|

Oraciones
Calendario
Links Enseñanzas
Tema del mes
Preguntas y respuestas Glosario E-mail
|
Un llamado a la liberación de Swami Chidananda
Charla anterior
charla siguiente
NO ABANDONÉIS JAMÁS LA VIRTUD
El sendero de la sabiduría nos lleva a la
paz y al gozo, a nuestro buen nombre, a nuestra
divina perfección y liberación. Ser ignorante
es tomar por el sendero descendente, cortejar
el infortunio y crear nuestro sufrimiento,
caída y fracaso final en este campo de la
vida donde hemos sido enviados para esforzarnos
y así llegar a la sabiduría y triunfar.
El plan de Dios es para el hombre el ascenso
a la divina perfección que se encuentra inherente,
latente en todo individuo humano debido al
hecho que la verdadera identidad del ser
humano, sutil, escondida, interior, esencial,
es la naturaleza de Dios. Pues el alma individual
es parte del alma Universal. Por lo tanto,
el plan de Dios para el hombre no es ni el
sufrimiento, ni el fracaso, es el ascenso
hacia la perfección, un viaje exitoso que
culmina en la liberación, trascendiendo todo
sufrimiento, dolor y pena, entrando en un
estado superior de eterno gozo y paz.
El sabio sadhaka, tiene esto siempre en su
mente y procede a satisfacer la voluntad
de Dios en su vida siendo sabio y luchando
diligentemente para despertar y desarrollar
la perfección de Dios que yace en el centro
más íntimo donde no somos hombres, somos
Dios, donde no somos humanos, somos Divinos.
Los sabios, por lo tanto, siguen el camino
de la virtud, pues ellos saben que la sabiduría
yace en la práctica de la virtud. Ellos saben
que Dios Mismo tomando la forma del Señor
Krishna, que las divinas virtudes, la gracia
espiritual, llevan a la liberación, y su
contradicción, su opuesto, llevan a la atadura
y a la miseria. Y para hacernos conscientes
de esto, Él declara que tres de los vicios-lujuria,
ira y codicia son las puertas al infierno.
Destruyen la naturaleza espiritual del hombre;
por lo tanto, deben ser superados.
Ya que el Señor nos ha mostrado ambos senderos,
el que nos lleva a la caída y el que nos
lleva a la liberación debemos ser sadhakas
sabios y seguir el sendero que nos lleva
a la propia liberación. El sendero de la
virtud no debe ser jamás abandonado. Aunque
nos sintamos asaltados por la mayor tentación,
por los vientos de la pasión carnal, la codicia,
el temor, incluso aunque sintamos nuestra
vida amenazada, no debemos abandonar el sendero
de la virtud.
Debemos abandonar todo lo opuesto a la virtud,
todo lo que amenaza el sendero de la virtud.
No importa cuan atractivo se vea, cuan placentero
parezca, pues ahí se encuentra el peligro
del veneno. Si su sabor es dulce, no por
ello deja de ser peligroso. Es el mismo veneno,
es letal, es fatal, mata, y, por lo tanto,
debe ser abandonado completamente. La sabiduría
yace en adherirse al sendero de la virtud
y ningún precio es demasiado.
La práctica de la virtud, una vida virtuosa,
no es un sentimiento tonto. No es una emoción
bella, un tipo de urgencia teórica, artística
o estética en el hombre. Lejos de eso. Es
necesaria. Es una ciencia. Desde el punto
de vista de Yoga y Vedanta, es una ciencia.
Es tan solo la adhesión a la virtud que quema
todas las impresiones latentes no-espirituales
de la mente. No existe otro medio para quemar
los samskaras y vasanas equivocados excepto
con el fuego producido al adherirse estrictamente
al sendero de la virtud. La virtud es una
fuerza purificadora, un poder divino. Así
como se dice que todo karma es quemado en
el fuego de jnana, el fuego de la sabiduría
trascendental, así también todos los samskaras
y vasanas son quemados en el poderoso fuego
de la virtud. La virtud es el fuego abrazador
que tiene la posibilidad de quemar todo aquello
que se encuentra en el camino de la completa
Divinidad.
La práctica de la virtud es científica, porque
la virtud crea sattva y de los tres gunas
es sattva que posee una fuerza elevadora,
que nos impulsa al camino ascendente. Los
Vedantinos insisten en la virtud, debido
a que es la única manera de profundizar hacia
lo más sutil de nuestro ser, quemando los
asudhas samskaras. Raya yoga prescribe la
virtud pues la virtud refina la substancia
de la mente, la hace sutil y, por lo tanto,
podemos practicar concentración ya que ésta
requiere de una mente refinada y sutil. También
las instrucciones espirituales escuchadas
en sivadhyaya permanecerán en una mente sutil,
pura, sattwica.
Por lo tanto, es debido a ello que nos dicen
que debemos adherirnos al sendero de la virtud.
Y debemos practicar la virtud como si fuera
la última oportunidad que tenemos, como si
muriéramos mañana. El camino del conocimiento
debe ser llevado a cabo con paciencia, como
si viviéramos cien años. Pues no podemos
embebernos de conocimiento rápidamente; es
un proceso lento de crecimiento de la comprensión
y el intelecto. Mas la persona sabia practica
la virtud como si ésta fuera su única y última
oportunidad. Debe ser practicada inmediatamente,
sin posponerse, sin hesitación, no permitiendo
que el tiempo pase entre un pensamiento virtuoso
y un hecho virtuoso.
Esto es lo necesario. La sabiduría yace en
la virtud. En la virtud yace el éxito de
la vida, nuestro mayor bien. Es la garantía
segura de nuestra paz, bienaventuranza, iluminación,
inmortalidad y liberación. Por lo tanto,
la virtud no debe ser abandonada jamás.
La práctica de la virtud no es algo que tenga
que ver tan solo con la moralidad y la ética.
Tiene que ver con la cultura humana. Tiene
mucho que ver con la espiritualidad.
|