SOCIEDAD DE LA VIDA DIVINA EN ESPAÑOL

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Un llamado a la liberación de Swami Chidananda

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NO ABANDONÉIS JAMÁS LA VIRTUD


El sendero de la sabiduría nos lleva a la paz y al gozo, a nuestro buen nombre, a nuestra divina perfección y liberación. Ser ignorante es tomar por el sendero descendente, cortejar el infortunio y crear nuestro sufrimiento, caída y fracaso final en este campo de la vida donde hemos sido enviados para esforzarnos y así llegar a la sabiduría y triunfar.
El plan de Dios es para el hombre el ascenso a la divina perfección que se encuentra inherente, latente en todo individuo humano debido al hecho que la verdadera identidad del ser humano, sutil, escondida, interior, esencial, es la naturaleza de Dios. Pues el alma individual es parte del alma Universal. Por lo tanto, el plan de Dios para el hombre no es ni el sufrimiento, ni el fracaso, es el ascenso hacia la perfección, un viaje exitoso que culmina en la liberación, trascendiendo todo sufrimiento, dolor y pena, entrando en un estado superior de eterno gozo y paz.
El sabio sadhaka, tiene esto siempre en su mente y procede a satisfacer la voluntad de Dios en su vida siendo sabio y luchando diligentemente para despertar y desarrollar la perfección de Dios que yace en el centro más íntimo donde no somos hombres, somos Dios, donde no somos humanos, somos Divinos.
Los sabios, por lo tanto, siguen el camino de la virtud, pues ellos saben que la sabiduría yace en la práctica de la virtud. Ellos saben que Dios Mismo tomando la forma del Señor Krishna, que las divinas virtudes, la gracia espiritual, llevan a la liberación, y su contradicción, su opuesto, llevan a la atadura y a la miseria. Y para hacernos conscientes de esto, Él declara que tres de los vicios-lujuria, ira y codicia son las puertas al infierno. Destruyen la naturaleza espiritual del hombre; por lo tanto, deben ser superados.
Ya que el Señor nos ha mostrado ambos senderos, el que nos lleva a la caída y el que nos lleva a la liberación debemos ser sadhakas sabios y seguir el sendero que nos lleva a la propia liberación. El sendero de la virtud no debe ser jamás abandonado. Aunque nos sintamos asaltados por la mayor tentación, por los vientos de la pasión carnal, la codicia, el temor, incluso aunque sintamos nuestra vida amenazada, no debemos abandonar el sendero de la virtud.
Debemos abandonar todo lo opuesto a la virtud, todo lo que amenaza el sendero de la virtud. No importa cuan atractivo se vea, cuan placentero parezca, pues ahí se encuentra el peligro del veneno. Si su sabor es dulce, no por ello deja de ser peligroso. Es el mismo veneno, es letal, es fatal, mata, y, por lo tanto, debe ser abandonado completamente. La sabiduría yace en adherirse al sendero de la virtud y ningún precio es demasiado.
La práctica de la virtud, una vida virtuosa, no es un sentimiento tonto. No es una emoción bella, un tipo de urgencia teórica, artística o estética en el hombre. Lejos de eso. Es necesaria. Es una ciencia. Desde el punto de vista de Yoga y Vedanta, es una ciencia.
Es tan solo la adhesión a la virtud que quema todas las impresiones latentes no-espirituales de la mente. No existe otro medio para quemar los samskaras y vasanas equivocados excepto con el fuego producido al adherirse estrictamente al sendero de la virtud. La virtud es una fuerza purificadora, un poder divino. Así como se dice que todo karma es quemado en el fuego de jnana, el fuego de la sabiduría trascendental, así también todos los samskaras y vasanas son quemados en el poderoso fuego de la virtud. La virtud es el fuego abrazador que tiene la posibilidad de quemar todo aquello que se encuentra en el camino de la completa Divinidad.
La práctica de la virtud es científica, porque la virtud crea sattva y de los tres gunas es sattva que posee una fuerza elevadora, que nos impulsa al camino ascendente. Los Vedantinos insisten en la virtud, debido a que es la única manera de profundizar hacia lo más sutil de nuestro ser, quemando los asudhas samskaras. Raya yoga prescribe la virtud pues la virtud refina la substancia de la mente, la hace sutil y, por lo tanto, podemos practicar concentración ya que ésta requiere de una mente refinada y sutil. También las instrucciones espirituales escuchadas en sivadhyaya permanecerán en una mente sutil, pura, sattwica.
Por lo tanto, es debido a ello que nos dicen que debemos adherirnos al sendero de la virtud. Y debemos practicar la virtud como si fuera la última oportunidad que tenemos, como si muriéramos mañana. El camino del conocimiento debe ser llevado a cabo con paciencia, como si viviéramos cien años. Pues no podemos embebernos de conocimiento rápidamente; es un proceso lento de crecimiento de la comprensión y el intelecto. Mas la persona sabia practica la virtud como si ésta fuera su única y última oportunidad. Debe ser practicada inmediatamente, sin posponerse, sin hesitación, no permitiendo que el tiempo pase entre un pensamiento virtuoso y un hecho virtuoso.
Esto es lo necesario. La sabiduría yace en la virtud. En la virtud yace el éxito de la vida, nuestro mayor bien. Es la garantía segura de nuestra paz, bienaventuranza, iluminación, inmortalidad y liberación. Por lo tanto, la virtud no debe ser abandonada jamás.
La práctica de la virtud no es algo que tenga que ver tan solo con la moralidad y la ética. Tiene que ver con la cultura humana. Tiene mucho que ver con la espiritualidad.

Actualizada el viernes 3 de mayo de 2002

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