados, los discípulos se
agruparan alrededor de Krishna, diciendo:
_¿Cómo no lo hemos visto antes? Es Mahàdeva
quien habla en ti.
El respondió:
__Vuestros ojos no estaban abiertos. Os he
comunicado el gran secreto. No lo digáis más que a quienes puedan comprenderlo.
Sois mis elegidos; vosotros veis el objetivo; la multitud no ve más que una
pequeña porción del camino. Y ahora vamos a predicar al pueblo la vía de la salvación.
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