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cualquier ingrediente que se nos pase por
la mente, convirtiéndolas así
en un plato realmente sabroso y diferente
cada día; solamente hace falta echarle
creatividad y ganas de probar cosas nuevas.
Las posibilidades son infinitas, tantas
como aliños, ingredientes, salsas,
texturas, hierbas, cortes, sabores y temperaturas.
Recomendaciones
e ideas
Simplemente es necesario seguir unas recomendaciones
básicas para no echar por tierra
una buena idea:
1. Los ingredientes no cocinados que se
vayan a utilizar deben estar siempre frescos,
limpios y bien escurridos. Conviene lavarlos
bajo un chorro de agua fría, después
sumergirlos en agua unos minutos con unas
gotitas de lejía, y luego enjuagarlos
y escurrirlos muy bien. Podemos añadir
infinidad de ingredientes crudos o cocinados:
alubias, maíz, arroz, palmitos, pastas,
pimientos, pepinillos, champiñón,
pescados frescos o ahumados, mariscos, carnes,
queso, manzana, naranja, nueces, almendras,
piñones, ajo, leche, yogures, crema,
nata, piña, miel y un largo etcétera
más.
2. Trocear los ingredientes de la forma
adecuada es un paso fundamental, es decir,
cada verdura exige su corte; los más
comunes son: o
Brunoise: corte en dados. Se suele aplicar
a la zanahoria, la cebolla, el puerro, apio,
nabo, etc. Por extensión se suele
emplear este término a la mezcla
de dichas verduras rehogadas o salteadas
(otras opciones a tener en cuenta en una
ensalada). o
Mirepoix: es un corte parecido al anterior,
pero los dados son más pequeños.
o
Juliana: corte en tiras finas.
3. Si optamos por una ensalada fría,
conviene mantenerla un ratito, antes de
comerla, en el frigorífico. Si por
el contrario, no queremos que esté
fría, debemos hacer lo contrario:
manternerla a temperatura ambiente fuera
de la nevera.
4. El aliño: primero se aconseja
añadir la sal (mejor fina), la pimienta
(si se quiere), el aceite (preferiblemente
aceite de oliva virgen extra); se revuelve
todo y se añade el vinagre (hay muchas
variedades; procedente del vino tinto o
blanco, del vino de jerez, de la sidra,
del cava, etc. Los más puristas dicen
que para las ensaladas es mejor el procedente
del vino blanco y de sabor fuerte para las
ensaladas de gusto más intenso, y
más suave para las ensaladas de sabor
más delicado) o el limón.
Por último, se añaden las
hierbas aromáticas según el
gusto: albahaca, perejil, estragón,
tomillo, romero, curry, mostaza, hierbabuena...
Aquí, como en todo lo anterior, también
manda la imaginación y los gustos;
hay quienes afirman que lo mejor al aliñar
una ensalada es el siguiente orden: hierbas
aromáticas, sal, aceite y vinagre...
como siempre, depende de los gustos. Una
buena elección de estos componentes
nos dará como resultado sabores distintos
para cada ocasión.
5. Dosis: una parte de vinagre por tres
de aceite como regla general. De todas maneras,
cada ensalada y persona pide una determinada
cantidad de sal, vinagre o aceite. No existen
límites, ¡probad!
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